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Ficha El Ser del Planeta X

Mad Warrior

  • 24 Jan 2021

5



El Ser del Planeta X
Recién comenzada la Guerra Fría, hervidero de grandes tensiones para EE.UU., un gran peligro amenazaba con destruir su prudente y biempensante sociedad: el comunismo, cuyo rastro viscoso parecía infitrarse entre sus recovecos.
Rastro que, en la ciencia-ficción, tomaría la forma de extraños visitantes del Espacio exterior con no muy claras intenciones...

Así, recién comenzada la década de los 50, infinidad de propuestas (casi todas ellas enmarcadas en la serie ¨B¨) exponían los miedos y reticencias de los ciudadanos, que seguramente temblaban al ver reflejado al enemigo soviético en alienígenas de la más diversa condición; ésto, unido a la carrera espacial EE.UU. vs. U.R.S.S., fue bien aprovechado por cineastas que deseaban construir entretenidas y (¿por qué no?) terroríficas fábulas y probar su destreza en el género. Howard Hawks (o Christian Nyby, no se sabe...) marcaría un punto y aparte con ¨El Enigma de Otro Mundo¨.
Y la seguirían ¨Asesinos del Espacio¨, las míticas ¨Ultimátum a La Tierra¨ y ¨La Guerra de los Mundos¨ o ésta que nos atañe (estrenada un mes antes que la de Hawks/Nyby), pequeño proyecto escrito por los productores Aubrey Wisberg y Jack Pollexfen y rodado por Edgar Ulmer, desconocido genio del bajo presupuesto que fue lanzado sin piedad a sus fauces (tras su romance a mediados de los años 30 con Shirley Kassler, esposa del sobrino del jefe de Universal). Su exilio a la serie ¨B¨ no impidió que hiciera gala de sus dotes para levantar una producción de la nada, empleando siempre como principal baza su inagotable imaginación.

Alumno de Fritz Lang, Robert Siodmak y F.W. Murnau, el nativo austrohúngaro siempre dotó a sus films de un gran atractivo visual, una manera única de aprovechar el entorno y los elementos por encima de cuestiones narrativas y los ínfimos presupuestos que manejaba (dejando así interesantes títulos como ¨Extraña Ilusión¨, ¨Traición¨ o ¨El Desvío¨, joya a reivindicar del cine negro ¨B¨). Iniciada con la voz ¨en off¨ del periodista americano John, dispuesto a narrarnos una increíble historia, ¨El Ser del Planeta X¨ es otra muestra del talento de Ulmer para convertir algo insignificante en una curiosa fábula de ciencia-ficción.
La tensión se construye alrededor de un ¨flashback¨ sobre el avistamiento de un extraño planeta que se dirige a dudosa velocidad a La Tierra, y el lugar desde donde mejor se avistará este fenómeno resulta ser una lejana isla escocesa. Esta huida al desconocido paisaje insular permite al director modelar las pertinentes atmósferas, indudablemente deudoras del gótico y el expresionismo, cuajadas de claroscuros donde la niebla y el clima tétrico envuelve a los protagonistas como si estuviesen habitando un fantástico cuento de horror, castillo ¨nosferatiano¨ incluido para la ocasión. Mientras, la estética del ¨noir¨ delimita la, sin embargo, pobre intriga.

Intriga donde se cruzan ese periodista, una chica guapa de la que un día estuvo enamorado (Enid), el padre de ella y científico que formará una ¨inesperada¨ alianza con el extranjero (el profesor Elliot) y el ambicioso y, como después averiguaremos, cruel ayudante de éste (Mears); todos ellos personajes estereoripados hasta la médula de quienes Ulmer no extraerá precisamente unas interacciones creíbles, ni siquiera serán de real importancia en la historia. El revulsivo para mantener algo de originalidad se halla en el visitante del Espacio que da nombre al film.
Enid, quien se pretende muy decidida y luego no hace más que chillar y asustarse, tendrá su encuentro con él en un páramo nebuloso (onírica secuencia en la que mejor apreciamos las habilidades técnicas de Ulmer)...pero nada tiene que ver este hombrecillo de escuálida figura y rostro melancólico (a la vez tremendamente inquietante) con los alienígenas que poblaron los tres cuartos de los films de la época. Los horripilantes y despiadados monstruos son sustituidos aquí por un pequeño y débil ser que empieza profesando buenas intenciones hasta que el guión se encarga, a base de piruetas un tanto absurdas, de hacerle representar una amenaza.

Máxime cuando posee un rayo capaz de controlar la voluntad de los seres humanos, y cuando se supone es la avanzadilla de toda una tropa de extraterrestres cuyo objetivo es llegar a nuestro planeta, y sobre todo cuando secuestra a Enid. No obstante todo ello sucede tras verse amenazado por la ambición y la crueldad del hombre; de este modo se tergiversan los cánones de la ficción del momento al obviar a sus protagonistas y conceder un voto de confianza al hombrecillo espacial, quien se hace con nuestra compasión ante el desolador trato que recibe de sus huéspedes.
Esto alcanza su cenit en un clímax ¨espectacular¨ y resuelto de forma atropellada (el tiempo, el presupuesto...todo jugaba en contra del cineasta) donde se pone de manifiesto un gran pesimismo. ¿Quién es aquí la amenaza? La duda corroe a esa pareja sobre el destino que deparaba a la raza humana de no haber sucumbido ante el terror y el nihilismo (discurso brutal sobre los miedos de la sociedad en aquella convulsa década, representada en ese pequeño pueblo escocés). La dirección artística, la fotografía del genio John Russell y la imaginación de Ulmer se alzan sobre unos actores de lo más insulsos y en ocasiones detestable.

El único que merece un elogio es ese Pat Goldin que encarnó al ser espacial en unas condiciones lamentables y, para más inri, obtuvo un sueldo inferior al de sus compañeros de reparto. Filmada en el margen de una semana en los decorados sobrantes de la superproducción ¨Juana de Arco¨ (última obra de Victor Fleming realizada tres años antes), ésta es ante todo una curiosa pieza para aquellos arqueólogos fanáticos de la ciencia-ficción de los 50.
No está entre lo mejor del género ni de la filmografía de Ulmer pero su valor aumenta al percatarse uno de lo mucho que influenció a Spielberg para ¨Encuentros en la Tercera Fase¨ y ¨E.T.¨.



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Ficha Lluvia Negra

Mad Warrior

  • 24 Jan 2021

9



Lluvia Negra
¨Y entonces vi el resplandor......me cegó y ya no pude ver nada [...]. Mi casa fue devastada, mi esposa murió en el acto y la pierna de mi hijo quedó atrapada entre las vigas caídas...yo intenté apartarlas, pero no sirvió. Finalmente llegó el fuego; le dije ¨¡Lo siento, no puedo ayudarte, perdóname!¨, y huí de allí. ¨¡Papá, ayúdame, ayúdame!...¡ayúdame, papá!...¨ ¨.

Este es tan sólo el testimonio de una de las millones de víctimas que contemplaron una bomba cayendo del cielo hasta impactar en Hiroshima aquel lunes 6 de Agosto de 1.945, una bonita ciudad reducida a cenizas y pasando a ocupar las páginas de la Historia. Después de la polémica ¨Zegen¨, Shohei Imamura se volvía a unir con Toei para, junto a Toshiro Ishido (guionista muy afiliado a Nagisa Oshima y Akio Jissoji), adaptar la famosa novela del prolífico autor Masuji Ibuse ¨Kuroi Ame¨, basada en historias reales de los supervivientes de la tragedia y publicada en 1.966, gracias a la cual fue galardonado con la orden al mérito cultural.
Este relato estará narrado en forma de diario por Shigematsu Shizuma, trabajador en una fábrica que convive junto a su senil madre, su esposa Shigeko y su joven sobrina Yasuko en un pequeño pueblo del distrito de Jinseki, al Este de Hiroshima. Cálidas imágenes de montañas y ríos y una familia que se reúne son interrumpidas por una luz que cubre el cielo y el consiguiente estallido que barre absolutamente todo a su paso; allí nos mete de cabeza el director, en la catástrofe, y sus crudas imágenes (magnificadas por la ferruginosa fotografía en blanco y negro de Takashi Kamawata) revuelven las tripas por la gran sensación de realidad que alcanzan.

Audaz, como de costumbre, Imamura siempre trató la 2.ª Guerra Mundial, tanto antes como después de la tragedia de Hiroshima y Nagasaki, en sus trabajos clásicos; sin embargo el film, y si bien su estilo y forma recuerda mucho a su etapa más temprana y modernista (la de los 60), nunca la podría haber dirigido en los años que trabajaba para Nikkatsu. Pero ya habían pasado cuatro décadas y se podía hablar con total libertad de los desastres producidos en territorio nipón por los norteamericanos y por la guerra; por tanto ¨Kuroi Ame¨ es no sólo el epítome de los dramas socio-históricos del director, sino el de aquellos cineastas que también se atrevieron a observar de cerca el desastre y sus directas consecuencias.
Es la historia real que Akira Kurosawa, Hiroshi Shimizu, Yasujiro Ozu, Mikio Naruse o Keinosuke Kinoshita vivieron en primera persona pero nunca pudieron contar como deseaban por culpa de la censura americana de posguerra. De todas formas Imamura no se queda permanentemente en el día de la catástrofe, que por supuesto siempre radiografía desde el punto de vista de las víctimas; en su lugar se concede una elipsis de unos años para tratar las vicisitudes cotidianas de todos los que, aún profundamente marcados, lograron sobrevivir. Los llamados ¨hibakusha¨. Para ello vuelve al pueblo de Shigematsu y Yasuko y crea, como hizo en ¨Cerdos y Acorazados¨ y ¨Mi Segundo Hermano¨, una comunidad.

Una comunidad de individuos (la ¨comunidad de la bomba¨, como bien es definida) que sufren sus existencias al mismo nivel, una comunidad de miseria, pobreza y sin embargo fuerzas para seguir adelante.

La historia se construye centrándose en la urgencia de un matrimonio para Yasuko, heredando así los patrones de los dramas ¨ozunianos¨, aunque ahora estando muy presente la feroz discriminación que los supervivientes sufren por sus propios compatriotas, al tiempo que se plantea una lucha constante entre la modernidad y la tradición (encarnada en los personajes de Yasuko y Fumiko) y el peligro de la superstición (el personaje de la ¨médium¨ es asquerosamente repulsivo).
Alrededor de esta trama principal donde también se hablará del progresivo resquebrajamiento familiar, Imamura observa, uno por uno, la recalcitrante amargura de los aldeanos; a ellos, todavía ignorantes de su desgracia (se preguntarán varias veces por qué la bomba tuvo que ser lanzada sobre Hiroshima), ha llegado la locura, la desafección, la enfermedad y una amenazante degeneración, tanto la física (que llega a Shokichi, Katayama o la misma Yasuko) como la mental (a Yuichi, Shigeko). Personajes inmersos en la ruina que han logrado adaptarse a ella, y el director se concentra en que el espectador sienta su dolor y su pesar.

La estructura narrativa, que va revelando nuevas sorpresas y desgracias de manera sobria y paulatina, se ve atravesada de ¨flashbacks¨ los cuales nos hacen regresar al fatídico 6 de Agosto; y es aquí donde se alcanzan los momentos más intensos y desgarradores, mostrando sin concesiones lo que es ser víctima de un ataque nuclear.
El nipón pareciera realmente haber estado allí filmando los hechos; particularmente arrolladores son esos instantes donde un niño con el cuerpo abrasado intenta convencer a un joven de quien afirma ser su hermano pequeño, una mujer mece en sus brazos a un bebé quemado o un hombre narra a Shigematsu cómo dejó morir a su hijo...

Memorable también ese momento donde a Yuichi, de lejos el mejor personaje del film interpretado por un maravilloso Keisuke Ishida, le asaltan los recuerdos de la guerra (secuencia que por su estilo rupturista podría haber sido rodada por Seijun Suzuki o quizás Bergman) tras hablar con Yasuko, a quien da vida Yoshiko Tanaka, del mismo modo que logran Shoichi Ozawa, Masato Yamada, Etsuko Ichihara y sobre todo Kazuo Kitamura en sus respectivos papeles. Sin duda una bendición que Imamura contase con un elenco tan entregado pese a exponerlos a mil penurias (les prohibió marcharse del set durante todo el rodaje para que se habituaran al estilo de vida de sus personajes, lo que generó bastantes conflictos durante la producción...).
Takashi Miike, entonces joven asistente de dirección y actor en la película, comentó el problema de terminar la historia sin una conclusión como tal; en efecto un final filmado en color y ubicado diez años después en la historia nunca apareció. Pese a esto, ¨Lluvia Negra¨ fue un enorme éxito de crítica y público (como la película de Ridley Scott de mismo título aunque diametralmente distinta estrenada aquel año), y premiada en innumerables festivales; la angustiante crónica de un apocalipsis y negrísimo drama psicológico.

Imamura, que en ese momento cuenta con tres décadas de carrera y más de veinte obras, realiza (se puede afirmar sin temor a equivocación) la mejor de ellas.
Uno de los más aplastantes títulos de la década de los 80.



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Ficha En la Oscuridad

MMOV

  • 24 Jan 2021

4


En la Oscuridad
¿Qué puedo decir de ella? ¿Es muy mala? No lo creo, ¿es buena? Tampoco. Es un filme sin muchas pretensiones, llevadera, rápida y directa; lo que la hace entretenida, pero a la vez esto genera muchas lagunas narrativas que no terminan de cuadrar y, por ende, el filme se siente hueco como hecho a las apresuradas.

El principio me gusto, producía intriga, el aspecto del fantasma era muy bueno y prometía un relato interesante. Ahora cuando hacemos un salto en el tiempo al presente, comienzas los problemas, las acciones del espíritu y su maldición son inconsistentes y muchas veces están más al servicio del que el relato avance y no darle coherencia a las cosas que ocurren en el poblado. Muchos personajes que tienen 0 conexión con el protagonista y te los meten como si se conocieran de toda la vida (Literalmente eran herramientas para que la trama avance). Incongruencias que molestan a la fluidez de la trama y te quitan el interés. Por otro lado, la acción continua y los múltiples momentos de tensión con el uso de la luz son muy buenos y agilizan el desarrollo.

Las debilidades y características de la entidad son muy buena, me gustó que sea tan rápida y eficaz para atacar, te hacia sentir que era un ser incapaz de vencer y terroríficamente peligrosa. Peeeero, esto también me generaba muchas dudas de como funcionaba realmente la maldición… También me encantó la debilidad a la luz peeeeroo… muchas veces no se cumplían del todo o solamente cuando quería la historia. Es como dije a un principio, este tipo de cosas te saltan a la vista y te quitan un poco el gusto de verla. Por lo tanto, la simpleza de su guion juega en la línea de divertida pero incoherente; rápida, pero vacía; directa pero predecible y reiterativa.

El tercer acto fue muy llevadero, situación de tensión y peligro a cada minuto hasta un clímax explosivo. Las actuaciones están bien logradas y los efectos están buenos.

4/10 la recomiendo si estas muy aburrido y no quieres poner ni atención, pero hasta ahí nomás. Después es un desastre.



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Ficha La Masa Devoradora

Mad Warrior

  • 24 Jan 2021

6



La Masa Devoradora
La Tierra había sufrido ya incontables invasiones alienígenas.
Parecía que ya lo habíamos visto todo hasta que llegó, dentro de un meteorito, algo capaz de arrasar el Planeta.

¡Es indescriptible!, ¡es indestructible!, ¡y nada puede pararlo! Así rezaba el cartel de una de esas pequeñas joyas de la ciencia-ficción salida de los años 50, llegada a finales de una década llena de títulos del mismo estilo y situados en la serie ¨B¨, de esos tan perseguidos por los arqueólogos (¨La Tierra contra los Platillos Voladores¨, ¨Asesinos del Espacio¨, ¨El Monstruo de otro Planeta¨) y otros más memorables (¨La Guerra de los Mundos¨, ¨Ultimátum a La Tierra¨). Sin embargo el mítico Jack Henry Harris tuvo mucho ojo en la que fue su primera producción.
Escrita por Theodore Simonson y la célebre actriz Kay Linaker a partir de una idea de Irvine Millgate, ¨La Masa Devoradora¨ aprovechó todos los estereotipos con los que contaba el cine del momento para satirizarlos mientras innovaba la manida obsesión de las invasiones influenciada por las tensiones que la Guerra Fría generó en la sociedad americana y la carrera espacial entre EE.UU. y la U.R.S.S.. Para ocupar la cámara no fue curiosamente elegido un experto en el género (ni en ese ni en ninguno porque debutó aquí como cineasta...), sino el nativo alemán Irvin S. Yeaworth Jr., prolífico realizador de vídeos educativos y temática religiosa para la juventud (incluso firmó algunos de los especiales televisivos de Billy Graham).

Lo único que se le puede acreditar antes de ponerse al frente de esta producción de moderado presupuesto (poco más de 100.000 dólares) fue ¨The Flaming Teenage¨, anodino film pensado directamente para concienciar a los chavales sobre los peligros terrenales, quizás este enfoque fue lo que atrajo a Harris y se convirtió en uno de los revulsivos de su proyecto, inspirado también por un suceso real: el descubrimiento a principios de década en los bosques de Pennsylvania de restos de ¨gelatina de estrella¨. Ahí se sitúa esta historia y así empieza cuando la típica pareja de enamorados presencia la caída de un meteorito en el bonito paisaje arbolado.
La pequeña charla inicial entre Steve y Jean y la posterior escena en la que un anciano encuentra dicho meteorito y de él emerge una sustancia gelatinosa que se adhiere a su piel es el mejor ejemplo de cómo la película nos lanza interacciones perfectamente olvidables entre personajes y factura secuencias realmente elaboradas en términos de efectos especiales y contenido fantástico. Porque el pueblo donde se nos sumerge es ese reducto seguro y biempensante de la América profunda en el cual los adultos son ariscos y susceptibles y los chicos rebeldes y temerosos; la audiencia que perseguía Harris con el film era sin duda la adolescente.

Este gran desnivel lo lastra sin remedio. Por un lado tenemos un ser llegado del Espacio que huye de los convencionales ¨humanos disfrazados¨ y marionetas de la ciencia-ficción de entonces, un ser amorfo y horripilante que engulle a sus víctimas y las digiere, y que guarda no poca relación con el extraterrestre ya presentado por el mítico John W. Campbell Jr. en su relato ¨Who goes There?¨ (base para una tergiversadora adaptación). La exposición de esta rojiza gelatina espacial y sus originales ¨ataques¨ aportan los mejores momentos a la estereotipada trama.
Cabe recordar el que se da en el interior del cine (durante el visionado de ¨Dementia¨, joya para los amantes del horror surrealista, y que puede venir a sugerirnos, según la visión de Yeaworth, los peligros de ir al cine...) o el intenso clímax en la cafetería, donde los efectos y trucos visuales de Bart Sloane crean un espectáculo delicioso. Pero por otro seremos castigados (y así la propia película) con una muy irrisoria caracterización de personajes, demasiado mojigatos o detestables, y cuyas líneas de diálogo acumulan tal cantidad de torpezas o frases inútiles que se van olvidando conforme se escuchan.

Los jóvenes, presentados como unos buscalíos de poca monta y amantes de la la juerga (siguiendo el patrón de las cincuenteras ¨rebel teen movies¨), acaban, gracias a las piruteas que hace el guión y sobre todo el director, convirtiéndose en la voz de la razón, pues sólo ellos saben el peligro que corren los habitantes (confiemos en nuestros jóvenes, el futuro de la nación, básicamente); los adultos, padres y agentes de la ley, son expeditivos, cabezotas o simplemente patéticos, pero con ello Yeaworth (quien además critica el sentimiento reaccionario de las fuerzas del orden) persigue una imagen perfecta de comunidad contra el peligro exterior (ese pueblo unido hacia el final, de manera dudosa).
Por eso cuesta al espectador asimilar a un Steve McQueen de 28 años dando vida (bueno...) a un personaje tan rematadamente insulso, aun si eso implica disfrutar de su magnética presencia; y es que aquí McQueen, en su primer rol protagonista, aún no era él tal y como lo conocemos, a pesar de los problemas que dio durante el rodaje y de que intuyamos en su Steve Andrews particularidades muy propias como la afición por los coches y la velocidad o su personalidad melancólica, solitaria y marginada. Lo secunda una guapa pero limitadísima Aneta Corsaut en su debut y un puñado de actores bastante flojos; sólo se me ocurre destacar a Olin Howland, el anciano que encuentra el meteorito.

Con todo la película, de primeras relegada a las sesiones dobles y pese a que le llevó su tiempo despegar, fue todo un éxito de taquilla (en contra de las premoniciones de los críticos y del mismo McQueen, quienes afirmaban que sería un desastre...).
Aunque hoy sus artesanos y baratos efectos sólo provoquen la carcajada, son lo que la convierten en un entrañable título del género a descubrir; eso, su idea y que está McQueen, claro. Su conclusión abierta dio pie a una horrible secuela y tres décadas más tarde llegaría una nueva versión, mucho más espectacular.



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Ficha Guerreras, Año 2000

Mad Warrior

  • 24 Jan 2021

1



Guerreras, Año 2000
Ojo al dato. Estamos en el año 2.021 y el Planeta ha sido devastado por...sí, en efecto, por una guerra nuclear.
La sociedad se reduce ahora, como de costumbre, a un puñado de salvajes que sobreviven a base de crear el caos por los páramos desérticos. Sin embargo aún hay esperanza. ¿Cómo?

Pues gracias, cómo no, a las mujeres. ¡¿Qué haríamos sin las mujeres?!, defensoras del bien, protectoras de la Humanidad, guerreras por causa justa. ¿Acaso existen mujeres crueles y despiadadas?, en ningún rincón del Globo, seguro; si la especie humana está en peligro encomendadles vuestros rezos. Resulta un mensaje muy apropiado para los tiempos actuales, ¿verdad?...pues ya lo estaba predicando allá en 1.988 Cirio Santiago, ese nativo de Filipinas y alumno de Roger Corman conocido por todos los arqueólogos del ¨exploitation¨ de serie ¨Z¨, acostumbrado a manejar producciones de mínimo presupuesto, actores pésimos y guiones infumables.
Un Fred Olen Ray a la filipina que tomó gusto en los 80 por el cine de acción más chapucero y los de contenido futurista/post-apocalíptico siguiendo la estela de la revolución causada por ¨Mad Max II¨. Si bien lo más decente que hizo en este campo fue ¨Stryker¨ y ¨Ruedas de Fuego¨, aún tendría mucho para ofrecernos; ¨The Sisterhood¨ es otra más de esta serie, e insiste sobre la misma temática: el desastre nuclear, empleando como explicación la Guerra Fría entre EE.UU. y la U.R.S.S. (totalmente de los 80), pero va un paso más allá y añade, como hiciera en ¨Cazadores del Futuro¨, el elemento de la fantasía.

Así crea un híbrido entre ¨Conan, el Bárbaro¨, ¨Los Inmortales¨ y la obra de George Miller (aproximándose más a la tercera entrega que a la segunda); el resultado es, cuando menos, absurdamente esperpéntico (o viceversa, como prefieran...), porque combinar espada y brujería y elementos medievales con un futuro post-nuclear donde todo está destruido causa un cortocircuito visual de lo más peliagudo (uno nunca se acostumbra a ver tipos pilotando vehículos con armas de fuego incorporadas y después luchando con espadas...¿y me puede alguien decir de dónde narices han sacado esas espadas y esas armaduras?).
Para ser todavía más original, el guionista Thomas M. Cleaver (¨The Terror Within¨) convierte en heroínas a un grupo de mujeres con poderes especiales, todas formando una hermandad (¡llamada La Hermandad!). Pues resulta que la joven Marya se une a dos miembros del grupo para vengar la muerte de su hermano a manos de un malvado guerrero con quien establecerá un misterioso vínculo (todo sea por añadir algo de intriga a una trama sujeta con cinta aislante). Este acto de originalidad, plagiado de los anteriores ¨She¨, ¨She-wolves of the Wasteland¨ o la paródica ¨América 3.000¨, nos sacude con un discurso misándrico hasta el tuétano.

En él se deja a los hombres como nihilistas violentos y sádicos y a las mujeres como un faro de esperanza que iluminará el devastado Mundo. ¡Y este futuro se ubica en 2.021!, aunque teniendo en cuenta lo visto hoy en día no resulta tan sorprendente como pudiera parecer. Sólo las mujeres, dotadas de dones maravillosos, están capacitadas para hacer el Bien; los hombres sólo pueden crear el caos (un film, desde luego, adelantado a su tiempo y que sería del gusto de las recalcitrantes feministas de hoy día). Pero la trama, regada de una banda sonora de teclados chapucera sin parangón, no es nada del otro mundo.
Consiste en las ¨trepidantes¨ andanzas de Marya y sus nuevas amigas Alee y Vera hasta encontrar la primera al asesino de su hermano y a su grupo de salvajes (liderado por un mal imitador de Humungus) y luego a la jefa absoluta de la Hermandad; unas andanzas que en manos de Santiago resultan de lo más soporíferas y desubicadas, a través de situaciones ridículas (las secuencias en el bosque plagado de mutantes) o explotadas hasta la saciedad (los conflictos entre buenos y malos en el páramo). En una muestra más de su incompetencia (sin ser suficiente el instante de la bañera en que una doble desnuda sustituye a Vera...¡viéndose claramente que no es la misma actriz!) volverá a reciclar escenas de films propios.

Como inolvidable, literalmente, resulta el descubrimiento del búnker por Marya y Alee y su minuciosa explicación de cómo acabó destruido el Mundo (pero esta película posee la virtud de presentar diálogos cuyo contenido se olvida a los dos segundos para pasar a otra secuencia de acción). Rebecca Holden y Barbara Patrick, ambas compitiendo por mediocridad interpretativa, se nos aparecen ataviadas como salidas de un carnaval y maquilladas y peinadas como si estuvieran listas para ir de fiesta tras el rodaje; a este par de amazonas las acompañan un anodino Chuck Wagner (¡con la voz de nuestro José Luis Gil en el doblaje castellano!), a quien podemos ver en la mucho más divertida ¨América 3.000¨.
Pero infinitamente mejor esa guapísima Lynn-Holly Johnson, experta patinadora artística recordada por ser la Bibi Dahl de ¨Sólo para sus Ojos¨; dos interesantes curiosidades con respecto a ella: los vaqueros que luce (y que le sientan divinamente) en lugar de ropajes futuristas se debió a una estrategia de marketing entre Levis y Santiago (¿pensarían los de Levis cuanto público acudiría a ver esta bazofia?), y durante una escena le cortó el dedo a un especialista, lo cual la traumatizó para el resto del rodaje (¡eso es estar entregado uno a su papel!).

Yo, sucumbiendo al aburrimiento más espantoso y esperando un disgusto tras otro conforme avanzaba el metraje (si fuese de factoría italiana resultaría hasta simpático) sólo puedo recordar con satisfacción una escena:
cuando Alee dispara una flecha incendiaria sobre una tienda de campaña...¡y explota como si nada la tienda...y de rebote un coche que estaba al lado! Sencillamente espectacular, señores.



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Ficha Goku: Midnight Eye II

Mad Warrior

  • 24 Jan 2021

5



Goku: Midnight Eye II
Viajamos a un Japón situado en un futuro cercano, de gran avance tecnológico y en cuyo submundo se ocultan los más aberrantes secretos y peligrosas amenazas.
Ahora seguiremos a Goku Furinji, el detective con un ojo cibernético, en una nueva y trepidante aventura cuyo villano monstruoso siembra la destrucción a su paso.

Yoshiaki Kawajiri ya había alcanzado un buen estatus dentro del universo de la animación en aquellos finales de los 80 gracias a ¨Wicked City¨, un trabajo excitante y visualmente satisfactorio, adaptación de las obras de Hideyuki Kikuchi, además de regalar a los fans un pequeño divertimento igual de oscuro y fascinante como ¨Demon City¨. Tras esto, finiquitaría la década sin desligarse todavía de las aventuras ¨cyberpunk¨ a las cuales ya se había habituado con un encargo de Toei Video y MadHouse: plasmar el célebre cómic ¨Goku¨ del artista Buichi Terasawa (también creador de ¨Cobra¨ y ¨Ninja Kabuto¨), publicado poco antes.
Con guión del propio autor original, esta adaptación se realizó en dos OVAs lanzados directamente al mercado del vídeo, que cubren dos arcos concretos del cómic. En este segundo ¨episodio¨ que sería realizado tras comprobar la productora el éxito del primero, el protagonista ya ha sido presentado y nos hemos aclimatado a su entorno sucio, oscuro, extremadamente violento al tiempo que asfixiado por los avances tecnológicos; ahora sólo resta contemplar en qué nuevos casos se inmiscuirá. Comienza el director el OVA con uno de ellos: un hombre de negocios chino que se aprovecha de jóvenes que desean la fama para convertirlas en prostitutas.

Desde este mismo inicio se plantea la desemejanza con el primero; si antes la imaginería ¨cyberpunk¨ se equilibraba a la perfección con los tics más reconocibles de la literatura ¨hard-boiled¨ y el policíaco negro, ahora prima el gusto por una ciencia-ficción tan espectacular como incongruente y absurda, esto es: menos ¨noir¨ ¨seinen¨ y más fantasía ¨shonen¨. Goku no continúa con el caso de los suicidios de investigadores porque ya está resuelto ni se recuerda el personaje de Yoko, si bien vuelve físicamente en Ryoko, una misteriosa mujer que pide a aquél detener a su hermano Ryu, manipulado genéticamente por el despiadado Zenzo.
Experimentos científicos aberrantes, otras organizaciones secretas, otro maestro de ceremonias (antes Genji) y en mitad de todo esto un hombre a punto de autodestruirse para transformarse en una especie de soldado de poderes extraordinarios y finalmente en un monstruo carente de humanidad. Como se decía ya no hay destellos de clásicas tramas policíacas, ahora estamos inmersos en una aventura muy ¨futurista¨ cercana a los increíbles desvaríos de ¨El Puño de la Estrella del Norte¨, sin abandonar Kawajiri su gusto por la brutalidad, el impacto visual y la pura estética.

Y un personaje femenino que quizá recuerde a Yoko, pero que resulta más típico y menos carismático; la presencia de la mujer en esta secuela no logra las connotaciones misteriosas e interesantes de la anterior (donde teníamos a una asesina a sueldo que hipnotizaba a sus víctimas gracias a los ojos de unas plumas que llevaba tras su espalda), en este caso la utiliza para presentar algunas de las escenas de sexo más gratuitas e injustificadas que se hayan visto en un anime clásico (porque los animes actuales sobreviven gracias a las escenas de sexo injustificadas).
Para paliar la falta de sentido o de lógica que tiene esta historia, y que nunca atañe ni afecta a Goku (pues aquí no es sino un mero mediador que deja todo el protagonismo a Ryoko y Ryu), se nos brinda un clímax que roza niveles increíbles de absurdo, y que de algún modo desvirtúa a Goku (el momento en donde éste prepara un coche como si fuera el batmovil y va a atacar a Ryu es poco menos que una imbecilidad), mientras intenta ser todo lo espectacularmente visual que se puede, culminando en un colofón demasiado indigesto y demasiado enrevesado como para querer asimilarlo y tragarlo en unos pocos segundos.

Más salvaje, más fantasiosa, menos elegante, más grotesca, más bizarra, incluso con más concesiones al erotismo, y eso no quiere decir que sea mejor. Pero al fin y al cabo Kawajiri sólo fue el tipo al que le encargaron una historia que ya estaba escrita; no tiene ninguna culpa.
Haber adaptado el siguiente capítulo del manga (donde Goku es el guardaespaldas de una joven cantante de ¨rock¨) no habría resultado; menos mal que los de MadHouse se detuvieron a tiempo...



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Ficha Midnight Eye: Gokû

Mad Warrior

  • 24 Jan 2021

6



Midnight Eye: Gokû
De la mano de Yoshiaki Kawajiri, como no podía ser de otra forma, viajamos a un Japón situado en un futuro cercano, de gran avance tecnológico y en cuyo submundo se ocultan los más aberrantes secretos y peligrosas amenazas.
¿Y qué mejor guía que el detective Goku Furinji, el hombre del ojo cibernético?

El director ya había alcanzado un buen estatus dentro del universo de la animación en aquellos finales de los 80 gracias a ¨Wicked City¨, un trabajo excitante y visualmente satisfactorio, adaptación de las obras de Hideyuki Kikuchi, además de regalar a los fans un pequeño divertimento igual de oscuro y fascinante como ¨Demon City¨. Tras esto, finiquitaría la década sin desligarse todavía de las aventuras ¨cyberpunk¨ a las cuales ya se había habituado con un encargo de Toei Video y MadHouse: plasmar el célebre cómic ¨Goku¨ del artista Buichi Terasawa (también creador de ¨Cobra¨ y ¨Ninja Kabuto¨), publicado poco antes.
Con guión del propio autor original, esta adaptación se realizó en dos OVAs lanzados directamente al mercado del vídeo, que cubren dos arcos concretos del cómic. Este primer ¨episodio¨ empieza presentándonos al personaje y el escenario donde trabaja, y lo hace además con una secuencia inicial que vuelve a dejar patente las habilidades de Kawajiri como animador y narrador y su gusto por la estética y la puesta en escena, pues eso es lo que siempre ha caracterizado a todas sus obras (incluso por encima de cualquier lógica argumental).

El protagonista aparece persiguiendo a un contable bien vestido cuando de repente se enzarza en una pelea con él descubriendo un brazo mecánico. Escenarios oscuros, trazos grotescos, violencia extrema y planos rápidos; trepidante secuencia para abrir boca en una trama que no deja de seguir los cánones más vistos y oídos de la novela ¨hard-boiled¨, con ese detective duro, cínico, huraño y socarrón que parece sacado de las páginas de Carr o Hammett, entrometido en una serie de misteriosos asesinatos de investigadores y policías camuflados como suicidios.
Historia casi siempre desarrollada en las tinieblas de la noche y entre los sucios recovecos de oficinas, parques solitarios, pubs o clubs de ¨striptease¨ que podría llevarse al Chicago de los años 40 pero que está situada en la Tokyo de un 2.014 atestado de aberrante imaginería ¨cyberpunk¨, donde no pueden faltar los cyborgs, las pandillas callejeras, los poderes psíquicos, la ciudad bañada en el brillo de los neones, los vehículos y armas futuristas y demás tópicos del género maravillosamente bien explotados por el bueno de Kawajiri. Y en el epicentro de la intriga un maestro de ceremonias llamado Genji.

Este responsable de muchas operaciones ilegales es una perfecta crítica a los poderosos hombre de negocios que logran ganarse el respeto ante la sociedad ocultando sus horribles artimañas (la historia de soltar un virus letal en un país enemigo usando a cisnes como portadores logra poner los pelos de punta por su extraña credibilidad...y más aún hoy en día). El contrapunto dramático y romántico viene dado por una mujer muy unida al protagonista, como es lógico: Yoko, atractiva y fuerte agente de policía también relacionada con los casos de los suicidios.
Personaje que sólo servirá para alentar al protagonista a descubrir y acabar con los villanos (otro tópico de estos argumentos). El cariz más puramente futurista viene dado cuando nuestro detective pierde el ojo izquierdo y es reemplazado por uno cibernético capaz de acceder a todas las computadoras y sistemas electrónicos del Planeta; no se nos dice en ningún momento quién le ayuda ni parece que haga falta, simplemente disfrutamos viendo a este intrépido detective volverse aún más implacable gracias a sus nuevos dones.

Aventura inundada de colores rojos, negros y azules (los preferidos del director), concisa, salvaje e intensa tanto como ilógica y disparatada que apuesta por la velocidad, lo bizarro, el sexo y la violencia como principales ganchos para atrapar al fan de la animación.
Junto a su segunda parte, realizada poco después del éxito de la que nos ocupa, se convierte en un divertimento de primera y un buen trabajo de Kawajiri dentro de su filmografía clásica. No se le puede pedir más.



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Ficha Angustia

Mad Warrior

  • 24 Jan 2021

7



Angustia
El ojo humano registra las imágenes y envía impulsos al cerebro a la espera de que nuestro cuerpo reaccione acorde a lo que se está observando. Aun así el ojo engaña, no sabe distinguir lo que es real de lo que parece serlo, y las señales son confusas, y provoca el caos en el cerebro.
El objetivo de la cámara puede experimentar un suceso similar.

El cine español ha ido cambiando con el paso de los años, y cada vez a peor; hubo un tiempo en que surgían talentos excepcionales y lograban despuntar con trabajos alejados de lo cotidiano, de lo popular e incluso de lo académicamente impuesto...todo esto ahora ya no existe. Estamos en 1.987 y la comedia del ¨destape¨ empieza a pasar a la historia, el éxito del vídeo deja poco a poco las salas vacías y Pilar Miró asciende a directora general de cinematografía y da un ¨lavado de cara¨ a la industria ayudando sólo a aquellas producciones de carácter intelectual, histórico o artísticamente importante; la taquilla entonces se quiebra y nadie quiere ver películas españolas. El cine americano de género es el que triunfa.
En este contexto el controvertido y aplaudido Bigas Luna es uno de esos nuevos valores, cuyo distanciamiento de lo popular es máximo y se erige como autor de una obra excitante, diferente; como sus coetáneos se influencia de los estilos extranjeros, lo que ha demostrado en ¨Renacer¨, rodada en EE.UU., donde viviría por un tiempo. Tras el durísimo drama ¨Lola¨ decide reunir a un plantel internacional aunque rueda en España para acometer un ambicioso proyecto enmarcado en el terror y el ¨thriller¨ psicológico, que en el país se manifiesta a través de extraños títulos como ¨Slugs¨, ¨Descanse en Piezas¨ o ¨La Herencia del Mal¨.

El director comienza su fábula con varios avisos, dirigidos especialmente a nosotros. El primero es literal: la película que vamos a ver nos puede exponer a algún tipo de control mental y mensaje subliminal, aunque la contradicción es ya significativa (la voz del ¨presentador¨ dice que hagamos una cosa mientras los títulos anuncian otra). Los otros dos son intencionados pero se usa el disimulo y el reflejo: en la casa de John Pressman, un oftalmólogo afectado de diabetes, una paloma se escapa de una jaula y acaba quedando atrapada tras un armario; por otro lado, múltiples ojos y espirales profundas decoran la vieja estancia.
Ya estamos advertidos: el espectador va a ser observado en todo momento y no habrá ninguna escapatoria. Esta primera parte establece el tono general; Luna vuelve a los entornos deprimentes y a las atmósferas opresivas, mientras deja que el espíritu de Preminger y Hitchcock impregne cada secuencia y plano. El escenario por el que aquél mueve su escrutadora cámara, y en el cual desea que pasemos el mayor tiempo posible, es si acaso un trasunto de la mansión del Norman Bates de ¨Psicosis¨, aunque en este caso los pájaros y la madre cobran vida; tras esto el cineasta revelará un repulsivo fetichismo por los ojos, el del protagonista, claro.

Una terrible sesión de hipnosis por parte de la madre, donde se dejan al descubierto los trazos de una enfermiza relación maternofilial, y un posterior asesinato que comete el aparentemente ingenuo protagonista llevan al film a los más conocidos terrenos del ¨giallo¨, de cuyo género se nutre de manera inevitable y deliberada. Así, el aspecto y el tono establecen las comparaciones con el subgénero: la técnica, la violencia estilizada y brutal y el uso de los colores intensos (sobre todo el rojo) son heredados de Argento y Bava, la obsesión por los globos oculares remite a la de Lucio Fulci, mientras que la situación entre la madre y el hijo quizás recuerde a la ya vista en ¨Demencia¨, de Joe DAmato.
En efecto ¨Angustia¨, título muy propio del ¨thriller¨ italiano, sigue durante el primer tramo sus consabidos patrones y fórmulas, al tiempo que Luna hace gala de un poder visual arrollador llenando cada plano de símbolos (las espirales), reflejos (los caracoles, los pájaros) y otros fascinantes desvaríos surrealistas. Pero en lugar de continuar con lo que se aventura a ser un argumento nada original su obra da una vuelta de tuerca abriendo una brecha entre realidad y ficción a través de otra sesión de hipnotismo (realmente extensa y sofocante) y propone un ingenioso ejercicio de metaficción al proyectarnos inesperadamente al otro lado de la pantalla.

El ¨slasher¨ de inclinaciones fantásticas que se podría haber convertido en una versión ¨exploitation¨ de ¨Los Ojos sin Rostro¨ y de la novela de Hoffman ¨El Arenero¨, se transforma en una película observada en la sala de un cine.
Como hizo DePalma en ¨Impacto¨, hemos sido embaucados por Luna en una efectiva trampa (aunque la trampa se extiende aquí hasta veinte minutos) y ahora nos obliga a adoptar una única perspectiva poniéndonos en el lugar del público, sentándonos a su lado en las butacas. Ahora la trama se bifurca en dos caminos, el de la película proyectada (¨La Momia¨), y el de la película que estamos viendo.

En la primera John inicia una masacre con todas las personas que se va cruzando, dispuesto a arrancarles sus ojos, en la segunda los ojos de los espectadores observan el amargo espectáculo, pero uno de ellos es incapaz de soportar la violencia del film; se trata de una pobre (y muy irritante) chica llamada Patty afectada por la fuerza de las imágenes. A partir de ese instante el director no sólo prosigue con los dos argumentos paralelamente, sino que realidad y ficción encuentran un punto de fuga en el proyector por el cual habitan en cuerpo y espíritu en el lado del otro, alimentándose de las transferencias recíprocas que cada uno ofrece.
Y esto se debe a que el personaje de John ha entrado, precisamente, en una sala de cine para seguir cometiendo sus locuras. Demostrando un hábil manejo de la tensión, Luna pretende alcanzar el máximo grado de paranoia, de hecho los espectadores mirarán hacia atrás para comprobar que el oftalmólogo psicópata de la película no está allí; es entonces cuando la atmósfera desquiciante y desquiciada de ésta (apoyada en la sugestión de la hipnosis) dispara las pulsiones de la gente de la sala. Lo simplemente observado pasa a ser sentido, pasa a ser vivido...y más aún cuando un hombre se dedique a emular al homicida del film a punta de pistola.

Como le sucedía al Jefferies de ¨La Ventana Indiscreta¨, los que eran observadores cruzan al otro lado de la pantalla, penetran en el corazón de la ficción, que se infiltra brutalmente en la realidad, y se transforman en personajes de la historia de la que se suponía eran sólo atentos espectadores. Pero en esta propuesta metacinematográfica, que además recuerda a las planteadas en ¨Demonios¨ o ¨La Rosa Púrpura del Cairo¨ (salvando muchísimo las distancias), el ritmo se ralentiza y por desgracia se estanca cuando sólo queda ver a ese loco que adopta la figura del psicópata del film desatando el caos como su homólogo y la chica protagonista aterrada por el pánico.
Intercambio de roles (un asesino por otro) y dimensiones (el cine Roxy por el Rex) en principio interesante que acaba confundiendo por entero realidad y ficción (lo que sucede dentro de la pantalla también sucede fuera), aprovechando el catalán todo lo que le ofrece el escenario para condensar al máximo el oxígeno y la intriga.

Lástima, de todas maneras, que se decida a finiquitar su obra de un modo tan efectista, tan sumamente americano, aproximándose más al ¨thriller¨ de acción y diluyendo el tono de terror y suspense del comienzo (sin olvidar brindarnos un momento memorable al establecerse una conexión por medio de la sugestión y el miedo entre John y Patty, frente a frente en la pantalla, y luego más tarde).

Luna logra una inquietante atmósfera, apoyado por la partitura de José Manuel Pagán y la fotografía de Josep Civit, y los efectos especiales son terriblemente efectivos, tanto que se acabarían llevando el Goya en el festival de aquel año. Por su parte, destacan las geniales interpretaciones de Michael Lerner y una apabullante Zelda Rubinstein; no se puede decir lo mismo del nada creíble Ángel Jovè, la bastante sosa Clara Pastor y esa enervante Talia Paul a la que de verdad dan ganas de arrancarle los ojos (pero con martillo y escoplo...).
La ficción como invasora de las pulsiones violentas, la psique lanzada a un espacio de pliegues ininteligibles donde toda superficie observada a través del ojo puede no ser más que una falsa proyección de nuestros miedos, donde, entonces, todo puede es posible. ¿Al llegar los títulos de crédito qué es realidad y qué ficción? Nos dejaría el bueno de Luna con esta duda para, después de la gran acogida de ¨Angustia¨, abandonar las cámaras por un tiempo y dedicarse a la pintura.

Con esta impactante fábula de horror ¨made in U.S.A.¨ el director se despide de la primera etapa de su cine para iniciar otra muy distinta, menos negra y perturbadora, más pasional...
Y con la que se iría a pique su carrera, le pese a quien le pese...por muchos premios y elogios que ganara.



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Ficha Bagman

Waloneitor 218

  • 24 Jan 2021

10


Bagman
La película es muy buena, sabe aprovechar todos los recursos que tienen a su disposición y la hacen una película muy entretenida de ver, sabe cómo y dónde meter los chistes y las referencias hacia otras películas.
En serio que es muy divertida la película, sus referencias a otras películas son muy buenas y en serio espero la parte dos de la película.

Aunque la película se ve desde el inicio que es de ¨bajo presupuesto¨ realmente es una película que la recomiendo al 100%

Muy buena chicos, sigan así :3



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Ficha The Tattooed Swordswoman

Mad Warrior

  • 24 Jan 2021

6



The Tattooed Swordswoman
Dos clanes yakuza enfrentados, crueldad samurái, sangrientos deseo de venganza, teatros de espectros y bestias fantasmales...
Cuentos de pura ebullición fantástica que nos arrastran a pliegues alucinatorios alejados de la realidad. Todo ello nos aguarda aquí en ¨Hichirimen Bakuto¨.

En 1.973, Toshiya Fujita adaptaba el célebre cómic ¨Shurayuki Hime¨ de Kazuo Koike escogiendo a una Meiko Kaji que doblaba su popularidad en la década encarnando a Yuki, antiheroína definitiva de la ficción feudal; para aquellos que tengan conocimientos de cine japonés (sobre todo del enmarcado en terrenos ¨exploitation¨) este personaje ya mítico les recordará al de Akemi Tachibana, especie de prefiguración que la propia Kaji interpretó unos años antes, en su primer papel protagonista, cuando aún estaba empezando a hacerse un nombre como mujer dura y rebelde gracia a la saga ¨Stray Cat Rock¨.
Asume liderar un plantel de conocidos de la serie ¨B¨ en la que será la obra con la que inicie los años 70 el director Teruo Ishii, otro rebelde e inconformista de las filas de Nikkatsu cuya fértil imaginación y delirante estilo podría equipararse al de Seijun Suzuki o, por ejemplo, Nobuhiko Obayashi, si bien él se mantuvo muy ligado a la faceta más brutal de la serie ¨B¨ (tanto que se volvió un especialista de las ¨roman porno¨ incluso antes de que se popularizaran en género como tal); y junto a Chusei Sone concibe la tercera parte de la saga ¨Nobori Ryu¨, iniciada por él un año antes (ciertamente extraño, pues la protagonista era Hiroko Ogi...).

Si el espectador se propone un ejercicio de desvinculación absoluta entre el prólogo y el resto del metraje podrá poner el talento de Ishii al mismo nivel que el de Kenji Misumi o Hideo Gosha; este inicio nos muestra un espectáculo épico que arrolla nuestros sentidos con una composición escénica, manejo de los elementos físicos y atmósféricos, con un diseño artístico de Akiyoshi Satani, fotografía de Sei Kitaizumi y música de Hajime Kaburagi soberbios. Un combate a espadazo limpio bajo una lluvia incesante donde con cada corte litros de sangre saltan y acaban mezclados con el barro y el agua, todo filmado a cámara lenta.
El espíritu de Kurosawa está evidentemente impregnado en cada plano y encuadre, y hay que decir que, de haber mantenido la película el nivel de esta introducción, tendríamos en nuestras manos uno de los mejores ¨chambaras¨ jamás realizados. Pero esa no es la intención del director, quien a poco que puede nos confunde: un gato aparece en escena y lame la sangre de una chica herida en la cara por Akemi; todo es, claro, un sueño de ésta, que cumple condena en una prisión femenina donde se presenta ante sus compañeras como la sucesora del poderoso clan samurái-yakuza Tachibana.

Y de aquí saltamos al cuento de Ishii, ubicado en una pintoresca y sumamente anacrónica era Taisho (o vaya usted a saber cuál), sacada de una viñeta, enlazando de este modo con los desvíos indescriptibles que decide tomar y los personajes que nos serán presentados poco a poco. El escenario se prepara para una guerra de familias, los Tachibana y el jefe de los Dobashi, quienes cuentan con un traidor en la primera; todo podría seguir senderos de ¨jidai-geki¨ convencionales, pero el cineasta, cual Suzuki, dinamita el género y se burla de él introduciendo grandes dosis de humor negro, estallidos de espontaneidad visual y su acostumbrada concesión al delirio.
Para ello sitúa en el pueblo de la seria Akemi (a quien ya no veremos luchar en ningún momento hasta el final) una feria con inenarrables espectáculos de magia y la confronta con individuos como el jefe de otro clan itinerante (que parodiando el estilo Taisho, con bombín y medio vestido de cintura para abajo, ofrece una imagen bastante bizarra), una experta lanzadora de cuchillos ciega que presta sus servicios a Dobashi o un jorobado ayudante de ella. Sobre todo por culpa de éste personaje la historia, que en esencia no es nada del otro mundo y cuya mayor ¨sorpresa¨ ya la sabemos desde el principio (la identidad de la ciega Aiko) se desarrolla en las más anormales bifurcaciones.

Mientras se desata una cruenta guerra de poder unida a una venganza (con sus intrigas, traiciones, chantajes, secuestros y sucesión de muertes de manual), la intermitente presencia de un gato negro y el reverso más aberrante que se oculta tras la feria callejera allí instalada abre una brecha hacia la oscura fantasía y el horror de corte fantasmal acercando esta ¨Hichirimen Bakuto¨ a los cuentos sobrenaturales de Nobuo Nakagawa, Tokuzo Tanaka o Kaneto Shindo, aunque despojándola de toda elegancia y apostando por lo grotesco, lo surrealista y lo visualmente y chocante, donde Ishii se perfila como un auténtico maestro.
Trucos de luces y colores, escenarios imposibles, concesiones ¨kitsch¨, apariciones espectrales e indigesta violencia, todo parece valer para este loco obsesionado con la forma y la estética distanciándose de cualquier lógica narrativa; ni siquiera aporta algo el ¨romance¨ entre Tani y la joven Chie, interpretados por unos simplemente decentes Makoto Sato y Yoko Takagi. Ni siquiera resulta satisfactorio ese esperado duelo entre la buena Hoki Tokuda y una Meiko Kaji arrolladora aunque algo limitada y con falta de experiencia en papeles más serios; pero ésta prestará su preciosa voz para el tema principal de la película.

Sí destaca el artista Tatsumi Hijikata, fundador de la danza butoh a finales de los años 50 en su rol del jorobado Ushimatsu, de lejos el mejor personaje de esta rareza mitad ¨thriller¨ de yakuzas, mitad ¨jidai-geki¨ y mitad cuento de terror, visualmente increíble aunque narrativamente hueca que nunca se sabe por dónde va a encaminarse, pero seguro entusiasmará a los fans del ¨exploitation¨ nipón más bizarro.
Al menos cuenta con uno de los prólogos más impactantes (y, ¿por qué no?, visualmente bellos) que un servidor ha tenido el placer de ver en un film de samuráis. Ojalá todo hubiera estado al mismo nivel...



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Ficha Criaturas Asesinas

Mad Warrior

  • 24 Jan 2021

4



Criaturas Asesinas
Un meteorito cae en plena noche, tranquila y silenciosa, cerca de un pueblo. A la mañana siguiente un pobre hombre es destrozado a dentelladas en su sotáno por algo parecido a un gusano gigante...
¿Hace falta dar más explicaciones? No, sólo hay que dejarse llevar por el desenfreno sanguinolento y absurdo.

En 1.982 llegaron a las salas dos películas de ciencia-ficción con temática extraterrestre que cambiarían (cada una a su modo) el género de manera radical: una era ¨E.T.¨, la otra ¨La Cosa¨. Las dos diametralmente opuestas, y de no ser por la primera (la luminosa, amable, sermoneante y familiar) la segunda (la oscura, nihilista, violenta y horripilante) habría logrado mucho más éxito en el momento de su estreno; sin embargo el sr. Capenter y Rob Bottin crearían escuela y a partir de entonces una sucesión de alienígenas con muy malas intenciones plagarían el cine...preferiblemente el de serie ¨B¨ y ¨Z¨.
¨Criaturas Asesinas¨ es uno de tantos ejemplos, una producción de poco más de 20.000 dólares rodada en casa del genio Tim Hildebrandt (quien junto a su hermano Greg ilustró cómics, novelas, pósters (como el de ¨Star Wars¨) y el mítico juego de cartas ¨Magic: The Gathering¨) cuya idea le surgió al productor Ted Bohus tras ver un documental del National Geographic sobre vainas de semillas halladas en la Antártida (¿?). Éste y el diseñador de efectos especiales John Dods confeccionaron un guión (seguramente en poco tiempo) y se lo endosaron a un tal Doug McKeown, que no hizo nada ni antes ni después en el mundo del cine.

Pues estamos ahí, en mitad de ese bosque bajo el manto de la noche estrellada, y como sucede en todas las películas de extraterrestres dos que están por ahí, sin nadie que les escuche, observan caer un meteorito, y de él sale algo que les asesina a no mucho tardar. Como amante de la ciencia-ficción, me vienen a la cabeza ¨La Guerra de los Mundos¨ o ¨La Masa Devoradora¨ al observar este inicio tan pobre; pero es que ahí es adonde apunta el trío McKeown/Bohus/Dods, a satisfacer el hambre del fan del género, y lo hacen de un modo tan descaradamente premeditado que resulta muy entrañable.
Tras este prólogo la acción se traslada a un ambiente hogareño donde un matrimonio amanece en un día lluvioso; el hombre baja al sótano y el director nos traslada como por arte de magia a los años 50 con un ataque alienígena digno del mismísimo Corman, desatando la violencia a base de salpicaduras de sangre por doquier y sombras que se convulsionan. ¿No es suficiente? Tranquilos; el festival ¨gore¨ comienza cuando la esposa baja también al lugar (y se da un escalofriante momento con un brazo arrancado del que Spielberg tomaría nota para después copiarlo en ¨Jurassic Park¨).

Momento sorprendente e implacable; los efectos que provee Dods son deliciosamente artesanos, creando uno de los alienígenas más brutales de la década, y el ritmo que imprime McKeown es endiablado. Ritmo que, por otro lado, se espesará al entrar en esa misma casa, donde la gente duerme como si nada (¿están sordos, las paredes son de acero o es que todos tenían un sueño muy profundo?); los tíos Herb y Millie visitan a Sam y Barbara (a quienes ya hemos visto morir) y a sus hijos Peter y Charles, precioso cuadro familiar ¨spielbergiano¨ cuyas interacciones entre los personajes tampoco es que vayan a interesar mucho.
Es Charles el que llama la atención, el niño ¨freak¨ fanático de los monstruos y extraterrestres, refejo infantil no disimulado del director y los guionistas y quien se convertirá en el héroe (algo que se ve a billones de kilómetros...). La condición de film de escaso presupuesto y cutre factoría ¨grindhouse¨ se refleja en su desarrollo: con un escenario básico, la casa, un reparto muy limitado y una atmósfera mal modelada, sin argumento ni falta que hace; la tía se va, pero para ir a otra casa. Entre cuatro paredes, McKeown suelta a esos gusanos y nos prepara para una carnicería que recordará no poco a la del ¨clásico¨ de culto ¨Squirm¨, evidente influencia.

Carnicería en el sentido más literal. Ahí están el detestable Peter, con sus alardes de gran científico, parloteando con Ellen y Frankie de cosas que se van olvidando conforme se dicen, debatiendo el origen de los gusanos, y en el sótano está Charlie (absurdo este tramo porque el pequeño aparece en la misma postura sin hacer nada durante un buen rato); esto no importa cuando intervengan las criaturas y todo se desmadre, porque Dods modela un extraterrestre en la línea del de Bottin (sin llegar a su maestría): viscoso, sangriento, salvaje, rugidor y extenuante. ¡Y uno desea verlo en acción!
Para poner de manifiesto el humor tan negro imperante en todo esto, McKeown nos brinda una secuencia repulsiva donde el mal gusto queda elevado a la trigésima potencia al ser unas pobres ancianas las nuevas víctimas de los bichos; imagino a Joe Dante o Sam Raimi riéndose a carcajadas al contemplar este espectáculo (que podrían haber rodado perfectamente)...todo sea por parodiar el género mientras se busca el sobresalto a través de lo grotesco y lo entretenido. Quizás sólo Charles G. Hildebrandt (en efecto, el hijo de Tim...¿no se nota?) posee suficiente carisma entre unos insípidos secundarios que se esfuerzan por pronunciar los diálogos, y creérselos al mismo tiempo, sin reírse.

Tras él uno sólo puede fijarse en las guapas Karen Tigue y Jean Tafler (cuyos compromisos que le impedían acabar el rodaje derivaron en uno de los finales más inesperados que hubiésemos podido imaginar para un personaje protagonista). Los protagonistas, de todos modos, son los efectos especiales y los monstruos, y con ello es suficiente.
Atravesada por corrosivas dosis de humor negro, agradable regusto añejo y lanzada por los distribuidores aprovechando el éxito de ¨Alien¨ (las referencias están ahí), la película no pasará a la historia, pero logra lo que muchos títulos de ciencia-ficción de inmensos presupuestos a veces no hacen: dar lo que promete.



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Ficha El Club del Suicidio 2 (Suicide Club 2)

Mad Warrior

  • 24 Jan 2021

6



El Club del Suicidio 2 (Suicide Club 2)
Insatisfacción, hastío, ansia, desconexión, odio...son esas algunas de las emociones que nos impulsan a dibujar un propio círculo existencial fuera del que la vida se ha encargado de asignarnos, y, con ello, desposeernos de nuestra conciencia para alcanzar la auténtica conexión con nosotros mismos.
¿Sería eso posible?

Después de cuarenta años de vida y diecisiete iniciado como cineasta, el transgresor Sion Sono sería reconocido no sólo en su país natal sino a nivel internacional gracias a ¨El Club del Suicidio¨, obra insólita y rompedora con la que, haciendo uso de una explosiva creatividad más allá de lo imaginable, desgajaba sin ningún pudor las obsesiones, psicopatías, miedos y tensiones de la sociedad japonesa moderna, recién entrado un siglo XXI donde el cada vez mayor dominio de la tecnología e internet controlaba las conciencias y emociones de las gentes, en especial las de la joven generación.
Enfermiza, sangrienta y también inexplicable, seguramente el gran público no estaba preparado para alguien como Sono y sus abrasivos ideales sobre el ser humano y la sociedad; pero lo cierto es que su trabajo, el cual pronto alcanzó el estatus de culto, quedó inconcluso, lleno de preguntas y pocas respuestas. Así continuaría alimentando la fábula del aterrador ¨club¨ en su novela ¨Jisatsu Sakuru: Kanzeban¨; no queda claro si su intención era despejar los enigmas planteados, en cualquier caso después trasladaría su propio libro a la gran pantalla, que según la cronología de los hechos podría establecerse como precuela, en principio, aunque esconde muchos más secretos...

En efecto se recuerda el salvaje incidente de las 54 chicas que saltaron a las vías del tren, y se hará hincapié a lo largo y ancho de la historia, conectándose con ésta en múltiples nexos de unión, sin embargo ¨La Mesa de Cena de Noriko¨ comienza presentándonos la paulatina fragmentación de un núcleo familiar, compuesto de Tetsuzo (el padre), Taeko (la madre), Yuka (la hija menor) y Noriko, en quien se centra el primero de los cuatro capítulos en los que se divide la trama, cada uno de ellos narrado desde el punto de vista de su protagonista (lo que da pie a numerosas contradicciones).
Esta fragmentación viene dada por la insatisfacción de la joven Noriko al vivir en la pequeña Toyokawa (ciudad natal de Sono, uno de los muchos aspectos autobiográficos que plagan el film) al margen de la gran sociedad; lo que para sus padres conforma un reducto de paz y armonía, lejos de los peligros urbanos, para ella es un agujero donde su anodina existencia se hunde día a día. En realidad Noriko es el paradigma de la llamada generación ¨Y¨ (o ¨Millennial¨), a la cual ataca y desgrana el director sin piedad; demasiado avanzados y solitarios para el mundo real que les rodea, hacen de internet su nuevo hogar, se liberan, adoptan nuevas identidades y personalidades.

Y lo más importante, condensan las emociones según los estímulos proporcionados por la pequeña pantalla del ordenador. Así es Noriko; como sus coetáneos, ella también decide asumir un rol en el que refugiarse, ahora Mitsuko (nombre de una de las protagonistas de ¨El Club del Suicidio¨ y recurrente en el universo ¨soniano¨). Los roles son en realidad, como iremos viendo, asumidos por todos los miembros de la sociedad, para evitar el rechazo a sí mismos, para huir de sus vacuas existencias, para fingirse. La visión del nipón sobre la Humanidad vuelve a ser desoladora.
Una Humanidad podrida hasta los cimientos, que respira hipocresía y nihilismo, que se cura por su sufrimiento y dolor en sordina; una humanidad a la que decide lanzarse la joven de cabeza en un acto de huida inconfesable (éste y otros ejemplos hacen a los personajes de Sono repulsivos y lo más lejos de poder ganarse nuestra empatía). Así, mientras la brecha se abre en el seno de los Shimabara, acompañamos a una desconcertada Noriko a un viaje, no de liberación ni mucho menos, sino un viaje a las tinieblas de la sociedad contemporánea guiado por un monstruo que halla en el camino y que le arrastrará irremisiblemente a ellas (como les sucede a muchos protagonistas de los films del cineasta).

Ese monstruo que guía a la muchacha se llama Kumiko, otro ser que sirve a Sono para vampirizar a la mujer y convertirla en instigadora de la desgracia por pura selección natural; ella es un espectro de pasado inexistente y conciencia vacía, camina sin ser nadie y se muestra ocultándose (o viceversa).
Si bien vuelve a cobrar importancia la red Haikyo.com, clave en ¨El Club del Suicidio¨, la historia que nos atañe no parece ubicarse como precuela ni secuela de aquélla, sino como una mirada alternativa al mismo universo al tiempo que se desarrollan los hechos; Sono construye una fábula aún más perturbadora sobre su decadente sociedad.

Centra su discurso en la absoluta soledad y rechazo autoconsciente, y en la adquisición de una existencia ficticia, ¨programada¨, por medio de algo tan escalofriante como esa agencia que ¨alquila¨ familias a los más variopintos clientes. A estas alturas la huida de la inocente Noriko es cada vez más incierta (la voz de la razón es al final la paterna); los demás episodios radiografian de manera concienzuda los tormentos, impulsos y dramas de aquellos que la rodean: Kumiko, su hermana Yuka, quien decide huir en su busca, y su padre, que contemplando el desmoronamiento familiar provocado por sus (malditas) hijas y el suicidio de su esposa, inicia una cruzada contra la secta manipuladora del llamado ¨Club del Suicidio¨.
De hecho, teniendo en cuenta lo imposible de empatizar con las féminas protagonistas, proyectando incomodidad y animadversión más que cualquier otra cosa, es el personaje de Tetsuzo, ese padre amargo y echo pedazos, con los pies en la tierra y susceptible de ser manipulado al contrario que Yuka y Noriko, su obsesión y fría preparación de la venganza, lo que relanza la trama cuando ésta se hacía cada vez más densa y agobiante. Aunque se tome su tiempo desmontando a Kumiko, Sono acierta de pleno al ponernos en la piel de Tetsuzo y lanzándonos a un tramo catártico de búsqueda, descubrimiento, expiación y choque frontal con la realidad.

Incapaces somos de adivinar a qué caminos conducirá una terapia psicológica tan salvaje como la planeada por Tetsuzo, y así nos aguarda una última media hora desesperante, donde el director, con su nervio habitual, deja claro su dominio de la tensión, la atmósfera y la violencia...
Pero también falla en una solución insatisfactoria y confusa, con Tetsuzo convertido primero en monstruo ante sus ¨desconectadas¨ hijas, deseando rescatarlas de esas identidades falsas que han asumido (de esos avatares en línea que se han extendido fuera del mundo virtual), y luego presa de la asunción del rol del padre perfecto que siempre quiso ser, en un entorno preparado y falso. Y lo que no debería suceder termina sucediendo.

Es decir, los protagonistas son tomados por sus roles y en esa salsa de paranoias final sólo queda el desposeimiento y el autoengaño (aunque implique la ¨vuelta a la realidad¨ de Noriko) y es algo con lo que yo, personalmente, no deseo estar de acuerdo. Entre tanto se aporta una visión global y razonable del ¨Club del Suicidio¨ absolutamente descorazonadora; en sus 2 horas y media de metraje Sono se las arregla para lograr un ritmo fluido aun con sus altibajos o momentos demasiado exasperantes, filmando casi todas las secuencias cámara en mano para captar al vuelo las emociones de sus personajes y meternos de lleno en la historia.
En lo que a un servidor respecta, vuelvo a afirmar que el nipón es de esos pocos directores que realmente poseen la habilidad de cortarte la respiración y mantenerte en vilo el tiempo que deseen. A sus órdenes están de nuevo unos actores puestos al límite; especial predilección siento por el arrollador Ken Mitsuishi. Kazue Fukishii y la más joven Yuriko Yoshitaka encarnan a unos personajes, como ya dije, repelentes a todos los efectos, humanos sin duda, pero insoportables al final, lo mismo que la otrora ¨AV idol¨ Otake ¨Tsugumi¨ Tsuzumi. Sanae Miyata demuestra en su corta participación sus grandes dotes como actriz dramática, pero por desgracia no se le presta la debida atención, lo mismo sucede con Yoko Mitsuya.

En definitiva una nueva demostración de la ferocidad narrativa del cineasta, de su capacidad innata para enroscarnos en su construcción y destrucción del drama humano, que puliría y mejoraría en obras futuras (¨Exposición de Amor¨, ¨Cold Fish¨).
Resultaría más satisfactoria de no ser por sus mencionados personajes femeninos y esa delirante conclusión donde hemos de aceptar lo inaceptable...



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Ficha La Sustancia Maldita (In-Natural)

Mad Warrior

  • 24 Jan 2021

5



La Sustancia Maldita (In-Natural)
¨Bajo en calorías, buen sabor...y encima no mancha¨. Está delicioso, es nutritivo, saludable, lo comerían sus vecinos, sus amigos, sus hijos o sus padres; no importa de qué esté hecho, es lo mejor que jamás habrá probado.
Si no le gusta...es que no es uno de nosotros...

El mensaje no nos pilla de sorpresa pues ya forma parte del ideario y el estilo de vida colectivo; si no compras el producto de moda, el producto que a tantos y tantos millones de personas encanta, que da trabajo a otros tantos, el producto que día tras día, hora tras hora, las emisoras de televisión, las de radio y las redes sociales se esfuerzan por colarlo en tu casa (y, si se tercian, en tu cabeza)...no eres normal, eres un alienígena, el raro de la sociedad. Como bien anunciaba la campaña publicitaria de Funzo en ¨Los Simpson¨: ¨¡si no lo tienes no eres nada!¨.
Un mensaje directo a las tripas inspirado en la situación de los EE.UU. en los que vivía Larry Cohen, quien se despacharía a gusto con su febril obsesión por el consumismo y la despersonalización a favor de la aceptación colectiva en una de sus obras más conocidas de los años 80, prosiguiendo su colaboración con el loco de Michael Moriarty (el cual acabaría como matrimonio y luego ruptura) tras dos ¨thrillers¨ la mar de interesantes como ¨Efectos Especiales¨ y ¨Sin Salida¨. Lo peor es que el lado más idiota, más absurdo del director emerge demasiado pronto cuando el trabajador de una mina encuentra una extraña masa viscosa moviéndose en la tierra, la toca y se la lleva a la boca como si nada (¡!).

Yo me pregunto qué hubiera sucedido si llega a ser ácido o cualquier otra sustancia, pero el caso es que llegan otros trabajadores y comen también de ella (¡¡!!), y de ahí, sin más explicaciones que valgan, atravesaremos una elipsis de semanas, o meses, o años (¿a quién le importa?) para contemplar la comercialización de dicha sustancia que brotaba del suelo a nivel masivo. Es la bendición del maniático deseo por comprar, gastar y poseer de la atontada sociedad en la que vivimos, en este caso la sociedad norteamericana en su más fiel reflejo a mitad de los 80 (aunque este mensaje sigue siendo muy actual).
El Stuff, llamado así para su venta, es el producto más adictivo que jamás llegó al Mundo, y esto le sirve a Cohen para presentar, como ya haría Romero en ¨Dawn of the Dead¨ o Cronenberg en ¨Videodrome¨ y antes de llegar Carpenter con algo similar en ¨Están Vivos¨, toda una sátira socarrona y negra (negrísima como el carbón) sobre lo ya tratado: el feroz consumismo, la sangrienta competencia empresarial, la enfermiza estrategia publicitaria y la manipulación de la población. Pero la trama no profundiza en las vicisitudes del mundo empresarial y de la publicidad; a fin de cuentas esto no es la ¨Gigantes y Juguetes¨ de Masumura.

Porque el buen director sigue unos derroteros muy claros: contar una fábula, muy aventuresca, enmarcada en los lindes de la ciencia-ficción y el horror, o al menos lo pretende; cuando entra en escena el ex-agente del F.B.I. Rutherford, ahora investigador y ¨saboteador¨ industrial, y une sus pasos a Nicole (la encargada de publicidad de Stuff), Charles (un tarado experto en karate y que dice que es policía o váyase usted saber qué) y a Jason (un niño cuya familia se ha vuelto adictiva al producto y que el otro se encuentra ¨por casualidad¨) el espectador entiende cómo ha de tomarse el argumento.
En efecto, a broma. Esta unión de personajes caricaturescos, a cada cual menos convincente y más inútil y cuyas interacciones y reacciones no son normales (por ejemplo: ¿por qué Rutherford nunca abandona su actitud sarcástica?, ¿y por qué el niño no se muestra afectado en ningún momento?), parece disponerse adrede por Cohen a lo largo de una serie de hechos casuales, accidentales, que sólo revelan un guión con más agujeros que un panal de abejas. Pero el director posee una virtud: su actitud tan desvergonzada, alocada y malévola como la del mismo Rutherford; es mejor rendirse ante la más pura ilógica de su película.

La crítica social e industrial es el trasfondo de una veloz aventura ¨exploitation¨ que recoge el testigo de la ciencia-ficción de los años 50 (con ¨La Invasión de los Ladrones de Cuerpos¨, ¨Invasores de Marte¨ y ¨La Masa Devoradora¨ como principales influencias) y su discurso tan plomizo, tan propio de la política ¨mccarthista¨, sobre la peligrosa amenaza comunista en la biempensante, conservadora y atemorizada sociedad norteamericana; de ahí que sea introducido, a merced de la más retorcida burla y a la vez demasiado obvia, el estomagante coronel M.G. Spears (a quien Rutherford se encuentra también ¨por casualidad¨).
Y para rematar un trabajo de efectos especiales a cargo de Bret Culpepper que miran de reojo a la obra de Cronenberg antes mencionada o ¨La Cosa¨, pero sin, por supuesto, el mismo encanto. ¿Y qué decir de los actores? De ese Moriarty con acentuado y repugnante acento texano que va de gracioso pero no lo es en absoluto, esa Andrea Marcovicci insulsa hasta vomitar, esos histriónicos y detestables Garrett Morris y Paul Sorvino o ese Scott Bloom a quien un servidor le agarraría por las piernas y lo lanzaría al descampado aquel donde brota la crema alienígena (o lo que quiera ser).

Pero si por algo acabó así esta obra, si fue un relativo fracaso de taquilla y de crítica, fue por las intervenciones venenosas (como siempre sucede en la industria) de la gente de New World Pictures, culpables de hacer regrabar al director algunas escenas y rodar otras nuevas para poder estrenar una película de terror simple y acorde con las tendencias de la época.
Cohen no buscaba esto, sino más bien una sátira cómica. Hoy por hoy es considerada una pequeña joya de culto por los más acérrimos; seguramente habría sido así de haber hecho aquél la película a su manera...



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Ficha Más Allá De La Duda

Mad Warrior

  • 24 Jan 2021

7



Más Allá De La Duda
La justicia que trata de imponer la ley se equivoca, se equivoca mucho.
Fueron inocentes, pero las pruebas, por erróneas que fuesen, les condenaron. ¿Podemos confiar entonces en el sistema?

En 1.956 se estrenan algunos trabajos memorables dentro del cine negro americano. Uno de ellos es el ¨Atraco Perfecto¨ de Kubrick, y también llegan ¨Falso Culpable¨, de Hitchcock, y ¨Mientras New York Duerme¨, de Lang, dos títulos dirigidos por dos maestros que juntos hallarán su reflejo torcido y manipulado en una especie de perfecto epítome llamado ¨Más Allá de la Duda¨, obra del segundo, de nuevo para RKO Pictures aunque ya por última vez, pues prepara su partida no sólo del continente sino al parecer de la industria.
El proyecto está firmado por el aclamado guionista y productor Douglas Morrow, cuyo eje central es realizar una severa crítica contra el brutal y fallido sistema judicial americano, donde a ojos cerrados se condena a cualquiera aun sin contar con la absoluta certeza de ello, y sobre todo contra la tan debatida pena capital; la agria y horrorizada expresión de un jurado ante la muerte de un reo en la silla eléctrica, antes presentado y, para más inri, con el título del film sobre él mientras se aproxima a su destino (¿será culpable realmente?), inicia la controversia y establece un curioso juego de roles, sobre todo cuando el protagonista está observando el terrible espectáculo.

Éste es Tom, redactor de un conocido periódico dispuesto a dar un cambio en su vida, primero dejando la compañía para escribir novelas y luego casándose con la hija del director de la misma, Austin, un hombre cuyo máximo objetivo es derribar de una vez por todas el sistema y demostrar públicamente que la pena capital es una práctica horrenda y las pruebas circunstanciales con las que se acusa a un sospechoso una ridícula forma de proceder ante la justicia. Para probar esto el astuto y contestatario jefe del periódico propone un juego, un juego de identidades, trampas y falsas evidencias.
El plan consiste en aprovecharse de un caso de asesinato implicando a un sospechoso ¨de alquiler¨, reuniendo las pruebas necesarias para considerarle culpable aunque sin serlo, a todas luces una mordaz burla contra los procederes policiales y las sentencias judiciales, cuyos responsables siempre consideran infalibles. Morrow y Lang consiguen así un inicio intrigante que de forma curiosa y quizás no premeditada parece copiar la idea ya expuesta en ¨Yo Arriesgo mi Vida¨, dirigida por John Sturges diez años antes, al tiempo que da, como se ha dicho, una vuelta de tuerca a las tramas de ¨Falso Culpable¨ y ¨Mientras New York Duerme¨.

En la primera, como muchas veces ha ocurrido en el cine del inglés, se establece la clásica figura del inocente perseguido, de ese falso culpable de parte de quien se pone el espectador cuando la desgracia cae sobre él de inmediato; Morrow ficcionaliza la sospecha y crea una tupida y concienzuda red de engaños sirviéndose de un caso que ya está siendo investigado paralelamente y la dama asesinada en cuestión (Patty, el ¨macguffin¨). En la segunda una mujer es usada por un redactor para cazar a un asesino; ahora el cebo es un hombre, aunque no hay asesino que perseguir, pues él mismo se introduce en su piel, suplantando la identidad del verdadero sin saberlo éste.
En una atmósfera que hace por combinar el melodrama (ese matrimonio roto por la situación) con el policíaco más negro, Lang va distribuyendo las pistas de los valientes y no menos descerebrados protagonistas, siendo la mayor incógnita por qué accede Tom a prestarse con tanta facilidad a una empresa tan arriesgada (más arriesgada de lo que ya es como bien averiguaremos), y la superchería de éstos se desarrolla acorde a como habían planeado. Pero el que conozca el cine del austriaco, y un poquito de cine negro, sabrá que la fatalidad del destino siempre acaba trastocando las vidas de aquellos que lo desafían, y en este caso no va a ser una excepción.

Y en efecto, las cartas puestas sobre la mesa no están tan bien presentadas ya que podemos adivinar con mucha facilidad los distintos giros o ¨sorpresas¨ que torcerán las ingeniosas ideas de Spencer y Tom y les llevarán precisamente al lugar al que deseaban pero no como ellos deseaban. La mayor excusa planteada es que todo sucede ¨por casualidad¨, porque así ha querido el susodicho destino, quizás para equilibrar la balanza y hacer pagar la mofa que los redactores preparaban contra el sistema judicial y la ley, por la cual no podemos sentir antipatía (el fiscal y los jueces sólo hacen su trabajo, después de todo).
Nos imaginamos cómo la suerte se volverá hacia los personajes obrando un último milagro (en esta ocasión una carta exculpadora), sin saber que el karma no puede consentirles el servirse de la suerte para llevar a cabo sus maquiavélicos planes en secreto, obrando contra ellos con su propia estupidez como arma aleccionadora (esa confesión, muy sorprendente, tan torpe e inapropiada). La gran Joan Fontaine realiza de nuevo un papel comedido pero lleno de sutilezas y Dana Andrews se esfuerza en pasear su inexpresividad y falta de carisma por toda la película; Philip Bourneuf, Sidney Blackmer y la muy rubia y arrebatadora Barbara Nichols están simplemente brillantes.

Al final la obra, provista de una trama realmente entretenida, pone el suspense y el humor negro al servicio de un obvio y no tan necesario pero comprensible didacticismo (cambiando ese giro sorpresa todo adquiriría un significado diferente). De aquí surgirán historias similares (¨F/X¨, ¨Corredor sin Retorno¨, ¨Ejecución Inminente¨ o la novela ¨Criminal Prefabricado¨, de Juan Gallardo Muñoz).
Con ella el director pone punto y final a su carrera en América, donde ha pasado más de veinte años, reafirmándose como uno de los grandes maestros del ¨thriller¨ (quizá ¨Más Allá de la Duda¨ no sea el mejor ejemplo). El mediocre Peter Hyams realizaría en 2.009 un ¨remake¨ que mejor es ignorar...



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Ficha Dead or Alive 2: Sangre Yakuza

Mad Warrior

  • 24 Jan 2021

6



Dead or Alive 2: Sangre Yakuza
Otra vez vuelve Miike Takashi-san a sumergirnos, hasta asfixiar nuestros pulmones, en sus arrolladores y truculentos relatos de criminales, una vez más dispuesto a dinamitar el género.
Y sí, lo logra, de la mano de sus protagonistas, unidos por la amistad hasta la muerte...que así será.

Con ¨Dead or Alive¨ llevó a extremos inconcebibles el ¨yakuza-eiga¨ y el cine de acción, siendo una de las películas más conocidas con las que finiquitó los 90, aunque irremediablemente aplastada por el éxito internacional de su joya ¨Audition¨, estrenada poco antes; aquella ecléctica locura de instantes inclasificables que atravesaba multitud de géneros sin despeinarse y protagonizaban los simplemente magníficos Sho Aikawa y Riki Takeuchi iba de repente a continuar hasta convertirse unos años después en trilogía, ofreciendo a los fans una sorpresa detrás de otra (lo puedo atestiguar...).
Tan solo un año y cuatro films después (para que comprendan a qué ritmo de trabajo iba el director hace dos décadas) recupera a su dúo protagonista pero no a Ichiro Ryu; ahora es su ferviente colaborador Masa Nakamura (¨The Bird People in China¨, ¨Young Thugs¨, la muy idiota ¨Andromedia¨) el que teje una trama que en absoluto tiene que ver con la de la primera entrega, aunque se comparta el estilo y ciertos detalles inevitables (típicos de la factoría ¨miikiana¨). Detalles como un inicio donde se cruzarán los tics más rematadamente absurdos de su cine.

Se trata de poco menos de un cuarto de hora donde nos propone la presentación de los protagonistas (ahora distintos) que es sin duda todo un regalo para los fans de la vertiente más aberrante y psicotrópica del nipón: violencia arrolladora, velocidad de vértigo, extrañeza alienígena, un sentido del humor de lo más vergonzoso y esencia de cómic en cada uno de los planos y en la forma de ser de los personajes. Es volver a los tiempos de ¨Osaka Tough Guys¨ o ¨Fudoh¨ (y eso nos encanta, ¿verdad?); en esta ocasión el detective Jojima y el gángster Ryuichi son reemplazados por dos hombres al otro lado de la ley: Mizuki y Shuichi.
Ambos asesinos a sueldo sin escrúpulos, y a los que unen los lazos de una gran amistad desde que eran niños. Entonces es cuando Miike, en una de sus clásicas y confusas maniobras, vira en redondo el argumento (sin abandonar sus concesiones a lo bizarro) y se dedica a profundizar en este dúo que acabamos de conocer, y a partir de aquí es el drama el guía de los acontecimientos. La ciudad representa la violencia, la traición, la venganza, la locura, pero la isla donde nacieron y crecieron, a la que se dirigen en barco, refleja un pequeño paraíso alejado de todo eso.

Así que esta escapada insular es sobre todo un viaje de introspección, de reparación, de tratar de curar una herida abierta, de tratar de recuperar un tiempo irrecuperable; el director abre la puerta de la nostalgia y nos sumerge en una especie de entrañable ¨impasse¨ mientras reconstruye a través de frenéticos saltos en el tiempo (gracias al ingenioso guión de Nakamura) la vida de Mizuki y Shuichi y el amigo que se quedó en el pueblo, Kohei, imagen del ejemplo a seguir: uno prospera realmente respetando la tradición (cristiana, en este caso, a lo que se le da mucha importancia) y llevando una vida humilde y recogida.
Las sombras del Kitano más suave e incluso de Koreeda emergen en este nudo donde simpatizamos aún más con los protagonistas, por no haber tenido, como huérfanos, más familia que a ellos mismos, por donar el dinero que ganan cometiendo crímenes a otros niños que lo necesitan, y sobre todo por recobrar aquello que perdieron, su infancia, gracias a los chavales del pueblo. Puede que se produzcan situaciones un tanto esperpénticas (esa simpática función de teatro), pero si Miike y Nakamura hubiesen mantenido esta línea hasta el final, abogando por lo sentimental e intimista, habrían logrado una obra verdaderamente notable...

Pero no, Miike no es así (ya tendrá tiempo de ser así en otros trabajos), y además no es algo que nos pille de sorpresa, pues mientras todas estas cosas suceden en la isla, veremos de manera intermitente a unos gángsters librando una guerra en la ciudad con tal de encontrar a Shuichi por los asesinatos cometidos, y ahí es donde vuelve el realizador a su más negra, indigesta, descolocada y enfermiza exposición del género, alcanzando en ciertas ocasiones un grado de mal gusto que hace recordar una vez más esa máxima de los fans para definirle a él y a su cine: la de ¨esperar lo inesperado¨.
Aun así, ni tan siquiera los que ya estamos muy acostumbrados a sus delirios podemos preveer ciertas cosas (con nombrar sólo lo de la esposa del yakuza súperdotado (o ¨megadotado¨) no sería suficiente), demostrando que pocos saben equilibrar como el nativo de Osaka el bajo presupuesto con la imaginación; este último viaje a la ciudad de Shuichi y Mizuki, es, en respuesta al primero, uno de condenación y muerte, donde por fin se reparten las cartas a los que van a subir al Cielo o descender al Infierno (la metáfora visual propuesta es deliciosa).

Y la forma de finiquitar dicho viaje, con un último retorno a la ¨tierra prometida¨ entre litros de sangre, se debe ver para creer. Por su parte, los buenos de Aikawa y Takeuchi sacan a relucir su faceta más autoparódica (el primero en especial) a la vez que humana, y en esta línea no podemos olvidar el gran trabajo del ¨obligatorio¨ de Miike, Kenichi Endo.
Las geniales intervenciones de Ren Osugi, Noriko Aota y dos que agradecerán los fans del cine japonés, las de Shinya Tsukamoto (en un papel increíble) y Tomoro Taguchi, rematan esta segunda parte de esta inclasificable trilogía, la más psicológica, íntima y humana...pese a estar atravesada por ocasionales destellos de salvajismo y desenfadada demencia.



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Ficha La Torre Oscura

Tabo

  • 24 Jan 2021

6


La Torre Oscura
Película: ¨The Dark Tower¨ (2017).

Una critica solo a la película en si, dado a que no he leído ninguna de las novelas. Sin nada de expectativas y solo por que la pasaron por televisión termine viendo esta cinta, que pese a todo, es cumplidora. La historia es convincente y aunque no se explota del todo bien, es suficiente para un rato agradable. Diálogos aceptables. Las actuaciones son correctas. Los personajes con un potencial algo desperdiciado. De ritmo es regular, quizás se sintetizo mucho probablemente y esto termina dando un final de golpe. Ambiente correcto. Efectos visuales un tanto mediocres. Banda sonora correcta. Un par de muertes aceptables. Un final correcto y predecible.

Mi puntuación para ¨The Dark Tower¨ es 6 de 10 posibles, lo mejor es mirarla sin fe alguna y solo dejarse llevar. De todas maneras no es una cinta como para buscar y verla, es la típica que pasan por TV y uno simplemente deja.

Tabo.



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Ficha Skull Forest

ragman

  • 24 Jan 2021

3


Skull Forest
un survivor basico de presupuesto limitado. lamentablemente ese detalle esta vez le juega en contra, pues no esta nada mal y logra entretener lo justo, partiendo de la base que es una historia predecible mil veces vista y olvidable.
quizas el plantel femenino no era el mas adecuado a mi gusto, la mas aceptable me la matan a flechazos. pero bueno, es un detalle mas.



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Ficha Nadie Vive

Pinal

  • 24 Jan 2021

10


Nadie Vive
que buena película una actuación de Luke Evans excelente un gran futuro para el actor, esta peli con una combinación del suspenso acción y gore que llevan a ver la mente de un psicópata, además es una pelicula que te mantiene hasta el final con ganas quiza de ver un asegunda parte no es de las tipicas peliculas con un final predecible al contrario... la recomiendo la 100 %



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Ficha Finale

dalton gellar

  • 24 Jan 2021

4


Finale
El asesino sádico de Dinamarca - Finale.

Sin duda una magnífica portada para una película que no está mal pero si la ves te darás cuenta que es como estar viendo otro slasher americano mas de asesino en las afueras y un lugar de mala muerte votado de trabajo y dos chicas siendo acosadas y posteriormente torturadas.

Las actuaciones pasable sin más aunque el asesino si da inquietud y lo mejor son los momentos finales de escape y pelea además de alguna muerte bastante lograda solo eso y su corta duración.

Aunque el final se intuye que puede quedar en una secuela dudo que se haga y bueno si estas con ganas de ver algún slasher por ahí es sin duda una buena propuesta.



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Ficha Tenet

dalton gellar

  • 24 Jan 2021

6


Tenet
El pensar de Nolan - Tenet.

Película de la cual tienes que estar concentrado todo el tiempo para así no perderte en la trama la cual es difícil hasta cierto punto mas allá de tener una factura técnica impecable típico de Nolan en sus ya obras inception, instertellar etc.

Uno de los principales problemas también es este chico protagonista hijo de Denzel el cual no transmite nada y le queda muy grande el papel, efectos especiales muy logrados al igual que las escenas de acción.

Ahora bien me gustó mucho Robert Pattinson que es increíble y la bella Elizabeth Debicki que me gustó mucho en el final, excelente fotografía y escenarios con una duración bastante larga y pese a lo complejo no llega a aburrir ni a perder el interés y eso es algo bueno.

Me quedo con las anteriores obras pero no es una mala película.



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