Rescatable y correcta adaptación para la TV del clásico inconcluso (1922) de Franz Kafka.
K es un agrimensor que llega a una aldea regida por un castillo, cuyas autoridades le han encargado una tarea no específica. A medida que se los aldeanos se muestran hostiles hacia él y todos le hacen ver que nunca se ha necesitado su servicio, K tendrá que decidir si insistir o regresarse a su pueblo.
Tras la vanguardista “71 Fragmente einer Chronologie des Zufalls¨ (¨71 fragmentos de una crónica de oportunidades¨, 1994), el talentoso director austríaco Michael Haneke se abocó en rodar una adaptación fílmica para la TV de la novela “Das Scholß” (“El Castillo”, 1922) del legendario escritor austrohúngaro Franz Kafka, una de sus obras más emblemáticas y famosas junto a “Die Verwandlung” (“La Metamorfosis”, 1915) y “Der Prozeß” (“El Proceso”, 1925). Lamentablemente inconclusa por la repentina muerte de Kafka en 1924, “Das Scholß” (“El Castillo”, 1922) aborda principales temáticas como la alienación, la burocracia y la frustración del hombre moderno en sus intentos por acoplarse y adaptarse a un sistema creado por humanos, pero que carece de total humanidad.
Profundamente existencialista, surrealista y frustrante, la literatura de Kafka ha sido llevada no pocas veces al cine al séptimo arte, sin embargo de formas muy dificultosas y arriesgadas. Son muy pocos los films que han logrado captar la esencia de la obra kafkiana y desarrollar sus conceptos narrativos esenciales de desesperación y angustia humanas en la sociedad moderna, siendo la coproducción franco-ítalo-germana “The Trial” (1962) de Orson Welles, la coproducción suizo-germana “Das Schloß” (1968) de Rudolf Noelte y la reciente “Amerika” (1994) de Vladimir Michalek las incursiones más exitosas en su tratamiento narrativo y visual. Precisamente, será la primera versión de “Das Scholß” (“El Castillo”, 1922) estrenada a fines de los 60s por Noelte, que destaca por su fotografía y diseño de producción, junto con la incursión de Michálek, que inspirarían a Haneke en embarcarse en su propia adaptación del clásico del austrohúngaro.
Su empresa, no obstante, auguraba más contras que pros, más desaciertos que aciertos y más frustraciones que certidumbres. El gran riesgo de adaptar “Das Scholß” (“El Castillo”, 1922) no sólo está en su carácter extremadamente lento, generalmente ilógico, fuertemente surrealista e impunemente desesperante sino también en el demencial desafío de capturar dicha atmósfera y transmitirla al espectador, lo que aunado a su rasgo inconcluso prácticamente la vuelven imposible de emular. Y es que si bien Kafka se las arregla para sacar el relato adelante gracias a sus ricas descripciones, su insistencia e obsesión en el detalle e incluso un espíritu irónico y absurdo de humor, para cualquier realizador estos elementos son muy difíciles de emular en un film si no cuenta con la maestría literaria del austrohúngaro y los recursos tanto visuales como técnicos para su exposición.
Haneke opta por experimentar con la traslación literal de gran parte de la novela, en varios momentos con diálogos casi completos, para construir realidades kafkianas. En gran medida lo logra, hay que decirlo, principalmente porque el guión está estructurado de tal forma de exponer los dos principios narrativos más importantes de “Das Scholß” (“El Castillo”, 1922), a decir, el espíritu ateísta de la verdadera búsqueda espiritual del hombre (evidente referencia a la filosofía nitzscheana) y el tratamiento de la burocracia, la alienación y la angustia consecuente de esta cadena de factores sociales que el autor desarrolla a lo largo de su obra. De esta forma, la búsqueda constante por lo divino y los elementos conspiratorios para alcanzar lo inalcanzable son pilares en el guión.
Así es como K, el protagonista, representa la lucha humana por lograr lo imposible, el espíritu terco e incombustible de no rendirse nunca sin importar la naturaleza de los impedimientos y también, siendo más críticos, la ingenuidad humana de la existencia de algo superior de origen divino, desde la perspectiva ateísta. El Castillo y por extensión Klamm, a quienes por cierto nunca veremos en el metraje, evidentemente simbolizan lo divino y lo inalcanzable, una metáfora de Dios y Jesús como seres omnipresentes, temidos, respetados e idolotrados, pero que en realidad no existen y que ejercen su influencia en los aldeanos gracias a un sentido de existencia basado en el miedo y la incertidumbre.
Los aldeanos, por su parte, representan cada uno de los obstáculos que K debe enfrentarse para alcanzar el Castillo y reunirse con Klamm finalmente, es decir, lo inalcanzable. Dependiendo del personaje, Haneke los presenta en situaciones cómicas absurdas o dramáticas, como sus discípulos Arthur y Jeremías, que representan la envidia e hipocresía zalamera de los pares; el notario del pueblo que simboliza la desesperante y estúpida burocracia, con la notable escena en que ordena a su esposa buscar un decreto en un mar de documento que sabe no existe; el mensajero de Klamm, Barnabás que personifica la ingenua esperanza que vive constantemente en riesgo por su labor; Schwarzer, como el pueblo xenófobo; Amalia, como la apóstata que se niega a seguir las directrices del Castillo por un problema administrativo (cuestionamiento de la fe); y, Frieda, como el camino a la felicidad tradicional, que resulta fallido y muy amargo.
La estructuración de K es interesante y gana puntos con la destacable interpretación de Ulrich Mühe (“Funny Games”, 1997). Su personaje es, al principio, el más convencional de todos y su estadía en el pueblo se convierte en un verdadero viaje al surrealismo y a la lucha contra la frustración. Sumergido en una vorágine de elementos que remiten a una quimera, K tiene la suficiente cuota de alienación como para no ceder a la demencia pero también como para atreverse a dejar de lado su búsqueda tras darse cuenta de su utopía. Quizás, en lo que hubiese sido muy deseable, el tratamiento del personaje hubiese logrado mayor profundidad para el espectador si el director de “Caché” (2005) no hubiese optado por una narración en off omnipresente, que si refuerza el componente de compresión del relato, lamentablemente tiene efectos colaterales que disminuyen la fuerza de la narración.
Ahora bien, para la mayoría de los críticos el principal problema de la adaptación del futuro director de “Amour” (2012) es su excesiva preocupación por lo narrativo y descuido por lo visual. Efectivamente hay un abuso de planos fijos y muy poca variedad de ángulos de cámara, a lo sumo el uso de travelling en las incursiones de K por el pueblo hacia diferentes destinos, bastante monótono, que contrasta con la buena fotografía invernal de Jirí Stibr (“Amanecer”, 1959) que da cuenta del hostil clima natural en el que K debe desenvolverse, además del hostil clima humano. Con el objetivo de dar un rasgo más rústico, Haneke opta por una edición abrupta entre capítulos y secuencias, lo que unido a su decisión de cortar el relato y explicar literalmente que la novela queda inconclusa (por la muerte de Kafka) dejan un estilo de narración quizás demasiado plano y desestimando darle un rasgo propio o identidad que sabemos, por el talento del austriaco, se echa de menos.
Además de Mühe, el film cuenta con buenas interpretaciones, en especial la de su esposa Susanne Lothar (“La Cinta Blanca”, 2009) como Frieda, la novia de K. Frank Giering (“Funny Games”, 1997) y Felix Eitner (“Cerezos en flor”, 2008) encarnaron a Arthur y Jeremías, sus ineptos ayudantes, Andréi Eisserman (“Kaspar Hauser”, 1993) como Barnabás, Inga Busch (“Art Girls, 2013) como Amalia y Birgit Linauer (“El lugar del crimen”, 2017) como Pepi, y Hans Diehl (“Antikörper”, 2005) como Erlanger.
“Das Scholß” (“El Castillo”, 1997) fue filmada íntegramente en la región austríaca de Estiria y su capital Graz. Fue estrenada en la TV austriaca y en el 47° Festival Internacional de Berlín en febrero de ese año. Sin embargo, se le estrenó en cines en Alemania, República Checa, Japón, Canadá y Estados Unidos.
En definitiva, y a pesar de todos los obstáculos propios de retratar la obra de Kafka en el cine y la falta de cierta osadía en el aspecto visual para proponer una versión más propia, estamos ante una versión de “Das Scholß” (“El Castillo”, 1922) interesante y que se deja ver principalmente por su respeto a la visión pesimista y angustiante del escritor austrohúngaro.
Entrega Explosiva es una película de acción que se estrenó en el año 2012. Está dirigida por Jesse V. Johnson y protagonizada por Steve Austin y Dolph Lundgren
Tommy Wilk, un veterano de guerra que trabaja para un jefe mafioso, tiene el encargo de entregar un paquete a un peligroso gánster conocido como “el alemán”. Lo que al principio parece un trabajo rutinario se complica cuando una banda desconocida intenta hacerse con el paquete, haciendo que Wilk tenga que abrirse camino con todos los medios posibles para hacer la entrega. Lo que él no sabe es que el paquete no es lo que se imaginaba.
Aceptable film de acción que sin ser la gran cosa brinda por lo menos un rato de entretenimiento y eso que ví la peli solo porque aparecían dos caras conocidas del cine de acción como Steve Austin y Dolph Lundgren quién en esta ocasión hace el papel de villano y pues lo bueno es que al señor Dolph Lundgren estos papeles de villano le quedan como anillo al dedo o si no véanse la saga Soldado Universal o Rocky 4 en donde interpreto a dos villanos memorables como el sargento Andrew Scott y al Ruso Iván Drago.
Y bien, pues en si la película tampoco es que sea muy buena, está bien y aprueba raspando porque esperaba ver más tiempo a Dolph Lundgren y no fue así ya que apenas sale como en tres escenas en toda la película, al principio, a la mitad y ya al final y pues aquí la estrella del film es Steve Austin y pues a mí no es que me guste mucho porque me parece un tipo sin carisma pese a que me han gustado algunas de sus películas como La Isla De Los Condenados o la más que aceptable Damage y pues del resto de su filmografia es mejor ni hablar.
Las actuaciones aceptables, Steve Austin es un tipo grande y musculoso pero no hablar, tiene más carisma Randy Couture pero aquí Steve está bastante bien como el héroe y pues a Dolph Lundgren se le ve un poco cansado y hasta parece que en toda la peli estuviera drogado pero ya por el final es entendible su cara y pues ese giro estuvo bien y elevó un poco la película ya que se estaba poniendo como aburrida.
Por otra parte, la acción pues es bastante aceptable, no hay grandes secuencias de acción como para que uno se sorprenda pero en si la pelea final entre Steve Austin y Dolph Lundgren estuvo muy entretenida aunque fue muy corta.
En definitiva Entrega Explosiva me ha parecido un film regular, entretiene a medias pero es bastante aceptable para una película de esta calidad y viendo la filmografia de ambos actores en especial la de Steve Austin pues es de las películas mas aceptables que he visto de él y pues para mí la mejor sigue siendo La Isla De Los Condenados.
No sólo en la ciudad se arman grandes líos, en las provincias, que poco ritmo y jolgorio, y ninguno, se puede comparar al de las grandes capitales, se arma de vez en cuando algún belén, y los perjudicados suelen ser los más inocentes y desgraciados. Incluso los curas pueden verse mezclados...
A lo mejor para algunos cineastas el año 1.982 les significó una espina clavada o un momento de sus vidas en el cual se veían muy ociosos, sin embargo este no era el caso del sr. Mariano Ozores, que con 56 años todavía mantenía un ritmo envidiable de filmación (ya quisieran muchos...), estrenando la friolera de seis películas durante aquel lapso de tiempo de doce meses, algunas de ellas muy bien recibidas por el público, sobre todo las protagonizadas por sus musos Andrés Pajares y Fernando Esteso, que tanto le habían llenado los bolsillos (y a todo Ízaro Films).
Buen ejemplo de esto fue la genial ¨Todos al Suelo¨, de las más divertidas de la enealogía de la pareja cómica; tras lograr el éxito en taquilla de nuevo gracias a la parodia histórica junto a Pajares con ¨Cristobal Colón, de oficio Descubridor¨ (la cual, por mi parte, considero una de las peores), el director se uniría a Esteso y se marcharía con él a rodar al soleado y precioso municipio valenciano de Peñíscola, pues las historias de Ozores siempre se suceden en dos ubicaciones fundamentales: la gran ciudad (Madrid o Barcelona) o los pueblos más castizos y tradicionales del país, donde tendrá lugar la de ¨El Hijo del Cura¨.
Sin embargo Villamar es de todo menos corriente, debido a la visión torcida del cineasta para trastocar la imaginería tradicional de ese típico pueblecito español: el alcalde es comunista y engaña a su esposa con una de las muchachas del pueblo que regenta un prostíbulo muy decente, el médico es de derechas pero un golfo de mucho cuidado, el ama de llaves del cura es también comunista y todas las mujeres del pueblo se derriten por los huesos de éste, un devoto y bonachón dedicado a ayudar a los demás y torpe como él solo, demostrado durante el divertido inicio del film.
Hasta su nombre, Justo, sirve de prueba para que sobre él no recaiga ninguna sospecha, aunque todas le convertirán en culpable por las (condenadamente aviesas) intenciones de una fulana caradura llamada Matilde, quien le señala como el padre del hijo que va a tener para evitar que el suyo propio, el susodicho alcalde, mate al verdadero progenitor. Seguramente no nos esté ofreciendo Ozores nada que no hayamos visto; un inocente agobiado por las culpas que injustamente caen sobre él, causa de tremendos enredos y confusiones varias, pero la situación planteada, y el escenario tan humilde, tradicional y sobre todo veraz donde se sucede, rebosa frescura e ingenio.
Contemplamos un vodevil, con la clave para que la verdad se descubra actuando de fuerza opresora en un pobre hombre incapaz de revelarla, pues ha sido contada bajo secreto de confesión, lo que aumenta la simpatía del espectador con respecto al protagonista y su antipatía con respecto a esa chica de rostro angelical y apariencia inocente que de ningún será como ella dice ser, y es que en este enredo nada es lo que parece (incluso la tía del cura, que es monja, tendrá algo que ocultar). Mientras avanza la trama, más peligros amenazan a Justo (el alcalde, el obispo Ludovico, que viaja al pueblo para deshacer el entuerto, las miradas de todos los habitantes) y más disparatado será el clímax que se prevee.
Ozores no realiza una crítica mordaz y ácida contra la iglesia en esta ocasión, de hecho la muestra con benevolencia, pero sí apuntará al tema político, y con bastante empeño; los representantes de los diferentes partidos, el de izquierdas y el de derechas, acabarán situados al mismo nivel de patetismo y sinvergonzonería y, por obra y gracia del genio del director, unidos como familia carnal sin que ellos mismos lo sepan. Por otra parte, éste concede el beneficio de la heroicidad a las más insospechadas: las prostitutas del lugar, quienes se alzan para ayudar al acorralado Justo cuando todos han dudado de él y le han culpado sin pruebas.
Las directas palabras de Violeta reflejarán bien las intenciones de la visión del director, que convierte a los inocentes en caraduras y viceversa: ¨Usted no sabe cuando se trata de hacer el bien, de lo que son capaces dos putas decentes¨. Así, con todos estos ingredientes, prepara un final digno de la mejor comedia teatral, con todos los protagonistas reunidos en un solo escenario (incluso con espectadores que se cuelan a ver la función) y cundiendo la locura y el barullo (del mismo que sucedía en ¨El Erótico Enmascarado¨ y ¨Queremos un Hijo Tuyo¨).
Fernando Esteso consigue hacerse con la simpatía del público (más fácilmente que en anteriores ocasiones) encarnando un papel próximo al soplagaitas del film homónimo, aunque esta vez puro y transparente, y sin ambigüedades (¨Seré un cura limpio, con todos los defectos del Mundo, pero limpio¨). A su vera el gran Antonio Ozores que repite de párroco (como ya le vimos en ¨Los Bingueros¨ y ¨El Soplagaitas¨), un Juanito Navarro bruto y con los nervios revueltos desde el principio de la película, Carmen Casal (que volvería a ser su esposa en ¨Agítese antes de Usarla¨), Florinda Chico, la entrañable Mari Carmen Prendes y el siempre magnífico José Sazatornil.
Emilio Fornet, Paco Camoiras, Luis Lorenzo, de homosexual (al hombre le gustaban estos papeles, y eso que era el marido de Luisa Armenteros, aquí el ama de llaves del cura), una tremendamente irritante Adriana Ozores y las preciosas Nadine Rochex y Beatriz Escudero completan el agradable plantel, que cuenta con la especial e impagable aparición del sr. Pajares.
Comedia costumbrista, gruesa y absurda, con número musical incluido, en la mejor tradición del cine de Ozores, quien decide rebajar considerablemente el tono erótico-festivo. El gran éxito de ¨El Hijo del Cura¨ daría pie a una secuela al año siguiente...eso sí, mucho menor.
Qué difícil es ser soltero y padre en la vida, uno no tiene tiempo de ocuparse de todos los ligues que encuentra y de los hijos, quienes piensan de su padre que es el mejor hombre sobre la tierra...y más aún si uno debe estar todo el día sin parar con el trabajo, que mucha falta hace.
Llegado 1.983 el país se está viendo forzado a multitud de cambios socio-políticos, propiciados éstos por la victoria del P.S.O.E. un año antes, con el incorregible Felipe González presidiendo el Gobierno (parece que el famoso chascarrillo ¨...Y ahora con Felipe todos a pique¨ no se decía por decir). Las reminiscencias del franquismo son poco menos que cenizas, los atentados de ETA siguen amontonando cadáveres, Rumasa queda expropiada y a Ruiz Mateos le hunden y a finales de Julio entra en vigor una nueva ley laboral anunciando la jornada máxima de 40 horas semanales.
El director Mariano Ozores, que en esta época vive del éxito continuo proporcionado por la pareja Andrés Pajares/Fernando Esteso, con los que va llevando a millones de espectadores a las salas desde hace cuatro años, siempre ha reflejado los cambios de la sociedad en sus obras a través de la burla y el humor grueso, y el mejor testimonio de lo sucedido en España a través de su cine nos lo daría la impagable ¨¡Que Vienen los Socialistas!¨. En esta ocasión, en la que se reúne con Pajares una vez más tras las lucrativas ¨El Primer Divorcio¨ y ¨Cristobal Colón, de oficio Descubridor¨, el director apunta a la situación laboral del momento como pretexto para una de esas divertidas farsas que tanto le gustan.
¨El Currante¨ empieza como no podía ser de otra forma en la oficina del empleo en la que tantos españoles hacen colas de tres horas para pillar algo, y nos presenta a Manolo, un tipo dedicado al trabajo como ningún otro ciudadano de clase media del país, alguien que en el mismo día levanta una pared de ladrillos, prepara una instalación eléctrica o arregla una fuga en un cuarto de baño, además de guardarse algo de tiempo para las distintas mozas que se le ponen a tiro, y nadie se pregunta cómo puede llevar ese ritmo de vida ni qué hace con todo el dinero que gana.
Durante un primer tramo que discurre con bastante velocidad Ozores nos hace seguir a este individuo que circula entre lo honrado, lo pasota y lo caradura y en el fondo provisto de inmensas dosis de bondad y gracejo, a través de distintos escenarios y cruzándose con los numerosos personajes que tendrán su importancia en sucesos futuros y para muchos de los cuales se finge una identidad diferente cada vez; personajes que abarcan todo el panorama social, desde las clases medias-altas (los ejecutivos de la compañía, el adinerado para el que trabaja de fontanero) hasta las más medias-bajas (esos obreros de la construcción desganados, los moradores de la pensión).
Un hombre que, como buen currante y a modo de Zelig castizo, se ha de amoldar a todos los ambientes y formas, siendo el mejor ejemplo el momento en que tiene que encontrarse en un prestigioso internado con su hija pequeña María. Este será el punto de inflexión del film y el culpable de las irregularidades que soportará la trama a partir de ahora, ya que con la aparición de la niña, huérfana de madre, a la que Manolo ha tenido que apartar de ella para así trabajar más y seguir pagando su estancia en el centro, la comedia de tonos ¨vodevilescos¨, con sus salidas de humor grueso y sus concesiones al ¨destape¨, se torna como si nada en drama.
Es lo que sucede cuando alrededor de un personaje infantil se construyen situaciones enmarcadas en la tragedia, que es lo que pretende el cineasta, quien además dota de mayor dimensión al protagonista, hasta entonces un caradura bonachón ahora transformado en un hombre tocado por la desgracia al que la suerte nunca acompañó en la vida y que se desloma por el bien de su hija, ante la que también adopta una nueva personalidad (un empresario ocupado y respetado por todos)...lo que hace que este personaje de tintes ¨caprianos¨ no acabe de resultar demasiado creíble para el espectador.
Y para hacer verdad el engaño del padre Ozores prepara toda una farsa que ocupará la siguiente parte de la trama y que, en la línea de las clásicas comedias de enredo, se presentarán identidades cambiadas y escenarios tergiversados con la intención de hacer vivir a la niña un precioso sueño cuya realidad oculta es bastante triste y mediocre, y de paso demostrar que al que es honrado y trabajador recibe ayuda de todos. La comedia mordaz y picaresca del inicio queda fuera de combate; lo consiguiente es un puro melodrama, y el equilibrio no se acaba de sostener.
Pajares, pese a ser un frescales con la suerte de su parte para conquistar a las mujeres, como siempre, maneja un personaje que en el fondo resulta simpático, el típico sinvergüenza con el corazón de oro. A éste le sigue una retahíla de secundarios con todos los habituales del director (si falta alguien que me lo digan...), de Ricardo Merino a Florinda Chico pasando por Emilio Fornet, Emma Ozores y su padre Antonio (el mejor, como siempre), Tomás Zori, Paco ¨Arévalo¨, Juanito Navarro, Adrián Ortega, Rafael Alonso, Paco Camoiras o Emiliano Redondo. No falta la presencia de tres de las musas del sr. Mariano: Jenny Llada, Beatriz Escudero y Nadine Rochex.
María Casanova y M.ª Ángeles Fernández vuelven junto a Pajares tras ¨Padre no hay Más que Dos¨. Por no faltar no falta ni Fernando Esteso, que hasta nos brinda un simpático cameo (con el que Ozores se rinde un autohomenaje recordando ¨El Hijo del Cura¨). Remarcables, también, las apariciones de Beatriz Carvajal y una pequeña María Adánez (¿quién se imaginaba que fuesen a coincidir veinte años después en ¨Aquí no hay quien Viva¨?).
En general una comedia agradable, que no desea profundizar en el tema laboral de la España del momento y que cruza las claves del ¨destape¨ con las del melodrama más mojigato. No fue de las mejores colaboraciones de Pajares y Ozores...
Cirujanos que rajan a cualquiera sin darse cuenta, operaciones a vida o muerte con patas de jamón ibérico, estafadores disfrazados de médicos, enfermeras algo misteriosas...
Muchas cosas pueden ocurrir en una clínica médica cuando nadie está al mando...¡y en la de La Operadora lo cierto es que todo es un descontrol!
Quizás a algunos, sobre todo a los amantes del cine más intelectualoide y académico, les cueste creer, pero allá por los años 80 había en España un tipo de películas enmarcadas en un popular subgénero del humor conocido como ¨destape¨ que conseguían hacerle la pascua en la taquilla a exitosas súperproducciones llegadas del continente americano como ¨Star Wars¨, ¨Los Goonies¨, ¨Indiana Jones¨ o ¨Regreso al Futuro¨ (grandes obras, por supuesto). Esas películas solían ser comedias sencillas, absurdas, simpáticas y con guapas mujeres muy ligeras de ropa.
Y si había alguien que a mediados de década se alzase como máximo exponente de esta tendencia era el ya veterano Mariano Ozores, quien gracias a la infalible pareja formada por Andrés Pajares y Fernando Esteso no dejaba de obtener la gran acogida del público, incluso si el nivel erótico-festivo se rebajaba para que el film pudiera ser visto por menores, como sucedió con ¨Padre no hay Más que Dos¨. Tras esta intentona de acercarse al público infantil el director se reunió con el dúo, ya por octava vez, para volver a su comedia adulta de siempre, aunque aumentando el nivel de humor disparatado y situando la acción dentro del mundo de la medicina.
Mundo que por cierto ya había sido cruzado con la comedia en anteriores ocasiones, y sin ir más lejos en esas mismas fechas; así, ¨Agítese antes de Usarla¨ no se desvía mucho de títulos similares y hereda de ellos, como la británica ¨Whats Up, Nurse?¨, la estadounidense ¨Los Locos del Bisturí¨ o la argentina ¨A los Cirujanos se les va la Mano¨ (se ve que el tema se puso de moda...). Un tremendo accidente de coche debido a que la pareja que lo conducía estaba haciendo el amor mientras tanto da comienzo con esta alocada historia cuyo escenario principal será una de las peores clínicas de la Costa del Sol.
Allí concentra Ozores todo el absurdo que irá circulando por la película, en la cual se desarrollarán dos tramas paralelas, las cuales confluirán más tarde por los chiflados giros del guión: la referente a un enfermo conocido que necesita el centro para ganar algo de prestigio y no cerrar sus puertas definitivamente y la que nos cuenta las peripecias que ha de llevar a cabo Argimiro, un caradura que ha robado a tres mafiosos de pacotilla (y más caraduras todavía) una cuantiosa suma de dinero que esconde en la clínica, donde se hace pasar por enfermero, con la intención de llevárselo bien lejos de allí.
Los misterios girarán alrededor de ese maletín tan valioso, de una atractiva enfermera llamada Rosa y más tarde de una pierna de aluminio perteneciente a un poco apreciado diputado socialista que ha tenido la mala suerte de caer en las garras de los doctores de La Operadora por culpa de un uñero de nada, todo ello lanzado el director una crítica de lo más ácida y desenfadada al tan dudoso sistema sanitario español (atentos a la poca consideración con que son tratados los enfermos de la Seguridad Social...¡siempre que no sean chicas guapas de las que poder aprovecharse, claro!).
Pero dejando al margen temas socio-políticos, ¨Agítese antes de Usarla¨ se sirve de la esperpéntica farsa, del lío, para moverse desde el principio hasta el final, y con un ritmo veloz y nada aburrido, heredando Ozores los patrones de las comedias americanas al estilo Zucker/Abrahams/Zucker y el humor loco y surrealista de tebeo de Ibáñez introduciendo entre los momentos que hacen avanzar la historia un buen puñado de ¨gags¨ divertidos y donde la exageración de la parodia se eleva al paroxismo en secuencias tan memorables como la ¨operación¨ a la pata de jamón o el lanzamiento de bisturíes del cirujano Branquia al dr. Flodio.
Locuras varias que lo conducirán todo hacia un clímax de absoluto desvarío general que ya se iba pronosticando desde hacía tiempo, con los dos protagonistas corriendo con el diputado y siendo perseguidos por toda la clínica por los mafiosos; quizás estemos ante el clímax más disparatado que se ha visto en una obra del director. De por medio, un montón de desnudos propios de su cine y del género, muy abundantes en esta ocasión (la cantidad de senos mostrada y la recurrencia con que se hace es de no creérselo).
Pajares se siente cómodo haciendo de sinvergüenza, para variar (siempre suele ser el tonto al que siempre engañan), y Esteso, por seguirle el juego, también hace de caradura tozudo; ambos, como si dijeramos, en su salsa. El hermano del cineasta, Antonio, genial como de costumbre en la piel de ese cirujano loco que disfruta liquidando a sus pacientes, y pocas veces Juanito Navarro ha estado tan gracioso como el pobre diputado a quien no dejan ponerle escayolas por todo el cuerpo. Tras ellos, los buenos Alfonso del Real, José Lifante, Adrián Ortega, Emilio Fornet, Tomás Zori, Luis Lorenzo (en sus pocos papeles donde no hacía de homosexual), unos jovencísimos Paco ¨Arévalo¨ y Emma Ozores y el gran Alberto Fernández.
Y como no pueden faltar en el ¨destape¨, al igual que los sombreros de fieltro en el ¨noir¨, una cuadrilla de guapísimas actrices como Beatriz Escudero, Jenny Llada, Nadine Rochex y esa otrora stripper Andrea Albani en su debut cinematográfico.
Puede que ¨Agítese antes de Usarla¨ no posea la misma chispa de anteriores colaboraciones de Pajares, Esteso y Ozores como ¨Yo Hice a Roque III¨ o ¨Los Chulos¨, pero no deja de ser un agradable entretenimiento. Sea como sea, ¨¡esta clínica es cagarse!¨, ya lo dice Fornet.
Cuando uno se entera que va a ser padre lo primero que siente son sudores fríos y un pinchazo que le recorre la espalda, aunque inmediatamente después se tranquiliza y es invadido por una gran alegría...¿pero cómo no dejar de sentir los sudores y el pinchazo si te enteras de que tu hijo puede ser de otro?
En 1.979 el veterano Mariano Ozores tuvo la suerte de unirse a dos estrellas del momento como Andrés Pajares y Fernando Esteso para firmar uno de esos pequeños clásicos del humor (habrá quienes sigan negándolo, pero mejor no escucharles...), con el cual arrasaron en la taquilla española y se acabaría convirtiendo en la película más lucrativa del año, de nombre ¨Los Bingueros¨, y fue la primera de una serie de obras que le darían el éxito definitivo a su director popularizando además el ¨destape¨, derivado del ¨landismo¨ y cuya cúspide fueron los 80.
Mucho, pero mucho, había llovido desde aquella primera colaboración entre los tres genios. La década siguió y Ozores rodaría con ambos o con los dos por separado, pero siempre, y pese a la irregularidad de los títulos, recibiendo buenas respuestas por parte del público. Su último proyecto conjunto, ¨Agítese antes de Usarla¨, en efecto las recibió, pero al cineasta le pareció que ya era hora de ir suvizando el tono humorístico de su cine, de probar algo diferente y menos disparatado acorde a los nuevos gustos de los espectadores. Su última película rodada aquel 1.983 sería, también, la última donde el triunvirato se encontraba en pantalla...
De ahí nace la idea de ¨La Lola nos lleva al Huerto¨, que ya desde el principio nos presenta una farsa en toda regla; dos son los protagonistas, Ataulfo y Paco, muy diferentes entre sí: mientras el primero es un hombre devoto, ordenado y serio el segundo es jovial, pasota e informal. El film se hace ciertamente extraño cuando una chica de físico idéntico y mismo nombre, Lola (o Dolores), aunque gustos distintos, anuncia a los dos individuos que va a ser madre; todo podría hacernos pensar que se trata de dos gemelas que quizás no se conozcan (las hipótesis dan para mucho...), pero Ozores prefiere retorcer el argumento a su gusto.
No hay dos hermanas, claro, se trata de la misma, una joven que se ha creado una doble identidad y mantiene relaciones al mismo tiempo con Ataulfo y Paco, a todas luces una terrible ¨femme fatale¨ aunque sin la elegancia de la figura clásica del ¨noir¨. Pero como bien demuestra el cineasta nada es lo que parece en esta comedia de enredo de retazos melodramáticos; los posibles padres, compañeros del mismo club regional (cuya canción que bailan incluye como aviso la historia de una chica que puede quedar preñada...) se han aprovechado de la chica con mentiras increíbles para evitar el matrimonio.
El embarazo es la puntilla que le faltaba a este confuso triángulo amoroso. Si en anteriores obras de Ozores la mujer ha sido objeto de sumisión y resignación por la actitud del marido y para su beneficio o sufridora de tragedias por su hipocresía y despreciables artimañas (cosa que aquí criticará con dureza), ahora éste da un vuelco a la situación haciendo de la mujer instigadora de tensiones y conflictos y devolviendo todos los males a aquellos dos tipejos que la usaron y engañaron, una joven de precioso y angelical rostro cuya inocencia sólo forma parte de su juego de identidades.
Es decir, que según este extraño guión no somos capaces de averiguar quién de los tres es más sinvergüenza. Descubierto el pastel (que todo hay que decirlo, se descubre demasiado pronto) es entonces cuando la incoherencia campa a sus anchas por el argumento, sobre todo teniendo en cuenta que éste alberga (o, por lo menos, debiera hacerlo) más drama que comedia, pero donde ni un género ni otro parece encontrar un punto de equilibrio. A la ridícula cacería en la que se embarcan los protagonistas para ¨rescatar¨ a la muchacha de una secta de chiflados vendrán los problemas de los dos cuando se vuelvan a cruzar más tarde para seguir ayudándola con el embarazo.
Y lo cierto es que, más que humor, este tercer acto y todos los acontecimientos que se van sucediendo en él, termina provocando una sensación de vergüenza ajena y patetismo a unos niveles imposibles de describir (y ello lo corroboran secuencias como la de la clase de parto asistido o cuando descubrimos que tanto Ataulfo como Paco se han buscado otras novias y las dejan tiradas en cuanto tienen noticias de Lola, o cuando deciden continuar con su estúpida farsa buscando un padre y una esposa falsos). Por estas y otras cosas es imposible que simpaticemos con los protagonistas (ni con ellos ni con ella, ¿eh?).
Pajares de hombre pío y serio (que no hay quien se lo crea) y Esteso de pasota tozudo intentan dar vida a unos personajes agradables de primeras, pero cuanto más tiempo pasamos con ellos más desagradables y repelentes nos parecen; en unas apariciones bastante breves Antonio Ozores y Juanito Navarro derrochan más carisma que los anteriores y logran meterse al espectador en el bolsillo. Antonio Gamero en un papel ridículo, Emilio Fornet impagable como siempre y Rafael Hernández y Pilar Bardem completan el reparto donde destaca la preciosa debutante Susana Bequer (Blázquez en el film), quien no hizo nada importante después.
Como muchos han afirmado, éste no fue el broche de oro mágico que se esperó para una genial enealogía iniciada hacía ya casi cinco años con algunos de los títulos más divertidos que dio el cine patrio en la década. Ozores no eligió bien los cauces de su historia ni el tono adecuado para contarla...
El destino querría que en la última escena de la última película conjunta de Pajares y Esteso apareciesen en los pasillos de un hospital rechazando seguir a una provocativa joven que pasaba frente a ellos, contraviniendo así los propios principios sobre los que se habían apoyado sus obras. No sólo es el final de una colaboración, sino del mismo cine del ¨destape¨...
¨My name is Bill ¨Golden Pistols¨...my horse is Silver Away! I go for todo el Oeste...to kill malos peoples!¨. La canción lo dice bien claro y es que su leyenda le precede.
No hay pistolero más rápido, valiente, grandioso que Bill ¨Pistolas de Oro¨, el hombre que mató a Pat Garrett y le dio una patada a Liberty Valance en salva sea la parte.
Si había un género que pareciera estar realmente muerto y enterrado en los 80 ese era sin duda el ¨western¨, poco a poco relegado por las grandes producciones de fantasía, ciencia-ficción y aventuras; para alguien como Clint Eastwood, sin embargo, no lo estaba, y bien lo demostró cuando en 1.985 estrenó ¨El Jinete Pálido¨, sorprendiendo con ella a propios y extraños y preparando el camino para la monumental ¨Sin Perdón¨. Poco antes, muy lejos de allí, en tierras españolas, otro director iba a demostrar su amor por este cine, donde también había entrado en una fase de extinción irremediable.
Y ese era el gran Mariano Ozores, quien a mitad de década aún conservaba buenas energías, estrenando casi cuatro o cinco películas al año, como buen artesano que era; el mismo año que diera carpetazo a las aventuras del dúo Pajares/Esteso con ¨La Lola nos lleva al Huerto¨ decidiría (quizás tras enterarse del nuevo proyecto del sr. Eastwood o vaya usted a saber por qué) montar su propia versión castiza de las películas del Oeste a las que era muy aficionado, rodando en exteriores de Talamanca del Jarama y las icónicas tierras de Almería, y esta vez sólo con la mitad de la famosa pareja que tanto popularizó sus películas a finales de los 70 y principios de los 80.
Como haciendo mofa del melancólico comienzo de ¨Django¨, ¨Al Este del Oeste¨ arranca también con su protagonista caminando por el desierto (acompañado por una divertida balada de fondo que narra su gesta, cantada por el mismo Esteso) para dirigirse a Towermills, un pueblo corriente donde cunde el temor por culpa de dos bandas de pistoleros que van allí a destrozarlo todo y robar a quienes puedan. Ozores se burla y se burlará así de las tradiciones del género mientras lo homenajea a través de situaciones (la conversación en el saloon entre el protagonista y Polonio) y personajes que son enteramente una parodia de todos los estereotipos.
Personajes como ese enterrador obsesionado por ejercer su oficio, esa chica ingenua a la que por supuesto habrá que rescatar y que resulta ser una zorra viciosa, ese cascajoso sheriff que dimite cada vez que se ve en problemas, ese indio metido con calzador en el entorno que se unirá a los héroes, esa valiente dueña del saloon que no duda en hacer cara a los malos o ese alcalde sin coraje para defender a un pueblo donde se habla de justicia pero nadie mueve un dedo, y la única solución es contratar a un asesino a sueldo, y entre dos forasteros recién llegados está la duda.
Todo el ¨spaghetti¨ de Leone y Corbucci y los clásicos de Mann, Ford, Sturges y Boetticher se ponen al servicio del humor desenfadado del cineasta, quien no duda en añadir al conjunto ese inconfundible toque picaresco que tanto ha caracterizado a sus films (aunque esta vez rebajando considerablemente el tono de erotismo). Tras conocer a los personajes nos lanzamos al rescate de la joven secuestrada junto al trío de ¨héroes¨, a lo Hawks (tesoro escondido incluido) en lo que será una aventura con divertidos ¨gags¨ sucediéndose uno tras otro.
Como esa pelea a tortazos en el bar de Chapulín, sacada de las películas de Spencer y Hill, o todo lo acontecido en la tribu india, que es de lo mejor que ha rodado el director; entre tanto, mordaces referencias a temas socio-políticos de la España de la época y otras popularidades (famosos nombrados literalmente, Eurovisión, el anuncio de los pantalones vaqueros). Peleas, persecuciones, juegos de palabras, alusiones directas a numerosos ¨westerns¨ y sus leyendas (Wayne, Stewart, Widmarck, Eastwood) y otras ingeniosas ocurrencias que no conducen sino al clásico duelo en el poblado, donde las prostitutas y nadie más se unirán a los buenos para vencer a las dos bandas (para que luego digan algunos tontos que estos films eran muy machistas...).
Sin tener a su compañero Pajares a su lado ni falta que le hace, Esteso se desenvuelve con la misma soltura y desparpajo de siempre en el rol de atípico héroe, aunque su presencia es muchas veces eclipsada por la otra mítica pareja cómica, Juanito Navarro y Antonio Ozores, el primero impagable como indio navajo (de Albacete) de rostro impertérrito y geniales frases y el segundo siguiendo con la costumbre de su enrevesada verborrea como charlatán (personaje que parece una versión aún más ridícula de aquel vendedor de ¨El Fuera de la Ley¨).
A su vera un conjunto de tremendos secundarios como Paco Camoiras, Pilar Bardem, Emilio Fornet, Luis Barbero, Víctor Israel y dos de las habituales damas del director, África Pratt y Adrina Vega (las dos preciosas, como siempre), destacando entre todos varios habituales del ¨western¨ mediterráneo como los grandes José Manuel Martín, Fernando Sancho o Conrado San Martín. Una ristra de diálogos para enmarcar, situaciones disparatadas y un tema principal inolvidable para una película que no será una obra maestra, pero que logró bastante popularidad gracias a la gracia (perdonen la redundancia) del videoclub.
Dos cines en su pleno crepúsculo, el ¨western¨ y la comedia gruesa española, se cruzan en un espectáculo simpático y ameno. Ozores firma una de sus mejores películas de la década y todos están de acuerdo.
¨Y así se cuenta la historia...at East of the West¨...
¡Qué difícil está la cosa para encontrar un empleo decente en España!, la de malabares que uno tiene que hacer con tal de poder llevarse un mendrugo de pan a la boca.
Lo mejor es ser enchufado en una empresa de categoría, y es que si de algo vive este país es de los recomendados.
Situación nada graciosa la que se mira de reojo en esta película cuyo entorno social es una España de cinismo, hipocresía y desempleados en alza gobernada por la torpe mano socialista de Felipe González, que dejaría el país arruinado. El que no parecía estar parado era Mariano Ozores, que no paró un momento durante los 80 y donde vio su etapa de mayor éxito comercial gracias a las aventuras de sus queridos Pajares y Esteso, con las que se hizo rico...pero los gustos del público empezaron a cambiar, a lo que no ayudó la ley impuesta por Pilar Miró.
No hacía mucho que el director dio por concluida la alianza Pajares/Esteso/Ozores con el título más flojo de la pareja (¨La Lola nos lleva al Huerto¨), quedándose con la mitad de ésta (Esteso) y con el siempre dispuesto Antonio Ozores, con quienes realizó algunas obras más en las que esa chispa, ese ingenio que siempre le había caracterizado estaba de algún modo cayendo, quizás por el poco entusiasmo que la gente mostraba ya por el humor grueso y el ¨destape¨, ya en su fase crepuscular. Tras una peripecia en forma de simpática pero mediocre parodia sobre el género de espías (¨¡Qué Tía la C.I.A.!¨), el sr. Ozores se reuniría con su hermano Antonio y Fernando para una nueva comedia.
El guión venía ideado por un amigo y colega de profesión del cineasta, Joan Bosch, un señor de carrera más bien irregular (para muestra un botón: ¨La Diligencia de los Condenados¨, ¨Mauricio, mon Amour¨, ¨Caray con el Divorcio¨). Si en el film anterior Esteso interpretaba a un pobre con horchata en las venas en lugar de sangre que termina metiéndose de cabeza en el mundo de los agentes secretos, aquí sigue esa tendencia encarnando a Pablo, otro desgraciado (qué bien se le daban estos papeles) forzado a trabajar en una agencia de detectives privados para poder comer.
Su ¨presa¨ es Teresa, una adinerada señora que engaña a su marido constantemente; a partir de que veamos las torpísimas maniobras del protagonista para escabullirse de la mujer a la que tiene que seguir sabremos que son la farsa y el absurdo los que dominan en esta trama, y no otra cosa. No esperen ver una intriga de retazos ¨hitchcockiano¨ ni nada por el estilo; el humor grueso, más negro que de costumbre (se nota la presencia de Bosch), conduce esta historia, la cual avanza hacia una gran compañía en la que Teresa enchufa a Pablo, a quien además decide beneficiarse.
Empresa en la que ¨por casualidad¨ trabaja el marido de ésta, Clemente, un hipócrita repelente que también engaña a su esposa cada vez que tiene ocasión y que defiende con dientes la conducta moral y humilde cuando él representa todo lo contrario. En efecto, el humor de corte más ¨landista¨ guía los acontecimientos, expuesto todo de una nada original forma que ya hemos visto mucho y en muchas ocasiones, por lo que poca sorpresa nos causa ya (hasta vuelve a aparecer la frase más usada del ¨destape¨, iniciadora de la escena picante que nunca falta: ¨vaya, qué calor hace aquí, ¿no?¨). Este es el comienzo y no se presenta mal, pero todo cambiará...
Y es que de las paredes de esta oficina nos vamos a un discreto hotel donde se desarrollará el resto del argumento y donde, como es lógico, confluirán todos los personajes de la historia, preparados para convertirse en los protagonistas del clásico vodevil: el pobre Pablo, forzado por las artimañas de la astuta y dominante Teresa, y Clemente, que se cita en el lugar con Luisa, una joven y frustrada empleada la compañía; a todos ellos, no sabemos muy bien por qué, se le suman dos de los trabajadores del hotel: una chica más basta que una losa de barro y un chaval más salido que el pico de una plancha. Por estos cauces circula ¨El Recomendado¨, por los mismos que ¨Fin de Semana al Desnudo¨, pero sin joyas ni cadáver.
Personajes que salen de una habitación y entran en otra sin nunca cruzarse por el pasillo, líos conyugales, mentiras para salir del paso, actitud sinvergüenza, gritos, peleas y, para rellenar todos los agujeros que va dejando el guión, mucho desnudo, que siempre viene bien, aunque en esta ocasión Ozores rebaja el tono erótico-festivo al que nos había acostumbrado en sus anteriores comedias. Y sí, el guión tiene agujeros, o quizás las mismas trampas y ¨gags¨ de siempre, pero esta vez ejecutados sin gracia y con una falta de entusiasmo que se percibe en pantalla a kilómetros.
Al igual que se percibe en Fernando Esteso, quien ya se ve aun más cansado que en ¨¡Qué Tía la C.I.A.!¨, repitiendo de inocente balbuceante y mangoneado por todos (de soplagaitas, vamos). Antonio Ozores otra vez de caradura con mucha labia, como a él le gusta, quitándole a su compañero el protagonismo cada vez que aparece; secundarios habituales del realizador como Alfonso del Real, Paco Camoiras, el bueno de Paco ¨Arévalo¨, muy joven él, y dos de las ¨chicas Ozores¨ por excelencia: Adriana Vega y Azucena Hernández, ésta en su último trabajo con el director antes de su trágico accidente de coche. Por desgracia la otra fémina del plantel resulta ser la irritante, fastidiosa y desagradable Rosa Valenty.
Todo visto y oído hasta la extenuación. ¨El Recomendado¨ puede contener algún diálogo acertado, algún chascarrillo de Antonio que saca la sonrisa, alguna escena simpática, pero esa chispa que ha estado en el cine del director, como decía, ha perdido su brillo.
Iluminado por la Virgen aquél sacaría ese mismo año una comedia realmente genial, la última: ¨Cuatro Mujeres y un Lío¨.
Por cierto, ¡¿alguien me explica el sentido de esa secuencia a lo playboy en la que Luisa es rescatada de la barca por ese guaperas fortachón que no sabemos de dónde narices sale?!
Un secreto internacional convenientemente guardado, una lucha a muerte entre potencias enemigas, una cacería entre agentes secretos...y un pobre hombre sin media torta que se verá metido en el embrollo por su mala suerte.
Y es que una vez que entras en este mundo ya no puedes salir.
Como el ¨blaxploitation¨ a finales de los 70 o el ¨glam metal¨ a principios de los 90 con la trágica llegada del ¨grunge¨, la comedia gruesa española del ¨destape¨ estaba dando claros signos de cansancio a mediados de los 80, con ideas que ya se intuían repetitivas e incluso desfasadas, que empezaban a no interesar al público de la época como antes y que se erigían en contra de la dañina ley de Pilar Miró. En ese momento la obra del gran Mariano Ozores, que había dirigido la última y más floja colaboración de la pareja Andrés Pajares/Fernando Esteso, ¨La Lola nos lleva al Huerto¨, también estaba un poco de capa caída.
Decide entonces volver a desmarcarse de sus comedias ligeras y mezclar su desgastado cine con uno que todavía tiene éxito en aquellos años, el de espías y agentes secretos, cuyas historias se suelen situar en el ambiente de la Guerra Fría, la cual se halla en punto de incertidumbre donde no saber si explotar del todo o desistir de puro agotamiento. Así arranca la dudosa trama de ¨¡Qué Tía la C.I.A.!¨, con el director sacando sus cámaras a territorios extranjeros y relatándonos los infortunios que ha de pasar una espía rusa para sacar de Lisboa unos planes secretos sobre una supuesta alianza entre las dos Alemanias.
Planes que los germanos ansían y que se hallan archivados en el interior de un diminuto microfilm, elemento que lleva formando parte de este tipo de películas desde hacía cuarenta años. Pero el protagonista no tendrá nada que ver con estos conflictos entre asesinos y agentes encubiertos, pues se trata de un inocente, apocado e insípido inspector de fábricas de quesos que ya se encuentra en una situación terrible de por sí al haber sido forzado por el jefe de una importante compañía a casarse con su hija, supuestamente violada por él (cuando en realidad ocurrió todo lo contrario).
Y por si fuera poco para llegar puntual al altar le encasquillan a un patético detective privado hecho con los jirones del peor imitador de Sherlock Holmes. Poco puede hacernos suponer que este españolito medio que teme ver sangre y se ahoga en un vaso de agua se va a meter en ningún asunto de espionaje, pero así sucede cuando se cruza con la espía rusa del principio, quien le da, sin él saberlo, el microfilm, para luego desaparecer; las ¨excitantes¨ aventuras no dejarán de sucederse a partir de ese momento, las cuales incluirán a sádicos hombres de negocios, agentes dobles, asesinos despiadados, guapas espías e importantes secretos internacionales.
Más que poco graciosa, el alocado argumento que nos quiere hacer tragar el director se advierte idiota y con una carencia de entusiasmo y originalidad a unos niveles pasmosos. Es cierto que esto es una comedia y sus humildes pretensiones son visibles (como podemos comprobar en esa secuencia inicial en la que varios agentes se matan sin orden ni concierto para robar un mensaje), sin embargo, allá donde Ozores acertaba parodiando el ¨western¨ en ¨Al Este del Oeste¨, falla al intentar hacer lo mismo ridiculizando el cine de espías en el film que nos ocupa.
Pues la bienintencionada burla que lleva a cabo de los clichés y estereotipos del género, así como de esas intrigas protagonizadas por individuos inocentes y perseguidos por esas fuerzas del Mal cuya existencia escapa a cualquier ciudadano corriente de la sociedad (como sucedía en los clásicos de Hitchcock a los que el madrileño también desea rendir tributo), se articula en torno a una trama que pocas sorpresas puede provocar donde abundan chistes de factoría ¨ozoriana¨ harto repetidos y ¨gags¨ tan simpáticos (la tortura de los tres taladros de acero) como mediocres, estirados hasta el tedio por culpa de diálogos poco inspirados y la constante verborrea de los protagonistas.
Como una enclenque versión castiza del Thornhill de ¨Con la Muerte en los Talones¨, Fernando Esteso acomete su papel de miedoso inocente perseguido como mejor puede, anunciándose en su cansado rostro lo cerca que estaba su separación con el sr. Ozores, quien parece conceder mucha más atención a los secundarios, la genial pareja formada por su hermano Antonio y Juanito Navarro, éste como el taxista que se involucrado en el lío del microfilm sin comerlo ni beberlo (un personaje que tampoco puede faltar).
Les acompañan otros buenos actores (en un plantel donde hay nombres internacionales para dar más empaque a la cosa) como Emiliano Redondo (al que todos recordamos por su impagable intervención en ¨Los Liantes¨), Gérard Tichy, Emilio Fornet, Alfonso del Real, Rafaela Aparicio, Luis Barbero y esa Brita Jensen cuyas habilidades interpretativas brillan por su ausencia; si algo le falta desde luego a ¨¡Qué Tía la C.I.A.!¨ es contar con la presencia de alguna de las estrellas femeninas que han estado adornando anteriores títulos del cineasta (agradable hubiera sido ver a Adriana Vega, Jenny Llada, Nadine Rochex o África Pratt de mujeres fatales).
El nivel de genialidad que había en sus obras está fuera de combate en esta parodia de espías, tema que ya tocó anteriormente con mejores resultados (¨Objetivo: ¨BI-KI-NI¨ ¨, ¨Operación ¨Mata-hari¨ ¨), de la que poca gente se acuerda, donde se cuenta además con un erotismo cada vez más rebajado y una de las secuencias más estúpidas y peor rodadas de toda la carrera del realizador (como es ese asesinato, cuchillo en mano, de los agentes por Esteso).
Entretenida es, pero por los pelos. La salvan Antonio Ozores, Navarro y Tichy...bueno, y Ronald Reagan.
¿Quién tiene el valor suficiente como para levantarse una bonita mañana y afrontar esa hazaña tan temible para todos los españoles que es la de entrar en la delegación de Hacienda con la declaración de la renta y la de impuestos?
Realmente terrorífico, al igual que aquellos que se dedican a seguirnos para descubrir si somos unos sinvergüenzas o unos ciudadanos modelo que cumplimos con nuestras obligaciones, y es que, desde que allá por 1.978 los graciosos de Ayala y Fernández Ordoñez se decidieran promover a bombo y platillo lo de que ¨Hacienda somos todos¨, ya no tenemos ni una oportunidad de escaparnos. Este tema tan espinoso, tan repelido por los españoles, sería el que iba a ocupar una de las obras de Mariano Ozores, cuya fama cayó en picado a mediados de los 80 tras imponerse la Ley Miró, el éxito del videoclub y separarse de la pareja que le había dado dinero hasta entonces.
Y esos eran, claro está, Andrés Pajares y Fernando Esteso. Sin embargo y a pesar de este inconveniente, el director no dejaría de hacer películas, todas ellas a partir de entonces ni la mitad de lucrativas que las de antes y casi siempre destinadas al videoclub, pero ahí estaba el hombre; con la marcha de sus jóvenes musos se quedó con su hermano Antonio, a quien emparejó con dos actores en especial, Juanito Navarro y Ricardo Merino (¨Esto sí se Hace¨, ¨Veneno que tú me Dieras¨, ¨¡Esto es un Atraco!¨), quizás intentando llenar el hueco que el anterior dúo había dejado, cosa que no le dio el mismo resultado...
El mismo año que realizó, para sorpresa de nadie, una especie de revisión del mayor éxito de su carrera, ¨Los Bingueros¨ (rebautizándolo como ¨Ya no va Más¨) y sustituyendo los cartones del bingo por la mesa de la ruleta, se reuniría con el mismo reparto protagonista y filmaría en los mismos escenarios, los de la Región de Murcia y sus otroras bonitas costas (y lo digo con conocimiento de causa pues un servidor nació allí), las cuales ya había visitado en anteriores ocasiones. Ahora Antonio Ozores se mete en la piel de Adrián, un inspector de hacienda que se encuentra con el sospechoso al que debe investigar por supuesto fraude, Fausto Camarillas.
Pero las casualidades del destino quieren que estos dos señores sean viejos conocidos de la infancia, cosa que no impedirá el despertar del deber del estricto inspector. Conociendo las tácticas del sr. Ozores, desde el mismo instante en que ambos se cruzan con marcada incomodidad y cinismo, es bien sabido que el peor de sus encuentros aún no se ha dado y que sólo resta esperar mayores embrollos por su parte, porque nada más lejos de la realidad el que sean señores. Son las apariencias que tan bien disfraza el director para luego convertir a sus personajes en auténticos bufones impresentables.
En efecto, éstos, que tanto odio se practican el uno al otro, no se diferencian en absoluto. El inspector, por un lado, resulta ser un caradura que engaña a su esposa, no sólo con una mujer, sino con varias (lo típico de estas películas: un marido maduro casado con una joven...a la que le es incomprensiblemente infiel), y que hace lo que le da la gana en su trabajo con tal de salir victorioso; Camarillas, por otra parte, es un psicólogo incompetente y granuja que ignora a sus pacientes, usa a su hijo pequeño para evitar ser capturado por Hacienda (una de las tonterías más innecesarias del guión) y también engaña a su mujer con una empleada.
Claro está, dos personajes tan repugnantes llevarán a cabo trastadas varias para fastidiarse entre sí, como si los años de colegio y peleas nunca se les hubiesen olvidado, y ahí desatará Ozores el absurdo, mediante las sucias artimañas que se van desarrollando, en las que se acabarán viendo implicadas las mujeres y amantes de uno y otro, entre fotos comprometidas, bajos chantajes, sucias jugadas e insultos varios (más o menos como hacían Pajares y Esteso en ¨Los Chulos¨), todo ello llevado a un tramo final más disparatado todavía si cabe en el hospital.
Y aquí, como sabemos, se repetirá la conocida fórmula ¨vodevilesca¨ que tanto le gusta al director, reuniendo a los protagonistas en un escenario único para el gran lío final; todo en su sitio y nada queda sin soldar (excepto el papel de la esposa de Camarillas, que merece mucha más atención). Antonio Ozores, pese a interpretar a un personaje tan repelente y burdo, es inevitable que se haga con nuestra simpatía, cosa que no logra el bueno de Ricardo Merino, quien además parece no mostrar mucha química en pantalla con el anterior.
Repiten una vez más con Mariano las preciosas Marta Valverde y Fedra ¨la Bombi¨ Lorente, las cuales se afiliaron a él en bastantes películas. Graciosa y absurda comedia sin elevadas pretensiones que mantiene los típicos enredos y desnudos varios de su cine (aquí ya reducidos en comparación con sus anteriores obras) y con la que deja en el más absoluto de los ríduculos a los funcionarios del Estado, representados como payasos oportunistas sin escrúpulos por medio del personaje de su hermano Antonio.
Tras ¨Hacienda somos casi Todos¨ ya volvería a juntar a éste con Juanito Navarro (con quien formaba mejor pareja que con Merino).
Lo mejor no deja de ser las escenas en las que vemos a Antonio sufriendo en el hospital por el maltrato de los médicos de Camarillas.
Suceden muchas cosas en 1.979 en nuestro país, como el incremento de los terribles atentados de ETA, que el Gobierno pretenderá combatir con el presidente pidiendo ayuda en la Asamblea del Consejo de Europa.
Y también las negociaciones para entrar a formar parte de la Comunidad Económica Europea, y unas nuevas elecciones, las segundas de la difícil transición, en las que vuelven a salir victoriosos Adolfo Suárez y su UCD, con Felipe González en la oposición. Poco antes de estas elecciones, muy lejos de aquí, un accidente se produce en la planta nuclear de Three Mile Island, en Pennsylvania: el sobrecalentamiento y la fusión provocaron la liberación de sustancias radiactivas y el temor de los trabajadores y la población, aunque las falsas palabras del gobernador Will Scranton no sirvieron para tranquilizar a nadie y fueron cambiadas más tarde.
Una explosión de hidrógeno sacudió el reactor y la evacuación no tardó en establecerse a pesar de las pruebas negativas y los informes erróneos. Tras este evento comenzaría una crisis en cuanto al desarrollo mundial de la energía nuclear; este tema tan espinoso lo utilizaría James Bridges para su clásico del cine de catástrofes ¨El Síndrome de China¨. En ese mismo año el director Mariano Ozores, que acaba de saborear el rotundo éxito debido a su unión con Andrés Pajares y Fernando Esteso, responsables de batir récords en taquilla con ¨Los Bingueros¨, parece tomar estos tristes hechos de inspiración para crear una fábula castiza que, a través del humor grueso, tratará y denunciará esta situación tan actual y preocupante.
Pasa el tiempo en un antiguo pueblo de La Mancha y como cada año dos familias enfrentadas, los Mondongos y los Bellotos, prosiguen su discusión por la propiedad de un pozo que se halla en el límite de sus tierras. En ese momento sus vidas cambian radicalmente cuando se enteran de que en breve una empresa construirá una central nuclear en el susodicho terreno, que quedará expropiado; arrancando con un inicio hilarante donde se radiografía brevemente la situación social de la historia española, el director apunta a un tema de importancia, aunque ya hacía casi una década de la primera central construida en el país (la de José Cabrera).
Pero la susodicha planta nuclear no será sino un ¨macguffin¨ que servirá al director para exponer un discurso sobre cómo la codicia de las grandes compañías y la corrupción del Gobierno puede alterar a la gente de a pie para la cual todos esos problemas resultan inalcanzables. Ahí están Agapito y Floro, dos hombres humildes de campo que viven en un pueblo de la España tradicional en el que se hace eco de la Transición y la democracia, enfrentados a algo a lo que en realidad no pueden hacer frente como son los negocios de los altos empresarios internacionales.
Aun así estos dos enemigos naturales no tienen más remedio que hacer una tregua mientras dura su lucha conjunta. La unión del pueblo frente a la injusticia de los poderosos en su máxima expresión; sin embargo los protagonistas no servirán más que de hombres de paja, pobres marionetas engañadas para beneficio de todos aquellos que les manejarán a su antojo. Ozores no hace distinciones ni excluye a nadie, pues a sus ojos todos son unos cínicos ambiciosos, unos corruptos indeseables, desde el dueño de la empresa constructora de la planta al mismísimo alcalde del pueblo sin olvidar al jeque árabe que desea la ruina de la energía nuclear para que triunfe su negocio de petróleo.
Y en mitad de estas luchas por el poder, esta diplomáticamente encarnizada competición, se hallan los dos pueblerinos, quienes han logrado enternecer a todo el Mundo denunciando una peligrosa situación que puede significar la riqueza de una compañía pero también la ruina de un pequeño pueblo que a nadie importaba antes del embrollo. El director subvierte los tonos agrios y melancólicos de ¨La Hora Incógnita¨, donde abordaba temas similares, llevándolos a su extremo más rocambolesco en una película repleto de alocados ¨gags¨ que mezcla un humor absurdo de trazos maliciosos en la línea de Berlanga con lo que parece ser una parodia colorista y exagerada del género de espías próxima al imaginario de James Bond (donde no faltan villanos excéntricos, mujeres exóticas, persecuciones, sobornos en yates, metralletas, fajos de billetes o falsas identidades), recordando aquél títulos propios como ¨Objetivo: ¨BI-KI-NI¨ ¨ u ¨Operación ¨Mata-hari¨ ¨.
Todo esto, claro está, salpicado de su buena ración de picaresca erótico-festiva propia del ¨destape¨, aquí más acentuada que en ¨Los Bingueros¨, sin hacer olvidar a Ozores su visión mordaz y demoledora de la corrupción política y la injusticia que se ejerce sobre el pueblo, siempre indefenso. Pajares y Esteso vuelven a hacer gala de su buena química en pantalla, esta vez como paletos ignorantes (protagonizando, además, una de las secuencias más divertidas de sus comedias conjuntas: la de las peleas entre las dos familias por el pozo a lo largo de las décadas).
Inolvidable, por supuesto, ese descacharrante Antonio Ozores como ridículo jeque árabe. Por su parte la sensual Sara Mora, lejos de servir sólo de figura erótica al uso, ejerce un importante papel al ser la que hace ver a Floro y Agapito la farsa tan deshonrosa a la que esos magnates ambiciosos les han arrastrado; después de Ricardo Merino, Florinda Chico y Paco Camoiras hay que recalcar la interesante presencia de Ajita Wilson, transexual dedicado al cine erótico (y que casi interpreta una escena subida de tono con Pajares...hasta que se enteró de quien era ella/él).
Alocada y ácida aventura con salidas de tono algo chabacanas pero que en realidad trata temas muy serios en la que Ozores manejó un presupuesto mayor a lo que estaba acostumbrado, logrando con ello otro éxito en las salas y aumentando la popular del dúo como la espuma.
Viendo la impagable escena de la sauna es fácil de comprender.
Pese a un pequeño traspiés en 1.963 con ¨La Hora Incógnita¨, auténtica joya desconocida del cine que sin embargo fracasó estrepitosamente en su momento (y es que en España si no era, y no es, por una comedia nadie va a las salas, por desgracia...), la carrera de Mariano Ozores no dejaba de alargarse año tras año y logrando un éxito de taquilla con cada obra que estrenaba.
Aquella genial ¨Operación ¨Secretaria¨ ¨ demostró al público la infalible química que poseían en pantalla José Luis López Vázquez y Gracita Morales, una pareja que aún tendría que llenar los bolsillos, y mucho, al director. Con¨ Crónica de Nueve Meses¨, otra de sus más aplaudidas comedias (de la que incluso él mismo hará un ¨remake¨ casi dos décadas después), regresa al color, y en ese mismo año vuelve a juntar al dúo pródigo para una nueva aventura que significará el inicio de su conocida Trilogía de Espías, completada con ¨Objetivo: ¨BI-KI-NI¨ ¨ y ¨Operación ¨Mata-hari¨ ¨, en un momento en que este tipo de películas de pura evasión consigue atraer la atención de todo el mundo.
De hecho durante ese 1.967 llegan a los cines dos entregas de la saga James Bond, una es ¨Sólo se Vive dos Veces¨ y la otra un disparate mayúsculo con reparto técnico y artístico estelar llamado ¨Casino Royale¨. Ésta última poco o más bien nada tiene que ver con la saga original, pues se dedica a parodiar y burlarse de las hazañas del agente secreto británico, y precisamente en esa línea iba a enfocar el cineasta madrileño su ¨Operación ¨Cabaretera¨ ¨, que da comienzo en una resplandeciente y abarrotada Costa del Sol en pleno ¨boom¨ turístico, cuando los extranjeros llegados de los Países Bajos y otros lugares de la lejana Europa constituían la postal típica de las playas.
Dos son los protagonistas de esta aventura y pronto se cruzarán por accidente para ya nunca separarse. Uno es Daniel Antúnez, un vendedor ambulante de artículos de broma y cuya aburrida apariencia de contable veterano encierra un auténtico vicioso con pretensiones de casanova; el otro es Hipólita, una joven sin mucho porvenir en la vida lanzada al sucio mundo de la prostitución (esto, por supuesto, insinuado de una manera muy prudente para evitar problemas con la censura de la época) cuyo sueño es ser artista de la canción.
Ambos se encontrarán en la misma sala de fiestas casualmente y no en amistosas condiciones mientras un agente secreto asiático es perseguido sin cuartel por las oscuras calles por unos asesinos a sueldo, y el destino querrá que por buscar una salida vaya a parar a los brazos de la pobre Hipólita. La peripecia de los protagonistas dará comienzo cuando este espía muera a manos de sus perseguidores, y, como es lógico, el viajante y la chica que le acompaña deberán ayudar a Hipólita, debido a un cuchillo ¨de broma¨ que no tendría que estar en la escena del crimen; éste será sólo uno de los objetos ¨accidentales¨ que implicará al trío y servirá de motor de los divertidos sucesos.
Esto unido a un baúl en el cual deberá ser escondido el cuerpo (recurso al que Ozores ha vuelto varias veces en su filmografía) y uno de los elementos más típicos del cine de agentes secretos: el microfilm. Tanto el humor negro como la parodia más desenfadada y absurda se darán de la mano en la trama, que nos conducirá a un hotel de Marbella donde Hipólita, Antúnez y Angelita, cuales personajes de una intriga en la mejor tradición ¨hitchcockiano¨ deben intentar pasar desapercibidos, deshacerse del cadáver y evitar a los asesinos, aunque no son las ganas de huir sino la codicia la que guiará sus actos, sobre todo los de Hipólita.
Ozores da la conveniente agilidad al argumento con sucesivos ¨gags¨, sin embargo parece no esmerarse en el guión como en anteriores ocasiones y prefiere optar por colmarlo de ese humor grueso de la época con el personaje de Daniel como perfecto exponente de ello. Así, todo lo que suceda relativo a la intriga o al suspense estará sujeto al más puro enredo aderezado con picante, eso sí, siempre de un modo muy recatado (aún quedaban años para que el director mostrase un desnudo femenino integral); los equívocos, las persecuciones y los engaños (además de una actuación de Morales que no tiene precio) conducen a un clímax absolutamente alocado.
Con metralletas, explosiones y cacería por mar haciendo esquí acuático que resulta ser una parodia castiza en toda regla de las películas de James Bond, con su estilo colorista, su incongruencia (disparando en plena Costa del Sol y la policía nunca llega...) y su afán por el puro espectáculo. Con su particular gracejo y facilidad para causar simpatía, a pesar de que ésta no fue la actitud que mostró durante el rodaje, como de costumbre (su carácter ya estaba empezando a resentirse), Gracita Morales lleva la voz cantante como heroína atípica y protagonizará una serie de números musicales tan graciosos como algo vergonzosos.
En especial el que veremos junto a un López Vázquez histriónico, sinvergüenza y vicioso como siempre (el peso del encasillamiento, que es muy grande). Junto a ellos están un simpático Antonio Ozores, Tomás Blanco, las preciosas Mara Cruz y Marisol Ayuso y los actores asiáticos Ricardo Matsuda y Elizabeth Wu, tan preciosa o más que las dos anteriores. Destaca la puesta en escena y la facilidad para la caricatura (en una línea cercana a Daniel Mann o los italianos Mariano Laurenti y Luigi Comencini) y para la acción que posee Ozores, pero el exceso de comedia típicamente española empantana el resultado y la buena idea que alberga el guión queda bien expuesta, pero mal desarrollada.
Viendo el buen resultado obtenido en taquilla, el cineasta volvería a la parodia de espías rápidamente y perfeccionando algo más su estilo y sus argumentos (por vagos que fuesen), lo que queda reflejado en la mejor ¨Objetivo: ¨BI-KI-NI¨ ¨.
Llego así a la 40.ª película que veo del director, y a pesar de todos los fallos puedo afirmar que me ha divertido mucho.
Hay muchas razones para quitarle la vida a un hombre, que sean éticas o no es otra cuestión. Y es que el ser humano siempre se convierte en presa de sus más primarios instintos cuando se trata de cumplir una venganza.
A lo largo de los años 90 la industria del cine intentó reavivar la llama del ¨thriller¨ apoyándose en unos cánones estilísticos y formarles ya asumidos para la imaginería colectiva y a cuyos tradicionales principios se pretendía rendir tributo a la vez que se planteaba una renovación de esas mismas formas, y seguramente con más ahínco desde que Tarantino reiventara los códigos del cine negro sin salirse de los límites de su universo con las monumentales ¨Reservoir Dogs¨ y ¨Pulp Fiction¨. Uno de los actores que el público más asocia al director volvería a protagonizar otra incursión de puesta en marcha del género.
Y es que alguien con la presencia y la energía cruda de Harvey Keitel no precisa mucho para mimetizarse a la perfección con el imaginario del ¨thriller¨ y habitarlo como si de una criatura feroz e implacable moldeada a partir de la costilla de James Cagney, Humphrey Bogart, Lino Ventura o Robert Mitchum se tratase. Esta vez, a través de un guión firmado por el productor Ken Solarz, le dirige el británico John Irvin en su regreso a EE.UU. y al cine de acción e intriga tras desenvolverse en el marco del drama, el humor más elegante y negro y entre escenarios de época con ¨El Pico de las Viudas¨ y ¨Un Mes en el Lago¨.
¨City of Industry¨ da comienzo, como su título indica, en la ciudad, entre los rascacielos y las grandes y ruidosas industrias que triunfantes se erigen sobre una sociedad sucia y pobre guiada por la corrupción, la violencia y la codicia cuyos seres se mueven como espectros o monstruos entre las sombras que proyecta cada uno de sus recovecos en penumbra. En este entorno hostil y venenoso, que remite a la irrenunciable identidad de los prefijados escenarios urbanos y de los estereotipados y no así extraños, atractivos y cercanos personajes del cine negro más clásico, planean su atraco a una joyería de la soleada Palm Springs un equipo de expertos ladrones.
Como se nos ha demostrado una y otra vez a través del cine y la literatura hay dos formas esenciales de narrar una historia sobre un atraco: o centrándose en su preparación, que suele abarcar la mayor parte del argumento, o mostrarlo al inicio del mismo reparando en los acontecimientos posteriores, que como también nos ha demostrado la historia a través del cine y la literatura, suelen no ser muy buenos para los implicados (también hay casos como el de ¨Reservoir Dogs¨, cuya influencia en la película que nos ocupa salta a la vista, donde se prefiere enseñar el antes y el después pero nunca respondiendo al qué).
Irving y Solarz se deciden por lo primero. Así, al metódico aunque precipitado y arriesgado atraco, que por momentos recuerda al de ¨City on Fire¨ e incluso remitirá al perpetrado por Pike y sus chicos en ¨Grupo Salvaje¨ (el arrojo de Lee de querer hacerlo ¨en plan vaquero¨ es un indicio), seguirán una serie de consecuencias producto de la codicia derivada de Skip, repulsivo personaje que ya despertaba nuestra duda y nerviosismo desde que aparece en pantalla y del que no nos hacen falta muchas pistas para saber que será el que de la vuelta a los planes de Jorge, Lee y Roy, hermano del anterior y único en escapar de la traición cometida por su socio.
Varias esposas pierden a sus maridos y varios hijos a sus padres, y Roy es el verdugo que en sus nombres, y en el suyo propio, se propone iniciar una letal e imparable cruzada de venganza a la que no pondrá fin hasta personarse ante Skip y arrancarle el alma en cuyo avanzar descenderá de forma ineludible a su propio abismo hasta convertirse en poco menos que un monstruo desprovisto de compasión y sediento de sangre (bien reflejado en ese encarnizdo reencuentro en el que el protagonista decide no gastar ni una sola bala para castigar al traidor).
De por medio traficantes de armas, mafiosos asiáticos, gángsters de tres al cuarto que se creen señores del hampa, atractivas chicas sin cerebro convertidas en juguetes, familias heridas, pubs saturados por el olor del alcohol, el humo y el sudor de las strippers, chorros de sangre que caen sobre el frío asfalto en mitad de la noche, balas incrustadas en el cuerpo, persecuciones en carretera, un implacable, repugnante, triste y sombrío universo en el que Irvin nos sumerge sin concesiones, pues como Flynn, Winner o Siegel, va directo al grano y sabe que la única manera de arrastrarnos a él y presentarnos a sus personajes es de la manera más áspera y brutal posible.
Ese es quizás el mayor atractivo del film, su honestidad, simplicidad y su pretensión humilde y directa que no busca ir más allá de lo que va a contarnos ni enseñarnos. Honestidad que hallamos también en el papel de Harvey Keitel, que lo interpreta como al Larry de ¨Reservoir Dogs¨, cuya misión, sentimientos y rabia interior ya conocemos; magnético actor al que acompañan la preciosa Famke Janssen, un correcto Timothy Hutton, el muy (pero muy) repulsivo Stephen Dorff y una joven y explosiva Lucy Liu en uno de sus primeros papeles.
Heredera del cine de atracadores de toda la vida e impregnada del espíritu de Burnett, Leonard, Thompson y Westlake (abundan las similitudes con ¨The Hunter¨), con ¨City of Industry¨ Irvin regresa a los tiempos de ¨Ejecutor¨ y ¨Con su Propia Ley¨ aferrándose al cogollo más vigoroso y fatalista del ¨noir¨ sin quebrantar sus códigos, elementos ni itinerarios argumentales.
Realizada en los 70 habría sido pasto de las sesiones dobles de cine barrio junto a algún ¨thriller¨ de Bronson o Marvin, lo que afianza su condición de intriga de una época ya pasada colmada de esos tipos duros y ásperos capaces de rebasar cualquier límite por dinero. Una época que se atisba más lejana pero que gracias a títulos como éste podemos recuperar de vez en cuando.
No la recordaba tan buena, de hecho, creo en el primer asalto me aburrí de lo lindo, sin embargo esta segunda vez me ha parecido entretenida y nada monótona. Siendo bélica abusa poco de las batallas, ya que estas suceden finalizando la cinta y más se centra en contar una historia de amigos que se alistan para ir a la guerra luchar como aliados de Alemania en contra d Inglaterra en Turquía. Correrías entre amigos y preparación para el baño de sangre que se produce en un final memorable. Esa escena que petrifica el balazo a Archy es inolvidable por lo mucho que congela los vasos sanguíneos. Por cierto, igual de notable es las célebres tonadas de Brian May(no el de Queen) - ¨The race¨ y ¨Desert run¨.
Lo que parecía que iba a ser una cinta sin mucha miga ni movimiento resultó ser una historia sencilla hecha con cierto humor y buenas formas. La historia trata sobre un hombre que busca trabajo desesperadamente para mantener a su hija. Hay alguna disputa, un lío amoroso que resulta ser un fraude y un desenlace que bajo mi capote es original y ciertamente ¨mácabro¨.
Una de las mejores cintas de comedia del cine argentino de los ochentas, con Gianni Lunadei como el carismático Dr Cureta que tiene a su cargo una clínica privada, como era de esperar ahí adentro ocurren todo tipo de cosas, desde amoríos entre médicos, los dueños de los laboratorios que ofrecen sus medicamentos, lo burocrático de las obras sociales y los reclamos salariales de los trabajadores, todo con un tono de comedia pero que en la actualidad lamentablemente siguen ocurriendo, lo mejor son los chistes fáciles, algunos subidos de tono, además de las actuaciones que redondean una trama divertida y entretenida.
La vi un par de veces cuando la encontraba en cable.Si bien es bastante hilarante,no le costaba mucho superar a la primera.
Tiene sus momentos en que te descostillas y esta llena de chistes absurdos bastante divertidos.Charlie Sheen no es el mejor comico ni de lejos,pero el ambiente de la pelicula lo contagia y aprueba.
Un 7,5.
No me atrapo como otras del gran cineasta.Estan los infaltables DeNiro y Joe Pesci,pero sus dialogos y su conflicto amoroso,donde cierra el triangulo una bellisima Sharon Stone(dando un gran papel)son lo unico de real interes en la cinta.Todo lo demas(mafia,casino,contrabando y lo de siempre) como que esta vez sirve de fondo y nada mas.Se me hizo demasiaaaado larga,lo cual no es una buena señal.
Mas alla del carisma de Denzel Washington o la puesta en escena que esta muy bien,por mas que sean epocas diferentes,me ha parecido totalmente inferior a la original.No digo que no sea una obra que no haya podido mejorarse,pero con respecto a esta version no siento que lo hayan logrado.Fallida.
Actuaciones exageradas y nombres foneticamente parecidos para un pseudo policial donde el oficial Eduardo Romero(Gerardo Romano) se hace con parte de un cargamento de cocaina de unos mafiosos.
Esta situacion le costara la vida a su mujer y a su hijo.
Destrozado,comenzara su venganza contra quienes le arruinaron la vida.
La trama en si no es mala,pero la forma en que estan encaradas algunas escenas hace que sean ridiculas.No termina siendo serio,la verdad y la actuacion de Romano por momentos,da pena.
mahotsukai
7
El Castillo
Rescatable y correcta adaptación para la TV del clásico inconcluso (1922) de Franz Kafka.K es un agrimensor que llega a una aldea regida por un castillo, cuyas autoridades le han encargado una tarea no específica. A medida que se los aldeanos se muestran hostiles hacia él y todos le hacen ver que nunca se ha necesitado su servicio, K tendrá que decidir si insistir o regresarse a su pueblo.
Tras la vanguardista “71 Fragmente einer Chronologie des Zufalls¨ (¨71 fragmentos de una crónica de oportunidades¨, 1994), el talentoso director austríaco Michael Haneke se abocó en rodar una adaptación fílmica para la TV de la novela “Das Scholß” (“El Castillo”, 1922) del legendario escritor austrohúngaro Franz Kafka, una de sus obras más emblemáticas y famosas junto a “Die Verwandlung” (“La Metamorfosis”, 1915) y “Der Prozeß” (“El Proceso”, 1925). Lamentablemente inconclusa por la repentina muerte de Kafka en 1924, “Das Scholß” (“El Castillo”, 1922) aborda principales temáticas como la alienación, la burocracia y la frustración del hombre moderno en sus intentos por acoplarse y adaptarse a un sistema creado por humanos, pero que carece de total humanidad.
Profundamente existencialista, surrealista y frustrante, la literatura de Kafka ha sido llevada no pocas veces al cine al séptimo arte, sin embargo de formas muy dificultosas y arriesgadas. Son muy pocos los films que han logrado captar la esencia de la obra kafkiana y desarrollar sus conceptos narrativos esenciales de desesperación y angustia humanas en la sociedad moderna, siendo la coproducción franco-ítalo-germana “The Trial” (1962) de Orson Welles, la coproducción suizo-germana “Das Schloß” (1968) de Rudolf Noelte y la reciente “Amerika” (1994) de Vladimir Michalek las incursiones más exitosas en su tratamiento narrativo y visual. Precisamente, será la primera versión de “Das Scholß” (“El Castillo”, 1922) estrenada a fines de los 60s por Noelte, que destaca por su fotografía y diseño de producción, junto con la incursión de Michálek, que inspirarían a Haneke en embarcarse en su propia adaptación del clásico del austrohúngaro.
Su empresa, no obstante, auguraba más contras que pros, más desaciertos que aciertos y más frustraciones que certidumbres. El gran riesgo de adaptar “Das Scholß” (“El Castillo”, 1922) no sólo está en su carácter extremadamente lento, generalmente ilógico, fuertemente surrealista e impunemente desesperante sino también en el demencial desafío de capturar dicha atmósfera y transmitirla al espectador, lo que aunado a su rasgo inconcluso prácticamente la vuelven imposible de emular. Y es que si bien Kafka se las arregla para sacar el relato adelante gracias a sus ricas descripciones, su insistencia e obsesión en el detalle e incluso un espíritu irónico y absurdo de humor, para cualquier realizador estos elementos son muy difíciles de emular en un film si no cuenta con la maestría literaria del austrohúngaro y los recursos tanto visuales como técnicos para su exposición.
Haneke opta por experimentar con la traslación literal de gran parte de la novela, en varios momentos con diálogos casi completos, para construir realidades kafkianas. En gran medida lo logra, hay que decirlo, principalmente porque el guión está estructurado de tal forma de exponer los dos principios narrativos más importantes de “Das Scholß” (“El Castillo”, 1922), a decir, el espíritu ateísta de la verdadera búsqueda espiritual del hombre (evidente referencia a la filosofía nitzscheana) y el tratamiento de la burocracia, la alienación y la angustia consecuente de esta cadena de factores sociales que el autor desarrolla a lo largo de su obra. De esta forma, la búsqueda constante por lo divino y los elementos conspiratorios para alcanzar lo inalcanzable son pilares en el guión.
Así es como K, el protagonista, representa la lucha humana por lograr lo imposible, el espíritu terco e incombustible de no rendirse nunca sin importar la naturaleza de los impedimientos y también, siendo más críticos, la ingenuidad humana de la existencia de algo superior de origen divino, desde la perspectiva ateísta. El Castillo y por extensión Klamm, a quienes por cierto nunca veremos en el metraje, evidentemente simbolizan lo divino y lo inalcanzable, una metáfora de Dios y Jesús como seres omnipresentes, temidos, respetados e idolotrados, pero que en realidad no existen y que ejercen su influencia en los aldeanos gracias a un sentido de existencia basado en el miedo y la incertidumbre.
Los aldeanos, por su parte, representan cada uno de los obstáculos que K debe enfrentarse para alcanzar el Castillo y reunirse con Klamm finalmente, es decir, lo inalcanzable. Dependiendo del personaje, Haneke los presenta en situaciones cómicas absurdas o dramáticas, como sus discípulos Arthur y Jeremías, que representan la envidia e hipocresía zalamera de los pares; el notario del pueblo que simboliza la desesperante y estúpida burocracia, con la notable escena en que ordena a su esposa buscar un decreto en un mar de documento que sabe no existe; el mensajero de Klamm, Barnabás que personifica la ingenua esperanza que vive constantemente en riesgo por su labor; Schwarzer, como el pueblo xenófobo; Amalia, como la apóstata que se niega a seguir las directrices del Castillo por un problema administrativo (cuestionamiento de la fe); y, Frieda, como el camino a la felicidad tradicional, que resulta fallido y muy amargo.
La estructuración de K es interesante y gana puntos con la destacable interpretación de Ulrich Mühe (“Funny Games”, 1997). Su personaje es, al principio, el más convencional de todos y su estadía en el pueblo se convierte en un verdadero viaje al surrealismo y a la lucha contra la frustración. Sumergido en una vorágine de elementos que remiten a una quimera, K tiene la suficiente cuota de alienación como para no ceder a la demencia pero también como para atreverse a dejar de lado su búsqueda tras darse cuenta de su utopía. Quizás, en lo que hubiese sido muy deseable, el tratamiento del personaje hubiese logrado mayor profundidad para el espectador si el director de “Caché” (2005) no hubiese optado por una narración en off omnipresente, que si refuerza el componente de compresión del relato, lamentablemente tiene efectos colaterales que disminuyen la fuerza de la narración.
Ahora bien, para la mayoría de los críticos el principal problema de la adaptación del futuro director de “Amour” (2012) es su excesiva preocupación por lo narrativo y descuido por lo visual. Efectivamente hay un abuso de planos fijos y muy poca variedad de ángulos de cámara, a lo sumo el uso de travelling en las incursiones de K por el pueblo hacia diferentes destinos, bastante monótono, que contrasta con la buena fotografía invernal de Jirí Stibr (“Amanecer”, 1959) que da cuenta del hostil clima natural en el que K debe desenvolverse, además del hostil clima humano. Con el objetivo de dar un rasgo más rústico, Haneke opta por una edición abrupta entre capítulos y secuencias, lo que unido a su decisión de cortar el relato y explicar literalmente que la novela queda inconclusa (por la muerte de Kafka) dejan un estilo de narración quizás demasiado plano y desestimando darle un rasgo propio o identidad que sabemos, por el talento del austriaco, se echa de menos.
Además de Mühe, el film cuenta con buenas interpretaciones, en especial la de su esposa Susanne Lothar (“La Cinta Blanca”, 2009) como Frieda, la novia de K. Frank Giering (“Funny Games”, 1997) y Felix Eitner (“Cerezos en flor”, 2008) encarnaron a Arthur y Jeremías, sus ineptos ayudantes, Andréi Eisserman (“Kaspar Hauser”, 1993) como Barnabás, Inga Busch (“Art Girls, 2013) como Amalia y Birgit Linauer (“El lugar del crimen”, 2017) como Pepi, y Hans Diehl (“Antikörper”, 2005) como Erlanger.
“Das Scholß” (“El Castillo”, 1997) fue filmada íntegramente en la región austríaca de Estiria y su capital Graz. Fue estrenada en la TV austriaca y en el 47° Festival Internacional de Berlín en febrero de ese año. Sin embargo, se le estrenó en cines en Alemania, República Checa, Japón, Canadá y Estados Unidos.
En definitiva, y a pesar de todos los obstáculos propios de retratar la obra de Kafka en el cine y la falta de cierta osadía en el aspecto visual para proponer una versión más propia, estamos ante una versión de “Das Scholß” (“El Castillo”, 1922) interesante y que se deja ver principalmente por su respeto a la visión pesimista y angustiante del escritor austrohúngaro.
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