Obsession
Obsession

Ultimas críticas insertadas





Ficha The Land of Hope

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

10



The Land of Hope
Si mantener una linea constante de trabajo y estilo es la base del éxito para muchos directores, otros prefieren probar sus habilidades navegando en los más dispares géneros, siempre evolucionando, siempre abordando su particular punto de vista sobre la vida desde un enfoque distinto.

Y si alguien logra destacar entre esta clase de directores hoy en día es sin duda Sion Sono, para quien la experimentación y el riesgo han formado parte de su carrera desde sus comienzos. Tras impactar a todos con sus demoledoras ¨Guilty of Romance¨ y ¨Himizu¨, el nipón volvería a cambiar de mentalidad para centrarse nuevamente en la que fue una de las mayores catástrofes acontecidas en Japón: el terremoto que el 11 de Marzo de 2.011 azotó la costa de Honshu, en la región de Tohoku, provocando el posterior tsunami cuyas olas de más de 40 m. barrieron todo a su paso afectando además a la central nuclear de Fukushima; más de 15.000 muertos, 6.000 heridos y 2.000 desaparecidos dieron como resultado la crisis más dura a la que se enfrentó el país desde la 2.ª Guerra Mundial.
Una crisis con la que muchos se solidarizaron y concienciaron, como el propio Sono, quien se propuso recrear la tragedia con la mayor honestidad, respeto y compromiso posible. Y lo haría de tal modo que su historia poco, o más bien nada, se aleja de los hechos reales, situando esta vez la acción dramática en la prefectura de Nagashima, donde un fuerte terremoto va a trastocar las humildes, felices y apacibles vidas de dos familias de granjeros residentes en un pequeño pueblo cerca de una central, la de Ken Suzuki y la de Yasuhiko Ono (a quien asaltará, como un mal presagio, una pesadilla sobre la catástrofe).

A diferencia de su tratamiento del tema en la antes mencionada ¨Himizu¨, más como telón de fondo y metáfora de la desolación, en ¨The Land of Hope¨ el cineasta habla del incidente en sí, pero centrándose en las consecuencias. Nunca veremos una explosión ni el tsunami, sino en qué grado va afectando a todos los habitantes, que, invadidos por el pánico y la confusión, no sólo han de lidiar con el desastre propiamente dicho, sino con sus propios compatriotas, de quienes únicamente reciben rechazo, burla y desprecio, y con un Gobierno y una autoridad ignorantes que prefieren ocultar el suceso bajo una hipócrita mascarada y manipular la información, más empeñados en implantar medidas absurdas (¨No puedes hacerlo, el país te gritará¨, dice Yasuhiko a Chieko cuando ésta se dispone a cruzar la valla) que en proteger a la población; un Gobierno y una nación de los cuales es preciso desconfiar.
Tras el terremoto y la intervención de las autoridades, la trama se bifurcará mostrando cómo la difícil situación impacta en las tres parejas principales del film: Yoichi e Izumi, Yasuhiko y Chieko y Mitsuru y Yoko; de este modo les seguiremos a través de una tierra dominada por la incertidumbre, la inseguridad, la paranoia y el recelo. El director, con un marcado y crudo realismo, logra hacernos sentir como ellos, indefensos ante las consecuencias y secuelas derivadas del desastre, a menudo interpenetrando en la psique de los personajes para ponernos directamente en su piel (así veremos la radiación exterior y las estacas de la opresión a través de los ojos de Izumi y Yoichi o escucharemos la música del festival a través de los oídos de Chieko).

Yoko es incapaz de encontrar a sus padres entre las ruinas de la ciudad, Yoichi asiste a la degradación mental de su esposa por culpa del miedo a la radiación y Yasuhiko se ve acosado por un Gobierno que quiere arrebatarle su vida y su trabajo...pareciera que no hay salida posible a la pesadilla. Aun así, aunque la felicidad y la prosperidad vayan ligadas a la desgracia (el estar embarazada acrecienta la locura en Izumi), aunque el pesimismo y la amargura estén muy presentes, se aboga por la supervivencia y la unidad, pese a todas las dificultades que surgen en el seno de la familia y la pareja (esas estacas que sólo sirven para dividir) y los inclementes giros del destino. En definitiva, se aboga por la esperanza (de ahí el nombre del film).
Sin hacer alarde de artificios ni de efectos innecesarios, Sono abandona muchos de los elementos de su particular universo y se limita a narrar los hechos de manera sobria, más sosegada que de costumbre, reparando en los más ínfimos detalles para transmitir las más grandes emociones y radiografiando con total naturalidad (aunque a veces proponga ingeniosas metáforas y símbolos) los sentimientos de los personajes, a quienes filma casi sin despegar la cámara del suelo; registro sin duda heredado del clásico cine de Ozu, Naruse y Shimizu y que se acerca al de sus contemporáneos Koreeda y Yuya Ishii, o al del Kitano más sentimental.

Envuelto por una melancólica y casi imperceptible banda sonora y la fotografía de Shigenori Miki, la cual capta a la perfección la suavidad y profundidad del espacio, tenemos a un elenco de maravillosos actores que brindan interpretaciones harto conmovedoras y realistas, desde Jun Murakami y Megumi Kagurazaka hasta Yutaka Shimizu, Hikari Kajiwara e incluso Yoshihiro ¨Denden¨ Ogata, cuya aparición es más bien breve; aunque en especial cabe destacar a esos inmensos Isao Natsuyagi y Naoko Otani (atención a aquella inolvidable secuencia donde bailan en el paraje nevado).
Como ya hiciera en ¨Be Sure to Share¨, Sono, sin recurrir a excesos, vuelve a dejar patente su destreza para impactar al espectador simplemente plasmando la cotidianidad y las relaciones de los seres humanos, haciendo hincapié en la adversidad y la felicidad. Una fábula tan brutal, sobrecogedora y desgarradora como abrumadoramente lírica y sensible que vapulea al espectador hasta en las mismísimas entrañas y le encoge el corazón...

pero que ante todo rinde un sincero tributo a las víctimas de la catástrofe, a su lucha, al dolor, a los recuerdos, a la esperanza. Un tributo a la vida.
Me sorprende y me decepciona que no acabara en el Festival de los Oscars de aquel año.



Me gusta (0) Reportar

Ficha Ellas los Prefieren... Locas

Mad Warrior

  • 5 Jun 2020

6



Ellas los Prefieren... Locas
Si la mujer te descubre un lío de faldas pocas son las excusas que puedes argumentar antes de que un plato se te rompa en la cabeza o de que tus maletas se planten en la puerta. Pero, ¿y si por lanzar una más que convincente tu vida acaba en manos de un homosexual que resulta ser el único capaz de salvarla?

A finales de 1.975 la vida de todos los españoles pega un vuelco al fallecer el general Francisco Franco, dando por terminada así la dictadura e iniciándose una etapa de transición donde cambiarán muchas cosas, desde los asuntos políticos y comerciales hasta todo lo relacionado con la liberación de una sociedad oprimida durante tanto tiempo (aunque poco haría falta para demostrar que esa liberación resultó un tanto excesiva...). Esto viene a colación de las durísimas críticas que el director Mariano Ozores ha recibido a lo largo de toda su carrera, tachado de hacer un cine soez, chabacano y siempre ¨hablando de lo mismo¨.
En efecto el prolífico director, pasada la mitad de los 80, vería su filmografía anclada, pero en sus obras siempre lograba lanzar una mirada mordaz y ingeniosa sobre la sociedad del momento, adaptándose siempre a los cambios de ésta y a los gustos del público; eso lo demostraría en ¨Ellas los prefieren...Locas¨, coproducción realizada entre México y España cuyo guión escribía Víctor Andrés Catena (¨Por un Puñado de Dólares¨, ¨El Espontáneo¨) basándose en una pieza teatral de Harry Caine, donde se trataba de un modo muy abierto la homosexualidad, la cual empezaba a defenderse y hacerse notar tras caer el Régimen a través de importantes movimientos sociales organizados por todo el país.

La homosexualidad aún no ha sido eliminada de la Ley de Peligrosidad Social por Adolfo Suárez y todavía faltan muchos años para que ésta no sea vista dentro de los límites militares como delito con encarcelamiento obligatorio; sin embargo, pese a ser considerada una enfermedad mental y social que atenta contra la moralidad, su inclusión en el panorama cinematográfico gana terreno y se puede tratar sin tapujos (por aquellas fechas se estrenan obras tan comprometidas como ¨Me Siento Extraña¨, ¨Cambio de Sexo¨, ¨La Máscara¨, ¨Emmanuelle y Carol¨ o ¨Un Hombre llamado ¨Flor de Otoño¨ ¨, también con José Sacristán).
Ozores enfoca todo esto desde los lindes de la comedia, la comedia de enredo a la que indudablemente se le relaciona, presetándonos a Alberto, un hombre timorato que ha escalado socialmente gracias a la riqueza e influencia de su esposa Freda, hija de un adinerado empresario alemán; pero Alberto no tiene ojos para esa mujer tan autoritaria, fría y arisca con la que comparte el hogar, y busca la felicidad en los brazos de Mili. El miedo a ser descubierto su engaño deja a Alberto pocas opciones, sólo las que le brinda un amigo de su amante, llamado Pedro, quien resulta ser homosexual.

A partir de su repentina aparición, tras una de esas escenas de ¨destape¨ que ya empezaban a ser populares en el cine español aprovechándose la desaparición de la censura, éste se erigirá como absoluto maestro de ceremonias en los futuros y enrevesados acontecimientos que van a desencadenarse cuando Alberto, al fracasar en todas las excusas posibles, confiese que su amante no es una mujer, sino un hombre, y el mismo Pedro. Es cierto que Ozores se sirve de recursos tan típicos (hoy en día tremendamente mal vistos) como el amaneramiento para provocar la risa en el espectador, pero estos trucos no eclipsan los serios matices e intenciones de Catena.
Porque ni él ni el director se dedican a condenar a Pedro, sino sus personajes, hombres de pura raza española que no dejan de ser unos sinvergüenzas, cobardes y mentirosos, infieles a sus esposas y que, en última instancia, acabarán ridiculizados al creer éstas que también sienten predilección por el género masculino. Mientras Pedro, el llamado marica, desviado y degenerado por todos, es el que consigue, directa o indirectamente, cambiar la mentalidad y sentimientos de los demás y arreglar la situación de Alberto ante su esposa, quien ahora lo respeta más, y la empresa, donde logra ascender en lugar de acabar en la calle si él no hubiera intervenido.

¿Y quién es en el fondo Alberto? Otro caradura sin escrúpulos ni valor que no duda en despreciar a Pedro continuamente (le espeta insultos cada cinco líneas de diálogo) y que no obstante precisa de su ayuda para que la farsa se siga manteniendo. Con veladas concesiones a lo melodramático y haciendo gala de sus sencillas pero efectivas técnicas, Ozores construye esta farsa de identidades ocultas y enredos amorosos con el humor socarrón, la libertad sexual y la aceptación homosexual (siendo la estatua entregada al final el símbolo de ello) como principales ingredientes, donde el clásico vodevil se cruza con el estilo de las comedias ligeras europeas de la época.
Al frente de un plantel compuesto por la atractiva Tere Velázquez, Manuel Zarzo, Esperanza Roy, Pilar Bardem, Carmen Casal, Rafael Hernández y el siempre gracioso Antonio Ozores, se hallan cara a cara y demostrando sus buenas dotes interpretativas para el género José Sacristán, en un papel verdaderamente irritante, y el celebérrimo artista mexicano Enrique Guzmán, quien canta el tema principal del film y se acaba llevando, por supuesto, todos los elogios gracias a un personaje que parecerá ridículamente expuesto a simple vista pero que encierra rasgos dramáticos y trágicos.

De todo su cine de la década de los 70 (que poco le quedaba para acabarla, y de manera triunfal gracias a su encuentro con Pajares y Esteso), tan marcado por sus divertidas colaboraciones con Alfredo Landa y Lina Morgan, una película como ésta, tan agria, tan atípica, tan dada a la indefinición de géneros, no será recordada como otras obras del realizador, pero una agradable y sincera comedia sí es, y más aún por los temas que se digna a tratar...
Aunque vista en la actualidad levantará ampollas a más de uno.



Me gusta (0) Reportar

Ficha El Rollo de Septiembre

Mad Warrior

  • 4 Jun 2020

4



El Rollo de Septiembre
Las cosas como son. Es un rollo ir al instituto cada día, tener que aguantar a profesores amargados y aburridos, hacer exámenes, y sobre todo perderse el verano si suspendes alguna.
Los jóvenes lo sabrán y los que fuimos jóvenes también...pero a veces el verano puede ser más divertido de lo que parece.

Desde que fracasara en taquilla y se quedara casi arruinado con la que, sin embargo, es una de sus inolvidables obras (¨La Hora Incógnita¨), Mariano Ozores se juraría no volver a realizar una película que no quisiera el público, es decir, siempre a través del humor se amoldaría a los cambios de los gustos del público español, y fue una táctica que le sirvió de maravilla en sus distintas etapas, pues siempre rendía bien en cuestiones monetarias (ni nos detengamos en la opinión de la crítica sobre su trabajo). Esto mismo lo seguiría haciendo en los 80, y ¨El Rollo de Septiembre¨ es un buen ejemplo.
Lo malo es que cruzar el ecuador de esta década le hizo iniciar el periodo más irregular y desde luego olvidable de una carrera hasta entonces, y con sus badenes, muy lucrativa; Pajares ya se le había marchado y sólo le quedó Esteso, con el que hizo algunos títulos más, de los que se salvan dos (¨Al Este del Oeste¨ y ¨Cuatro Mujeres y un Lío¨). En ese momento la atracción por el ¨destape¨ se comienza a extinguir y la gente prueba otras formas de cine, que en las salas resulta estar en crisis, pues es al videoclub donde más se acude.

En este ámbito Ozores continúa atrayendo a bastantes seguidores, pero es el cine norteamericano el que más acumula, y uno de los que mayor salida tienen es el protagonizado por adolescentes en grandes y excitantes aventuras, ya sea dentro o fuera de los límites de los centros de enseñanza. Al otro lado del charco se ven títulos como las secuelas de ¨Porkys¨ y ¨Los Incorregibles Albóndigas¨, ¨La Revancha de los Novatos¨, ¨Escuela de Genios¨, ¨Gran Lío en la Universidad¨ o ¨Movida de Verano¨; para captar la atención de los más jóvenes, el director se aferra a los patrones típicos de esta comedia ¨made in U.S.A.¨. para una producción de José Luis Bermúdez de Castro.
La presentación de todos los protagonistas, chavales con las hormonas revueltas, mala suerte, cuya relación con sus padres no es precisamente la mejor y que han acabado el curso con unas notas realmente pésimas, se resuelve con velocidad para ir al centro donde deberán recuperar las asignaturas...aunque como sabemos harán cualquier cosa menos estudiar. De por medio una subtrama que incluye a unos tipos que desean cerrar el centro para su beneficio a base de sucios boicots, y que más que aproximar el film a las comedias de adolescentes lo hace a ¨Loca Academia de Policía¨ (cambien a los cadetes y oficiales del cuerpo por estudiantes y funcionarios del ayuntamiento y ya está).

Una vez dentro sólo nos resta ver en qué líos y enredos se meterán los chicos, ellos unos pobres patéticos y ellas unas zorras caraduras, donde veremos, y como se menciona literalmente, los trucos más viejos de este cine (¿será una alusión del director con doble intención, criticando el género que él mismo está practicando?), desde las típicas travesuras a los maestros hasta las situaciones más picantes, las cuales incuirán una generosa colección de desnudos. Para contrarrestar el comportamiento de los jóvenes se nos presentan unos adultos que no serán menos sinvergüenzas.
Desde el padre adúltero hasta el alcalde oportunista pasando por el director depravado, la profesora sexy e inmoral y el profesor mentiroso y vicioso, estereotipos que no pueden faltar, claro está. Ozores nos bombardea con una colección de ¨gags¨, repitiendo algunos ya vistos en anteriores obras de su cosecha, donde se pasa del absurdo al auténtico disparate (siendo remarcables a la par que idiotas el de la muñeca hinchable en la playa, el del pericospio, el de la clase de gimnasia o el descacharrante clímax con todos patinando en la entrada del centro y duchándose luego con pintura).

¨Gags¨ sin embargo expuestos con mucho efectismo y poco ingenio y a los cuales no unen ningún hilo sólido, ninguna trama a la que sostenerse, ni siquiera habrá una historia de amor entre los muchachos (no cuenta la que tiene el repelente profesor de matemáticas con la de la psicología, que no pasa de ser una aventura de fin de semana basada en el engaño); con personajes de trazo grueso que no son más que caricaturas por las que no tenemos que preocuparnos mucho sólo queda dejarse llevar por la diversión y el bueno rollo que exuda la película en todo momento.
Ozores se rodea de un plantel compuesto en su mayoría por jovencísimos actores donde hallamos a los conocidos Curro Martín Summers, Paula Molina, Gabino Diego (con la voz cambiada), Blanca Marsillach, Pep Munné, Tomás Gayo, la guapísima Sonia Martínez con su parecido a Lara Flynn Boyle (y tristemente fallecida poco después) o Miguel Ángel Valero (el ¨Piraña¨ de ¨Verano Azul¨), quien se lleva los momentos y frases más impagables. Y sin resultar ajeno a su público, el director selecciona para encarnar a los adultos a muchos de sus habituales (su hermano Antonio, Juanito Navarro, José Luis López Vázquez, Chus Lampreave, Emilio Fornet, Paco Camoiras, Marisol Ayuso o Pilar Bardem).

Hay más agujeros que en un campo de minas y el gran final que se esperaba se finiquita de manera precipitada y tonta; a esto sigue el desenfreno, chascarrillos de patio de colegio, mucho absurdo, mucho lío, mucho desnudo, aunque pocas muestras de genialidad y coherencia da el realizador en esta intentona para estar acorde al cine del momento.
¨El Rollo de Septiembre¨ fue un éxito más o menos discreto aunque no funcionó mal en las estanterías de los videoclubs; sirvió, además, de testigo y puente a esa transición por la que cruzaría Ozores para sumergirse en una etapa más convulsa, oscura y con poca o nula atracción comercial. Lo mejor: la banda sonora tan puramente ochentera de Teddy Bautista.



Me gusta (0) Reportar

Ficha Emboscada en la Bahía

Mad Warrior

  • 4 Jun 2020

5



Emboscada en la Bahía
Corrían los años 60 y los conflictos entre naciones hacían brotar en las gentes nuevas ideologías y posturas encontradas con respecto a la guerra, su significado y sus consecuencias (la de Vietnam, aunque no en su punto álgido, ya comenzaba a levantar ampollas).

Por estos motivos, el cine bélico viviría durante la década una renovación de sus propios códigos y elementos desterrando entre ellos el maniqueísmo imperante y los mensajes propagandísticos tan propios de tiempos pasados, con especial importancia en esta evolución la mítica ¨Doce del Patíbulo¨, que cambiaría mucho las cosas en el género. Pero antes de estrenarse la obra magna de Robert Aldrich tuvo lugar una curiosa producción llevada a cabo por Aubrey Schenk, especialista de serie ¨B¨ afiliado a la United Artist, que también estaría centrada en las aventuras de un cuerpo de soldados durante la 2.ª Guerra Mundial (algo muy recurrente entonces).
El guión corría a cargo de Marve Feinberg y el autor, cineasta y veterano de guerra Ib Melchior mientras tras la cámara se disponía un tal Ron Winston, director televisivo que había participado en ¨The Man from U.N.C.L.E.¨ y ¨The Twilight Zone¨, para quien significó su debut cinematográfico, cuya acción viene a desarrollarse unos días antes de la llegada de Douglas MacArthur a Filipinas, el 20 de Octubre de 1.944. A esta campaña, que consistía en la derrota de los invasores nipones en suelo filipino por parte del ejército estadounidense y australiano en colaboración con la resistencia del país, se la llamó Operación ¨Mosquetero¨ o Liberación de Filipinas.

Melchior y Feinberg se sirven de estos sucesos reales para construir un relato situado enteramente del lado de la ficción, introduciendo en el conflicto a una élite de soldados y marines de lo más aguerridos con especialidades determinadas que han sido enviados para cumplir una misión secreta, tal y como nos cuenta la voz de James Grenier, un joven radiotelegrafista sin experiencia en el campo de batalla que se ha visto metido en la operación de pura carambola. Así iremos siguiendo a este personaje, guía del espectador, mientras somos testigos de su descontento, bien mediante su (incómoda e innecesaria) narración en primera persona, bien por las charlas que mantiene con sus compañeros de escuadrilla, para los cuales (y para nosotros) no será más que un repelente niño mimado con demasiados humos.
Pues así actuará básicamente, observando con los inocentes ojos de un niño ese entorno hostil, despiadado y brutal al que le han lanzado de cabeza para una misión que no entiende. Estos hombres, entregados a su incierto destino con severo mutismo, serán presa uno tras otro del cruel enemigo, que sufre duras inclemencias en manos de los guionistas, quienes reducen a los inteligentes, valientes y expeditivos japoneses a villanos impersonales representados como poco más que cobardes oportunistas y pervertidos, reprochable visión a la cual no ayuda que actores filipinos encarnen a estos personajes, reafirmándose aún más el tono de serie ¨B¨ que exuda el film en todo momento.

Y es que Winston parecer querer jugar a ser Fuller, Siegel o Guillermin, cosa que no consigue aun imprimiendo dureza y una violencia de lo más áspera a las imágenes, filmadas de forma directa y rudimentaria, pero su esfuerzo se ve empañado por las muchas carencias y errores de la obra, tanto de producción como de argumento, y en esto cabe destacar dos en concreto: que a poco menos de la mitad de metraje se nos revele, con pelos y señales, el objetivo de los protagonistas, y que durante la misión éstos se detengan unos instantes para una introspección psicológica con intenciones dramáticas a modo de forzada conversación.
Porque eso es la gratuita charla que veremos entre Corey y la chica, personaje inesperado cuya intervención dará un nuevo e inusual enfoque a la película, táctica poco efectiva del director; a partir de la sigilosa entrada del sargento en el salón de té (que a mi parecer Melchior y Feinberg tienen un concepto muy equivocado de lo que es un salón de té japonés) y su encuentro con Miyazaki, ¨Emboscada en la Bahía¨ deja levemente de estar enmarcada en el puro y duro bélico, con sus desvelos de intriga y humor negro, para inmiscuirse en el género de la aventura más próxima a Huston, Walsh o Sturges y en ese cine de agentes infiltrados y espías tan propio de los títulos de James Bond (y si alguien lo duda, insisto, atento al personaje que encarna la guapa Tisa Chang en su debut para el cine).

Combinación de estilos conducida hacia un clímax realmente increíble, tan lleno de acción y violencia como de excesos en la mejor y más desenfadada tradición del cine ¨exploitation¨ que podamos encontrar. James Mitchum, hijo del legendario actor (quien está claro que no heredó el talento de su padre), pretende hacerse con el protagonismo a través un personaje irritante que logra rápidamente nuestra antipatía, sin saber que el auténtico protagonista es Hugh OBrien, genial en la piel del rudo, amargo y enigmático sargento Corey.
Por su parte, el ¨gran¨ Mickey Rooney no se privará, como siempre, de sus momentos de humor (memorable la escena de las granadas). En cuestión de reparto lo más imperdonable es que Winston (o Schenk) escogiera a filipinos para interpretar a los japoneses, cuando a kilómetros se distingue que uno de estos actores se parece tanto a un nipón como un huevo a una castaña. Tampoco se puede decir mucho de la fotografía de Emmanuel Rojas o la partitura de Richard LaSalle, excesivamente melodramática para la película.

En 1.966 se estrenarían otras obras con la 2.ª Guerra Mundial de fondo de mayor calidad que la que nos ocupa (¨El Túnel¨, ¨La Longue Marche¨, ¨La Noche de los Generales¨), no así ¨Emboscada en la Bahía¨ queda como un aporte, cuando menos, curioso al género, entretenido pese a sus fallos y excesos; como debut cinematográfico es más que digno.



Me gusta (0) Reportar

Ficha La Ciudad del Crimen

Mad Warrior

  • 4 Jun 2020

7



La Ciudad del Crimen
Las Vegas, la ciudad del pecado, del vicio, del crimen. Uno nunca sabe qué aventuras le esperan en este reducto de lujos, espectáculos, grandes hoteles e incandescentes luces de neón.
Pero tal y como el glamour brilla con intensidad, bajo éste se oculta un peligroso y sucio mundo que es mejor no descubrir.

Este escenario ha sido retratado en innumerables ocasiones en el mundo del cine, y en historias que abarcan todos los géneros habidos y por haber, incluso el de alienígenas (¨Mars Attacks¨) o el de catástrofes (¨Huracán Categoría 6¨); sin embargo es el cine de criminales y acción el que con más asiduidad parece repetirse en la historia de la gran ciudad. Desde la clásica ¨Cuadrilla de los Once¨ del Rat Pack hasta su más elegante y espectacular ¨remake¨ de Soderbergh, pasando por ¨Los Reyes del Crimen¨, ¨Acorralado en Las Vegas¨ o la monumental ¨Casino¨.
Siguiendo esta tendencia, y una imperante desde mediados de los 90, la de resucitar y renovar la ¨crook story¨ siguiendo los patrones más clásicos del género, el canadiense Sidney J. Furie, artesano especialista de la serie ¨B¨ con más de cuarenta años de profesión (y conocido por la mayoría gracias a títulos como ¨Ipcress¨, ¨Los Chicos de la Compañía ¨C¨ ¨, ¨Águila de Acero¨ o la memorable ¨El Ente¨...aunque su carrera empezó a resentirse mucho desde finales de los 80), también se lanzaría a rodar un film de acción en Las Vegas, proyecto respaldado por Avi Lerner y cuyo guión firmaba el desconocido Bart Madison.

Pero es necesario hacer distinciones en este cine de intriga y acción protagonizado por criminales, atracadores o timadores; uno es aquél cuyos límites se perfilan dentro del ¨thriller¨ puramente dramático, con sus retazos ¨neo-noir¨ y violencia, y otro es el que añade comedia y absurdo al conjunto. Está claro que ¨Top of the World¨ (rebautizada con el insípido título de ¨La Ciudad del Crimen¨) prefiere seguir esta última línea, y lo podemos apreciar desde ese inicio que destila esencia de los 80 por los cuatro costados, y que impregnará al film hasta el final.
Una secuencia aérea de la ciudad acompañada de la simpática ¨On Top of the World¨ de Shane Minoa nos introduce en esas dos tramas separadas que más tarde confluirán; la primera presenta a Ray Mercer, un ex-policía corrupto y ex-presidiario duro y lacónico que ya ha terminado sus días de cárcel y espera impaciente a reunirse con su mujer Rebecca, de la que se divorciará en breve (momento que inevitablemente recuerda a ¨La Huida¨ y que da lugar a engaño con respecto al tono general mantenido por Furie, pues pese a la aspereza y mordacidad de los diálogos y personajes no tardará en desatarse la diversión que Madison tiene pensada).

Y ésta vendrá dada por una de las situaciones más viejas de la ¨crook story¨: la del atraco y la fuga. En efecto, al poco tiempo de llegar a la ciudad, Ray y Rebecca se ven envueltos en un espectacular robo a uno de los casinos, dirigido, para más inri, por el mismo hombre con quien la anterior mantiene ahora una relación, Charles Atlas. No obstante nada nos puede hacer pensar que los autores del robo podrán llegar siquiera a la esquina de la calle con el botín, pues el guión los presenta como la mayor banda de torpes y descerebrados que jamás ha pisado Las Vegas. La sofisticación del Rat Pack desaparece de un plumazo y a partir de este suceso todo en el argumento rozará el absurdo a unos niveles difíciles de creer.
Como estaba pronosticado, un personaje tan llamado a atraer la mala suerte como Ray no puede sino ser considerado por la policía como uno de los autores, por lo que se encontrará en costante huida; mientras los ladrones intentan salir del casino el guión se centrará en los problemas del triángulo amoroso formado por Ray, Rebecca y Atlas, en eso que no deja de añadir diálogos personajes secundarios (hasta bien entrada la película están apareciendo), cada uno más grotesco que el anterior, y por encima de todos ese flemático gángster al cual le gusta que se dirijan a él por su apodo, ¨El Carnicero¨.

Las intrigas de atracadores quedan así parodiadas, ridiculizadas, sin poder determinarse si ésta que nos ocupa es un ¨thriller¨ lleno de humor o una comedia con tintes de acción y suspense, degenerando los diálogos, las actuaciones y las situaciones planteadas por Madison en la autoparodia más chirriante (buena prueba de ello será el momento en que Ray forma pareja con el policía y se enfrentan a los villanos como en un episodio de ¨Corrupción en Miami¨ o cuando Ray se encarama a un helicóptero para luego acabar peleando con Atlas en lo alto de una presa).
Y es que Furie deja claras sus intenciones de provocar el caos en la ciudad a base de espectaculares persecuciones, tiroteos infinitos, explosiones varias, cadáveres que se amontonan e intrigas harto conocidas, facturando una obra tan trepidante y dada al desvarío que hasta parece un anacronismo en pleno 1.997. Peter Weller (envejecido y con un ¨look¨ calcado al de Steve McQueen en la mencionada obra de Peckinpah), encabeza el plantel junto a unos Dennis Hopper, Hiroyuki Tagawa y Joe Pantoliano que también deciden reírse de sí mismos y la preciosa Tia Carrere, quien ya coloboró con el cineasta un año antes en ¨Punto de Impacto¨. Pero no hay personaje que iguale a ¨El Carnicero¨, interpretado por ese impagable Peter Coyote.

Protagonizada por Burt Reynolds, Arnold Schwarzenegger o Bruce Willis y estrenada a mediados de los 80, ¨Top of the World¨ se habría convertido en el bombazo del verano, sin embargo su éxito fue más bien discreto en 1.997 y nadie, o casi nadie, la recuerda hoy día, sólo cuando alguna cadena hace el favor de volver a pasarla por televisión.
Furie nos demuestra que no hay que gastarse billones ni usar una técnica de filmación demasiado complicada para garantizar un ameno y emocionante entretenimiento (algo que Michael Bay, Simon West o Roland Emmerich nunca aprenderán).



Me gusta (0) Reportar

Ficha Sword of the Beast

Mad Warrior

  • 4 Jun 2020

8



Sword of the Beast
El cine de samuráis pareció adquirir un nuevo contexto cuando a mediados de los 50 Kurosawa presentaba su inmensa ¨Los Siete Samuráis¨.
Desde entonces luchar por el honor del clan y la lealtad dentro del microcosmos de la nobleza pasaron a no ser los preceptos básicos para ofrecer al público, de todas formas, un auténtico ¨chambara¨.

Pero si este cine cambió por completo fue gracias a la intromisión de Sanjuro, el primer héroe samurái cínico y oportunista, una revolución en Japón en la Historia del género; muchos cineastas siguieron el ejemplo de ¨Yojimbo¨, y entre ellos cabe mencionar a Hideo Gosha; emigrado de los estudios de la cadena Fuji TV, este talentoso director entraría por la puerta grande de la industria cinematográfica gracias a que en Shochiku le contrataron para realizar una película de su popular serie ¨Sanbiki no Samurai¨ (versión radical y mordaz de ¨Los Siete Samuráis¨ y ¨Yojimbo¨); esta obra permanece como uno de los más brutales y emocionantes ¨chambara¨ que se han filmado, y tan sólo con su debut Gosha hizo gala de sus habilidades tras la cámara como un maestro.
El éxito le llevaría poco después a preparar otro proyecto con la productora y su guionista Eizaburo Shiba, que se inicia con una imponente escena de apertura en la áspera naturaleza. Como un guiño a ¨La Leyenda del Gran Judo¨ de Kurosawa y el ¨Onibaba¨ de Shindo, esta historia empieza entre grandes tallos de cortaderas (susuki), donde un ronin cansado es seducido por una mujer para luego descubrirse el engaño, pues ella le ha vendido a sus fieros perseguidores; la tración femenina, el frenesí de la cacería y la transgresión de los códigos de honor ya forman parte del argumento.

Vamos al año 3.º de la era Ansei (1.857), cuando el emperador Komei se enfurece con la llegada del comodoro Matthew Perry y la presión que ejerce sobre Japón para abrir sus puertos al comercio internacional; esta infiltración de Occidente revela lo caduco y absurdo del código de honor samurái y las leyes de la clase alta. Gennosuke, guerrero del clan Kakegawa, se erige contra ésto y aboga por reformas progresistas, pero en la nobleza, como bien nos había presentado Gosha, sólo hay sitio para la ambición, la hipocresía y la maldad. El guerrero es ahora un ronin, y en esta persecución a la que somos lanzados para vengar la vida del consejero Yamaoka, a quien el anterior asesinó, no habrá sitio ni para un gramo de ética ni honor, salvo los que defiende el protagonista.
En mitad de esta búsqueda frenética entre bosques, ríos y campos (la naturaleza de nuevo convirtiéndose en un protagonista más de la trama), aparece la presencia de una gran cantidad de oro que se oculta en las montañas. A partir de ahora la estructura narrativa se acoge a las tradiciones del cine de aventuras, incluso del ¨western¨, con el codiciado oro escondido como resorte de las acciones de los personajes y los sucesos, recordándose en la distancia ¨La Fortaleza Escondida¨. Este refugio natural salvaje sirve a Gennosuke para embrutecerse como la bestia vagabunda en la que está presto a convertirse, aunque su honor se verá nuevamente infundido por otro samurái que es su reflejo torcido, Yamane, quien busca el oro para su propio clan.

Las figuras de proyección vuelven a revelarse importantes para el director: un samurái que rechaza el clan, otro que arriesga su vida por él; frente a este dúo masculino, tres mujeres: Misa, la princesa noble que ansía venganza por el asesinato de su padre; Taka, mujer de Yamane, que soporta la enfermiza obsesión de su marido por complacer al clan; y Osen, furcia mentirosa y traidora que regenta la vieja posada. Féminas de nuevo retratadas con dureza y determinación por el director como ya hiciera en su anterior film; todos estos personajes confluirán en el vasto paisaje natural, escenario de la aventura pero también testigo de todos los engaños, tragedias, mezquindades, traiciones y muertes que están por ocurrir.
Porque esto es lo realmente importante para Gosha, además de ofrecernos grandes dosis de acción y salvaje violencia: reparar con el máximo detalle en la repugnante catadura de todos los personajes, llevados o por la codicia o por el odio; el oro y el respeto del clan (que pagará a aquellos que explota con la muerte, para más inri) es más importante que la vida de la esposa, el honor en la nobleza es puro humo, se ayuda a los demás por el interés y sobre todo se miente para guardar las apariencias (tras ser atacada, Misa conservará las formas como hija de samurái que es). Al parecer el único honesto y sensato es Tanji, quien sueña con dejar su pobre vida si da con el oro.

Pero el director y Shiba tampoco dejan que sean los corruptos y los poderosos los que ganen, sino los valientes y honrados, y permiten que los que habían perdido su rumbo existencial puedan recuperarlo con honor, el que al final triunfa entre tanta barbarie y brutalidad. Vueve a trabajar para Gosha ese excelente Mikijiro Hira en un papel digno de cualquier film de Kobayashi, seguido de grandes actores como Go Kato, Kunie Tanaka, Eijiro Tono y Takeshi Kato; ahora el imponente trío femenino lo forman Yoko Mikahra, Toshie Kimura, que ya vimos en ¨Tres Samuráis fuera de la Ley¨, y la bella actriz Shima Iwashita.
Otros protagonistas son la edición, la excelente fotografía en blanco y negro de Toshitada Tsuchiya y los escenarios naturales, donde Gosha crea una puesta en escena absorbente y con la mirada dirigida al frenesí de la acción, cuya cámara recoge a través de imágenes ásperas, duras e implacables, elementos que hacen de éste otro gran relato ¨jidai-geki¨, donde se cruzan géneros propios del cine occidental, filmado con nervio y un gran sentido de los códigos del estilo y la forma que daría al nipón aún más notoriedad dentro del cine de samuráis.

Justo después Gosha lo dejaría de repente y por un breve momento para acometer su primer ¨thriller¨ de tonos sociales, con Tatsuya Nakadai de protagonista: ¨Gohiki no Shinshi¨.



Me gusta (0) Reportar

Ficha Kenji Mizoguchi, la Vida de un Director

Mad Warrior

  • 4 Jun 2020

10



Kenji Mizoguchi, la Vida de un Director
Nace en el año 30 de la era Meiji en el barrio de Shinhana, en un antiguo distrito de Tokyo llamado Yushima Hongo. Es hijo del carpintero Zentaro Mizoguchi.
55 años después será por todos considerado uno de los grandes maestros de la Historia del cine universal...

Resulta gratificante cuando un gran director decide dedicar una cantidad de tiempo y esmero en recoger la vida de un director aún más grande que evidentemente le influenció, a él y a toda una generación; se demuestra más que nunca el amor profesado hacia el cine y hacia aquellos que ejercen dicha profesión. En 1.985 Wim Wenders realiza ¨Tokyo-Ga¨, donde profundiza en el universo de Yasujiro Ozu además de en diferentes aspectos de la realidad social del momento.
Diez años antes el vanguardista escritor y realizador Kaneto Shindo, responsable de ¨Onibaba¨, ¨La Isla Desnuda¨ o ¨Los Niños de Hiroshima”, decide hacer lo propio con Kenji Mizoguchi, con quien trabajó y a quien personalmente conoció. Este documental es, por tanto, un sincera mirada a un hombre nacido casi en el momento en que la primera cámara pisa suelo nipón y cuya obra cuenta en sí misma una historia del cine, del mudo al sonoro, de las producciones en cadena a la política de los autores, del blanco y negro al color; un cineasta moderno que se convertirá en un clásico, creador de un universo que pertenece a su tiempo y que se volverá atemporal.

Shindo coge a su equipo y recorre incansable los escenarios por donde Mizoguchi pasó, desde su nacimiento en Tokyo hasta su muerte en un hospital de Kyoto, lugar donde se inicia la aventura. Más tarde Shindo nos cuenta, en presencia del guionista Masashige Narusawa, donde residió la familia Mizoguchi hasta que, arruinada, se tuvieron que mudar a Asakusa, lugar famoso por sus teatros populares y barrios de prostitutas, que más tarde frecuentará el director de ¨Mujeres de la Noche¨; el padre, empujado por la pobreza, vende a su hija Suzuko y este hecho marca al pequeño Mizoguchi.
Pero obviamente hablar de un director cuya trayectoria abarca más de tres décadas es también hacerlo de la evolución del cine en el país, y así lo hará Shindo, cronológicamente, desde que su mentor, que vive en un Japón azotado por la crisis, los conflictos socio-políticos y el comienzo de la Guerra Sino-Japonesa, deja de trabajar en el periódico de Kobe y entra en la industria del cine como asistente de dirección gracias a la ayuda de Osamu Wakayama. Toda la narración de esta carrera se fundamenta en profundos y concienzudos testimonios de todos aquellos que trabajaron con Mizoguchi, gente del equipo técnico y artístico que relatan momentos de su evolución e intimidades de su agitada vida privada.

Después del gran terremoto de Kanto, que destruye Tokyo, el joven director es acuchillado en la espalda por una prostituta de un barrio de Kyoto llamada Yuriko; en los periódicos se habla de crimen pasional y el hecho le marca para siempre, a él y a su trabajo. Todos y cada uno de sus colaboradores, desde el diseñador de escenarios Matsuji Ohno hasta sus actores habituales, recalcan aspectos de su personalidad y su manera de ser fuera y dentro del set de rodaje; se le describe como un cineasta despótico y estricto, difícil de tratar, que exprime física y mentalmente a sus actores y equipo en cada toma con tal de alcanzar la perfección escénica a cualquier precio.
Pero también es un hombre algo naïve, sincero, educado, amable y comprensivo cuando la situación lo requiere, y muy comprometido con todos los que están a su cargo; fuera del set le gusta beber sake, gastar bromas y pasearse por los barrios rojos y burdeles. Dos encuentros con dos mujeres también le dejan huella: la primera es una bailarina de Osaka llamada Chieko, con la que se casará; la segunda es la actriz Kinuyo Tanaka, con quien trabajará durante años, y su buena relación le lleva a enamorarse de ella, iniciándose así un polémico rumor que trascenderá a las venenosas revistas del corazón, pues este amor jamás será confesado.

Pero es el trastorno mental de Chieko, causado por la sífilis, lo que realmente cambia a Kenji, que a partir de ese momento vive atormentado por la culpa, aunque lejos de resentirse su trabajo se vuelve cada vez más perfeccionista sin renunciar a sus principios y obsesiones, cuya máxima es la defensa de la condición femenina. El cenit de su creación artística en su última etapa es inaugurado por ¨El Destino de la Señora Yuki¨ y lo remata ¨Cuentos de la Luna Pálida¨, la cual lleva su fama a nivel internacional; para entonces ya es un artista consumado y reconocido y sólo le quedará realizar una obra maestra tras otra hasta su triste y prematura muerte en 1.956 a causa de leucemia.
Los entrevistados hablan de su autoritaria figura con una enorme admiración y respeto, a veces incluso con miedo, y les tiembla la voz cuando mencionan los últimos días de su vida, en especial Narusawa. Shindo conversa con colegas de profesión, ejecutivos de estudios y gente de la calle que conocía bien al maestro, incluso con su propia esposa Nobuko Otowa; Yoshikata Yoda aporta muchas anécdotas mientras las actrices (algunas conservando aún su inmensa belleza) Takako Irie, Kyoko Kagawa, Kakuko Mori, Michiyo Kogure, Isuzu Yamada, Machiko Kyo, Ayako Wakao y Tanaka, incomodada por el rumor de ese falso romance, hablan con honestidad y cariño de su padre cinematográfico.

Es muy triste que el director nos dejara tan solo con 58 años, porque quién sabe hasta dónde habría llegado. No obstante su influencia es enorme y su legado inolvidable, la obra de todo un genio que se halla en el panteón de los dioses del cine y que todo amante del mismo (sobre todo del japonés) debería acercarse a descubrir.
Su último trabajo es ¨La Calle de la Vergüenza¨, con el que se despide desde sus lugares predilectos, la calle y el burdel. En la memoria queda su frase más significativa: ¨Nunca comprenderás de verdad a una mujer hasta que te acuchille como a mí¨.



Me gusta (1) Reportar

Ficha Jóvenes Sicarios

dalton gellar

  • 4 Jun 2020

3


Jóvenes Sicarios
Bastante Floja sin mucho que ofrecer yo la historia la esperaba mejor aunque cierto punto se sigue bien incluso escenas que me parecieron injustas y como trataban a esos chicos luego uno espera acción y eso es lo que menos tiene.

El hijo de Clint no me parece gran actor lo he dicho algunas veces ni esta ni en diablo que era rara en este poca monta y si esperas acción hay pero a cuenta gotas.

Tampoco se destaca el final porque es muy predecible y hasta sin emoción la verdad me arrepiento de haberla comprado en otra que vea a Scott como protagonista paso de largo.



Me gusta (0) Reportar

Ficha Youth of the Beast

Mad Warrior

  • 4 Jun 2020

8



Youth of the Beast
Los Nomoto a un lado, los Sanko al otro y él en medio, un lacónico y duro ex-policía dispuesto a vengar la muerte de un antiguo compañero...y de paso derribar como si de un castillo de naipes se tratara dos pilares de la mafia de Tokyo, para lo que deberá usar toda su astucia y determinación.

No parece que sean tan malos tiempos en el panorma cinematográfico japonés para la vieja generación y la nueva, que es la que se está abriendo paso. En 1.963 llegan interesantes propuestas de los talentos de la Nueva Ola: ¨18 Delincuentes¨, ¨La Mujer Insecto¨ o ¨Madre¨; por su parte Naruse estrena ¨La Vida de una Mujer¨ y Kurosawa un inmenso ¨thriller¨: ¨El Infierno del Odio¨. Seijun Suzuki también destacará en esta época, poniendo todo su talento e imaginación tras la cámara y asumiendo un riesgo estético, formal y visual para disimular las baratas producciones que le son encargadas por Nikkatsu.
Este periodo lo inicia ¨Tantei Jimusho 23¨, donde el carismático actor Jo Shishido se une al director por primera vez en un papel protagonista tras haber colaborado varias veces con él de secundario (provechosa unión que terminará en la mítica ¨Marcado para Matar¨); su siguiente trabajo conjunto es la adaptación de otra novela de Haruhiko Oyabu, maestro nipón del ¨hard-boiled¨ y las ¨crook stories¨, cuyo guión será firmado por Keiichiro Ryu (uno de los ayudantes habituales de Masumura) y Tadaaki Yamazaki. El inicio, con el misterioso caso de suicidio de un detective policía, es el testigo de lo bien que se ha manejado Suzuki en el ¨noir¨ de influencias americanas.

Sin embargo, el tétrico blanco y negro, que encuentra una brecha en sus sombras a través del rojo intenso de una flor (innovadora técnica usada ese mismo año en ¨El Infierno del Odio¨), pasa rápidamente a color con la carcajada de una muchacha en plena calle, atestada del bullicio de la multitud y el salvajismo reinante. Un tipo con traje y sombrero blanco la cruza a golpes entre los maleantes que se ponen en su camino para dirigirse a su destino: una de las tantas salas de fiesta que pertenecen al clan Nomoto; donde su dureza le valdrá para hacerse miembro de él.
Un principio que destila el aroma de la literatura de Woolrich o Hammett y con el que Suzuki retorna al ¨noir¨ por la vía del más áspero cine de yakuzas. La historia se centra en las artimañas del misterioso protagonista, Joji Mizuno, de quien averiguaremos poco a poco, para enfrentar a dos familias mafiosas que gobiernan el lugar con su violencia y corrupción (esto es, una revisión de ¨Yojimbo¨ ubicado en el capitalista e inseguro Japón de comienzos de los 60) mientras intenta esclarecer la extraña muerte de su amigo Takeshita, fingida en suicidio, y para ello sólo ha de infiltrarse y ganarse la confianza de los repugnantes seres a los que tiempo atrás combatía como agente de la ley.

Suzuki aplica la crudeza propia de los films de yakuzas, en las que aún no destacan Fukasaku ni Gosha, y la elegante brutalidad de la novela ¨hard-boiled¨ y las cruza con un estilo más audaz que el de sus primeras obras, más estilizado y marcadamente influenciado por las tendencias de la ¨nouvelle vague¨ y las películas de James Bond (lo que no le sentaba muy bien a los ignorantes ejecutivos de Nikkatsu). Mientras las tensiones entre los Nomoto y los Sanko aumentan y los bolsillo se Joji se llenan (al más puro estilo de Sanjuro) más pistas y conexiones aparecen sobre ese asesinato/falso suicidio.
La clave está en cómo se presenta la tenacidad y dedicación del protagonista por la amistad, teniendo que verse actuando como los rastreros y cínicos gángsters a quienes manipula para llegar hasta el final en sus indagaciones, como todo antihéroe del ¨noir¨ policíaco que se precie; y este hostil entorno donde se suceden los continuos enfrentamientos, traiciones y mezquindades se acaba volviendo sugerente y fascinante por el atrevimiento visual de Suzuki, cuyos imaginativos detalles a destiempo (el uso del color sobre el blanco y negro, las visiones de la chica drogadicta, el cruzar la ficción proyectada desde la pantalla de cine con la realidad) dan forma a un imaginario único.

Como de costumbre en este género centrado en el ego, el honor, la fuerza y la maldad de los hombres, hay pocos personajes femeninos importantes, pero éstos cumplen con los estereotipos de la fémina del ¨noir¨ americano: las chicas valientes y atrevidas, las mujeres maltratadas por el sádico jefe y la presencia, casi necesaria, de una ¨femme fatale¨ que al principio no parece serlo y que jugará con las emociones del protagonista, aquí la atenta viuda del compañero de éste, quien guardará muchas incógnitas bajo su aspecto de inocente ama de casa, esperando a ser desveladas en un clímax intenso.
Pero no sin antes deleitarnos con la batalla (el fantasma de la guerra está siempre presente) entre los dos clanes enemigos, que el cineasta puede llevar a cabo de forma espectacular pues esta vez goza de un mayor presupuesto. Rodeado de geniales secundarios como Kinzo Shin, Eimei Esumi, Tamio Kawaji, Nobuo Kaneko y la siempre guapísima Misako Watanabe, que vuelve a hacer de mujer misteriosa con extrañas intenciones, se halla el fantástico Jo Shishido, encarnando a un personaje (con su mismo nombre, además) clásico del ¨hard-boiled¨ que le sienta como un guante y que le convierte en una de las más imponentes figuras del cine japonés de acción de la época junto a Ken Takakura, Tetsuya Watari o Bunta Sugawara.

A partir de entonces Shishido sería sinónimo de los films de Suzuki, quien se podría decir que con esta fábula yakuza ¨nouvelle vague¨ (la cual abrió el camino a la más rebelde ¨Marcado para Matar¨) logró romper esquemas en el ¨thriller¨ de serie ¨B¨ nipón y encontrar ese punto de inflexión en su carrera que tanto estaba buscando (aunque según él esto lo significaría la posterior ¨Akutaro¨).
Para Kitano, Woo, Sono, Ishii, Miike y sobre todo Tarantino esta obra fue de seguro una gran influencia.



Me gusta (1) Reportar

Ficha Memorias de un Inquilino (Historia de un Vecindario)

Mad Warrior

  • 4 Jun 2020

7



Memorias de un Inquilino (Historia de un Vecindario)
El Sol se alza, el polvo se aparta y sólo se ven son ruinas, aún en pie sobre un páramo cuya tierra es del mismo color de la ceniza. ¿Dónde está la gente?, ¿los hogares?, ¿los puestos?
¿Cómo será observado este entorno lamentable a través de los ojos de un niño?

En la 2.ª Guerra Mundial hay dos caras, la de los perdedores y la de los vencidos, y EE.UU. ha ganado por doble goleada: Hiroshima y Nagasaki, cuyos habitantes se retuercen en las llamas de un fuego que termina dejando tras su paso un deprimente y desolador paisaje. A comienzos de 1.947 se adopta una nueva Constitución bajo la presión de los ejércitos aliados y el emperador pierde su papel; se destierra el régimen militar, los presos políticos quedan en libertad y todo signo del Japón feudal se suprime, conquistándose así la igualdad de los ciudadanos, incluidas las mujeres. Pero esta democratización se ve frenada por el trauma, la vergüenza, el regreso de la miseria y el aumento de la criminalidad.
El cine, bajo control americano, atraviesa un mal momento. Quedan prohibidas las historias de tiempos feudales y se recrea el brutal panorama actual, pero nunca en contra de los invasores; Kurosawa, Mizoguchi y Naruse abrazan el neorrealismo desde un punto de vista liberal y contestatario. Por su parte, Ozu acaba de volver de su exilio en la guerra, tras ser arrestado por las autoridades y destruir los archivos de un film de propaganda realizado en su transcurso; de nuevo se instala con su madre, pero el Japón que observa es muy distinto, y ello le hace ponerse tras la cámara para rodar un drama escrito por su frecuente colaborador Tadao Ikeda.

El director sitúa esta cámara en las inmediaciones de una de tantas comunas ocupadas por gente pobre, que será el escenario principal, con el negro manto de la noche cubriéndolo todo cuando entramos a uno de esos desvencijados hogares. Dentro un hombre, Tamekichi, le habla a un espectro, quizás a una esposa desaparecida, y le insta a separarse de él, recordándole que se debe olvidar el pasado y vivir en el presente; de repente su compañero Tashiro entra junto a un niño, Kohei, aparentemente perdido, que le ha ido siguiendo desde la ciudad, y se propone dejarle pasar la noche con ellos.
Un comienzo como éste es señal obvia de que el drama marcará el devenir de los sucesos, pero Ozu es lo suficientemente hábil e ingenioso como para no abandonarse a los estereotipos del sentimentalismo, a los que otro cineasta neorrealista se hubiera acogido, y la reacción de Tamekichi al ver al pequeño lo atestigua. Tras su rechazo, Tashiro lo confía a otra vecina, Tane, una anciana igual de arisca y desagradable; en ese minúsculo grupo de viviendas nadie quiere ver niños, bien porque ya los han perdido en la guerra o porque nunca pudieron tenerlos, pero el sentimiento de parquedad y desprecio deja un poso incómodo, y el tono que el nipón desea imprimir resulta tan patético como desgarrador.

El avanzar de la trama se fundamenta sobre todo en la relación entre Kohei y Tane, iniciada desde la humillación, el desdén y el menosprecio; el rostro contraído y malhumorado de la anciana crea no así un extrañamente gracioso contraste con la rechoncha cara e impertérrita mirada de su infantil huésped. Poco después sabremos que el padre de éste fue a Tokyo a buscar trabajo y le olvidó, o bien decidió deshacerse de él según las amargas conclusiones de Tane, quien debe quedarse con el chico para su desgracia; alrededor de ellos se erige una sociedad hecha añicos que Ozu radiografía de cerca a través de una mirada cálida y entrañable, pero irremediablemente triste.
Los periódicos se apilan en puentes vacíos, sábanas rotas cuelgan de cuerdas viejas, niños huérfanos se entretienen pescando en el río; el ambiente transmite la intensa desolación de una sociedad que ha perdido todo. En uno de estos emotivos momentos que nos brinda el cineasta, se nos invita a una cena organizada por los vecinos (familia sin lazos de sangre unida por la miseria y la necesidad) tras ganar uno de ellos en la lotería; se recuerdan tiempos pasados, se cantan canciones antiguas, de cuando los artistas ambulantes alegraban las calles, pero estas canciones también hablan de la guerra.

Desde la cruda veracidad se describe el día a día de estas pobres gentes, que sobreviven con humildad, estoica resignación e incluso humor. Apelando de un modo necesario a la sensibilidad (que nunca desde el sentimentalismo), Ozu permite la unión de los dos personajes principales, donde poco a poco brota de entre las quejas, las riñas, los ceños fruncidos y las lágrimas un afecto cercano al amor materno basado en la comprensión, en la aceptación de lo que una vez no se tuvo y ahora sí por ironías del destino. Sin embargo el guión de Ikeda es exiguo, y ni él ni Ozu profundizan en las posibilidades que ofrece.
De hecho, el sueño de Tane se puede rompe antes de empezar con la llegada de aquel padre perdido, aunque esto no significa un desenlace triste; coronando el clímax con un discurso demoledor sobre el peligro del egoísmo individual y la necesidad del mutuo apoyo (el del pueblo japonés, que se deshace), transmitiendo así la intención del director, Choko Iida hace gala de una maravillosa interpretación, compartiendo protagonismo con el pequeño Hohi Aoki, con el que Ozu seguiría trabajando. En un segundo plano pero nada olvidados quedan Reikichi Kawamura, Mitsuko Yoshikawa y el siempre inmenso Chishu Ryu (aquí dándonos uno de los instantes más recordados de su carrera al cantar en la cena de los vecinos).

Pero el nipón también nos regala otras memorables secuencias, como la desarrollada en la playa de Chigasaki o esa con la cual desea concluir su fábula, con los niños huérfanos de la guerra alrededor de la venerada estatua del político y samurái Saigo Takamori, y que en un principio iba a ser desmantelada por el ejército americano debido a su simbología nacionalista.
El alegato final de Ozu es firme y su sinceridad hiela la sangre...



Me gusta (1) Reportar

Ficha La Señorita Oyu

Mad Warrior

  • 4 Jun 2020

9



La Señorita Oyu
Las ataduras de la tradición se encuentran cara a cara con los inopinados y tácitos lazos de un amor inconfensable.
Y de este encuentro sólo se puede esperar la más trágica de las desgracias...

La industria japonesa vive un momento de esplendor; su aceptación mundial por medio de ¨Rasho-mon¨ le abre las puertas a su nueva etapa, renovadora y donde muchos hallan la perfección de su arte. Uno de ellos es Mizoguchi, quien inicia la década con ¨El Destino de la Señora Yuki¨, primera de una tetralogía literaria de tonos sórdidos centradas en mujeres que son heroínas ordinarias, con las que el maestro allana el camino de su ansiada búsqueda de perfección formal y estilística. Al rechazar Toho su promesa de producirle la adaptación de ¨Koshoku Ichidai Onna¨, éste regresa a Daiei para dar vida a otra novela.
La obra se llama ¨Ashikari¨ y fue publicada en 1.932 por Junichiro Tanizaki, uno de los más atrevidos e importantes autores de la literatura moderna y especialista de relatos inmersos en ambientes eróticos, oníricos y poblados de fatales pasiones (suyas son ¨Manji¨, ¨Kagi¨ o ¨Shisei”, que serían llevadas al cine); Mizoguchi cuenta con Yoshikata Yoda y la acción transcurre a finales de la era Meiji en un entorno noble y sofisticado por donde constantemente planean las sombras de la desgracia, la hipocresía y la infelicidad. Dicha historia arranca con un matrimonio concertado en la más pura y estoica tradición.

El joven Shinnosuke es unido a Shizu, hija de una adinerada familia, pero en este matrimonio llevado a cabo por las de ambos no existe un verdadero sentimiento amoroso, y esto se reafirmará aún más a partir de que él contemple en los jardines donde está dispuesto a conocer a quien será su futura esposa a la hermana de ésta, Oyu. Será un flechazo tratado por el director como una versión más púdica del sufrido en ¨Rasho-mon¨ por Tajomaru al ver a la princesa Masago; la belleza y sutileza del bucólico entorno natural también actúa de catalizador de la pulsión amorosa en este caso. Desde el mismo instante en que los ojos del muchacho se posan sobre Oyu nada será lo mismo y sólo cabrá esperarse un destino trágico.
Es, en efecto, lo que sucede. Shinnosuke no se siente atraído por una dulce y dubitativa virgen, él desea buscar a una mujer cálida que (de un modo algo extraño y retorcido) sustituya a esa madre fallecida tiempo atrás, revelándose una sospechosa afección filial; sin embargo esto es cuando menos imposible ya que Oyu es una viuda atada a la familia política de su desaparecido marido, actuando su hijo pequeño como irrompible eslabón de esta cadena mantenida por el resignado respeto a las costumbres tradicionales, lo que Mizoguchi muestra sin tapujos desde la desgracia y el pesar. Poco a poco el amor del hombre aumenta mientras brotan los celos de la hermana, desplazada por un sentimiento no correspondido.

Dos puntos de inflexión marcarán el devenir de los sucesos: un golpe de calor que la dama sufre en plena calle, quien es inesperadamente atendida por Shinnosuke (de nuevo la naturaleza actuando ¨celestinamente¨, como catalizador de las pulsiones), y la irremisible boda entre éste y Shizu; el primero ata aún más al chico y revela una incierta sensación en Oyu (pues nunca sabremos si está o no está realmente enamorada debido a su obstinación y prudencia), el segundo quiebra la vida de los dos protagonistas y determina la siguiente parte del argumento.
Al descubrir Shizu las verdaderas intenciones de su esposo y su hermana (que ella supone convencida), propone un juego de apariencias y mentiras para convivir ambos como marido y mujer a los ojos de la gente pero como simples hermanos en la intimidad; así, el director vuelve a tratar el inmenso sacrificio de un personaje femenino por el bien de otros sin importar la propia desgracia, aunque ahora éste se hace en favor de otra mujer, la propia hermana. La atmósfera llegado este tramo es indudablemente asfixiante (Mizoguchi se esfuerza en hacer sentir al espectador como la pareja de casados) y llega en muchos casos a un marcado nivel de extrañeza.

Extrañeza por el desenfadado y casi infantil comportamiento que Oyu muestra para con su ahora cuñado Shinnosuke, y desde luego por el vínculo que se acaba forjando entre los tres, dominado desde las sombras por la imposibilidad de confesar el amor verdadero, la inexistencia de la felicidad y la cada vez más insoportable superchería. Mizoguchi introduce su cámara, escrutadora y áspera aunque haciendo gala de una gran belleza formal y un exquisito alarde de la técnica (destacando la fotografía de Kazuo Miyagawa y la edición de Mitsuzo Miyata), en esta turbulenta espiral de relaciones presagiándose en todo momento la avenida de un horrible suceso que al final resquebraje los muros del engaño y desvele la verdad.
La calumnia, las malas lenguas, el rechazo a admitir los auténticos sentimientos y la constante presencia de la amarga tradición (una nueva boda) termina por llevar a los protagonistas a la completa desgracia. Mizoguchi se centra todo el tiempo en las acciones, miradas y expresiones, enfocadas desde cierta distancia, del trío protagonista, que encabeza la siempre magnífica Kinuyo Tanaka en su papel de instigadora de la tensión, la duda y la incertidumbre; frente a ella y en el plano contrario una también sorprendente y joven Nobuko Otowa como la fémina abnegada y dispuesta al sacrificio personal, y el bueno Yuji Hori.

A todos los efectos uno de los más sutiles y tormentosos cuadros amorosos filmados por el cineasta, rematado en el último tramo con una sucesión de hechos fatales dividos por grandes elipsis donde un significativo intercambio de roles (la hermana se convierte en madre), las trágicas transferencias recíprocas (el peso del espíritu de Oyu reflejado en el kimono que llevará Shizu por el de ésta encarnado en su hijo) y una secuencia final tan desgarradora como cautivadora, recrearán las ineludibles ataduras del agrio y maquiavélico destino.



Me gusta (1) Reportar

Ficha La Loca Historia de los Tres Mosqueteros

Mad Warrior

  • 4 Jun 2020

2



La Loca Historia de los Tres Mosqueteros
Athos, Aramis y Portos, el orgullo de la Francia de Luis XIII, han vivido muchas aventuras, pero puede que ninguna tan emocionante (y absurda) como en la que debieron recuperar el liguero que Ana de Austria perdió entre las sábanas del duque de Buckingham.
¡Si Alexandre Dumas levantara la cabeza!

Ha habido muchos directores que han servido de trampolín para que artistas alejados de la industria cinematográfica se hicieran un hueco en ella y aumentaran su fama; el gran Mariano Ozores también formaría parte de este grupo dando salida a lo largo y ancho de su carrera a personajes ya conocidos, en el mundo de la canción, como Manolo Escobar o Pedro ¨Peret¨ Pubill, o de la televisión, como los mismos Martes y 13, el por entonces trío de humoristas que comenzó sus andaduras en la pequeña pantalla a finales de los años 70, consiguiendo gran popularidad.
Del programa ¨Fantástico¨ Josema Yuste, Millán Salcedo y Fernando Conde decidirían pegar el salto como anteriores y posteriores cómicos y protagonizarían su primera película, ¨Ni te Cases ni te Embarques¨ (aunque ya habían aparecido en ¨Sentados al Borde de la Mañana, con los Pies Colgando¨), que lograría un éxito más bien discreto. Tras esto se unen a Ozores, que ya lleva mucha filmografía a sus espaldas, para un proyecto firmado por el autor asiduo a la comedia y recurrente colaborador del anterior Juan José Alonso Millán (¨Los Novios de mi Mujer¨, ¨Nosotros, los Decentes¨).

Dicho proyecto es un paréntesis en la beneficiosa unión del director con el binomio Andrés Pajares/Fernando Esteso, el cual ha dado ocho películas, todas bien acogidas en taquilla (por desgracia, el final del triunvirato estaba ahí, a la vuelta de la esquina...), y consiste en realizar una revisión desde el humor absurdo de las peripecias de aquellos legendarios personajes del autor francés, ya adaptadas a la gran pantalla en varias ocasiones. Para Ozores la ocasión es perfecta, pues se vive gran afición por la parodia, triunfando las obras del trío Zucker/Abrahams/Zucker y habiéndose estrenado ¨La Loca Historia del Mundo¨, ¨El Sentido de la Vida¨ o ¨Dos Horas menos Cuarto antes de Jesucristo¨.
La película se inicia de forma genial a modo de burla del prólogo de Dumas, disponiéndose a presentar los manuscritos que narran las aventuras del grupo de héroes y DArtagnan, aquí sustituido por una entrada metalingüística indescriptible del trío cómico dando paso a la proyección, que, claro, protagonizan ellos mismos y dirige Mariano Ozores. Así conocemos a Portos, Athos y Aramis, recién salidos de la academia de mosqueteros y siendo llamados por la reina Ana para recuperar un liguero de joyas preciosas (que no unos diamantes) que se dejó en la mansión del duque George Villiers.

Y allá van los tres, sin ayuda de DArtagnan, en lo que será una constante de ¨gags¨ absurdos recogidos de la escuela Python aunque ejecutados sin ningún ingenio mientras las figuras históricas de Dumas se convierten en grotescas parodias más propias de una comedia de enredo: el cardenal Richelieu es un bufón con el vientre siempre descompuesto, su espía Milady de Winter una furcia de marca mayor con lujos tecnológicos a su alcance, el rey Luis XIII un patético individuo ignorado por su esposa y el duque de Buckingham un enano.
De por medio un puñado de anacronismos que elevan el disparate al paroxismo, incluyendo en la función coches, telediarios, walkie-talkies, mandos a distancia, anuncios, incluso unas motocicletas que usarán nuestros héroes para huir de los villanos y que defecan cuales caballos de cuadra (¡!). En general una imaginería histórica llevada su reverso más ilógico en la que por no faltar no faltan ni los números musicales a lo función de revista ni las peleas en el bar más propias de un ¨western¨ de Spencer y Hill, una imaginería que Ozores ya había parodiado con mejores resultados en anteriores títulos, como ¨El Liguero Mágico¨, ¨Brujas Mágicas¨ o ¨Cristobal Colón, de oficio Descubridor¨, también escrita por Millán.

Pero donde acertaba en éstas (siendo la primera la mejor y la segunda una simpática pero irregular locura; no contemos la última pues es un desastre equiparable al que nos ocupa), el director falla de pleno en ¨La Loca Historia de los Tres Mosqueteros¨, pues el guión de Millán, concebido para mayor gloria de los protagonistas, nos bombardea con chistes y bromas que creen tener gracia sin tenerlo, y eso es un error enorme; además el ritmo, en este tipo de comedias imprescindible que sea veloz, se ralentiza, se hace tedioso, parece que la película no avanza o no nos importa que lo haga pese a que los personajes cruzan muchos escenarios.
Y las culpables directas son las interpretaciones del trío de cómicos, que, si bien en sus programas de televisión o sobre el escenario demuestran ser unos genios (personalmente los considero de los más grandes del humor español), a la hora de actuar y hacer cine son de una incompetencia mayúscula; tras los malogrados Yuste, Salcedo y Conde se hallan Paloma Hurtado, Emilio Fornet, Juanjo Menéndez, Francisco ¨Blaki¨ Martín, José Lifante, la guapísima Roswicha ¨Nadiuska¨ Honczar, un Antonio Ozores que curiosamente no hace gracia y la sobrina e hija de éste, Adriana y Emma.

El resultado con Pajares, Esteso y Ozores en la piel de los tres mosqueteros habría sido fantástico...por desgracia no fue ese el caso y la película, pese a ser objeto de culto para muchos no logra situarse ni entre las comedias más regulares del director, cuya mejor parodia fue y será siempre ¨Al Este del Oeste¨.
Lógico es, porque lo entiendo perfectamente, que al final de la proyección Dumas se vuele la cabeza; si el autor viera el film en la realidad también lo haría. ¡Sólo hay una escena que me hace gracia!: cuando aparece DArtagnan, impoluto y dispuesto a llevarse las medallas, y los otros le pegan una paliza. Curiosamente los mosqueteros eran tres y se convirtieron en un grupo de cuatro, mientras que Martes y 13 menguaron a dos.



Me gusta (1) Reportar

Ficha Waru: Final

Mad Warrior

  • 4 Jun 2020

5



Waru: Final
La historia lo ha demostrado: un clan no puede soportar la existencia de otro en su propio territorio que es enemigo por naturaleza.
Así que cuando esto se produce sólo lo peor está por llegar: sangre, ambición y venganza, en definitiva una guerra de poder.

También cuando un cineasta nace para abordar un estilo o temática concretos no lo podrá disimular por muchos proyectos a los que se quiera dedicar entre tanto; podría citarse Johnnie To, especialista en el cine de acción cuya etiqueta no se quitará aunque llene su filmografía de comedias románticas absurdas. A Takashi Miike le sucede lo mismo con el cine de yakuzas, porque llegando a la mitad del 2.000 ya había metido sus dedos (y a una velocidad punta de cinco películas por año) en todos los géneros habidos y por haber, desde el terror o el drama al suspense y la fantasía...
Pero siempre que podía dedicaba una parte del año a una o varias películas de yakuzas, las mismas a las que se llevaba dedicando desde el inicio de su carrera. La que nos ocupa, en concreto, responde a una nueva colaboración entre Miike y el mangaka y guionista Hisao Maki, de quien ya había adaptado otra de sus obras aquel 2.006: ¨Big Bang Love¨. ¨Waru¨ arranca como cualquier fan desearía ver en uno de sus trabajos, entrando el protagonista en escena rodeado de un ambiente tan poético como sombrío y preparándose para entablar un combate en plena calle.

Una secuencia de apertura como ésta lleva sin duda el inconfundible sello del director: espadas, golpes y sangre en las tinieblas de la noche, y en plena calle; este áspero inicio al que acompañan un par de momentos aún más extravagantes si cabe da paso a las palabras de un narrador omnisciente que nos explica de manera rápida y concisa de qué va el argumento y quienes son sus personajes. Pues resulta que el tipo que freía a todos esos yakuzas a golpe de bokken al principio es Yoji Himuro, quien deja atrás sus años como delincuente para formar parte de la Chiheido, una organización secreta dedicada a combatir el crimen.
Organización liderada por Juro Sarashina (con el que mantiene una gran amistad desde que le salvó la vida en prisión) y la cual opera al margen de la ley sirviéndose de unos reprochables métodos para financiar sus actos; es decir, actuando casi de igual modo que aquellos grupos mafiosos a los que dice combatir (con lo que el sentido de la ética y la moral se tambalea bastante según sus principios...). Miike nos sitúa entonces, como sucede en todos sus films de gángsters, en mitad de una guerra de familias, la Chiheido y el grupo Kyokuto, cuyos líderes no se detendrán ante nada hasta asesinar a Juro y Yoji.

Esfuerzos que parecen no cumplirse, pues como veremos los encargados de dicha misión resultan ser una pandilla de energúmenos que lo único que hacen es verse envueltos en situaciones absurdas una detrás de otra; de por medio, el agente de policía Sakuragi, que observa el conflicto entre los clanes sin hacer absolutamente nada. Lo más curioso de todo esto es que, aunque el director haga ciertas concesiones a su estilo más alocado al comienzo y en puntuales ocasiones, la algarabía se va diluyendo para dar paso a una calma generalizada que gobernará durante la mayor parte del film, cuya atmósfera se torna más sombría y dramática de lo que en un principio podríamos haber imaginado. Miike retoma temas y claves de su cine.
Los lazos reparadores y redentores de la amistad, la posibilidad de iniciar una nueva vida lejos de la brutalidad del mundo criminal y la venganza como último objetivo existencial están aquí muy presentes, sin olvidar la manera en cómo retrata ese imperio de la traición, la codicia, la perversión, la locura y la maldad que es la yakuza. Pero el guión de Maki, que a partir de la media hora ya empieza a cogear, deja al descubierto numerosos fallos, tales como una trama que pese a sus buenas ideas (una misteriosa empresa que lucha contra el crimen, la amistad entre los protagonistas) no se desarrolla de manera convincente ni posee verdadera tensión e intriga, o unos personajes bastante superficiales (salvo quizás el de Sarashina) en los que no se profundiza como se debiera.

Algo a lo que no ayuda la insistencia de Miike por dar salida a su faceta más estrafalaria en algunos momentos (como la tortura con el elástico, versión ¨light¨ de la de ¨Audition¨) o en la bizarra caracterización de ciertos personajes, como tampoco el querer mantener el estilo del manga, creado en los 70, en la época contemporánea, lo que da pie a que todo se acabe convirtiendo en una esperpéntica parodia del clásico cine de yakuzas al que se pretende rendir tributo, algo que deja bien patente ese clímax del duelo bokken contra revólver sobre las lanchas (que boquiabiertos os puede dejar).
Pero sin duda el mayor error de ¨Waru¨ es cómo se prepara el terreno para una auténtica película de venganza y sangre y deja al espectador con ganas de ello, precisamente, porque promete y promete pero no lo da...y la sensación final es de decepción. Correctos Yoshiniko Hakamada, Keiko Matsuzaka y el propio Hisao Maki; el siempre fantástico Ryo Ishibashi aquí está más desaprovechado que nunca, tanto como la enigmática y extrañamente sugerente Kimika Yoshino, pero con su presencia magnética destaca por encima de todos ese Sho Aikawa, en su enésima colaboración con el director, que sólo precisa de su penetrante mirada para llamar nuestra atención.

Cine de yakuzas de ambiente oscuro y dramático, aires melancólicos y por momentos muy sosegados, al estilo de ¨Agitator¨, que no puede ocultar su condición de obra ¨freaxploitation¨. Miike cuenta con muchos elementos pero o no los aprovecha o no los tiene verdaderamente en cuenta.
Todo ello derivando hacia un pobre desenlace (muy pobre teniendo en cuenta ese epílogo) que queda abierto para una segunda parte. Así es, el cineasta, ni corto ni perezoso, realizaría una secuela el mismo año...¿merecía la pena?



Me gusta (1) Reportar

Ficha Cuestión de Justicia

dalton gellar

  • 4 Jun 2020

6


Cuestión de Justicia
Basada en una historia real cuenta la historia de este joven abogado Bryan y de su histórica batalla por la justicia y después de licenciarce en Harvard y recibe ofertas buenas sin embargo prefiere poner rumbo a Alabama para defender a personas que han sido condenadas sin tener culpa y que carecen de recursos con esto recibe apoyo de una activista local Eva y ahí se centrara en el caso de Jamie Fox que es sentenciado a pena de muerte por el asesinato de una chica de 18 años a pesar que las pruebas demostraban su inocencia.

Con buen ritmo a pesar de durar dos horas y más es una historia muy bien llevada con crítica hacia ciertos estados americanos que aún se ven envueltos en estas cosas y otra al racismo en este caso sólo la escena cuando la policía para al abogado en el auto de una manera grosera y violenta es lo que te pone a pensar ser afroamericano en Usa es difícil.

Las actuaciones son muy correctas destacando a Jamie Foxx que está muy bien en su actuación quizás la única pega es Brie Larson a mi esta mujer me aburre verla y su personaje no llena las expectativas.

Su final esta muy bien y llega a ser sensible sin pretenderlo más allá te ponen las imágenes reales y todo eso que le queda más bien aún.

Buena sobretodo si te gustan este tipo de películas se me hizo acordar a trial by fire que trata del mismo tema muy recomendable.



Me gusta (0) Reportar

Ficha Gente Pez

Parnaso

  • 4 Jun 2020

5


Gente Pez
Me la vendieron como un trozo de mierda y finalmente no ha sido tan nocivo para la vista. De principios del nuevo milenio, un par de amigos deciden ocupar el piso de una tía de ellos y realquilarlo para seguir subsistiendo, allí reunen a personas variopintas con diferentes costumbres que hacen que la convivencia sea algo incómoda.

No te partes el pecho ni crees que los personajes son interesantes pero no es tan mala como parece y a modo de curiosidad, decir que en una escena que enfocan un televisor, aparece Monedero como tertuliano de un programa.



Me gusta (0) Reportar

Ficha El Triunfo

Parnaso

  • 4 Jun 2020

4


El Triunfo
En un barrio problemático donde la droga es el pan de cada día, habitan grupos de personas que subsisten como pueden. Gandhi, interpretado fatalmente por Juan Diego, es el jefazo del barrio y un grupo de chicos que sueña con triunfar con el flamenco - lamentablemente poca buena música flamenta irrumpe- se entera de lo que sucedió con uno de los padres de ellos e intentan hacer de alguna forma justicia. La película desde un primer momento, con la narración inverosímil de uno de ellos nos avisa de la trama chusca que vamos a ver, los personajes son penosos, el desarrollo es endeble y las vueltas que dan al asunto queriéndole dar un aura serio, hace aguas por todas partes, lo que hace que la cinta termina cateando. Lo de Juan Diego es deleznable, su dicción que parece que se le va a caer la caja de dientes en cualquier momento es pésima y el resto es de risa...

No puede tomársela en serio.



Me gusta (0) Reportar

Ficha Campanadas a Medianoche

Parnaso

  • 4 Jun 2020

7


Campanadas a Medianoche
Algo complicada de ver, pues seguir el elogiable vocabulario de Shakespeare así la hace ser, no obstante, escucharlo es un auténtico placer. Orson dirige de forma mágica, dejando constancia de unas escenas personales fantásticas, y encarna asimismo al amigo obeso de Enrique V, Falstaff, que deja grandes momentos en el campo de batalla. En un principio es difícil coger el hilo pero en cuanto uno se sitúa la trama es fácil de seguir. Lo bueno es que la pantalla está cubierta de magia en todo momento y no puedes apartar la mirada. Es para verla más de una vez y sacarle así todo el jugo posible. De momento mi voto es de un siete.



Me gusta (0) Reportar

Ficha Casino (Casino de Scorsese)

TANO

  • 3 Jun 2020

8


Casino (Casino de Scorsese)
Conforme voy viendo cine de Scorsese, voy reconociendo claramente su estilo, y la verdad es que me encanta.
Esa forma de contar las cosas, desde varios puntos de vista, con todo lujo de detalles, la forma en que va fluyendo la historia, el montón de personajes involucrados y el como poco a poco, por pequeñas rencillas, errores, o directamente cagadas de unos u otros, algo que parecía perfecta va cayendo sin prisas pero sin frenos.
Si todo esto lo unes a unos magníficos actores (aquí repiten unos cuantos de su también magnífica ¨Uno de los Nuestros¨), tienes un producto que se sabe que no va a fallar.
Magníficos escenarios, una historia compleja, su buen toque de humor negro...
La verdad es que, pese a durar 3 horas, se me ha hecho muy amena.



Me gusta (0) Reportar

Ficha La Hierba Errante (Las Hierbas Flotantes)

Mad Warrior

  • 3 Jun 2020

8



La Hierba Errante (Las Hierbas Flotantes)
El teatro es a un tiempo humorístico y trágico, y podemos hallar en él grandes comedias cuya base o premisa es ciertamente dramática y viceversa.
Pero no hay teatro que enfrente más emociones que el de la vida, la comedia más alegre, el drama más desgarrador; el telón nunca cae, y si lo hace ya es para siempre...

En la década de los 50 la industria cinematográfica japonesa capta la atención del público occidental y entra en una etapa de gloria que jamás volverá a repetirse; Yasujiro Ozu alcanza también la cima de su arte con ¨Cuentos de Tokyo¨, obra maestra del cine universal que por desgracia es considerada ¨demasiado japonesa¨ para exhibirse en el extranjero. Otro hecho importante tiene lugar: puesto que el Festival de Cannes concede la Palma de Oro a ¨Jigokumon¨, insistiendo en la belleza de sus colores, esta técnica es bienvenida por muchos cineastas y productores.
Mizoguchi acepta el desafío en ¨La Emperatriz Yang Kwei-Fei¨, pero Ozu esperaría hasta 1.958 para ello con ¨Flores de Equinoccio¨. Tras esto, aprovechando la era de innovación en la que se halla el cine de su país, decide reinventar el suyo con el ¨remake¨ de una de sus más emblemáticas obras, ¨He Nacido, pero...¨, y en el mismo año se embarca en un proyecto similar, quizás sorprendido por el éxito del debut de Yasuzo Masumura, ¨Besos¨: adaptar a los tiempos actuales, manteniendo la estructura argumental pero cambiando el nombre de los personajes, ¨Historia de una Hierba Errante¨, que nos narra cómo en mitad de un caluroso verano llega a un remoto pueblo pesquero una compañía ambulante de teatro kabuki.

El ambiente, pese al sofocante calor, es de jolgorio y esperanza, la de los miembros de la compañía por lograr el éxito con su obra, pero el patrón de ésta, Komajuro, oculta un oscuro secreto: en el lugar vive su hijo Kiyoshi, fruto de un idilio con la dueña de un local, sin embargo la vergüenza (por su profesión) y la cobardía le han llevado a fingirse ante él como su tío, engaño que dura hasta el día de hoy; un secreto que será el desencadenante de una sucesión de infortunios cuando la nueva amante de Komajuro y su actriz principal, Sumiko, presa de los celos y la rabia, decida castigarle por su hipocresía.
Centrándose en la espiral de confusión desatada por ésta, en la que también se verá envuelta Kayo, convencida por Sumiko para seducir y confundir a Kiyoshi, la mentira para salvar las apariencias, la traición y las pasiones incontrolables (algo que anuncia ese calor omnipresente que impregna a los seres y vicia la atmósfera) son los motivos de una historia que destila pesimismo, amargura, cinismo, sensualidad y una rara violencia poco usual en el cine del director, quien la refuerza sirviéndose de sus característicos planos estáticos, cortos o generales, captando de mejor manera la crudeza de las situaciones.

Este flujo de planos que, a primera vista, parecen muy tranquilos y normales, se revela como un río profundo con una superficie apacible que oculta en su interior corrientes furiosas y destructivas, y si es costumbre en su obra el uso abrupto de las elipsis para evitar el exceso del melodrama, aquí se servirá de dicho recurso formal (además del mencionado) para crear una sensación de incomodidad y casi de desasosiego en el espectador y realzar la oscuridad lírica del conjunto. La tensión acumulada no tendrá otra vía de salida salvo la de la violencia (desatada en el último tramo del film), que afectará a todos y cada uno de los implicados.
Ozu trata con aspereza el conflicto en el seno de la familia y la desaparición de un mundo, el teatral y el real, tanto más cuanto que se establece una significativa conexión entre los personajes y los papeles que interpretan (así Sumiko, que blande la espada como Chuji Kunisada, será la instigadora de las tensiones, y Kayo se dejará llevar por los sucesos como por la música en la obra), siendo el mejor ejemplo Komajuro, actor dentro y fuera del escenario, algo de lo que su hijo le reprocha (¨tu personaje es demasiado irreal, no es creíble¨). Su irascible reacción cuando descubre el furtivo romance radicará en la creencia (por mecanismo reflejo) de que todos actúan como él; al no conocer otra verdad salvo la de las apariencias será incapaz de atisbar lo auténtico, los verderos sentimientos.

El director vuelve a enfrentar lo tradicional y lo moderno, esta vez usando el teatro como punto de partida (ese trabajador del puerto que se burla de la obra cuando el cartel es colocado en el establecimiento) y que sobre todo está presente en la relación entre el padre y el hijo. Ya éste le recrimina lo desfasado de su personaje en la obra, un hombre que, como él, está estancado existencialmente (prueba de ello es que, al contrario que Kiyoshi, quien evoluciona con respecto a los acontecimientos, Komajuro se resigna y regresa junto a Sumiko); esta confrontación incluso derivará en el violento rechazo del hijo al padre.
Ozu filma la acción dramática como si de una obra kabuki se tratase y hace gala de su habilidad para mostrar o insinuar de forma natural, reparando en pequeños detalles que le aportan sus sostenidos encuadres para ofrecer momentos de gran emoción, que intensifica la belleza plástica de la fotografía en color de Kazuo Miyagawa, mientras que la ligera partitura de Takanobu Saito proporciona musicalidad al movimiento, tanto de las secuencias como de los personajes, bien interpretados por un elenco donde además de Haruko Sugimura y un irritante y detestable Ganjiro Nakamura, cabe destacar la presencia de dos de las actrices más bellas e imponentes del cine japonés, Machiko Kyo y Ayako Wakao (que ya colaboraron en ¨La Calle de la Vergüenza¨).

Chishu Ryu, actor fetiche del director, tendrá en una breve aparición, al igual que Koji Mitsui, quien en la primera versión daba vida al hijo del protagonista (llamado Shinkichi), y Hitomi Nozoe y Hiroshi Kawaguchi demuestran (como en los films de Masumura) una gran quimica en pantalla.
Sin perder su inevitable condición de ¨remake¨, ésta pasa por ser una de las obras más notables de la última etapa de Ozu, la que además cerraría una era dorada para el cine nipón, reflexión a un tiempo grave y jovial del oficio del artista ambulante (hierba errante que flota eternamente en el río de la vida), fábula sarcástica y desgarradora sobre los falsos pretextos del corazón y el espíritu...y más ampliamente, farsa sensible y trágica sobre la existencia como necesaria aceptación de la traición.



Me gusta (1) Reportar

Ficha He Suspendido Pero... (I Flunked But...)

Mad Warrior

  • 3 Jun 2020

7



He Suspendido Pero... (I Flunked But...)
Qué recuerdos, aquellos días en los que uno estudiaba y soñaba con el futuro, aunque no eran más que sueños, porque a veces éstos se topan con dificultades para realizarse, y una de ellas es el empeño en superar, precisamente, la difícil vida de estudiante.
Qué recuerdos...

Han pasado siete años desde que aquel terrible terremoto azotó la Kanto quedando Tokyo reducida a un montón de escombros; para la industria del cine este es un duro golpe, pues la gran mayoría de depósitos de películas se han perdido, provocando que los recién creados estudios hagan trabajar constantemente a sus realizadores (sólo en 1.924 se filman casi 900 pequeñas obras). Las buenas relaciones con EE.UU. se pierden, la crisis económica en estos primeros años de la era Showa no hacen sino acrecentarse y surgen grupos de ideas fanáticas y ultranacionalistas, por lo que se prohiben los films de tendencias e ideales izquierdistas.
Artistas como Mizoguchi o Kinugasa tienen problemas con la censura, y más aún cuando se proclaman las elecciones de 1.928 con sufragio universal, que llevan a la encarcelación de los comunistas radicales, pero algunas películas son realizadas por productoras marxistas independientes; también se empieza a abordar el cine sonoro por temor a que el público elija el cine americano, pero la precariedad económica y el rechazo de los benshis ralentizan su generalización. Yasujiro Ozu, un joven de carácter conflictivo, lleva contratado tres años como director en la reformada Shochiku; estas obras son mudas, baratas, con actores no conocidos y casi siempre enfocadas en la comedia.

Y, en efecto, aquellos que conozcan bien la carrera del futuro maestro del costumbrismo y el neorrealismo nipón, sabrán que su última etapa difería mucho de la primera; porque Ozu, al ser joven, decide tratar ante todo la vida de la rebelde juventud de la época y el papel que ésta debe adoptar en una sociedad en crisis como es el Japón del 4.º año de la era Showa (aún no tiene cabida hablar de graves problemas familiares, conflictos entre padres e hijos ni hijas desobedientes). Junto su colaborador Akira Fushimi da vida a otra historia situada en los lindes del mundo universitario y las vicisitudes por las que pasan los estudiantes. Mundo por todos conocido.
Ahí se nos mete de cabeza con un fluido travelling sobre los nerviosos alumnos de una facultad, quienes se preparan para la temporada de exámenes, reflejando Ozu sin tapujos sus propias vivencias (ya que él mismo fracasaría en su intento de aprobar economías en la universidad de Kobe). Pero esto no está expresado desde la tragedia, sino desde la más pura comedia, siendo buen ejemplo de ello esas primeras escenas de los protagonistas intentan copiar en clase mientras evitan la atenta mirada de un maestro de aspecto ridículo, llegándose a los tonos de ¨slapstick¨ que Harold Lloyd y Buster Keaton practican en EE.UU., a quienes Ozu admira.

Pero esta admiración no sólo llega a los celebérrimos cómicos. En realidad al director no le tiembla el puso para poner de manifiesto su afición por la cultura americana (atención a las banderillas de universidades extranjeras, las revistas de baseball o ese póster del clásico de Robert Milton ¨Charming Sinners¨), cultura que más tarde será observada por él mismo como una amenaza para la sociedad japonesa pero que ahora celebra orgulloso. La historia atañe a un grupo de seis amigos que comparten un apartamento, pero sólo se centra en dos: Takahashi, que ha suspendido, y uno de sus compañeros, que ha aprobado gracias a la ayuda del anterior.
También aparecerá una chica que trabaja en un pequeño local vecino, y de la que Takahashi está enamorado. Ozu presenta este romance con la más absoluta inocencia y mojigatería mientras propone una versión tergiversadora de su anterior ¨Daigaku wa Deta, keredo...¨ (funcionando casi a modo de precuela, con su protagonista no pudiendo licenciarse esta vez). La comedia entonces se diluye dando paso al melodrama al mostrarse la resignada amargura de los que han suspendido y el conflicto que deben soportar el exitoso compañero de Takahashi, éste y la chica, de ahí que el optimismo inicial vaya desvaneciéndose poco a poco.

Aun con este ligero cambio de tono, algunos detalles engañosos más propios del ¨noir¨ dispuestos por el escenario (el cable de la lámpara en forma de soga, el cortauñas...) y la crítica, a un tiempo liviana y poco profunda, que se hace de la grave situación con respecto a la dificultad laboral y el poco entusiasmo de los jóvenes, no es un pesimismo que pudiera transformar el film en una tragedia, pues el sentimiento de esperanza está siempre presente (ese colofón donde los protagonistas animan a sus compañeros), cosa que dejará de ocurrir pronto en el cine de Ozu.
Por otra parte, éste hace gala de unos alardes técnicos que nada tendrán que ver con sus trabajos posteriores, en los cuales se acogerá a otros patrones dando un marcado énfasis por la sensibilidad y belleza de lo ¨estéticamente estático¨; aquí, al igual que en sus otros títulos del momento, la cámara desea captar la fluidez y el movimiento y se mueve por el espacio con soltura, como los personajes. No sólo hallamos al carismático actor fetiche del realizador durante este periodo, Tatsuo Saito, sino a dos jovencísimos Kinuyo Tanaka y Chishu Ryu, colaboradores recurrentes suyos y a quienes muchas memorables obras les quedarían por protagonizar; destaca también ese genial Ichiro Okuni como el profesor.

En resumen, una película amena, a ratos divertida, a ratos dramática, habitual dentro de las producciones de la Shochiku del momento y de la temprana filmografía del futuro creador de clásicos inmortales (¨Cuentos de Tokyo¨, ¨Primavera Tardía¨, ¨Un Albergue en Tokyo¨ o ¨Flores de Equinoccio¨).
Conviene señalar también la buena labor de montaje de Hideo Shigehara del que se provee Ozu para dotar de un ritmo tan fluido a la historia.



Me gusta (1) Reportar



Noticias + leídas

Lo nuevo de Prime Video: Juanma Bajo Ulloa, aliens y varias rarezas de género
Lo nuevo de Prime Video: Juanma Bajo Ulloa, aliens y varias rarezas de género
Dolph Lundgren se muestra sorprendido por el fracaso en taquilla de “He-Man y los Masters del Universo”
Dolph Lundgren se muestra sorprendido por el fracaso en taquilla de “He-Man y los Masters del Universo”
Las películas de terror que acaban  de llegar a Prime Video: monstruos, Bigfoot, venganzas y terror de serie B
Las películas de terror que acaban de llegar a Prime Video: monstruos, Bigfoot, venganzas y terror de serie B
Sandra Bullock y Nicole Kidman regresan en el primer tráiler de “Prácticamente magia 2”
Sandra Bullock y Nicole Kidman regresan en el primer tráiler de “Prácticamente magia 2”