Los Ojos de Tammy Faye (
The Eyes of Tammy Faye, 2021) recorre el ascenso y caída de Tammy Faye Bakker, una de las figuras más reconocibles —y controvertidas— de la televisión evangelista estadounidense.
Desde sus inicios humildes predicando junto a su marido Jim Bakker hasta convertirse en un fenómeno mediático millonario, la película retrata cómo la fe, el espectáculo, el dinero y el poder acabaron mezclándose de forma explosiva. Pero, más allá del escándalo, el film pone el foco en la mirada de Tammy: una mujer ingenua, excesiva y contradictoria, que defendió una idea de cristianismo más compasiva en un entorno cada vez más cínico.
El derrumbe del imperio PTL
Durante años, Tammy y Jim construyen un imperio televisivo basado en el entusiasmo, la emoción y la promesa de prosperidad. Sin embargo, cuando los problemas financieros del PTL salen a la luz y se destapan las infidelidades de Jim, todo empieza a resquebrajarse. Jerry Falwell, que había sido un aliado incómodo desde el principio, aprovecha el caos para tomar el control del ministerio, apartando a Tammy y dejando a Jim expuesto ante la justicia.
Jim acaba en prisión por fraude, y Tammy, de la noche a la mañana, pierde absolutamente todo: el programa, la casa, el dinero y la red de protección que la había mantenido a flote durante décadas. Es el punto más bajo de su vida, y también el momento en el que queda claro que, para muchos, ella siempre fue prescindible.
Tammy sola frente al mundo
Sin Jim, sin PTL y sin apoyos, Tammy intenta rehacer su vida en los años noventa. Se divorcia oficialmente, pierde a su madre y se enfrenta a un mundo televisivo que ya no quiere saber nada de ella. La película no oculta su deterioro físico ni emocional, pero tampoco la presenta como una víctima pasiva. Tammy sigue creyendo en su fe, aunque ya no tenga un púlpito desde el que predicar.
En este tramo final, la cinta subraya uno de los rasgos más honestos del personaje: su defensa abierta de la comunidad LGBTQ+ en un contexto religioso profundamente hostil. No era estrategia ni postureo; era coherencia con la idea de amor cristiano que siempre defendió, incluso cuando le costó prestigio y apoyos.
El concierto final: fe sin espectáculo
El clímax emocional llega cuando Tammy acepta, con dudas, participar como invitada en un concierto cristiano en la Universidad Oral Roberts. Ya no hay decorados grandilocuentes ni cámaras al servicio del espectáculo. Solo ella, un escenario y su voz.
Mientras interpreta
Battle Hymn of the Republic, Tammy imagina un gran coro acompañándola, como si reviviera el esplendor perdido. Pero esta vez no es arrogancia ni nostalgia vacía: es una forma de reconciliarse con lo que fue y con lo que ya no volverá a ser. Canta no para convencer ni para recaudar, sino para cerrar un ciclo.
Un final marcado por la coherencia
La película se cierra con un epílogo sobrio que pone cada pieza en su sitio. Jerry Falwell muere años después, Jim Bakker regresa a la televangelización tras salir de prisión, y Tammy continúa defendiendo causas sociales hasta su muerte en 2007, tras una larga lucha contra el cáncer.
Los ojos de Tammy Faye no intenta absolverla ni condenarla del todo. Su final deja claro que Tammy fue parte de un sistema corrupto, sí, pero también alguien que, incluso cuando todo se vino abajo, nunca dejó de mirar al prójimo con empatía. Tal vez su mayor contradicción fue también su rasgo más humano.
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