Ahora que cada dos meses nos llega una superproducción con criaturas generadas por ordenador y presupuesto descomunal, quizá sea buen momento para mirar atrás y recordar cuando los monstruos marinos eran viscosos, prácticos y no pedían disculpas por existir.
En Deep Rising, un grupo de mercenarios liderados por el carismático Finnegan es contratado para asaltar un lujoso crucero en mitad del océano. El plan es sencillo: entrar, reducir a los pasajeros y llevarse el botín. El problema es que cuando llegan al barco lo encuentran prácticamente vacío… y pronto descubren que algo gigantesco, con demasiados tentáculos y muy mal carácter, ya ha empezado el festín. Lo que iba a ser un golpe rápido se convierte en una lucha desesperada por sobrevivir atrapados en un buque convertido en matadero flotante.
Deep Rising nunca fue un éxito arrollador. Tampoco aspiraba a premios. Pero sí tenía algo muy claro: quería ser divertida. Y lo consiguió más de lo que muchos recuerdan.
Una serie B con presupuesto… y mala leche
Dirigida por Stephen Sommers antes de que se hiciera mundialmente famoso con La Momia, Deep Rising mezcla acción, terror y aventura pulp sin complejos. Un grupo de mercenarios asalta un crucero de lujo… solo para descubrir que algo mucho peor ya se ha adelantado.
La premisa es sencilla. Pero funciona. Porque la película entiende que lo importante no es la complejidad, sino el ritmo. Y aquí el ritmo no se detiene casi nunca.
Monstruos de los 90: viscosos y sin vergüenza
Sí, los efectos digitales han envejecido. Estamos en 1998. El CGI todavía estaba aprendiendo a caminar. Pero hay algo entrañable en esa mezcla de tentáculos digitales y efectos prácticos pegajosos.
El monstruo no busca realismo científico. Busca espectáculo. Y lo da. Hay mutilaciones, digestiones desagradables y personajes secundarios que no duran demasiado. Todo muy en la línea del cine de criaturas de los 80 y 90.
Y eso, hoy, casi se agradece.
Treat Williams y el carisma perdido
Uno de los mayores aciertos de la película es Treat Williams como Finnegan. No es un héroe solemne ni un líder moral. Es un tipo sarcástico, práctico y con pinta de que ha visto demasiadas cosas raras en su vida.
Ese tono desenfadado es clave. Porque Deep Rising no se toma demasiado en serio. Sabe que está contando una historia absurda y decide abrazarla.
Y eso marca la diferencia entre una mala película… y una película divertida.
El espíritu de los 90 que ya no vuelve
Hay algo muy concreto en Deep Rising: ese aroma a blockbuster mediano de los 90. Películas que no eran gigantescas como Jurassic Park, pero tampoco pequeñas. Cine de criaturas con aventuras exóticas, personajes exagerados y finales abiertos que prometían secuela (que nunca llegó, por cierto).
Es cine de sábado por la tarde. De videoclub. De carátula llamativa.
¿Por qué defenderla ahora?
Porque no intentó ser “oscura y realista”, no tenía miedo al exceso y pretendía reinventar nada, solo entretener. Y porque, si la ves con el chip correcto, sigue siendo una experiencia muy disfrutable.
Deep Rising no es un clásico intocable. Pero sí es una película honesta con su propuesta. Y eso, en el cine de monstruos, vale mucho más de lo que parece.
La película tiene su punto pero le alta una aparición mas activa y clara del bichejo en cuestión. Siempre se está obviando que está ahí pero para mi gusto podrían haberle dado más imágen, aún así cumple con su cometido y entretiene.
Película de culto!. Para pasar un buen rato y desconectar. La típica película que si la echan en la tele la vuelves a a ver. Siempre me ha encantado el final, esa plano que se va abriendo de la isla...
Martyrs
#1
La película tiene su punto pero le alta una aparición mas activa y clara del bichejo en cuestión. Siempre se está obviando que está ahí pero para mi gusto podrían haberle dado más imágen, aún así cumple con su cometido y entretiene.
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