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Ficha Capitán Fantástico

DE NIRO

  • 25 Nov 2024

7


Capitán Fantástico
Conmueve desde el comienzo el ver a esos niños siendo criados fuera de la civilización, ideando un mundo donde no hay posesiones materiales, Viggo Mortensen es el padre hippie, sus seis hijos son educados por él, quizás es un tanto naif el creer que eso exista pero me da buenas vibras el créer que un mundo donde las demás personas importen y no todo sea el tener lujos y cosas materiales.



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Ficha En este Mundo Traidor

TANO

  • 24 Nov 2024

5


En este Mundo Traidor
James Stewart es un detective privado, que se ve envuelto en una conspiración contra un cliente suyo y acaba enviado a prisión, escapando por el camino, con la mala suerte de encontrarse con uan chica (Claudette Colbert) a la que tiene que secuestrar para que no le delate, y con la que comienza una relaxión -para mi forma de verlo- bastante tóxica, por puro síndrome de estocolmo.
Así que tenemos por una parte la intriga que envuelve a nuestro protagonista, y por otra el intento de comedia romática, y creo que la película no funciona en una ni otra dirección.
Reconozco que toda la parte de la huída de Stewart con Coldbert tiene su parte divertida, pero a un nivel bastante bajo, no consiguió hacerme gracia de verdad en ningún momento. Pero al menos, toda esa primera mitad es bastante entretenida. El problema llega luego, donde la trama da bastantes palos de ciego para llegar a una conclusión bastante cogida por los pelos.
No se, quizá ha sido una de estas veces donde no estás al 100% metido en la película y no la disfrutas debidamente, pero a mí al menos, me ha resultado más regulera de lo que me esperaba.



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Ficha Pedro Navaja

Pedro Otero Serrano

  • 24 Nov 2024

6


Pedro Navaja
Película mexicana que viene a ampliar el foco de la archiclásica canción de Rubén Blades, del mismo título, y que lo hace además con encanto ya que rezuma una suerte de autenticidad un tanto idealizada, sobre todo en lo que se refiere a la ambientación nocturna, - excelente la música de Los JOAO y PEPE AREVALO -, y al perfil de los personajes que llegan a alcanzar sentida encarnadura. Todo esto con actores discretos, - alguno muy malo -, y una realización más bien torpona y titubeante. Lo mejor, el regocijante “videoclip” final, con el desarrollo de la letra de la canción… ilustrada fotograma a fotograma.



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Ficha Volar por los Aires

Mad Warrior

  • 24 Nov 2024

6



Volar por los Aires
Uno de los mayores alicientes que encontramos en esta película, si no el mayor, es poder ser testigos de un enfrentamiento cara a cara entre dos de los mejores actores del cine norteamericano, Jeff Bridges y Tommy Lee Jones.
Uno de los mayores inconvenientes que enfrentó el bueno de Stephen Hopkins, si no el mayor, es que otra película de acción explosiva (literalmente) ya se había estrenado antes, y era imposible sobrepasarla: “Speed“.

A la sombra del taquillazo de Jan de Bont vivirá siempre “Volar por los Aires“, un homenaje que la pareja de guionistas Joe Batteer/John Rice quiso hacer al cuerpo de artificieros, un guión que acabó en el seno de MGM, cuya suerte no era demasiado buena por aquel entonces, un guión que Hopkins rechazó realizar en primera instancia por, según dijo él, los clichés del género y su incapacidad para ofrecer historias realmente emocionantes y realistas. Lo que yo me pregunto es si de verdad este señor prestó atención al guión que estaba leyendo y que al final decidió aceptar.
Con Bridges y Lee Jones a bordo el proyecto comenzó en Boston, donde se ubica la historia, provocando algunos disturbios en la ciudad debido a la eficacia del equipo de efectos especiales. Pero todo empieza muy lejos aquí, en el interior de una cárcel de Irlanda, y no dudo del talento de Lee Jones, pero querer hacer pasar a un nativo de Texas por un irlandés resulta curioso; lo que sí hace este prólogo es enganchar, presentarnos la fuga de ese Ryan Gaerity, un villano siniestro y completamente repelente, que pone el listón muy alto, nos hace tener expectativas...las cuales, por desgracia, se disipan con esa típica jugada de manual que tanto detesto.

Y es la manía de cortar el suspense que está generando una situación y trasladar la historia a un tiempo futuro. Aquí, de repente, han pasado muchos meses, la atmósfera lúgubre y seca del principio da paso a un clima soleado y música “rock“, y entonces vemos a Bridges con unas pintas que recuerdan al Michael Douglas de “Black Rain“, también conduciendo en moto. La credibilidad vuela también por los aires. Bridges dijo en entrevistas que, en su preparación para el papel, acompañó a varios equipos de artificieros; ¿sirvió de algo aquéllo?, ¿sirve de algo que en los créditos finales el film se jacte de su tributo a dichos especialistas?
De nada sirve. Porque aquí son unos puñeteros incompetentes ridiculizados por el ficticio héroe de turno (Dove) que se mete de paisano al lugar de la acción cual McClane de hacendado. Bridges, con lo brillante que es, no puede embellecer las estúpidas escenas que su héroe aborda al intentar desactivar una bomba en un instituto (o algo así) y salvar a una chica en apuros; la situación que el guión prepara, así como la tensión generada, son ridículas: una bomba-trampa no tiene que ser tan extremadamente enrevesada y no va a estallar ninguna bomba en la escena de presentación del protagonista por razones obvias. No hay suspense real.

El cliché, la intriga artificial, los arquetipos son la seña de identidad hasta el final, sin ninguna vergüenza. Sí es cierto que Hopkins da ritmo a las imágenes y consigue excelentes tomas de acción, en parte gracias al montaje ágil de Tim Wellburn; también sucede algo muy interesante a medida que avanza la trama, y es que se profundiza en las emociones y la psicología de los personajes (algo poco corriente en el cine de acción norteamericano), quienes comparten, para más inri, un turbio pasado común como terroristas en la Irlanda de los años del I.R.A..
Unir a héroe y villano es ingenioso, y también hacer de éste un vengador lleno de odio en lugar del clásico chiflado que pone bombas y exige que le paguen millones, como el Dennis Hopper de “Speed“. Bridges y Lee Jones, pese a la sobreactuación a la que llegan (en especial el segundo, que básicamente repite a su villano de “Alerta Máxima“, aún más pasado de vueltas), consiguen dar una humanidad creíble a sus respectivos personajes. Pero el guión atenta sin cesar contra estas buenas pretensiones por culpa de su reciclaje de clichés y sus inverosimilitudes; la mayor: ¿cómo demonios consigue Gaerity meterse en las casas de todo el mundo sin ser visto?

Bueno, nosotros tampoco le vemos, eso queda en incógnita. Pero aún hay algo más incomprensible: ¿por qué querría el villano arriesgarse a ser descubierto por el héroe? Porque eso hace, exponerse todo el tiempo con sus ocurrencias (la cinta de vídeo enviada a la comisaría, qué metedura de pata tan enorme). Mientras, Suzy Amis hace bulto y poco más; se supone que es la esposa de Dove, pero la trama se la quita de en medio y la convierte en una potencial víctima, sólo eso, y Lloyd Bridges, padre de Jeff, interpreta al mejor personaje.
¿Pero por qué el guión, una vez más, prepara para él una situación tan ridícula? (una bomba tiene que explotar, ése es su fin, punto, ¿quién se tomaría tantas molestias para adornarla de forma tan estrafalaria?). Pero ni las escenas de acción, ni la elección de casting, ni la intensa dirección tuvieron la aprobación de la crítica, y poco más hizo en taquilla. Las ondas expansivas que dejó “Speed“ un mes antes aún se sentían, y De Bont tendría que agradecérselo a los ejecutivos de MGM, quienes, con el éxito de taquilla en la cabeza, retrasaron el estreno de “Volar por los Aires“ a Julio, pensado originalmente para la primavera.

Unos genios cuya bomba les estalló en toda la cara...



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Ficha Al Otro Lado de la Ley

Mad Warrior

  • 24 Nov 2024

9



Al Otro Lado de la Ley
Jodido Steven Zahler, que me ha rajado el vientre, ha metido la mano dentro, ha removido mis tripas y las ha tirado al suelo sin compasión. No había ninguna llave dentro, sino mi incredulidad, bañada en bilis, debido a todas las cosas tan horribles y deprimentes que estaban sucediendo ante mis ojos.
“Nos vamos a meter en un mundo nuevo, un mundo turbio“, dice el personaje de Vince Vaughn. Sí, una jungla urbana envuelta en tinieblas donde hay que cazar leones antes de que ellos te devoren a ti.

Que gentuza como Yorgos Lanthimos, Greta Gerwig o el puñetero Zack Snyder tengan todas las oportunidades para trabajar con los grandes estudios de Hollywood y Zahler no es una de las mayores injusticias del panorama cinematográfico actual. Al él le da igual, sabiendo su opinión sobre los productos que fabrica la industria, todos “llenos de píxeles, movimientos de cámara y mensajes“; ocupado con su trabajo de escritor y compositor, por ahora, con “Al otro Lado de la Ley“, ha engendrado una trilogía de género que rezuma algo que esos mencionados productos y sus respectivos creadores nunca serán capaces de darnos: cine, en estado puro.
Con Mel Gibson a bordo gracias a la influencia de Vaughn esta fue la obra más costosa del de Florida, metiéndose aquí de lleno en la tradición del “hard-boiled“, situando su historia, desde el principio, en las aceras, en callejones nocturnos de los suburbios de Vancouver, envueltos en tenues luces. Un trabajo de fotografía y puesta en escena soberbio para trasladarnos a unos ambientes tan crudos y realistas como a la vez desplazados a un entorno sofisticado sólo correspondiente a la creación cinematográfica. A Quentin Tarantino se le haría la boca agua viendo esta película.

Y al igual que él, Zahler también disfruta dilatando el tiempo que necesitan sus personajes para moverse por el espacio e interaccionar entre ellos. Los que se quejan del ritmo y de la duración de las escenas, y del metraje en general, no entienden nada de nada; el director también es escritor, y en un libro el escritor se toma mucho tiempo describiendo a un personaje y el entorno en el que está moviéndose, y eso es lo que hace Zahler, pero en lugar de una pluma está usando su cámara. Da tiempo a sus personajes para moverse y al espectador para familiarizarse con esta atmósfera y dejar que poco a poco penetre en ella.
Una atmósfera espesa, viciada de tensión, hiperestilizada en su uso de las sombras y las luces (Benji Bakshi es un genio). Mientras Johns (brutal Tory Kittles) sujeta el bate de baseball frente a la puerta de su madre lo único que se escucha es el silencio del entorno; ser parte de esos silencios y lo que aguarda bajo ellos es el elemento que mejor maneja el director. Si algo se respira es suciedad y pérdida, porque este es el mundo de las lacras que sobreviven arrastrándose bajo el asfalto, y nos conviene visitarlo mucho antes de la presentación de los protagonistas, Ridgeman y Lurasetti.

Como un Martin Riggs amargado al que Murtaugh se le murió hace mucho tiempo, Gibson ofrece la cara más negra de los héroes de acción que interpretó antaño, acompañado ahora por un Vaughn de nuevo genial a las órdenes del director. No son dos policías corruptos, sino dos dinosaurios incapaces de entender el mundo en el que viven, y aquí Zahler no hace ninguna concesión a la corrección política; de hecho, y es de agradecer que alguien lo haga, se atreve a observar anomalías de la sociedad actual que otros evitan siquiera comentar por miedo a las típicas reacciones.
Pero el racismo de ciudadanos negros a blancos existe, y la prostitución, y la brutalidad policial, y la actitud demasiado indulgente con los criminales y demasiado condenatoria con la autoridad, y el venenoso sensacionalismo del que hacen gala los medios, y la inmediata indignación por la discriminación hacia una minoría (negros y latinos, ¿minoría en EE.UU.?...¿desde cuándo?). Anomalías a las que Zahler mira de frente con un espíritu reaccionario, pero también honesto y sin pelos en la lengua, o más bien lo hace a través de los ojos del policía de Gibson, especie de contemporáneo Harry Callahan, suspendido por su brutalidad en acto de servicio...

No nos cuesta entonces, al menos no a un servidor, simpatizar con Ridgeman, independientemente de sus opiniones o visión de la sociedad. Con una esposa coja, ex-policía además, y una hija amenazada por los niñatos cabrones del barrio, lo lógico es que quiera cambiar de vida lo más rápido posible.
La corrupción no es moralmente reprochable en esta ocasión ya que él y Lurasetti son ahora civiles. El guión entonces, muy al estilo “tarantiniano“, presenta un buen número de personajes que poco después irán cruzándose por acto de mala suerte. Sin embargo Zahler no se pega a ellos como debiera...

Es al menos curioso. Dedica tiempo, mucho tiempo, al trabajo de investigación en el que se embarcan los protagonistas, dejando la acción a un lado y recreándose en la tediosa rutina que subyace al género policíaco/criminal, raramente vista en el cine. Andrew Dominik, por ejemplo, supo mostrarla bien en “Mátalos Suavemente“ (al igual que Tarantino o Kitano). Largas esperas y conversaciones insignificantes, pero de algún modo necesarias para humanizar a los personajes y hacer que el espectador sea parte del momento, se suceden una tras otra; es un deleite para los oídos escuchar a Gibson y Vaughn enzarzarse en esas afiladas discusiones que parecen escritas por el mismísimo Elmore Leonard.
Por desgracia la atención minuciosa que se pone en las situaciones y en el desarrollo del argumento no sucede de igual manera con los personajes. Les conocemos y les vemos actuar, pero el tiempo dedicado a ellos es menor; si el metraje se alarga hasta más de 2 horas y media es necesaria otra hora para profundizar en las vidas de la esposa malograda y la hija de Ridgeman, la prostituida madre de Johns y su hermano paralítico, la de la novia de Lurasetti, y a su vez en las relaciones que todos ellos mantienen. Estos individuos piden a gritos entrelazarse y compartir su intimidad y sus emociones, pero quizás eso sea demasiado humano para el mundo tan inhumano que concibe el director...

El ejemplo más claro reside en el personaje de Jennifer Carpenter. Se derriba otro cliché: en todas las películas de acción norteamericanas estamos acostumbrados a ver a una persona anónima siendo asesinada por el villano de turno, sin causar el más mínimo efecto; es un extra, no influye en el espectador. Pero Zahler se recrea en la existencia que acaba de imaginar para Kelly Summer, en su frustración, su dolor, otra perdedora más de un sucio mundo de perdedores, madre de un bebé y trabajadora del banco que va a ser atracado. Pese a este ejercicio de introspección tan extraño está claro que va a ser asesinada (lo lleva escrito en la frente con letras enormes).
La trampa está servida con una mala sombra digna de Sam Peckinpah. Ahora se nos quedará en el hígado la imagen de la pobre Kelly con las manos destrozadas, presentada y asesinada en menos de 5 minutos; pero ojalá el guión la hubiese desarrollado más, igual que a la esposa y la hija de Ridgeman, la madre de Johns y la novia de Lurasetti. Una lástima que las mujeres no tengan mucho protagonismo en el cine de Zahler, porque aquí podrían construirse un par de personajes fuertes y carismáticos (para eso están Carpenter, Laurie Holden y Vanessa Calloway en el reparto).

El 3.er acto, que engloba la persecución de ese grupo de espeluznantes ladrones expertos por Ridgeman y Lurasetti y su enfrentamiento en las afueras es una clase maestra de cine. Zahler recuerda a Melville: su tratamiento de la dilatación del tiempo, casi trascendental, acumula la tensión hasta lo insoportable y la libera en dosis de ultraviolencia áspera, abrasiva. Sin piedad.
Por otro lado habría que viajar a los “hard-boiled“ de Westlake para hallar un escenario criminal donde la rabia, el odio y la codicia dominasen con tanta eficacia a los implicados en la trama. Los pequeños giros que se van sucediendo en este escenario único, de nuevo oculto por las sombras, son siempre sorprendentes.

Queda un sabor amargo y una confusa sensación. ¿Quién debería haber ganado y haber perdido? Quizás lo más apropiado, como sucedía en el cine clásico de criminales en el que se inspira el director, es que todos hubiesen perdido, al fin y al cabo nadie gana nunca en este mundo. ¿Pero qué más da la baja recaudación o algunas malas críticas de ignorantes que no entienden nada?
Con no mucha frecuencia aparece en el cine actual una obra tan contundente, sólida y directa. Zahler es una gran promesa, un heredero de Don Siegel, Walter Hill o Peckinpah en toda regla, de los cineastas duros de antaño que hablan de tipos duros, situaciones duras y un mundo duro. Sólo podemos esperar que su siguiente trabajo no tarde en llegar...



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Ficha Zatoichi 21: Zatoichi Goes to the Fire Festival

Mad Warrior

  • 24 Nov 2024

6



Zatoichi 21: Zatoichi Goes to the Fire Festival
Cuando los “60 llegaron a su fin no significó que la saga de “Zatoichi“ también fuese a acabar, por mucho que Daiei estuviera a punto de caer en la bancarrota. Todavía le quedaba fuelle gracias a que Shintaro Katsu iba a ocuparse de la producción.
Y “Zatoichi to Yojimbo“ fue la declaración de intenciones perfecta.

Coprotagonizada por Toshiro Mifune, en calidad de amistosa colaboración, y dirigida por el maestro Kihachi Okamoto, nada menos, aquella 20.ª entrega, por desgracia, no consiguió situarse a un nivel superior con respecto al resto de la saga; visual y estéticamente, tal vez, pero carece de la emoción y la épica que necesitaba un encuentro entre los titanes que la protagonizaban. La buena recepción, sin embargo, sirvió a Katsu para volver a ponerse en la piel de su álter-ego una vez más, ejerciendo de productor, de guionista y reclutando a su fiel colaborador Kenji Misumi, quien veía su futuro muy negro ante la disolución de su compañía...
“Abare Himatsuri“ posee dos cosas que entran en conflicto desde el principio. Lo primero es la contratación del legendario director de fotografía Kazuo Miyagawa y el director artístico Yoshinobu Nishioka, quienes ofrecen una puesta en escena y un trato de los colores más elaborados que de costumbre, lejos del estilo plano de las anteriores entregas. Un deleite visual. Lo segundo es una irregularidad narrativa que regresa a los torpes guiones de, asimismo, las susodichas anteriores entregas, porque los primeros veinte minutos (donde vemos a Zatoichi desde enfrentarse a divertidos obstáculos en su peregrinaje hasta ser el objetivo de un ronin que erróneamente cree que se ha acostado con su esposa) son absolutamente inútiles.

El ronin en cuestión es Tatsuya Nakadai, invitado por Katsu tras su colaboración en la epopeya épica “Hito-kiri“, pero su presencia, aunque estemos hablando de un enorme actor, es menos que insignificante; igual que Makoto Sato en “Kenka Daiko“ u otros antes a él, no tiene ninguna conexión con la trama que se desarrollará ni con los personajes que interferirán en ella, sólo es otro de los habituales adversarios finales del protagonista. Un desperdicio casi ofensivo. Pues terminada esa introducción se abre una nueva historia, como si nada hubiese pasado.
De los muchos invitados de prestigio en esta entrega sobresale Masayuki Mori, quien interpreta a uno de los mejores villanos de la saga. La conspiración organizada por su personaje, un cruel jefe yakuza también ciego, a espaldas de Zatoichi para asesinarle, es el pilar que sostiene el argumento; podría ser esta una versión torcida de la primera película, en la que un daimyo ofrecía su techo al protagonista y éste se aprovechaba de la lucha de clanes que tenía lugar en el pueblo, pero aquí la lucha es contra él, únicamente, mientras el jefe hace sus propios planes a espaldas de todos. Es también una sorpresa volver a ver a una villana, encargada de matarle.

En este caso la joven Reiko Ohara, prestada por Toei, como Okiyo. Su actitud sibilina e hipócrita crea un buen personaje femenino fatal...desgraciadamente, para no romper la tradición, le sucede lo mismo que a Yumiko Nogawa en “Hatashi-jo“: de mala pasa a buena en poco tiempo, y entonces se convierte en otra de las muchas enamoradas de Zatoichi y, por inercia, en víctima usada por el villano principal. Esto es una patochada, es destrozar un personaje original para ofrecer al público un posible romance arquetípico (que de todas formas se sabe que no se consumará, no es un secreto a estas alturas...).
Y no sólo sucede con Okiyo. Hay muchos secundarios en los que el guión debería profundizar, pero quedan en meros esbozos, que van y vienen, o aparecen y luego se esfuman; como mejores ejemplos están los de Ko Nishimura y el popular artista de variedades Shinnosuke Ikehata (presentando aquí al primer personaje abiertamente homosexual del género “ken-geki“, una completa novedad). Para compensar esto, Mori logra una caracterización brillante en la piel del jefe Yamikubo, y no pocas veces se adueña de la película con su genuina maldad.

Tampoco se queda atrás Misumi, que realiza aquí algunas de las mejores secuencias de acción de la saga, circulando entre la tensión, la violencia extrema y el humor ligero; pocas veces este contraste se combinó tan bien, pero la estrambótica pelea en los baños públicos (que hay que ver para creer...) y en especial todo el memorable clímax (donde el director hace un gran uso de los elementos del fuego y la oscuridad y Zatoichi se convierte en una especie de monstruo inmortal) son suficientes para demostrarlo.
Teniendo el futuro de la franquicia en sus manos, Katsu empleaba más recursos y más dinero para sorprender a los fans, con el añadido de ir cruzando fronteras en temas de violencia y libertad sexual. Y visual y estéticamente pocas entregas igualan a “Abare Himatsuri“, pero lo que el actor necesitaba más que cualquier otra cosa era un guionista inteligente...



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Ficha Zatoichi 19: Samaritan Zatoichi

Mad Warrior

  • 24 Nov 2024

5



Zatoichi 19: Samaritan Zatoichi
Kimiyoshi Yasuda, uno de los directores que mejor exploró el lado débil del espadachín-ronin ciego, hizo lo propio en “Hatashi-jo“ y además introdujo a una villana, interpretada por la gran Yumiko Nogawa.
Aunque al final cambiaba de parecer y se volvía buena resultó un atractivo y original elemento. Pero ahora nuestro querido héroe tiene que, por enésima vez, convertirse en guardaespaldas, y le toca el turno a una bella joven.

Kenji Misumi siempre buscó sorprender sin poner en peligro el factor comercial, para eso era un director de encargo. Para la 19.ª entrega, “Kenka Daiko“, casi se dejó arrastrar por Shintaro Katsu, mientras, a su vez, éste requirió la participación del veterano Hisakazu Tsuji, ya que la película que había producido poco antes para su rival Raizo Ichikawa aquel mismo año, “Hitori Okami“, había sido un éxito. Eso es lo que parece perseguirse: el buen rendimiento en taquilla, será esa la razón de que tengamos que ver, de nuevo, a Zatoichi siendo rebajado a un torpe de quien todos se burlan durante ese inicio nada prometedor...
Lo que hace despertar dudas es ese guión, escrito primero por Hisashi Sugiura, modificado por otro (Kiyokata Suruwaka) y luego vuelto a reescribir (por Tetsuro Yoshida, uno de los responsables de la buena “Kessho Tabi“), y esta situación se revela, inevitablemente, en el argumento. Lo que debería haber sido el clímax se presenta al principio: la deuda que unos yakuzas quieren zanjar con un jugador y bebedor, nada agradable como para que su muerte nos despierte la más mínima lástima. Lo extraño es que Zatoichi quiera unirse a esta misión encargada por un miserable oyabun simplemente por seguir el código yakuza.

Que acepte por dinero puede ser, pero, ¿por qué sigue apegado a este código si sólo le ha traído desgracias? El caso es que el idiota endeudado es liquidado a las primeras de cambio y su hermana, Osode (una muy joven Yasuko Mita), toma el relevo para convertirse en el principal objetivo del clan yakuza y en la principal preocupación de Zatoichi, y mientras éste es interpretado con un exceso de arrogancia y chulería bastante inusuales, el guión, a lo largo de todo el film, añade apuntes cómicos que desbaratan por completo lo que podría haber sido una historia sombría, triste y emocionante.
Lo que sigue ahora es el clásico viaje del personaje amenazado al que protege el héroe, a través de un camino infestado de peligros, donde también revela su lado dramático, y conmueve su total dedicación a enmendar el asesinato del hermano de la chica protegiéndola ahora, así que Katsu se debate entre una actuación grave y seria y otra decantada a la autoparodia por culpa de las ocurrencias de este guión tan prostituido. La relación entre Osode y Zatoichi está tocada tanto por el odio como por un creciente amor, y podría haberse desarrollado de una manera interesante de no ser por lo mal escrito que está el personaje de la chica...

Porque, por alguna razón que escapa a mi comprensión, ella no deja de separarse todo el rato de él o de declarar que prefiere viajar sin su compañía. Es decir, va en busca del peligro voluntariamente, poniéndole en serios aprietos por sus estúpidas decisiones...y entonces yo me pregunto: ¿por qué no deja que siga su travesía sola de una maldita vez y no se arriesga a protegerla si ella no quiere? En realidad esto sólo sucede para convertirla en la clásica dama en apuros y poder dar al público algunas secuencias de acción que circulan entre la violencia y el humor absurdo. Ninguna memorable.
Bueno, si de personajes incomprensibles hablamos no podemos olvidar a Shinkichi (Takuya Fujioka), una especie de ayudante cómico que aparece de vez en cuando en la historia y no sabemos por qué ni cómo, y a Kashiwazaki, ese ronin arquetípico indispensable de la saga con el que Zatoichi se batirá en un intenso duelo climático. Aunque Misumi filme este duelo con habilidad, usando los tambores de la fiesta de fin de año para desconcertarle, el personaje de Makoto Sato es un turbio interrogante; al contrario que otros dignos adversarios no tiene conexión con nadie ni con nada, simplemente aparece en un bosque y se introduce en la trama, así como así, mostrando un carácter repelente y lejos de ser atractivo.

Pero si algo destaca por encima de todo es el riesgo formal del que hace gala Misumi, en su colaboración con el innovador director de fotografía y de efectos especiales Fujio Morita. Su uso de los ángulos, la luz y la puesta en escena (el combate casi teatral alumbrado por linternas, que hay que ver para creer) consigue que esta sea su entrega más artística y experimental, desde esos créditos iniciales anunciados con fondos de chillones colores “pop“. Algo nuevo había que añadir a la fórmula.
El final de la década estaba cerca, al igual que sucede en la película, y las modernas tendencias visuales habían acabado ya con el clasicismo en el género y en el cine japonés en general. “Kenka Daiko“ finiquitó la gloriosa y no poco irregular etapa de los “60 de la saga, Katsu empezaría la siguiente con una sorpresa que pilló a todos desprevenidos: para la 20.ª entrega contaría con Toshiro Mifune de invitado protagonista...



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Ficha Zatoichi 17: Zatoichi Challenged

Mad Warrior

  • 24 Nov 2024

5



Zatoichi 17: Zatoichi Challenged
Es difícil escoger y diferenciar la calidad de los títulos que engloban la larguísima saga de “Zatoichi“, pero el 16.º destaca sin problemas, y de hecho se mantiene entre los más interesantes.
La incorporación de Satsuo Yamamoto a petición de Shintaro Katsu, ya convertido en productor asociado, fue un soplo de aire fresco lleno de comentario sociopolítico muy acorde a los ideales izquierdistas del director, lo que no empañaba la intención principal del film, que era entretener al público.

Ikuo Kubodera vio que un aspecto mucho más serio dominaba en aquella “Ro-yaburi“: la denuncia social superpuesta a la idea de espectáculo comercial. No comprendió la fuerza del discurso de Yamamoto, y por esta razón, tres meses después, se comenzó la producción de otra entrega, con el deseo de regresar a un enfoque conocido por los espectadores. Katsu accedió, y gracias a él Kenji Misumi fue contratado una vez más, al igual que el guionista Ryozo Kasahara, quien ya había participado en la saga del espadachín ciego y en la de “Heitai Yakuza“, que paralelamente filmaba el actor.
Decía el cineasta que si en algo se fijaba cada vez que se reunía con él era su considerable aumento de peso (su consumo de alcohol y drogas hacía mucho), “tanto que resultaba difícil distinguirle de su hermano Tomisaburo“. Cualquiera lo dudaría al inicio de esta “Chikemuri Kaido“, donde, de nuevo, vemos al protagonista deshacerse con mucha facilidad de unos asesinos que le vienen siguiendo desde no se sabe dónde, una de esas señas de identidad de la saga, se podría decir. Y el guión sigue con la repetición al volver a ponerle en un aprieto cuando es testigo (vaya, qué coincidencia) de la muerte de una mujer que le pide que se encargue de su hijo Ryota...

Al regreso de Misumi, Katsu le sugirió retomar el tema de la segunda colaboración de ambos, “Kessho Tabi“. De este modo Zatoichi debe volver a convertirse en protector de un niño, ahora más crecido que en aquélla, donde se trataba de un bebé; pero, sinceramente, ¿hemos de creer que el destino le guía por casualidad hasta la habitación de la moribunda madre y que, así como así, confía la vida de su hijo a un extraño para que lo lleve hasta su padre, que vive en el quinto pino? Se supone que hemos de creerlo porque así lo quiere el guión. “Ya estoy otra vez metido en un lío“, grita Zatoichi molesto al verse en esa inesperada situación.
Para más inri, el pequeño actor que da vida a Ryota resulta estomagante ya que éste es dibujado sin ningún rastro de simpatía. La estructura narrativa escrita por Kasahara es lo menos apasionante de “Chikemuri Kaido“, dividida en dos partes, donde los personajes secundarios de la 1.ª pasan a ser los principales en la 2.ª (y los principales de la 1.ª son una troupe de artistas ambulantes que van a hacer una representación en un pueblo que jamás veremos porque la trama se los quita de en medio con total indiferencia...da la impresión de que el guión se modificaba mientras se rodaba o que un pedazo de metraje se cortó en posproducción).

Cómo no también hay un jefe yakuza malvado haciendo de las suyas, esta vez llamado Gonzo, sin embargo no volveremos a ver una guerra entre dos clanes ni un pueblo entero sufriendo bajo su mando; puede que la conexión que establece Kasahara entre él y el padre del niño, un pintor provocativo encerrado contra su voluntad, sea ingeniosa, pero no la manera en que todo este embrollo es presentado. No sólo es una trama distinta de la que empezamos a ver, sino que los implicados en ella son esbozos sin mucho carisma que remiten, casi parodian, a anteriores villanos de la franquicia.
De Ryota nos olvidamos poco a poco, no importa ni provoca un efecto emocional aunque se pretenda en algunas escenas dramáticas, y Miwa Takada y Mikiko Tsubochi prometen mucho (sobre todo la segunda como esa pobre chica forzada a servir de prostituta), por desgracia no tienen mucho peso en la historia. El veterano Jushiro Konoe, a quien Katsu pidió participar en la película, es el personaje más interesante; el guión juega con el engaño y no es otro ronin cuyo objetivo sea enfrentarse a Zatoichi porque sí (Misumi, gracias a su habilidad, nos ofrecerá uno de los duelos más conmovedores y bellos de toda la saga, bajo la nieve y en silencio, pero su misión y su identidad son siempre un misterio...).

Por su parte, aun siendo blanco de las bromas del pequeño Ryota y muestre sus habituales impedimentos como invidente y algunos tics ya conocidos, Katsu encarna a Zatoichi con más seriedad que en anteriores ocasiones, ni se autoparodia ni exagera su interpretación.
Una lástima que Kasahara recicle tantas situaciones, presente una narrativa tan confusa y no preste más atención a algunos secundarios interesantes (pobre Mikiko Tsubochi, lo que podría haber dado de sí su Osen en otra obra...). Las secuencias musicales, por cierto, son ridículas y su existencia inexplicable.



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Ficha Zatoichi 12: Zatoichi and the Chess Expert

Mad Warrior

  • 24 Nov 2024

5



Zatoichi 12: Zatoichi and the Chess Expert
Es curioso cómo, junto al regreso de Kazuo Mori, no participaron los colaboradores habituales de “Zatoichi“ en “Sakate-giri“, ni siquiera Akira Ifukube...
Pero cuando el subdirector de planificación de Daiei, Hisashi Okuda, fue ascendido, quiso encargarse de la siguiente entrega de la saga, preparada tan sólo dos meses después, y cambiar algunas cosas.

Y lo primero, cómo no, fue traerse al compositor, a quien admiraba, y dejar en manos de Kenji Misumi la dirección (quien a su vez se llevó a su fiel director de fotografía Chikashi Makiura); lo más curioso fue que pidió a su mentor Daisuke Ito, uno de los grandes pioneros del cine histórico y aventuras de la industria nipona, aún en activo, que se ocupara del guión. Curioso porque nunca había participado en la saga un guionista externo de la productora. Por eso “Jigoku Tabi“, aunque nos presenta el ya muy conocido universo del ronin-masajista ciego con todos sus elementos, también cambia un poco su perspectiva (un poco, no mucho).
Shintaro Katsu sabía perfectamente lo que hacer con su personaje a esas alturas. Así que, ¿tomó Okuda una decisión acertada? Según se mire. Esta 12.ª entrega abre con una secuencia de esas en las que Misumi se movía como pez en el agua: en plena noche Zatoichi se ve rodeado de enemigos (y no han empezado ni los créditos), pero acaban cercenados en cuestión de minutos. Sobresaliendo un nivel de violencia cada vez mayor, aquí tenemos uno de esos tropos: desde el principio nuestro héroe es acosado por un grupo de asesinos a lo largo de su viaje, y el viaje es lo principal, típico de un argumento de Ito.

No sólo el viaje físico, sino el emocional y espiritual de los personajes durante su recorrido. La trama se compone de dos viajes, uno a Enoshima y otro a Hakone, y en ellos Zatoichi entabla relación con dos parejas de personajes, cada una con su propia historia, sus propios traumas y sus propios misterios (vaya, qué sorpresa...). Pero es el samurái errante Tadasu lo que despierta mayor interés, trayéndonos a la memoria a Hirate, aquel también samurái que compartió sus últimos días con Zatoichi en la 1.ª entrega (convirtiéndose en una de las más bellas y trágicas historias de amistad del “ken-geki“).
Por desgracia Mikio Narita, estrella de Daiei y amigo íntimo de Katsu, no alcanza la misma profundidad dramática que supo dar Shigeru Amachi a su personaje; la culpa no es suya, él es un gran actor, pero el guión no le permite crecer más allá de un enigmático, carismático y noble oponente para Zatoichi, con quien estrecha lazos a través del ajedrez. Con Tadasu conocemos la amistad y el primer viaje a Enoshima se centra en la relación de Zatoichi con Tane y la pequeña Miki, en un peregrinaje cuya intención ya averiguaremos, y mientras la mujer es el reflejo de aquella lejana Tane de la 1.ª entrega, la niña es sólo la versión más crecida del bebé del que se ocupaba el protagonista en la 8.ª.

De este modo el guión recupera a individuos y sensaciones anteriores, o más bien los recicla sin mucha originalidad: con ellas conocemos los tristes recuerdos, el amor imposible y un deseo de responsabilidad paterna frustrado. Gracias a Ito, Misumi se vuelve a centrar en las emociones y el drama y deja la acción y el suspense en un segundo plano; la tragedia y la tristeza se sienten cercanas, deteniéndose la historia en escenarios donde casi siempre está lloviendo. Más tarde en Hakone otra pareja llega, Tomonoshin y Kume, dos hermanos que desean encontrar al asesino su padre; con ellos conocemos la venganza y la intriga.
Los problemas de este guión son varios, y el mayor es que a mitad de argumento no deberían aparecer nuevos personajes con sus subtramas a cuestas, porque significa desviar la atención de los anteriores. El segundo problema es la absoluta falta de ritmo. “Jigoku Tabi“ avanza sospechosamente lenta; nunca Misumi tuvo problemas en este aspecto pero el tono que marca Ito con su denso guión afecta a su dirección, y al tratarse de situaciones que ya hemos visto en anteriores títulos no hay nada interesante ni refrescante que aporte esta aventura a la saga.

Quedan algunos poderosos instantes, en especial aquellos donde Zatoichi hace gala de su humanidad y debilidad (cuando se ve incapaz de hallar la medicina en el bancal, tras una secuencia de lucha bellamente filmada, rompe a llorar con las palabras de agradecimiento de Miki o recuerda el hermoso rostro de Tane), y en ellos comprobamos, una vez más, lo gran actor que es Katsu...por desgracia también sucede lo contrario. Y es que, a sabiendas de la densidad y el dramatismo del guión, éste decidió reescribir varias partes y valerse de su arte para la improvisación.
Por eso el Zatoichi que tenemos aquí se presta a una consciente parodia de sí mismo, a una exageración de su torpeza debido a su minusvalía, también de sus gestos, en general de todos sus tics, y a un afán por entretener al público sin justificación; y ese es el tercer gran problema de la película: el estilo, marcadamente triste y oscuro, y lleno de escenas de acción más violentas de lo normal, contrasta demasiado con los recurrentes toques de humor. Pero lo peor que podía hacer el guión era dejar relegado a la nada, y de forma muy cruel, al ronin, quien realmente debiera hacerse con el protagonismo.

No contento con esto, Ito también escribió una aventura feudal que Daiei pensaba producir, pero el proyecto se suspendió y acabó convertido en el argumento de la 8.ª entrega de “Kyoshiro Nemuri“ (“Burai-ken“), la cual es, a su vez, una de las peor consideradas de la saga...



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Ficha Zatoichi 8: Fight, Zatoichi, Fight

Mad Warrior

  • 24 Nov 2024

6



Zatoichi 8: Fight, Zatoichi, Fight
8.ª aventura de las muchas vividas por nuestro ronin-masajista ciego favorito en un Edo lleno de peligros e intrigas. Y seguro que él estuvo deseando que llegara teniendo en cuenta lo mal que le fueron las cosas en la anterior.
No es extraño que no funcionase en taquilla como debiera. La fórmula de la saga estaba cayendo por su propio peso, el mismo que había ganado la estrella Shintaro Katsu, cada vez más asiduo a los restaurantes caros y el alcohol...

En “Abare Tako“, Minoru Inuzuka presentó el mismo esquema que inició la saga (el héroe se ve enzarzado en una lucha entre clanes rivales y vive encuentros relativamente curiosos con otros personajes); fue un encargo, rápido y no muy bien pensado, cuyo único objetivo era ganar dinero y seguir echando leña sobre la rivalidad entre Katsu y Raizo Ichikawa, sobre todo porque las películas de su cínico y violento ronin Kyoshiro Nemuri atraían cada vez más la atención del público. Esa fue la razón de que al primero le apeteciera cambiar un poco de aires, y sus sugerencias dieron pie a una nueva entrega.
Las ideas que se les fueron ocurriendo al actor y al productor Tomio Takamori serían desarrolladas por Seiji Hoshikawa y Tetsuro Yoshida, a quienes éste contrató para buscar esa chispa y frescura que tal vez Inuzuka había perdido; pero el enfoque que se le pensaba dar a “Kessho Tabi“ corrió a cargo de Katsu en su mayor parte. Y se percibe a poco de empezar esta extraña historia en la que Zatoichi, siguiendo su viaje hacia ninguna parte, resulta ser el responsable indirecto del asesinato de una joven madre a manos de unos ronin que le iban siguiendo.

Antes de eso podemos deleitarnos con una divertida secuencia donde es ayudado por un grupo de peregrinos ciegos a escapar de sus perseguidores. Dos cosas se enfatizan en esta entrega más que en ninguna: una inclinación al humor ligero y un lado sentimental nunca antes expresado por el protagonista, pues decide hacerse cargo del bebé de la madre asesinada y llevarle hasta su padre, a pesar de lo largo del viaje. Esto constituye una sorpresa para el espectador aunque no para Katsu, ya que un mes antes de iniciarse el rodaje había nacido su hijo Takehiro, poniendo así mucho de su experiencia como padre primerizo.
Se dejan de lado las clásicas trifulcas entre varios grupos yakuza que le pillaban en medio, donde actuaba bien de mediador o bien sacando provecho de algunos indeseables. El actor quiere tener a Kenji Misumi tras la cámara de nuevo, después de dos años de comenzar la saga, y éste se esmera en construir un profundo drama donde lo esencial es el desarrollo de personajes y su psicología; más que el clásico “ken-geki“ feudal estamos ante una “road movie“ naturalista rebosante de humanidad, cuyos personajes, desde un amable monje o un furioso samurái a una gruñona prostituta (Ikuko Mori también regresa), aprenden y evolucionan ante la presencia de Zatoichi.

Tampoco desaprovecha Misumi la oportunidad de filmar en bellas localizaciones, abandonando un poco los artificiales decorados interiores, lo que proporciona una vía de oxígeno y libertad que tal vez nunca había experimentado el protagonista. Pero tampoco se libra, porque para eso es un espadachín letal, de estar enredado en un complot de asesinato; no sabemos la causa realmente, y no importa, el grupo de ronin que da caza a Zatoichi por bosques, prados, lagos y montañas sólo es una metáfora impersonal de la injusticia y la muerte tras los pasos de los débiles.
No es que importe mucho esta vez cuántos enemigos caigan al suelo. Su presencia es una incógnita estúpida, un cliché gratuito metido con calzador para que el público pudiera disfrutar de algunas escenas de acción, pero si se quitaran del montaje “Kessho Tabi“ podría ser un sencillo y sentimental drama de aventuras. La profundidad dramática que imprimen el guión y el director toma fuerza durante ese clímax donde Nobuo Kaneko vuelve a demostrar por qué es uno de los mejores villanos del cine nipón, dando pie a un enfrentamiento único: el Unosuke de este último, figurado un demonio, contra Zatoichi, aquí un misionero celestial.

Akira Ifukube, por su parte, compone algunos de los pasajes más conmovedores de la saga. Al productor Masaichi Nagata, Katsu y otros miembros del equipo les entusiasmó ver cómo el público reaccionaba tanto con risas como con lágrimas en el estreno. Esta vez el ronin-masajista ciego había tocado la fibra sensible de los fans...
La respuesta fue mucho mejor y tan sólo un mes después ya se estaba preparando una 9.ª entrega. Por su parte, esta 8.ª constituye una influencia indiscutible para la futura saga “Kozure Okami“ (para más inri dirigida por Misumi, producida por Katsu y protagonizada por su hermano, Tomisaburo Wakayama).



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Ficha Zatoichi 1: The tale of Zatoichi

Mad Warrior

  • 24 Nov 2024

8



Zatoichi 1: The tale of Zatoichi
A Matsutaro Umetani (más conocido como Kan Shimozawa) le fascinaban los cuentos de caballerías, grandes guerreros y hazañas épicas.
Por eso, mientras ejercía de periodista con poco más de 30 años, se dedicó a recopilar historias sobre antiguos daimyos o nobles de casta samurái.

Uno de ellos fue un jefe, Sukegoro, del ya desaparecido pueblo de Ioka. A raíz de su figura surgió una más interesante: un tipo misterioso, ciego y al parecer masajista, que también poseía una gran habilidad de lucha; se llamaba Ichi. Y ese fue el mito que dio comienzo a la leyenda, si bien ésta no había adquirido todavía dichas características en “Zatoichi Monogatari“, parte de la antología “Futokoro Techo“ que se publicó en 1.948 a través de una revista. Las reediciones en los “60 llevó al productor de Daiei, Ikuo Kubodera, a querer adaptar a la gran pantalla el cuento de ese vagabundo extraño, medio espadachín, medio masajista, medio samaritano.
Pero poco se parece, en realidad, la breve concepción original de Umetani con el resultado final, mezcla de las ideas de Kubodera, el guionista Minoru Inuzuka y el actor Shintaro Katsu, deseoso de incrementar su popularidad en la compañía y superar la de su colega y rival Raizo Ichikawa; tal vez le ayudara más que otra cosa su interpretación del protagonista de “Shiranui Kengyo“ dos años antes, un asesino despiadado, también ciego, que mata y manipula por placer (escrita, asimismo, por Inuzuka). No es el caso de “Zatoichi“.

El joven actor se mete a conciencia en la piel de este personaje real, tal vez fruto de viejas historias perdidas en el tiempo, y ya desde su primera aparición logra nuestra simpatía; la forma de presentarse aquí es la misma que la del Sanjuro de “Yojimbo“: a través de su peregrinaje. No es el comienzo de una historia, simplemente estamos ante otra de sus muchas aventuras, y el esquema no es muy diferente del film de Kurosawa: Zatoichi llega a Ioka cuyo jefe, Sukegoro, de quien es amigo, se prepara para una inminente guerra con su rival Shigezo, del pueblo de Sasagawa.
La única diferencia es que este ciego de amable carácter se queda realmente al margen del asunto, sin desaprovechar la oportunidad, claro, de lucrarse gracias a la mala conciencia de ese yakuza que sólo quiere usar sus increíbles habilidades de espadachín. Así que la que sería la primera piedra de una infinita saga de títulos sirve, sobre todo, para conocer y situar al protagonista, estableciendo una serie de elementos que siempre estarán presentes en sus peripecias; la más habitual es un escenario de violencia donde varios clanes se aniquilan sólo para demostrar su poder, tomando parte en ello otros pobres desgraciados.

Así el guión reparte a varios secundarios que pivotan alrededor de Zatoichi, quienes de algún modo u otro interactúan entre sí y abren sus propias subtramas que en su mayoría son grandes tragedias, bien familiares, bien románticas. Después del enfrentamiento entre los clanes de Sasagawa y Sukegoro sobresale el drama particular de la sirvienta Tane, hermana de uno de los guerreros de este último; encarnada por la hermosa Masayo Banri, ella figura (también como de costumbre en la futura saga) una luz esperanzadora entre tanto cinismo, traición, hipocresía y muerte, suficiente para ganarse, o por lo menos para poner a flor de piel, los sentimientos de Zatoichi.
Pero lo más importante es enfrentar a éste con una especie de reflejo torcido. Nunca faltará la presencia de otro guerrero, normalmente contratado como asesino, que establezca una íntima conexión con él; Shigeru Amachi consigue merendarse a todos sus compañeros de reparto, incluido el mismísimo Katsu, gracias a su brillante interpretación del moribundo samurái Hirate, alguien a quien Zatoichi es capaz de sentir como igual, pues se trata de otra alma solitaria, podrida y explotada por culpa de su profesión, y al que la muerte, en su caso literal, persigue sin descanso.

Sus escenas compartidas se encuentran entre las más conmovedoras del cine japonés; en esto destaca la buena mano de Inuzuka para el drama. Las actuaciones y la dirección del experto en ficción histórica Kenji Misumi termina llevando dicho drama a una romántica teatralización, nunca exagerada; por su parte éste, con ayuda de Chikashi Makiura a la fotografía y el mítico Akira Ifukube a la música, crea atmósferas elegantes que, de cuando en cuando y sin previo aviso, se tornan asfixiantes, perturbadoras. Contrastan las secuencias de suspense y conspiración en claustrofóbicos interiores con otras de poético melodrama en amplios exteriores.
Por ejemplo la sangrienta matanza climática que se libra en el pueblo entre estrechas callejuelas y las bellas escenas en el bosque donde Tane muestra sus sentimientos a Zatoichi bajo la luz de la Luna. Sin muchas batallas que conduzcan la trama, lo esencial en “Zatoichi Monogatari“ es el desarrollo de personajes e intrigas básicas, el drama y la construcción de un imaginario que nos permita acceder a la mitología del protagonista de manera eficaz sin tener que remover su pasado; y Katsu, con su enorme versatilidad, le hace tan divertido y humilde como enigmático y aterrador.

Un poderoso anti-héroe al que querer seguir, ese fue el sentimiento de los millones de espectadores que acabó llevando la película al cine, convirtiendo a Katsu, al fin, en la superestrella que siempre deseó ser.
Por su parte el bueno de Misumi no volvería a dirigirle en este papel hasta la 8.ª entrega...



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Ficha Seguridad Nacional

Mad Warrior

  • 24 Nov 2024

4



Seguridad Nacional
Hay que reconocerle el empeño al sr. Martin Lawrence por haberse puesto tantas veces del lado de la ley...al menos en el cine, ya que todos conocían las locuras de su vida privada, y que acababan convertidas en escándalos públicos.
Pero no se daba cuenta de que por mucho que lo intentara nunca llegaría a igualar el bombazo de “Dos Policías Rebeldes“...

“Seguridad Nacional“, por la que aún guardo algo de aprecio gracias a la nostalgia, fue uno de esos títulos que mostraba la evidente mediocridad en la que estaba cayendo el actor, otro fracaso más de taquilla y crítica (bueno, a eso ya estaba acostumbrado...) siguiendo la mala estrella de tonterías de la talla de “El Caballero Negro“, “De Ladrón a Policía“ o “¿Qué más puede Pasar?“, todas simpáticas a su modo. Aquí se pone bajo la batuta del colega de Adam Sandler y también enemigo de la crítica profesional Dennis Dugan y vuelve a colgarse la placa, o eso intenta.
Poco interesa cómo llegó a ver la luz esta cosa escrita por el no muy lúcido dúo de guionistas David Ronn/Jay Scherick y donde Lawrence ejerce de productor ejecutivo; lo interesante, lo único en realidad, es ese prólogo que nos presenta la historia policíaca más vieja del mundo: un policía recto y honrado (Rafferty) pierde a su compañero en una peligrosa operación, en este caso un robo en un almacén. Esta parte nos enseña dos cosas: que Steve Zahn puede ser buen actor y que la película podría volverse un auténtico drama...de no ser por la aparición de Lawrence como un guardia de seguridad que aspira a policía (Montgomery).

Su personaje resulta una mezcla irritante de arrogancia y subnormalidad que deja a la altura del betún la exhibida por Jim Carrey en Ace Ventura. Mientras simpatizar con el de Zahn es muy fácil, se vuelve imposible hacerlo con el de este último. Tampoco parece muy buena idea la manera de unir a los dos protagonistas; ¿por qué no hacer que Rafferty sea degradado a guardia de seguridad por excederse en sus deberes de policía intentando dar con la pista de los asesinos de su compañero en lugar de fabricar el guión toda esa porquería de subtrama que pretende burlarse de cosas tan espinosas como la brutalidad policial, el racismo y la mala sangre de los medios?
Por algún motivo Dugan tiene esa manía de querer hacer humor ofensivo sobre temas sociales y nunca le sale bien. O tal vez la culpa sea de Lawrence, que vive de la improvisación y su estatus de estrella le permitió hacer lo que quería. El problema es que la combinación poli blanco/poli negro ya está muy vista y el accidental argumento de “buddy movie“ que termina surgiendo tampoco funciona, porque la unión de Rafferty y Montgomery no lo hace en absoluto. La graciosa estoicidad de Zahn contrasta mucho con la ruidosa estupidez de Lawrence.

No tienen química, aunque consigan salirse con la suya de vez en cuando y provocar la risa. Aunque la risa la provoca en realidad la desquiciada e inverosímil retahíla de situaciones que va coleccionando el guión para simplemente poner en peligro a los unidimensionales protagonistas; Dugan no les da (ni nos da) un respiro, se recrea en la acción desenfrenada (con gusto por la cámara lenta como creyéndose John Woo) y no se detiene a examinarles, ni a dejar que interactúen a un cierto nivel de ingenio y humanidad, y cuando lo permite sólo es para soltar trillados clichés.
Lo más molesto es el racismo recalcitrante que Lawrence bombardea todo el rato, además de su actuación exagerada. Eddie Murphy no necesitó hacer nada de eso en “Límite: 48 horas“, ni Danny Glover en “Arma Letal“, ni Damon Wayans en “El Último Boy Scout“, y supieron ganarse nuestra simpatía, pero Lawrence no muestra, ni quiere, la naturalidad y alma de los anteriores. Quiere acaparar la atención, es una molestia y llegas a sentir lástima por el pobre Zahn; mientras tanto la intriga de los ultraviolentos ladrones y la aleación que quieren robar es un vacío que se resuelve en un abrir y cerrar de ojos y cuando ha terminado no recuerdas de qué trataba...

No hay sorpresas, ni nada interesante y los “gags“ que se salvan no son muy ingeniosos. Pero por alguna extraña razón Dugan le da ritmo y acabas siendo arrastrado a la caótica imbecilidad. Y la compasiva nostalgia ayuda mucho.
Lawrence, por su parte, tuvo la suerte de regresar a los brazos de Michael Bay tan sólo seis meses después para la secuela de “Dos Policías Rebeldes“, porque su carrera estaba ya en un punto crítico.



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Ficha Los Krays

Mad Warrior

  • 24 Nov 2024

6



Los Krays
Tras la 2.ª Guerra Mundial el East End londinense, siempre regado de violencia, pobreza y ruina, tuvo la mala suerte de engendrar a los dos peores seres que jamás cruzaron sus calles.
Como han atestiguado muchos de sus conocidos, Ronald y Reginald Kray no eran precisamente muy inteligentes, ni tenían nada interesante que decir, pero sí tenían a su favor dos cosas esenciales: carisma para ganarse a la gente y poder para asimismo hacerles sentir miedo.

De niñatos malcriados por una madre que les daba todos los caprichos a probar en el negocio del boxeo para luego dedicarse a la delincuencia callejera tras ser expulsados del ejército por su peligrosa conducta; lo peor de todo es cómo de la nada levantaron un imperio gracias a su violencia y su “encanto“ de otro mundo, porque ello les elevó al estatus de celebridades. Seguían el modelo del gángster rebelde contra la parca sociedad que habían copiado del cine norteamericano, poseían clubs, salas de juego, y nadie se atrevía a testificar contra ellos cuando desataban gratuitamente su brutal violencia, en especial el hermano mayor.
Su condena coincidió con el cambio de década: 1.969. Pero sólo a 30 años, y no a pena de muerte, como merecían. Peter Medak tuvo la desgracia de cruzarse con ellos en su propio local cuando era un joven asistente de dirección que trabajaba en la película más representativa de la escena “swinging“ londinense: “Sparrows can“t Sing“. ¿Quién iba a pensar que acabaría, veintisiete años después, envuelto en una obra sobre su vida? Y así fue cuando el proyecto del músico Roger Daltrey para un “biopic“ acabó en manos de los productores Ray Burdis y Dominic Anciano, quien pensó en los integrantes de Spandau Ballet, Gary y Martin Kemp, con los que había trabajado, para encarnar a los Kray.

Sin embargo la visión que el polifacético artista y prestigioso autor Philip Ridley imprimió al guión fue lo que provocó la duda de tantos financiadores para colaborar en el ambicioso proyecto, y era de esperar pues el enfoque fue tal vez el menos convencional. Esto parece querer igualar la grandeza de “Érase una Vez en América“, empezando con la infancia de los Kray en un Haggerston pobre y aterrado por la 2.ª Guerra Mundial; y mientras Medak adopta un estilo poético y de sabor clásico el punto de vista es el femenino, desde los ojos de esa madre (encarnada por la brillante Billie Whitelaw), que defiende con uñas y dientes su casa y su familia.
El padre, como fue en la vida real, es un cobarde desertor, vago y alcohólico. A juzgar por este prólogo arropado en un bello diseño de producción uno esperaría una gran epopeya sobre una época, un lugar y unos personajes más grandes que la vida al igual que hiciera Leone en su obra maestra. Pero no. Las elipsis no ayudan a la historia, que va saltando a momentos “clave“ de los Kray y mostrando su agresivo comportamiento y el apego a su progenitora; las piezas del puzzle están ahí, desde su arresto en la prisión militar a su ascenso como auténticos gángsters, o el desafortunado matrimonio entre Reginald y Frances Shea, pero no encajan de un modo creíble.

Puede que los hermanos Kemp, en su debut como actores, y pese a sus claras diferencias físicas con los Kray, consigan unas poderosas actuaciones, pero Ridley no se acerca realmente a éstos, sino que los desplaza. Permanecen distantes, como observados por la atenta mirada de su madre; vemos sus comportamientos, caracteres y situaciones provocadas debido a ello, pero no nos metemos bajo su piel ni llegamos a sus sentimientos. Scorsese, por ejemplo, sí lo hacía. Medak no corrige el error del guión y su retrato es fuerte, perturbador, impactante, pero no emocionante ni real, todo hiede a superficial.
Tampoco se percibe el verdadero poder de los Kray. Los periódicos se recreaban en sus escándalos, sus operaciones de estafa y extorsión eran grandes (“La Firma“, como llamaron a su “empresa“, aquí ni se menciona), porque querían que su imperio fuera ostentoso, además de los grandes operativos policiales que se organizaban para capturarles; pero aquí se observa todo desde un punto de vista más personal e íntimo, o más insignificante, hay personajes que hablan de ese poder, hay mucho lujo y prestigio alrededor de los hermanos, pero no alcanza la magnitud de la realidad.

De hecho es curioso que los secundarios, en especial Whitelaw, Tom Bell, Kate Hardie o Steven Berkoff acaparen más la atención que los mismos protagonistas. Y lo peor es que el cineasta no nos recompensa con un verdadero clímax, el sueño de la madre es el vínculo de un hermoso principio y un terrible final; todo lo referente a la misión de Leonard Read para capturar a los Kray es obviado y algunos hechos se presentan desordenados (dos crímenes en la misma noche, que estuvieron muy separados en la realidad).
La dirección artística de Michael Buchanan, la fotografía de Alex Thomson, la música de Michael Kamen y la atmósfera sombría que despliega Medak ofrece una visión lírica, muy teatralizada, muy artística, del submundo gangsteril. Asimismo nada realista, y el guión no ayuda en su enfoque ni en su desarrollo. Lo más increíble es que los Kray obtuvieran beneficios por la película mientras estaban encarcelados.



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Ficha Caza al Terrorista

Mad Warrior

  • 24 Nov 2024

6



Caza al Terrorista
Sólo en un mundo tan corrupto, tan cínico y tan podrido como el nuestro un tipejo despiadado como Ilich Ramírez Sánchez, cuyos actos de terrorismo no estaban inspirados por ningún cometido excepto el de ganar dinero, podía lograr asilo político en algunos países y además librarse de una muy merecida condena a muerte...

¿Los derechos de un terrorista? No me hagan reír. Tal vez por eso la obsesión que hierve en el interior del personaje de Donald Sutherland se vuelve tan repulsiva como comprensible, hasta el punto de sentir vergüenza por identificarte con él. Si en “The French Connection“ Charnier, doble ficticio de Jean Jehan, lograba escapar, sólo para ser capturado en la secuela, esa es la ficción a la que Dan Gordon (capitán de las Fuerzas de Defensa de Israel también dedicado a la escritura de guiones y novelas) daba rienda suelta en “Caza al Terrorista“.
Un operativo ultrasecreto digno de las novelas de “Bourne“ de Robert Ludlum, que más de una influencia parece haber heredado, donde se fantasea con eliminar al famoso terrorista venezolano, quien, en la vida real, estaba preso en La Santé y exigiendo su libertad porque, según él, “había sido detenido ilegalmente“. El hábil Christian Duguay volvió al cine tras el fracaso comercial de la hoy joya de culto “Asesinos Cibernéticos“ en un gran proyecto al estilo hollywoodiense financiado por una división de Sony, Triumph Films, de la cual ignoraba que estaba a punto de desaparecer para siempre. Por suerte pudo contar con una decente despedida.

Quizás no convenza ese prólogo tan apresurado y poco convincente donde se va saltando de época en época a la velocidad de la luz para mostrar algunos ataques reales de Ramírez Sánchez y sus encuentros con el inventado agente de la C.I.A. Fields (Sutherland), pero la película exhala el aroma de ese cine clásico sobre espionaje, intrigas internacionales y grandes operaciones secretas. El canadiense, como siempre, dirige con estilo y consigue, incluso en los momentos menos apasionantes, mantener un ritmo constante sin que decaiga el interés, por muy inverosímil que sea el argumento.
En él un militar cubano (Annibal, encarnado por un carismático Aidan Quinn) es confundido con el asesino mientras está en Israel, y más tarde acosado por Fields para una misión: meterse en su piel para capturarle. La película se divide en dos partes y esta no es la mejor; las interpretaciones del protagonista y los veteranos Sutherland y Ben Kingsley como los implacables adiestradores son muestras de calidad, pero la falta de coherencia que se nos plantea hace que todo se venga abajo. Estamos ante el duro entrenamiento del agente demasiado ingenuo, típico de estas historias, pero comer avena o aprender a fornicar con una furcia tiene muy poco o nada que ver con cazar a un terrorista.

Esto está pasado excesivamente por el filtro de la fantasía (literalmente, gracias a una secuencia cuasionírica donde Annibal consume marihuana), y más se nota cuanto que no influye en absoluto en la 2.ª parte, destinada a la cacería en sí. Aquí Duguay sube la intensidad. El rodaje fue difícil pero divertido para todos, en especial Sutherland; aquél filma en localizaciones reales de Israel, prepara salvajes secuencias de acción sin florituras estéticas innecesarias, lo suyo es el realismo crudo y la trama deja al descubierto un escenario donde aliados y enemigos pueden confundirse con facilidad.
Este clima de violencia, paranoia e incertidumbre entre agentes de uno y otro bando es clave para creer en la debilidad del protagonista, nunca presentado como un duro héroe a lo James Bond, más bien recuerda a la torpeza del analista de la C.I.A. Jack Ryan en las aventuras que le organizaba Tom Clancy. Por eso resulta extraño que el guión se interrumpa de repente con el regreso a casa de Annibal, arrastrando en su interior todo el infierno que ha vivido...muy extraño pues la cacería se reanuda poco después; esta pausa, y en los instantes que dura podemos ver lo buen actor que es Quinn, debería haberse dejado para mucho más tarde.

Gordon fabrica un engaño convincente al hacer que el héroe y el villano tengan el mismo rostro, la sensación de sospecha se queda y Duguay se maneja como nadie en las escenas de acción con steadycam.
Por desgracia, y Quinn se lamenta mucho de esto, con la quiebra de Triumph Films la película tuvo estrenos muy limitados y pronto pasó al olvido...



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Ficha First Love

Mad Warrior

  • 24 Nov 2024

7



First Love
“La luz de la mañana no es para los malvados“, escupe orgulloso el viejo yakuza con la boca llena de sangre. Shinjuku, con sus sombras, ha quedado atrás. El Sol ilumina un larguísimo puente. Hacia el Cielo. Hacia el mañana.
Takashi Miike dijo que él mismo añadió esa sentencia porque deseaba recordar a los yakuzas de antaño, un tipo de personaje del que ya no hacen películas en Japón. Así lo pensaba también el productor Muneyuki Kii, y ese deseo le llevó hasta aquél, aceptando de inmediato su propuesta.

“Hatsukoi“ no es por tanto un nuevo comienzo, ni un desvío en su carrera, ni mucho menos una aproximación a un cine más comercial. Es un regreso a las raíces en toda regla. Es la prueba de que el espíritu transgresor y descarado del director no se había quedado estancado tras tantas adaptaciones de mangas y sus infames coqueteos recientes con las series para público infantil protagonizadas por “idols“. Al aparecer el viejo logo de Toei en pantalla se aprecia un sabor añejo, y también cuando conocemos el triste pasado del boxeador Leo, quien para más inri es reprendido por su entrenador para adoptar una postura de victoria como las de los boxeadores clásicos.
Pronto un buen número de personajes van introduciéndose. Un viejo yakuza recién salido de prisión (Jojima) aquí, una bella asesina de las Tríadas (Chia-chi) allá, un policía corrupto (Otomo) al otro lado, y todos ellos evocan, melancólicos, unos valores y unos estilos de vida ya caducos en la moderna sociedad nipona, al igual que los yakuza. Personajes que confluirán durante una agitada noche a través y por los alrededores de las calles del Kabuki-cho de Shinjuku, donde se filmó la película. Esta presentación masiva y este escenario recuerdan a aquella adaptación del videojuego “Ryu ga Gotoku“ que el director hiciera doce años antes...con la diferencia de que la estructura de “Hatsukoi“ está mejor organizada.

También su trama central, que simplemente sigue a dos grupos, un clan yakuza y uno de las Tríadas, con el objetivo de liquidarse y conseguir un alijo de droga. Trama gangsteril de la vieja escuela tan estereotipada y desfasada que termina convirtiéndose en un mero telón de fondo gracias a dos elementos que se introducen en ella, trastocándola y retorciéndola de la forma más inesperada. Dos elementos que son dos parejas de individuos: por un lado el policía corrupto y un traidor del clan (Kase) que quieren quedarse con la droga, por otro dos chicos que se ven metidos en mitad de todo el follón.
Los auténticos protagonistas. Leo, el boxeador moribundo con la noticia de un tumor sobre su alma; ella, Yuri, una pobre vendida como prostituta para pagar las deudas de su miserable padre. La superestrella e ídolo de jovencitas Masataka Kubota y Sakurako Konishi, elegida entre tres mil candidatas para el papel, con el que por fin dio el salto a la industria del cine, se compenetran de maravilla dando vida a la tan conocida pareja de inocentes unidos por casualidad en un mundo demasiado brutal y condenado a la destrucción. Miike y su habitual guionista Masa Nakamura evocan el encanto entrañable y romántico de estos arquetipos.

Sólo ellos son bendecidos con un pasado, una evolución y una oportunidad para redimir sus errores, mientras todos los que pivotan a su alrededor, y no son pocos, quedan desdibujados en las sombras, sin ninguna posibilidad de sobrevivir. Porque para ellos no hay futuro. La aventura se desata a fuego lento, y mezclándose con ingenio el drama, la intriga y ese humor negro “marca de la casa“ para poco a poco coger un ritmo endiablado. Los jóvenes, cada uno perseguido por la muerte, tanto en la realidad como en su intimidad (uno a causa del tumor, otra a causa de las visiones de su padre), buscan una luz esperanzadora entre tanta violencia.
Como una versión moderna de los clásicos de culto de los “80 “Shinjuku Love Story“ y “Yaban-jin no Yoni“ (pero Kubota y Konishi forman una pareja más creíble que las de Toru Nakamura y Mina Ichijoji, y Kyohei Shibata y Hiroko Yakushimaru), o quizás un “Amor a Quemarropa“ en los barrios del Kabuki-cho, porque Miike hace circular un fuerte aroma “tarantiniano“ en su historia de traición y matanza, cuyo impulsor no es otro que Kase. Un desquiciado Shota Sometani se convierte así en el centro de atención de la trama, merendándose a sus compañeros de reparto, incluso a la pareja protagonista; es difícil no quedar boquiabierto con las descabelladas maniobras de su personaje, una fuerza ciclónica que se lleva por delante todo lo que respire con tal de cumplir sus planes, aunque por culpa de su extrema torpeza.

Hablando de fuerzas ciclónicas, no podemos olvidar a Rebecca Rayborn, popular cantante y personalidad de internet, como Julie, en esa mezcla letal de Meiko Kaji y Terminator que pone los pelos de punta sólo con aparecer en pantalla. Lo peor de “Hatsukoi“, además de acumular tantísimos personajes, y tan difuminados, es eso que siempre ha distinguido a las obras del director: su incapacidad para ofrecer un 3.er acto en condiciones, y una vez más se pierde en el exceso y en la manía de alargar el clímax hasta el infinito, añadiendo un epílogo que se antoja innecesario.
Aun así factura un poderoso delirio en cuyos enredados laberintos callejeros de romance, brutalidad, horror y comedia merece la pena perderse, cerca del toque manga y rindiendo tributo a las refrescantes locuras a las que se prestaba en su filmografía temprana (los maravillosos tiempos de “Fudoh“, “The Hazard City“ o “Dead or Alive“). Y la alucinógena secuencia del coche saltando por los aires en versión animada lo corrobora.



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Ficha Escuela de Rock

DE NIRO

  • 24 Nov 2024

8


Escuela de Rock
No creia que me iba a gustar ya que la creia un tanto infantil, si bien hay niños y son el objetivo de la trama, lo que la hace una pelicula para toda la familia, lo que mas me gustó es la alusion a grandes bandas de rock de todos los tiempos, la banda sonora es de diez, y la actuación de un joven Jack Black es sin dudas buenisima, no descubro nada nuevo si digo que es un comediante excelente, la musica es un pretexto para la trama, pero a mi como fan del rock me encanta que las nuevas generaciones se introduzcan en esos sonidos.



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Ficha Kina y Yuk

Parnaso

  • 25 Nov 2024

7


Kina y Yuk
Hube de dejar mi maldito perjuicio de no ver gabachada y zambullirme en la tal, que es película protagonizada de dos zorros polares reales que sortean los peligros de la civilización intentando reencontrarse luego de ser separados por un bloque de hielo despegado del hielo provocado por el calentamiento global. Son dos zorros Yuk y Kina que se buscan a toda costa por tener a su camada de cinco cachorros lejos del mundanal ruido. Todo bien rodado, bien captadas las imágenes, y buenos secundarios como la Marta, la Perra, el Lobo Negro o el Armiño entre otros.Y es que a decir cierto, los gabachos son los más prolíferos y certeros rodando este estilo de películas. Al pan, pan, y al vino, vino. Vale.



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Ficha La Batalla Olvidada

DE NIRO

  • 23 Nov 2024

5


La Batalla Olvidada
Película holandesa que no me terminó de convencer, es como 1917 y Dunkerke pero con menos calidad desde lo técnico, efecto, ambientación y personajes principales, no deja de ser una más en el género bélico sin tantas pretensiones, las batallas y los vuelos en avión son excelentes, quizás con más acción en el frente me hubiera gustado más.



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Ficha Los Descendientes

DE NIRO

  • 23 Nov 2024

10


Los Descendientes
Conmovedora desde el comienzo sin dudas Alexander Payne logra transmitir calidez en un momento tan dramatico, lograr la conexión entre un padre ausente George Clooney con sus dos hijas, una adolescente rebelde y una niña en pleno despertar, a eso hay que sumarle la venta de un terreno gigante en la hermosa isla de Hawai y la busqueda de una verdad incomoda, es por momentos muy dramatica( lloré en varias ocasiones) pero tambien tiene escenas de un humor negro que corta con tanta trizteza, es un sabor agridulce ya que en estos temas los finales felices no existen, la superrecomiendo para que la vean en familia.



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Ficha Condenado

dalton gellar

  • 23 Nov 2024

5


Condenado
Regular película que más que thriller se tira para el drama más que todo la parte final completa es drama puro ahora bien el mensaje de la película se valora pero siento que por momentos me aburrió un poco.

El peso más importante entre personajes es James Franco y Robert de Niro ambos geniales en sus interpretaciones son padre e hijo con traumas y sucesos que han impedido una buena relación familiar.

Tambien sale en un leve papel Eliza Dushku y Frances Mcdormad aunque esta en un papel poco relevante y que si no estaba daba igual la trama.

La parte criminal de la pelicula tampoco está mal al igual que la ambientación pero como dije la parte final es muy dramática.



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