Obsession
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Ultimas críticas insertadas





Ficha Dead Water

DE NIRO

  • 4 Mar 2020

3


Dead Water
Mala es poco decir, un trío protagonista entre los que destaco a Casper van Diem y a la sensual rubia, ella es pareja de uno de ellos y el otro los invita a pasear en un yate lujoso por el atlántico, todo comienza de maravillas para estos amigos pero entre tragos y verdades a medias todo se irá complicando, celos y envidias harán que la cosa no termine en buenos términos, en la primera hora no pasa nada de nada, se hace un tanto tediosa y lenta y sólo levanta un poquito en el final, el barco es una mansión flotante y el paisaje marítimo no tiene desperdicio, pero de la trama no esperen nada sorpresivo.



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Ficha La Trinchera Infinita

Parnaso

  • 3 Mar 2020

7


La Trinchera Infinita
Basada en hechos reales pero contada con un personaje ficticio, cuenta como un hombre en plena guerra civil se ve con la obligación de esconderse en su casa por miedo a represalias, el protagonista quedó escondido entre paredes 30 años, la mujer se hizo pasar por viuda, mentía a todos sus vecinos, y por demás, se tienen que atener a unos personajes que les acechan. La historia está muy bien montada, puedes sentir la asfixia, y en definitiva representa muy bien lo que tuvieron que vivir aquellos guerrilleros.



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Ficha Primavera Tardia

Parnaso

  • 3 Mar 2020

1


Primavera Tardia
Dicen que es una de las mejores películas del director, pues no sé como serán las demás, pero esta de aquí me ha parecido todo menos buena y entretenida y es que la historia que gira entorno a una muchacha que vive apegada a su padre y gente que la rodea le insta a casarse es demasiado reiterativa y desaborida. Todas las escenas dicen lo mismo, no hay progresión alguna y queda demasiado estancada, por demás, la actriz mira al frente de un modo que parece perturbada que no me ha gustado nada.



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Ficha La Tentación Vive Arriba

Parnaso

  • 3 Mar 2020

7


La Tentación Vive Arriba
Bien realizada en un espacio cerrado y con buenos y fluidos diálogos. Yo nunca fui ni seré seguidor de Marilyn, pues fue un producto de la industria a la que sacaron jugo por su belleza y no por su talento e intelecto, y es que ver escenas en en las que literalmente lee los guiones produce verdadera vergüenza ajena. Luego dicen mucho de los personajes de hoy que son productos, que cierto es que el 80% son eso, pero en la época dorada de Hollywood también existían. Pero no tirando por los cerros de úbeda, la película en sí me ha parecido entretenidilla. El lío moral que se monta el hombre a consecuencia de la ausencia de su mujer y la presencia de una nueva mujer en su estancia de soltería está bien elaborado. No obtante en ocasiones se me hace un pelín cuesta arriba.



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Ficha Actos de Violencia

dalton gellar

  • 3 Mar 2020

6


Actos de Violencia
El director me parece malisima aunque desapareció y regreso con esta película ojalá se mantenga así y se dedique a la acción en vez del terror, dejando a un lado lo otro me ha parecido muy correcta si bien su historia es típica una red de trata de blancas se lleva una chica en este caso sus hermanos por así decirlo se dedicarán a buscarla cueste lo que cueste.

Sirve como entretenimiento más allá de ciertas cosas, buen ritmo y las escenas de acción no están mal aunque son algo cortas, ciertos momentos crudos y algunos que no te esperas sobretodo en ciertas muertes y unos buenos actores Cole Hauser siempre me pareció un gran actor con buen potencial y que por ahí lo desperdicio, Bruce Willis como de costumbre ahora es secundario sin embargo esta bien en su personaje y lo que hace al final está bien, por otro lado el resto cumple sin mas y su final si bien es predecible es correcto ya que eso merecía la basura esa.

Pará entretener un domingo funciona de maravilla.



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Ficha 13 minutos para matar a Hitler

Miguel Arkangel

  • 1 Mar 2020

7


13 minutos para matar a Hitler
“13 minutos para matar a Hitler” es un sólido drama de Oliver Hirschbiegel (conocido por su gran obra “El hundimiento”) donde se aborda de nuevo el tema del nazismo. Esta vez desde la poco conocida historia de Georg Elser, un carpintero apolítico, quien motivado por razones morales, intentó, en 1939, asesinar a Adolf Hitler, colocando una bomba en la cervecería de Munich donde Hitler iba a dar un discurso.

El atentado de Elser fue, junto a la operación Valkiria, la ocasión más clara para poder dar muerte a Hitler. La historia del atentado y los motivos de Elser se nos presentan mediante flashbacks. Hirschbiegel nos muestra paso a paso la toma de conciencia de un joven común con la despreocupación propia de su edad, a quien el horror del nazismo termina por lanzar a la acción. “Algo hay que hacer” se cuestiona Elser y decide hacerlo.

No es una obra ni de lejos al nivel de El Hundimiento, pero sí es un film muy digno, magníficamente interpretado por Christian Friedel, y con una lograda recreación de la vida cotidiana del ciudadano común en la Alemania rural de los años 30. Una película sugerente y recomendable, que nos permite conocer un poco mejor una infame época en que héroes, a veces anónimos, tuvieron el valor de enfrentar al horror.



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Ficha Pozos de Ambición

Miguel Arkangel

  • 1 Mar 2020

8


Pozos de Ambición
Con un guión basado en “Oil!, la novela de Upton Sinclair, “Pozos de Ambición” nos cuenta la historia de Daniel Plainview, (un impresionante Daniel Day-Lewis) un audaz e inescrupuloso emprendedor petrolero, que en los primeros años del descubrimiento del oro negro en Texas, pasa de ser un humilde minero a todo un magnate.

No podemos más que admirarnos de la tenacidad y el coraje de Plainview. El tipo es un magnate hecho a sí mismo, que va siempre acompañado de su pequeño hijo adoptivo, en busca de nuevos territorios donde establecer sus torres de extracción. Logra el éxito y el dinero, por supuesto, pero a costa de vender su alma. La avaricia lo termina consumiendo y causando la pérdida de todo lo que ama. Es imposible no recordar otros filmes con historias parecidas, desde “Avaricia” de Erich Von Stroheim hasta “El ciudadano Kaen” de Orson Wells.

A destacar también al joven Paul Dano, como un hipócrita predicador con ansias de poder, con un alma tan corrompida como la Plainview, con quien mantendrán un duelo actoral estupendo.

Esta película de Paul Thomas Anderson, un director esencial del cine actual, ha sido acusada de excesiva e incluso de aburrida. Pero en lo personal me parece una magnifica zambullida en el lado oscuro del alma humana, de la podredumbre que se esconde detrás del sueño americano, y es una muestra de cine con mayúsculas, que contiene momentos de grandeza, talento y arte.



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Ficha El Último Mohicano

Aquamanequalizer

  • 29 Feb 2020

10


El Último Mohicano
excelente pelicula igual que su banda sonora, un verdadero peliculon de aventura, amor e historia que nos hace reevivir una epoca brutal y donde el dominio de las tribus indias se hiba perdiendo por los franceses y los ingleses, en una guerra que hubo mucha crueldad y donde las tribus indias veian su fin, una verdadera joya del septimo arte



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Ficha Diamantes en Bruto

Miguel Arkangel

  • 29 Feb 2020

7


Diamantes en Bruto
El destino es una apuesta.

Los hermanos Safdie han ido construyendo paso a paso una carrera notablemente audaz al momento de dirigir sus películas, buscando redefinir la urbanidad de la Babilonia moderna, Nueva York, y sus habitantes, que encierran enormes historias.

“Uncut Gems”, fue una de las gratas sorpresas del 2019. Adam Sandler hace un extraordinario cambio de registro, desde sus conocidos papeles de comediante, hacia el humor negro y el drama trágico, y lo hace muy bien, interpretando a un personaje, un joyero, de moral muy laxa, atrapado en los crueles juegos del destino. La construcción de su personaje es perfecta y la actuación de Sandler es muy memorable.

La trama es una genialidad a nivel narrativo, apoyada en la actuación de Sandler y secundarios estupendos como Kevin Garnett, (sí, la leyenda de los Celtics) y la hermosa Julia Fox, una talentosa actriz a la que habrá que seguirle la pista.

El desarrollo del film es un tren a toda velocidad, por momentos vertiginoso, confuso e irritante, pero siempre intenso e intrigante, hasta desembocar en el sorprendente climax final, un digno cierre, para una recomendadísima película.



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Ficha Jojo Rabbit

Miguel Arkangel

  • 29 Feb 2020

7


Jojo Rabbit
Adolf Hitler es mi amigo.

El dictador nazi y todo el horror que su régimen desencadenó han sido parodiados, en clave de fino humor, por el cine en numerosas ocasiones. En esta ocasión el neozelandés Taika Waititi, basado en la novela de Christine Leunens, rueda un film con humor negro y blanco, drama, ironía y, por momentos, meloso melodrama.

Un niño alemán, en plena Segunda Guerra Mundial, tiene al mismísimo Fuhrer (personificado por el propio Taika Waititi), como amigo imaginario, un desahogo con humor ante tanto horror encarnado por una dictadura y la cruel guerra.

Una película divertidísima, muy amena, repleta de brillante color, que va volviéndose gris conforme la guerra y la tristeza avanzan, con estupendos personajes y cuyo mensaje de esperanza llega fácilmente al espectador.

Una película que empieza con The Beatles y termina con David Bowie, repasando el amor, la amistad, la ternura, el drama y el horror de la guerra



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Ficha Mátalos a Todos

franjadimo

  • 28 Feb 2020

5


Mátalos a Todos
Pues estoy de acuerdo con muchas criticas es lo peorcito que ha hecho Van Damme y eso que el trabajo de este actor me gusta mucho pero esta película tiene un guion flojo que se pierde por el camino y deja muchas dudas, las actuaciones son regulares y son personajes vacíos sin carisma, lo único bueno son algunas peleas que están bien como la de Jean Claude Van Damme con Kris Van Damme por que hay otras que me parecieron que están mal hechas y para ver una pelea mal hecha en una película de Jean Claude es raro, por lo demás poco recomendable ya que no se disfrutara mucho esta mala película.



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Ficha No Andaba Muerto, Estaba de Parranda

franjadimo

  • 28 Feb 2020

6


No Andaba Muerto, Estaba de Parranda
Una comedia igual a muchas otras que ya no ofrecen nada original, ya que recurren a chistes repetitivos y situaciones incoherentes sin gracia, lo único bueno son uno que otro apunte de los protagonistas y los escenarios que se ven muy bien por lo demás verla si se es seguidor de este par de comediantes.



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Ficha El Irlandés

mahotsukai

  • 28 Feb 2020

9



El Irlandés
Notable épica gansteril del legendario director Martin Scorsese, que reúne a un trío de lujo en Robert DeNiro, Al Pacino y Joe Pesci.

Frank Sheeran es un irlandés veterano de guerra que vive en los Estados Unidos de los 60s y 70s, se dedica al transporte de comestibles y que terminará por ingresar al círculo de la mafia ítaloamericana como sicario y mano derecha de un importante capo gansteril.

La génesis de “The Irishman¨ (2019) se remontan a inicios de los 80s cuando Robert DeNiro y Martin Scorsese, una de las duplas más exitosas y aclamadas de la historia del cine, analizaban la posibilidad de concretar un remake de “The Bad and the Beautiful” (1952) y su secuela “Two Weeks in Another Town” (1962) de Vincente Minnelli, con un asesino a sueldo veterano como protagonista. El proyecto no prosperó en aquel momento y sería recién a mediados de la década de los 2000s cuando DeNiro leyó “I Heard You Paint Houses” (2004) de Charles Brandt, después de otras colaboraciones entre el actor y el director en las vitoreadas “King of the Comedy” (1983), “Goodfellas” (1990), “Cape Fear” (1991) y “Casino” (1995), que finalmente el proyecto comenzaría a aterrizarse en 2007 con el desarrollo del guión por parte de Steven Zaillian, ganador del Oscar a mejor guión original con “The Schindler’s List” (1993).

Mientras Zaillian reescribía y reescribía el guión, un inconforme y atribulado Scorsese que se sentía en un periodo de limbo creativo, producía y dirigía tres películas más “Hugo” (2011), “The Wolf of Wall Street” (2013) y “Silence” (2016) y recién encontraría el momento definitivo tras abandonar la producción de lo que iba a ser la también aclamada “Joker” (2019) de Todd Phillips. Finalmente, Zaillian satisfizo los requerimientos del director de “Taxi Driver” (1976) y estructuró un bestial guión que abordaba la relación de Sheeran no sólo con Russell Bufalino y su familia, sino con el teamster Jimmy Hoffa en un interesantísimo contexto político, social y económico de los Estados Unidos en los 60s, incluso con referencias a intrigas y conspiraciones políticas como el asesinato del Presidente John F. Kennedy y la desaparición del propio Hoffa, de acuerdo a la novela de Brandt, que se tradujo finalmente en la película más larga de Scorsese, con más de 210 minutos.

El propio Brandt, de hecho, aportó con una versión editada de su propia novela a partir del borrador de Zaillian, y es por eso que la película en su prólogo se titula “I Heard You Paint Houses” como una referencia al proceso de adaptación cinematográfica y sólo “The Irishman” en los créditos finales. Por otro lado, es innegable la influencia de Brandt en el guión a pesar de la autoría certificada de Zaillian, en especial porque el guión dedica bastante tiempo en establecer detalladamente la figura de Jimmy Hoffa. Como sea, lo que también es un hecho es la intención de Scorsese, de la manera más que contundente, de cerrar una trilogía apócrifa con los clásicos “Goodfellas” (1990) y “Casino” (1995) con las cuales regala un retrato de distintos niveles de los alcances del poder de la mafia, las complejas y sólidas redes criminales entre ésta y el poder político, además de proponer una verdadera clase de historia estadounidense.

De hecho, en la filmografía gansteril de Scorsese, podemos dar cuenta de los diversos enfoques que el director italoamericano hace del mundo profesional del hampa, incluso desde “Mean Street” (1973) en donde aborda la temática desde los niveles más bajos, los peones y sicarios de más poca monta que trabajan para los grandes capos de la mafia. En “Goodfellas” (1990) lo hace explorando la insertación del estilo de vida gansteril en un joven desde temprana edad. En “Casino” (1995), en tanto, lo hará a partir de la relación del crimen organizado con el entretenimiento y las artes. Finalmente, en “The Irishman” (2019) lo hará de una forma apoteósica y ciertamente comprehensiva, relacionando las complejas redes de la mafia con sindicatos y entes gubernamentales, incluidos el Senado y la Presidencia de la República. Lo que nunca, en cualquier caso, cambiará es la forma fascinante con que el director de “The Last Temptation of Christ” (1988) cuenta historias criminales, en este caso la de Frank Sheeran, con una honestidad y naturalidad que sólo le conozco, además, a Francis Ford Coppola.

La construcción de los personajes de “The Irishman” (2019), aunque se toma su tiempo, resulta interesante y cautivadora. Permite una contextualización precisa y una radiografía psicológica rica en detalles que puede resultar demasiado lenta y compleja para el espectador común. Es cierto que por momentos parece ralentizar el ritmo del film, pero es en la práctica un rasgo distintivo del cine de Scorsese y se asimila cuando el espectador ya ha visionado gran parte de su filmografía. La decisión de abordar la historia desde la senectud de los protagonistas y basar su relato esencialmente desde la retrospectiva constituye, sin duda, un riesgo sobre todo por la longitud del metraje y la cantidad de información que el director entrega al espectador, pero finalmente se traduce en un viaje a lo profundo de las redes criminales del país norteamericano que intenta sacar de la bruma de la duda varios de los hechos criminales más interesantes del siglo XX.

El ritmo de “The Irishman” (2019), en cualquier caso, necesariamente termina por ser más pausado y reflexivo, contiene menos referencias violentas que “Goodfellas” (1990) y “Casino” (1995), primero, porque se narra de esta forma retrospectiva con personajes decadentes y prácticamente muertos y, segundo, porque completa las apreciaciones etarias de lo que es el relato criminal para Scorsese. La madurez del director se transfiere así a un relato de similares rasgos y se detiene, entonces, más en los alcances de la reflexión de la vida criminal en momentos crepusculares que en la adrenalina de trabajar, vivir y beneficiarse activamente de este mundo subterráneo. Esta apreciación que Scorsese termina por ofrecer no habría sido posible de concretar sino era reuniendo a DeNiro, Pacino y Pesci en el mismo reparto, probablemente la generación de actores definitiva del cine negro de los 80s y 90s, un verdadero deleite para quienes somos amantes del cine gansteril y policíaco.

El retrato que el guión hace de Frank Sheeran, Russel Bufalino y Jimmy Hoffa es, esencialmente, realista y este aspecto puede resultar un tanto extraño para los seguidores del cine de Scorsese, acostumbrados a la ficción más novelesca del cine gansteril. No hay extrañeza en ello, dado que se trata ciertamente de un trabajo de no ficción, pero refuerza este aspecto porque, como ya dije, pretende hacerse cargo de ciertos acontecimientos históricos de Estados Unidos de legendario polémica e incertidumbre. Sheeran, como protagonista y narrador omnipresente, se alza como un personaje que hay que reconocer no busca jamás encontrar empatía en el público, es extremadamente cínico en sus actos y reflexiones, incluso en los momentos en que debe decidir de parte de quien está su lealtad, ni hablar del epílogo y sus percepciones finales respecto a sus hijos. En lo que constituye el placer de ver a DeNiro en lo suyo -lejos de las comedias vacías y autoparodias- su personaje se mueve principalmente por una cuestión de aprovechamiento de oportunidades y parece no encontrar en sus horas finales siquiera algún dejo de autocuestionamiento.

Joe Pesci, que por cierto abandonó su retiro ante la insistencia de Scorsese de tenerlo en el reparto, demuestra una vez más su brillantez actoral al interpretar magistralmente a Russell Bufalino, jefe de la mafia de Pennsylvania. Conocido por su gran y discreto manejo del crimen organizado bajo la fachada de un negocio de cortinas, es el gran mentor y guía de Sheeran y hombre clave en su ascenso continuo en el mundo del hampa. Es también el personaje que define cada movimiento del irlandés según su propia conveniencia, utilizándolo como comodín para hacer y deshacer alianzas, fortalecer y debilitar rivales, como es el caso del presidente del sindicato de camiones Jimmy Hoffa. Pesci tiene, además, el mérito de construir el retrato definitivo de lo que es la mente maestra detrás de los actos, inteligente, maquiavélico y calculador, elementos claves para ganar y sobrevivir en en mundo del crimen organizado.

Por su parte, Al Pacino se luce interpretando a un histriónico Jimmy Hoffa. El líder sindical de los camioneros de Estados Unidos es uno de los personajes más fascinantes de la historia de su país, no sólo por su enigmática desaparición en 1975, sino por el activo rol que jugó en la política social americana durante los 60s y 70s, periodo en el que se convirtió en una poderosa figura política. Sus lazos con el crimen organizado se remontaron a sus primeros años como camionero y se consolidaron durante su advenimiento como teamster. En “The Irishman” (2019) se aborda esencialmente este periodo y su condena por manipulación de jurado, intento de soborno y fraude por 13 años, y su liberación tras cumplir sólo 5 años tras un acuerdo de indulto del cuestionado Presidente Richard Nixon. Pacino da vida a un hombre poderoso, empático y testarudo como pocos, que regala los mejores momentos del film en su interacción con el personaje de DeNiro.

De esta forma, la historia criminal de Sheeran se va entretejiendo junto a sabrosos incidentes políticos de la historia estadounidense a través de tensos enfrentamientos entre los miembros de los diferentes clanes de la mafia italoamericana, que incluye diálogos perspicaces y cargados de humor negro y violencia oculta. Por ejemplo, podemos enterarnos del destino de varios de los personajes secundarios mafiosos a través de un rótulo referencial que señala cuándo y en qué circunstancia falleció, y enterarnos de parte del argot gansteril, como la frase “pintar casas” (que le da título a la novela) y “ejercer la carpintería” que significan ejecutar personas por encargo y enterrarlas, respectivamente. Así, Scorsese toma de la mano al espectador y le pasea por variados acontecimientos sociopolíticos interesantes como la invasión yanki a Bahía Cochinos en Cuba, el oscuro advenimiento al poder de John y Robert Kennedy a la Presidencia y a la Fiscalía respectivamente, el magnicido del primero en Dallas y el escándalo Watergate que le costó la Presidencia a Richard Nixon.

Scorsese decidió no correr riesgos para la interpretación de los personajes y en lugar de escoger actores más jóvenes para las secuencias retrospectivas, optó por recurrir a la tecnología digital para rejuvenecer computacionalmente a DeNiro, Pacino y Pesci. Si bien de buenas a primeras parece un tanto artificial, conforme el espléndido trabajo de fotografía del mexicano Rodrigo Prieto (“Biutiful”, 2010; “The Wolf of Wall Street”, 2013) se ensambla al trabajo de ILM, el resultado digital resulta satisfactorio sobre todo considerando la edad del trío protagónico, Pacino 79, DeNiro y Pesci 76. Para ello, Scorsese trabajó con tres cámaras simultáneas para el trabajo de rejuvenecimiento digital, evitando filmar con marcadores de captura facial que restan credibilidad al efecto en la mayoría de los casos. Debido a que la mayoría de las secuencias eran retrospectivas al relato principal, se realizaron 1.750 tomas para dos horas y media de filmación.

De hecho, el diseño de producción de “The Irishman” (2019) fue sencillamente bestial. Incluyó prácticamente 110 días de rodaje, 117 locaciones, 320 escenas y un reparto de 160 actores y 6.500 extras. Rodrigo Prieto realizó la fotografía principal en la Orchard de Manhattan, Nueva York y las secciones de Mineola y Williston Park de Long Island. El trabajo de vestuario encabezado por la triple ganadora del Oscar Sandy Powell (“Shakespeare in love”, 1998; “The Aviator”, 2004), por su parte, también fue descomunal debido a la cantidad de prendas que se debieron confeccionar, de acuerdo a la época y a la jerarquía gansteril.

Además de los legendarios Roberto DeNiro, Al Pacino y Joe Pesci, el film contó en el reparto con Harvey Keitel (“Reservoir Dogs”, 1992; “Pulp Fiction”, 1994) como Angelo Bruno, jefe de la mafia de Filadelfia; Stephen Graham (“Snatch”, 2000; “Gangs of New York”, 2002) como Anthony “Tony Pro” Provenzano; Ray Romano (“The Middle”, 2011) como Bill Bufalino; Bobby Cannavale (“The Other Guys”, 2010) como Felix DiTullio; Anna Paquin (“The Piano”, 1993) como Peggy Sheeran; Katherine Narducci (“A Bronx Tale”, 1993) como Carrie Bufalino; Domenick Lombardozzi (“A Bronx Tale”, 1993) como Anthony “Fat Tony” Salerno, entre otros.

El músico canadiense Robbie Robertson y el supervisor musical Randall Poster fueron los encargados de recopilar el soundtrack, que incluyó clásicos como “Tuxedo Junction” de Glenn Miller & His Orchestra, “El Negro Zumbón” de Flo Sandon’s, “A white sport coat” de Marty Robbins&Ray Conniff, entre otros. Robertson aportó con “Theme for The Irishman”, corte que destaca por un tono casi satírico y una notoria presencia de bajos y chelos.

Una de las cuestiones que más polémica armó fue la participación de Netflix en la distribución de la película, al igual como había ocurrido con “Roma” (2018) de Alfonso Cuarón. El film fue transmitido por Netflix el 27 de noviembre, dos meses después de su estreno en el Festival de Cine de Nueva York y en el Festival de Cine de Londres. Como era de esperarse, las distribuidoras de películas de salas alzaron la voz por la inclusión de Netflix en la distribución por streaming y amenazaron con reducir la proyección en cines si Netflix no respetaba al menos el periodo básico de proyección en salas. El resultado, sin embargo, fue que sólo en su primera semana en la plataforma de streaming la película fue vista por 17,1 millones de espectadores, lo que encrudeció el conflicto entre las distribuidoras.

A pesar de ser aclamada por la crítica, “The Irishman” (2019) fue la gran perdedora de los Oscar, Globos de Oro y BAFTA. Si bien recibió 192 nominaciones, 10, 5 y 10 de las tres grandes instancias de premiación, no se quedó con ninguna estatuilla. Los 49 reconocimientos que recibió, no obstante, no dejan de ser importantes, como al mejor reparto en los Critics’ Choice Award, a la mejor película, guión adaptado y el NBR Icon Award (Scorsese, DeNiro, Pacino), mejor película y mejor actor secundario (Pesci) en los NY Film Critics Circle Awards y Philadelphia Film Critics Circle Awards, mejor edición (Schoonmaker) en los Chicago Filn Critics Circle Awards y Boston Society of Film Critics Awards, entre otros.

En resumen, una epopeya cinematográfica sobre el crimen organizado en los Estados Unidos de Postguerra que a a pesar de su tendencia al detallismo y la densidad narrativa, es absolutamente disfrutable, con un trío protagónico maravilloso y la sensación de ser, en definitiva, el esperado testamento fílmico de su realizador.



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Ficha Servicios Secretos Paralelos

Mad Warrior

  • 28 Feb 2020

7



Servicios Secretos Paralelos
La Agencia Central de Inteligencia, una monstruosa organización en cuyas entrañas se cuecen todos los secretos de seguramente todas las naciones del Mundo, y cuyo efecto sobre los demás es atemorizante, tal y como nos la presentan en la ficción...¿qué podría hacer un hombre solo contra ella?

Hay que decir que a lo largo de la década de los 80 no sólo el género bélico sobre la guerra de la Vietnam, las películas de aventuras para toda la familia o esas comedias absurdas surgidas de la costilla de ¨Aterriza como Puedas¨, conseguían una buena recepción de cara a la taquilla; había otro tipo de cine que resistía bien el paso del tiempo y que en aquellos años seguía produciendo títulos a mansalva: el de espionaje. Un cine que tomaba de referencia el terrorismo internacional, los desastres de un pasado histórico ya olvidado o la aún presente Guerra Fría, el tema por excelencia.
Y como muestra podemos citar ¨El Enigma¨, ¨Gorky Park¨, ¨El Juego del Halcón¨ o esa ciertamente extraña ¨Firefox¨, las cuales, como muchas otras, beberían de la literatura de John LeCarré. El momento perfecto para llevar a la gran pantalla una de las novelas del autor experto en la materia Robert Littell, en concreto ¨The Amateur¨, que él mismo adaptó para el tándem Mario Kassar/Andrew Vajna y que terminaría en las manos de Charles Jarrott, realizador británico sobre todo recordado por su galardonado drama ¨Ana de los Mil Días¨, cuya entrada en los 80 fue más bien irregular.

En esta ocasión, como en la mayoría de trabajos de Littell, el pilar alrededor del cual se suceden los acontecimientos será la C.I.A. a partir de que un grupo terrorista profesional se haga con el control del consulado estadounidense de Munich para que les concedan el abandonar el país hacia suelo checoslovaco, lo que finalmente consiguen tras asesinar frente a las cámaras a la pobre inocente Sarah. Intenso inicio el que nos expone Jarrott y duro golpe para el novio de la chica, Charles Heller, quien trabaja como analista y descifrador de claves para la poderosa Inteligencia.
Pero una organización que, como iremos viendo a lo largo del film, se verá despojada de su prestigio y cayendo en la más profunda desmitificación por obra y gracia de la pluma de Littell, quien no tiene reparos a la hora de afirmar, en boca de su protagonista, lo impotente que es frente a la amenaza terrorista; una organización de métodos reprochables que se acoge a insulsas burocracias y que a no mucho tardar se convertirá en todo un monumento a la traición, el miedo y el terror. Pero a Heller no le dominan las normas de la compañía, sino la sed de sangre, sentimiento el cual sus jefes no pueden combatir.

Así que este primo lejano de Jack Ryan, que como aquél no es más que un humilde y aburrido analista, iniciará una cruzada de venganza (como si del reflejo de la perpetrada por su suegro en la Alemania nazi se tratara, lo que le motiva a actuar) contra aquellos que mataron a su novia, midiendo cara a cara sus fuerzas e ingenio contra toda la C.I.A., a pesar de ser, como bien nos avisa el título de la novela, un novato. Cual Charles Bronson en ¨El Justiciero de la Ciudad¨, Heller se embarca en su peligrosa misión cruzando fronteras, esquivando enemigos militares y percatándose de que está solo frente a todos.
De repente, una intromisión en la trama que emparejará al protagonista con Elisabeth, misteriosa mujer de turbio pasado y constante ambigüedad que le ofrecerá toda la ayuda posible, inscribiéndose así en la mejor tradición de las heroínas ¨hitchcockianas¨. Son los motivos personales, la rabia interior, la insensibilidad la que guía la intriga de la trama, nada más, de ahí que ¨The Amateur¨ pueda ser considerada una simple película de venganza arropada por la parafernalia del cine de espías de toda la vida (con sus agentes dobles, sus traiciones, sus cortinas de humo, sus claves secretas, su K.G.B., su Guerra Fría como telón de fondo, sus ¨femme fatale¨ y sus inesperados giros de argumento).

Y es que no precisa Littell de convencernos mucho para ponernos en la piel de su protagonista, por eso mismo sus acciones, tan repugnantes, violentas y despiadadas como las de los terroristas a los que da caza (se hará eco al tema de los reflejos y la pérdida de identidad cuando Heller, buscando a Schraeger, sólo se halle frente al espejo apuntándose a sí mismo) estén perfectamente justificadas, tanto es así que uno no puede sentir sino una enorme satisfacción en momentos como el de la cápsula de veneno o el de la explosión en la piscina.
Suspense, acción y violencia en ocasiones abrasiva conducidos con oficio y nervio por Jarrott tras la cámara, quien se sirve de la buena labor de Stephan Fanfara en el montaje, hacia un intenso clímax en la mejor tradición del más puro cine negro que exuda esencia ¨hitchcockiana¨ por los cuatro costados (los espejos, las lámparas, la oscuridad...). Al frente de esta aventura tenemos a un joven John Savage algo inexpresivo pero sobrado de carisma, a quien sigue la guapa Marthe Keller en un papel no muy alejado del que interpretara en ¨Marathon Man¨ (cuya influencia es apreciable), un correcto Jan Rubes y un Christopher Plummer algo desaprovechado como el veterano investigador que tiene que dar caza a Heller.

Violento y áspero ¨thriller¨ de atmósfera tensa, melancólica y sombría desconocido a día de hoy para casi todo el mundo, pues funcionó pésimamente en taquilla en su momento, donde es posible que la inverosimilitud, la poca originalidad (insisto en lo de que es un film de venganza simple y directo) y la justicia de dudosa ética campen a sus anchas, pero que al final, como bien nos prometía el director desde sus primeras secuencias, garantiza un gran entretenimiento como el buen cine de espías al que pertenece.



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Ficha Loca Academia de Policía 3: De Vuelta a la Escuela

Mad Warrior

  • 27 May 2020

5



Loca Academia de Policía 3: De Vuelta a la Escuela
Parecía que nos habíamos despedido de ellos pues nada se podía decir salvo que eran el recién iniciado cuerpo de policía más dedicado y estrafalario que patrullaba por la ciudad.
¡Pero no! Como estaba previsto nuestros amigos han vuelto, y esta vez al lugar de donde salieron...para liarla un poco más.

Allá por 1.984 los guionistas Pat Proft y Neal Israel se unieron a Hugh Wilson en una modesta producción (de poco más de 4 millones de dólares) de Paul Maslansky y gracias a un reparto impagable dieron vida a una de las comedias más divertidas de los 80, producto de su tiempo y nada bien recibida por los críticos pero que ha quedado como una joyita de la década. Pese a tener que medirse en su momento con taquillazos como ¨Gremlins¨, ¨Los Cazafantasmas¨, ¨Top Secret¨ o ¨Terminator¨, esta comedia de pobre caracterización apoyada en sucesivos ¨sketches¨ de humor absurdo recaudó la friolera de 80 millones de dólares sólo en territorio americano.
Poco hacía pensar que los sr. Maslansky y Ladd Jr., al ser recompensados con tales benefecios, no fuesen tentados para seguir sacando provecho de la fórmula de ¨Loca Academia de Policía¨, así que tan sólo un año después llegó la secuela, ¨Su Primera Misión¨, que volvió a ser un gran éxito de taquilla (aunque, y esto hay que tenerlo claro, se invirtió en ella más presupuesto que en su predecesora y no así recaudó menos...). Pues como Halloween o Semana Santa parecía que el regresar a la desastrosa academia tan bien conocida por todos iba a convertirse en costumbre anual.

En esta ocasión repetiría tras la cámara el director Jerry Paris partiendo de una premisa con no muchas luces imaginada por el malaventurado Gene Quintano, quien también se encargaría del guión de la cuarta entrega de la saga (y de cuya pluma han surgido ¨maravillas¨ como ¨Allan Quatermain y la Ciudad Perdida del Oro¨ o ¨Muerte Súbita¨). Y ¨con no muchas luces¨ me refiero a que poco más podía rascarse de las rencillas entre los simpáticos policías de la academia Lassard y las malvadas maquinaciones del comandante Mauser, pero el guionista demostró que nos equivocábamos.
Ahora tenemos que asistir a un plan del segundo para eliminar completamente al primero y sus acólitos en una especie de idiota competición en la que ambas escuelas deberán medirse pues al parecer el gobernador quiere cerrar una de ellas (que tampoco se nos explica muy bien por qué); como es lógico Lassard será ayudado por sus queridos amigos Mahoney, Hightower, Jones, Tackleberry, Hooks y Fackler, que ya son sargentos, y Callahan. La gracia está en que los que eran cadetes ahora servirán de profesores para entrenar a una nueva y aún más extravagante generación de agentes de la ley; las intenciones de Paris y Quintano no pueden ser más claras.

Básicamente éstos deciden recuperar a algunos de los conocidos personajes principales de la primera parte, otros secundarios que aparecían en la secuela y algunas caras nuevas más e ir repitiendo casi sistemáticamente los mismos chistes, situaciones e incluso lugares (¿cómo podía faltar el ¨gag¨ del mítico pub La Ostra Azul?) que ya vimos en la película original, calcando secuencias de aquella sin vergüenza alguna (cuando Fackler acaba en el parabrisas del coche, tal como antes hacía su mujer, o la carrera por el circuito de Hooks). Toda la función, que sigue alimentando su avance de pequeños ¨sketches¨ no ofrece casi nada nuevo y todo suena a visto y oído.
Jones hará sus ruiditos e imitará a Bruce Lee; Copeland, Blanks, Mauser y Proctor fastidiarán a los cadetes de Lassard; éste tendrá sus graciosas lagunas y ocurrencias; Hooks hablará dulcemente para luego soltar un grito; Hightower seguirá con su cara de mármol; Tackleberry con sus psicóticos ataques; Zed (otrora maleante ahora pasándose porque sí al lado de la ley) con sus desquiciados berridos; y Mahoney, quien parece más bien un secundario relegado, y es que la película no da a basto para centrarse en tantos personajes, intentando ligar con otra chica guapa (¡que hasta comparte el nombre de la que interpretó Kim Cattrall en la primera!) y devolviendo el golpe a los ¨malos¨ con su innata elegancia y desparpajo.

¨Todo lo que el fan quiere ver¨, pensó Quintano. Lo malo, y pese a encontrar no pocas escenas que terminan sacándonos la carcajada por el nivel de absurdez y disparate que se atreven a alcanzar, es que su humor carece de la personalidad del de Israel y Proft, pues se limita a copiarlo sin más y con un gusto por estirar en exceso los ¨gags¨, que a la larga dejan de ser graciosos y empiezan a resultar tediosos; esto, unido a que los personajes siguen siendo caricaturas cuya caracterización ni avanza, ni se desarrolla, ni cambia, entraña pocas sorpresas. Lo demás está concebido a mayor gloria de los chicos de la academia.
Y si alguno lo dudaba atención al espectáculo que se montan en el escenario durante la fiesta de la policía, con Leslie Easterbrook y Marion Ramsey demostrando talento a la voz, o el tramo final con esa trepidante cacería a bordo de las lanchas y las motos de agua (que parece la parodia de un episodio de ¨Corrupción en Miami¨). Sí, es cierto, el fan no puede evitar sentir una alegre nostalgia al reencontrarse con sus amigos Steve Guttenberg, Bubba Smith, David Graf, Michael Winslow, Bruce Mahler, George Gaynes y Bobcat Goldthwait. Quizá por eso es inevitable el querer seguir acompañando en sus aventuras a estos dicharacheros y entrañables patanes.

Esa era la clave, y Paris y Quintano la volvieron a exprimir al máximo. ¨De Vuelta a la Escuela¨ debutó siendo número 1 en la taquilla americana, donde se embolsaría el triple de su presupuesto invertido.
Sin embargo se invertía más en cada entrega y se recaudaba menos...y las opiniones por parte de la crítica eran cada vez más crueles. Así que el fin de la saga estaba muy cerca, más o menos a la vuelta de la esquina.



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Ficha El Prestamista

Mad Warrior

  • 28 Feb 2020

9



El Prestamista
A veces resulta muy difícil desprenderse de los recuerdos, sobre todo si están llenos de horror, miseria, dolor y sufrimiento.
Es irremediable habitarlos para siempre, pues una parte de nosotros se quemó con ellos, y de esas cenizas resultantes ya nada resurgirá jamás...

Sidney Lumet emergía triunfante de los 50 con la obra maestra que es ¨Doce Hombre sin Piedad¨ convirtiéndose en una de las figuras más notables de aquella generación de directores cuyo aprendizaje se dio en el universo televisivo, donde también cabe señalarse a Franklin J. Schaffner, Martin Ritt o John Frankenheimer, y cuyo talento dejarían impreso durante la década de los 60. Es precisamente en este etapa donde Lumet busca sin descanso la perfección estética y formal con la que conseguir establecer una seña de identidad, una personalidad propia con la que imponerse ante los demás.
Tras ¨Larga Jornada hacia la Noche¨, brillante adaptación de la obra homónima de Eugene Levy, éste se embarca en un interesante proyecto: llevar a la gran pantalla la novela ¨The Pawnbroker¨ escrita en 1.961 por el autor Edward L. Wallant, adaptada para la ocasión por David Friedkin y Morton Fine, encargo que acepta tras el rechazo de Stanley Kubrick y el despido de Arthur Hiller, y que le servirá para proseguir esa búsqueda y afianzar sus virtudes como cineasta.

La película da comienzo con un pequeño prólogo situado en un ambiente idílico, cuyo estilo roza el onirismo; sin duda un sueño que por unos segundos nos transporta a un ideal de paraíso en la tierra antes de ser interrumpido por algo horrible, algo que atormenta la memoria del hombre en cuyas bucólicas imágenes se sumerge para evitar salir al gris mundo exterior. Su nombre es Sol Nazerman, un antiguo profesor de ascendencia judía capturado junto a su familia por los nazis y recluido en un campo de concentración, ahora dedicado a ejercer de prestamista en un pequeño local de Harlem; marcado por su pasado, este hombre es (como muchos de los personajes le describen) un espectro deambulante, un muerto que nunca murió y que sólo intenta sobrevivir.
Melancólico amargo a quien sus recuerdos le asaltan sin piedad, emergiendo desde la parte más oscura de su propia memoria, tanto más cuanto que debe lidiar con el aniversario de su aprisionamiento (el mes de Octubre jamás debe figurar en el calendario); la única relación que mantiene es con la viuda de su mejor amigo, muerto durante la guerra (el lazo viviente que le ata a su pasado), mientras evita el contacto físico, verbal y hasta ocular, evita sentir y ser sentido encerrándose en sí mismo, aislamiento materializado en la tienda donde trabaja (se relaciona con sus clientes a través de los barrotes dispuestos en el mostrador), haciendo las veces de maestro para Jesús, un joven puertorriqueño de carácter vital y lleno de ilusión que choca directamente con el suyo.

Más que sumergirnos en un viaje interior de autodestrucción y expiación, lo que hacemos es convertirnos en testigos mudos e impotentes de un estancamiento existencial cuyo alimento principal es la desolación y la ambición material (¨¡tras la velocidad de luz […] sólo existe la verdad del dinero!¨). En la significativa discusión que mantiene con Marilyn, Sol expresa abiertamente su odio contra la gente que se lanza ignorante a la búsqueda de respuestas; sólo aquellos que mantienen la esperanza pueden hacerlo, pero él, que carece de tal privilegio, no lo precisa porque sabe que no se hallan en ninguna parte, y menos aún en el mundo en el que vive, tan plagado de corrupción, cinismo, odio, injusticia y, sobre todo, violencia.
A su modo, el gueto de Harlem es un campo de concentración no muy distinto de los que gobernaban los nazis, con sus soldados (los delincuentes) y sus dictadores (Rodríguez, el cacique local); Sol verá reflejada esta brutalidad, esta ausencia de humanidad omnipresente (cuando observa la paliza que pegan al chico en plena calle). Con claras influencias del neorrealismo y la ¨nouvelle vague¨, Lumet nos arrastra a los abismos de un ambiente sucio, paranoico y degenerado que nos impregna con su hedor, cuya atmósfera, tan sombría como el propio protagonista, resulta sórdida, opresiva, malsana.

Una atmósfera recargada de pesimismo y amargura donde la ausencia de aire coincide con la ausencia de futuro y cuya tensión creciente no puede sino derivar en un final trágico, lo que de algún modo se presagia casi desde el inicio del film (la mala relación de Sol con sus clientes y su desprecio, cada vez más acusado, hacia Jesús, unido al aumento de su paranoia). El director subraya esta sensación de asfixia, de incomodidad desasosegante, sirviéndose de hábiles recursos formales como los planos en rápida sucesión, los inesperados ¨flashbacks¨ o las secuencias filmadas cámara en mano, que captan la violencia de forma cruda, directa y áspera.
La música de Quincy Jones, a veces agitada, de vez en cuando conmovedora, y la maravillosa fotografía de Boris Kaufman, que tiende a un negro profundo, un negro que devora el espacio y envuelve a los personajes, hacen el resto. En cuestiones artísticas, Lumet se rodea de buenos actores, negros en su gran mayoría, donde cabe señalarse a Jaime Sánchez, un imponente y amenazador Brock Peters y la guapa Thelma Oliver; por encima de todos ellos sobresale un Rod Steiger que hiela la sangre con su intensa y desalentadora interpretación, convirtiéndose en la imagen misma del Judío Errante que, tras negar agua a Jesucristo en el camino hacia su crucifixión, fue condenado a vagar eternamente (tal como acaba Sol tras ser testigo de la tragedia de Jesús, lo que establece un claro reflejo entre la situación de la película y el mito bíblico).

Lumet se destapa con una mirada lúcida e implacable sobre la alienación y la existencia como tormento expiatorio, y, más ampliamente, sobre el Holocausto y el Sueño Americano, haciéndonos asistir a su completa demolición (tanto más cuanto que el presente del film tiene lugar mientras la paranoia comunista continúa, la Guerra Fría y el conflicto en Vietnam se recrudecen y surgen grandes manifestaciones en el país contra la discriminación racial), algo que sin duda disgustaría a algunos críticos en la época.
Sin duda una de las más desgarradoras y oscuras obras del director y, sin sonar exagerado, de todo el cine de los 60.



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Ficha Invicto

Mad Warrior

  • 28 Feb 2020

3



Invicto
¨Esto es algo muy bello...sí, de una gran belleza. Dos hombres luchando hasta el final, y sólo uno de ellos puede ganar, porque es el mejor. Esa es la esencia de este maldito deporte¨.
Restallar de puñetazos, sangre salpicando en la lona, sudor resbalando por la sien...descarnada brutalidad para unos, indiscutible arte para otros. El boxeo no está a gusto de todos.

El comienzo del nuevo siglo quizá llegó a significar un soplo de aire fresco y una etapa de renovación para muchos directores, pero no especialmente para el sr. Walter Hill, quien, tras unos años de silencio en el mundo del cine desde su no muy bien recibida pero desde luego nada desdeñable ¨El Último Hombre¨, decidió inmiscuirse por un momento en el género de la ciencia-ficción, que nunca antes había tocado, poniéndose al frente de un proyecto que venía tambaleándose y que ya desde su mismo inicio era la crónica de una muerte anunciada: ¨Supernova¨.
Cambios en el guión y en la dirección, discusiones con la productora y un montaje que a nadie gustó y que tuvo que ser reeditado millones de veces acabó con el abandono de Hill y la sustitución de su nombre en los créditos (por el de Thomas Lee). Tras la pésima experiencia regresaría para realizar un film más acorde a su estilo ubicado en el inclemente y salvaje mundo del boxeo, del cual era un gran fan desde joven; la idea, surgida a partir de la condena de Mike Tyson por violación a principios de los 90, fue convertida en guión junto a David Giler, colaborador del cineasta. Aunque de nuevo, y para no variar, surgieron problemas con la productora...

Esta vez por la negativa inicial de tener a dos actores negros como protagonistas, algo esencial e inalterable para Hill; problemas que sin duda influirían enormemente en la producción (a veces incluso llegando ésta a paralizarse para esperar a tener suficiente presupuesto y continuar el rodaje). Un combate de boxeo marca, efectivamente, el inicio de la película, aunque con el añadido de estar celebrado dentro de una prisión; la mecánica es fácil de asimilar y el estilo se establece rápidamente: el espectador va a encontrarse un aluvión de testosterona y violencia presentada de forma más o menos realista que recorrerá la trama desde el principio hasta el final.
Una trama que trae a colación, y sin molestarse en difrazar, el caso de Tyson, atribuido al campeón de los pesos pesados George Chambers, quien está viendo su fama y prestigio desmoronarse al ser condenado por violar a una chica, delito que mantendrá su incógnita y ambigüedad (depende del punto de vista del público). Y resulta que, en la cárcel a la que ha sido enviado, organizan combates cuyo campeón invicto es también un antiguo boxeador llamado Monroe; para ambos ese agujero atestado de criminales e indeseables no será más que el ring donde disputarse el título.

El director vuelve a insistir en algunos de los aspectos y motivos recurrentes de su cine: el ego masculino, la fuerza bruta como único recurso para lograr la victoria, la amistad y enemistad entre hombres y, sobre todo, las relaciones con el sexo opuesto (en este caso instigador de infamia y manipulación) acabadas en tragedia, todo ello situado en una atmósfera hostil, desasosegante y dominada por el odio, la injusticia y la corrupción desde las alturas, encarnada en el anciano mafioso que organiza las peleas o en el cínico alcaide. Un caótico ambiente que encaja a la perfección con la estructura argumental propuesta...
Y es que, mientras Hill pretende retratar de un modo crudo y directo la vida dentro de la cárcel (en lo que ya indagó con ¨Límite: 48 Horas¨ o ¨Danko: Calor Rojo¨), haciendo hincapié en los ¨códigos de honor¨ de los presos, el orden de jerarquías o el aislamiento, también homenajea al noble arte de la lucha cuerpo a cuerpo (tema central de ¨El Luchador¨, su primer film). Este afán por combinar ambos géneros, el del drama carcelario y el del boxeo, no llega a encontrar su punto de equilibrio, más bien al contrario, y sobre todo al querer meter de por medio una especie de subtrama referente a la mafia y su omnipresente poder en el sistema, con la intención, quizás, de inclinar la película hacia el ¨thriller¨.

Todo esto a la vez que se sigue el polémico asunto de la violación (tratado con cierta desgana y frivolidad) y el drama en torno a la misteriosa y carismática figura de Monroe, auténtico protagonista de la historia (en el cual ésta no se centrará lo suficiente), a menudo a través de unos molestos ¨flashbacks¨ recordatorios que no hacen sino ralentizar el ritmo de un metraje al que ya de por sí le cuesta avanzar, preparando el tenso clima para un gran combate final cuyo resultado se podía adivinar desde la mitad de la película.
No ayuda en absoluto la implicación de una serie de personajes arquetipos absolutamente detestables, como los encarnados por Dennis Arndt, Fisher Stevens, un Ving Rhames irritante en exceso y un correcto Peter Falk en el papel de veterano gangster, personajes con los que es difícil empatizar; sólo Snipes, y eso sin ofrecer una gran actuación, consigue atraer mi atención. Pero si en cuestiones narrativas o interpretativas ¨Invicto¨ deja ya mucho que desear, termina remantando la faena su particular estilo, deudor en esencia de Peckinpah o Flynn, el cual queda aplastado por una estética ¨hip-hop¨ enfocada en la comunidad negra (los blancos son presentados de la peor manera) muy acorde con las tendencias del momento (era la época de ¨A todo Gas¨, ¨Romeo debe Morir¨, ¨Herida Abierta¨, etc.).

En definitiva una película situada en tierra en nadie, ni perteneciente al drama carcelario ni al boxeo, y lo mejor de todo es que a nadie parece importarle. Como estaba previsto, su paso por la taquilla fue bastante modesto generando indiferencia más que otra cosa. Tiene ingredientes para convertirse en una obra notable y entretenida, pero todos acaban desaprovechándose; por mi parte, la trama no ha captado mi interés y los personajes no han logrado mi simpatía.
Hill, desde luego, vivió tiempos mejores...aunque, cosa curiosa, acabó satisfecho con el resultado.



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Ficha The Water Magician

Mad Warrior

  • 28 Feb 2020

8



The Water Magician
A inicios de los años 30 Japón sufre una evolución política que transforma las mentalidades. Los militares aliados fomentan con los nacionalistas el complot de la restauración Showa; en 1.932 es asesinado el primer ministro, sustituido por el almirante Saito, liberal que defiende la política colonial.

En este contexto nacionalista los dirigentes del régimen desconfían del cine y censuran los temas de resonancia social; Kenji Mizoguchi cuenta 34 años y teme que le prohíban trabajar por sus ideas progresistas, así que acepta un encargo del ejército, no producido por Nikkatsu sino por Irie Production, propiedad de la famosa actriz Takako Irie. Tras esta fugaz concesión al cine de propaganda decide romper con su actual compañía y firma para Irie, con la que rodará tres trabajos más. El primero es ¨Taki no Shiraito¨, adaptación de la conocida novela homónima de Kyoka Izumi.
Se trata de un celebérrimo autor y poeta hacia el que Mizoguchi afirmaba sentir profunda simpatía por el espíritu popular de rebelión que impregnaba sus obras; la novela, publicada en 1.895, había sido llevada al cine años antes (y volvería a llevarse en muchas ocasiones) por Kiyomatsu Hosoyama, y del guión se encargaría el director junto a varios colaboradores. Muchas historias de Izumi siguen un esquema fijo: la de una mujer, con frecuencia una artista, que ayuda a ascender a un hombre pobre y que más tarde se reencuentra con él convertida por los reveses del destino en un ser demacrado, víctima de sus propios sacrificios.

Y también ésta, que nos introduce en la algarabía de los espectáculos a pie de calle de Kanazawa en una era Meiji presta a finalizar; pero ninguna de las compañías causa tal sensación como la de la bella Tomo Mizushima, llamada ¨Taki no Shiraito¨ debido a la mágica función con agua que deja atónitos a los espectadores. Mizoguchi recurre al ¨flashback¨ para desentrañar el misterio de la continua alegría que invade el rostro de Tomo, quien días antes conoció a un cabezota y joven cochero llamado Kinya que acabó rompiendo la diligencia en la que viajaban ella y otros pasajeros; éstos se quedaron tirados en la carretera, pero el chico la llevó hasta la ciudad en caballo.
El encuentro se repite en el puente del río Asano, desde la amargura por parte de Kinya, despedido por su irresponsabilidad, pero desde la felicidad por parte de Tomo, quien no tarda en confesarle su profundo amor. En este sentido, y durante buena parte de la trama, nos hallamos ante un romance construido mediante puros y honestos sentimientos mientras el director, siguiendo el espíritu de Izumi y como ya es costumbre en su cine, no repara en subrayar el arrojo y la dedicación de Tomo, convertida en perfecta imagen de la mujer de la era Meiji, dispuesta a enfrentar el autosacrificio con la misma fuerza que los avatares de la vida.

Mizoguchi nos enseña que tal como hay quien necesita vivir para amar también está el que necesita amar para vivir, como le sucede a la protagonista, que gracias al amor que mantiene en la distancia con Kinya puede afrontar día a día su duro trabajo; pero también vemos cómo el cambio de estación refleja un cambio en el devenir de las cosas. La llegada del frío invierno trae consigo el hastío y la depresión general en la compañía de Tomo, cuyos integrantes sobreviven a duras penas; aun así se continúa ensalzando el sacrificio de la chica que, cual madre protectora, ayuda a todos, incluida a una joven pareja que desea escapar del maltrato del jefe de la troupe.
Un pareja con la que Tomo se identifica (en ella ve el reflejo de su ansiado deseo) y un jefe que obliga a prostituirse a la joven huida y que hace tratos con un vil usurero, personajes con los que Mizoguchi esboza su retrato de la figura masculina, presentada en su forma más cobarde, repulsiva, hipócrita, violenta y despreciable. Y es que, llegado el ecuador de la historia, que deja atrás su lado sensible y romántico mutando en un durísimo y oscuro drama, uno no puede sino sentir que se le quiebra el corazón al asistir a la pesadilla en la que se sumerge la protagonista por culpa de los despiadados procederes de los hombres que la rodean.

Lo que ayer era una mujer con una bonita sonrisa dibujada en los labios y un alma colmada de esperanza y pasión es ahora un juguete roto de rostro desencajado víctima de su amor que ha descendido a la más pura decadencia; la deslumbrante artista se convierte en sucia prostituta, el pobre vagabundo en prestigioso fiscal. Con su sacrificio la mujer ha logrado el triunfo social de un hombre, pero ella no logra nada a cambio; sea como sea, Tomo es una víctima (Mizoguchi se encarga de recalcarlo hasta la extenuación). Un cuchillo olvidado en un puente será el objeto que desencadenará una terrible sucesión de consecuencias.
El terror, la culpa, la tensión y finalmente el dolor se apoderan de la protagonista y de la atmósfera, tanto más desasosegante con la proximidad de ese descorazonador reencuentro; entre tanto el cineasta experimenta con la imagen y otros recursos (destacan sus largos planos-secuencia, sus primeros planos a los rostros, que casi acaricia con la cámara, sus suaves travellings, su uso de las elipsis para superar las tradiciones narrativas del melodrama convencional). Unos correctos Tokihiko Okada, Bontaro Miake, Ichiro Sugai y Kumeko Urabe secundan a la bellísima Takako Irie, que se erige como heroína (mártir es más correcto) ¨mizoguchiana¨ de pleno derecho antes de la arrolladora Kinuyo Tanaka.

Acompañada de la sentida narración de Shunsui Matsuda, conocido como el último benshi de Japón (quien confesó que era una de sus películas favoritas), y rematada con un ¨shakespeariano¨ desenlace que hace trizas el corazón, el sombrío y desgarrador drama que es ¨Taki no Shiraito¨ consigue brillar entre los muchos trabajos que componen la primera etapa del director, aunque aún estarían por llegar otros grandes e inolvidables melodramas...



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Ficha Arizona, Prisión Federal

Mad Warrior

  • 28 Feb 2020

7



Arizona, Prisión Federal
Un tesoro de incalculable valor escondido en las montañas. Dos hombres que se unirán para hacerse con él pese a las desaveniencias del destino, que parece jugar en su contra todo el tiempo. Una gran aventura en la que se verán enfrentados la amistad, la traición, el amor y, sobre todo y por encima de todo, el dinero.

Aunque la década dorada del sagrado cine del Oeste estaba tocando a su fin todavía quedaba tiempo para que en el panorama cinematográfico apareciesen un buen puñado de obras; en concreto el año 1.958 se vería adornado con algunas tan memorables para el mismo como ¨Horizontes de Grandeza¨, de las mejores de William Wyler, o ¨El Hombre del Oeste¨, sin olvidar otros títulos igual de efectivos (¨Del Infierno a Texas¨, ¨El Vengador sin Piedad¨, ¨El Zurdo¨ o ¨Terror en una Ciudad de Texas¨). En aquel año el artesano Delmer Daves daría también al ¨western¨ un par de trabajos que sin duda merecen ser recordados.
Uno fue ¨El Cowboy¨ y el otro el que nos ocupa, producción de Aaron Rosenberg para la MGM cuyo guión firmado por Richard Collins (¨Motín en el Pabellón 11¨, ¨La Mujer Serpiente¨) adaptaba en realidad una de las más celebradas novelas de William R. Burnett, ¨The Asphalt Jungle¨, ya llevada al cine por John Huston (respaldada, para más inri, por la misma productora) y convirtiéndose en una de las películas imprescindibles y más influyentes del cine negro y de criminales; sin embargo el guionista trasladaría todo ese universo ¨noir¨ junto con sus códigos a los dominios del ¨western¨.

Collins inicia la historia en las profundidades de la cárcel territorial de Arizona y Daves plasma con dureza la violencia de la narrativa en un áspero prólogo donde ante todo queda patente la fuerza bruta de la que se sirven los guardianes de la ley y la muerte como única solución para huir de ellos. El personaje del Erwin Riedenschneider de Burnett se transforma aquí en un inteligente y apuesto ingeniero llamado Peter Van Hoek apodado ¨Alemán¨, encarcelado por un robo que no cometió y quien prepara un plan de complejo entramado: asaltar una mina propiedad de la hermana de aquél que le tendió la trampa y venderle el tesoro al cuñado de éste.
Al mismo tiempo John, un hombre que compartió presidio con Hoek, llegará al mismo pueblo de Arizona que será el escenario primordial de los acontecimientos que van a desarrollarse; el argumento es fácil de seguir y adivinar y nada hará suponer al espectador que ambos individuos no se aliarán para trabajar juntos en el espectacular robo (de hecho Collins respeta la premisa de la obra de Burnett y el dúo se convierte en un trío). Entre tanto, una especie de subtrama entre John y una mexicana llamada Anita hará escorarse al film del lado del drama y el romance.

Esta intromisión provoca además la inesperada desmitificación de dicho personaje masculino, quien en un principio parecía caer en el estereotipo. Daves abre una brecha cada vez que Anita y John se encuentran, otorgando a éste una profundidad psicológica que no se halla en Peter y dotando a su película de un aire de melancolía, tristeza y, por qué no decirlo, oscuridad; mientras, nos plantea reflexiones sobre la soledad, la huella del oscuro pasado y la muerte y la dolorosa verdad bajo las apariencias (no tarda en desvelarse la verdadera condición de Anita y la refinada y elegante Ada), sin olvidarse de lanzar una afilada mirada al repugnante trato de los mexicanos por parte de los estadounidenses.
Pero Daves sabe que maneja un ¨western¨ y lo que nutre a éste en esencia, que es la aventura, predominante en ese tramo del film enfocado expresamente en el robo de la mina, donde la película combina de un modo muy acertado excitantes dosis de acción y tensión con trazos de puro cine negro y suspense, cortesía de un cineasta bastante experimentado en el género; de hecho parecerá que el cine del Oeste se aparta a un lado para dejar paso al espíritu de la obra de Burnett y a las claves del más clásico ¨noir¨ en lo que será un intrigante nudo argumental cuyos cabos se atarán, ni que decir tiene, en el esperado duelo en el poblado.

En efecto, si el ¨western¨ hunde sus raíces en el entretenimiento, en el frenesí de la acción que registra la cámara en campo abierto, en desvelar la condición de valientes y duros de los protagonistas y en una paleta de emociones basada en el ritmo y el movimiento, ¨The Badlanders¨ (detesto el título que le dieron en España) no podía ser menos, por lo que Daves nos honra con un combate clásico a golpe de revólver que en ocasiones parece remitir al ¨Duelo en el O.K. Corral¨ de Sturges, en el cual los mexicanos, relegados en muchas ocasiones, adquieren el auténtico protagonismo.
Un simpático y galante Alan Ladd con aires de Cary Grant se vuelve a poner a las órdenes del cineasta junto a un soberbio Ernest Borgnine que parece imitar los ademanes de Edward G. Robinson encarnando un personaje mucho más complejo de lo que a simple vista parece; ambos acompañados de la carismática actriz mexicana Katy Jurado (que iniciaría un romance terminado en matrimonio con el anterior), esa preciosa Claire Kelly, que no pasa de ser una mujer florero y poco más en la historia, y las buenas actuaciones de Kent Smith y Anthony Caruso.

Pese a que ¨The Badlanders¨ es incapaz de competir con su homóloga del negro, Daves, apoyado en la áspera fotografía de John Seitz y el buen diseño de producción, se desenvuelve con eficiencia facturando una obra dura, violenta, amarga en ocasiones y sobre todo entretenida.
Ni más ni menos que una vigorosa muestra del mejor y más puro cine del Oeste que se pudiera ver en la década dorada del género...lástima que Collins se decidiera por un final tan simplón, previsible y sobre todo feliz. Sin duda, seguramente, por expreso deseo de los productores.



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Ficha Agitator

Mad Warrior

  • 28 Feb 2020

8



Agitator
Cuando la ambición es el resorte perfecto para la traición, cuando la honestidad sucumbe a las más repugnantes manipulaciones, ¿en quién se puede confiar?, y, lo más importante de todo...
¿a quién hay que dejar vivir y a quién hay que matar?

Las temibles, peligrosas y abisales profundidades de la mafia japonesa ya han sido investigadas desde todos los ángulos por una infinita cantidad de cineastas, muchos dedicando gran parte de su carrera a convertir su interés por ese inmenso submundo de muerte, corrupción y demencial honor en auténtica pasión; bien pueden servir de ejemplo clásicos como Fukasaku, Masumura o Suzuki o más contemporáneos, caso de Kitano, que revitalizó y reinventó los códigos del cine yakuza. Pero seguramente nadie haya dedicado tanto tiempo, esmero y atención a dicho género como Takashi Miike.
En 2.001 el incombustible realizador ya llevaba la friolera de diez años en producciones para la gran pantalla, el mercado del vídeo o la televisión, y a lo largo de todo ese tiempo no descuidó ni un solo año, ni uno solo, para inmiscuirse en el universo de la yakuza y ofrecer un nuevo relato sobre él y sus tan curiosos seres, y seguro que desde un punto de vista diferente cada vez. ¨Araburu Tamashii-tachi¨ (o ¨Agitator¨) fue uno de los muchos títulos que decoraron el mencionado 2.001 en la filmografía del nipón, pero por desgracia lo haría junto a otros que obtuvieron mayor reconocimiento (¨Ichi, the Killer¨, ¨La Felicidad de los Katakuri¨, ¨Visitante ¨Q¨ ¨...).

Y ello radicó en la decisión de Miike de distanciarse considerablemente de su característico estilo para acometer un proyecto realmente ambicioso, serio y completo, de cuyo guión se encargaría Shigenori Takechi, uno de sus estrechos colaboradores. Lógico es que el fan medio del director, tan acostumbrado a su cine más alocado y aberrante, desconozca la no así fascinante obra que nos ocupa y que nos mete de cabeza en los oscuros entresijos y rencillas de dos principales familias enemigas, la Yokomizo y la Shirane, y cómo un asesinato de un miembro de la segunda sirve de catalizador para iniciar una sangrienta guerra cuya evolución nadie sospecha.
Aunque Takechi distribuye la atención de manera equilibrada entre los muchos personajes, son el teniente Yoichi y su soldado Kunihiko los que se hacen con el protagonismo a raíz del asesinato de su superior, el supremo jefe de la Yokomizo, mientras una amenazante silueta llamada Numata va sembrando la discordia entre todos. No hay velocidad en los sucesos ni gratuitos alardes de violencia explícita pese a casuales estallidos de brutalidad, necesarios y justificados; Miike se contiene, se mueve por el espacio con soltura y a la vez con calma y milimétrica precisión, y se toma mucho tiempo para reparar en los personajes con el objetivo de hacer al espectador parte del mundo que ellos habitan.

Por eso mismo filma la crueldad, el desamparo, la violencia, la soledad, la traición, la tristeza, la injusticia, el desprecio, el miedo y el sadismo inherentes a dicho mundo desde todos los puntos de vista posibles: el del amigo, el de la esposa, el de la hija, el del padre, el del jefe, el del subornidado, seres diferentes pero conectados por los nefastos e inesperados giros de un destino susceptible de acabar en tragedia debido a las pérfidas maquinaciones humanas. Entran en conflicto la lealtad de la verdadera amistad con la lealtad organizada por conveniencia, la hostilidad en el seno de la familia biológica con la unión y el respeto imperante del clan.
De hecho esta unión se llega a observar como una auténtica familia, cuyos miembros únicamente se tienen los unos a los otros frente a las vicisitudes de una repugante sociedad donde los irreparables odios del pasado son el resorte de las matanzas del presente y lo esencial para ganar es seguir vivo, sin importar la sangre derramada. Desde las primeras secuencias del film, Miike subraya así el pesimismo y desasosiego que exuda la atmósfera, implacable, agobiante, sin variar ni un ápice la densidad de la trama ni la sobriedad de su técnica (salvo por algunas secuencias algo inexplicables cuya presencia resulta enigmática).

Está claro, como en toda película de gángsters, que los múltiples engaños, manipulaciones y trifulcas llevarán el argumento a un desenlance cuando menos apocalíptico y encarnizado en el que el rojo de la sangre y el blanco del restallar de las armas compondrán su sinfonía de muerte. Por tanto no es el final lo más importante ni tan siquiera lo más interesante, sino el devenir de los acontecimientos que nos conducirán a él. Un imponente Masaya Kato y el siempre fantástico Naoto Takenaka encabezan triunfantes un extensísimo reparto donde hallamos a conocidos colaboradores del director (quien también nos honra con una aparición impagable).
Colaboradores como Renji Ishibashi, Jun ¨Hakuryu¨ Jung-Il, Mickey Curtis o Kenichi Endo, además de los buenos Daisuke Ryu, Hiroki Matsukata, Taisaku Akino, Masato Ibu y Yoshiyuki Yamaguchi, todos ellos al servicio de una historia de pliegues verdaderamente descorazonadores y ásperos en los que no faltan trazos de agrio drama psicológico y un humor negro corrosivo que se desliza insinuante en el epicentro del horror, la inmundicia y la desesperación.

Si el nipón ha disfrutado haciendo lúdicas parodias de este cine (¨Fudoh¨, ¨Osaka Tough Guys¨, ¨Full-metal Yakuza¨...), ahora se acoge a su espectro más clásico, todo ello sin intención alguna de buscar la originalidad, sino más bien de rendir un tributo solemne, casi romántico, al género, lo que consigue con creces en el que permanece como su fresco definitivo de yakuzas.
Más de dos horas y media que conforman su trabajo más denso y complejo, al cual guardaré un especial cariño y recuerdo, pues ha sido ni más ni menos que la 40.ª película de su filmografía que pasa por mis ojos. Y he de admitir que este hombre nunca deja (ni seguramente dejará) de sorprenderme.



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