Un sicario le dice a un cura que este va a ser su última víctima y eso desata un juego psicológico entre el asesino que quiere poner a prueba el clérigo y este sacerdote pondrá su fe en duda en quedarse frío o viola el vigilio para salvar su vida.
Thriller que se queda a medias en todo aunque no está mal en sus actuaciones sobretodo el Capo siempre me pareció inmenso, Juan Pablo Raba ahora posicionado en hollywood es el protagonista y la verdad me parece un buen actor la verdad lo merece, no esperes ver acción porque está hay en cuenta gotas ademas su ritmo es inestable en ocasiones.
Destacó el final que no está mal y esa pelea entre el capo y Juan aunque cortita es genial aún así el final es lo mejor.
He visto mejores películas colombianas y está se queda a medias en muchas cosas.
Cuenta la vida de un chico que se une a la brigada de lucha contra la delincuencia de Montfermeil, un suburbio francés que queda al este de París, allí conoce a sus nuevos compañeros que son agentes experimentados en las enormes tensiones que existen entre los distintos grupos organizados que operan en ese barrio.
La película en sí se ha llevado buenas críticas por todos lados a mi no me ha parecido para tanto esta bien hecha en cuestión técnica pero mas allá de eso la historia como dije ya ha sido vista y aquí no esperes una película de acción porque es un thriller y en ocasiones hay poca y no tiene relevancia en sí.
Muchas idas por aquí y por acá, los actores no me han parecido gran cosa y como dije la película se siente larga a pesar de no serlo.
La parte final en el edificio es tensa pero acaba muy rápido para mí lo mejor de la película mas allá de eso veo algo para ver y olvidar que si llamaba la atención su trailer pero al verla algo queda debiendo.
Gracias a títulos tan controvertidos y exitosos como ¨Manji¨ y ¨Hoodlum Soldier¨, el talento de Yasuzo Masumura le coloca como uno de los cineastas más potentes del nuevo cine que ha explotado en Japón en los 60 junto a otras importantes figuras como Oshima, Imamura, Shinoda o Teshigahara.
Tras su brutal visión de los códigos militares y el absurdo de la guerra, toma un guión de Kaneto Shindo, otro maestro vanguardista, basado en la obra del polifacético autor Genjiro Yoshida, en realidad ya adaptada cuarenta años antes por Minoru Murata (quien gracias a ella tuvo el honor de rodar el primer film antibélico de la Historia del cine japonés). Una joven lanza su penetrante mirada a una base militar portuaria desde lo alto de una colina; esta apertura, de gran intensidad, ya pone sobre aviso el odio que profesa la mujer contra la guerra y los que la ejercen.
Estamos alrededor del año 36 de una convulsa y renovadora era Meiji que ya da sus últimos suspiros, y cuyo ataque a la flota asentada en Port Arthur iniciará la guerra entre Japón y Rusia, que ya se venía pronosticando; la guerra aquí es, no obstante, un telón de fondo para otros hechos también trágicos. La chica es Okane, vendida por sus pobres padres a un comerciante rico anciano, una mujer perfecta para ser blanco de la perfidia, la envidia, la discriminación y la repulsión; de hecho fue repudiada de su aldea tiempo atrás, y cuando ya pueda regresar la seguirán considerando una ¨mujer insecto¨ (como la de Imamura), maldita, por el mero hecho de haber sido vendida como cortesana.
Los habitantes de esta aldea escondida entre los montañas viven en comunidad y para todos ellos prima la lealtad y la admiración por el ejército japonés; Okane no pertenece a este microcosmos ultranacionalista y oprimido, por lo que está desplazada. Este hastío insoportable sufrido en silencio viene a romperlo la vuelta de Seisaku, joven del pueblo elogiado por su preparación en el ejército; los estoicos y estrictos valores militares son considerados en primera instancia una inyección de moral, ética y educación para las nuevas generaciones, y Seisaku es el modelo perfecto, a quien las gentes respetan en demasía (todos acuden como soldadados a oír el estrepitoso sonido de la campana, que representa un aviso para congregarse la patria)...pero Okane no acude.
La atmósfera que va esbozando Masumura es realmente extraña y agobiante, alimentada por las calumias y perversidades que los vecinos lanzan contra la protagonista, destrozada por la muerte de sus padres; el vacío y la soledad de ésta viene a llenarlo precisamente el muchacho, y entre ambos empezará a brotar poco a poco un poderoso sentimiento. No obstante un sentimiento que levantará un revuelo en todo el pueblo al observar a su hijo pródigo, a ese soldado modelo que nutría las esperanzas de la nación en un guerra que está a punto de desatarse, caído en desgracia al haberse dejado seducir por tal mujer.
Ni Shindo ni el director hacen por esconder la crítica demoledora contra los valores militares y nacionalistas, que contagian a la masa, que la manejan en su forma de ser y de pensar; toda amenaza contra el orgullo del poder imperial es intolerable. Lo más importante es la presencia de mentir para guardar las apariencias y el cinismo corrosivo reinante (de frente se felicita al soldado, por la espalda se le hacen burlas). La guerra en defensa del país, que para los manipulados civiles resulta un honor morir por él, no deja de ser un estigma de sufrimiento y dolor infinito para las mujeres (la hija, la hermana, la madre, la esposa, la amante).
Pero si hay algo que mueva la trama y las acciones de Okane es sin duda el amor, porque todo lo que expresa el guión y lo que siente su protagonista está hecho por el amor y en nombre del amor, el más apasionado, el más grandioso; provoca la máxima felicidad del alma pero también un indescriptible sufrimiento. Los aldeanos, cegados por un honor que no es más que humo y movidos por hipocresías y apariencias, son incapaces de comprender este amor que llena a Okane. Shindo compone la sinfonía de la tragedia, que recoge el espíritu de la literatura de Chikamatsu Monzaemon (en especial ¨Chikamatsu Monogatari¨), y Masumura la orquesta frente a una cámara que desnuda el alma humana y filma la pasión romántica de manera honesta y profunda.
Esta cámara capta a los amantes bañados por el manto de la noche en un ballet carnal dotando de un gran sentido del erotismo a la atmósfera, casi onírica, próxima a las de Teshigahara y Shinoda. El cineasta acaricia cada palmo de piel y sus primeros planos sobre los cuerpos, los rostros y los dedos hundidos en la carne abrasan literalmente la pantalla. En este paréntesis de acto amoroso no existe el cinismo, ni la maldad, ni la tristeza, ni el más mínimo pensamiento sobre la guerra; sin embargo, la fatalidad llega inevitablemente y la trama se convulsiona como jamás hubiésemos creído, llegando el amor a inimaginables extremos de locura y planteándose una significativa inversión de roles y reflejos (detallado más abajo).
Taiji Tonoyama, Yuzo Hayakawa y Nobuo Chiba brindan unas buenas actuaciones, pero son las del excelente Takahiro Tamura y Ayako Wakao las que engrandecen la película, sobre todo ésta, musa del cineasta, quien hace por rendir pleitesía a cada centímetro de su bello físico capturando de paso todo su potencial como actriz dramática; ella protagonizó muchos films de Masumura, pero aquí da una de sus más sentidas interpretaciones.
La puesta en escena y la fotografía en blanco y negro de Tomohiro Akino, que crea ambientes sucios, sudorosos, turbios e hipnóticos, conforma un desgarrador relato cuya aspereza y violencia arañan las tripas.
Pero incluso teñido de fatalidad, el director, como en su temprana ¨Besos¨, aboga por la esperanza y la salvación, y permite a los amantes el magnífico y deseado triunfo del amor por encima de todos los males, incluso del poder imperial...
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Aunque al final este relato conceda a los protagonistas una muestra tan grande de benevolencia como es la de permitir que ambos vivan juntos para siempre, la fatalidad y el dolor ya forma parte del universo de Yasuzo Masumura desde hace tiempo, y como ya ha demostrado en films anteriores la conquista del amor ha de venir precedida o sucedida de un intenso sufrimiento, físico o espiritual.
Llega el momento definitivo para la pareja. Tras yacer juntos la noche anterior (a lo largo de una secuencia magnífica en cuanto a escenografía de lo erótico y romántico), el joven soldado, que prácticamente ha regresado, debe partir de nuevo al frente para una misión suicida en Port Arthur contra de los sentimientos de Okane, para quien la ausencia de su amante significa verse sumida en la más tenebrosa de las soledades (ya que la madre y la hermana de aquél también la rechazan y repudian); el orgullo militar se antepone al amor, por la que mujer luchará contra ese ideal erróneo, venenoso y torcido.
¨¿Cómo de lejos puede llegar una mujer? Mutilar a un hombre para protegerle...¨. Esas son las palabras del alcalde del pueblo, y tiene razón. Horas antes una desesperada Okane, con el fuerte deseo interior de no ver partir a Seisaku a la guerra, donde seguro morirá, blandirá un clavo que encontró en el suelo a modo de puñal contra su propio amante. La imagen de una Okane empapada en sangre y huyendo frenética de los aldeanos a través de los terrosos caminos es de un realismo atroz; mientras, Seisaku se retuerce: la mujer le ha dejado sin ojos. Ya no lo podrá ver jamás, pero tampoco verá el escenario bélico.
Para salvar su vida, la mujer ha tenido que mutilar al hombre. La historia se quiebra y visita su negro reverso: los oficiales que tanto elogiaban al joven ahora le harán un consejo de guerra por haber deshonrado al ejército, y los vecinos que antes le adoraban como un héroe ahora le arrojarán piedras y le llamarán ¨traidor¨ a gritos. La visión de Shindo y Masumura acerca de los códigos militares y el cinismo humano no deja títere con cabeza, y si antes la madre y la hermana de Seisaku despreciaban a Okane, ahora sentirán en sus propias carnes el mismo odio por parte de sus vecinos.
Mientras tanto, si antes el director escrutaba con esmero el terso y delicioso cuerpo de su actriz, ahora lo enfoca desde la mayor de las tristezas; los preciosos pies de Okane, que se entrelazaban sudados a los de su amado, arrastran en un mar de barro las pesadas cadenas que ha de llevar durante tres años. Masumura perfila las aristas de un entorno opresivo, áspero y angustioso donde sumerge a su protagonista y de paso a nosotros, capaces de sentir en lo más profundo de las entrañas su pesar, que se va deslizando en el barro y la tierra con cada uno de sus lentos pasos.
La fuerza y la determinación de la mujer queda orgullosamente expresada. Se ha sacrificado para salvar a su hombre, ha tenido que hacer daño a éste, e incluso está dispuesta a dejarse asesinar por él. Por otra parte, el hombre se ha desnudado y no necesita escudarse tras el falso honor del ejército; gracias a ella puede ser un hombre normal.
Y todo se hace por amor, la más poderosa de las fuerzas, la que consigue erigirse sobre la maldad del mundo, la hipocresía de muchos seres humanos y el severo autoritarismo militar. Los amantes estarán por siempre juntos bajo el mismo cielo; quizás alguien les comprenda por fin cuando, como dice Seisaku, sean sólo huesos en sus tumbas...
No se qué problema tengo con Kubrick, mira que lo intento, pero quitando La Naranja Mecánica, no he dado con una película suya que me guste (y después está el caso de El Resplandor, que me parecía muy buena hasta que leí la novela, ahora sigue pareciéndome buena película pero horrible adaptación, le he cogido demasiada manía a esa peli). Ahora por fin veo Lolita, una película considerada un poco ¨tabú¨, y que esperaba bastante fuerte y rompedora... y me he llevado otra desilusión por parte de este director.
La idea de la peli está clara, un hombre mayor que se enamora perdídamente de una adolescente, la cual se supone que tenía que se bastante ¨despierta¨ para su edad... pero ahí termina la suposición. La película es absolutamente inocente, nada, pero absolutamente nada morbosa, solo nos muestra la obsesión del hombre por la chica, pero no una obsesión sexual, en ningún momento te dan a entender ni lejánamente que haya algo sexual entre los 2, es una obsesión de tipo controlador, de quererla solo para él el 100% del tiempo.
Lo más interesante de la película es la persecución que sufre durante toda la película, prácticamente sin darse cuenta de ello, hasta que todo sale a la luz en la parte final.
Personalmente no puedo decir que sea una maravilla. Me pongo como tarea pendiente ver la versión de los 90.
Los mayores méritos de esta película son los siguientes: excelentes actuaciones, súper naturales para la época y algunos buenos diálogos. Inclusive está bien filmada..
La historia no es mala, pero empieza a tomar algo de interés dramático recién a los 50 minutos. Toda la primera parte tiende a aburrir un poco.
De poder, le hubiese puesto 5,50.
Solamente para los amantes del cine clásico...
Una curiosa version del zorro, con alain delon encarnando a diego de la vega y al zorro, normalmente la trama de las historias del zorro siempre giran en torno a lo mismo, pero esta version se vende por si sola,
villano interesante, chica de turno radiante, de la vega rebosante en su papel de homosexual encubierto, mension aparte al perro de la pelicula.
entretenida propuesta.
Por lo que veo netflix quiso salirse de lo común con esta película haciéndola más una especie de obra thriller con personajes y un solo espacio el resultado malo pero malo.
Aburrida con una tipa que me ha sacado de quicio con sus diálogos y su preocupación además de ser tan lenta ( tuve que adelantarla dos veces porque era imposible seguirla).
Luego la relación con el ex marido y queriendo saber que le paso al hijo la verdad no la vean cosas como estas dan ganas de sacar la suscripción de netflix.
Me encantó que sea un caso real en el pueblo de Holcomb(Kansas City ) donde dos delincuentes de poca monta entran a una casa situada en una granja con la idea de robar y terminaron matando a toda la familia que allí vivían, hasta allí llega el afamado escritor Truman Capote interpretado genialmente por P. S. Hoffman, para escribir un libro llamado ¨A sangre fría¨que a la postre sería el primero de la temática investigación policial, creando un nuevo genero ya que hasta ese momento todos eran novelas ficcionadas, el escritor rápidamente toma confianza con los pobladores que fueron testigos o conocían a la víctimas, también el alguacil del pueblo y empatiza con uno de los malhechores llamado Perry Smith, los diálogos entre ellos no tienen desperdicio tratando de desentrañar las causas de los motivos que lo llevaron a realizar ese acto tan cruel, la ambientación y la estetica tampoco se quedan atrás, verdaderamente es un lujo en todo sentido.
Como han cambiado las cosas en el mundo del fútbol, a cualquier jugador actual le mandan hospedarse en el hotelucho en el que se alojo Dinamarca y pondría el grito en el cielo.
No se hasta que punto es real esta historia pero me imaginaba a Michael Laudrup bastante mas humilde, y la selección danesa en vez de un combinado profesional parecen un grupo de amigos que se juntan para jugar una pachanguita los sábados por la tarde y eso que tenían un porterazo como Schmeichel que jugaba en el Manchester united
La prensa española tiende a dar a España siempre como favoritos mientras que en la película la prensa danesa los trata como si fueran los mayores paquetes del mundo.
La película en si no es gran cosa pero para los que ya tenemos una edad y aun recordamos esa Eurocopa se nos hace bastante amena para ver y recordar grandes jugadores .
Desconocía que realmente esta cinta fue un caso real y enriquece bastante los conocimientos, dado que esto terminó siendo un hecho histórico muy relevante. La historia me parece muy original, desconocía de este suceso y se agradece bastante llevarla a pantalla grande. Los diálogos son correctos. Las actuaciones son creíbles, el crecimiento de Mario Casas es enorme. Personajes adecuados. De ritmo por momentos es lenta, pero son muy breves situaciones. Banda sonora aceptable. El ambiente es correcto. La fotografía me gusto. Vestimenta adecuada. Los efectos visuales son pocos y aceptables. El final es de golpe, se pudo hacer algo más.
Mi puntuación para ¨El Fotógrafo de Mauthausen¨ es 7 de 10 posibles, entretenida y como siempre digo, cualquier película que revele información relevante para adquirir conocimiento siempre la recomendaré.
Peli cruda donde el prota es un homeless drogadicto y prostituto que al comienzo con toda su inocencia busca desesperadamente un amor entre hombres de todas las edades.
Vemos su miseria donde no tiene donde dormir, tomando agua de la calle, alquilando su cuerpo a veces sin pago y con golpizas de bonus, sin tener que comer. Teniendo una especie de amigo prostituto que le da consejos y de quien se enamora pero que dice no ser gay, solo lo hace por la plata.
Es una peli muy triste, que muestra una vida miserable, carente de todo afecto, donde hasta abraza a la médica buscando enloquecidamente amor y ella curando sus heridas lo retribuye.
En una de sus tantas andadas y estando cerca de las vías se levanta a un hombre que está temporalmente por Francia y que para su suerte busca un novio. Intiman, el prota es activo con el, pero tiene relaciones sexuales duras, violentas, casi lastimando al hombre que en su mirada podemos ver que no disfruta sino que padece sus embestidas. Es como si se vengara con este pobre inocente de todo lo que le hicieron los demás.
Como si fuera poco, el hombre es alguien independiente, lo viste, alimenta, le consigue un trabajo!!! Lo invita a ir a vivir juntos a Canadá. Incluso lo lleva a ver a su médico amigo quien le dice en privado que el es un buen hombre que no lo lastime y si va a ir con el que le sea fiel, lo ame, etc.
Todo parece que finalmente concluye bien pero nuestro prota después de todo lo que vivió con los anteriores y en la calle ya tiene la cabeza tan pero tan quemada, que no puede sacarse de la cabeza lo malo, así que minutos antes de abordar el avión a Canadá, lo abandona, corre, se tira al pasto abandonado a fumar y termina.
Una visión muy oscura, negativamente cliché, y estigmatizante sobre la vida gay masculina muy generalizadora y poco realista de todos los hombres homosexuales poniendo el énfasis solo en las relaciones sexuales y abusos.
Para verla una vez si uno busca algo shockeante, fuerte y con un final pésimo, trágico e incoherente.
A lo lejos en la noche, a través de una ventana, se produce una escena de perversión repulsiva e impactante: una madre y un hijo hacen el amor derribando todos los muros sobre lo ético, lo moral y lo políticamente correcto.
Una chica observa en silencio. Comienza una rara y perversa fascinación. Y una carrera, la de Kiyoshi Kurosawa.
Corren los años 80. Toho, Shochiku y Toei no se hallan en su mejor momento por el auge del ¨V-Cinema¨ debido a la popularidad del vídeo y los establecimientos, un pequeño mercado que para muchos marcará un antes y un después en la producción cinematográfica, sobre todo por la utilización de bajos presupuestos y la posibilidad de incluir el erotismo a unos niveles mayores de los permitidos en las salas de cine comerciales. Priman las ¨pinku eiga¨ y se convierten en el negocio más importante del momento.
En este panorama un joven de 28 años natural de Kobe llamado Kiyoshi Kurosawa realiza su primer film, enmarcado en este género. Así empezaría el que una década después será considerado uno de los directores más influyentes de la industria, en especial dentro del suspense y el horror gracias a títulos como ¨Cure¨ o ¨Kairo¨; Kurosawa siempre fue un amante del medio desde sus días de instituto y fanático de las corrientes europeas vanguardistas, la ¨nouvelle vague¨ y el terror italiano, aprendiendo más tarde del famoso y respetado crítico Shigehiko Hasumi en la universidad de Rikkyo, quien le hizo conocer el cine americano y sus más importantes realizadores.
Los cortometrajes en Súper 8 dieron paso a la decisión de presentarse al por aquel entonces incipiente Pia Film Festival de Tokyo, donde logró el reconocimiento, a lo que siguió el colaborar con otros cineastas y formar parte de pequeñas asociaciones de jóvenes talentos a quienes productoras independientes observaban para dar salida a películas de bajo presupuesto; finalmente consiguió el encargo de rodar para Million Film, aunque forzado a mantener los esquemas de las ¨pinku eiga¨...pero lo cierto es que poco fiel iba a ser el rebelde Kurosawa a éstos.
¨Kandagawa Wars¨ se inicia con la tersa melodía de la pieza ¨Sarabande¨ de la suite para violonchelo de Sebastian Bach pero interpretada en flauta por uno de los protagonistas de la historia. Inmediatamente después la cámara se posiciona sobre una pareja haciendo el amor; ella es Akiko, de la que no sabremos más de lo que el director nos cuenta a través del escrutador ojo de la cámara. Oímos la voz de la joven narrando en tercera persona sus propios pensamientos y los sucesos que le atañen en el hastío de su vida, que resulta ser tan deprimente como el apartamento en el que se pasa todo el tiempo, hasta que un inesperado acontecimiento la cambia por completo.
Este acontecimiento será captado desde el apartamento de su vecina y amiga íntima Masami, quien en mitad de la noche descubre con sus prismáticos a una madre y un hijo, residentes en el edificio de enfrente, manteniendo relaciones sexuales. Ese es el único motor de la trama (llamémosla así) y la obsesión de las dos chifladas muchachas, que a partir de entonces (y mientras organizan estúpidos juegos eróticos entre ellas) se proponen liberar al pobre chico con signos de autismo (algo que se intuye) de las garras de su posesiva y trastornada madre, quien defiende mantener un amor limpio y puro.
Sirviéndose de un claro homenaje a ¨La Ventana Indiscreta¨ y ¨Psicosis¨ como resorte de los hechos, Kurosawa establece sin saberlo algunas de las señas de identidad de su cine para la posteridad, desde la desviación psicológica de sus personajes y la modelación de aberrantes atmósferas cuya locura interior se instalará en el inconsciente del espectador para hacerle parte de ésta hasta la visión del mundo que obtiene a través de su cámara, que fija al suelo radiografiando sus perversiones, misterios y miedos mientras se mantiene distante y frío con sus personajes. En este caso la extrañeza campa a sus anchas por un ambiente más bien desquiciado y triste pero adornado con pinceladas de humor absurdo y malicioso erotismo.
El realizador mira a la ¨nouvelle vague¨, en especial a Godard, del que hereda sus tonos eclécticos, juguetones y surrealistas, sin olvidarse de Oshima, Polanski o DePalma, ni mucho menos de Hitchcock, aunque no hará por esconder su amor por el cine en general (atención a la lista infinita de títulos de películas escritos en la habitación del chico). La puesta en escena es austera y los medios casi inexistentes, de ahí que no haya presupuesto para tratar en profundidad un guión con muchas posibilidades; en mitad del suspense y el erotismo y más allá de la lógica, Kurosawa apuesta por lo simplemente inexplicable (rompiéndose a veces la calma de las imágenes fijas con secuencias grabadas cámara en mano).
Esta decisión alcanza el colmo de lo demencial cuando las chicas, tras haber asaltado la casa de la madre, meten a ésta en un saco de dormir mientras el hijo danza alrededor de ellas con la flauta como en una función teatral clásica para luego representar una escena masoquista-¨voyeurista¨ con Akiko (y antes un precioso (y no menos raro) momento cantando ¨Kawa wa Yonde Iru¨ junto a su madre en la azotea del edificio). Con gran carisma y desparpajo, Usagi Aso y Makoto Yoshino llevan la voz cantante en la película, seguidas de unos geniales Miiko Sawaki y Houen Kishino, quienes por desgracia interpretan a unos personajes que no le preocupan mucho al guión.
Por supuesto a los distribuidores de Million Film no les interesó en absoluto el experimento de Kurosawa, por lo que le encargaron otra producción dentro del género erótico (en la cual también fracasó). Para los fans ¨Kandagawa Wars¨ significará una experiencia extraña y algo indigesta, pero merece la pena observar los humildes inicios del maestro nipón del misterio y las atmósferas, y más aún al estar tan presentes sus futuras marcas de la casa.
Con más presupuesto el resultado habría sido muy distinto.
La 1 de la madrugada. El detective está en su despacho; a estas alturas en las que ya su propia vida no le importa, está dispuesto a dejarlo todo para cruzar la línea entre el Bien y el Mal, la ética y la venganza.
Medita largo tiempo, observa la foto de una chica. ¨Voy a encontrarte, Isabel Medina...voy a encontrarte aunque estés en el mismísimo Infierno¨.
Es una promesa, la de un hombre roto e inconsolable; ese hombre es Germán Areta, una de las figuras más icónicas dentro del ¨thriller¨ español. Su responsable directo sería José Luis Garci, un prometedor cineasta que en el momento ronda la treintena y que ha dejado su huella en aplaudidos films de corte melodramático como ¨Solos en la Madrugada¨ o ¨Asignatura Pendiente¨; entonces decide distanciarse de esta tendencia para adentrarse en los más recónditos recovecos del cine negro, cosa que lleva deseando desde hace unos años.
Para ello crea su propia productora, se une al guionista Horacio Valcárcel y recurre a los dos protagonistas de su anterior obra, ¨Las Verdes Praderas¨: María Casanova y Alfredo Landa, quien no cree que el público le acepte en un estilo tan atípico para él. En ese mismo 1.981 llega a los cines la segunda aventura del detective Pepe Carvalho, ¨Asesinato en el Comité Central¨ y ¨Matad al Buitre¨, de José Truchado; algo más lejos, en Francia, Alain Delon realiza y protagoniza ¨Por la Piel de un Policía¨. El género negro no está lejos de España, en realidad nunca lo estuvo, y si el aficionado al cine echa la vista atrás podrá comprobar los grandes policíacos que se han rodado en nuestras tierras castizas desde hace mucho tiempo.
Garci recoge el testigo de esta tradición patria prestada de los modelos norteamericanos más clásicos, a los que el madrileño también se aferra sin dudarlo; la declaración de intenciones no puede ser más directa, pues su film se inicia dedicado a Dashiell Hammett, uno de los grandes maestros de la novela negra y el ¨hard-boiled¨. En un bar en mitad de la nada entran dos tipejos repulsivos para robar al dueño y los clientes; un hombre sentado al fondo del local les mira en silencio mientras degusta su humilde cena. Tras quitarle el encendedor, uno de los maleantes le ordena que le dé su cartera...
Y como si se tratara del mismísimo Harry Callahan empuñando su mágnum 44, ese hombre menudo, sencillo, con bigote de guardia civil y cara pétrea amartilla un revólver en la entrepierna del ladrón y le espeta muy tranquilo ¨ ¨Bareta¨, dame el mechero o te quemo los huevos¨. Una mirada, un gesto, una sentencia demoledora y Garci acaba de definir a la perfección al protagonista de su historia, la cual tiene por nombre ¨El Crack¨, muy apropiado para el panorama donde se irá a desarrollar, que es la España de comienzos de los 80, cuyos cimientos se están resquebrajando y a los cuales poco les queda para derrumbarse por completo.
Y es que se trata de la España en la cúspide de su Transición, asolada por el miedo a los continuos actos terroristas de ETA, insatisfecha por el gobierno cada vez más desorganizado y nefasto de Adolfo Suárez, que se halla en sus últimos estertores, en plena incertidumbre debido al golpe de Estado del coronel Tejero y al atraco al Banco Central de la Plaza de Cataluña; la única salida a este ambiente triste y tenebroso es mirar hacia otro lado. Garci mira sin pudor a EE.UU., y esa mirada alcanza a múltiples aspectos, como el cine, la música y el boxeo, pero además se apela literalmente a la huida del país, se habla con nostalgia de lugares y paisajes de New York...
La gente sólo quiere salir de esa España que se tambalea, pero el escenario donde esto sucede es Madrid, pasando la Gran Vía frente a las salas de Cinerex, un Madrid en cuya atmósfera gris y deprimente nos sumerge Garci y en cuya suciedad, crimen, oscuridad y violencia reside el detective Areta, más que acostumbrado a ella, un duro ex-policía reciclado en detective con cara de hombre de pueblo que se define a sí mismo como ¨un tipo duro y solitario que trata de sobrevivir en una sociedad prodida gracias a un trabajo sucio¨. Y no se podía haber descrito mejor.
Todo comienza con la búsqueda de Isabel, desaparecida hace dos años, por su padre, el empresario Francisco Medina; ella será el ¨macguffin¨ absoluto y este caso activará todos los resortes con que avanzará la trama, uno de los motivos más antiguos en los que se lleva apoyando el ¨noir¨: buscar a la mujer. Así el cineasta recuerda el ¨Adiós, Muñeca¨ de Raymond Chandler o el antes mencionado film de Delon, ¨Por la Piel de un Policía¨; en realidad no desaprovecha ninguno de los tics del ¨hard-boiled¨ y el clásico policíaco, modelando a su imagen y semejanza la atmósfera implacable, cruda y desapacible de su fábula criminal, a cuyos abismos arrastra a sus personajes.
La turbia y peligrosa profesión se entrecruza con la vida personal de Areta, que comparte con Carmen, una enfermera que le ayudó en su rehabilitación (nunca sabremos de qué ni por qué), y su hija pequeña Maite; en la existencia amarga, solitaria y parca del detective este pequeño núcleo familiar externo significa su salvación, la posibilidad de limpiar su endurecido espíritu de la suciedad de las calles que debe patear día y noche y de la gentuza que las frecuenta y con la que ha de tratar, pero también será su debilidad, debilidad que aprovecharán sus enemigos para lograr sus malvados fines.
Mientras la investigación avanza, el detective deberá moverse a través de un camino lleno de niebla y plagado de piedras sirviéndose de su ingenio, astucia y dureza, y del mismo modo que el retorcido argumento de Valcárcel y Garci juega con nosotros también jugará con él, pues todo serán pistas falsas, sucesos manipulados, verdades a medias, elaborados engaños y traiciones disimuladas; un espinoso entramado de dificultades que alcanzará su cenit cuando invada su vida privada y la de aquellos seres que ama. ¨Voy a encontrarte aunque estés en el mismísimo Infierno¨ no es una promesa de redención, sino de venganza, y está proferida desde las entrañas.
El director se toma tiempo en este entorno hostil, violento y repugnante, no abusa de artificios y filma con sobriedad a sus personajes y los escenarios por los que éstos deambulan; su mirada desconsolada pero nostálgica se conecta con los ¨noir¨ franceses de Melville, Miller y Cavalier mientras que su amor por las raíces americanas del género le llevan a desenvolverse con la aspereza y nervio de Siegel, Sturges, Huston o Daves sin olvidar la elegancia del negro romántico y clásico de Lang o Siodmak, todo ello impregnado del sabor y el aroma literario de Woolrich, Hammett, Carr, Thompson y Chandler. ¨El Crack¨ es un crisol de influencias y a la vez el humilde y dismitificador epítome de éstas.
Garci llevará esta aventura, que ha circulado entre prostíbulos, restaurantes de lujo, pequeñas oficinas de detectives, timbas de mus, combates de boxeo y bares de carretera (como vemos se respetan todos los tics del género), ni más ni menos que a territorio neoyorkino reforzándose esas influencias y logrando con ello un clímax absolutamente memorable. La Gran Vía se compara con la Gran Manzana, y a través de la mirada de hielo de Areta comprobamos que esa América a la que todos los españoles quieren viajar, y a la que él ha ido a parar por causas de fuerza mayor, no es en realidad tan distinta del Madrid post-franquista.
En las dos ciudades hay corrupción, miseria y suciedad, y en ambas se puede derramar sangre. Landa se quita la etiqueta del españolito medio dado por el ¨landismo¨ que él mismo fundó para transmutarse en el clásico detective antiheróico, lacónico y expeditivo como si de un cruce de Sam Spade, Pepe Carvalho, Philip Marlowe y Harry Callahan se tratase; nadie se imaginaba que aquel tipo obsesionado con las mujeres autoproclamado modelo del ¨celtíbero español¨ pudiera brindar una interpretación tan auténtica en la piel de un tipo rudo y astuto que con sólo lanzar una mirada consiguiera amedrentar a cualquiera.
Bajo su larga sombra cabe destacar a grandes secundarios como Manuel Tejada, Raúl Fraire, Miguel Rellán, Mayrata OWisiedo, la preciosa María Casanova y el veterano José Bódalo. Garci no obtuvo en el momento el éxito de taquilla que hubiese deseado con ¨El Crack¨ (era la época del ¨destape¨, la comedia costumbrista, Pajares y Esteso, claro...), pero sí el gran homenaje que siempre quiso hacer al ¨noir¨ literario y cinematográfico, además del aplauso de la crítica.
Hoy día su fábula de empresarios corruptos, duros policías, féminas desaparecidas, rateros de poca monta y traidores sin escrúpulos descansa como uno de los más oscuros, eficaces, descorazonadores e influyentes ejercicios de ¨thriller¨ patrio y del ¨thriller¨ en general. Poco después el director realizaría una exitosa secuela, pero en mi opinión no es capaz de superar a la original.
Hard Night Falling es una película que se estrenó en el año 2019. Está dirigida por Giorgio Bruno y protagonizada por Dolph Lundgren, Natalie Burn y Hal Yamanouchi.
Sinopsis
Goro, un experto criminal, planea robar una enorme cantidad de oro de las arcas de la familia Rossini. Sin embargo, Goro ignora que dentro de las fuerzas de defensa de los Rossini se encuentra un experto en la defensa y rescate de rehenes, lo que complicará considerablemente su misión.
Pésimo film de acción protagonizado por una de las viejas estrellas del cine de acción como lo es Dolph Lundgren, un actor que aveces nos brinda películas de acción chuscas pero entretenidas aunque aquí no se ha dado esa situación porque está peli resulto ser tremendo bodrio de serie B o mejor dicho de serie Z porque la verdad es que se nota a leguas la mala calidad que tiene.
Y bien, pues en si la película no es gran cosa ni y su argumento tampoco es del otro mundo, es algo parecida a la secuela de El Marine pero con Dolph Lundgren y con menos calidad, pues aquí un tipo medio loco y sobreactuado quiere robar oro en una casa de un tipo millonario y aprovecha una fiesta que se está haciendo en el lugar para dar el golpe, pero con lo que el no cuenta es con que uno de sus invitados es Dolph Lundgren y pues ya es de imaginarnos que el Sueco se interpondrá en los planes.
De las actuaciones sería mejor ni hablar, no es por nada pero de todos quiénes más se destacan son Dolph Lundgren, quién es el protagonista pero es como si no lo fuera, actua normal pero no sobresale en nada, y pues del reparto quien más me gusto fue Natalie Burn, quién actuó junto a Dolph en una película que salió ese mismo año que fue Acceleration y pues del villano poco que decir, es el tipo que salió en Wolverine Inmortal pero aquí está más sobreactuado y es un pesado en todo momento.
La acción es pobre, sin gracia y muy simple para lo que estoy acostumbrado a ver de Dolph, las peleas y los tiroteos son terribles y pues l lo único bueno fue la parte en la que Natalie Burn sale dando cuchilladas a un tipo porque el resto nada que decir porque de por sí es bastante malo.
El final es predecible, se creia que el malo se iba a salir con la suya pero no fue así porque al final termina muriendo y pues uno siente una gran satisfacción al ver eso porque ya me estaba estresando oírlo cantar mientras iba en el coche.
En definitiva Hard Night Falling me ha parecido una película bastante mala, solo la vi por Dolph Lundgren pero ni el logra salvarla. Está vez el Sueco nos decepcionó pero ya vendrán mejores películas o incluso peores que está.
No me esperaba para nada una película así y me encuentro con una película de venganza pura y dura al estilo Taken pero en Hong Kong.
Ha decir verdad es algo larga pero vale la pena a pesar de tener alguna escena exagerada por ejemplo esos movimientos de pelea algo tercos o la escena de Tony Jaa en la terraza me parecen que no quedan bien pero después de eso mejora dándonos la escena de los frigoríficos que es brutal en muchos sentidos desde luego cuando el protagonista encuentra a su hija se te parte el corazón esa escena.
Desde luego el protagonista es un gran actor lo hace genial su furia, llanto y desesperación por encontrar a su hija amada, el final no está mal pero lo hubiese solucionado de otra manera no como lo hizo pero bueno la pena te lleva a eso.
Secundarios tampoco están mal aunque Tony Jaa esperaba más protagonismo de él pero en sí para amantes de la acción es excelente y sangrienta como debe ser.
Un asesino oculto en la noche y un asalto en plena carretera son los resortes de una intriga de manual donde no falta absolutamente nada: el agente encargado de encontrar a los culpables, la chica misteriosa que parece saber toda la verdad, el hombre de paja que al final servirá de cebo y un enigmático individuo que lo dirigirá todo desde las tinieblas...
Se termina una etapa y otra comienza. La llamada edad de oro de la industria japonesa ha dado alguna de las obras maestras del cine universal, logrando el reconocimiento en territorio extranjero y causando sensación en festivales internacionales, pero la cosa está cambiando; en el seno de los grandes estudios empiezan a surgir nuevos talentos que, de un momento a otro, se emanciparán y crearán sus propias compañías independientes. A la vez que Ozu y Naruse ven el final aproximándose una Nueva Ola comienza y la capitanea gente como Oshima, Masumura, Shindo, Yoshida o Kurahara.
Para el sr. Seijun Suzuki, otro de sus baluartes, también va a iniciarse un nuevo periodo, tan enriquecedor como convulso; ha sabido imprimir su sello bajo contrato y exigencia de Nikkatsu a través de baratos encargos mayormente enmarcados en dramas juveniles y cine de género prestado del americano (el ¨noir¨). Ahora se prepara para despuntar en este campo con otro recado escrito por Shinichi Sekizawa (¨El Último Tiroteo¨, ¨King Kong contra Godzilla¨) basándose en una idea de Kazuo Shimada, y con el que empezaría a dar forma al estilo y las claves de su cine posterior, sobre todo el de suspense y policíaco.
¨Muchos accidentes han ocurrido en esta zona. ¡Cuidado!¨. Con estas palabras de advertencia observadas por la escrutadora mirilla de un rifle portado por un hombre sin identidad da comienzo esta fábula que a partir de aquí mostrará una evidente inclinación por los clásicos patrones del cine negro americano y europeo, y bien lo refuerza la idea de que los créditos vayan apareciendo sobre una carretera oculta por el manto de la noche por la cual vamos circulando. El susodicho rifle apuntará a un camión de prisioneros en mitad de un camino solitario y la tensión, así como los primeros enigmas de la historia, se disparan.
Tras este suceso, bien filmado por Suzuki, seguiremos en sus pesquisas a Daijiro Tamon, el oficial al mando que se encontraba en el vehículo, para esclarecer tal atentado; de este modo el guión de Sekizawa se constituye como una trama policíaca en la más estricta tradición del género con ese hombre maduro y sosegado, que mejor debiera olvidarse del tema, actuando como si de un trasunto de Marlowe y Spade se tratase, esto es, como los duros y expeditivos detectives de las novelas ¨hard-boiled¨ (para más inri se hacen alusiones literales a Ellery Queen y William Irish (alias de Frederic Danae y Manfred B. Lee, y Cornell Woolrich) y John D. Carr, algunos de sus más grandes autores).
De hecho el director no oculta sus influencias y todo en su obra, desde la atmósfera y los personjes hasta el escenario y los detalles en él dispuestos, destilan el embriagador aroma del puro ¨noir¨. En todo momento, como es de esperar, seguiremos el film desde el punto de vista del protagonista, que apoya a la narración con sus pensamientos y emociones internas embarcándose en una investigación más peligrosa de lo que en principio esperaba; en ella encontramos una organización criminal dirigida por tipejos crueles y repulsivos cuyo mayor sustento es la trata de blancas, espinoso tema observado con bastante acidez y aspereza por Suzuki.
Entre la corrupción y los asesinatos estará también implicada una guapa e impasible ¨femme¨ (no se sabe si ¨fatale¨ o no) instigadora de la tensión cuyo corazón se gana el policía y que ocultará muchas claves que se irán revelando tan rápido como se pueda (pues el escaso metraje, prácticamente el tiempo que se tarda en leer una novela negra de bolsillo, tampoco da para enrevesar demasiado el misterio). El papel de la mujer será el motor que haga avanzar la trama, y las múltiples féminas con las que se irá cruzando el intrépido Tamon determinarán los acontecimientos, todas y cada una de ellas bajo el halo de la influencia occidental y pleno negativo de la clásica imagen de la japonesa sumisa y obediente.
Y sobre todos estos personajes, marcados por el estigma del ¨no retorno¨ (advertido en las señales de tráfico, que están por todas partes) y el deseo de no mirar atrás, la presencia de un maestro de ceremonias, y ¨macguffin¨ argumental, apodado ¨Akiba¨, que maneja los hilos y a los demás desde las sombras. Suzuki se aferra a los códigos del policíaco ¨B¨ empapándose de influencias (Lewis Allen, Don Siegel, Samuel Fuller, Joseph H. Lewis, Robert Siodmak) y le aplica sus propios tics, curiosos e imaginativos, pero esto es un arma de doble filo, pues al respetarse tanto el esquema del género los distintos enigmas y situaciones serán muy fáciles de pronosticar (la identidad de ¨Akiba¨ se intuye media hora antes, por ejemplo).
No obstante el nipón sabe desenvolverse como un artesano sin caer en torpezas, y su habilidad tras la cámara, además de los excelentes trabajos de fotografía y edición de Shigeyoshi Mine y Akira Suzuki, son un perfecto incentivo para dejarse atrapar en la narración, frenética y trepidante. En aspectos artísticos el plantel está plagado de habituales de Nikkatsu y el director, como el carismático Toru Abe, ese duro e inexpresivo Michitaro Mizushima, quien ya protagonizó ¨Underworld Beauty¨ junto a Mari Shiraki, y la guapa Misako Watanabe, ésta muy en la línea de las heroínas de los dramas ¨noir¨ americanos.
Ejercicio de tonos implacables, desapacibles y bastante sórdidos que empieza a mostrar la evolución de Suzuki hacia terrenos más perfeccionistas, aunque la dureza y desnudez narrativa mostrada en ¨Apunten al Camión de Policía¨ la diferencian mucho de los posteriores trabajos del cineasta, más provocativos y visualmente arriesgados.
EE.UU. ha vencido. Los centros de acogida, los hospitales y los locales abiertos para satisfacción de los invasores se alzan sobre los pedazos de una tierra reducida a cenizas.
¿Cómo sobrevivir en este caos? ¿Cómo sobrevive una mujer?
La presencia americana cambia la sociedad en todos sus ámbitos; en el cine se destruye todo film de propaganda y se prohiben las historias del Japón feudal. Esta ocupación parece aportar una reeducación positiva a la democracia, pero engendra conflictos y violencia; el orgullo por la patria es sustituido por la vergüenza de la derrota y las chicas de la calle suceden a las geishas. Kenji Mizoguchi, que no está satisfecho con su última obra, ¨El Amor de la Actriz Sumako¨, siente la necesidad de hacer una nueva incursión en el problema social para presentar la sórdida realidad de la prostitución.
Junto a Yoshikata Yoda indaga en los barrios rojos (tan bien conocidos por él al haberlos frecuentado asiduamente), comisarías y hospitales, expresando un sincero deseo de mostrar hasta qué punto los hombres son culpables de la decadencia de las mujeres; en este sentido, ¨Mujeres de la Noche¨, cuya narrativa se apoya en la novela del autor social Eijiro Hisaita, es una película expiatoria. Desde la enfermedad de su esposa Chieko, el director vive torturado por la culpa, mientras considera que las normativas gubernamentales para frenar la prostitución no acotan la realidad de la situación. Realidad que empieza a filmar desde el cielo con la panorámica de un escenario derruido y triste.
De las alturas bajamos hasta el suelo, donde la situación se aprecia mejor, para entrar en la casa de Fusako, cuyo bebé está enfermo y cuyo esposo sigue desaparecido en la confusión de la posguerra, y a quien ella sigue esperando; al quedar destruido su hogar vive con su familia política: su cuñado, la mujer de éste y su joven cuñada Kumiko. La insinuación de una anciana vendedora a la protagonista sobre qué puede hacer para ganar más dinero sirve de presagio de una tragedia próxima; el conflicto se inicia cuando ésta se reencuentra con su hermana Natsuko, que se ha abandonado a la peligrosa y denigrante vida del comercio de la carne.
Así, la idea de presentar a tres hermanas (dos de sangre y una política) como eje del relato, estigmatiza el fracaso de la célula familiar y la persistencia de lo sórdido de la sociedad, mientras el cineasta mantiene sus máximas obsesiones: la pérdida de toda ética por desesperación y la ignominia de los hombres, que contamina a las mujeres, tanto en el ambito físico (las enfermedades venéreas) como en el emocional, pues se recalca el salvajismo exacerbado de las prostitutas entre ellas, muñecas rotas, sucias, desaliñadas, brutales y chillonas, la imagen perfecta del Japón vencido. Mientras, los locales nocturnos adoptan nombres anglosajones (el Club Hollywood).
El punto de inflexión viene dado cuando la fatalidad se instala en la vida de las tres protagonistas: la muerte del marido de Fusako, la venenosa presencia de Natsuko, que seduce al jefe y posible pretendiente de la anterior, y la fuga de Kumiko para buscar su propio camino; para la primera y la tercera sólo habrá tristes resultados, mientras la segunda equilibra de algún modo la balanza de la suerte y el destino (una hermana se pondrá en el lugar de la otra y viceversa). Pero un significativo detalle hace por enfrentarse al duro discurso del director, quien ofrece una obra de una rara y desgarradora violencia.
Kumiko, muchacha que al principio trabaja en una factoría, demuestra que las mujeres pueden avanzar sin tener que lanzarse a la prostitución, a todas luces la vía más fácil para intentar salir de la miseria. Pero el director, hábil en este tema, se las apaña para que toda mujer honrada sea presa de las retorcidas y viles acciones de los hombres (y de las propias féminas callejeras), lo que en cierto modo proporcianará a éstas, ya convertidas en prostitutas, una razón para expresar su condición de víctimas ante los demás (en lugar de huir de ese mundo de vicio, corrupción y esclavitud por su propio pie).
¿Y los hombres? Como de costumbre para el cineasta: cínicos, cobardes, tramposos, infieles y brutos, aunque se esfuerza por resaltar la bondad del médico del centro de acogida y su ayudante (una excepción casi milagrosa en su cine). Entre tanto radiografía de cerca los comportamientos de la gente y las precariedades que a éstas rodean, y es que maravillado por la obra de Rossellini el japonés también se aferra a esa manera documental de situar las acciones y emociones en el contexto social, mostrando, como el neorrealismo italiano, lo esencial con un estilo directo y crudo y sin sacrificarse al lirismo poético.
Este estilo sin concesiones se eleva al paroxismo en un clímax realmente doloroso filmado sobre las ruinas de una iglesia abandonada, que invitará a Mizoguchi a abogar por un futuro más esperanzador mientras subraya el carácter de mártires de Fusako y la joven Kumiko, encarnadas por la siempre imponente y fuerte Kinuyo Tanaka (que disfruta en la piel de una mujer que ejerce la prostitución para contaminar a los hombres su enfermedad) y la no menos carismática Tomie Tsunoda, seguidos de un irritante Mitsuo Nagata (los hombre son siempre así en las películas del director) y la preciosa Sanae Takasugi.
Sinceridad, dureza y una visión corrupta y melancólica sobre el Japón del momento es todo lo que nos ofrece el maestro, pero su trabajo y las imágenes que filma vuelven a ponerse al servicio de un pesado y amargo didactismo (como en ¨La Bestia Blanca¨ de Naruse), y más aún cuando es la contestataria Tanaka la que le inspira en sus conclusiones.
Por tanto ¨Mujeres de la Noche¨ puede ser apreciada por su valor como documento histórico más que por su valor artístico o cinematográfico, sucinto y escaso. Habría que esperar a ¨La Calle de la Vergüenza¨, última obra del nipón, para que éste equilibrase el poder de su discurso con la perfección formal y estética.
Épica y semiolvidada adaptación del clásico de la literatura de aventuras “El conde de Montecristo”. La huida y venganza de Edmundo Dantés contenida en 4 horas.
Jean Angelo, actor excesivamente veterano para el papel pero que más o menos encaja (era todo un mazas, el tío), es Dantés, y lo rodean de destacados secundarios: las estrellas del expresionismo alemán Lil Dagover y Bernhard Goetzke son Mercedes y el abate Faria respectivamente, Ernest Maupain, que había hecho carrera en Hollywood, es el armador Morrel, y el importante actor de carácter Gaston Modot, que trabajó con casi todos los grandes del cine de la primera mitad del S.XX como Buñuel, Carné, Renoir, Clair, Linder o Gance, es el vesánico Fernand Mondego, conde de Morcerf.
Dirección y guion de Henri Fescourt, que divide la película en dos partes: La primera, las andanzas de Dantés, muy fiel a la novela pero cambiando varias escenas de lugar para hacer el argumento más comprensible (el original tenía flashbacks a cada momento y se perdía uno); la segunda, la venganza de Montecristo, la encuentro demasiado precipitada, cargándose varias escenas y personajes interesantes (incluído uno de los objetivos de Dantés). Emcontramos pues en la primera parte el mismo ritmo pausado pero en todo momento interesante que en el folletinesco – y altamente recomendable, ya que estamos - original. Hay algunos errores de concepto, pero son secundarios. En la segunda todo se acelera mucho, quizá demasiado.
A nivel técnico, es una película suntuosa bajo el mando de Boris Bilinsky, un importante diseñador de decorados y vestuario: la primera parte se caracteriza por una ambientación muy lograda en exteriores de Marsella, el castillo de If y, quizá, la misma isla de Monte Cristo, con escenas rodadas en hermosos barcos. La segunda, en cambio es un seguido de interiores espectaculares, pinturas matte y vestuario de época que dan una impresión de lujo y grandeza, pero también de corrupción y bajeza (que Edmundo se encargará de destruir para nuestro solaz esparcimiento y disfrute).
No es ni mucho menos una obra maestra pero sí una más que aceptable y bastante reivindicable adaptación del relato de Dumas, repleta de detalles bastante majos (y alguno que da un poco de grima).
Las llamadas ¨flores del infierno¨ (¨higanbana¨) brotan durante el equinoccio de otoño y el intenso color rojo de sus largos pétalos ilumina las zonas sombrías o las orillas de los lagos donde crecen.
Están estrechamente relacionadas con la melancolía, la pérdida y la añoranza y guían a los espíritus en su etapa de transición hasta alcanzar la siguiente vida...
Los tiempos cambian para el cine y sus realizadores, aunque algunos se resistan a ello. Llegado el sonoro en territorio japonés el joven Yasujiro Ozu continúo apegado al mudo durante largo tiempo, y cuando ¨Jigokumon¨ causó furor en el Festival de Cannes destacándose la belleza de sus colores, muchos de sus coetáneos se aventuraron a dejar el blanco y negro, pero él esperaría hasta 1.958 con la adaptación de la novela ¨Higanbana¨ del autor Ton Satomi, importante figura del shirakaba-ha; como Fujiko Yamamoto es una de las estrellas de la Daiei (rival de Shochiku, donde trabaja Ozu), casi se le impone al director filmarla en vivo color.
Al igual que otras obras del nipón, ésta empieza en una estación de tren y plantea, a través de una divertida secuencia, el tema esencial que se tratará en la historia: la del matrimonio de una hija, retomándose así uno de los conflictos familiares que mayor repercusión ha tenido en su filmografía desde ¨Primavera Tardía¨. En el banquete de bodas de la hija de un compañero de trabajo de Wataru, se insta a que éste diga unas palabras; el discurso es ácido, pues desea suerte a los recién casados mientras recuerda el pesar de su propia boda, llevada a cabo de forma tradicional, esto es, por mandato paterno.
Esta amarga visión cruza de principio a fin el argumento y regresa a otra de las grandes obsesiones del cineasta: el choque generacional y entre las mentalidades de distintas épocas. Este Wataru es un hombre conservador de un periodo oscuro y de precariedades, y como él todos los amigos de su edad que le rodean; nada que ver con las chicas jóvenes, las cuales gozan de cada vez más libertades y llenan de color el espacio con sus prendas chillonas de corte occidental (siendo ellas la encarnación perfecta de las ¨higanbana¨). La prudencia del protagonista le sirve para discutir los problemas familiares que sus allegados tienen con sus hijas, a quienes se urge para contraer matrimonio.
Dos de ellos son Shukichi, cuya hija se ha escapado de casa, y Hatsu (personaje irritante donde los haya), que se desvive para encontrar un marido a la desobediente Yukiko. Una de las claves de la historia es la fuerza del sentimiento paterno: mientras Wataru aconseja a las hijas de sus amigos seguir su propio camino, obedecer al corazón e ignorar a sus padres no puede sino verse atrapado cuando el conflicto recae sobre la suya propia, Setsuko. El punto de inflexión, el que perturbará la atmósfera, que a partir de ahora se sentirá inestable, cruda y confusa, es la repentina petición de mano del novio de ésta.
Claro está Wataru no sabía nada de él ni de este compromiso sorpresa. Ahora se proclama un enfrentamiento directo contra la desobediencia, la rebeldía y la arrogancia de la hija; Ozu recurre al estatismo perpetuo en esta ocasión (ni un travelling, ni un movimiento) y su técnica (guiada por el carácter extremadamente flemático del protagonista) no hace sino acrecentar la tensión y la violencia en las discusiones filmadas en el interior del hogar, el cual sufre por la brecha abierta en su apacible e inquebrantable microcosmos de tradición, una brecha por la que se ha introducido el germen del rechazo de estas mismas tradiciones.
Por supuesto la esposa fiel y madre devota (Kiyoko) está ahí para recriminar a la hija cuando ésta contesta al padre de mala manera y seguir las decisiones del marido aunque actúe a sus espaldas. La seguridad de las costumbres se quiebra de forma inevitable, y fuera de este mundo interior hay otro que está en constante movimiento, donde los jóvenes toman la iniciativa y se olvidan de sus padres, y donde éstos cantan canciones de su juventud, estrechamente relacionadas con la guerra, y rememoran las duras experiencias sufridas en una época anterior de muerte, ruina y desesperación.
Por tanto ya no hay tiempo para seguir gozando de una preciosa mañana junto a toda la familia cerca de las tranquilas aguas del lago Ashi de Hakone, pues la vida pasa, y en ella unos avanzan y otros se estancan; la visión del director es de nuevo áspera y cruda, y a veces tremendamente mordaz en su forma de observar el comportamiento entre jóvenes y adultos (el engaño de Yukiko a Wataru es el mejor ejemplo), aunque al final, como siempre en su cine, son los sentimientos y la felicidad de los descendientes lo más importante, y aunque sea a regañadientes se prefiere poner fin a las discusiones.
Yuharu Atsuta provee de una maravillosa técnica a Ozu y los colores resaltan en el escenario brindando una gama de impresiones realmente cautivadora, mientras que el anterior decide respetar como nunca la inmovilidad ¨narusiano¨ como lleva practicando en su carrera desde hace una década. Shin Saburi lleva la voz cantante a través de una actuación dura y lacónica acompañado de dos de las figuras más representativas del cine japonés: Kinuyo Tanaka, en un extraño papel de esposa obediente, y Chishu Ryu, que volverá a cantar como lo hiciera en ¨Memorias de un Inquilino¨; por su parte destacan las bellas Ineko Arima (que adopta el nombre de la musa del cine tardío de Ozu) y Fujiko Yamamoto y el genial Teiji Takahashi, que protagoniza los momentos más divertidos.
Todos ellos sujetos a la máxima economización gestual y expresiva, aunque eso no es impedimento para que sientan a sus personajes hasta en lo más profundo. El japonés volvió a ser premiado y aplaudido, donde por encima de la belleza plástica de sus imágenes destaca su drama íntimo y duro conflicto generacional.
Dos años después volvería a adaptar otra novela de Satomi, de similar argumento: ¨Akibiyori¨.
Considerada una de las películas capitales del cine absurdo, a mi personalmente no me ha hecho mucha gracia y solo en momentro precisos me ha hecho esbozar pequeñas sonrisas. Es una especie de parodia de Top Gun que a pesar de contar con buenos gags no termina de eclosionar ese humor que tantas risas me ha proporcionado en otras películas del mismo estilo. El protagonista, el ingrediente principal, es el vomitivo Charlie Sheen que carece completamente de vis cómica, hace que la cinta vaya hundiéndose desde el principio y no emerga. Decepcionante.
dalton gellar
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Secreto de confesión
Un sicario le dice a un cura que este va a ser su última víctima y eso desata un juego psicológico entre el asesino que quiere poner a prueba el clérigo y este sacerdote pondrá su fe en duda en quedarse frío o viola el vigilio para salvar su vida.Thriller que se queda a medias en todo aunque no está mal en sus actuaciones sobretodo el Capo siempre me pareció inmenso, Juan Pablo Raba ahora posicionado en hollywood es el protagonista y la verdad me parece un buen actor la verdad lo merece, no esperes ver acción porque está hay en cuenta gotas ademas su ritmo es inestable en ocasiones.
Destacó el final que no está mal y esa pelea entre el capo y Juan aunque cortita es genial aún así el final es lo mejor.
He visto mejores películas colombianas y está se queda a medias en muchas cosas.
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