Sobre como un niño que no ha hecho los deberes es reprendido por el profesor y como se apropia sin querer del cuaderno de su amigo y va en su búsqueda hasta que se hace de noche. La voluntad y la solidaridad por bandera. Realización sencilla y mensaje claro.
Oscura y triste. Película que narra la escapada de dos perros de un laboratorio en la que son utilizados como la mierda. La huida no es nada fácil, se encuentran con los obstáculos de hambre y policía que les acechan pues son identificados como malhechores cuando sin querer uno de ellos dispara a un poli. La odisea oprime y su final es lacrimógena hasta decir basta. Cruda.
Recuerdo lo dantesco de Stephen Baldwin y se me cae la vergüenza al suelo. Lo de él en ese papel es indescriptible y yo le hubiese otorgado unos cuantos razzies. Luego la historia no tiene ni de lejos la gracia de su antecesora, la original, empezando por las interpretaciones y terminando por la historia que no tiene por donde ser cogido. Se hace larga e inconscientemente te pones a cotejarla con la otra.
Ahora mismo estoy recordando el final y se me ponen los pelos como espinas. La historia como siempre en las manos de Dreyer, está muy bien llevada, con una puesta en escena brillante y un argumento perfectamente desarrollado. Aquí se trata el tema del linaje, la justicia y el remordimiento. Elegante, sutil y expresiva.
Comienza algo torpe, pero a medida que va tomando forma la cosa va interesándome más sin pasarme. Una historia sobre dos amigos que trabajan en una cafetería con pretensiones de hacerse adinerados, proponen hacer una porno, el par de amigos compuesto por una amiga y un amigo se transforma en amor cuando echan un polvo en la grabación del film. Hay escenas desternillantes, y no está mal. Se deja ver.
Cine clasico de los sesentas, cine belico del mejor, y ya sea por su trama, un caso real donde cincuenta prisioneros son ejecutados por los nazis luego de recapturarlos de una fuga en un campo de concenración para combatientes o tambien por un genial elenco conformado por Steve McQueen, James Garner, Charles Bronson, James Donald, Donald Pleasence, James Coburn y Richard Attenborough entre muchos más, la duración de casi tres horas no se hace pesada pero por momentos tenes la sensación que tendrian que haber quitado varias y hacerla más dinamica,los presos tienen algunos meses para hacer un tunel que los saque del cautiverio, en muchas ocasiones el tunel se derrumba y tienen que retomar las actividades, la cinta tiene suspenso y buenas escenas de tensión y tambien momentos comicos, y el final me sorprendió ya que no conocia la historia.
Un caprichoso y despreciable daimyo comete dos asesinatos en tierras que no pertenecen a su dominio.
Este terrible incidente tiene lugar en una convulsa era Tenpo que da sus últimos suspiros, un incidente que once valientes hombres decidieron no dejar sin castigo.
El modelo de samurái contra el poder ejercido por el gobierno y la nobleza, siempre injusto, nació seguramente con ¨Los Siete Samuráis¨, pero de la costilla de este memorable grupo surgieron otros rebeldes combatientes, y más aún desde la llegada del ronin Sanjuro, quien dio lugar a una importante renovación y desmitificación del ¨chambara¨ a partir de la década de los 60. El maestro Kurosawa o Hiroshi Inagaki siempre serán los más recordados, pero tras ellos se alzó también una nueva ola de cineastas con talento para el género: desde Kihachi Okamoto, Hideo Gosha o Kenji Misumi a Tokuzo Tanaka o el mismo Eiichi Kudo.
Éste último era, de hecho, descendiente de familia samurái, pero nunca llegó a ver nada favorable en ello, incluso detestaba esos films donde se ensalzaban el honor y la solemnidad del bushido; su concepto sobre esa moral corrupta dentro la nobleza samurái le insufló el valor para realizar una notable trilogía con la que empezó a ganar popularidad (siempre se consideró un director de tercera categoría a la sombra de los más grandes). Ésta se inició con el clásico ¨Los Trece Asesinos¨ (revisado por Miike en 2.010 con mucho éxito), seguido de la que es quizás su obra cumbre, ¨La Gran Masacre¨, donde deja ver más que nunca sus ideales contestatarios.
Su Trilogía de la Revolución da carpetazo con un libreto escrito por seis guionistas con base supuestamente real, aunque los hechos y la identidad de los implicados poco tiene que ver con la veracidad histórica. La película comienza de forma feroz: el joven Nariatsu y sus secuaces están cazando en sus tierras de Tatebayashi y cruzan a las de Oshi, propiedad de Abe, un señor enemigo; ese joven en cuestión, hijo del anterior shogun y que podría ser una representación caricaturesca del auténtico Matsudaira Yoshinaga, mata primero a un campesino y luego al propio Abe por reprender su repugnante acción.
Kudo condena desde el mismísimo inicio la actitud cruel, sádica y cobarde de la nobleza y la gran injusticia por parte de aquellos con voz en el Gobierno, incapaces de reprochar nada a los poderosos integrantes del shogunato; el ministro se pone de parte del maníaco asesino y amenaza al oficial Tatewaki a quitarles sus dominios y dárselos a él. Este absurdo veredicto deriva en una venganza por parte de los vasallos del clan, que el director describe con paciencia, y que no es sino una versión de su anterior ¨Los Trece Asesinos¨ adornada con los trazos del ¨Samurai¨ de Okamoto y la mítica gesta de los cuarenta y siete guerreros de Asano Naganori.
¨Los Once Samuráis¨ hereda su estructura y esencia, pero es su reflejo torcido, y es que los nueve soldados convertidos en ronin y liderados por Hayato Sengoku no se asemejan a aquellos cuarenta y siete que defendían la ofensa de su descerebrado señor; ellos pretenden ser la voz que se alza contra la injusticia de los poderosos, y cortarla de raíz con sus katanas. Para Kudo no hay héroes, no hay honor en exiliarse del clan y preparar la venganza, lo cual tampoco es algo admirable, y así lo demuestran los protagonistas, hombres melancólicos que lloran por su señor y cuyo sendero hacia la muerte ya han contemplado con claridad.
El honor reside en el corazón de estos ronin, que encuentran en el clan lo más parecido a una familia aunque no les unan lazos de sangre; para completar el marco de la furiosa troupe se entromete un verdadero samurái vagabundo, Daijuro, trasunto de Sanjuro y cuya peyorativa (¨¡Un daimyo violó a mi hermana y mi padre y mi hermano tuvieron que suicidarse!¨) sirve al cineasta para expresar sus profundos sentimientos; éste no permitirá, sin embargo, la participación de la hermana de uno de los samuráis que iban a unirse al grupo, algo que sin duda habría resultado original...pero Kudo tampoco pretende ser original.
Lo que desea es atrapar al espectador entre las intrigas, traiciones, mentiras y artimañas que se desarrollan con detalle en el guión, añadiéndose al conjunto un marcado dramatismo al incluir la trágica relación entre Hayato y su esposa Orie; toda esa violencia contenida, que va brotando de cuando en cuando en pequeñas dosis a lo largo del metraje, ha de estallar en el último tramo, como mandan los cánones (y es lo que se desea ver tras tanto intento fracasado). En efecto así será, revelando Kudo una vez más su talento innato para filmar grandes y ásperas secuencias de acción.
Pues el tono que desea imprimir a tan trepidante espectáculo (igual al de ¨Los Trece Asesinos¨) no es emocionante, sino más bien repulsivo, aprovechando todos los elementos que le brinda el entorno natural para crear una indigesta sinfonía de la muerte y la derrota, compuesta de barro, fuego, carne despedazada y sangre; el blanco y negro de la fotografía de Sadaji Yoshida y la partitura de Akira Ifukube rematan la función. Al otro lado unos actores competentes y carismáticos como Koji Nanbara, Ryutaro Otomo, Junko Miyazono, un detestable (se lo gana a pulso además) Kantaro Suga y el más interesante Ko Nishimura, encabezados por un Isao Natsuyagi en estado de gracia, quienes vueven a ponerse a las órdenes de Kudo.
No es una gran obra (hay evidentes similitudes con anteriores títulos), pero cuenta la intención del nipón, como la de muchos colegas de profesión: brindar un ¨jidai-geki¨ atroz, intenso y muy entretenido. Y lleno de oscuridad.
Sus ideales quedan patentes: el shogunato es corrupto, la nobleza ha de ser condenada y sólo los ronin poseen el suficiente coraje para hacerlo. Los siguientes trabajos del director, que pronto se muda a la televisión, quedan lejos de su genial Trilogía de la Revolución.
Pocas veces, muy pocas veces, un relato tan escabroso y oscuro como es el perteneciente al género criminal, logre atravesar nuestros sentidos con un realismo tan salvajamente auténtico...
Tanto que en algún momento abandonamos la perspectiva del espectador y nos ubicamos al otro lado de la pantalla junto al narrador y los personajes para habitar el mismo escenario, sintiendo en nuestros pies las aceras y asfixiándonos en plena calle general con el aire viciado por los tubos de escape y el sudor de las gentes. ¨La Ciudad Desnuda¨ y su artífice responsable, el gran Jules Dassin, lo consiguen.
Emerge de entre las tinieblas de la noche una New York desnuda, calurosa, bulliciosa, y nos introduce sin concesiones su director, gran artesano de la industria cinematográfica y exiliado más tarde a Europa tras convertirse en uno de los miembros de la famosa Lista Negra de Hollywood. El trabajo del fotógrafo Arthur Fellig le inspiraría para contar su retorcida historia de muerte, mentiras, intriga y apariencias, y en ello jugaron un papel importante Malvin D. Wald y Albert Maltz (otro de los de la Lista Negra) en su visión única de cómo enfocarla; el peso del neorrealismo en el cine europeo del momento es la segunda referencia principal.
Sin títulos de crédito. La ciudad que nunca duerme aparece ante nuestros ojos desde un precioso plano aéreo; su estilo documental se afirma ya en este inicio con la insólita narración del productor Mark Hellinger, quien nos habla a nosotros sobre la misma película que estamos a punto de presenciar. Así, a lo largo de todo el metraje, habrá una implicación absoluta de esta voz, afilada y cercana, sobre los hechos y los personajes que los ocupan, además de poder escucharse incluso los pensamientos de los ciudadanos que deambulan por aquí y por allá ajenos a cualquier otra cosa salvo su propia vida.
Un asesinato en la noche desencadena el suspense; la víctima: una mujer transmutada en ¨macguffin¨ que responde, como poco a poco iremos averiguando, al canon de joven huida y descarriada (preferentemente rubia y atractiva) del género negro. Los policías de una humilde comisaría hacen de tripas corazón para resolver el misterio; nosotros ya lo sabemos, las tramas ¨hitchcockianas¨ nos han enseñado que a veces lo mejor es observar las indagaciones de otros sobre los enigmas (el ¨qué¨ es menos importante que el ¨cómo¨). El veterano teniente Muldoon, escéptico como pocos, y el novato Jim Halloran se alían para remover Cielo y Tierra con tal de hacerse con una pista fiable.
Dassin desgaja los entresijos del trabajo policial y nos hace participar hasta en esos puntos muertos y frivolidades que los ¨thrillers¨ suelen omitir, pero el cineasta sabe calibrar el ritmo y la intriga jamás decae, pues sospechas, pistas, pruebas (falsas o ciertas) e infinidad de implicados comienzan a aparecer rápidamente, a la vez que se hace un retrato veraz y profundo de los personajes, a quienes nunca tomamos como héroes o villanos de encefalograma plano, sino como seres normales hundidos en una sucesión de hechos perturbadores. Frank Niles, personaje extraño e hipócrita, es el detonante y la pieza clave para que futuros nombres caigan en las manos de los agentes, quienes patean las calles sin descanso.
Así iremos de salones de peluquería a salas de fiesta, de clubs de boxeo a estaciones de tren, de tiendas de ropa a las casas de los mismos agentes, quienes tras el duro trabajo sólo llegan para besar a su esposa y descansar para el día siguiente. El dúo Wald/Maltz zurce los pliegues de un posible ¨noir¨ neorrealista y Dassin da vida al escenario deseado, un espacio que avanza como una maquinaria bien engrasada, la de la ciudad, siempre en movimiento. Rascacielos desnudos, muchedumbre real, todo rodado a veces sin permiso por el equipo; y así como se mueve la ciudad se mueve el caso, con sus lágrimas vertidas por los familiares y sus mentiras lanzadas por los cómplices...
Llegado a cierto punto, la investigación se bifurca de manera acertada y Muldoon y Halloran trabajarán por su cuenta; un interesante puente donde convergen más nombres y pistas (tantos que puede resultar algo enrevesado si no se presta atención) hasta un excitante tercer acto que invita a una cacería sin cuartel para atrapar al culpable instigador de todos los problemas acaecidos. El guión nos atrapa entre sus recovecos con facilidad como los de las obras de Lang o las historias de Hammett, y el poder visual y la capacidad de entretimiento no envidia en absoluto a las aventuras de Hitchcock o Walsh.
En especial esa persecución sobre el puente de Williamsburg, que el director filma de un modo espectacular y con unos niveles de tensión díficiles de superar (los acabaría superando en el atraco de ¨Rififi¨...). William Daniels hace un gran trabajo captando la luz natural y dotando al blanco y negro de un brillo especial, aportando gran dramatismo como la música de Frank Skinner y Miklós Rózsa. Por su parte sobresalen los no muy conocidos House Jameson, Howard Duff, la bellísima Dorothy Hart, y sobre todo ese malévolo Ted DeCorsia y un soberbio Barry Fitzgerald en su carismático teniente Muldoon (preámbulo de futuros detectives como Colombo o Kojak).
Drama policíaco de manual, duro, áspero, a menudo sarcástico, con secuencias poderosas (la caza en mitad de la noche, los lloros de los padres con la puesta de Sol de fondo, el tramo final...) y un estilo innovador, sin poseer en realidad una historia original. Dassin firma una de sus obras maestras, de gran influencia para el género (y para cineastas como Don Siegel, Stanley Kubrick, Akira Kurosawa, Sidney Lumet, Stuart Rosenberg o William Friedkin).
Las últimas palabras de Hellinger, muerto antes del estreno del film, suenan lapidarias: ¨...Y estas son las luces por las que suspiraba una niña nacida en la miseria. [...] Hay unas ocho millones de historias en la ciudad desnuda...ésta ha sido una de ellas¨.
Un insecto anda con torpeza a través de los distintos obstáculos que halla en el camino...se tropieza, se lastima una pata, pero camina, camina, prosigue su duro viaje...
45 años más tarde a una mujer se le rompe una sandalia...pero se esfuerza en subir pese a la dificultad del paisaje...prosigue su duro viaje...
Ambas secuencias unidas pese al lapso temporal; un arduo andar en el áspero entorno agreste al son de la tradicional ¨Owaiyare¨, cuyos ecos se escuchan a través de las montañas resistiendo al paso del tiempo. La última película en la que Shohei Imamura trabajó como asistente de dirección fue ¨El Sol en los Últimos Días del Shogunato¨ al servicio de Yuzo Kawashima, rol que llevaba desempeñando desde sus días en Shochiku bajo el mandato de Yasujiro Ozu; ya en Nikkatsu tenía claras sus intenciones y visión del cine, si bien el éxito parecía rehuirle, creando conflictos con sus productores.
Rápidamente se convertiría en uno de los pilares de la Nueva Ola que explotaría en la década siguiente junto a sus coetáneos Oshima, Suzuki, Yoshida o Masumura. ¨Cerdos y Acorazados¨ eleva su estatus de contestatario rebelde y reafirma su abrasiva opinión sobre la sociedad japonesa y sobre todo el sentimiento anti-americano; Nikkatsu, que en ese momento produce títulos a imagen y semejanza del ¨exploitation¨ estadounidense, no le permite realizar otro proyecto en largo tiempo. Junto a Keiji Hasebe, guionista de Kon Ichikawa con quien trabajará muy a menudo, desarrolla un concepto en torno a la figura femenina que vuelve a poner de manifiesto su ruptura con los valores tradicionales.
Que su historia se inicie entre las sombras del paraje nevado de Tohoku en 1.918, en pleno estallido de conflictos sociales tras los Motines del Arroz y el armisticio, es un claro síntoma de la amargura que yace impregnada en su discurso, más aún cuando es el nacimiento de una niña el centro de atención; una hija bastarda llamada Tome, cuya madre, En, no deja de sucumbir a los abusos (consentidos o forzados) de los hombres del lugar. Esto, ni que decir tiene, no es una noticia inesperada para nadie. Comienza así la crónica negra de una saga de mujeres tocada por la mano de la desgracia.
Imamura y Hasebe la recitarán por medio de un estilo cercano al documental y el uso de grandes elipsis temporales, deteniéndose en cada uno de los años clave de la vida de esa Tome para de paso radiografiar en la distancia, aunque invavidos por una furia iracunda, la situación de Japón. Si Ozu se alejaba consciente de las vicisitudes más espinosas de su sociedad analizándolas estoicamente a través de la intimidad de sus personajes, el director carga con ello rabioso creando un nexo de unión con los suyos: en resumen, la descomposición continua de su país va paralela a la de sus protagonistas, escudriñando con ojo clínico a los femeninos.
Sangran, se retuercen, se convierten en objetos, de deseo y de perfidia, se dejan la piel por un país que siempre está en guerra, o consigo mismo o con otros países, no obstante jamás se detienen; como las mujeres de Mizoguchi, las de Imamura prosiguen su existencia, aunque en el camino hayan de perder la conciencia, endurecer su corazón y envilecer su espíritu. Tome es el mejor ejemplo de esa ¨mujer insecto¨: nacida del pecado, hecha muñeca sexual por su inútil padrastro Chuji (figura inquietante cuyo rastro repulsivo la atormentará incluso después de muerto) y criada en el seno de una familia descompuesta, que se alimenta de su putrefacción.
No es por tanto extraño sentir una profunda lástima al contemplar la de la propia Tome, obligada a marchar a la ciudad y así intentar medrar en una existencia marcada, por la culpa, por la inmundicia. Un niño encuentra a su padre cometiendo adulterio con ella; la llama ¨demonio¨, no sin razón. Un Imamura tan en rebelión como el país que analiza, a veces utilizando imágenes de archivo para incrementar la sensación de veracidad, continúa esta crónica ácida tras los pasos de su protagonista a través de varios escenarios, todos ellos opresivos, y de experiencias a cual más traumática hasta envilecerse por completo vendiéndose a sí misma.
Pero Tome continúa, pese a tropezar y tener que lidiar con una sociedad hipócrita y sórdida cuyos pecados cree limpiar con inútiles rezos en el templo; antes de marchar engendra una niña, Nobuko, que se queda en Tohoku, heredando su estirpe de ¨insecto¨ bajo el auspicio de Chuji, pero como veremos el cineasta parece conceder un mínimo de esperanza a la nieta, la cual evoluciona más ¨preparada¨ y libre en una sociedad más moderna. Modernidad de pura ruptura que en esencia, forma, discurso y estilo enlaza con la de Shindo, Masumura, Shinoda, Kobayashi y, cómo no, la llegada de la ¨nouvelle vague¨.
El blanco y negro de Shinsaku Himeda asfixia y oculta a los seres en las sombras. Los retratos de los personajes son tan indigestos que jamás logran ganarse la empatía del espectador; eso no es lo que desea el nipón, quien no se decanta por la defensa ni por la excesiva acusación, simplemente se limita a observar, impasible y fascinado. Una Sachiko Hidari tan espléndida como tremendamente odiosa se gana a pulso su Oso de Plata en el Festival de Berlín; no menos increíble resultan la joven Jitsuko Yoshimura (que nos conquistaría definitivamente en ¨Onibaba¨ poco después), Seizaburo Kawaku, Masumi Harukawa o el aquí repugnante Kazuo Kitamura.
El éxito acompaña por fin al director aunque su carácter y manera de trabajar está lo más alejada de complacer a los mandamases de Nikkatsu; al contrario de Suzuki, él no tardará en marcharse de la compañía.
Con ¨La Mujer Insecto¨ obtiene lo que desea, el rechazo a toda conexión con el retrato de su sociedad y la figura femenina según los códigos tradicionales. Amarga, desconcierta, fascina y aterroriza por igual; su obra en absoluto es para estómagos sensibles, ni siquiera para los acostumbrados al cine japonés de vanguardia más rompedor, como un servidor...
2.004 ofreció a los fanáticos del cine de acción buenas propuestas llegadas del continente asiático, concretamente de tierras hongkonesas: ¨Heat Team”, “Hermandad de Sangre” y el buen regreso de Jackie Chan en ¨New Police Story¨, sin contar la simpática mamarrachada de Stephen Chow ¨Kung fu Hustle¨; no obstante de entre todas ellas destaca una en especial, y está dirigida por ese todoterreno que ha heredado de los maestros del género de antaño. Cómo no, me estoy refiriendo a Johnnie To.
Para entonces el nativo de Hong Kong roza los 50 y tiene en su haber muchas películas (muchísimas); lo más destacado que ha hecho es ¨P.T.U.¨, que pronto se convertiría en una saga. En 2.004 se destapa con trabajos dispares: ¨Throw Down¨ (una película de lucha), ¨Yesterday once More¨ (una comedieta romántica que une otra vez a Sammy Cheng y Andy Lau) y un gran retorno a sus ¨thrillers¨ de acción que es ¨Breaking News¨, medio escrita como de costumbre por su colaborador Yip Tin-Shing. Vuelve a centrarse en ese mundo suyo tan particular donde policías y delincuentes se enfrentan sangrienta y constantemente...pero esta vez enfocado desde otro punto de vista.
Siempre se ha dicho que un comienzo espectacular asegura el éxito para con el espectador, y si Orson Welles tuvo su mítico plano-secuencia en ¨Sed de Mal¨, el sr. To no se queda manco al comenzar su aventura precisamente con una calculadísima secuencia que amalgama todo lo bueno que hay en su cine durante más de seis minutos sin cortes; este torrente visual consiste en meternos en una calle estrecha en donde se libra un encarnizado combate entre los protagonistas del film, un grupo de ladrones que han cometido un atraco y unos agentes que les esperan agazapados o de incógnito.
Con pulso de cirujano y una precisión milimétrica que para sí quisiera Benny Chan o el mismísimo John Woo, To desata la acción, que (sin ser él americano) acumula mucho artificio, y nos mete de lleno en la película. Una caza sin cuartel, esa es la historia, llevada a cabo por el inspector Cheung, clásico policía modelado a la antigua usanza según el poco exigente guión; directo al trabajo y sólo pensando en atrapar a los malos, todo lo contrario que su jefa Fong, caracterizada de un modo pulcro y frío, el cerebro de la central...un personaje dominante que impone sus ideas, condenadas siempre al fracaso, de forma detestable, aunque ella nunca lo sepa o no esté de acuerdo. Un personaje de esos que a uno no le importaría ver morir.
La ácida visión del director llega con la intromisión de un concepto que, sin desbaratar su clásico juego mortal entre buenos y malos, arroja frescura al conjunto: su esfuerzo por conceder protagonismo a los medios de comunicación, cuyas palabras e imágenes manipulan los hechos y confunden a la población. La (brillante) idea de Fong es usar las armas de esa ¨mass media¨ en su contra ofreciendo un show (así lo llama, la muy repelente...) que glorifique la figura de los agentes de la ley; todo esto sucediendo en un extenso segundo acto: el asalto a un edificio que lleva la persecución previa a convertirse en toda una ¨Jungla de Cristal¨ hongkonesa.
Pero está claro que To y su película saben quienes son los auténticos héroes; no los que sirven de carnaza para encandilar a los periodistas, sino los que han entrado en primer lugar, esto es: el equipo de Cheung, resignado ante el (casi) abandono que le brindan sus compañeros por orden de Fong. En mitad de esa tormenta de balas, sangre y explosiones que corta la respiración, el chino no duda en tomarse un respiro para ir profundizando en el carácter de los personajes, en especial el de esos ladrones que provocarán más empatía en el espectador que los supuestos defensores de la ley (lo cual jamás sucedería en un film americano).
Y se realiza a través de una situación tan incómoda como es el secuestro de una familia (un padre y sus dos hijos) que han quedado dentro del edificio; aun poniéndonos contra la pared debido a esta tensa situación, los que antes eran malos no parecerán tan malos. To incluso se toma tiempo para invitarnos a una comida entre asesinos y rehenes que acaba resultando un instante tan entrañable como rocambolesco; todo ello antes de seguir con grandes dosis de acción donde prima la violencia captada por el nervioso y no menos escrutador ojo de su cámara.
Quizás el único error cometido por él y sus guionistas es querer arrojar algo de perspicacia a la inútil de Fong (quien sólo comete fallos, sonríe como una subnormal e intima con Yuen, líder de la banda) al otorgarle una conclusión un tanto increíble donde poder crecer su personaje; un último recurso que no funciona por la sencilla razón de que cambiar nuestra opinión sobre ella es imposible y además por volver a sacar la acción al exterior. Así, mientras Richie Jen y Yong You nos convencen con su carisma y Lam Suet demuestra que puede ser un magnífico actor dramático, sólo podemos desear agarrar de los pelos a Kelly Chen y estamparla contra una pared repetidas veces hasta destrozarle la cara.
El héroe es, ni que decir tiene, ese implacable Nick Cheung, gran elección por parte de To debido al curioso pasado del actor, quien fue un verdadero agente de policía. Nos lo demuestra y creíble es, desde luego.
Ni más ni menos que otro ¨thriller¨ al más puro estilo del cineasta, con su acción visceral, secuencias imposibles, humor absurdo ocasional y personajes interesantes, sin embargo se antoja más lúcido que otras veces; aún no había llegado el milagro de ¨Election¨, pero con ¨Breaking News¨ ya rozó la perfección. En Sitges y Cannes se desharían por ella.
¨El matrimonio es la muerte de la esperanza¨, señalaba muy acertado el personaje de Tony Roberts en ¨La Comedia Sexual de una Noche de Vereano¨, y a fe que no se le discute tras escuchar con atención a Gavin DAmato relatándonos la que posiblemente sea la historia de desamor más grande jamás contada...
¨The War of the Roses¨, que nada se emparenta con la guerra de igual nombre entre la casa de York y la de Lancaster a finales del siglo XV (y cuyo final es infinitamente más sangriento y amargo), fue la primera novela escrita en 1.981 por el eminente reportero, corresponsal y prolífico autor Warren Adler, y supone un ataque sin concesiones y a la yugular a la sagrada institución del matrimonio tan legitimada por las bases del ¨American way of life¨ en la era presidencial de Reagan: el marido y la esposa sosteniendo el pilar de una familia pura, educada y políticamente correcta. Y si además se le añadía una tremenda relación amorosa detrás pues mejor.
Sin embargo no todo tenía por qué ser así. El ejemplo de Jonathan y Barbara Rose constituye la apostasía más radical de esa absurda creencia...y es que las cenas a la luz de las velas, las caricias, el ¨sí, quiero¨, la paternidad y el mantenimiento de la unidad bajo el mismo techo a veces no entraña felicidad alguna, a veces esos años de juventud, un bonito sueño cargado de promesas, no eran más que la crónica de una muerte anunciada. Lo que fue amor ya no lo es, y en vista de este vacío el ser humano tiende a marcar su territorio y a mimetizarse con él dejando los sentimientos abandonados en algún rincón oscuro; sólo queda la avidez por lo material.
El muy inteligente Danny DeVito decidió llevar al cine la agria novela de Adler reuniendo al dúo Michael Douglas/Kathleen Turner, con el cual ya había colaborado y tan infalible había demostrado ser como reclamo en taquilla en la aventuresca ¨Tras el Corazón Verde¨ y su secuela; sin duda este pequeño actor y cineasta fue el indicado para plasmar en imágenes el texto con todo el sutil e incisivo humor negro que le caracterizaba (y al que tan buen uso dio en ¨Ruthless People¨ o en su debut a la dirección ¨Tira a Mamá del Tren¨), partiendo del guión del televisivo Michael Leeson.
Tan inteligente es DeVito que se reserva un gran personaje, el del abogado y amigo del protagonista, Gavin (muy distinto a como es en el libro), haciendo las veces de narrador, cáustico consejero y trobador de esta gran epopeya de desamor: ¨Si un hombre que cobra 450 dólares la hora quiere contarle algo gratis...le interesa escuchar¨, y vaya si nos interesa, al igual que el anónimo cliente, en cuya piel nos ponemos. En efecto Oliver (que no Jonathan) y Barbara (nombre a la altura de su personaje) son los héroes de la historia, dos jóvenes desconocidos y llenos de vitalidad que acaban enamorándose perdidamente en un precioso escenario lluvioso de Nantucket.
Homólogos algo más crecidos de los Oliver y Jenny de ¨Love Story¨ o de los Kinichi y Akiko de ¨Besos¨; una conversación improvisada, un beso de despedida y una escena de cama bañada por la luz de una preciosa puesta de Sol a través del ventanal: el director esboza un bonito inicio que despide aroma de cine romántico clásico y empalagoso, pero su DAmato nos baja de las nubes de un plumazo mientras los protagonistas siguen en ellas con la cortante ¨Suena a cuento de hadas, ¿verdad?...y lo fue¨. Sólo llevamos un cuarto de hora y sí, demasiado perfecto estaba siendo todo, señal inequívoca de un drástico giro de acontecimientos.
Hacen su entrada, entonces, los enemigos naturales del amor romántico e ideal: la ambición, el ansia de poder y la ascensión social. La incomodidad, lenta pero invasiva, empieza a viciar la atmósfera, las miradas cortan el aire como estrellas shuriken, la calidez del hogar se está congelando, los dos preciosos niños son bolas de sebo y los rostros de los casados revelan ya sus primeras arrugas de insatisfacción. Aun mudándose todos a un nuevo escenario donde proseguir con el idilio familiar, Leeson y DeVito no permiten el menor atisbo de una auténtica felicidad, habida cuenta de que todo lo relacionado con la época dichosa de Oliver y Barbara se ha despachado en poco más de 20 minutos.
La nube no tarda en deshacerse (al menos para nosotros) y si antes la pareja podía ser reflejo de las de los films de Hiller y Masumura, años después son más bien un fiel trasunto de los Dan y Valerie de ¨Divorcio a la Americana¨, los Robert y Angela de ¨La Batalla de los Sexos¨, los George y Martha de ¨¿Quién teme a Virginia Woolf?¨, y ni director ni guionista se prestan a brindar un mínimo de empatía por ellos: el conservadurismo y la actitud de depredador de negocios de Oliver choca con la fuerte e independiente personalidad de Barbara, asfixiada en la rutina y la insatisfacción.
La sustitución del amor sentimental por el amor material, de todos modos, ha terminando consumiendo y pudriendo sus almas, y es el ego lo único que logra hacer eco en las paredes de una casa cuya amenaza de derrumbarse está siempre a la vuelta de la esquina; de testigos mudos: una amable sirvienta extranjera, los hijos Josh y Carolyn, algo impasibles frente al resquebrajamiento paterno, y un perro y un gato que también reflejan a la perfección la relación de los protagonistas. Hasta que por fin sucede lo que tanto tiempo se lleva pronosticando, siendo un falso infarto el revelador detonante de los odios soterrados, el resentimiento mal disimulado y las desilusiones recalcitrantes; se declara la guerra y la veda está abierta.
La siguiente hora se dedica a recrudecer el ambiente como no nos podemos imaginar, dejando que surja el gen de la venganza cuidadosamente anidado en los interiores de los casados durante todos estos años. Algunos se ponen de parte del hombre, quien siempre se esforzó para lograr la comodidad de su esposa; otros de parte de ésta, perdiendo su verdadera personalidad y obligada a vivir bajo una aplastante rutina. Oliver sigue siendo romántico y persevera en su ideal de amor, además de en su inmadurez y soberbia, ella es fría, calculadora y sádica, el modelo perfecto de la ¨femme fatale¨ del ¨noir¨ pero con la psicopatía triplicada.
Ambos desquiciados y egocéntricos, ambos estomagantes y repulsivos, sus almas han sido engullidas por las paredes del monstruo que es el hogar conyugal, el cual los retiene a voluntad provocando un clima angustiante e implacable no lejano del modelado por Peckinpah en ¨Perros de Paja¨, donde sólo puede germinar la presencia de la maldad; y mientras Gavin regodeándose con afilado sarcasmo. No hay que esperar mucho para que las palabras, miradas, amenazas y gestos se transformen en un duelo encarnizado por la soberanía del territorio y el deseo de triunfar sobre el otro.
Y así será, reservándonos el director un último acto que es puro delirio y desenfreno, del más autodestructivo, mandando a paseo todo atisbo de moral y lógica; ¿es concebible tanto odio?, ¿es necesaria tanta violencia? ¿Importa discernir? Ya no hay realidad que valga para los casados, o quizás sí la hay, una realidad distorsionada, difusa y torcida (la observada por Josh a través de los prismáticos). Es la realidad que les atrapa y que intentan despedazar, con patadas, mordiscos, arañazos, puñetazos, zancadillas, quemaduras y objetos varios para lanzarse. Arden los cimientos (y el culpable empieza siendo un árbol de Navidad).
Puede que ni siquiera Nicholson y Duvall llegasen al grado de mala uva y locura al que sucumben unos soberbios Michael Douglas y Kathleen Turner, de algún modo repitiendo (mucho más locos y enervantes) a los Dan y Matty de ¨Atracción Fatal¨ y ¨Fuego en el Cuerpo¨. DeVito les secunda con su particular sentido del humor y así Marianne Sägebrecht, Heather Fairfield, un Sean Astin aún imberbe y un también joven Dan Castellaneta atendiendo en silencio a este crudo relato de bajas pasiones, ambigüedad moral y ácido humor que arrasaría la taquilla a finales de aquel 1.989 y que dejó momentos realmente memorables dentro de la comedia negra de la época presagiando así el género en los siguientes años 90.
Momentos como esa antológica y amarguísima conclusión que es en realidad una versión torcida de la de ¨Duelo al Sol¨, y es que DeVito no tiene a bien brindar un gesto de redención final como el que tuvieron Lewton y Pearl. Maldad pura, señores.
¿Y la moraleja, aparte de que los amantes de los perros no deben casarse con los amantes de los gatos? No se sabe.
Quizás Barbara debió proponer aquel famoso remedio para la ruptura del matrimonio que Alice lanzó a Bill al final de ¨Eyes Wide Shut¨: ¨follar¨.
Junto a ella hemos disfrutado del mar, las nubes, el cielo azul, el olor de la arena. Ahora la oscuridad la envuelve en una taberna donde se prepara el terreno para una infidelidad.
Recorre el escenario y clava sus ojos en nosotros. Con esa mirada penetrante Monika rompe la cuarta pared, y de paso, a nosotros, el corazón...hasta hacérnoslo trizas.
Es uno de los instantes, por su composición sorprendente y moderna, que más me fascinaron de esta pequeña joya; sin embargo nada la predisponía a convertirse en el mito cinéfilo que es hoy. Bergman, que lleva filmando unos seis años y haciéndose con algún éxito de crítica y público, pasa por una mala racha en lo profesional y personal; con una familia que alimentar, serios problemas conyugales y el hecho de enfrentarse a un ambiente de huelgas generales de los productores de la industria cinematográfica por los impuestos, terminan con él rodando mediocres anuncios de televisión.
Llega su transición difinitiva al encontrarse a una nativa de Estocolmo de 20 años llamada Harriet Andersson, quien ha trabajado en teatro pero no para el cine. Esto es pura magia. Se prenda de una musa que irradia erotismo y fuerza, y afirma que ninguna mujer posee este don como ella; una inspiración para la adaptación de la novela ¨Sommaren med Monika¨, que firma el importante autor moderno Per Anders Fogelström. Bergman filma en verano en la isla de Ornö con un presupuesto ajustado mientras graba con su cámara particular y en cada momento a Harriet, de la que no disimula estar enamorado.
Pero esta historia que se eleva a otro nivel en su inesperada escapada insular da comienzo en la ciudad de la mano de dos jóvenes, Harry y Monika, quienes a partir de un encuentro casual en una cafetería inician lo que parece ser un idílico romance, eterno y protegido contra la sociedad que les rodea. Esa sociedad medio pobre, sucia, recalcitrantemente conservadora pero escandalosamente sórdida bajo las apariencias; durante este primer acto el sueco, sin duda influenciado por el neorrealismo, perfila las aristas de un mundo asfixiante, hermético, oscuro y violento, con la pareja protagonista como rebeldes a la apatía de su vida cotidiana y a la fealdad de sus respectivos núcleos familiares.
Bergman capta al vuelo esta violencia y esta sensación de podredumbre y suciedad, y a los ásperos individuos que moran en ella. Por tanto Harry y Monika huyen en un gesto de rebeldía, de abandono y de libertad proclamado por ellos y también por el cineasta (apelando en futuras historias por una escapada a un entorno natural salvaje alejado de todo rastro urbano). El magnífico esplendor del paisaje insular, la exaltación libertaria de la huida amorosa, un subtexto bíblico y el descubrimiento de la sensualidad explosiva y pecaminosa de Harriet/Monika.
La mejor manera para Bergman de explorar majestuosamente el territorio inestable del cine moderno. Se abre un universo aparte de registros sensibles, bucólico y ensoñador, y se abandona el dominio ¨lógico¨ del relato por la pura celebración amorosa, la abstracción mineral de la isla como nuevo desafío de una puesta en escena donde se nos invita a observar un cielo precioso, rozar el agua cristalina e incluso a percibir el aroma de la piel de Monika, que casi acariciamos por la proximidad de la cámara. Su rostro delicado aunque de rasgos fuertes, su pecho agresivo, sus muslos desnudos y su espontaneidad carnal.
No sabrá (Bergman sí) que habrá de convertirse en un símbolo para la mujer europea moderna, aunque su belleza permanecerá contra el paso del tiempo; más que un símbolo, un mito encarnado. Pero el sueco, aun en su afán de atrapar el instante presente en lo que tiene de más fugaz y profundizar en él para otorgarle un valor de eternidad, infiltra asimismo restos de violencia y amargura que habrán de incrementarse y acompañar a los protagonistas en un tercer acto marcado por la discordia, la crudeza y la ambigüedad, un largo epílogo que sólo sirve para romper el sueño, un espejo en el cual habrá de mirarse Harry hacia el final y contemplar la auténtica realidad.
Quizás este tramo es lo que provoca el distanciamiento de la propia obra y del personaje femenino; la fruta prohibida del paraíso transformada en una venenosa víbora pcuya aspiración es hacerse con nuestro odio. Bajo la debilidad y mirada abatida de Harry, Bergman enfrenta a Monika con su relato, reflejando la irreductibilidad del deseo y la inexorable aspiración a la libertad contra el conformismo social; los últimos actos de la joven son pura abyección moral que nada justificaría, ni siquiera el elogio de una libertad que consiente en destruir la de los demás. Para el objetivo de la cámara del sueco esto es una ignominia, horror y vergüenza.
Correctos Lars Ekborg, Naemi Briese, Sigge Fürst y Dagmar Ebbesen secundan a Andersson, inmortalizada desde todos los ángulos (en su faceta sensual y en su lado más tenebroso, ambigüedad continua realzada por el trabajo de Gunnar Fischer a la fotografía). ¨Un Verano con Monika¨ explotará poco a poco en la época, por traspasar límites que casi nadie se había atrevido (poco antes el también sueco Arne Mattsson con su premiada ¨Un solo Verano de Felicidad¨, gran influencia para la que nos ocupa); en EE.UU. es vendida maliciosamente como mero film erótico de explotación mientras en Europa se la considera piedra angular del cine moderno.
Una legión de jóvenes cineastas de todos los rincones del Globo tienen un modelo en que apoyarse. Como afirmó Godard, hay que verla siquiera por esos extraordinarios segundos en los que Monika mira fijamente a cámara, con sus ojos anegados de angustia, tomando al espectador por testigo del desprecio que siente por sí misma, voluntariamente eligiendo el Infierno en lugar del Cielo.
Es uno de los planos más tristes y poderosos de la Historia del Cine, en la cual Bergman, gracias a su obra-milagro, puede por fin entrar en ella por pleno derecho.
Los años 70 dan sus últimos suspiros y el cine español parece evolucionar hacia una nueva etapa, condicionado esto por la muerte del general Francisco Franco a finales de 1.975; a partir de ese momento se cambia absolutamente la postura frente a la censura dentro de los medios de expresión, y el de la industria cinematográfica no es menos, donde se empiezan a abordar temas mucho más comprometidos. La comedia popular que han encabezado Tony Leblanc, José Luis López Vázquez o Alfredo Landa se tiñe cada vez más de erotismo, y el resultado en taquilla habla por sí solo.
En este género triunfan como nadie Pedro Lazaga, Luis María Delgado, Pedro Masó y ante todo Mariano Ozores, que está llevando espectadores a las salas como nadie con sus divertidas obras de humor grueso y ácida visión de la España de la época y gracias a la colaboración que mantienen con él Lina Morgan y Landa, sus dos actores fetiche de este periodo, quienes han protagonizado títulos tan buenos como ¨La llamaban ¨La Madrina¨ ¨, ¨Fin de Semana al Desnudo¨, ¨Los Pecados de una Chica casi Decente¨ o ¨Manolo ¨la Nuit¨ ¨. Además, el director se toma muy en serio la libertad de la que se goza en el momento y empieza a mostrar sin tapujos los primeros desnudos de su cine, los cuales se acrecentarán con el tiempo.
Siguiendo su frenético ritmo de trabajo (cuatro o cinco películas al año, ahí es nada) vuelve a ponerse en manos de José Ángel Santos y Lotus Films y rueda en Marbella y Puerto Banús (su querida Costa de Sol, donde tantas veces trabajaría) otro descacharrante vodevil junto a Landa. Y es que el enredo toma presencia en esta ocasión desde el mismísimo principio, con Germán, un hombre menudo y con cara de pregonero de pueblo, entrando en su bonita casa practicando el arte de la seducción como un playboy cualquiera con una estupenda señorita, quien lo rechaza sin más; todo esto para contemplar poco después a otro señor, más atractivo y sofisticado, haciendo exactamente lo mismo.
Resulta que éste es Carlos, el verdadero dueño de la casa y millonario irresistible conocido en toda la costa, y el anterior es su mayordomo, quien ha jugado a convertirse en él por un momento; pero el gracioso equívoco esconde, por obra y gracia de Ozores, una engañosa realidad, y es que en este caso la superchería de hacer creer a alguien quien uno no es se transforma en la base del argumento al ¨cumplir¨ Germán con todas las chicas que su señor, aquejado de una supuesta enfermedad sexual, se trae a casa, y todo ello para conservar su fama de donjuan dentro del frívolo entorno social al que pertenece (esa sórdida España del ¨boom¨ turístico).
El cineasta crea así un juego de personalidades realmente original donde las dificultades de cada uno se resuelven por medio de unas transferencias recíprocas que benefician a ambos; no obstante para Carlos y Germán también hay serios inconvenientes. Si bien el segundo ha conseguido con éxito suplantar la identidad de su señor imitándole en su forma de vestir y hablar (siempre hará el amor con la luz apagada) es asimismo incapaz de conquistar a una mujer por su aspecto, como al primero le es imposible conquistarlas en la cama; de esta forma uno anhelará constantemente aquello de lo que goza el otro por naturaleza.
Esta situación tan enrevesada consigue su explicación gracias a la mente retorcida del mayordomo, que se erigirá en maestro de ceremonias de eficaces artimañas y engaños con tal de poder seguir aprovechándose de su situación, y ahí entra el tercero en discordia, Alfonso, amigo de Germán que ¨presta¨ su enfermedad y su nombre (haciéndose pasar por médico) para uso y disfrute de éste; un malévolo juego que convierte la doble identidad en triple, con la disfunción de Alfonso en la vida de Carlos y deseando aquél la vitalidad que en realidad posee éste último. La sólida creencia de ponerse en el lugar del otro será tan literal que incluso, haciéndose concesiones a lo disparatado, las voces serán imitadas a la perfección (¡!).
Pero este magnífico plan se viene abajo por la intervención de Alicia, una mujer que se diferencia de todas las demás (la primera a la que veíamos ser invitada por Germán) y que ha sido lo suficientemente lista como para descubrir la suplantación; ahora el mayor anhelo será el sentido por el mayordomo al enamorarse el señor de la mujer que él de verdad deseaba. Como ha demostrado a lo largo de su carrera, Ozores posee esa habilidad única de imprimir a la comedia el ritmo justo y la fluidez necesaria como para que el enredo ni se vuelva repetitivo ni pesado, y esta no es una excepción.
De hecho el enredo, impulsado por todas las mentiras de Germán, llevará al film al más puro disparate (valga la impagable secuencia en la que éste muestra a Carlos, a los pies del altar y preparado para su noche de bodas, una abundante colección de ferétros y lápidas). El sr. Landa vuelve a derrochar su inimitable carisma en su papel de enzizañador y amante infalible (hay que echarle voluntad para creerse esto, pero en fin...), dando una vuelta de tuerca a su imagen de ¨celtíbero español¨ de ¨Manolo ¨la Nuit¨ ¨; unos simpáticos Juan Luis Galiardo y Antonio Ozores le acompañan, mientras no puede faltar la presencia de la hermosa Emma Cohen ni de la genial Josele Román.
Dentro de la extensa colección de obras que Mariano Ozores filmaría conjuntamente con Landa, esta ¨Mayordomo para Todo¨ pasa por ser una de las más entretenidas y enrevesadas; también es en la que muestra los primeros desnudos femeninos.
Este gusto por el picante para sentar a más público a las butacas se saldaría unos pocos años después con la triunfal llegada de Andrés Pajares y Fernando Esteso al cine del director.
Pésimo clásico. Un film sumamente aburrido cuya historia resulta muy pobre sin ningún hallazgo.
Neil Simon (dramaturgo y guionista de la cinta) ha hecho films sumamente superiores: ¨La Chica del Adiós¨, ¨Un Tipo Solitario¨ o ¨California Suite¨ por ejemplo, entre otras (todas sumanmente recomendables, por cierto).
No entiendo porque esta película está considerada un clásico ni que interés dramático le vio Neil a lo que sucede.
Mala fotografía, mala historia, mala estética, etc. Solo zafan, un pelín, las actuaciones.
No la recomiendo en lo absoluto!
“Todas las luchas son en realidad una sola, enemigo solo hay uno, pero el ser humano, en su infinita estupidez, en vez de combatirlo unido, lucha dividido y lo fortalece”.
Matthew Warchus nos acerca a un episodio histórico poco conocido pero de enorme significado simbólico: a mediados de los 80s los sindicatos mineros ingleses declararon La Gran Huelga en contra del gobierno derechista de Margaret Thatcher. Un pequeño grupo de activistas lesbianas y gays, que conocen muy bien lo que es la represión del poder y de la policía, deciden ser solidarios con los mineros, debiendo lidiar con la intolerancia y la desconfianza de los mineros avergonzados de que su lucha se la relacione con la comunidad gay.
La película de Warchus destila humor, buena onda, optimismo, y es una oda a la conciliación, la celebración y el entendimiento, entre dos comunidades aparentemente diferentes (lo rural y lo urbano, el proletariado y la clase media, el rudo machismo y la sensibilidad de lo femenino, la heterosexualidad y lo homosexualdiad), pero que descubrirán que son muchas más las cosas que los unen que las que lo separan.
No puedo dejar de resaltar, entre un estupendo y encantador elenco coral de actores y actrices ingleses, al personaje del incansable Mark, un ser humano comprometido en la lucha común: la del derecho a que todos podamos vivir con dignidad y sintiéndonos orgullosos por ello.
Lilya es una ingenua chica de dieciséis años, sin padre y abandonada por su madre que se va con su amante a EEUU, se queda completamente sola y en la pobreza extrema, en un cuartucho de un miserable suburbio de alguna ciudad de la Rusia noventera postcomunista. Su único amigo es Volodia, un niño que es golpeado y abusado por su padre, que tampoco tiene a nadie que cuide de él y malvive como un mendigo. Consumen pegamento, no tienen ni para comer, y nadie se apiada de ellos. Un día, una “amiga” de Lilya le propone prostituirse para obtener algún dinero…
El sueco Lukas Moodysson realiza un trabajo de dirección, (los planos, la edición, el manejo de la cámara en mano), sublime. Muestra escenas de una dureza desgarradora, pero solo insinúa con maestría, nunca se recrea en el morbo, con temas tan polémicos como la violación o la prostitución juvenil, logrando tocar tus emociones con varias escenas estremecedoras y conmovedoras, como cuando la dulce Lilja escribe ¨Lilja 4 ever¨ en un banco de madera mientras unos mozalbetes la escupen y le gritan puta; o, cuando Lilja arroja el cuadro del ángel de la guarda (que al parecer nunca la ha ayudado cuando más lo ha necesitado), renegando de su fe.
El final es conmovedor y perfecto. Lilja y Volodya, dos almas inocentes, quizás por fin logran ser libres del dolor de este cruel y desalmado mundo.
Buena comedia romántica ¨sofisticada¨ con un tremendo trío protagonista, y es que tanto Cary Grant como James Stewart y Katharine Hepburn se salen en sus papeles, e incluso hay algún secundario más, como la niña, que está realmente bien también.
Con una trama compleja y una especie de... ¿cuarteto? amoroso de por medio, en una historia donde los egos, las diferencias entre clases sociales y el propio amor hacen que los protagonistas choquen unos con otros contínuamente.
Es divertida y muy entretenida, con algunos muy buenos diálogos y algunas partes para el recuerdo. Una película de lo más recomendable.
comedia oriunda de filipinas que toma como referente los filmes belicos, mezclados con academia de policia y derivados, chistes basicos pero en sus años creo que funcionaban muy bien, hoy por hoy se nota su envejecimiento, y su extensa duracion,,, interminable!!!
se deja ver, pero sin muchas pretenciones, olvidable
Es una serie por momentos interesante pero por otros momentos muymuy aburrida. Ningun capitulo entretiene en todo momento y auqnue no seas cientifico vas a aburrirte bastante con algunos datos muy especificos y aburridos que da Carl Sagan.
La verdad que no la recomiendo. Hay programas en History Channel que explican cosas de ciencia de una forma mucho menos especifica y mucho mas entendible para los que no somos cientificos. Pero le pongo 5 por que,como dije antes,representa datos muy interesantes por capitulos.
Lógico que haya pasado sin pena ni gloria por la vida pues, carece de toda enjundia y gracia necesaria. Un hombre se lía con la hermana de su mujer y cuando son descubiertos por la cornuda, se monta una escandalera en la que la víctima recibe un golpe que la deja seca. Por ello, la pareja intenta deshacerse del cadaver y se montan en una roadmovie deslavada donde la mujer no para de lamentarse por su vida, mi entras el otor que trabaja de policía intenta hacer lo posible para que el cadaver sea descubierto, no hay gracia, no engancha y el final es tontorrón como el solo. Insípida.
Parnaso
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¿Dónde Está la Casa de mi Amigo?
Sobre como un niño que no ha hecho los deberes es reprendido por el profesor y como se apropia sin querer del cuaderno de su amigo y va en su búsqueda hasta que se hace de noche. La voluntad y la solidaridad por bandera. Realización sencilla y mensaje claro.Me gusta (0) Reportar