Por última vez tenemos el privilegio de ver a nuestro detective francés favorito en una de sus clásicas y trepidantes aventuras.
Tras haber recuperado el diamante más famoso del Mundo y enfrentarse al malvado Dreyfus, se convierte en blanco de la despiadada mafia. ¡Pues que Dios se apiade de ellos!
En 1.976 se estrenaba ¨La Pantera Rosa ataca de Nuevo¨ bajo la triste mirada de un Blake Edwards que no pudo realizar su épica producción de más de tres horas por culpa de las decisiones de los imbéciles de United Artists, obligándole a recortarla en exceso (cuyas partes sobrantes se reutilizarían en ¨Tras la Pista de la Pantera Rosa¨); pese a todo, y si bien no igualó el éxito de ¨El Regreso...¨, sí logró unas buenas cifras en taquilla. Así que ya no quedaba más que rascar sobre las peripecias del arrogante y patoso Jacques Clouseau; una modesta retirada con aquella 3.ª parte (no contemos ¨A Shot in the Dark¨) como broche de oro habría supuesto un final más que digno para la saga.
Pero ese no fue el caso, y para evitar que la nueva entrega, en preproducción al poco tiempo de estrenarse la anterior, se conviertese en un refrito de lo que sobró de ésta, el sr. Sellers insistió en rodar una película con una historia propia. Y pasó lo que no debió haber pasado, intentar lograr resultados diferentes probando los mismos métodos; un detalle importante era que el diamante ya estaba olvidado (¿no hubiera sido mejor entonces usar otro título y desligarse de una vez de la saga?), así que Edwards, con otros colaboradores, se las ingenió para situar a su protagonista en el centro de una intriga original y divertida.
Lo malo es que ni original ni tampoco muy lúcido se revela el argumento imaginado por Edwards, Ron Clark y Frank Waldman, dado por el arrebato de ego que sufre Philippe Douvier, importante hombre de negocios y jefe de la mafia en territorio francés, cuando su estatus pierde importancia para sus coetáneos en EE.UU.; pues no se le ocurre otra cosa a este individuo de percha impoluta, porte señorial y cara de político de derechas que un asesinato contra una célebre personalidad es lo más adecuado...y a nadie más se le ocurre que el pobre Clouseau, cuya existencia ya peligra bastante sin la intervención de la French Connection.
¿Por qué este planteamiento?, ¿por qué no una operación menos absurda para meter al inspector francés en el ajo?, ¿por qué no volver a robar la Pantera Rosa? No, señores. Edwards prefiere mirar a los ¨thrillers¨ de gángsters y grandes conspiraciones internacionales del momento y unirlo a su clásico estilo paródico, exhuberante, disparatado y colorido, a veces tomando de referencia el imaginario James Bond. Para rizar el rizo de las licencias, regresa el otrora jefe Dreyfus, obviándose lo sucedido en ¨La Pantera Rosa ataca de Nuevo¨ (quizás fue sólo un gran delirio durante su estancia en el manicomio...).
¿Encaja Clouseau en algún resquicio de este desaguisado? Sí, si puede cumplir su cometido de brindar al desinteresado espectador un agradable pasatiempo. Y es que ver en acción a Sellers bajo la batuta de Edwards es siempre un privelegio, porque pocos binomios actor-director ha habido tan buenos en el cine cómico como éste; las constantes zapatiestas en las que se ve involucrado el idiota detective o sus desastrosas peleas con Cato son de agradecer...a pesar de realizarse los mismos ¨gags¨ con una nota de humor claramente menos inspirada. De hecho el entrañable Burt Kwouk tendrá más participación en la trama esta vez, y aquellas secuencias en las que aparece le está robando inconscientemente el protagonismo a Sellers.
Él y el gran Robert Webber (en la piel del caricaturizado villano por los malabares del guión) son los únicos secundarios que merecen atención de un plantel bastante insulso; hasta Herbert Lom, cómico de enorme talento, pierde algo de chispa limitándose a repetir sin gracia los tics más reconocibles de su papel. Podremos reírnos con la explosión en la casa de disfraces (con un homenaje impagable a ¨Dr. Strangelove¨), la aparición de ¨el abejorro de plata¨ o cuando Cato y Clouseau investigan en la parte trasera del pub, antes de tomar la historia un inesperado desvío a Hong Kong (gracias a James Bond y Bruce Lee se puso muy de moda filmar en Oriente en aquel entonces).
Sí, el incorregible director, respetando su acostumbrada manía de regalar a su público un tramo final con todas las concesiones al entretenimiento más delirante y artificioso (si bien hace lo posible por proponer un buen desenlace a las flojas intrigas que se habían desarrollado, y fracasa en el intento), se va a Hong Kong a rematar una historia donde el sinsentido ha tomado su lugar por encima de cualquier esmero narrativo; y viendo a qué niveles eleva el absurdo hay que decir que seguramente no estaban preparados para alguien como Edwards en la ciudad del Mong Kok y los dim-sum.
Secundarios como mucho correctos, a destacar Robert Loggia, Graham Stark y Paul Stewart; Dyan Cannon es preciosa, sí, un buen florero que mirar, pero como actriz deja muchísimo que desear. Al director, no obstante, le costaba trabajar más con Sellers, debido a la degeneración mental y física que estaba acabando con su angustiosa existencia, a la cual por otro lado no le quedaba ya mucho tiempo (incluso tuvo que pararse la producción tras haber sufrido un ataque cardíaco).
Este sería el triste final para una saga que podría haber acabado de mejor manera, y ¨triste¨ porque en la siguiente entrega ya no estaría Sellers, aunque virtualmente fue el protagonista.
Pero lo más triste, lo más tristemente imperdonable, es que Edwards tuviera la imperiosa necesidad de volver a revivir la saga, cada vez de peor manera, como un mero salvavidas para su situación monetaria...
Mucho tiempo ha pasado desde que el famoso diamante ¨La Pantera Rosa¨ fuera robado. El inepto agente Jacques Clouseau ha sido trasladado a un destino más acorde a sus habilidades y el sr. Charles Lytton parece haberse retirado de su profesión...
hasta que un accidente los va a volver a unir, y en la más grande de las aventuras.
En 1.964 se estrena ¨A Shot in the Dark¨ (prefiero ignorar su título traducido) y es todo un éxito; Blake Edwards captura definitivamente el espíritu del alocado e inútil inspector Clouseau que Peter Sellers había encarnado un año antes en ¨La Pantera Rosa¨ (y con el cual robó todo el protagonismo a David Niven, por ello no volvería a interpretar su personaje después). Destaca la arrogancia y la torpeza del francés como medio para los delirantes ¨gags¨, además de ser introducidos secundarios de lujo como el sirviente Cato o el desquiciado jefe Charles Dreyfus.
Tras este clásico del humor nunca más se supo. Aparece una tontería realizada por Bud Yorkin con Alan Arkin que nadie relaciona con la saga iniciada por Edwards, quien empieza a meterse en líos por culpa de su inmensamente costosa ¨La Carrera del Siglo¨, y los productores no se fían mucho de él; por otra parte Sellers demuestra ser alguien intratable en lo privado además de tener problemas con las drogas. La carrera de ambos, pese a una gran colaboración como ¨El Guateque¨, no discurrirá bien en años venideros; el director desea hacer reflotar la saga pero no obtiene el beneplácito de la escéptica United Artist, así que se encargará el productor inglés Lew Grade, quien promete financiarle dos películas.
La primera es el drama ¨La Semilla del Tamarindo¨, con Julie Andrews (esposa de Edwards); en la siguiente éste decide hacer las paces con Sellers y unir sus fuerzas para traer de vuelta la fórmula que les diera el éxito casi una década antes (aunque previamente se barajase no un largometraje sino una serie de televisión). Como en ¨A Shot in the Dark¨ un suceso impactante en plena noche es el resorte de los acontecimientos, aquí el robo del célebre diamante, cuya firma pertenece sin duda al ya retirado ¨Fantasma¨ Lytton, una secuencia de apertura muy bien filmada en la que Edwards marca la diferencia con todas las demás entregas de la saga.
De la ficticia Lugash nos vamos directamente al lado de Clouseau, y el humor empieza a fluir gracias al talento innato de Sellers (y es que pocas escenas de presentación son tan divertidas como la charla con el falso mendigo ciego y el mono). El realizador recupera no la atmósfera sutil de ¨La Pantera Rosa¨, sino la más salvaje y disparatada de ¨A Shot in the Dark¨ (siendo las peleas entre Cato y el inspector el mejor ejemplo); pero cuando al inepto protagonista le encomiendan recuperar el diamante robado la trama se bifurca centrándose tanto en sus desastrosas hazañas como en la intriga más ¨seria¨ que concierne a Lytton.
Así vamos a tener tiempo de todo, de reírnos a carcajadas con el humor puramente visual y físico heredado de Keaton, Chaplin, Lloyd y Laurel y Hardy que nos ofrece Sellers y su álter-ego, y de introducirnos en una especie de aventuresco ¨thriller¨ con el ¨Fantasma¨ de implacable protagonista, un poco en la línea de James Bond, o de otra película de Edwards, ¨Gunn¨ (sobre el agente de mismo nombre creado por él muchos años antes para la televisión); dos tramas divididas, comedia absurda y suspense y acción, que sin embargo no se necesitan para sobrevivir por sí mismas.
Por otra parte, restos de humor, romances y ladrones de guante blanco se heredan del clásico de Hitchcock ¨Atrapa a un Ladrón¨, al tiempo que una pequeña subtrama nace entre todo este entretenido desaguisado: la cada vez más acusada locura del jefe Dreyfus (y que incluso dará para una película al año siguiente). Seguro que para muchos la historia que atañe a Lytton es sólo un mero paréntesis que interrumpe los sucesivos e hilarantes ¨gags¨ de Clouseau, pero Edwards la dota de buen ritmo, absorbente intriga y algunos giros como para resultar medianamente interesante, sin olvidar sus propias dosis de humor (el constante sufrimiento de Pepi).
En lo que respecta a Sellers, un escenario y su arte para la improvisación le bastan para construir toda una historia donde no la hay en ningún sitio (la vigilancia de Claudine Lytton en Suiza, un pretexto nada disimulado...), al igual que sucedía en ¨El Guateque¨; Edwards le deja expresarse y actuar a su aire, incluso adoptar en esta ocasión un acento francés de lo más horrible, origen de todas esas bromas sobre la incomprensión del habla del inspector. Esto dará algunos de los momentos más divertidos no sólo de la saga y de las carreras de ambos, sino de todo el cine de humor de los 70.
Como por ejemplo la manipulación del teléfono en casa de los Lytton, los desastres que organizan Cato y Clouseau en sus peleas, la escena de la bombilla o los avergonzantes intentos de seducción de Claudine, dando pie a que no dejemos de ver la preciosa sonrisa de Catherine Schell, quien no podía dejar de carcajearse con las ocurrencias del actor (y como él, yo también sigo admirando su belleza); con su imponente presencia y forma física, Christopher Plummer sustituye a Niven en su encarnación del ladrón, una versión mucho más refinada de su Eddie Chapman de ¨Triple Cross¨. Además tenemos a los impagables Burt Kwouk, Graham Stark, Mike Grady, André Maranne y Herbert Lom (qué tremendo actor cómico).
Con sus ciertas irregularidades argumentales (todo hay que decirlo) y algunas crueles críticas, ¨El Regreso...¨ no sólo arrasa en taquilla, sino que relanza las carreras de Edwards y Sellers; tal fue el éxito que otra entrega llegaría poco después, aunque ésta será siempre mi favorita.
Como colofón, aunque parecía imposible, las tres tramas confluyen en uno de esos finales delirantes y surrealistas que tanto le gustan al director, acabando en un epílogo sencillamente magistral (esa zapatiesta en el restaurante japonés).
Una gran mansión, muchos habitantes y habitaciones, una noche silenciosa y, de repente, un disparo que rompe el silencio. ¿Quién es el asesino?
No, no se trata del mítico Cluedo ni tampoco de una novela de Agatha Christie...
Elegante, colorida, pomposa y divertida comedia fue ¨La Pantera Rosa¨, joya del género en aquellos incipientes años 60 que obtendría altas cifras en taquilla y que hoy es (para muchos sí, para otros ni pensarlo) un clásico indiscutible. ¿Pero por qué? Además de por contar con la hábil mano de Blake Edwards y escenarios de lujo, también tenía un reparto estelar con David Niven a la cabeza...pero no fue en él, para su descontento, sobre quien recayeron todos los halagos, sino en Peter Sellers, que por fin vería despegar su carrera gracias a su torpe y entrañable Jacques Clouseau, el inspector obsesionado con capturar al ladrón de guante blanco ¨El Fantasma¨.
Fue la estrella de la película sin lugar a dudas y ello influyó para que en Mirisch le ficharan como protagonista de la adaptación de una obra de teatro del guionista y dramaturgo Harry Kurnitz (a su vez versión de ¨LIdiote¨, original de Marcel Achard). Curiosa sucesión de acontecimientos la que habría de suceder, porque Sellers rechazó trabajar en dicho proyecto, hasta que la productora convenció a Edwards para que lo dirigiese (quien también se negó en un principio) dándole carta blanca para reescribir la historia, lo cual hizo junto a William P. Blatty (sí, de verdad) y el mismo Sellers; tendría lugar de este modo el auténtico nacimiento de un mito de la comedia.
Porque resulta que el investigador original de la obra es reemplazado por Clouseau, quien regresa como si nada hubiese sucedido tras un final tan fatídico como el que le dieron en ¨La Pantera Rosa¨. El inspector francés de aquélla era un temprano boceto que aún no había sido definido del todo por tratarse de un mero personaje secundario; casado con un zorra intrigante e infiel, tenía el perfil de un pobre e ingenuo bobalicón que generaba el caos allá por donde pasaba, y sin embargo de lo más adorable. Edwards y Sellers lo convierten en un arrogante mentecato con muchos humos y una gran facilidad para confundir las palabras y destruirlo todo.
Este elemento es introducido en el clásico ¨whodunit¨, cuyo escenario también es sinónimo del género: una gran mansión con inquilinos a cada cual más pintoresco donde un misterioso crimen ha tenido lugar, y una ¨femme fatale¨ en su epicentro (preferentemente rubia) que no sólo será la principal sospechosa, sino que volverá loco al detective. Puede que haya un homicidio, pero a Edwards le interesa tanto el suspense como en ¨La Pantera Rosa¨, y se dedica a dinamitar el género desde ese magnífico prólogo donde una sobria cámara recorre, en plano-secuencia, todas las habitaciones de la casa al son de ¨Shadows of Paris¨ hasta finalizar con unos secos disparos.
La farsa detectivesca en todo su esplendor, un Marlowe de garrafón entrometido en un crimen que sabemos que tiene culpable desde el primer minuto (la doncella Maria Gambrelli), un callejón narrativo sin salida que nos hace darnos de bruces con la lógica y el sinsentido, y todo perfectamente orquestado por Edwards. Pese a este ambiente tan sofisticado y pomposo, el director no recurre a la comedia de elegantes zurcidos ¨screwball¨ como en ¨La Pantera...¨, sino al ruidoso disparate, a la locura ¨slapstick¨, toda provocada por un Sellers incandescente que se mueve como pez en el agua.
También serán introducidos ciertos personajes alocados sacados de una viñeta que volverán en futuros títulos creando así una exitosa saga, como Cato, el mayordomo de Clouseau, quien práctica con él una interminable sesión catastrófica de karate, o el comisario Charles Dreyfus, a quien le estallará la tensión por culpa de las estúpidas ocurrencias del inspector. ¿Y qué ocurre con la trama? Nada. La trama no existe, es un ¨impasse¨ de más de una hora y media que sobre todo nos muestra las dotes de seducción de Clouseau para encandilar a Maria, a quien da vida la sensual y bellísima Elke Sommer (escogida tras Sophia Loren y Romy Schneider), por la que, en efecto, es fácil caer rendido a sus pies.
La trama que crea Edwards hace hincapié en la estupidez de su protagonista para complicar lo simple y meterse en cientos de líos (los cuales siempre acaban con él de camino a prisión); mientras tanto hace surgir ingeniosos destellos de humor negro con la aparición de cada cadáver, acercándose el film a las comedias de los estudios Ealing (al estilo de ¨Ocho Sentencias de Muerte¨ o ¨El Quinteto de la Muerte¨, también con Sellers y Lom, aunque menos negra y más disparatada). Y todo para derivar en un histérico y revelador colofón que hay que ver para creer: el epítome-apostasía de las novelas de misterio.
Tras el genial dúo que conforman Sellers y Sommer hay que destacar la presencia de un Herbert Lom soberbio para el humor gracias a su recreación de las fases de locura que atraviesa su personaje, y que será tan marca de la casa en la saga como el histrionismo de Burt Kwouk (aquel sr. Ling de ¨James Bond contra ¨Goldfinger¨ ¨). También se incorporarán, para la posteridad, los geniales André Maranne y Graham Stark, quien protagoniza junto a Sellers una hilarante secuencia totalmente improvisada sobre un par de relojes que se quedan sin pila.
Pero esas improvisaciones y esa excesiva seguridad costó a Sellers más de un disgusto con el temperamental Edwards, tanto que ambos juraron no volver a trabajar juntos (gracias a Dios esto no sucedió...).
Adornada con una puesta en escena vibrante y una impecable banda sonora a cargo de Mancini, ¨La Pantera Rosa¨ fue sin duda una gran película, pero ¨A Shot in the Dark¨ define con todo lujo de detalles el ¨universo Clouseau¨ instaura una nueva forma de entender la comedia en la década...y si alguien lo duda que preste atención al episodio de la colonia nudista.
Hay algunos hombres que nacen demasiado temprano, en un mundo demasiado antiguo, que se adelantan a las normas establecidas, a los regímenes políticos, a las luchas entre clases, a los ideales tradicionales, en general al tiempo en el que se han visto forzados a existir...
Uno de esos hombres fue Toko Kon, autor, artista e importante figura política y cultural de la Historia de Japón nacido en Yokohoma tan sólo dos meses que el legendario Kenji Mizoguchi, en 1.898, a finales de un siglo XIX inscrito en la era Meiji cuyas ideas llegadas de Occidente fueron infiltrándose en la sociedad nipona, hasta entonces aislada del Mundo; sin embargo los intentos de colonización extranjera, el crecimiento económico, la lucha contra los privilegios y a favor de la educación y la democratización vino acompañada de una renovación cultural.
Lo que acontenció tras la 1.ª Guerra Mundial fortaleció dicha democracia y la prosperidad en el país; en aquel entonces ya se había asentado una nueva era. Kon, procedente de linaje noble y culto, encajaba con el modelo del joven japonés inmerso en aquella era Taisho: contestatario e intelectual, para mucho más tarde convertirse al budismo. En 1.963 una de sus muchas novelas sería llevada a la gran pantalla por Seijun Suzuki, quien sintió que a partir de aquel proyecto su carrera, ahogada por las exigencias de Nikkatsu, pegaría un vuelco significativo al conocer al director artístico Takeo Kimura, si bien ya había roto muchos esquemas en su anterior ¨La Juventud de la Bestia¨.
Dicha novela, adaptada por el prolífico Ryozo Kasahara (ligado a Mikio Naruse y responsable de la soberbia ¨Red Angel¨, de Masumura), posee un cariz autobiográfico sobre el propio Kon, quien se disfraza bajo el alias de Togo Konno situándose la historia en su más pura juventud, tras ser expulsado de la academia Shinsei en Kobe por un escándalo con una muchacha y verse forzado a mudarse a la ciudad de Toyoka, manteniendo vivo su sueño de ir a Tokyo a estudiar literatura y convertirse en un gran escritor. Sin embargo estas aspiraciones tan ambiciones chocan con su carácter caprichoso, provocador y pendenciero.
Tanto que su fría madre le abandona allí al cuidado de un amigo de la familia. Suzuki, aun siendo meros encargos baratos y estereotipados todas esas películas que realizó bajo contrato, encuentra un doble espiritual en el joven Toko/Togo, un rebelde sinvergüenza dispuesto a romper las leyes y a burlarse de todos aquellos que las defienden, aunque suponga quebrantar la bien organizada existencia de las gentes de ese entorno tan ridículamente tradicional y estricto (el pueblo del film por los estudios Nikkatsu), y no obstante igual de inmoral, o más, que el propio protagonista.
Togo lee a August Strindberg y está más interesado en cultivar la filosofía de la vida libre, los verdaderos sentimientos, aunque eso no le impida cantar el himno nacional ni verse abocado a una cierta melancolía y pesimismo; desde luego un ser peculiar incapaz de encontrar su sitio en el universo encerrado en sí mismo que es Toyoka, del mismo modo que los intelectuales extranjeros en la sociedad japonesa en la primera mitad del siglo XIX. Todo es rechazo para este chico que poco a poco se gana la admiración de sus compañeros, a la vez que el temor por parte de otros (esos auténticos patanes del comité estudiantil contra abusos morales, sarcástico reflejo de las autoridades nacionales).
Suzuki hace brillar el humor de corte absurdo y juvenil durante un buen tramo mientras rompe la linealidad por medio de súbitos ¨flashbacks¨ sobre las experiencias de Togo; pero la atmósfera cambia por completo al aparecer otra chica en su vida, Emiko, hija del hipócrita y pervertido doctor del pueblo. Pero ella no es como la alegre prostituta del puente; el chico sabe que el amor sentimental suele conducir hacia el dolor, aun así el romance es inevitable, y se nos sume en él poniéndonos en la piel de los amantes, crucificados antes de tiempo al igual que en el relato de Monzaemon Chikamatsu.
La comedia del inicio queda ahora fuera de combate para narrar una historia de amor imposible, concentrándose el cineasta en captar dicha corriente de amor a través de las miradas y gestos de los amantes, revelando así la belleza de su alma y su naturaleza, a las cuales se opondrá todo el universo exterior (salvo Yoshi, la amiga de Emiko, y su madre, verdaderas celestinas y encubridoras). Evidentemente Suzuki, como ya ha ido enseñando en anteriores títulos, los jóvenes han de aprender a base de sufrimiento para madurar en la sociedad injusta en que viven, y sus destinos siempre están marcados por la desgracia.
Las tensiones acumuladas derivan en tristeza, por tanto no cabe sino esperar esta conclusión a un romance en principio bello y eterno, y será la base de terribles giros en la mejor tradición de la tragedia ¨mizoguchiana¨; Suzuki demuestra que puede elaborar drama del más desgarrador, y en ello la colaboración de Kimura es esencial, así como la música de Hajime Okumura y la fotografía de Shigeyoshi Mine. Un vital Ken Yamauchi encarna de maravilla a su personaje, doble de Toko Kon, y esa preciosa Masako Izumi; tras ellos, los veteranos Shinsuke Ashida, Mieko Takamine y Emiko Azuma, maravillosos, y la aparición de Tomio Aoki (conocido por su gran papel en ¨He Nacido, pero...¨, de Ozu).
Memorable también la arrebatadora Chiharu Kuri dando vida a la geisha Ponta, salida como de la pluma de Yoshiko Shibaki, y que protagoniza la vivencia más ardiente de Togo; plagadas de humor y optimismo, durante este ¨flashback¨ el director nos regala dos o tres poderosas secuencias que merecen ser recordadas para toda la vida.
Algo típica en cuanto a historia, personajes y situaciones, ¨Akutaro¨ (prefiguración de la menos seria ¨Fighting Elegy¨) es no obstante de las más logradas obras de la recién iniciada segunda etapa de su carrera. De nuevo contando con Kasahara, Suzuki volvería a adaptar más obras de Kon en el futuro...
Como de costumbre, la violencia, el crimen y la sangre de inocentes ensucia Shinjuku constantemente, y la policía no hace bien su trabajo, por lo que precisan ayuda.
No será muy ortodoxo y metódico, pero el detective Joji Kano es lo que la ciudad necesita, un auténtico doberman para defender las calles como es debido.
¿Y quién mejor para darle cuerpo y rostro que el mítico e imbatible Shinichi ¨Sonny¨ Chiba? A mediados de los 70 el fan medio del cine de acción (sobre todo el fan oriental) se podía deleitar de lo lindo con las trepidantes y extremadamente viscerales peripecias del actor en títulos como ¨The Killing Machine¨, ¨The Bodyguard¨ o las imprescindibles ¨Golgo 13¨ y ¨The Street Fighter¨, que alzaban a este campeón de karate, ninjutsu, kendo y otras disciplinas al más alto ranking de las estrellas de acción asiáticas. Si Bruce Lee había dejado huérfano al género, él lo apadrinó de nuevo.
Un hecho importante le sucede a principios de los 60: su primera colaboración con un asistente de dirección de Toei ascendido a realizador llamado Kinji Fukasaku, colaboración que proseguiría en años siguientes. Y así, con el transcurrir del tiempo, ambos coinciden una vez más para adaptar ¨Doberman Deka¨, célebre cómic del artista Yoshiyuki Okamura (también responsable de ¨Hokuto no Ken¨) en la mejor tradición de las novelas policíacas ¨hard-boiled¨ que se mantuvo en activo durante varios años para luego renacer en 2.012; sin embargo al director no le hacía mucha gracia el argumento y procuró que el guionista Koji Takada lo reescribiera.
De este modo, el Joji Kano ya habituado al entorno urbano de la obra original pasa a ser un pueblerino de la lejana Ishigaki de Okinawa, contratado para encontrar a Yuna, hija de una conocida desaparecida tiempo atrás (y ¨macguffin¨ de la trama); Fukasaku introduce a este agente de la ley bestializado, un ¨Cocodrilo¨ Dundee nipón, en la bulliciosa atmósfera de Shinjuku, radiografiada de nuevo desde una perspectiva amarga y descorazonadora. El director no abandona esta perspectiva, tan propia de su cine, regresando así a los callejones inmundos, los burdeles de mala muerte y los pubs oscuros.
Y con ellos vuelven sus yakuzas rabiosos, sus complacientes prostitutas, sus delincuentes chiflados y sus rematadamente ineptos policías. Lo que viene siendo una jungla humana carcomida por el vicio, la corrupción y la violencia; allí se desarrolla una trama a dos bandas (e incluso a tres): la desaparición de Yuna y la ambición de Hidemori, un cínico gángster, por convertir en estrella de la canción a otra joven, Miki, ambas conectadas en un misterioso caso de reemplazo de identidad. Pero al ser tan fácil de descubrir dicho enigma por muchas bifurcaciones que haya de por medio (sólo hay que prestar un poco de atención), Fukasaku prefiere desatarse en su relato policial y callejero.
A todo esto añade un asesino en serie que va liquidando a la ¨escoria¨ de la ciudad, ofreciendo una espinosa comparación entre aquellos que hacen cumplir la ley y los que la quebrantan. El resultado es una intriga frenética filmada con su cámara tambaleándose como los desequilibrados personajes que pueblan sus films, y en ella seguimos a ese homólogo de Harry Callahan (hay muchas referencias al film de Siegel) en su aventura por la peligrosa metrópoli a través de atmósferas repulsivas y extrañas (llevándose la palma la psicotrópica secuencia en la que tiene relaciones sexules con una prostituta en mitad del escenario de un club).
Aunque habida cuenta de su situación y métodos no cuesta emparentarle con otro antihéroe ¨eastwoodiano¨: el Coogan de ¨La Jungla Humana¨, o incluso el Doyle de la secuela de ¨The French Connection¨. En cualquier caso un animal del campo astuto, sagaz y letal como él ridiculizado por sus bien trajeados compañeros de oficina, de ahí que la ayuda sólo la encuentre en esos jóvenes moteros, en concreto el impetuoso ¨Hotshot¨, que así como así se convierte en su mano derecha. Tampoco el mundo del espectáculo se libra de sufrir un retrato ácido y desgarrador, asignándose bien los papeles de las marionetas (Miki) y los maestros de ceremonias (Hidemori).
¿Y todo para qué? Para que Fukasaku, ese heredero nipón de Huston, Friedkin, Winner y sobre todo Siegel y Peckinpah, nos arrastre sin concesiones a su desquiciada, sucísima y ruidosa peripecia, mareándonos en decenas de persecuciones, salpicándonos de sangre y haciendo que sintamos en nuestras carnes las patadas y puñetazos lanzados por ese implacable Kano/Chiba, por quien es difícil no sentir simpatía, todo lo contrario a esos policías descritos como unos desagradables chillones e inútiles que siempre están fracasando en todo lo que hacen.
Hideo Murota y Jukei Fujioka encarnan este mal gusto y repulsión, mientras Hiroki Matsukata, aun siendo el villano, resulta más carismático e interesante. Y al otro lado un Koichi Iwaki correcto como su loco motero, Eiko Matsuda (quien un año antes hacía saltar el pulso al público de medio Mundo en ¨El Imperio de los Sentidos¨) en un papel secundario de prostituta, y la mitad americana y mitad japonesa Janet Hatta, en su preciosa pero a menudo algo estomagante Miki. Nada más nos ofrece este feroz policíaco de puro ¨exploitation¨ salvo una entretenida hora y media, rodada con el habitual nervio y desparpajo de Fukasaku, quien concluirá así sus peripecias de gángsters y policías, tras haberse dedicado a ellas durante más de diez años, para adentrarse en otros géneros.
Quizás el estar situada entre dos obras más interesantes y de mayor envergadura como ¨Hokuriku Proxy War¨ y ¨Kang Samurai¨ (también contando con la presencia de Chiba) la deja un poco en tierra de nadie...
Unos años después el cómic de Okamura sería llevado a televisión de un modo un tanto alterado y en 1.996 se realizaría una nueva versión directamente para el mercado del vídeo con Riki Takeuchi en la piel de Kano, pero de todas formas nadie lo pudo interpretar mejor que el gran Chiba.
Serie/documental: ¨Jeffrey Epstein: Filthy Rich¨ (2020). Primera critica.
Libre de spoilers.
Otra vez Netflix se luce con sus series documentales, si anteriormente lo hizo con personajes relevantes en cuanto al crimen como Ted Bundy o Luka Magnotta, ahora se enfoca a alguien que mucho daño hizo y fue un revuelo enorme toda su situación, el mismísimo pedófilo Jeffrey Epstein. Un documental que abarca a Epstein como el tipo que fue, escuchando testimonios de victimas de este violador y como fue todo el proceso para detener a uno de los hombres más poderosos, influyentes y ricos del mundo. Vale la pena visualizarlo para quienes quieran averiguar más sobre el tema y es otra de las grandes producciones de Netflix, que de a poco comienza a redimirse de sus errores pasados y se enfoca en dar material no solo para niños y jóvenes, si no que para todo tipo de espectador.
Mi puntuación para ¨Jeffrey Epstein: Filthy Rich¨ es 8 de 10 posibles, interesante, un tema bastante actual y bien llevado. La verdad es que lo recomendaría ya que pese a su duración, anda bien de ritmo dado a lo detallada que es la información entregada.
Balto, es una película hermosa de los 90s que actualmente está olvidada e infravalorada pero que a pesar de sus más de 20 años de antigüedad aún se conserva muy bien.
Posee un ritmo rápido, con personajes bastante interesantes desde divertidos hasta tenebrosos (como el villano), Steel que es el antagonista desempeña un papel muy bueno aunque su final no sea el mejor, todo su desarrollo lo cumple correctamente siendo egoísta, egocéntrico, abusador, mentiroso, pretencioso y demás factores. El protagonista de la historia (Balto) lo amo, creo que es imposible de odiarlo pues tiene características que te permiten identificarte con él como inseguridad, valentía, honestidad, Carisma etc. Su diseño es simple pero agradable, las expresiones faciales están muy bien hechas y para la época con un pequeño presupuesto diría que aún más mérito, tal vez a día de hoy no sea lo mismo pero se mantienen y brindan bastante realismo y dinamismo. La profundidad que tiene su historia me gusta pues lo manejan sin llegar al exceso pero tampoco dejándolo al olvido, pasa por diferentes situaciones que son emocionantes aunque sean ficticias lo que me lleva al siguiente punto.
La película se basa en hechos reales pero toma bastante libertad creativa por lo cual diría que de un 100% sólo un 20% es la historia real, lo demás es pura ficción pero lo aprovecharon bien añadiendo personajes secundarios como boris, los osos polares, el interés amoroso (Jenna), tres acompañantes de Steel, la niña etc. También decidieron que se cuente desde la perspectiva del perro haciendo que los animales hablen y al ser animada compatacta excelente, es por eso que previamente compartí los aspectos del protagonista/ antagonista.
La animación, especialmente la calidad del dibujo siguen siendo disfrutables, hermosos paisajes, pocos errores, detalles agregados, diferentes ángulos, etc. Recordemos que es animación de la antigua escuela antes de que llegara a ser solo por computadora. El doblaje para América latina es hermoso muy buen trabajo, a pesar de que no fue una superproducción igual las voces para cada personaje hicieron un trabajo profesional digno de una superproducción.
Un punto positivo es para aquellos que odian los musicales o mínimo prefieren no verlos como yo, ya que Balto a pesar de ser dirigida a un público infantil perteneciente a una época de musicales, gracias al cielo no contiene dichas escenas y presiento que le da un toque más adulto pero si prefieren ese tipo de película ahí tienen la secuela y la tercera parte. El Soundtrack en general me gusta aunque no llega a ser iconico como tipo titanic, el exorcista, etc.
Bueno, no es la película perfecta para la mayoría pero para mí si que lo es, el factor nostalgia también juega un papel importante en la reseña (lo admito) pero la vi hace unos tres días y la disfrute como nunca, tanto que nuevamente la vi ayer.
La película es amena y llevadera. Por momentos un poco previsible, quizás, pero se deja mirar, entretiene y no se vuelve densa ya que atrapa. Recomiendo para pasar el rato. Respecto a las actuaciones son coherentes y el papel de la madre súper creíble.
Película de Lifetime!
Película super extraña que mezcla el romance con el drama y la fantasía que es una historia de amor y venganza de la protagonista, la película se sigue bien hasta cierto punto y en ocasiones comienza a aburrir esto se debe a que mas o menos te deben gustar bastante estos géneros.
Los actores correctos y poco más aunque Ondina esta muy bien, el final me ha gustado se sentía que algo malo iba a pasar pero no pasó, la escena de la piscina me parece cuidada aunque poco creible pero es buena y tiene sentido.
El amor y el engaño tienen sus desventajas y esta es una de esas, una historia extraña pero sí más o menos te gusta este tipo de género puede gustar.
Film que versa sobre el compromiso con uno mismo y hacer lo que uno quiera para sentirse bien. Rosa(Candela Peña) es una mujer absorbida por su trabajo en una productora de cine en el apartado de vestuario que un día decide pulsar el botón nuclear y comenzar una nueva vida. Entonces decide comprometerse con ella misma y abrir un tallar de moda. A los familiares les oculta su intención y les convoca a Benidorm para sorprenderles con su iniciativa. Cuando su padre(Ramón Barea) achacoso es enterado de su intención, decide cederle su parte del taller que fue dueño junto a su mujer fallecida, sin dejar de insistir en vivir con ella. Por otro lado, están sus hermanos que le tratan con cierta inferioridad, ahí está Armando(Sergi López), un hombre en una situación turbulenta, a punto de divorciarse y con el agua al cuello por intentar conseguir un crédito para reformar su colegio, ampliándolo más, y Violeta(Natahlie Poza), una mujer enferma de alcoholismo con un punto alocado y frívolo que ha sido despedida de su trabajo sin indemnización que como su hermano solo piensa en su propio bien. Además, su hija, madre de dos churumbeles, se siente infravalorada por su madre y presionada por lo que supone cuidar de sus hijos y estar lejos de su novio Jon. La historia está hilada con lógica, se suceden los hechos con naturalidad sobre un ritmo agradable que ni se empantana ni se va de madre, en tanto en el apartado actoral, Nathalie Poza, se deleita y nos deleita, con el que para mí, es su interpretación más lograda hasta la fecha, y considero que su nominación a los Goya como mejor actriz de reparto se lo ha ganado con creces. En cuanto a Candela Peña, como siempre, nos ofrece una interpretación plana y acartonada que recuerda a toda su lineal carrera. A grandes rasgos, me la imagine peor y ha resultado ser mejor.
Película muy extensa para mi gusto aunque tiene una trama muy interesante, un joven que esta a punto de casarse con una chica no encuentra la felicidad en algo cotidiano y decide plantar a la novia e irse de viaje primero a Francia donde trabaja de obrero en una mina y después se va a la India donde pretende recibir las mejores enseñanzas de los maestros yoguis y poder estar en plenitud.
comedia del oeste, con chiquito de la calzada como protagonista, pues como comedia esta muy bien, la trama es algo cliche pero para una comedia funciona a todo dar, indios, bandoleros, tesoro escondido, bailarinas,todo lo que uno espera del western con gags bastante certeros.
ideal para nostalgiosos.
Supuesto entremés en que aparecen tres bobalías de personalidades hueras, cuya historia transita sin ni churumo ni chispa en un salón que es enfocado con buen pulso por una cámara que se mueve airosa para dotarlo de cierto dinamismo. El elenco actoral es un auténtico coprolito, pues ver unidos al desgraciado Raúl Arévalo y sobrevalorado Antonio de La Torre intentando ser simpáticos, es una completa condena. Tal esperpento insustancial que ha sido incapaz de esbozarme siquiera una leve sonrisa, está, sospechosamente, considerado como comedia...Y concluyo diciendo: si la inacción es el signo que define tal cosa, es imposible que se le apruebe.
Divertidísima película con unos geniales Cary Grant y Tony Curtis, y una historia de lo más loca que te saca carcajadas contínuas, con todas las cafradas que pasan en el submarino, y con todas las ocurrencias, sobre todo de Curtis.
Contar con un submarino y poder grabar una película así es algo que hoy día sería totalmente imposible de realizar, y uno disfruta muchísimo de lo que logran hacer con dicho armatoste.
Muy buenos efectos especiales, tanto el propio submarino, como las explosiones y demás, la verdad es que, pese a ser una película cómica, está realmente currada.
Ya quisieran hoy día poder hacer películas tan graciosas como esta.
Pues puede resultar extraño, pero la primera de las nueve adaptaciones al cine de Parker, el antihéroe de Donald Westlake, se adelantó un año a la de John Boorman con “A quemarropa”, fue no-oficial y corrió a cargo de Jean-Luc Godard. Está basada en la séptima novela de la serie: “The Jugger”.
El reparto tiene como estrella a una de las musas – y ex-esposa - de Godard, Anna Karina, que como la pistolera de alquiler Paula Nelson se convierte en la primera Parker cinematográfica. Una Parker mucho más sentimental y locuaz que el personaje en el que se basa y que viste coloristas jerseys, pero no es por ello menos mortífera. El resto del reparto, con extraños personajes con nombres de directores de cine, actores y otra gente que le gustaba (o no) a Godard incluye al cineasta húngaro László Szabó, al protagonista de “Los 400 golpes” Jean-Pierre Leaud o a la musa pop Marianne Faithfull como ella misma (cantándose alguna cosilla de los Rolling Stones, of course).
La película está planteada como una sátira-manifiesto político disfrazada comedia noir onírica, que combina elementos de “The Jugger” y del guion cinematográfico – no directamente de la novela - de “El sueño eterno” de Raymond Chandler. Aún surfea bastante en la ola de la nouvelle vague y tiene una estética pop a más no poder.
Los diálogos, como es habitual en Godard, son surrealistas, reflexivos y disquisitivos hasta el punto de resultar pomposos y dar incluso bastante rabia, pero algunas partes del guion y el montaje son bastante random – deliberadamente, claro - e ingeniosas y acaban haciendo gracia, para qué negarlo. Sirvan de ejemplo las inquietantes secuencias que se repiten dos veces seguidas por alguna razón (supongo) o los constantes martillazos al cuarto muro (los personajes saben que están en una película). El mensaje político es muy explícito y está en boga: se hace necesario parar el avance de la extrema derecha.
Técnicamente, pues lo dicho: nouvelle vague; mezcla entre teatralidad y naturalidad con planos cortos y sostenidos de los personajes mayoritariamente rodados en exteriores con sonido natural: poner el micro, que hablen y que salga lo que sea, como si estuviéramos en medio de la acción. Godard hace un magnífico uso del color, con una paleta y vestuario que le da a la película un aire vivaz.
Bueno, es una peli de Parker con poco de Parker y mucho de nouvelle vague. Si tengo que ser objetivo, me ha parecido correcta, visualmente muy atractiva e incluso con momentos de brillantez, pero subjetivamente se la dejo a quién guste de estas cosas: esta no tiene el aura mítica que hace de Alphaville o Pierrot le Fou disfrutables. Aunque debo decir que personalmente comparto el mensaje político que lanza, lo que encuentro aquí me resulta un batiburrillo ligeramente pop-art, pretencioso pese a su bajo presupuesto y encima se hace eterno a pesar de no llegar a los 90 minutos.
No digo que sea una mala película. No lo es en absoluto. Pero no es mi estilo de cine.
El director de ¨Los últimos de Filipinas¨ - es de ver el ridículo que hicieron los españoles-, nos obsequia con una obra que al buen sentimental le llegará a lo más hondo puesto que esta historia de supervivencia que refleja las dificultades que sufren los africanos al cruzar el mediterráneo con el fin de buscar una vida mejor, está contada con una delicadeza excelente sin dejar de lado la crudeza. Asimismo, también se toca el tráfico de marfil, los contratiempos a la que se enfrentan los guardia civiles en el muro, y una relación filiopaternal enfrentada. Todas corelacionadas. Luego el final es verdaderamente desgarrador.
Es la típica historia de venganza entre un grupo de forajidos y un joven a quienes éstos le matan a su padre, un western convencional donde el protagonista principal tendrá que darles caza antes de que decidan huir del condado, para nada original en su desarrollo pero lo bueno es ver en acción al desaparecido actoralmente Cristian Slater y al genial Donald Shuterland, el pueblo donde se filmó no me gustó mucho porque se nota mucho que es un set de filmación y el vestuario safa un poco pero nada del otro mundo, no sabia que esta cinta es remake de una de 1935 protagonizada por Jhon Wayne.
Título un poco largo para esta película que ha sido ganadora de festivales yo en si la veo como una película independiente que lo es en sí y me hizo recordar a la genial 4 meses 3 semanas 2 días que fue una de las primeras que toca ese tema ahora bien, el embarazo adolescente es una problemática mundial donde miles de señoritas se enfrentan a eso y la forma más fácil es buscar el aborto y esto es lo que hacen ellas.
Es una historia sencilla muy indie llevada de una manera lenta pero efectiva, las escenas crudas no hay salvo una y la relación entre las amigas está bien dando valor a la amistad, las actuaciones creo que son principiantes y han hecho un trabajo aceptable.
Si te gusta el cine indie lento que hay que contemplarlo y reflexionarlo tienes que verla y el tema que trata fuerte pero de manera delicada sin necesidad de mostrar algo fuera de lugar o explícito para ir contando la historia.
Una película realmente original, en la que, con el trasfondo de un concurso de baile, en plena época de la gran depresión americana, en donde la gente hacía cualquier cosa por un poco de dinero, un montón de parejas intentan darlo todo por conseguir el premio.
Con esta idea en la cabeza, uno parece que se va a encontrar con una película divertida, pero resulta ser todo lo contrario. Es una historia dura, donde la fuerza y la resistencia de los personajes, tanto física como psicológicamente, se lleva hasta límites insospechados. Conforme avanzan los días de baile, uno va pasándolo realmente mal viendo la dura prueba que tiene que aguantar los personajes.
Surgen rencillas, roces, momentos realmente tensos, aunque también amistad y momentos de superación. Vemos a los ricos disfrutando de las miserias de los pobres, y a estos luchando por un premio, para mi gusto, irrisorio para tal tortura que tienen que pasar.
La parte final de la película te deja bastante frío, por lo inesperadamente chocante que es.
Una de las películas más conocidas de los Hermanos Marx, y con razón, pues es una locura magnífica.
Posiblemente su película más loca, con una historia que transcurre en una nación inventada y en donde, con Groucho como gobernante supremo, pasan toda clase de locuras.
La peli cuenta con algunos de los sketches más divertidos de estos 3 1 actores, algunos realmente divertidos, con los que se te escapa más de una carcajada.
Uno lo pasa realmente bien viendo esta película, donde la trama como tal no es importante, sino el conjunto de escenas de puro humor absurdo. Muy digna de verse.
Mad Warrior
5
La Venganza de la Pantera Rosa
Por última vez tenemos el privilegio de ver a nuestro detective francés favorito en una de sus clásicas y trepidantes aventuras.Tras haber recuperado el diamante más famoso del Mundo y enfrentarse al malvado Dreyfus, se convierte en blanco de la despiadada mafia. ¡Pues que Dios se apiade de ellos!
En 1.976 se estrenaba ¨La Pantera Rosa ataca de Nuevo¨ bajo la triste mirada de un Blake Edwards que no pudo realizar su épica producción de más de tres horas por culpa de las decisiones de los imbéciles de United Artists, obligándole a recortarla en exceso (cuyas partes sobrantes se reutilizarían en ¨Tras la Pista de la Pantera Rosa¨); pese a todo, y si bien no igualó el éxito de ¨El Regreso...¨, sí logró unas buenas cifras en taquilla. Así que ya no quedaba más que rascar sobre las peripecias del arrogante y patoso Jacques Clouseau; una modesta retirada con aquella 3.ª parte (no contemos ¨A Shot in the Dark¨) como broche de oro habría supuesto un final más que digno para la saga.
Pero ese no fue el caso, y para evitar que la nueva entrega, en preproducción al poco tiempo de estrenarse la anterior, se conviertese en un refrito de lo que sobró de ésta, el sr. Sellers insistió en rodar una película con una historia propia. Y pasó lo que no debió haber pasado, intentar lograr resultados diferentes probando los mismos métodos; un detalle importante era que el diamante ya estaba olvidado (¿no hubiera sido mejor entonces usar otro título y desligarse de una vez de la saga?), así que Edwards, con otros colaboradores, se las ingenió para situar a su protagonista en el centro de una intriga original y divertida.
Lo malo es que ni original ni tampoco muy lúcido se revela el argumento imaginado por Edwards, Ron Clark y Frank Waldman, dado por el arrebato de ego que sufre Philippe Douvier, importante hombre de negocios y jefe de la mafia en territorio francés, cuando su estatus pierde importancia para sus coetáneos en EE.UU.; pues no se le ocurre otra cosa a este individuo de percha impoluta, porte señorial y cara de político de derechas que un asesinato contra una célebre personalidad es lo más adecuado...y a nadie más se le ocurre que el pobre Clouseau, cuya existencia ya peligra bastante sin la intervención de la French Connection.
¿Por qué este planteamiento?, ¿por qué no una operación menos absurda para meter al inspector francés en el ajo?, ¿por qué no volver a robar la Pantera Rosa? No, señores. Edwards prefiere mirar a los ¨thrillers¨ de gángsters y grandes conspiraciones internacionales del momento y unirlo a su clásico estilo paródico, exhuberante, disparatado y colorido, a veces tomando de referencia el imaginario James Bond. Para rizar el rizo de las licencias, regresa el otrora jefe Dreyfus, obviándose lo sucedido en ¨La Pantera Rosa ataca de Nuevo¨ (quizás fue sólo un gran delirio durante su estancia en el manicomio...).
¿Encaja Clouseau en algún resquicio de este desaguisado? Sí, si puede cumplir su cometido de brindar al desinteresado espectador un agradable pasatiempo. Y es que ver en acción a Sellers bajo la batuta de Edwards es siempre un privelegio, porque pocos binomios actor-director ha habido tan buenos en el cine cómico como éste; las constantes zapatiestas en las que se ve involucrado el idiota detective o sus desastrosas peleas con Cato son de agradecer...a pesar de realizarse los mismos ¨gags¨ con una nota de humor claramente menos inspirada. De hecho el entrañable Burt Kwouk tendrá más participación en la trama esta vez, y aquellas secuencias en las que aparece le está robando inconscientemente el protagonismo a Sellers.
Él y el gran Robert Webber (en la piel del caricaturizado villano por los malabares del guión) son los únicos secundarios que merecen atención de un plantel bastante insulso; hasta Herbert Lom, cómico de enorme talento, pierde algo de chispa limitándose a repetir sin gracia los tics más reconocibles de su papel. Podremos reírnos con la explosión en la casa de disfraces (con un homenaje impagable a ¨Dr. Strangelove¨), la aparición de ¨el abejorro de plata¨ o cuando Cato y Clouseau investigan en la parte trasera del pub, antes de tomar la historia un inesperado desvío a Hong Kong (gracias a James Bond y Bruce Lee se puso muy de moda filmar en Oriente en aquel entonces).
Sí, el incorregible director, respetando su acostumbrada manía de regalar a su público un tramo final con todas las concesiones al entretenimiento más delirante y artificioso (si bien hace lo posible por proponer un buen desenlace a las flojas intrigas que se habían desarrollado, y fracasa en el intento), se va a Hong Kong a rematar una historia donde el sinsentido ha tomado su lugar por encima de cualquier esmero narrativo; y viendo a qué niveles eleva el absurdo hay que decir que seguramente no estaban preparados para alguien como Edwards en la ciudad del Mong Kok y los dim-sum.
Secundarios como mucho correctos, a destacar Robert Loggia, Graham Stark y Paul Stewart; Dyan Cannon es preciosa, sí, un buen florero que mirar, pero como actriz deja muchísimo que desear. Al director, no obstante, le costaba trabajar más con Sellers, debido a la degeneración mental y física que estaba acabando con su angustiosa existencia, a la cual por otro lado no le quedaba ya mucho tiempo (incluso tuvo que pararse la producción tras haber sufrido un ataque cardíaco).
Este sería el triste final para una saga que podría haber acabado de mejor manera, y ¨triste¨ porque en la siguiente entrega ya no estaría Sellers, aunque virtualmente fue el protagonista.
Pero lo más triste, lo más tristemente imperdonable, es que Edwards tuviera la imperiosa necesidad de volver a revivir la saga, cada vez de peor manera, como un mero salvavidas para su situación monetaria...
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