Cayeron las bombas. El 14 de Agosto de 1.945 se logra por fin la derrota de Japón y sus habitantes pueden escuchar por primera vez en la radio a Hirohito Michinomiya, anunciando la rendición incondicional.
El país se convierte entonces, pese a toda la remodelación política, los acuerdos exteriores y las reformas, en la isla de recreo de los invasores americanos...
Este sentimiento, impregnado en el alma de millones de japoneses como una espina clavada, empezó a aflorar en el panorama cinematográfico a modo de denuncia, primero disfrazándose de dramas intimistas y poco a poco tornándose en feroces críticas sociales; uno de esos títulos llegó ya iniciada la década de los 60 de la mano de un cinesta que se convertiría en uno de los mayores rebeldes de la industria: Shohei Imamura. Tres años llevaba ya en Nikkatsu haciendo películas con las cuales no quedó satisfecho, ni siquiera con ¨Mi Segundo Hermano¨ a pesar de ser un éxito de crítica a nivel nacional e internacional.
Todo cambiaría cuando tuvo la oportunidad de adaptar una novela de(l también productor) Kazu Otsuka, que sitúa los hechos en la ciudad costera de Yokosuka, inmediatamente después de la tan nefasta ocupación. El guión del afiliado a Shochiku Hisashi Yamanouchi y la visión del director reflejan de maravilla la situación del pueblo japonés durante esta etapa tan desafortunada (sobre todo el pueblo del más bajo estrato social, el que siempre ocupó las obras de Imamura), y lo muestra desde un punto de vista corrosivo, condenando sin límites de ninguna clase la presencia americana en una sociedad quebrada y precipitada a la ruina total.
Ahí nos lleva, a la zona más agitada de la ciudad, cerca de la base militar allá establecida, y además lo hace con el himno estadounidense y la bandera roja, blanca y azul alzándose sobre el lugar como símbolo absoluto de la victoria. ¿Pero dónde dirige su mirada tras esta introducción desde el aire? Conociéndole, a donde nosotros ya sabemos: a través de los suburbios, inundados de cegadores carteles de neón en inglés, a los bares atestados de yanquis y a los prostíbulos, donde una reyerta con las chicas comienza su furioso discurso, que cruza de principio a fin la obra como un vertido de ácido.
En este clima de injusticia sangrante donde los agentes de la ley se tornan contra sus compatriotas, los invasores se pasean triunfantes y con el derecho a crear el caos y los grupos criminales toman el control del lugar desde sus entrañas, se nos narra la historia de Kinta, uno de tantos chicos que, decidido a convertirse en alguien importante en esa sociedad sin ley ni orden, se involucra con un clan yakuza dedicado a la extorsión, el chantaje, en definitiva a extender la violencia. Detestable, chillón, descerebrado y rematadamente inocente, Kinta es la imagen de Imamura en su juventud, cuando para sobrellevar la pobreza familiar tras la guerra, se vio forzado a trabajar como traficante en el mercado negro.
De su lado iremos conociendo el putrefacto microcosmos en el que quiere aparentar ser todo un hombre cuando en realidad no lo es, sin embargo un acto de rebeldía contra su anciano padre, quien sobrevive a base de vender astillas de madera y bebe para sofocar las penas de tener una familia muerta en la guerra. Más que la historia de un chico lo que vemos es la historia de un mundo en descomposición. Aquí los cerdos son el único negocio lucrativo que encuentra el pequeño grupo de Kinta, cuyo kyodai es Tetsuji, figura que sirve al cineasta para desmitificar al yakuza clásico al transformarlo en un débil sin autoridad y con graves problemas de salud.
Esta ausencia de aire, de futuro, viene reforzada con el blanco y negro viscoso, indigesto y grasiento de la fotografía de Shinsaku Himeda. Los gángsters, como de costumbre, pegan, amenazan, doblegan a su parecer (especialmente desagradable es la secuencia del maltrato al dueño del taller mecánico); pero éstos no son los únicos. En realidad parece que todo el mundo colabora para arrastrar un poco más la sociedad al más negro de los abismos: la dueña del lupanar roba a sus chicas; los miembros de los clanes yakuza se mienten y traicionan entre sí, la policía ni tan siquiera aparece a controlar la situación, las madres obligan a sus hijas a prostituirse para los invasores por el bien del núcleo familiar...
La radiografía, muy neorrealista de Imamura, es dañina hasta la extenuación y las acciones de sus personajes (de todos, a excepción quizás del padre de Kinta) están condicionadas por sus actos impulsivos, ignorantes o por su tremenda estupidez, lo que hace imposible el empatizar con ellos. La luz entre tanta oscuridad imperante viene dada por Haruko, una muchacha que trabaja en un bar y que soporta como puede su noviazgo con Kinta, una luz que no hace sino apagarse poco a poco pues el anterior se niega a cambiar de vida; esta historia, a nivel personal tan abocada a los trillados clichés, provoca al director desviar de vez en cuando su mirada a la situación social. Un buen ejemplo: hacia el final cuando, tras verle muerto, Haruko insulta a gritos a Kinta.
Entonces la cámara se aleja de ella y abre un plano general de un grupo de gente hablando de la llegada de más americanos. Aunque precise de una prueba de fuego masoquista y dolorosa, Haruko es el único atisbo de esperanza propuesto, para abandonar la miseria en busca de un futuro (en un gesto contestatario, caminará en sentido opuesto a las mujeres que reciben a los americanos entre gritos de alegría), y a la vez contraria a las ideas tan apegadas a la tradición (ella como reflejo de la mujer moderna, al revés de lo que su madre y su hermana esperan: ser la clásica esposa japonesa, sumisa y prudente). Imamura como el perfecto ¨anti-Ozu¨.
Y es que si por algo se caracteriza es por su retrato amargo, cínico y brutal de este reducto de parias, delincuentes, perdedores en general (al que el mismo perteneció una vez) y de la decadencia que les rodea por culpa de la guerra; no quedan dudas cuando, tras discutir Haruko con su familia sobre convertirse en mujer de un americano, su hermano pequeño lee en un libro del colegio sobre la cultura y la belleza del país japonés. La crítica es abrasiva y la burla recalcitrante, tanto como el sentido del humor tan negro y afilado del director.
Humor que a veces se infiltra en las situaciones a través de las más retorcidas maniobras (el intento de suicidio de Tetsuji frente al cartel de una aseguradora cuyo lema es ¨Ponga una sonrisa en su vida¨ o cuando Kinta y sus amigos descubren los dientes del cadáver de Harukoma dentro del cerdo que se están comiendo...), permitiéndole plasmar a la sociedad a través de sus anomalías, obsesiones y psicopatías. Este caos, que atrapa a los personajes en un asfixiante ¨impasse¨ narrativo, se desata en un tramo final donde la emoción se eleva hasta dejar sin aliento al espectador con el enfrentamiento en las calles generales del lugar entre jefes y subordinados y la sublevación total de Kinta contra la opresión que venía sufriendo.
Ametralladora en mano, liberando a los cerdos y chillando al pestilente mundo que le rodea, ese es su valiente acto de rebeldía, y así el del director, que por fin se siente orgulloso de filmar una película como él desea. Mientras, en sus garras, Imamura saca de los actores las más enfervorecidas y viscerales emociones; en especial de ese gran Tetsuro Tanba, Hiroyuki Nagato (que se esfuerza sobremanera para resultar repulsivo de principio a fin) y una Jitsuko Yoshimura que debutaba con 18 años y se llevó algunos de los mejores momentos (ese final impagable o el que precede a la violación, vertiginosa escena en plano cenital que atrapa y sofoca por su ruptura estética, su agrio simbolismo y su dinamismo ejecutado por el cineasta).
¨Cerdos y Acorazados¨ es el verdadero primer paso del nipón como artista libre, no obstante su obra se estrenó en un momento delicado debido a las tensiones entre EE.UU. y Japón (en esas fechas se producían las protestas masivas contra los tratados de seguridad y alianza frente al edificio de la Dieta Nacional). Nikkatsu, por lo tanto, vio la película como un peligro y una gran provocación, ganándose a pulso el director su fama de insurrecto y siendo forzado a no rodar nada durante un tiempo, lo que aprovechó para dedicarse a escribir guiones; dos años después llegaría el éxito de ¨La Mujer Insecto¨.
Como dato anecdótico fue uno de los films que más impactaron a Martin Scorsese en su época de estudiante, y bien apreciable ha sido su influencia en sus trabajos (¨Taxi Driver¨ sin ir más lejos).
Para otros futuros cineastas (japoneses y no japoneses) esta obra también sería todo un referente obligatorio.
La historia se remonta a cuando Rob Reiner, que durante los 70 se ganó a pulso su prestigio como actor y guionista, se unió a las visionarias y retorcidas mentes de tres individuos: Michael McKean, Christopher Guest y Harry Shearer, cada uno de ellos también cómicos que habían estado trabajando, bien juntos o por separado, en interesantes proyectos, desde series y películas a programas de televisión, grupos de humor y musicales.
Teniendo talento para estas facetas, el trío empezaría a crear unos pintorescos personajes con los que reirse de la imagen de los grupos de ¨rock¨ del momento; entonces deciden romper esquemas y seguir las aventuras de una banda británica ficticia, en clave de falso documental, emulando así el formato empleado unos años antes por Eric Idle y Gary Weis en su genial parodia ¨The Rutles¨, pero mientras ellos se centraban concretamente en la fiebre por los 60 y los Beatles, Reiner y sus acólitos apuntan en un contexto más general a toda la escena ¨rockera¨ que se vivía en la época. Es preciso recordar que nos hallamos en 1.984, el año más grandioso para el género, donde formaciones clásicas aun henchidas de éxito y orgullo compartían escena con otras emergentes que pronto arrasarían en todo el Mundo.
Reiner y su equipo carecían de mucho presupuesto, y les llevó tiempo el que su proyecto tuviese algún interesado, pero como los luchadores del escenario a quienes representaban, nunca se rindieron. Juega a su favor concebir tal hazaña desde la perspectiva del documental; de hecho el primero se personifica ante nosotros anunciado su intención de seguir a los ficticios Spinal Tap de gira en EE.UU. y capturar en el progreso la auténtica esencia y la atmósfera del mundo del ¨rock¨. Y eso precisamente logra este mojigato álter-ego llamado Marty DiBergi bajo el que Reiner se disfraza.
Pero Spinal Tap no son los reyes del momento, lo que vamos a presenciar es un grupo en plena decadencia cuyos años de gloria han sido olvidados pese a seguir vendiendo entradas, y que se precipita a su total descomposición a lo largo de su catastrófica gira. Esto sirve al director para lanzar una brutal sátira a las tripas del negocio musical y todo lo que a ello atañe por medio de un humor agudo el cual le aparta totalmente del estilo ruidoso, grosero y escatológico de las parodias ¨made in U.S.A.¨ y le acerca a la mala uva del humor británico en su vertiente ¨pythoniana¨, sobresaliendo el ingenio de unos diálogos afilados como cuchillas.
Encomiable la forma en que Reiner captura al vuelo, de forma directa y cruda, las emociones y el ambiente mientras deja a sus actores improvisar casi todo el tiempo para conseguir el efecto más realista posible. Ridiculiza absolutamente todo: las manías y frivolidades de los músicos, las tensiones y conflictos en el seno del grupo (y con las casas discográficas, con los managers, con las novias, con las casas de ventas, con otros artistas), su cinismo (se predica la unión en las entrevistas mientras los integrantes se odian en la intimidad), el fanatismo, las groupies, los viajes por carretera, los ídolos, los peligros del ego y el sexismo del ¨rock¨ en una sociedad demasiado políticamente correcta, las letras de las canciones, los problemas durante los conciertos y los ensayos o los recuerdos de una época mejor.
La sátira se eleva a otro nivel al servirnos hilarantes anécdotas y situaciones reales vividas por grupos del mundillo, cosa que agradecerán los fans (destacando lo del puesto maldito del batería, perderse en el backstage, el rechazo del álbum por una polémica portada o las peleas por la intromisión de una novia metomentodo); mientras, la trama se sostiente en la fuerte amistad entre Hubbins y Tufnel (dejando un poco relegados a otros personajes que merecían mucha más atención) y cómo ésta se deteriora por las maniobras de Jeanine, una arpía manipuladora y chiflada por la astrología, hasta una posible reunión con Japón como eterna tierra prometida.
De este modo McKean y Guest, adoptando un impagable acento inglés para la ocasión, sacan el mejor partido de la improvisación, sobre todo éste último, quien, sin despreciar el enorme talento de todo el elenco, se lleva sin duda las escenas y frases más memorables gracias a una interpretación brillante que podría definirse como grotescamente sutil; Shearer, encarnando al bajista Smalls, y sin acaparar tanta atención como sus dos compañeros, protagoniza un par de instantes también inolvidables (el ¨gag¨ de la crisálida en la que queda atrapado y el del control de la aduana).
Pero un servidor recordará por siempre las referencias a los comienzos tan distintos de la banda, donde Reiner, y gracias a la labor de Bryan Jones, nos brinda una divertidísima recreación del estilo, la estética y en especial la música de los años 60 (eso sí, nunca entenderé por qué pasan por alto los 70), y la destreza del primero para filmar los conciertos. Acompañando al trío protagonista están unos también geniales Tony Hendra, June Chadwick, David Kaff, unos jovencísimos Billy Cristal, Bruno Kirby y Anjelica Huston e incluso artistas del mundillo como el batería R.J. Parnell, Blackie Lawless o Paul Shortino.
El efecto fue aplastante. ¨This is Spinal Tap¨ confudió a todo el mundo hasta el punto de creer que se trataba del documental de una banda auténtica; de hecho repercutiría en el universo musical de la época, provocando que infinidad de artistas se viesen reflejados en los de la película, y muchos hasta les imitaron en ciertas cosas (como desear el amplificador de Tufnel que llega al 11, y que vemos en una de las escenas más famosas del film). Joya de auténtico culto que encandiló a la crítica y se labró su prestigio no en los cines, sino gracias al boca a boca y al consumo masivo en los videoclubs.
De visionado obligatorio para fans del ¨rock¨ y el ¨heavy¨ tan auténticos como sus artífices, pues jamás se hizo ni se hará una farsa sobre el mundillo tan lúcida, maliciosa y honesta.
Heavy duty, Rock n roll!
Hay un pájaro, allá en la inmensidad del Espacio, que vuela sin control llevando a todos sus pasajeros hacia un destino fatal. Si hubiera que pensar en alguien que les salvara de la catástrofe, ¿quién sería? ¿Ted Sriker? Pero...
¨Tengo la extraña sensación de que ya nos hemos encontrado con anterioridad en esta misma situación¨. Gracias, Elaine.
A muchos en su momento, con el paso del tiempo e incluso actualmente, les sería imposible de admitir, pero el trío que formaban Jim Abrahams y David y Jerry Zucker, si bien apadrinados por muchos expertos en la materia, cambiaron el modo de enfocar el humor en los 80. No sólo porque ¨Aterriza como Puedas¨, de 3 millones invertidos, acabó recaudando veintisiete veces más sólo en EE.UU., sino porque todas las comedias (enmarcadas en lo absurdo) a partir de ese momento la usarían de inspiración, heredando la velocidad de sus ¨gags¨ visuales, sus intrincados juegos de palabras, sus personajes caricaturescos y su cariz principalmente paródico.
Por haber hecho ganar millones a Paramount, el productor Howard Koch se dispuso a presionar al trío de cineastas, y de manera incómoda, para realizar una secuela. Ante su total negativa los ejecutivos tiraron de ideas, y no se les ocurrió otra cosa que fichar a Ken Finkleman, cómico y guionista de radio y televisión y quien poco antes, ese mismo año, se encontró en una situación similar al tener que escribir el guión de la secuela de ¨Grease¨, otro gran éxito de la productora, tras rechazar inmiscuirse en el proyecto el equipo original. Y así, mientras Abrahams y los Zucker están trabajando en ¨Police Squad!¨, empieza sin su permiso ¨Aterriza como Puedas II¨.
¨Quieren otra película con desastre aéreo...¨, piensa Finkleman, ¨...pero ya se han hecho todas las burlas posibles sobre aeropuertos y aviones¨; así que el hombre utiliza la imaginación y, en base al esquema de ¨Aeropuerto¨ sitúa los hechos en un futuro lejano y lo suficientemente absurdo para que encaje con el humor del grupo Zucker/Abrahams/Zucker, aunque una de las cosas más destacadas de su guión (que escribe con la ayuda de Mike Reiss y Al Jean, futuros colaboradores en ¨Los Simpson¨) es hacer hincapié en repetir los mismos chistes tanto en los diálogos como en los ¨gags¨ visuales (son muchos para nombrarlos...).
Pero pese a regresar al conocido escenario del aeropuerto, el primer tercio contiene algunos instantes deliciosos (las maletas que se ladran, el niño que maneja la nave como en un arcade o el ascensor con la música demasiado alta). Entonces empieza la historia en este futuro de sospechoso ambiente clásico donde tenemos al héroe Striker separado de Elaine y metido en un manicomio y a un montón de gente dispuesta a hacer un viaje a La Luna desde un aeropuerto comercial; en relación a cómo usa Finkleman el humor hay que señalar una apreciación, y que fue lo que aseguró el éxito al film anterior.
Abrahams y los Zucker desarrollaban el absurdo en base a una situación dramática, por lo que quedaba bien empleado el término ¨parodia¨, en su caso del cine de catástrofes; Finkleman sin embargo intenta hacer una parodia empleando ya de salida mecanismos disparatados (una bomba comprada en un establecimiento, un viaje a La Luna desde un aeropuerto, el personal del control aéreo de la 1.ª parte encargados de una nave espacial...), por lo que el absurdo se excede de tal manera que resulta más ridículamente estúpido que gracioso, además de aumentar el nivel de lo grosero y escatológico.
Y mientras el director aprovecha el escenario futuro para hacer numerosas referencias a clásicos de la ciencia-ficción (desde ¨Star Wars¨ en los créditos a ¨2.001¨ pasando por ¨La Fuga de Logan¨, ¨Battlestar Galactica¨ o ¨Star Trek¨, contando con la impagable presencia de William Shatner y del USS Enterprise en su versión televisiva original), recuerda varios momentos de la primera ¨Aterriza como Puedas¨ para añadir algo de trama a los personajes. Estos ¨flashbacks¨ cuentan por otra parte con algunos de los momentos más ingeniosos de toda la película, desarrollados durante la secuencia del juicio a Striker.
En lo correspondiente a la obra que nos ocupa, se repiten paso por paso y de una manera irritante la estructura de la anterior cuando en la segunda mitad Striker ha de ocuparse otra vez de salvar el vuelo (los personajes de Elaine y McCroskey nos avisarán del carácter repetitivo de los hechos, que quizás se concibió en el guión como crítica a la decisión de los ejecutivos de Paramount). Finkleman intenta añadir emoción pero sus maniobras se basan en lo redundante y las bromas pierden la frescura de la original, al igual que los personajes.
Lloyd Bridges, Peter Graves, el palurdo de Stephen Stucker y los esforzados Robert Hays y Julie Hagerty casi hacen y dicen las mismas cosas, con la gracia fuera de combate; Robert Stack y Leslie Nielsen fueron más listos y no volvieron. Mientras nos encontramos con actuaciones y cameos tan interesantes (hay que prestar mucha atención para algunos) como los del genial John Vernon, Al White, Burke Byrnes, Pat McNamara, Karl Malden, el auténtico presentador de ¨Jeopardy!¨ Art Fleming y nada menos que la mítica Francesca ¨Kitten¨ Natividad, a la que no le vemos la cara, sólo la delantera (en uno de los muchos chistes sobre este tema que abundan en el film).
El resultado, pese a una taquilla que amortizó bien el presupuesto, fue más o menos igual al de la secuela de ¨Grease¨: ni llegó a calar en los críticos ni en el público, reacio a no encontrar los nombres de Zucker y Abrahams, quienes despreciaron el film y admitieron no haberlo visto jamás.
Como fan del clásico de 1.980 no niego que esta 2.ª entrega contenga algunos instantes hilarantes, pero esos instantes no salvan el conjunto. En los créditos finales, y tal vez para ejercer presión sutilmente sobre los directores originales, se apela a una 3.ª. Gracias a Dios eso nunca pasó...
Me gustó que sea un policial que se desarrolla por completo en la ciudad de las Vegas y si tiene alguna Jamie Foxx como protagonista aún mucho mejor, él es un policía de narcoticos que mejicanea 25 kilos de drogas a uno grupo de la mafia, entre ellos se encuentran una oficial de policía y el dueño de un casino, todo se complica cuando los malvivientes secuestran al hijo de Foxx y éste deberá devolverles la droga, todo en un día, intriga y traiciones que no dan respiro.y como siempre la policía tiene la manzana podrida adentro del destacamento.
Es buena y previsible pero entretenida y con eso me basta, Liam Nesson y Laurence Fishburne como protagonistas están muy bien, un grupo de mineros quedan varados debajo de la tierra y un grupo de camioneros deben ir al rescate llevando en sus camiones instrumentos para sacarlos, obviamente aparece un malo que les hará la vida imposible a los camioneros y a eso hay que sumarle la carretera de hielo que con el peso de los camiones se vuelve casi mortal, me hizo acordar al programa de History Chanel llamado Rutas Mortales.
Película interesante que trata sobre las desiciones que debe tomar un comité médico de selección de trasplantes de corazón, todo transcurre en un hospital con tres candidatos a recibir el órgano, cada uno con su complejidad, familia, trabajo, etc; la elección no es para nada fácil y se siente la presión durante el desarrollo, las actuaciones están muy bien y deja como planteo filosófico si vale más una vida o el dinero que pueda aportar un beneficiado, chocan la moral, la ética en la práctica de la medicina y el dinero, las desiciones las toman personas osea que también se pueden equivocar y las consecuencias son de vida o muerte.
Con descarada suficiencia, Fernando Colomo nos ofrece esta superflua ingenuidad con retazos prosopopéyicos, que recuerda al cine que otrora se hacía en este país, aunque aplicando métodos infográficos actuales. E inaceptable la abusiva publicidad -¿encubierta?- de cierto conocido refresco 🥤 que yo NO tomaré. ¿Poliamor 👨❤️👨👩❤️👩?, no: POLIRROLLO. .1 sobre 5. ..PICARD..
Artesanal producto de procedencia argentina dedicado a las más humildes trabajadoras. Es loable la idea pero adolece de ritmo cinematográfico y se hace latosa pese a que consuele el hecho de su corta extensión, siendo un ejercicio pausado de irregular atención para el espectador. (Aunque la ¨sesuda y entendida¨ crítica oficial diga lo contrario). .FLOJILLA. .1 sobre 5. ..PICARD..
Amalgama de géneros: comedia, romanticismo y ciencia ficción en su vertiente de saltos en el tiempo. Y combinación generosa de sensaciones para este cuento de hadas. El filme comienza bien pero, poco a poco, va derivando hacia el ostracismo más glacial y se desea que llegue la conclusión. Además, el doblaje no ayuda y el principal actor, sobrio y carente de pericia. .PASADERA. .2 sobre 5. ··PICARD··
Yerran. Estrepitosamente, además. Y es que segundas partes... etc. Sucesoria comedia de acción en la que, como en la anterior, y con mayor presencia que en la primera, Salma Hayek, es el alma de la misma. Pero yerran, ya digo. Si en aquella la diversión para el espectador era predominante, en esta es caudal el hastío y la estupidez. Mismo equipo técnico y casi protagonista para una burda filmación que se olvida SIN MÁS 🥱. ·1 sobre 5· ..PICARD..
Original y atrevido western dramático, magistralmente administrado por el británico Paul Greengrass y en el que hasta la música destaca. Una historia conmovedora, desarrollada en una tierra dura y hostil y filmada en vastos espacios exteriores que no defrauda nunca. Y Tom Hanks, sinónimo de garantía en cualquier film que él interprete, no iba a ser menos en este, no. Y que se me antoja difícil encontrar una obra en la que él actúe por debajo de las 3 estrellas (sobre 5). Y que yo no reparto ni otorgo esas mismas de manera gratuita. Y que ya sé que yo no soy nadie en esta industria, ya. Y que, de toda la vida, me OBNUBILA el cine. Y que esto es CINE, amigas/os. Y que después de tantas íes griegas, la última, gente: y que, para mí, abrumadora OBRA MAESTRA. .5 sobre 5. ··PICARD··
Subyugante Frances McDorman y seductora película indi de carretera, magistralmente conducida por su competente directora. Una extensa tierra de nómadas con la singularidad de cada uno de ellos. Vivencias de experiencias humanas interpersonales diseminadas en las profundidades de ese vasto país norteamericano, con panorámicos paisajes terrenales y panorámicos paisajes individuales. Última aparición de la deslumbrante actriz de Fargo; los cinéfilos te queremos, Frances. .MEDITATIVA. .4 sobre 5. ..PICARD..
Si recuerdas o conoces al cómico francés Louis de Funes, quizá te guste este film. Quizá. O quizá no (que será lo más probable). Y es que todo evoca al mismo, desde sus acreditados títulos del principio a los del final, pero sin la esencia y el carácter de aquel arquetipo. Cómico y deplorable celuloide ofensivamente RIDÍCULO para el espectador. .0️⃣/5. ··PICARD··
¨Minari¨ me ha supuesto una pequeña decepción en lo que yo creía que iba a ser otra cosa, algo de mayor profundidad, dramatismo y enjundia. Empero, la cinta apenas transmite emoción e impacto, que es lo que se supone pretende mostrar su guionista-realizador. Esperaba más de ella al estar nominada a tantísimos galardones, ya digo. Uno de sus productores, Brad Pitt, no acierta en mi opinión. .PLANA. ·1 sobre 5· ..PICARD..
Sandrine Kiberlain (¨Enamorado de mi mujer¨, 2018) protagoniza una fábula familiar, recreándose en las relaciones maternales con sus ¨soles¨. Comedia tierna en la que afloran sentimientos de dinastía en un hastiado espectador, cansado de contemplar tantísimo cine mamporrero, violento, de acción física y/o de dureza dramática; yo tengo una preciosa hija de 36 años de edad y sigue siendo ¨la niña¨, en mi ámbito familiar. (Y perdonad la presente digresión personal). Para mí, filmación EFECTIVA. .3 sobre 5. ··PICARD··
Nostalgia de los 60 que apetece ver con la presencia de Juliette Binoche y la música de Adamo, cuando el país vecino nos parecía, a todos los españoles, lo más próximo al paraíso terrenal. (Recordemos la amarga dictadura que, en esa época, aquí sufríamos). La película está bien ideada pero es de escaso interés general y aporta poco. Una curiosidad sin más, simplemente SENCILLA. .1 sobre 5. ··PICARD··
La presencia de la veterana actriz francesa Catherine Deneuve no es suficiente para que la cinta destaque como sus creadores querrían, a pesar de su nombre. O mejor dicho: sí que destaca; pero por su notoria mediocridad. Una comedia de rango inferior con patéticas situaciones y hieráticos personajes en una selva desnaturalizada con indígenas modernizados que no arranca ninguna sonrisa. Un ROLLO ESTÚPIDO Y OLVIDABLE. ·0 sobre 5· ..PICARD..
Fantasía aventurera inverosímil con abundancia de criaturas animalescas informáticas no demasiado bien conseguidas 🐯🐵🐉🐬🐝. Recuerda, en aspectos, al cine de ¨I. Jones¨, las ¨Regreso al futuro¨, ¨Tras el corazón verde¨ y similares, pero careciendo de su esencia y carisma, aunque, naturalmente, mucho más evolucionado. Es visualmente aceptable y no tanto su ejecución por parte de todo su equipo. Larga y AMPULOSA, no pasa de 2 sobre 5. ..PICARD..
El Inglés que Cogió la Maleta y se Fue al Fin del Mundo
Con extraño título en España, -ya os vale, DeaPlaneta-, esta El último autobús, protagonizada por un inconmensurable Timothy Spall, actor británico de 64 años en la actualidad, (repasar su ingente filmografía, si se desea), es una cinta de carretera 🛣 con un fin predeterminado y un único viaje al fin del mundo. Su labor es admirable e invita a la reflexión más sensible, ofreciendo distintas sensaciones resultando, por momentos, algo ANGUSTIOSA. .3 sobre 5. ··PICARD··
La distribuidora Karma nos ofrece -por fin, y a diferencia de su habitual cine melifluo-, una película eslovaca relevante y demostrativa, sobre la desgarradora y aberrante bestialidad fascista-nazi de la II Guerra Mundial para no desmemoriarnos jamás. Actores, dirección, fotografía, equipo técnico y todo en general, absolutamente convincente y profesional. Vedla, gente. .DIVULGATIVA y DE CINE ESTUDIO. 📹 .4 sobre 5. ..PICARD..
Mad Warrior
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Cerdos y Acorazados
Cayeron las bombas. El 14 de Agosto de 1.945 se logra por fin la derrota de Japón y sus habitantes pueden escuchar por primera vez en la radio a Hirohito Michinomiya, anunciando la rendición incondicional.El país se convierte entonces, pese a toda la remodelación política, los acuerdos exteriores y las reformas, en la isla de recreo de los invasores americanos...
Este sentimiento, impregnado en el alma de millones de japoneses como una espina clavada, empezó a aflorar en el panorama cinematográfico a modo de denuncia, primero disfrazándose de dramas intimistas y poco a poco tornándose en feroces críticas sociales; uno de esos títulos llegó ya iniciada la década de los 60 de la mano de un cinesta que se convertiría en uno de los mayores rebeldes de la industria: Shohei Imamura. Tres años llevaba ya en Nikkatsu haciendo películas con las cuales no quedó satisfecho, ni siquiera con ¨Mi Segundo Hermano¨ a pesar de ser un éxito de crítica a nivel nacional e internacional.
Todo cambiaría cuando tuvo la oportunidad de adaptar una novela de(l también productor) Kazu Otsuka, que sitúa los hechos en la ciudad costera de Yokosuka, inmediatamente después de la tan nefasta ocupación. El guión del afiliado a Shochiku Hisashi Yamanouchi y la visión del director reflejan de maravilla la situación del pueblo japonés durante esta etapa tan desafortunada (sobre todo el pueblo del más bajo estrato social, el que siempre ocupó las obras de Imamura), y lo muestra desde un punto de vista corrosivo, condenando sin límites de ninguna clase la presencia americana en una sociedad quebrada y precipitada a la ruina total.
Ahí nos lleva, a la zona más agitada de la ciudad, cerca de la base militar allá establecida, y además lo hace con el himno estadounidense y la bandera roja, blanca y azul alzándose sobre el lugar como símbolo absoluto de la victoria. ¿Pero dónde dirige su mirada tras esta introducción desde el aire? Conociéndole, a donde nosotros ya sabemos: a través de los suburbios, inundados de cegadores carteles de neón en inglés, a los bares atestados de yanquis y a los prostíbulos, donde una reyerta con las chicas comienza su furioso discurso, que cruza de principio a fin la obra como un vertido de ácido.
En este clima de injusticia sangrante donde los agentes de la ley se tornan contra sus compatriotas, los invasores se pasean triunfantes y con el derecho a crear el caos y los grupos criminales toman el control del lugar desde sus entrañas, se nos narra la historia de Kinta, uno de tantos chicos que, decidido a convertirse en alguien importante en esa sociedad sin ley ni orden, se involucra con un clan yakuza dedicado a la extorsión, el chantaje, en definitiva a extender la violencia. Detestable, chillón, descerebrado y rematadamente inocente, Kinta es la imagen de Imamura en su juventud, cuando para sobrellevar la pobreza familiar tras la guerra, se vio forzado a trabajar como traficante en el mercado negro.
De su lado iremos conociendo el putrefacto microcosmos en el que quiere aparentar ser todo un hombre cuando en realidad no lo es, sin embargo un acto de rebeldía contra su anciano padre, quien sobrevive a base de vender astillas de madera y bebe para sofocar las penas de tener una familia muerta en la guerra. Más que la historia de un chico lo que vemos es la historia de un mundo en descomposición. Aquí los cerdos son el único negocio lucrativo que encuentra el pequeño grupo de Kinta, cuyo kyodai es Tetsuji, figura que sirve al cineasta para desmitificar al yakuza clásico al transformarlo en un débil sin autoridad y con graves problemas de salud.
Esta ausencia de aire, de futuro, viene reforzada con el blanco y negro viscoso, indigesto y grasiento de la fotografía de Shinsaku Himeda. Los gángsters, como de costumbre, pegan, amenazan, doblegan a su parecer (especialmente desagradable es la secuencia del maltrato al dueño del taller mecánico); pero éstos no son los únicos. En realidad parece que todo el mundo colabora para arrastrar un poco más la sociedad al más negro de los abismos: la dueña del lupanar roba a sus chicas; los miembros de los clanes yakuza se mienten y traicionan entre sí, la policía ni tan siquiera aparece a controlar la situación, las madres obligan a sus hijas a prostituirse para los invasores por el bien del núcleo familiar...
La radiografía, muy neorrealista de Imamura, es dañina hasta la extenuación y las acciones de sus personajes (de todos, a excepción quizás del padre de Kinta) están condicionadas por sus actos impulsivos, ignorantes o por su tremenda estupidez, lo que hace imposible el empatizar con ellos. La luz entre tanta oscuridad imperante viene dada por Haruko, una muchacha que trabaja en un bar y que soporta como puede su noviazgo con Kinta, una luz que no hace sino apagarse poco a poco pues el anterior se niega a cambiar de vida; esta historia, a nivel personal tan abocada a los trillados clichés, provoca al director desviar de vez en cuando su mirada a la situación social. Un buen ejemplo: hacia el final cuando, tras verle muerto, Haruko insulta a gritos a Kinta.
Entonces la cámara se aleja de ella y abre un plano general de un grupo de gente hablando de la llegada de más americanos. Aunque precise de una prueba de fuego masoquista y dolorosa, Haruko es el único atisbo de esperanza propuesto, para abandonar la miseria en busca de un futuro (en un gesto contestatario, caminará en sentido opuesto a las mujeres que reciben a los americanos entre gritos de alegría), y a la vez contraria a las ideas tan apegadas a la tradición (ella como reflejo de la mujer moderna, al revés de lo que su madre y su hermana esperan: ser la clásica esposa japonesa, sumisa y prudente). Imamura como el perfecto ¨anti-Ozu¨.
Y es que si por algo se caracteriza es por su retrato amargo, cínico y brutal de este reducto de parias, delincuentes, perdedores en general (al que el mismo perteneció una vez) y de la decadencia que les rodea por culpa de la guerra; no quedan dudas cuando, tras discutir Haruko con su familia sobre convertirse en mujer de un americano, su hermano pequeño lee en un libro del colegio sobre la cultura y la belleza del país japonés. La crítica es abrasiva y la burla recalcitrante, tanto como el sentido del humor tan negro y afilado del director.
Humor que a veces se infiltra en las situaciones a través de las más retorcidas maniobras (el intento de suicidio de Tetsuji frente al cartel de una aseguradora cuyo lema es ¨Ponga una sonrisa en su vida¨ o cuando Kinta y sus amigos descubren los dientes del cadáver de Harukoma dentro del cerdo que se están comiendo...), permitiéndole plasmar a la sociedad a través de sus anomalías, obsesiones y psicopatías. Este caos, que atrapa a los personajes en un asfixiante ¨impasse¨ narrativo, se desata en un tramo final donde la emoción se eleva hasta dejar sin aliento al espectador con el enfrentamiento en las calles generales del lugar entre jefes y subordinados y la sublevación total de Kinta contra la opresión que venía sufriendo.
Ametralladora en mano, liberando a los cerdos y chillando al pestilente mundo que le rodea, ese es su valiente acto de rebeldía, y así el del director, que por fin se siente orgulloso de filmar una película como él desea. Mientras, en sus garras, Imamura saca de los actores las más enfervorecidas y viscerales emociones; en especial de ese gran Tetsuro Tanba, Hiroyuki Nagato (que se esfuerza sobremanera para resultar repulsivo de principio a fin) y una Jitsuko Yoshimura que debutaba con 18 años y se llevó algunos de los mejores momentos (ese final impagable o el que precede a la violación, vertiginosa escena en plano cenital que atrapa y sofoca por su ruptura estética, su agrio simbolismo y su dinamismo ejecutado por el cineasta).
¨Cerdos y Acorazados¨ es el verdadero primer paso del nipón como artista libre, no obstante su obra se estrenó en un momento delicado debido a las tensiones entre EE.UU. y Japón (en esas fechas se producían las protestas masivas contra los tratados de seguridad y alianza frente al edificio de la Dieta Nacional). Nikkatsu, por lo tanto, vio la película como un peligro y una gran provocación, ganándose a pulso el director su fama de insurrecto y siendo forzado a no rodar nada durante un tiempo, lo que aprovechó para dedicarse a escribir guiones; dos años después llegaría el éxito de ¨La Mujer Insecto¨.
Como dato anecdótico fue uno de los films que más impactaron a Martin Scorsese en su época de estudiante, y bien apreciable ha sido su influencia en sus trabajos (¨Taxi Driver¨ sin ir más lejos).
Para otros futuros cineastas (japoneses y no japoneses) esta obra también sería todo un referente obligatorio.
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