Ultimas críticas insertadas





Ficha La Muchacha bajo el Cielo Azul

Mad Warrior

  • 31 Dec 2021

6



La Muchacha bajo el Cielo Azul
Una joven que aún no sabe lo que es ser mujer se halla bajo un cielo azul completamente despejado que la observa entrañable y en silencio.
Esta chica habrá de recorrer mucho camino para poder gritar al cielo que ya nunca más necesita su atención, y será un emocionante viaje de descubrimiento vital...

Poco le queda al veterano Hiroshi Shimizu para terminar su carrera y un suceso tan trágico como la muerte de Kenji Mizoguchi en verano de 1.956 marcan de algún modo la transición por la que habrá de pasar el panorama cinematográfico japonés. Una generación se va y otra empieza a llegar, y con mucha fuerza, una generación contestataria que se concentrará en destacar los nuevos valores y los ideales de la juventud dentro de la estoica tradición nipona; Shohei Imamura será uno de ellos, y Seijun Suzuki, y Nagisa Oshima, pero antes de estos genios llegará con sonoras zancadas Yasuzo Masumura.
Se trata de un apasionado del cine que ha dejado leyes y filosofía para ir a estudiar a Italia, y la influencia que recoge de Michelangelo Antonioni, Federico Fellini y Luchino Visconti la trasladará en su tierra natal. En 1.957 sobresale con la rebelde y optimista ¨Besos¨; en su debut aparece una pareja que le acompañará largo y tendido, Hitomi Nozoe y Hiroshi Kawaguchi, pero otro encuentro marcará aún más su obra. Antes de ascender en Daiei como realizador, trabaja de asistente, y con Mizoguchi y Kon Ichikawa de manera regular; en estos films destaca una joven actriz llamada Ayako Wakao (realmente Fumiko Kurokawa), que se está abriendo camino con facilidad gracias a su belleza y energía, una chica que cautiva al público al instante.

Es lógico caer rendido a sus pies, y eso debió ocurrirle al director, pues se une a ella en su siguiente trabajo y ya no la dejaría escapar hasta mucho después, tal como pasó con el guionista Yoshio Shirasaka, futuro y asiduo colaborador con quien trabaja también por primera vez, en la adaptación de la novela ¨Aozora Musume¨ del autor Keita Genji; trío infalible que mucho habrá de ofrecer al cine. Un suceso terrible le sucede a la estudiante Yuko en plena reunión de amigas en las costas rocosas de su pueblo: su abuela, quien se encarga de ella, ha caído enferma y pronto muere.
Tragedia que revela una importante confesión: la auténtica madre de Yuko es una secretaria llamada Machiko que trabajaba para su padre, casado a la fuerza con la hija del jefe de la empresa, y para evitar los rumores fue apartada lejos de él. Así, de este apacible y casi inocente escenario insular el director nos lleva a las agitadas avenidas de la Tokyo de la posguerra, donde se vive el resurgimiento de la economía y la industria y la nueva generación ha adoptado sin problemas el estilo de la juventud norteamericana; Yuko es en esta jungla de carteles de neón, asalariados de grandes compañías y muchachos demasiado rebeldes un pez fuera del agua (tal como lo podía ser el bueno de Martínez Soria en ¨La Ciudad no es para Mí¨).

Esta sociedad en pleno ¨boom¨ será observada por el cineasta de manera mucho más ácida (¨Gigantes y Juguetes¨ o ¨Kuro no Chotokkyu¨), pero por ahora, y debido a que la productora apunta directamente a conquistar al joven público, sólo destaca el fervor de la mencionada nueva generación, que sustituyen los kimonos por chillones vestidos, las ceremonias del té por reuniones al más puro estilo ¨chic¨ californiano y el teatro noh por conciertos de ¨jazz¨, y cuyos modelos de perfección se hallan en el exterior (esa conversación inicial entre Yuko y sus amigas donde se ensalza la belleza de Sophia Loren y Gina Lollobrigida).
La manera de observar de Masumura es contestataria, dando voz a muchos personajes que expresan ideas liberales (el chico que cita frases de clásicos griegos o de la literatura rusa; el maestro Keikichi) y condenando los actos de los adultos (el padre que se deshizo de la hija ilegítima y que ni siquiera puede enfrentarse a su déspota esposa). Pero esto queda en segundo plano, pues lo importante es seguir a Yuko hasta esa casa donde mora una familia a la que en realidad ella no pertenece, y desde el primer momento la relación será amarga, iniciada con el golpe de una pelota de baseball lanzada por el hermanastro pequeño de la protagonista.

La historia se convierte entonces en una especie de versión moderna de la Cenicienta que popularizaría Perrault, con Yuko adoptando el papel de sirvienta y siendo maltratada por su madrastra Tatsuko y sus otros dos hermanastros (Shoji, un joven que pierde el tiempo tocando en una banda, y Teruko, una chica cínica y desagradable a la que bien le sentarían un par de guantazos como montañas).

Pero incluso en este ambiente tan lúgubre en donde el apellido Mimura resuena desde el pasado con amargos ecos, Yuko jamás perderá el coraje ni la sonrisa, siempre que tenga el cielo azul de su parte, y a no mucho tardar se gana la confianza y admiración de muchos, para desgracia de su familia postiza.

Y más aún cuando su padre sólo parece tener ojos para ella. Y es que la joven, con su aspecto inocente y dulce pero fuerte y decidido, representa la perfección femenina de la juventud en todos sus aspectos, y difícil resulta resistirse a ella, tanto para el padre como para Ryosuke, el pretendiente de Teruko, quien se enamora de ella al instante; y Masumura se esfuerza en demostrar esto extrayendo con su cámara toda la belleza y vitalidad que posee Wakao (aunque aún falta para que la filme en todo su esplendor).
La búsqueda de la madre perdida determina la segunda parte del film, menos desasosegante y más dinámica y emocionante. Búsqueda en la que participan Ryosuke y Keikichi, enfrentados por el amor de la joven al más puro estilo de las ¨screwball comedies¨ hollywoodienses. El director, que no tardará mucho en dar a sus películas tonos más agrios y oscuros, vuelve a tocar el melodrama desde un punto de vista enteramente luminoso, a pesar del vendaval de tragedia que acontece.

Porque por muchas piedras que Yuko encuentre en el camino, su destino no será quedarse en el acantilado de su pueblo gritando el nombre de su madre (como hacía Tamaki en ¨El Intendente Sansho¨, que se homenajea), sino encontrarla por todos los medios, y nadie podrá impedirlo.

Esa alegría, esa sensación de vivir dentro de un sueño eterno y el abogar por la esperanza y la ilusión sobre todas las cosas, ya expresado en ¨Besos¨, se contagian y como en aquélla la conclusión deberá ser satisfactoria (hay que contentar a ese público que tanto ha estado viendo sufrir a la protagonista); el futuro realizador de ¨La Mujer de Seisaku¨ será más duro y despiadado con el paso de los años.
Buenas interpretaciones de Keizo Kawasaki, Chouchou Miyako, Kuniko Miyake, Kinzo Shin, el pequeño Yukihiko Iwatare y Chieko Higashiyama (la abuela de ¨Cuentos de Tokyo¨) en una breve aparición, pero el encanto y entusiasmo de la preciosa (preciosísima, mejor dicho) Ayako Wakao la ponen por encima de todos sus compañeros de reparto. Candorosa mirada a las vicisitudes y tragedias familiares con cautivadora heroína al frente y una pizca de humor que no destaca como una de las mejores obras de su realizador, pero significará un punto esencial en su carrera posterior.

A partir de entonces, bien logrado el aplauso del público gracias a su nueva musa, seguirá colaborando con ella en una serie de trabajos memorables cuya cúspide de dicha relación será ¨Red Angel¨, y nadie la filmará tan bien como él.



Me gusta (1) Reportar

Ficha An Innocent Witch

Mad Warrior

  • 31 Dec 2021

8



An Innocent Witch
La oscuridad lo envuelve todo, sólo la débil luz de una lamparita ilumina desde el suelo la estancia. Ella se mira en el espejo, y es un reflejo que le horroriza.
¿Desde cuándo dejó de ser ella misma y en qué se ha convertido? Nunca más será una mujer. Busca algo de calor en su piel...se sigue observando, con sus penetrantes ojos...

Ojos que son la proyección de un aura maligna y devoradora, las propias tinieblas que la envuelven; esos ojos, hipnóticos, que cautivan a los hombres y les llevan a la perdición, y los cuales la cámara enfocará constantemente, son los de una Jitsuko Yoshimura que a cada año que pasaba más enriquecía su filmografía y más aumentaba su prestigio como joven actriz. Después de poner su talento y belleza salvaje a las ordenes de Kaneto Shindo en la mítica ¨Onibaba¨, la emplea un Heinosuke Gosho que a sus 63 años continuaba infatigable.
Financiará otra vez, desde su productora, la adaptación de la novela de Hajime Ogawa ¨Osoresan no Onna¨, y significará la decisión del director de llevar su cine a terrenos más oscuros y audaces, en sintonía con el que se está haciendo en Japón a mediados de aquellos renovadores años 60. Unos profundos cánticos y voces de sufrimiento parecen surgir de las entrañas de una tierra atrapada en el tiempo y ocupada por las almas de los muertos; pronto descubrimos que se trata del legendario monte Osore, situado en la península de Shimokita, uno de los principales destinos religiosos de Japón desde tiempos remotos.

La inmediatez documental con la que está filmado este inicio donde se nos habla de la tradición budista de dicho lugr constrasta con la tenebrosa atmósfera dominada por la fascinación del esoterismo que desea imprimir Gosho a sus imágenes, de gran fuerza visual, y el resultado es ciertamente inquietante; esta poderosa presencia de los templos y los ritos religiosos indican su importancia durante toda la trama, en la que entramos a través de los rezos de una anciana por el alma de su protagonista, cuya madre le llora con gran sentimiento de culpa.
Pareciera que esa chamán intenta convocar a la joven para que nos relate su historia; así nos arrastra a través del tiempo hasta finales de 1.938, en pleno recrudecimiento de la 2.ª Guerra Sino-Japonesa. Vemos entonces a Ayako, en un paisaje bucólico: está en la orilla de la playa con los pies metidos en el agua, y sonríe y grita enérgica respondiendo a la llamada de su madre, y el efecto es tanto más amargo cuanto que para nosotros, por deseo de Gosho, se trata de un espectro cuyo destino está marcado. Pero su error y el del guionista Hideo Horie, pese a definir con gran precisión a los personajes, es no tomarse el tiempo suficiente para desarrollarlos como es debido antes de suceder la catástrofe.

Y es que ésta llega demasiado precipitadamente, cuyo foco es, por enésima vez en el cine japonés, la prostitución. En este caso el film propone una variante de ¨La Mujer Crucificada¨ de Mizoguchi, donde es la madre (personaje detestable al que da vida Kin Sugai) la principal esclavista, que vende a su hija a un burdel de Tokyo debido a la enfermedad física del padre; pero Ayako, inocente e ignorante de los peligros que le aguardan en ese mísero negocio, está más cerca de la heroína de ¨Oharu¨, pues no sólo será conducida por todos sus males y se verá acorralada constantemente, sino que su naturaleza sensual y su obligación familiar le impiden resistirse a ello.
Con la firme intención de sacudirnos en lo más hondo de la conciencia y las tripas, Gosho hace de su frágil y virginal protagonista la estrella de un terrible rito de iniciación con el empresario Yamanaka (cuyo rostro es el de un lascivo y repulsivo Taiji Tonoyama), que es al mismo tiempo la cadena que la atará a ese mundo y el resorte de una fatalidad traducida en un cuadro amoroso inesperado (seguramente uno de los más truculentos vistos en el ¨pan-pan mono¨) entre Ayako, el nombrado empresario y sus dos hijos, cada uno simbolizando los distintos tipos de amor que ella vivirá (Yamanaka como el amor falso y depravado; Kanjiro como el amor ideal y apasionado; Kanichi como el amor piadoso y redentor).

Gosho y Horie, que desarrollan una serie de situaciones escabrosas a una extraña velocidad de vértigo, plantean la introspección emocional y psicológica de la muchacha con respecto a ese microcosmos opresor (como mejor ejemplo, esa estancia desde la que se exhiben las prostitutas entre las barras de madera, cual celda de prisión, para captar clientes) y de explotación recíproca.
El primero se sirve de la soberbia fotografía de Shozaburo Shinomura, con negros que devoran el espacio, y sumerge a sus personajes en los abismos de una atmósfera de desaliento y claustrofobia, que se antoja grasienta, sudorosa y nauseabunda.

Atmósfera que envuelve en las tinieblas a Ayako, víctima de su involuntaria corrupción, perseguida por la fatalidad y rechazada tanto por sus compañeras (que la consideran un peligro para el negocio) y por los clientes comúnes (que la temen y tildan de mujer fatal) como por los militares (que pese a contribuir a la explotación femenina visitando el burdel culpan a Ayako y a todas las prostitutas de ser causantes de la corrupción de los hombres). Sin embargo la sociedad no comprende que no es la posesión de la chica, alimentada por la calumnia, la causa de la muerte del trío masculino, sino la corrupción a la que ellos se han entregado (la fatalidad no persigue a Ayako, más bien a la familia Yamanaka).
La degeneración que ella irá experimentando en el transcurso de los trágicos hechos, y aquí se revela de mejor manera la audacia de Gosho y su visión tan pesimista, parece ir ligada a la degeneración del país que desangra a sus compatriotas en una cruenta batalla por el absurdo dominio de otra tierra. En realidad todas las figuras relacionadas con lo militar, la autoridad y la tradición serán objeto de severa crítica y humillación; así, el espíritu de la superstición, la religión y la creencia aparece como una práctica inútil, más aterradora que salvadora.

El director hace que nos preguntemos si el alma de una prostituta, ya totalmente perdida y rota, pudiera salvarse, y la respuesta es obvia al observar el drama de la protagonista; sin embargo aquél propondrá dos salidas de los asfixiantes muros del lupanar y donde sin duda se recogen los momentos más poderosos y memorables de la película. No así dos viajes con significados y propósitos muy distintos; el primero tiene a Kanichi y Ayako de protagonistas en una escapada de amor, y Gosho, al igual que hizo Bergman en su influyente obra maestra ¨Un Verano con Monika¨, captura el instante presente en lo que tiene de más fugaz y profundiza en él para otorgarle un valor de eternidad.
Este ambiente bucólico y soñado, con el mar como proyector de esperanza y optimismo y un hotel como refugio de un romance furtivo para proteger el amor de los protagonistas, choca violentamente con las fangosas imágenes de un segundo viaje de muerte y castigo donde la crueldad de la superstición y la creencia impide cualquier salida hacia la verdadera salvación. Durante este último tramo, acerca del exorcismo y muerte de Ayako, Gosho nos catapulta a unas esferas al margen del mundo real modeladas sobre trazos de puro terror psicológico y que lindan con lo fantástico en sus abismos de espíritus furiosos y deidades infernales.

Este clima, angustiante y pesadillesco, situado entre el accidentado paisaje de una tierra remota y surgido del temor hacia los principios de la religión budista, debe mucho al imaginado en ¨Onibaba¨ y ¨La Mujer de la Arena¨, realizadas un año antes.
Nunca el director en sus 40 años de carrera nos atravesó con secuencias tan devastadoras, que acaban desafiando la persistencia retiniana y vapuleando al espectador en un desesperante clímax de mortificación lancinante y sadismo espiritual oficiado por ese monje que tan bien interpreta Eijiro Tono (y que sí parece estar realmente poseído al contrario de la sufrida Ayako).

Directores modernos como Imamura, Yoshida, Masumura o Teshigahara habrían envidiado filmar estas imágenes tan poderosamente oníricas y aterradoras, pero lo hace Gosho magnificando gracias a su oficio y al virtuosismo técnico del que se sirve, un relato tan sencillo como el de una pobre muchacha que simplemente por el poder de su belleza y juventud es incapaz de hallar una salida en una sociedad subyugada a despiadadas doctrinas y quebrada por su inmoralidad e infinita maldad humana.
Por desgracia ¨Osoresan no Onna¨ tampoco tuvo una cálida acogida entre el público, aunque la crítica la acabó considerando entre los films más importantes que se realizaron en la década; el tiempo, al igual que con otras, también ha elevado el valor de esta obra, si bien no la obra maestra de su director (porque esa es ¨La Posada de Osaka¨), sí la más oscura, áspera, expresiva, valiente y quizás compleja de toda la filmografía. Merece la pena descubrirla y enroscarse en sus entrañas aunque sólo sea por la arrolladora presencia de una Jitsuko Yoshimura que gracias a su papel de Ayako queda sin duda inmortalizada entre las más grandes actrices de su generación.



Me gusta (1) Reportar

Ficha Carmen de Kawachi

Mad Warrior

  • 31 Dec 2021

4


Carmen de Kawachi
Ya empezaban a mirar de mala manera a Seijun Suzuki.

¨Tattoed Life¨, mera obra de encargo que acabó en un estallido de imaginación y colorido que nadie esperaba, no cumplía las expectativas de sus productores; aquella metedura de pata, hoy en día mejor considerada por los entendidos de cine, necesitaba una compensación. Le prohíben rodar en color y le encargan otra adaptación del gran autor y respetada personalidad política e histórica Toko Kon, finalizando así una trilogía que empezó en 1.963 con ¨Akutaro¨ (en cuyo rodaje aquél conoció al director artístico Takeo Kimura). Sin embargo la inspiración proviene en este caso de varias fuentes.
Por un lado la mítica ópera de Georges Bizet, Henri Meilhac y Ludovic Halévy (y a su vez la novela de Prosper Mérimée en que está basada); por otro los conocidos films que Keisuke Kinoshita rodó en los 50 (con el primero de ellos el color llegó por fin a la industria nipona). La mayor diferencia en esta 3.ª parte de la Trilogía Kon es que el personaje principal es ahora una mujer, Tsuyuko, si bien su historia comienza en la pequeña ciudad de Kawachi (como sucedía en ¨Warui Hoshi no Shita, demo...¨). Durante esos primeros minutos todo suena a visto y oído, especialmente a los muchos melodramas enfocados en las vicisitudes de los jóvenes realizados ya por el cineasta.

Pero aunque parezca a simple vista un tradicional y tranquilo lugar donde los chicos van a estudiar, las chicas no son capaces de confesar su amor y los idiotas traman idioteces, se revelan rápidamente las maldades y barbaridades bajo las apariencias; esto denota la gran velocidad de la que estará provista la narrativa. Tsuyuko, muchacha jovial y atractiva, descubre el lado más aterrador de la calidez hogareña (y en el mismo día) al ser víctima de una violación y descubrir que su madre mantiene relaciones con un monje adinerado para mantener a la familia...y en lugar de remediar estos males, decide (en la primera de sus muchas decisiones que nos harán dudar de su inteligencia) marcharse a Osaka.
¿Cobarde huida o valiente manera de empezar de nuevo? El caso es que seremos testigos de la vorágine emocional y psicológica a la cual se precipitará en sus muchas aventuras a través del entorno urbano. De camarera-bailarina en un cabaret y modelo principiante a ama de casa y finalmente actriz porno, Tsuyuko da tumbos aquí y allá y vive excitantes experiencias, aunque por desgracia ninguna sirve para cambiar en esencia al personaje, el cual nunca dejará de ser una pobre chica pueblerina, inocente y muy sugestionable.

Se acerca más a la Carmen de Mérimée/Bizet que a la de Kinoshita pues su atractivo sexual es el resorte que la empuja a vivir peligrosamente, además de comprender que es la única moneda válida en esa sociedad moderna dirigida por la corrupción, el vicio y la depravación. Si el pueblo esconde tras la fachada del conservadurismo sus obsesiones y perversiones, en la ciudad se asumen falsas identidades y se vive de apariencias, pero exteriorizado sin vergüenza alguna; así las aventuras románticas de la chica están siempre ligadas a estos sentimientos (desde la enfermiza relación con un pobre cliente del cabaret que hace de marido cariñoso a la trampa urdida por la jefa de una agencia de modelos lesbiana para tenerla cerca).
La protagonista es víctima de su sensualidad y su inocencia, y aunque ella no inicia estas obsesiones tampoco las rechaza; sólo encuentra verdadero apoyo en un joven artista (Seiji) de condición sexual ambigua que la rescata de la jefa. El viaje propuesto por Suzuki une melodrama y fatalidad y su particular sentido del humor, absurdo y fresco, pero como ya le ha ocurrido otras veces esto no halla un punto de equilibrio, sobre todo al presentarse a lo largo de una estructura narrativa episódica (que recuerda a ¨Chica para Todo¨, con la cual guarda no pocas similitudes). Esto afecta tanto a la falta de coherencia y de personalidad de la ¨heroína¨ como a la del estilo del film, a veces demasiado oscuro, otras demasiado moderno y libre.

El nipón vuelve así sus delirios visuales, a sus estallidos surrealistas, como Seiji con sus pinturas, y Kimura también hace gala de su arte en pantalla. Pero el estilo y la estética, de espíritu dadaísta (como pista el nombre del cabaret), tradición teatral y claras influencias europeas, si bien sirve para que observemos el mundo a través de la mirada fascinada y torcida de Tsuyuko, no logra compensar toda la irregularidad argumental y emocional con la que se nos bombardea constantemente: en uno de los más turbios ¨episodios¨ regresa Akira, su amor de Kawachi (al que da vida un muy irritante Koji Wada), sólo para ser traicionada por su ambición y frialdad.
Y, como la Carmen de Kinoshita, habrá un regreso al pueblo, donde la historia se escora hacia un drama violento y de conclusiones devastadoras. Por tercera vez de protagonista para Suzuki, Yumiko Nogawa regresa más vital, versátil (sobre todo al lucir su faceta humorística) y desatada que nunca, y aquél, al igual que Masumura con Ayako Wakao, sabe filmarla de tal modo que capta al vuelo su dulce y salvaje belleza, aunque su carisma sea mayor que el del personaje. Con esto se reafirma que su poderosa interpretación en ¨Historia de una Prostituta¨ jamás será superada...

Extraña e ilógica en su narrativa, atractiva y fascinante en su técnica visual, el director tomó un convencional melodrama y lo convirtió en un onírico viaje de descubrimiento vital, pero plagado de errores.
Los más importantes son no desarrollar bien las múltiples tramas ni prestar la suficiente atención a los personajes secundarios, en especial a los de Ruriko Ito y Tamio Kawaji (quien por fin encarna a alguien realmente interesante).



Me gusta (1) Reportar

Ficha Born Under Crossed Stars

Mad Warrior

  • 31 Dec 2021

6



Born Under Crossed Stars
En una dramática secuencia final, el chico cruza un puente hacia su destino, sin girarse una sola vez para mirar a sus padres, que entre lágrimas contemplan a su único hijo marchándose del pueblo donde logrado levantar el caos y la rebelión como nadie se había atrevido...

Sale de allí como un muchacho pero termina de cruzar el puente como un hombre, y es además el reflejo de un hombre que a su misma edad tomó precisamente la misma decisión: Toko Kon. En 1.963 la carrera de Seijun Suzuki cambió de manera radical al coincidir con Takeo Kimura, un director artístico cuya frescura encajó de maravilla con las imaginativas ideas del cineasta; aquel proyecto se llamó ¨Akutaro¨ y fue la primera de las tres adaptaciones que realizaría del celebérrimo autor, artista y respetada personalidad política de la cultura japonesa.
Algo más tarde, tras filmar la que para un servidor es su indiscutible obra maestra (¨Historia de una Prostituta¨), Nikkatsu le vuelve a encargar una adaptación de otra novela autobiográfica de Kon, la cual compartirá con la previa ¨Akutaro¨ el guionista (Ryozo Kasahara), dos de sus protagonistas (Ken Yamauchi y Masako Izumi) y una historia que podría tomarse como la misma pero enfocada desde una perspectiva diferente. Al igual que en aquélla, la acción se narra y se centra en un pueblo pequeño (no Toyoka sino Kawachi) al comienzo de los años 20.

Son los años del levantamiento comunista en tierras niponas, una era Taisho influenciada por los movimientos obreros, las ideas marxistas que ha impulsado la revolución en Rusia y la cultura llegada de países occidentales; el orgullo nacionalista, representado en ese inicio magníficamente bien filmado por Suzuki (y donde ya podemos deleitarnos con la soberbia fotografía en blanco y negro de Kazue Nagatsuka) en el cual unos estudiantes locales cantan el himno de la Real Academia Gramática de Kyoto, se condena de raíz con la introducción de Jukichi (trasunto de Kon llamado Togo Konno en ¨Akutaro¨).
Astuto, honesto, pacífico y amante de la literatura rusa, este joven con mayores expectativas que permanecer de repartidor de leche en ese pueblo devorado por el conservadurismo y la estupidez, empieza a revelarse contra la dura disciplina de los alumnos más veteranos de la escuela. Aunque no se da una llegada a una ciudad extraña a la que aclimatarse como le ocurría al más culto y experimentado Togo, este Jukichi también se muestra como modelo de rebeldía y fuerza contestataria; sus compañeros son zopencos que babean por cualquier mujer y su hogar está ocupado por un padre alcohólico y jugador y una madre que consiente todo a éste.

Su jefe es el mejor ejemplo de cómo las maneras extranjeras están colándose en la cotidianidad y cultura del país y un sacerdote budista amigo de su padre actúa como sustituto de éste último, siendo así el único que vela realmente por su futuro. Pero aunque esto pueda considerarse propio de un drama, Suzuki lo impregna todo de un humor absurdo que hace buen equipo con sus salidas de tono vanguardistas más en la línea ¨nouvelle vague¨ de Godard; se rompe la narración, hay cortes abruptos y adorna su historia de celebración de juventud y maduración existencial con imaginativos detalles visuales.
Además de observarse el choque entre tradición y modernidad, el protagonista se ve ahora atrapado entre dos chicas, la tímida Suzuko y la más impulsiva Taneko (hermana y ex-novia de su amigo Yoshio y perfecta representación del choque cultural antes nombrado). No obstante de lo que cojea la trama de ¨Warui Hoshi no Shita, demo...¨ es de la obsesión de Suzuki por centrarse en tantos personajes y subtramas, y combinarlos a la vez con el muchacho en el centro de todo saltando de una historia a otra (las vicisitudes amorosas de Jukichi, las de su padre en el juego, un pequeño episodio ocupado por yakuzas...) a un ritmo frenético, derivando así la narración en una completa y a veces confusa irregularidad.

De ahí que se pierda el hilo de algunas tramas (pues se cortan a mitad) y se vayan y regresen personajes sin orden ni concierto (creemos que Suzuko no va a aparecer más y de repente protagoniza una escena de peso), a lo que poco ayuda los alocados desvíos humorísticos y cuasisurrealistas que se abordan, visualmente bellos pero desequilibrando la violencia, el drama, la crítica social y el humor y perdiéndose la sensación de tragedia que tanto favorecía a ¨Akutaro¨, si bien la atmósfera va ennegreciéndose conforme aumenta el farragoso hundimiento en la decadencia del protagonista.
Tampoco hay personajes secundarios tan memorables como aquélla (recuperar a uno como la geisha Ponta es imposible), más bien son presa de una caricaturesca burla, como el incompetente policía, el jefe de Jukichi o sus padres, a quienes dan vida Jun Tatara y Kotoe Hatsui (quienes se configuran como un magnífico dúo cómico). Vuelve Izumi como un interés romántico menor al verse contra la sensualidad salvaje de Yumiko Nogawa, quizás la actriz más arrolladora de cuantas trabajaron con Suzuki (bien lo atestigua su trabajo en ¨Historia de una Prostituta¨); a destacar también el gran Masao Mishima como el hipócrita sacerdote budista, que juega y bebe sake y sin embargo predica con orgullo el camino de la rectitud.

Yamauchi por su parte no llega con su Jukichi a la emoción y veracidad del anterior Togo, más inteligente, carismático, desafiante y mucho menos cínico y dado a la comedia; pareciera que el actor parodia su propio papel. Visualmente brillante, esta 2.ª parte de la Trilogía Kon no se pone a la altura de ¨Akutaro¨, aunque peor lo iba a tener Suzuki cuando fue forzado a adaptar ¨Kawachi Karumen¨ como castigo por el desastre de taquilla de ¨Tattoed Life¨.
Como Jukichi, el cineasta era también un rebelde contestatario al que no dejaban de cortarle el paso y las alas de la libertad a cada momento (quizás su reflejo en el personaje es mayor al llevar éste su apellido...).



Me gusta (1) Reportar

Ficha Tokyo knight

Mad Warrior

  • 31 Dec 2021

4



Tokyo knight
Llega el héroe que todos estábais esperando, y si no es así va a llegar de todas formas.
Encandilará a las muchachas, aplastará a los enemigos, salvará a los desdichados, tendrá montones de seguidores, ¡y sólo con 17 años!

Y tiene a bien (o mejor dicho, a mal...a muy mal) protagonizar esta aventura hecha a su medida y que dirige como puede el bueno de Seijun Suzuki, que hace poco ha descubierto el paraíso gracias a que los ejecutivos de Nikkatsu, al ver su potencial para el dominio de las formas y el estilo visual, por fin le han permitido rodar en color. En concreto este gran paso, que será fundamental en su carrera posterior, se ha iniciado al mismo tiempo que la década de los 60 y con la última película que dirige antes de empezar 1.961, ¨Kutabare Gurentai¨.
También marca el inicio de una larga serie de obras donde el cineasta se verá casi obligado a colaborar con Koji Wada, un adolescente con talento musical que había ingresado poco antes en la productora con la esperanza de convertirse en un digno sucesor del gran Yujiro Ishihara...cosa que jamás iba a suceder. Después de aquella primera colaboración Suzuki debe hacer más películas trabajando a destajo todo el año para vender bien la imagen del chico, y lo siguiente que llegó fue ¨Tokyo Knight¨, de nuevo en color, basada en una historia de Kenzaburo Hara con guión de Iwao Yamazaki y con practicamente todo el equipo de la anterior.

Y toda esta lista de coincidencias obtiene un significado cuando nos disponemos a ver el film, cuya primera secuencia es la de la investidura de Koji (ni se esforzaban por cambiarle el nombre) como sucesor del importante linaje Matsubara, secuencia donde Suzuki ya da buena muestra del tono de su obra así como de un estilo que iría perfeccionando con el tiempo en su filmografía, donde destacan la colorida fotografía de Kazue Nagatsuka (quien hará un trabajo magistral con el blanco y negro en ¨Marcado para Matar¨) y un humor que parece decantarse demasiado por lo absurdo.
¨Tokyo Knight¨ se asemeja de una manera un tanto sospechosa a ¨Kutabare Gurentai¨, con un chaval que pertenece a una familia de prestigio aunque no desea desempeñar su cargo de heredero en un mundo que no entiende del todo y rodeado de adultos cínicos, codiciosos y conspiradores. Pero el Sadao que protagonizaba aquélla, huérfano hecho a la vida de la calle que se convierte en heredero rico de la noche a la mañana, es aquí ya un chico amoldado al entorno privilegiado e incluso occidentalizado, y desde el primer momento es demasiado evidente que el personaje está diseñado para el lucimiento de Wada.

Evidente porque los primeros minutos sólo sirven para que el espectador le vea como el más guay, no ya de Tokyo, sino de todo Japón; desde luego no hay nada que no pueda hacer el chaval (increíble, y de paso vergonzoso, esas escenas en las que ingresa en un instituto católico privado y se va haciendo miembro de todos los clubs). En cuanto a la historia, desarrolla las mismas intrigas pero con variaciones: Sadao salva el honor de los Matsudaira batallando contra un despiadado empresario y el hermanastro de su abuela; aquí Koji intenta salvar el honor de los Matsubara batallando contra otro hombre de negocios (ahora Tokutake) y el amante de su madre y administrador de la familia (Mishima).
Malévola corrupción para apropiarse de los bienes y hacer sangrar de paso a los pobres trabajadores de la compañía, quienes desesperados piden ayuda al bueno de Koji; en este potaje de mentiras y traiciones, Mishima, con el rostro de un joven Nobuo Kaneko (quienes muchos conocerán por ser el Yamamori de las ¨Batallas sin Honor ni Humanidad¨), parece ser el único personaje que no está definido, como los demás, por el bochornoso maniqueísmo. Y si Koji debe medir sus fuerzas entre dos tipejos también dos chicas lucharán por su corazón (típico de estos melodramas): Junko y Yuriko.

Ésta, a la que da vida la preciosa Mayumi Shimizu (otra vez haciendo equipo con Wada) resulta ser hija de Tokutake, y así la tragedia adquiere un cariz más fatalista. Pero lo que da cuerpo a la trama es la muerte del padre de Koji y cómo éste, a lo Hercule Poirot, se esfuerza para resolver el misterio empleando como base un gemelo abandonado en el lugar del suceso (inútil tantas vueltas porque el espectador ya sabe quién es el culpable desde que aparece en pantalla); curioso es cómo, partiendo el guión de situaciones serias, Suzuki las conduce a través de un desarrollo incoherente y delirante (pareciera que, al tener que tratar la misma historia de ¨Kutabare Gurentai¨, lo decide hacer enteramente desde la más extravagante parodia).
Al no preocuparse del argumento hace hincapié en la impronta formal, de nuevo alzándose como un maestro en el uso de los escenarios, la puesta en escena y los colores, que los utiliza para simbolizar estados de ánimo y emociones, conjugándose esto de mejor manera en situaciones como la reunión de Koji y Tokutake en el club, la pelea del primero con sus esbirros por las calles disfrazado con una máscara de demonio y una capa (un superhéroe adolescente en toda regla) y sobre todo la función noh que éste protagoniza hacia el final y que deja claro la tendencia hacia la teatralidad y la importancia de lo puramente visual en el cine del nipón.

Pero cuando de mejor manera emerge su gusto por lo absurdo es durante la escena del asalto de los hombres de Tokutake al instituto de Koji, quien de repente cuenta con la ayuda de todos los alumnos para combatir; hay que verlo para creerlo porque el delirio alcanza proporciones bochornosas (aquí y en la caracterización del profesor de música extranjero).
Estamos así ante una de las obras más flojas del director de toda su carrera, nuevo torpe e irritante vehículo cocinado a fuego rápido para una estrella juvenil que fue la cúspide del honor, la justicia y la maniquea transparencia de los héroes de Nikkatsu en la época. Luego vendrá ¨Muteppo Daisho¨, algo mejor, que tampoco es decir mucho...



Me gusta (1) Reportar

Ficha Malayunta

DE NIRO

  • 31 Dec 2021

5


Malayunta
Es un drama con algo de suspenso, Miguel Angel Sola es un joven artista que le alquila una habitación a una pareja de supuesta moralidad intachable, todo comienza muy bien pero las costumbres, horarios y demás tornan la convivencia casi insoportable, todo se irá complicando hasta el desenlace que está un tanto previsible pero bien en lineas generales, muy buenas actuaciones y como la cinta casi por completo se desarrolla dentro de la casa, pareciera que estamos asistiendo a una obras de teatro de las buenas.



Me gusta (0) Reportar

Ficha El Censor

DE NIRO

  • 31 Dec 2021

7


El Censor
Gran película Argentina con un elenco de lujo, Ulises Dumont, Patricio Contreras y Lorenzo Quinteros entre otros, la trama se sitúa en plena dictadura militar(76-83) Dumont trabaja de censor en las películas, es él quien decide que escena se queda y cual se corta, por lo que muestran es una persona con poder e influyente en ese medio, en medio de su trabajo también tiene que hacerle un favor a un amigo que tiene a su hijo desaparecido, para el drama que representa el filme tiene un muy buen ritmo, todo transcurre naturalmente hasta que el protagonista principal tiene un ataque y pierde la memoria, reencontrandose varios años después ya con la democracia instalada, esos minutos finales de suspenso son muy buenos y reveladores.



Me gusta (0) Reportar

Ficha A Hell of a Guy

Mad Warrior

  • 31 Dec 2021

5



A Hell of a Guy
En la ciudad hay muchos peligros. Hay violencia, engaño, delincuencia, injusticia en general, y sólo los jóvenes valientes y honestos poseen la suficiente fuerza como para detener esto.
Y Seijun Suzuki nos presenta a quizás el más honesto y honrado.

Toda productora cinematográfica dedicada a lo popular siempre tiende a enrolar a actores jóvenes con carisma y atractivo y convertirlos en sus estrellas, a base de ofrecer una imagen manipulada de ellos para encandilar al público; si detenemos nuestra búsqueda en el Japón de hace unos 60 años, podría decirse que Nikkatsu era la que seguía esta norma con más ahínco. Y sus directores por contrato debían obedecer órdenes y lanzar un buen producto para hacer brillar a sus jóvenes talentos, independientemente de la calidad final.
El pobre Seijun Suzuki, como otros muchos (Koreyoshi Kurahara, Ko Nakahira, Hiroshi Noguchi, Yasuharu Hasebe...), pertenecía a este grupo. Acaban de empezar los 60 y el hombre lleva un ritmo frenético de producción; pese a estrenar películas de género notables todavía le queda mucho para romper moldes y revelar su talento como es debido con ¨La Juventud de la Bestia¨. Lo que hace es soportar rodajes rápidos, resignarse a guiones mediocres y no rechistar sobre los presupuestos que le dan; el actor que le asignan durante un tiempo es un chaval llamado Koji Wada con hambre de éxito y con quien hará muchísimas películas, todas regulares y en el fondo olvidables en su amplia filmografía...

Después de la inevitablemente mala ¨Tokyo Knight¨, otro encargo llamado ¨Muteppo Daisho¨, responsabilidad de Takeo Matsura (que volverá a colaborar con el director) y Ryuzo Nakanishi (que escribirá en especial para Hasebe). Aprovechando, como solía ocurrir en estas películas, el tener a un joven actor que también es cantante, Wada interpreta para Nikkatsu el tema principal mientras vamos conociendo a su Eiji, un aún estudiante que trabaja a media jornada como profesor de patinaje sobre hielo mientras hace de vigilante junto a su pandilla de amigos para defender el barrio de los malhechores.
Lo que tenemos aquí, como vamos descubriendo poco a poco, es un personaje absolutamente plano y predecible a todos los niveles. Típico de estas producciones, los adultos, los padres, los jefes, es decir: la generación de la guerra, se rebaja a un puñado de inútiles, cobardes, borrachos, cínicos y violentos individuos; contra este mal, el arrojo y la buena voluntad de los chicos, quienes forman una comunidad de bondad y se lanzan a proteger su capitalista y negra sociedad en sustitución de una policía incompetente y permisiva. Este marco social es el preferido de Nikkatsu para lograr que sus espectadores sigan el ejemplo de sus héroes.

Eiji se gana el apelativo de héroe de su generación en el sentido más estricto de la palabra: recto, valiente, gusta a las chicas y además de saber tocar la guitarra es un luchador nato de karate. Tampoco duda en proteger a su madre (cómo no, viuda de guerra) de las avasalladoras exigencias de Shinkai (el jefe yakuza de turno que tiene a la ciudad bajo su control), quien le concedió regentar uno de sus bares, ni a Yukiyo, la chavala de la que está enamorado cuyo amor recae sin embargo sobre Goro, miembro de los Shinkai (por supuesto uno que quiere abandonar ese sórdido y reprochable estilo de vida).
En este sentido, la cámara de Suzuki se revela vital, dinámica, y el ritmo que imprime es veloz, a veces demasiado; pero aunque insinúe destellos de su particular humor, lo que eleva en ciertas ocasiones a un absurdo caricaturesco (destaco sin duda cuando Eiji y sus amigos pegan la paliza a los yakuzas que quieren robar a esa pobre pareja), y deje entrever esas dosis de acción bien dirigidas, en ¨Muteppo Daisho¨ no muestra, o no tiene oportunidad de mostrar, todo el potencial y el genio que posee para lo narrativo y visual. Da igual si Kazue Nagatsuka le provee con esa colorida fotografía de tonos terrosos para subrayar la suciedad de la atmósfera...

Lo importante es que la historia, que juega de forma confusa con las claves de la ¨crook story¨, la comedia negra e incluso el melodrama (y que se ve acompañada para más inri de los clásicos números musicales en pubs y discotecas de moda), resulta poco original y está plagada de personajes-tipo, si bien todos tratados desde lo esperpéntico y lo caricaturesco (sobre todo los villanos), son más atractivos que el protagonista: su pobre madre (Kotoe Hatsui), el jefe mafioso (ese Nakajiro Tomita caracterizado para resaltar su repulsión), el honorable Goro (un muy digno Ryoji Hayama) o el alcohólico y fracasado padre de Yukiyo (Ichiro Sugai, encarnando de maravilla al individuo más interesante).
A todo esto el centro de la intriga es el asesinato de uno de los principales jefes sindicalistas responsables de una huelga de trabajo en la compañía de un empresario corrupto y violento. Este argumento, que sin saberlo envuelve a todos los personajes, podría quedar mejor resuelto si Matsura y Nakanishi se centrasen un poco más en él y menos en las hazañas justicieras de Eiji, ese Wada dando vida a otro de los protagonistas menos ambiguos y más transparentes de la carrera del cineasta; desde luego encaja perfectamente en su papel de bonachón sacrificado por los demás.

Pues este argumento tenderá a resolverse demasiado rápido, de manera precipitada y torpe, ¡y con una intervención incoherente de los amigos de Eiji (no se sabe muy bien a santo de qué) como sucedía en los films de Bruce Lee!
Wada colaboró muchas veces con el realizador, sí, pero ésta, a pesar de las decentes dosis de entretenimiento que ofrece, es otro flojísimo esfuerzo. Si hay un instante donde deja volar un poco su imaginación es durante la actuación del trío vocal femenino en el pub; por su ejecución e impronta visual podemos asegurar que la filma el Suzuki de años posteriores.



Me gusta (1) Reportar

Ficha Smashing the 0-Line

Mad Warrior

  • 31 Dec 2021

7



Smashing the 0-Line
Una obra que despierta interés.

¨Smashing the ¨0-Line¨ ¨ le llega al bueno de Seijun Suzuki durante un año, 1.960, en el que no dejan de agobiarle con proyectos aquí y allá; de seis (nada menos) que firma los críticos y fans recuerdan esos enmarcados en el ¨thriller¨, que son las exóticas ¨borderless action films¨ de la compañía. ¨The Sleeping Beast Within¨ pasa por ser una de las más sólidas muestras de lo que es capaz de lograr el director con un material cargado de situaciones y personajes típicos de un género prestado del imaginario norteamericano.
La película es un relativo éxito y queda demostrada la buena fusión de Suzuki con Hiroyuki Nagato de protagonista; unos meses después no se lo piensan en Nikkatsu y endosan al primero otro encargo con guión escrito y reescrito a cuatro manos, donde se vuelve a contar con el versátil actor formando equipo con algunos de los jóvenes rostros más famosos de la productora (Sanae Nakahara, Yuji Odaka, Mayumi Shimizu...). Sin embargo un guión el cual vuelve sobre las mismas claves en las que se asentaba el confeccionado por el autor Ichiro Ikeda; Nagato encarna, de hecho, a otro reportero de sucesos no muy distinto de su anterior Shotaro.

Katori, por el contrario, es una versión madura, cuyo nihilismo destructor escapa a la inocente valentía de su antecesor; figura de nuevo lo poderosísima que es el arma del periodismo, pero un arma de doble filo que pese a tener como objetivo el desbaratar los diversos males que hieren a una sociedad acaba siendo empleada a través de falsas artimañas, desvergonzada manipulación y un gran sentido de la frialdad para con los seres humanos que sufren las consecuencias por culpa de dicho uso. Su contrario es el noble y recto Nishina, antiguo amigo y amante de su hermana Sumiko.
El guión nos introduce en el cara a cara de estos buscadores de la verdad, ambos en compañías distintas y con métodos opuestos pero con la misma misión: desmantelar el tráfico ilegal entre Japón y Hong Kong (como en ¨The Sleeping Beast Within¨). Mientras aparecen sospechosos por doquier y el embrollo campa a sus anchas entre mentiras, traiciones, deseos de venganza, sexo, asesinatos y reporteros que se creen detectives de una novela negra, Suzuki nos plantea una crítica amarga y descarnada de la sociedad japonesa del momento, en su plena recuperación económica gracias a los tratos indeseables que mantiene con otras naciones desde el interior de un mundo oscuro, peligroso y oculto a ojos de todos.

Y el cineasta, acostumbrado a ello, lo expone sirviéndose de esos elementos que hacen irresistible al cine negro, sumergiéndonos en un imaginario que respeta su iconografía al detalle, desde ese blanco y negro duro pero elegante que envuelve a los diversos y clásicos escenarios (bares, astilleros, callejones oscuros) a la banda sonora, repleta de un sensual ¨jazz¨, y, cómo no, los personajes; refuerza esta idea la presencia de un genio del mal que mueve los hilos y casi nunca vemos (Ryu) y la viperina ¨femme fatale¨ Reiko (Nakahara, mala y zorra como ella sola), instigadora de la violencia y presa de su venganza.
Pese a estar construido con los trazos de los individuos más sibilinos y desagradables de este tipo de historias (al estilo de Wilder, importante influencia), uno desea seguir a Katori en su incesante búsqueda de Ryu y las evidencias que lo incriminan como traficante, aunque lo mejor es ser testigos de su progresiva pérdida de humanidad por alimentar su ambición; la trama entonces nos atrapará en sus sorpresas hacia una última media hora cuando Katori desaparezca del film y a Nishina no le quede más remedio que adoptar sus métodos para encontrarle y resolver el caso, lo que significa sumergirse en las entrañas de los peores negocios imaginables.

Llegado a este punto, con aquél fingiéndose delincuente listo para exiliarse, el tráfico se contempla desde todas sus variantes: de personas, de drogas, de armas, todo queda en secreto bajo el protector manto de la noche. Suzuki hace gala de su buen dominio de las atmósferas, asfixiantes, grasientas y sudorosas, durante ese tramo en el interior del barco que almacena a un puñado de almas humanas (nacionales y extranjeras) preparadas a salir del país con la esperanza de embarcar hacia una tierra mejor; las dosis de violencia se elevan a niveles tan indigestos como gretescamente absurdos.
En este sentido, el director cumple con exigencias pero deja entrever ciertos detalles que distinguirán a su cine posterior: las atmósferas estilizadas, el brutal cinismo de sus personajes y ciertas técnicas inconfundibles, como ese montaje que no respeta la disposición ¨lógica¨ de los planos (los rápidos cortes que se dan entre ellos, normalmente durante una escena de acción o tensión en aumento, rompen con la perspectiva y el lugar que ocupan los actores en el encuadre, confundiendo al espectador). En los dos cara a cara que aquí tenemos, Odaka y Shimizu poco pueden hacer con unos maquiavélicamente atractivos Nagato y Nakahara.

Su brutal conclusión, donde mejor se revela el carácter de estos periodistas obsesionados con el triunfo personal (incluso si eso significa sacrificar a seres queridos o a ellos mismos), deja en suspenso ciertos puntos presagiando una secuela que desafortunadamente jamás llegó.
Su ritmo trepidante al estilo de Toshio Masuda, estética de puro ¨noir¨ y absorbente intriga con un puñado de subtramas y personajes que poco a poco convergen de manera muy inteligente convierten a ¨Smashing the ¨0-Line¨ ¨ en uno de los títulos más excitantes de la carrera temprana de Suzuki y de la Nikkatsu, formando un dúo perfecto con ¨The Sleeping Beast Within¨, para que los fans degusten en una sola sesión.



Me gusta (1) Reportar

Ficha The Sleeping Beast within

Mad Warrior

  • 31 Dec 2021

7



The Sleeping Beast within
Pistas y más pistas, ese es el trabajo, la vida de un reportero. Hay que entrar a los animados clubs nocturnos, a los lejanos moteles del extrarradio, introducirse en grandes compañías o, si se tercia, incluso en templos cuyas actividades son algo misteriosas.
Todo sea por encontrar a un hombre perdido...

Cuatro años llevaba como director y empezó a labrarse un buen nombre como imaginativo artesano, aunque no sería hasta mucho tiempo después cuando decidió hacer notar las habilidades que poseía como inimitable narrador de historias; el bueno de Seijun Suzuki tenía una ajetreada agenda a principios de unos años 60 en los que su talento y gusto por la ruptura no tardaría en aflorar. De momento era un buen realizador de películas comerciales para la controladora Nikkatsu, despuntando tanto en relatos adolescentes como en el género del ¨thriller¨.
Su entrada en la década se produce de hecho con una pequeña gran muestra de su destreza en este campo: ¨Apunten al Camión de Policía¨. Tras este policíaco llega otro, escrito por el autor Ichiro Ikeda (muy afiliado a Suzuki como a Masumura) y que nos arrastra a una intriga bien hilvanada desde su mismísimo inicio, cuando Junpei desembarca en Japón después de dos años de negocios importantes en Hong Kong; Ikeda y Suzuki no se permitirán ni un minuto de descanso en todo el metraje y el misterio ya emerge con el robo de una maleta de Junpei y las sospechas del periodista Shotaro, novio de la hija del anterior.

Preciosas joyas como tapadera y un hombre cuyo perfil se dibuja respetable de cara a los protagonistas y al espectador, pero todo en esta historia tendrá una cara verdadera y una apariencia, siempre jugando con el sentido de la realidad. Se dispara entonces la tensión tras la repentina desaparición de Junpei, y Suzuki nos va sumergiendo en una investigación de ritmo trepidante que exhala desde sus resortes narrativos hasta sus aristas visuales la más pura esencia del ¨noir¨, permitiéndose algunos atisbos de temprana innovación en su cine con el uso de ¨flashbacks¨ de estética fascinante y rupturista más cercanos a las tendencias europeas.
Desde ahora y hasta el final, y por estar observada desde los ojos de un reportero, la trama de ¨Kemono no Nemuri¨ trata de un solo tema, de la búsqueda de la verdad, de desenmascarar lo que permanece oculto. No importa que al poco tiempo aparezca Junpei como si tal cosa (aunque se hubiera preferido una desaparición más extensa...) justificando su ausencia con vagas excusas; Shotaro, y paulatinamente Keiko, se convierten en detectives improvisados decididos a destapar un extraño complot cuando muere uno de los compañeros del padre de ésta (en la época, y como acostumbraban los films de Nikkatsu, los jóvenes condenan las acciones de sus padres).

Que la esposa de Junpei decida cerrar los ojos y la boca incluso tras conocer los sucios negocios de su marido es un claro ejemplo de cómo se representa el espíritu de la moralmente corrupta, estoica e ignorante generación nipona anterior. Shotaro es el puño que rompe con esta norma, el periodista desvergonzado y valiente de la novela negra americana (las influencias extranjeras atacan de frente a la tradición al presentar un templo de adoradores de la diosa Amaterasu como uno de los principales focos del misterio y la corrupción).
Y así sus pasos nos llevan, como un personaje de Hammett o Carr, por los ambientes oscuros, sucios, violentos y sórdidos del entorno urbano, donde hombres de intachable reputación ocultan una sed de poder y ambición que los arrastra a los abismos del alma humana; el excelente trabajo de fotografía de Shigeyoshi Mine, habitual de Suzuki, realza estos tonos ásperos y envolventes propios del ¨noir¨, mientras éste se nutre de las influencias recogidas del cine de Jacques Tourneur, Samuel Fuller o el Wilder dramático, con visibles homenajes a Hitchcock (esos elegante y elaborados travellings, que tanto recuerdan al estilo del inglés...).

En uno de los mejores ¨episodios¨ del film, Shotaro intenta sacar información a una mujer implicada en los negocios de Junpei y sus acólitos; la precisión narrativa y la puesta en escena dispuesta por Suzuki durante este tramo, en esa pequeña habitación de motel, es más que suficiente para reconocer su gran talento como poeta del suspense, donde por medio de planos cortos y sofisticados ¨zooms¨ y barridos concentra altas dosis de tensión encerrando al espectador, que sólo puede observar indefenso, en una engañosa artimaña hasta alcanzar un clímax emocionante, dando paso así al directo enfrentamiento entre el reportero y Junpei...
Entre tanto se sirve de buenos actores como el gran Shinsuke Ashida, Kinzo Shin o la guapa pero a veces algo insípida Kazuko Yoshiyuki en uno de sus primeros trabajos; sobresaliendo en este reparto está el vigoroso Hiroyuki Nagato, actor de enorme versatilidad (vean esta película y luego ¨Cerdos y Acorazados¨ y comparen) muy común en el género y que gracias a su carisma se lleva aquí uno de los mejores papeles de su carrera, pues su héroe ¨wilderiano¨ nos guía en todo momento, nos arrastra al corazón de la aventura, y no podemos ni queremos hacer nada salvo seguirle en su incansable búsqueda.

Sin otra pretensión salvo la de entretenernos y dejando al descubierto pequeños destellos del estilo que caracterizaría sus futuras obras, Suzuki vuelve a dar en el clavo con su negra fábula (muy a tener en cuenta en aquellos primeros pasos de su carrera) de periodistas que se creen detectives, perdededores que se creen importantes traficantes, prostitutas que se creen mujeres fatales y niñas de papá y silentes esposas que creen que sus hogares son modelo de honestidad y pureza.
Huston y Hithcock estarían orgullosos.



Me gusta (1) Reportar

Ficha Mystery Train

[email protected]

  • 31 Dec 2021

8


Mystery Train
Muy buena película del gran Jim Jarmusch. Sin duda es una de las que más me ha gustado de él.
La cinta consta de tres historias que transcurren en paralelo (algo bastante original para la época) y ninguna aburre logrando entretener desde que empieza hasta que termina y no solo entreteniendo, también tocando temas profundos como son: la soledad, la depresión, la lejanía de la tierra natal de un individuo, etc.
El film está increíblemente bien actuado y el reparto está bien elegido.
Me gustó el cameo de Bill Murray.
Las locaciones desoladas están muy bien al igual que, por momentos, la fotografía
Recomendable!



Me gusta (0) Reportar

Ficha Black Test Car

Mad Warrior

  • 31 Dec 2021

8


Black Test Car
Los sueños de algunos seres humanos pueden entrar en conflicto y empezar a crearse ellos mismos sus propias pesadillas.
Sucede cuando dichos sueños son guiados por la ambición, el cinismo y la total falta de conciencia. Pero por la empresa, por las ventas, por el puesto de director todo vale...

Este podría ser perfectamente la representación del Japón de la recuperación económica; los vestigios dañinos de la guerra ya pasaron, la pobreza dio paso a la construcción y la innovación, dirigiendo la mirada al modelo de comercio internacional, y el hambre por la falta de alimentos fue reemplazado por uno de otro tipo: el hambre capitalista. Pero este imperio se levantó gracias a las acciones criminales, al mercado negro, a hombres sin escrúpulos que miraron hacia delante y se propusieron hacer todo lo posible para lograr la fortuna; un sistema, un ideal, que perduró y perdura...
Toshiyuki (o Sueyuki) Kajiyama, nativo de Corea y uno de los autores más prolíficos y versátiles de la literatura japonesa, plasmó todas esas preocupaciones, que permanecían en la ignorancia para, muchos en su novela de suspense ¨Kuro no Shisosha¨, cuyo enorme éxito le llevaría a iniciar una serie centrada en los sucios tejemanejes y argucias del microcosmos empresarial nipón. Asimismo, la productora Daiei se propuso adaptar algunas entregas para una saga propia, y el que la inició (como haría con otras muchas) fue Yasuzo Masumura, sin duda el indicado para la tarea, quien ya demostró su visión corrosiva de la sociedad en su gran ¨Gigantes y Juguetes¨.

La historia, adaptada con algunas modificaciones (escenario, número de empresas, puestos de los personajes), abre en plena carretera; un auto negro cruza raudo el paisaje mientras es monitorizado por los trabajadores de una compañía que pronto lo lanzarán al mercado. Pero un incidente sucede: el coche falla, se estrella y explosiona; este es un primer indicio, un preámbulo de cómo todo también seguirá una línea fija, pero acabará por salirse y sufrir un trágico destino. Masumura procura dibujar con minuciosa precisión las partes implicadas en esta intriga asfixiada por el blanco y negro de la fotografía de Yoshihisa Nakagawa (si con algo contó el cineasta fue con grandes operadores de cámara).
Recibimos el entorno con hostilidad; las palabras afiladas, los mohínes despreciativos, las venenosas sospechas, pero no podemos evitar sentirnos arrastrados a sus profundidades y ser testigos, mientras se nos revuelven las tripas, de una guerra de poder entre dos empresas que compiten para vender el coche del año: Tiger y Yamato (ésta no presente en el texto original). Sin héroes, sin villanos, sin protagonistas, como acostumbró Masumura; esta es la historia de un acontecimiento importante (la venta del auto) apoyada en pequeños sucesos, que son las muchas tretas que cada miembro de las dos compañías llevará a cabo para lograr la victoria.

Un campo de batalla sin armas de fuego ni trajes militares cuyos refugios son los altos edificios. Al frente: Onoda, uno de los ejecutivos, megalómano que reniega de su familia poseído por su obsesión de poner en circulación el Pioneer, y su mano derecha, Asahina, quien se ve contaminado por la sed de poder de su jefe; contra ellos: los medios de comunicación y el dueño de la compañía rival, Mawatari. La calculada composición escénica dispuesta concentra en sus aristas una sensación de desasosiego y desafección que todo lo impregna; nos sentimos como ese empleado de la Yamato que de repente es rodeado en el descampado por Onoda y sus acólitos con el fin de que les entregue los secretos de su empresa.
La cascada de degradación a la que los personajes se someten por su propia voluntad es imparable: chantaje, amenaza, engaño, espionaje, manipulación...todo es válido y pocos se cuestionan la tremenda falta de moralidad en sus actos. En un momento dado ya no podemos huir de este clima indigesto (del mismo modo que la pobre Masako, novia de Asahina, cuando se ve acorralada por éste para que le sirve de espía, aun a costa de sacrificar su relación). Todo fluye alrededor del dinero, pero este cauce fluye gracias a unas aguas ponzoñosas que va atrapando poco a poco a todos.

De un modo quizás distinto a ¨Gigantes y Juguetes¨, donde se analizaban las artimañas de las compañías de manera más colectiva. Particularmente agobiante es la extenuante interrogación a Hiraki; bastaría este pequeño tramo, filmado en una serie de planos cortos y cerrados, como muestra de la destreza del cineasta para crear atmósferas opresivas y desprovistas de toda sensibilidad. También podría ser éste el epítome de la degradación humana y la quiebra sangrante de la ética, que lleva precipitándose al abismo durante todo el metraje.
La fotografía de Nakagawa perfila con aún más precisión toda la sordidez expuesta entre los complejos mecanismos que hacen mover el argumento, nunca cayendo en el exceso, ni en manidos clichés, ni en rupturas pretenciosas que resulten un impedimento para el ritmo, vibrante y vertiginoso gracias al montaje de Tatsuji Nakashizu. Jiro Tamiya, quien protagonizará más entregas de la ¨serie negra¨ de Daiei, derrocha carisma en un ambiguo y recalcitrante papel a la sombra de los arrolladores (y especialmente odiosos) Hideo Takamatsu e Ichiro Sugai y la preciosa Junko Kano.

Al final, Masumura reafirma su demoledor discurso invitando a la reflexión: una familia feliz circula rápidamente por la autopista en su nuevo Pioneer, ignorante de todo el proceso por el que ha pasado el producto que ahora disfruta, y que vive tranquilamente sus sueños gracias y a través de las pesadillas de otros a quienes jamás conocerán.
Exhalando la esencia del cine más social y comprometido de Kazan, Curtiz, Frankenheimer, Lumet, Huston o Wilder, el áspero nihilismo del nipón hiela los huesos, pero esta no fue la única vez que lo consiguió; al año siguiente volvería con ¨Kuro no Hokokusho¨.



Me gusta (1) Reportar

Ficha The Geisha

Mad Warrior

  • 30 Dec 2021

8



The Geisha
¨...Y con las primeras luces de la húmeda mañana, la mujer se acercó a la orilla del río y una lágrima resbaló por su mejilla y cayó en la verde y fresca hierba.
Lloraba, no de dolor, sino de soledad. ¿Quién podría consolar su quebrado espíritu, su vacío corazón? Hasta ese momento desconocía que una geisha pudiera llorar¨.

Se trata de una pequeña parte de uno de los poemas más bellos y tristes que se han compuesto acerca de las geishas, marionetas rotas cuyos hilos son manejados desde las sombras por seres retorcidos, desalmados; juguetes de ocasión de labios sellados elegantemente preparados para hacer de las falsas apariencias su motivo de existencia. ¿Quién iba a pensar que Hideo Gosha, reconocido por sus duras e implacables fábulas de samuráis, iba a sumergirse con tal ahínco en este universo? El inicio de los 80, de todos modos, no fue una época fácil para el realizador.
Tras abandonarle su mujer, un accidente de tráfico deja a su hija con una grave contusión cerebral y su idea de suicidio si la operación de la chica fracasa está muy presente; arrestado entonces por posesión ilegal de armas, se retira temporalmente de la industria para regresar con fuerza en ¨Onimasa¨, gracias a la gran ayuda de Shigeru Okada, presidente de Toei. Basado en una novela de la galardonada Tomiko Miyao, el film se convierte en todo un éxito, y Gosha, agradecido por tal favor, pide a Toei adaptar más obras de la escritora; cambia entonces de miras y sus samuráis y yakuzas dejan paso a la figura femenina, virando por completo el trayecto de su filmografía.

Pero el texto de Miyao, de carácter autobiográfico (su madre fue una artista gidayu y la amante de su padre la dueña de un local de geishas), resulta un tanto modificado en el guión de Koji Takada, colaborador asiduo de Fukasaku y el mismo Gosha. La película comienza con una balada que evoca una gran tragedia, a lo que sigue otra: el asesinato de la esposa de Katsuzo; una elipsis de dos décadas nos sitúa en los primeros años de una era Showa dominada por los alzamientos ultranacionalistas, pero esto pasa desapercibido en el interior del Yohkiroh, escenario central de la historia: la casa de geishas más prestigiosa de la ciudad de Kochi y de todo el país.
Katsuzo, reciclado en proxeneta, decidió dejar a su hija Fusako al cuidado de la dueña de dicho local (también antigua amante), y ahora es la sensación del mismo. Como ya hiciera su mentor Mizoguchi en sus clásicos más ásperos y sociales, el director nos introduce en los entresijos del microcosmos del negocio de las geishas, distinguido, glamuroso, elegante, todo un oropel de apariencias disfrazando la terrible y oscura verdad, la de esas mujeres atrapadas por dinero, engañadas por las comodidades de la vida fácil y que poco a poco son testigos conscientes de la muerte de su espíritu para acabar transformadas en meras muñecas sin vida.

Gosha y Takada zurcen los pliegues de un elaborado argumento que opera a varios niveles, que se bifurca, que se entrelaza; en su epicentro dos figuras femeninas: la de Fusako y la de Tamako, joven concubina del padre de la primera (personaje que interesa menos...). Con ellas, visceralmente enfrentadas, se establece un duro drama donde la mujer es siempre víctima de los hombres, cobardes, crueles, hipócritas y viciosos, quienes las manejan para su beneficio, ya sea emocional o material; también chocan dos mundos, distintos en apariencia pero iguales en esencia: el de las prostitutas comunes y el de las geishas.
Sólo los buenos modales y un maquillaje y una vestimenta más suntuosos son lo que las diferencia, pues las féminas de ambas profesiones no pueden esconder lo que son: juguetes de la distracción masculina, así como la imposibilidad de hallar la auténtica felicidad y deshacerse de su condición, que tristemente se transmite de madres a hijas. Las mujeres de Gosha siempre han sido fuertes, sibilinas y decididas, y esta no es una excepción, pues pese a que nos brinda una interesante subtrama sobre el conflicto entre Katsuzo y un clan yakuza que se tornará en encarnizada pelea, ellas son las que cambian los cauces de la historia y el devenir de los acontecimientos.

Haciendo uso de un duro lirismo y un estilo mucho más sobrio y clásico pero no exento de grandes e implacables dosis de violencia, el nipón nos arrastra a las entrañas del lupanar y nos invita a seguir en todo momento el sufrimiento personal de la geisha a través de las descorazonadoras experiencias de Fusako, que refleja a la perfección el vacío al cual ha sido lanzada; ignorada por el padre, por el protector, por el amante, el hombre termina convirtiéndose (ciertamente como sucedía en los dramas de Mizoguchi) en el enemigo natural de la mujer. Lógico ésto para una geisha, sin embargo, al no conocer más hombres que aquellos visitantes del local.
No hay más destino que el de la desgracia y la tristeza, será lo único que quede al final de una narración repleta de bajas pasiones, giros inesperados, despiadadas traiciones, mentiras inconfesables, sangre derramada y odios latentes; crudo y ácido, como siempre, Gosha no repara en usar todo su talento para arañarnos las tripas con su sinceridad desnuda, y por consiguiente el de su extenso reparto, donde Mikio Narita, Mitsuko Baisho, Tetsuro Tanba, Kayako Sono y un gran Ken Ogata, áspero y comedido, secundan a esas dos soberbias Kimiko Ikegami (en un doble papel como madre e hija) y Atsuko Asano, además protagonistas de una de las peleas femeninas más brutales y cruentas que se han filmado.

El volver a adaptar a Miyao tiene su recompensa, y ¨Yohkiroh¨, que recoge la esencia literaria de Saikaku Ihara y Junichiro Tanizaki, es todo un éxito de crítica y público y arrasa en los premios de la Academia Cinematográfica Japonesa, llevándose también Ken Ogata el Blue Ribbon a Mejor Actor. Esto llevará a Gosha apenas dos años después a trasladar a la gran pantalla ¨Kai¨, otro título de la autora.
Personalmente, para el que desee sumergirse en el universo desgarrador y trágico de esas pobres mujeres convertidas geishas, les insto a ver esta pequeña joya del drama japonés y de los 80 en lugar de aquella rematadamente absurda imbecilidad dirigida por Rob Marshall según los cánones de la siempre inepta industria hollywoodiense moderna, ¨Memorias de una Geisha¨, que aún hoy día muchos alaban y aplauden como si fuera el mejor drama de la Historia del cine...y yo todavía me sigo preguntando por qué demonios.



Me gusta (1) Reportar

Ficha Death-row Woman

Mad Warrior

  • 30 Dec 2021

7



Death-row Woman
Al empezar la década de los 60 muchos jóvenes talentos se harán notar desde los estudios con sus nuevas formas de encarar el cine que se avecina.
Será el mismo año en que el veterano Nobuo Nakagawa, que lleva mucho tiempo en la industria (casi tanto como Ozu), por fin reciba la atención internacional que merece gracias a su espectacular ¨Jigoku¨, catapultándole como maestro japonés del terror. Poco antes de esta joya imperecedera el hombre sigue cumpliendo cual fiel artesano de contrato los encargos de Shintoho.

Y lo demuestra con una obra muy interesante: ¨Death row-Woman¨, escrita por Yoshihiro Ishikawa, ferviente colaborador del director, se trata de otra de sus muchas historias protagonizadas por féminas, que se debaten entre heroínas ordinarias o fascinantes mujeres fatales; en esta ocasión es lo primero. A Kyoko la conocemos en mitad de una reunión de caza entre familiares y amigos en un bosque; su padre, un prestigioso empresario, está deseando casarla con Akio, hombre de buena posición a quien planea convertir en heredero, pero sus planes son bien distintos e incluyen al más humilde Soichi (que también está allí, e ignoramos el por qué), al parecer codiciado por su hermanastra Minato.
Esta salsa de intrigas y odios en sordina que empiezan a elaborarse ya nos dan claras muestras de una catástrofe venidera, la cual se produce con un gesto de aversión y rechazo a las órdenes de matrimonio concertado del padre; pero este inequívoco signo de los cambios de época y de la actitud de las mujeres en la sociedad japonesa para con las opresivas tradiciones desencadena la fatalidad. De repente Kyoko deja de ser la heroína de un melodrama y es empujada a las turbulencias de una película de cine negro, que mucho debe a Hithcock, Lang y Ulmer en sus planteamientos.

Tras la acusación de matar a su padre un juicio se celebra, pero la historia no gira a su alrededor como en la futura ¨A Wife Confesses¨; con ello quedan al descubierto las cartas por las que va a apostar Nakagawa a lo largo de esta historia dividida en tres actos, con su epílogo. En lugar de interpenetrar en la psicología de sus personajes se concentra en el frenesí del ritmo y un suspense riguroso, haciendo avanzar las diferentes tragedias con velocidad y el prominente uso de las elipsis, acercándose así al cine que el personal de Nikkatsu (Ishii, Suzuki, Nakahira o Furukawa) factura en la época; por tanto a Kyoko la conocemos conforme afronta las diversas desgracias.
Un segundo acto ocupará su condena. Nakagawa parece inspirarse en los dramas carcelarios de ¨Quiero Vivir¨ y ¨Prisión de Mujeres¨ y se adelanta en años a lo que dará el subgénero en el cine japonés, más inclinado hacia la vena ¨exploitation¨ (como mejor ejemplo la saga de ¨Joshu Sasori¨). Pese a que las descripciones siguen rayando lo superficial, el director, haciendo buen uso de los grasientos claroscuros de la fotografía de Jugyo Yoshida, se las ingenia para logar un clima asfixiante al enfocar el drama desde los ojos de la injustamente acusada Kyoko, a quien nos vemos en la obligación de defender con uñas y dientes.

Este poderoso y violento tramo se halla preñado de un calor sofocante y una sensación de desaliento, tanto más cuanto que la mujer se convierte en una madre desesperada por probar su inocencia. La destreza innata de Nakagawa para manejar los resortes del suspense y enrocarnos en ellos se transcribe en la elaborada secuencia de la fuga nocturna de la protagonista y su compañera Kimie (magnífica Katsuko Wakasugi, estrella de Shintoho y quien ya sorprendía en ¨A Wicked Woman¨); y aunque los virajes de la trama están muy dados a lo previsible (el amante no deseado se presenta inocente, el inspector que metió entre rejas a Kyoko ahora cuestiona su moral, la criada se posiciona como delatora), funcionan como un reloj.
El tercer acto tiene un desarrollo de acontecimientos propio de los ¨thrillers¨ con falso culpable en huida constante, y todo el suspense concentrado entre las viscosas paredes de la cárcel estalla empujándonos al epicentro de una aventura tan intensa como absorbente apoyada en una doble persecución: la organizada contra la protagonista y contra los auténticos autores del crimen. Hallamos aquí uno de los episodios más memorables, donde se consiguen momentos de una tensión asfixiante, que incluso Hitchcock habría envidiado filmar, con Kyoko y Akio de pareja inseparable a bordo del ferrocarril y esquivando sibilinamente la presencia de los agentes.

Pero si sobresalen las habilidades de Nakagawa en su manejo de la tensión narrativa es durante ese clímax en el que cada vez que vemos avanzar la aguja del reloj de la oficina hacia un destino inevitable una nueva gota de sudor nos brota de la frente; no obstante, al ser un encargo para una compañía que factura cine popular, el nivel de drama emocional y psicológico, si bien retratado, queda por debajo de la presencia de la acción y la intriga, además, teniendo en cuenta las desgracias por las que pasa Kyoko, encarnada sin estridencias por Miyuki Takakura, parece ofrecérsele una conclusión satisfactoria, demasiado.
Ésta, una actriz de presencia magnética y blindada credibilidad para papeles dramáticos que gozó por desgracia de una cortístima carrera, roba cada centímetro de plano con sus apariciones, pero ello no empaña las buenas actuaciones de Takashi Wada, Keiko Hamano o un genial Yoichi Numata como ese sesudo inspector Miyata que hace malabares para ganarse nuestra simpatía durante el acto final. ¨Death row-Woman¨ navega por muchos cauces: del drama al policíaco, la acción y con predominancia por las bases del ¨noir¨ clásico de serie ¨B¨.

Más entretenida y excitante que oscura, sin ser excesivamente trágica, ágil y a menudo inesperada, se trata de una rara joya de arqueología para los fans del género y del cine japonés.
Sobre todo deja claro lo bien que se movía Nakagawa en otros ámbitos además del terror.



Me gusta (1) Reportar

Ficha Dos Hermanas Rebeldes

Mad Warrior

  • 30 Dec 2021

5



Dos Hermanas Rebeldes
Son tiempos un tanto difíciles, en plena Guerra Hispano-Americana, que terminará en victoria para los estadounidenses demostrando su dominio como potencia mundial.
Pero la victoria no llega a todos, ni a la familia Carey, protagonista de esta historia trágica un tanto desconocida.

Pues hay que reconocer que este tipo de cine ha quedado en una zona oscura de su historia, quizás rescatado por alguna cadena de televisión local para emitir una tarde de fin de semana y contentar al espectador anciano o por algún fanático del género y la época, si aún lo hubiere. ¨Mother Careys Chickens¨ es originaria de la novela homónima de Kate D. Wiggin, clásica autora de cuentos y libros infantiles y maestra de guardería, y que terminaría siendo adaptada al teatro; RKO se esforzó entonces en llevarla al cine con un elenco fascinante donde se encontraban nada menos que Ginger Rogers, Joan Bennett y Katharine Hepburn.
Seguramente por su gran parecido a ¨Las Cuatro Hermanitas¨, realizada unos años antes por Cukor (y siendo protagonistas éstas dos últimas), la tercera terminó negándose, dando por concluida su relación con la compañía, a lo que siguió el rechazo de las otras dos actrices. Eso permitió invertir menos dinero al usar a un reparto de menor clase, no por ello poco atractivo, con Anne Shirley, Ruby Keeler y la oscarizada Fay Bainter encabezándolo; y la dirige Rowland Lee, cineasta artesano que en el transcurso de su larga carrera no consiguió trascender los límites impuestos por la política de los grandes y medianos estudios respecto de lo que se consideraba serie ¨B¨.

Queda claro el tono del film desde ese primer momento en que vemos a John Carey regresando de la guerra y siendo recibido por su prole familiar, formada por una esposa cariñosa y cuatro hijos obedientes y lustrosos, dos chicas (Nancy, Katherine), un chico (Gilbert) y un niño, Peter, interpretado por Donnie Dunagan y al que la cámara decide prestar innecesariamente (en aquella época resultaría tierno, me imagino) demasiada atención, provocando así la irritación máxima del espectador, e incluso su ira. Podemos deleitarnos con las dulces interacciones de este cuadro familiar ¨snob¨ y maravilloso.
Mojigatería americana de los tiempos de la censura en Hollywood, la actitud biempensante y la armonía familiar en todo su esplendor. Incluso cuando el núcleo es sacudido por la tragedia, con la marcha del padre otra vez a la guerra y la posibilidad de no regresar jamás, el guión puede que se conceda unos minutos dramáticos, pero instantáneamente regresa a sus lindes cálidos, manteniendo los Carey, pese a los problemas de futuro y de pobreza que se les presentan, el optimismo por bandera en su deambular, cambiando el escenario a una vivienda soñada en la que poder empezar una nueva vida.

Detalles como éstos hacen que ¨Mother Carey’s Chickens¨ no figure en la nómina de los grandes films de su época, pero eso no le resta valor como documento sociológico propio del momento en que fue realizado: los años del New Deal y los hercúleos intentos por superar los efectos de la Gran Depresión, los cuales trajeron consigo una nueva mentalidad colectiva orientada hacia el sacrificio y la utilidad personal que, por supuesto, se vio reflejada en el cine. No estamos desde luego ante una propuesta tan eficaz como las que realizaron durante ese periodo Capra, Borzage o Stahl.
Estos maestros supieron de mejor manera plasmar en sus trabajos la irrupción de esa nueva manera de pensar, pero no significa que, dentro de sus limitaciones, el largometraje de Lee no contenga elementos valiosos, entre los que destaca un guión en el que se refleja con claridad y precisión las aspiraciones de sus múltiples protagonistas, y en donde se presta una especial atención a los matices del comportamiento femenino, además de a elementos tan agradecidos como la lucha por la supervivencia cotidiana, el conflicto generacional, los romances adolescentes y la dureza, a veces no exenta de satisfacciones, del despertar a la edad adulta.

De ahí que a veces los códigos más conocidos del melodrama familiar se lleven a terrenos muy dóciles y ligeros, con el amor planteado entre las dos hermanas por un joven abogado (Ralph) que sorprendentemente no hace estallar una situación de rencor y odio o al menos de celos como pide a gritos el argumento, pues el amor entre miembros de la misma sangre impide, claro, llegar a estos extremos (es lógico, por tanto, que en futuros melodramas dichas conductas, tan hipócritas, sean objeto de mofa o castigo). Destaca sobre todo la confabulación de los Carey en el último acto para echar al par de repelentes propietarios, los Fuller, que se empeñan en afincarse allí.
A pesar de tratarse todo de una farsa con logrado tono cómico, Lee, que ya había dirigido eficaces ¨thrillers¨, demuestra capacidad para modelar atmósferas inquietantes, de puro misterio, sirviéndose de los escenarios claustrofóbicos y los elementos naturales para causar la irrupción de lo sobrenatural, algo que iría a dejar claro más tarde con sus pequeñas incursiones en el horror. Y de broche de oro una preciosa secuencia con toda la familia cantando a coro por la victoria, el canto de los abandonados y degradados por la sociedad contra las injusticias de la misma; imagen perfecta, no se puede negar, de la ñoñería ¨hollywoodiense¨ post-código Hays.

Al final la obra, muy abocada al empacho sentimental, tuvo relativo éxito entre el público para suerte de RKO, y se agradecen las apariciones de grandes actores secundarios como Walter Brennan, Harvey Clark, Margaret Hamilton (la eterna Bruja Malvada del Oeste en ¨El Mago de Oz¨) y la mencionada Bainter.
Años después, Disney llevaría a la pantalla otra versión de la novela en clave de musical y con mayor exceso de azúcar, por lo que apartó más de la memoria de los espectadores ésta de Lee. Ahora se entiende la negativa de Hepburn.



Me gusta (1) Reportar

Ficha Las Calles de la Ciudad

Mad Warrior

  • 30 Dec 2021

9



Las Calles de la Ciudad
Plena Depresión. La pobreza sacude la vida de los norteamericanos, la miseria se extiende y la alegría de los años 20 ya es un recuerdo.
En esta época las calles y los clubs se encuentran no sólo despidiendo el olor del alcohol de contrabando, sino el de la sangre que derraman los violentos gángsters.

Reflejo de una realidad palpable y cruda, el cine negro realizado antes de la molesta censura de Hollywood y su código Hays, del mismo modo que hará el neorrealismo tras la guerra, se dedica a mostrar la sociedad tal como es, sobre todo en sus aspectos más atroces, una cotidianidad marcada por la violencia, la precariedad y la desesperanza de una América hundida. Es el momento para que directores como Mayo, LeRoy o Wellman estrenen ¨La Senda del Crimen¨, ¨Hampa Dorada¨ y ¨El Enemigo Público¨; Paramount se hace entonces con una novela del incipiente pero ya prestigioso Dashiell Hammett, la cual será adaptada y modificada ligeramente.
Se retoca a los protagonistas, en un principio adolescentes, mientras Oliver Garrett y Max Marcin parecen influenciarse del film ¨Ladies of the Mob¨. Es contratado por su habilidad lograda en cuanto a uso de la cámara y del sonido, que entonces era una floreciente innovación en la industria, Rouben Mamoulian, hombre curtido en el teatro y con una sensibilidad especial e inventiva con las cuales daría a la adaptación de Hammett, rebautizada ¨Las Calles de la Ciudad¨, ese toque único para distinguirse de las demás propuestas ¨noir¨.

Destaca una breve introducción, mostrada a velocidad de vértigo con cierto aire documental; en este sentido el georgiano sabe retratar en pantalla la esencia siempre dura, áspera y cínica del autor. Mientras el alcohol fluye clandestinamente, los mafiosos practican sus juegos de violencia, y entonces nos metemos en la vida de la joven Nancy, hija de uno de esos tiparracos y, por inercia propia, parte de ese universo de crimen y corrupción; pero la historia decide plantear cierta distancia con él e introducir a un extraño, ¨Kid¨, amante de la muchacha y completamente ajeno a todo eso.
Así podemos asumir, en cierta manera, su punto de vista, donde queda bien definido el papel de los malos y de los buenos; mientras se revisita la trama de la obra de Wellman, donde la bellísima Sylvia Sidney asume el rol de Clara Bow desde una óptica torcida (valga la ironía, acabó sustituyéndola en esta película), Mamoulian encara con firmeza lo que significa plasmar en todo su esplendor el submundo gangsteril y a los seres que por él pululan. La ausencia de una censura en ese momento le permite hacerlo respetando el espíritu de Hammett: la inmoralidad, la violencia, la falta de escrúpulos, la rudeza y la hipocresía asfixian la atmósfera, de pura opresión y maldad sin justificaciones.

Su cámara, además, deja a un lado el estatismo clásico y los toques teatrales (curioso, ya que él procedía de allí); prefiere, por otra parte, experimentar con los sonidos, las secuencias de multitudes, el uso de luces y sombras en escenarios interiores acercándose al expresionismo (sin duda su sensibilidad procedía de tradición europea) o el de los primeros planos sobre objetos y personas, tanto que no le cuesta transmitir la porosidad de los rostros femeninos (algo que sólo Mizoguchi había logrado con eficacia). En un momento dado incluso se adelanta a la innovación ¨hitchcockiana¨ y propone el primer monólogo interior del cine, para resaltar el sufrimiento de la culpa.
La segunda parte del argumento llega con una vuelta de tuerca cambiando la rectitud moral por la dudosa ambigüedad cuando ¨Kid¨ ha entrado en la banda del padre de Nancy con la esperanza de así sacarla de prisión; las intrigas y atisbos de un clima desasosegante, y esto es quizás lo más interesante, no se modelan debido a la intromisión de un infiltrado en el grupo, ni por un asunto de dinero, sino por la codicia romántica, la que expresa el jefe (¨Big fellow¨) hacia Nancy, desatando tensiones con el protagonista. Esta situación marca el suspense hasta el final y deja aún más al descubierto el pérfido y malévolo carácter de estas gentes.

Contarán con otros referentes, pero los mafiosos de Mamoulian aparecerán en cientos de futuras obras, representando un estereotipo observado de lejos sin profundizar demasiado en su psicología, simplemente definido por sus actos, terribles, dignos de castigarse; no personifican el glamour en este caso, sino que se presentan como son en la realidad: monstruos avariciosos, repugnantes y traidores. El dilema y el conflicto nos lleva por eso de la mano de ¨Kid¨, un inocente ¨recién llegado¨ decidido a revelarse contra ese sistema ruin.
Gracias a la presencia de un jovencísimo Gary Cooper, cuyo rostro aparece convertido en el reflejo de la bondad humana, se logran definir las líneas de un melodrama que establece una clara diferencia casi ¨rousseauniana¨ entre el hombre esencialmente bueno y la sociedad dispuesta a corromperle; pero las ambigüedades desaparecen durante un excitante último tramo cargado de giros y filmado a ritmo de vértigo (literalmente al subirnos al coche del protagonista), dejando patente el cineasta su dominio en la ejecución de la acción y para hacer sentir al espectador parte de ella. Cuesta creer, por tanto, que esto date de 1.931.

Así se desenvuelve uno de los mejores ejemplos de ese afortunado cruce a tres bandas entre melodrama romántico, cine de gángsters y de denuncia social tan propia del Hollywood de la Depresión y los primeros tiempos del sonoro.
Fábula febril y sucia, a un tiempo sofisticada y misteriosa; el imaginario de Hammett nos atrapa con su embaucadora inmoralidad, desfachatez humana y afilado humor negro. Por ello todavía me desconcierta que el director, quizá forzado, decida inclinarse por un increíble ¨happy ending¨, más propio del cine posterior a la censura (pues esto pide a gritos una resolución trágica por todas partes...).



Me gusta (1) Reportar

Ficha Paulie, El Loro Bocazas

asrock3000

  • 3 Jan 2022

8



Paulie, El Loro Bocazas
Paulie es una pelicula familiar que se estreno en el año 1998. Esta dirigida por John Roberts y protagonizada por Tony Shalhoub, Bruce Davison, Jay Mohr, Gena Rowlands, Cheech Marin, Laura Harrington, Matt Craven, Hallie Kate Eisenberg y Trini Alvarado.
Paulie, un loro capaz de imitar la voz humana, inicia un largo viaje para reencontrarse con su antigua dueña, Marie, tras ser separado de ella. En el camino descubrirá que su capacidad expresiva le puede traer más de un problema, aunque al mismo tiempo se cruzará con gran cantidad de amigos que están dispuestos a ayudarle.

Hay infinidad de peliculas donde los protagonistas son los animales como en la mayoría de los casos que son perros, gatos, etc, etc pero la idea de poner a un loro como protagonista me parece una idea fantástica asi suene tonta e infantil pero de por si es una idea brillante y muy original que se ejecuta de buena manera en esta pelicula y se convierte en un clásico indiscutible del cine de animales porque de por si la pelicula es magnifica y es ora buena opción para disfrutar en el hogar con toda la familia.

Vamos a ver, la pelicula en si cuenta con un argumento bastante sencillo, tenemos al loro Paulie que es separado de su dueña y este recorre medio mundo con el único objetivo de encontrarla y volver a estar a su lado pero para ello tendrá que vivir un sinfín de aventuras y conocerá a muchas personas que le ayudaran como tambien otras que querrán perjudicarle como por ejemplo el tipo que le enseña a robar o el doctor del hospital que lo mantiene encerrado en una jaula durante un buen tiempo.

El protagonista de esta historia es el loro Paulie quien es un animal bastante carismático, bocazas y gracioso pero en el reparto podemos encontrar una cantidad de rostros conocidos como por ejemplo Tony Shalhoub a quien recordaremos por la serie Monk, tambien tenemos a Cheech Marin, Gena Rowlands y Jay Mohr quien interpreta a un ladrón bastante inepto pero tambien le presta su voz al animal y lo hace realmente bien.

La pelicula de por si es bastante graciosa, la aventura es emocionante y como comedia familiar funciona a las mil maravillas ya que es divertida y emotiva a la vez, puede que sea una pelicula bastante simple en contenido pero que se podría esperar de una pelicula titulada Paulie, El Loro Bocazas, sin duda alguna fue una pelicula entrañable y muy buena con un final predecible pero era el que se esperaba.

En definitiva Paulie me parece una pelicula muy buena con una historia bastante cursi pero emotiva y linda que aparte deja muy buenos mensajes como el amor y la amistad del ser humano hacia los animales y de por si ya me parece un clásico y una pelicula recomendable para ver con toda la familia ya que es casi seguro que nos iremos a reír mucho con todas las ocurrencias del loro.



Me gusta (0) Reportar

Ficha Así no Hay Cama que Aguante

DE NIRO

  • 30 Dec 2021

4


Así no Hay Cama que Aguante
Comedia de enredos con escenas subidas de tono para la época, con el capocómico Jorge Porcel haciendo de las suyas, interpreta a dos personajes, una tía millonaria y a su hermano menor, un fin de semana que puede pasar cualquier cosa, los muchachos sobrinos de la protagonista están en aprietos económicos y tienen que pedir un préstamo a sus novias, y también aparece un prestamista que se puede quedar con la casa como garantía, todos pasarán un fin de semana de tensión pero con los chistes y las ocurrencias de Porcel, las chicas que se destacan son Moría Casan y Patricia Dal unas bombas.



Me gusta (0) Reportar

Ficha Abierto Día y Noche

DE NIRO

  • 29 Dec 2021

4


Abierto Día y Noche
Película de enredos y de situaciones cómicas, la trama se desarrolla durante la noche en un hotel transitorio, alli llegan todo tipos de parejas, gente mayor, jóvenes, varios que están en la trampa y los trabajadores del hotel que por pudor no quieren que sus familiares se enteren que trabajan allí, para principio de los ochentas está bien, en éstos tiempos queda un tanto desfasada, en cuanto a los chistes y a las escenas eróticas, las actuaciones son acordes al género.



Me gusta (0) Reportar

Ficha Elegidos para el Triunfo

Parnaso

  • 28 Dec 2021

3


Elegidos para el Triunfo
Las hechuras desfasadas se muestran, humor vetusto y personajes de mente hueca. En África transcurren los hechos en que un grupo de deportistas quieren entrar en las Olimpiadas de invierno en la modalidad de cool running. Especie de road movie es con ínfulas de superación. Pues descafeinada y desagraciada es. Esto es, olvidable.



Me gusta (0) Reportar



Noticias + leídas

Norman Reedus se despide de Daryl Dixon tras 16 años en el universo de The Walking Dead
Norman Reedus se despide de Daryl Dixon tras 16 años en el universo de The Walking Dead
La temporada 3 de “Silo” ya tiene fecha de estreno y muestra su primer tráiler
La temporada 3 de “Silo” ya tiene fecha de estreno y muestra su primer tráiler
“Dinosaurs of the Wild West”: presentan un insólito western con dinosaurios del director de “Primitive War”
“Dinosaurs of the Wild West”: presentan un insólito western con dinosaurios del director de “Primitive War”
Todas estas películas de terror acaban de aterrizar en Prime Video para el fin de semana
Todas estas películas de terror acaban de aterrizar en Prime Video para el fin de semana