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Ficha Mujer sin Pasado

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

7



Mujer sin Pasado
Lo que los acusados oyen acerca de ellos no es su vida, es una sombra falseada de su vida, de lo que se deduce una verdad equivocada.
Una verdad oculta por miedo de descubrir un interior de pesar y tristeza; ¿de hacerse los sentimientos se desbordarían?

¿O sería más conveniente enterrarlos en un jardín marchito rodeado de un muro infranqueable de piedra caliza como los que rodean la bonita mansión solariega de la sra. St. Maugham? En ella tiene lugar un conflicto de emociones y secretos, convenientemente enclaustrados, en ella es donde toma forma y nace una de las obras más aplaudidas de la carrera de la inglesa Enid A. Bagnold, estrenada tras mucha dificultad a mediados de los 50 y aclamada por su retrato humano ingenioso, agudo y melancólico, en un marco de personajes compuesto en su mayoría por mujeres.
Tarda un tiempo en llegar su versión cinematográfica, después de ser cancelada por Paramount; el celebérrimo productor Ross Hunter se hará con los derechos y arma un casting de primer nivel que incluye a la prestigiosa Edith Evans (la primera opción, luego descartada, para encarnar a Maugham en la función teatral), John Mills, su hija Hayley (estrella rutilante del momento cuyo talento evidenció tanto para las comedias infantiles como para los dramas) y Deborah Kerr. Tras dirigir a Judy Garland en su último papel, el hábil artesano Ronald Neame se ocupa de trasladar el texto de la de Rochester, que, como de costumbre, mantiene algunas diferencias notables.

En la historia de ¨The Chalk Garden¨ entramos con los ojos de la srta. Madrigal, recién llegada a la casa, que de algún modo parece perder la madeja de desolación, la tristeza de DuMaurier y avivar su emoción de un modo distinto gracias a la suave fotografía en Technicolor de Arthur Ibbetson. No necesitamos de nuestros instintos; desde el primer momento los mismos individuos nos hablan de su atmósfera extraña, lo que acrecienta la sensación de agobio, reforzada por la gélida presencia de Maugham, la lucidez mordaz del mayordomo Maitland y sobre todo la fuerza arrolladora y despreciable que exhibe Hayley Mills como Laurel.
No para la invitada. Kerr revive a la Giddens de ¨Suspense¨, otra mujer a cargo de un misterio íntimo conducido por niños, aunque aquí se invierte su sentido y el que envolvía a Flora y Miles es transferido a la misma institutriz, mientras que la niña ocupa un drama definido por el odio y la tragedia familiar, cuya semilla está en unos referentes paternos ausentes, y regada con la áspera y falsa afección de una abuela cuya hija (Olivia) se decantó por la libertad y el amor verdadero en lugar de la castración y la obediencia abnegada, usando su poder para castigarla a través de su nieta (nada más que una ¨figurita de porcelana en una repisa con algunos defectos¨).

Neame maneja con sutileza la opresión que desprende este clima enrarecido, de malvada posesión disfrazada de amor benevolente, y figura esa incapacidad humana en un jardín exterior donde nada puede germinar, rodeado de muros, sin la presencia de abono ni luz solar; así, los aborrecibles actos de rebeldía, capricho y desdén de Laurel (Mills se esmera en lograr el nuestro desde que aparece en pantalla) esconden una soledad mucho más profunda, que sólo desea camuflar bajo el cinismo y la pretensión de dominio sobre todas las cosas. Maitland, otro ser torturado por el pasado traumático, tal vez intenta hallar en ella un sustitutivo de lo que perdió en un accidente de coche...
Pero alrededor de la institutriz, llegada de ninguna parte, sin pasado ni futuro, en apariencia transparente, se arremolina la auténtica intriga (que cual detective de novela barata intenta desentrañar Laurel y así nosotros, devorados por la incertidumbre). John M. Hayes, quien elaboró los guiones de ¨La Ventana Indiscreta¨ y ¨¿Pero quién Mató a Harry?¨, expone esos instantes de misterio con una absorbente sobriedad bien captada por el dominio de los elementos formales de Neame (claroscuros, movimientos de cámara, composición escénica (evidentemente teatral) ).

Con ello se elimina todo rastro del humor leve de la obra de Bagnold, y a su vez algunos personajes que aquí jamás aparecen (¿qué fue del extraño mayordomo del piso de arriba?) o ciertos detalles que caracterizan a los protagonistas y que cambian en función del enfoque melodramático de Hayes (por ejemplo, Kerr no logra captar la inmensa agonía de su institutriz como sí lo hizo Siobhán McKenna en su original papel teatral). Tampoco ayudan las (obligadas, por supuesto) tomas exteriores que salen de la mansión y rompen con el ambiente y el estilo.
A veces el director consigue, como en el encuentro de la anterior y Laurel a las orillas del acantilado tras su repentina huida, unas imágenes de sólido impacto dramático, si bien cuando de verdad pone de manifiesto su destreza es en otro instante de interiores: la revelación del atroz pasado de la institutriz (que debería de haberse retrasado hasta el final) o el duelo climático entre ésta y la abuela. Los ocasionales destellos de humor son meros añadidos torpes y fuera de lugar para rebajar la tensión psicológica y atmosférica (¿Mills enganchada a una rama por el cinturón de algodón de su vestido?, esto no es una de sus comedias de Disney, por favor...).

Tal vez el fallo más grande de Bagnold, y el mismo que comete Hayes, es dibujar una figura materna demasiado piadosa, postulándose como la única posibilidad de salvación para la niña desolada (esto, en opinión de un servidor, y dicho con conocimiento de causa, no es cierto de ningún modo).
Se persigue el alivio del público, típico del melodrama, pero jamás se revela el misterio sobre la niñera, un gran acierto. Sin ser un Sirk o un McCarey, el director de las futuras ¨Los Mejores años de miss Brodie¨ y ¨La Aventura del Poseidón¨ cumple otra vez y con creces su labor en el género.



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Ficha Poli de Guardería

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

7



Poli de Guardería
El panorama hollywoodiense está cuajado de celebérrimas estrellas de la acción, pero, ¿cuántas de ellas han sido capaces de funcionar en otros lindes con buenos resultados?
Seguramente ya no tantas, por lo menos en el género de la comedia.

Descartemos a Bruce Willis porque él venía precisamente de allí y a Jackie Chan porque el humor siempre ha acompañado su estilo, ¿con qué nos quedamos? ¿Con Sylvester Stallone? Desde luego que no. Puede que el forzudo austriaco que saltó a la fama encarnando a uno de los villanos más memorables de la ciencia-ficción sea el que mejor ha conseguido amoldarse a la comedia. Y ello lo demostró poniéndose en manos de Ivan Reitman en la inesperada (por los fans) ¨Los Gemelos golpean dos Veces¨. Aunque algunos lo nieguen eran los años de Schwarzenegger; cada película que hacía, las cuales no compartían el mismo género, arrasaba en taquilla como un huracán.
Su entrada en la década de los 90 junto a Paul Verhoeven en ¨Desafío Total¨ no pudo ser mejor, pero entre esta extrañamente fascinante maravilla del ¨cyberpunk¨ y la explosiva aunque muy innecesaria secuela de ¨Terminator¨, el actor se reuniría con Reitman, tras el (bendito) rechazo de Bill Murray, para volver a poner a prueba una vez más sus dotes para la comedia. Pero poco, o nada, puede hacer pensar al espectador que se halla ante una película de humor teniendo en cuenta el estilo y la atmósfera que reina en el primer tramo de la película, pues más bien parece que estemos ante un nuevo y musculoso ¨thriller¨ del austriaco, tan violento e irreverente como todos los anteriores.

Su álter-ego, John Kimble, tampoco se aleja de sus héroes de acción previos, un expeditivo agente de policía que hace las cosas a su modo y que luce aún más temible que el John Matrix de ¨Commando¨, cuya misión es cazar a Cullen Crisp, un peligroso y muy patético criminal al que ya está cansado de seguir la pista durante tantos años. Tras una graciosa referencia a ¨Terminator¨ (la búsqueda de la rubia luciendo Kimble unas pintas como las de Reese y llevando, para más inri, una escopeta escondida) Reitman subvierte el orden del policíaco y las claves de la trama asignando al protagonista una divertida compañera y haciendo viajar a ambos a la lejana Oregon para un trabajo de incógnito.
Y ese es encontrar a la esposa y al hijo de Crisp antes de que él los encuentre primero. En el avión unos niños sacan a Kimble de sus casillas, que los amenaza con partirlos por la mitad, signo inequívoco de advertencia, y muy conveniente ya que ese va a ser el peligro al que se tenga que enfrentar. Nueva sorpresa: para el espectador de la época, Schwarzenegger era invencible, así que, ¿cómo imaginar al gigante del cine de acción, quien ya se había enfrentado a terroristas, asesinos, policías corruptos y seres de otros planetas, viéndose acorralado, desquiciado y sometido por unos niños de guardería?

En eso radicaba el alma del film. Durante un buen trecho, y pese a ciertas intromisiones de Crisp y la zorra de su madre, mil veces peor que él, el director desata la diversión en torno a esos niños que se disponen a hacer de la vida del policía un auténtico infierno, mientras un romance asoma entre éste y la madre de uno de sus alumnos. Tan poco tarda Kimble en ganarse el afecto y el cariño de los profesores y los pequeños, trastos y peculiares como ellos solos (bueno, así son los niños...), con el añadido de dejar sin aliento a toda madre soltera que se le cruza en su camino, como el del público.
Reitman y sus guionistas no cambian la mentalidad del héroe, que en ningún momento deja de actuar como policía, por lo que sabe que la disciplina es el camino más adecuado para educar a los niños, y eso mismo quieren hacernos saber. Kimble deja de ser una figura aterradora (de hecho cambia de aspecto) y asume su nueva identidad, la que de algún modo siempre se hallaba latente en él, la que perdió junto a ese hijo cuya existencia nos confesará. Al final Dominic, el hijo de su enamorada Joyce, se convierte en sustituto de ese hijo desaparecido que nada quiere saber de él; placer compartido pues el chico halla en ese policía oculto tras una falsa identidad a su padre ausente, ese del que su madre no deja de huir.

Antes de retomar la intriga y con ella la acción y la violencia propias del comienzo de la trama, Reitman, por mucho que su humor negro no sea en absoluto recomendable para niños (paradójicamente, pues ellos son los que se llevan las frases más afiladas), construye un ambiente del todo familiar y tan dado al más ñoño sentimentalismo que exuda el inevitable aroma del cine de John Hughes y Chris Columbus. Resulta impagable, por otra parte, ver a Schwarzenegger chillando de rabia a la puerta del colegio, patidifuso por las respuestas de los niños sobre el trabajo de sus padres o tocando la guitarra calzando un pañuelo rojo y un sombrero de paja (bueno, la imagen es antológica).
Y es que ha sido Reitman, sin duda, quien mejor ha destapado el lado más sensible y autoparódico del austriaco, muy bien acompañado de la simpáticas Linda Hunt y Pamela Reed, esa guapísima Penelope Ann Miller, la veterana Carroll Baker, más detestable que nunca, y todo un memorable elenco de pequeños actores en esta divertida comedia que mezcla, de forma algo irregular eso sí, el humor de andar por casa, la acción y el suspense, pero con un resultado delicioso y entrañable a más no poder, lo que hizo que la taquilla respondiera tan bien en su momento (más de 90 millones recaudados en EE.UU. frente a un presupuesto de 20 millones...).

Es, además, la mejor colaboración entre Schwarzenegger y Reitman. Recomendada sobre todo para aquellos padres y profesores de guardería y colegio cuyas obtusas mentes no alcanzan a comprender que con aplomo y buena disciplina es como realmente se consigue la confianza, el respeto y el afecto de los niños y los hijos (de ahí que el film pueda ser visto como políticamente incorrecto para algunos hoy día...).



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Ficha Los Padres de Ella

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

7



Los Padres de Ella
Todos nos identificamos con él, ¿verdad? Porque prepararnos para estar comprometidos con la mujer que amamos el resto de nuestra vida no nos prepara para hacerlo con su familia.
Y hablo con conocimiento de causa siendo un español cuya familia política es japonesa (y cuyo cierto padre no me traga por cuestiones de raza además de por otras tantas...);

Sí, quizás la diferencia de culturas justifique muchas cosas para una relación hostil entre suegros y yernos, pero en realidad el tema es universal. Ese fue uno de los motivos del tremendo éxito (más del triple del presupuesto invertido, sólo en EE.UU.) de una comedia tan en apariencia sencilla y hueca como ¨Los Padres de Ella¨, nueva versión de un film de 1.992 hecho con cuatro perras pero mucho ingenio por Greg Glienna; poco después la productora Nancy Tenenbaum adquiriría los derechos y así inició lo que fue uno de esos proyectos de Hollywood que nunca parecen materializarse del todo.
Por él pasaron algunos directores y escritores distintos (llegando a los horribles extremos de asociarse Spielberg con Jim Carrey, pero gracias a Dios no se consumó...), y tras un tiempo llegó el bueno de Jay Roach, que a pesar de haber ganado un buen dinero con ¨Austin Powers¨ estaba vilipendiado por los grandes estudios. Y es un alivio encontrar una obra como ésta anunciando el nuevo siglo, pues ¨Scary Movie¨ fue la que empezó a definir su humor; pero la intención de los guionistas Jim Herzfeld y John Hamburg y el sr. Roach era muy distinta. De hecho los primeros minutos resultan confusos.

Nos debatimos entre una comedia romántica empalagosa (con los niños ayudando al protagonista en la pedida de mano en plena calle) o una muy absurda y casi rozando el mal gusto; pero el espectador empieza a entenderlo al entrar en escena Jack, padre de Pam y deseado futuro yerno de Greg. El director nos arrastra a los terrenos de una sofisticada, afilada y para nada grotesca función, si bien el contundente humor negro de la original se pierde por todas partes; el de esta historia que nos ocupa se basa en colocar al protagonista, con quien nos identificamos al instante, en una serie de situaciones embarazosas y malentendidos que exageran y satirizan la pésima relación que se puede crear con la familia política.
Este Greg, atrapado en el universo asfixiante de Jack Byrnes, cuyos ojos son sustituidos por los del adorable Jynx y por cámaras de vigilancia, es una versión ridícula del judío errante, que vaga en el desaliento, sin descanso y torturado a través de una tierra extraña sin hallar un sitio que le pertenezca. Metáfora pura que funciona de maravilla al ser trasladada a los mundos del humor moderno; no sería exagerado recordar a Marion en esa escalofriante secuencia de ¨Psicosis¨ donde se veía rodeada por los pájaros disecados de Bates para contrastarlo con la posición de Greg, que en absoluto difiere con la de aquélla.

En un hogar-fortaleza de tensión continua, el pobre tipo es acorralado y humillado desde cualquier perspectiva: por su profesión de enfermero, su religión, su propio nombre; la entrañable torpeza que le caracteriza levanta aún más los muros que le separan con los Byrnes, a lo que contribuye la aparición de un ex-novio (Kevin) absolutamente perfecto y la retorcida imagen de una boda-espejo que jamás será la suya. Greg hasta es despojado de su identidad, pues ha de llevar las ropas de otros ya que su maleta es extraviada (Roach realiza uno de los ataques más demoledores hacia la negligencia de las compañías aéreas como pocos se atrevieron).
Y ni siquiera la presencia de un hermano pequeño (Denny) abre una ventana para dejar que sus pulmones respiren, provocando esto una guerra privada entre él y un yerno que fue agente de la C.I.A. y que enturbia la atmósfera hasta límites insospechados, naciendo un pretexto que en realidad sirve para estrechar el cerco alrededor de Greg (el famoso ¨círculo de confianza¨). El excelente trabajo de Peter James acentúa la extrañeza de dicha atmósfera en contraste con la inquietante figura de Jack, al decantarse por una fotografía de colores suaves y tonalidades níveas.

Todo ello crea un falsamente cálido entorno para engañar y atrapar en sus fauces al amable y bienintencionado pero poco afortunado novio, quien fracasa al intentar ganarse la confianza de su yerno/rival al interrumpirle éste cada vez que pretende transmitirle sus sentimientos (el efecto es a la vez divertido y triste en su patetismo); y a pesar de que se recurre con más asiduidad al absurdo mientras avanza la trama (siendo todo lo sucedido durante el ensayo de la boda el punto culminante que desata el desastre), esta sutileza de sensaciones acerca más al film a los patrones de la comedia europea clásica que a la típica comedia americana de finales de los 90 (aunque hay mucho de Kevin Smith y los Farrelly en ella).
Roach sabe extraer la mayor naturalidad a sus actores y lo logra con respecto a Ben Stiller y Robert DeNiro (cuando decidió pasarse al humor desde ¨Una Terapia Peligrosa¨), cuya perfecta química y facilidad para la improvisación fue decisiva para garantizar el éxito; y mientras Teri Polo es el contrapunto sutil a la locura de Stiller, la maravillosa Blythe Danner es el contrapunto elegante y afectuoso a la amenazante y fría presencia de DeNiro. Un elenco muy acertado apoyado por dignos secundarios como James Rebhorn, Nicole DeHuff, Jon Abrahams y un impagable Owen Wilson al que no cuesta descubrirle sus diálogos improvisados o escritos por él mismo.

Por desgracia la buena recepción de taquilla resultó un arma de doble filo, pues despertó el ansia de los productores de una franquicia, uno de los recursos más usuales y terribles de Hollywood para llenar sus arcas. Pero ninguna de las infumables secuelas superaría el ingenio sorprendente y el agudo drama de su original.
Atesora instantes memorables como la batalla contra la azafata en el avión, la primera cena con los padres de Pam o el interrogatorio del polígrafo, que guarda un significado especial para mí (y para todos, seguro). Imposible es no sentirse identificado con Greg en ese momento tan hilarante en toda su agobiante contención, una situación que nadie desearía vivir jamás con el padre de su prometida. Este alcance universal es lo que hace tan especial a una comedia que nunca pasa de moda.



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Ficha Una Terapia Peligrosa

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

8



Una Terapia Peligrosa
Los mafiosos se distinguen por ser tipos duros y astutos, hechos para aguantar todo tipo de situaciones y penalidades.
Por primera vez vamos a ser testigos de un hecho insólito. ¿Qué sucedería cuando un capo de repente se derrumba emocional y psicológicamente?

Hoy en día no, pero hace mucho merecía la pena saber quien era Robert DeNiro, y practicamene todo el mundo le asociaba (aunque eso es un tremendo error) con sus encarnaciones de gángster, las que por supuesto le hicieron alcanzar el éxito; terminando la década de los 90, y tras destaparse como un lacónico héroe de acción en el ¨thriller¨ de Frankenheimer ¨Ronin¨, el neoyorkino seguía reinventándose y sorprendió a propios y extraños con su aparición en ¨Una Terapia Peligrosa¨, la que muchos consideran su primer film puramente humorístico.
Otro gran error teniendo en cuenta títulos, quizás algo olvidados, como ¨Huida a Medianoche¨, ¨Nunca fuimos Ángeles¨ o ¨La Cortina de Humo¨. Con guión del autor y dramaturgo Kenneth Lonergan, en este proyecto en el que Billy Cristal colaboró en calidad de productor acabó de rebote, tras rechazar el puesto Richard Loncraine y Martin Scorsese, un Harold Ramis cuya última obra fue la irregular pero simpática ¨Mis Dobles, mi Mujer y Yo¨. Enorme equipo el que tenemos la suerte de disfrutar aquí, con cada miembro aportando algo esencial a la película para hacer de ella no una simple comedia al uso.

Puede que Scorsese no quisiera ocupar la silla de director, pero su huella es del todo apreciable durante los primeros minutos de la historia, narrada por el protagonista Paul Vitti (versión del poderoso criminal John Gotti), que viaja a un sangriento pasado de la nación americana cruzando hechos y personajes reales con una ficción más o menos inventada, centrada en los conflictos entre familias e importantes jefes del crimen organizado; este segmento, por su ritmo desenfrenado, estética y uso de la música y color de la magnífica fotografía de Stuart Dryburgh, podría pertenecer a ¨Uno de los Nuestros¨...
De no ser porque Ramis añade sus toques sutiles e ingeniosos al conjunto, y este humor, sin estridencias ni grotescas salidas de tono, es el que aporta un cariz fresco y original a su obra. Tras esta revisión del mundo de los gángsters italoamericanos se da la intromisión de un personaje tan extraño (por su normalidad) como Sobel, psiquiatra enclenque, retraído e inseguro dispuesto a casarse por segunda vez; despega realmente la historia con el inicio de la terapia que le da nombre al colisionar de un modo que puede resultar creíble en su vertiente cómica (para más inri por un accidente de tráfico) estos dos mundos tan diferentes entre sí.

Dos grandes actores como DeNiro y Cristal, y la pericia con que los dirige Ramis, consigue desde el primer momento una excelente química que hace que salten chispas en cada una de sus geniales interacciones; por un lado Sobel, por el otro Vitti, ambos modelos del universo al que pertenecen, hombres que, a pesar de su aparente confianza en sí mismos, son testigos de cómo su debilidad les devora por dentro, y en el caso del segundo eso significa la muerte. La famosa reunión de capos que decidirá el futuro de las familias criminales funciona de excusa argumental para unir a los protagonistas.
Lo mejor es ver cómo el guión va profundizando en sus caracteres y psicología y de qué forma empiezan a establecer una relación emocional recíproca, aunque por accidente; así, mientras el psiquiatra va liberando a un ¨yo¨ interior fiero y valiente al verse arrastrado al ambiente violento y criminal del gángster, éste abre sus sentimientos, empieza a razonar e incluso imita la manera de hablar del otro. Al final estos dos individuos, condenados a seguir un determinado camino debido a la tradición paterna (uno en la psiquiatría, otro en la mafia), también están condenados a entenderse a pesar de sus diferencias, llevando la vida de ambos a una situación límite.

Otro acierto es homenajear al cine gangsteril y su particular iconografía retratándolo desde lo absurdo, pero nunca llegando a extremos vergonzosos; homenaje que en su amor por el género recuerda al mismo que hizo ¨Balas sobre Broadway¨, si bien se juega a ridiculizar sutilmente a los mafiosos, a quienes Ramis y Lonergan convierten en tipos brutos o simplemente idiotas (como pudo hacer Juzo Itami, con respecto a los yakuza, en ¨Minbo no Onna¨). Este respeto desde la desfiguración cómica llega a su cenit en un instante clave para el film y los personajes al ser parodiada la mítica secuencia del ataque a Corleone en ¨El Padrino¨ dentro de un sueño.
Si en algo falla el guión, además de presentar un clímax más ruidoso que inteligente, es no centrarse en personajes que merecen más atención; desplazados quedan la esposa de Vitti, Laura y Sidone, éstos dos últimos con los rostros de la adorable Lisa Kudrow (aquí menos histriónica que en su eterno papel de Phoebe) y Chazz Palminteri, un actor de gran presencia y carácter. Por otra parte sí adquiere importancia Joe Viterelli, quien compensa su carácter de secundario con una interpretación basada, como muchos ya han subrayado, en su brillante sutileza humorística.

La misma con la que se desenvuelven la pareja protagonista en unos personajes entrañables que no son simples caricaturas vacías; el metraje resulta excesivamente corto por nuestro deseo de pasar más tiempo con ellos. Hilarante es presenciar los ataques de ira de Cristal tanto como ver gimoteando sin parar a un impagable DeNiro en su emotiva parodia de los clásicos gángsters que antaño le dieron la fama.
La química entre los actores, los ágiles diálogos y una ligera intriga, todo impregnado de humor afilado al cuidado de la dinámica y elegante dirección de Ramis, hizo que esta mezcla original de ¨¿Qué Pasa con Bob?¨ y ¨Uno de los Nuestros¨ arrasara en taquilla, y dando otra perspectiva de lo que podía ser la comedia americana cuando triunfaban ¨American Pie¨ o ¨Gigolo¨ como su mayor reflejo en el momento...



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Ficha La Maldición de la Pantera Rosa

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

1



La Maldición de la Pantera Rosa
¿Ha vuelto?, ¿el más horrible y simpático detective de Francia?, ¿está aquí de nuevo para encontrar el más perfecto diamante del Mundo?
Pues no, no está aquí, ni nunca más lo estará. Vamos a contemplar a qué grado de bajeza serán capaces algunos por sustituirlo; el golpe no va a ser suave...

Cuando en 2.006 fui al cine con mi padre a ver el ¨remake¨ de ¨La Pantera Rosa¨ recé para que el techo de la sala cayera a poco de empezar la proyección; jamás pensé en otro para dar vida al inspector Clouseau que Peter Sellers, como bien había aprendido de la saga que había visto en VHS y que siempre deseaba volver a disfrutar. Sabía de la existencia de otros títulos clásicos que formaron parte de ella sin estar presente el actor, pero nunca tuve valor para verlos; me lancé de cabeza sin pensarlo y sentí lo mismo que si me la hubiera partido contra un muro de cemento.
Tras una existencia marcada por la depresión y la adicción, Sellers falleció de un paro cardíaco en Julio de 1.980, y el mundo de la comedia se tiñó de angustia; aun así Edwards cogió el material que le sobró de ¨Ataca de Nuevo¨ y creó ¨Tras la Pista¨, con Sellers ya desaparecido. Lo normal habría sido cortar, pero al parecer aquél sufrió una enagenación y se le ocurrió, cumpliéndose diez años del inicio de la saga, desarrollar una nueva en EE.UU. usando varios borradores escritos previamente (uno de ellos por el mismo Sellers); por si fuera poco la MGM iba a librar con él una fuerte batalla legal.

¿Y a quién iban a calzar en los zapatos de un digno sucesor de uno de los más grandes cómicos de la Historia? Se pensó en Dudley Moore y Rowan Atkinson, muy apropiados debido a su habilidad para el humor y su origen británico, pero al final el papel acabó (y aún intento averiguar por qué demonios) en manos del joven Edward Wass, que se había hecho popular gracias a la serie ¨Soap¨. Después de unos 17 minutos de ver a la ¨Pantera Rosa¨ robada de nuevo, una corta no-aparición de Clouseau que hace rechinar los dientes, y permanecer junto a los personajes clásicos, todo se desmorona al aparecer en pantalla el policía Clifton Sleigh disfrazado de prostituta.
El efecto es terrorífico como lo fue ver a Steve Martin o a Alan Arkin (en aquella estafa de Bud Yorkin de 1.968) encarnando al inspector francés; porque la elección de Wass, insípido, patoso sin gracia, infantil y estomagante, es un inmenso error. Desde luego Atkinson, o quizás Leslie Nielsen, ¡o Gene Wilder!, hubieran sido mejores opciones. No sólo es un error ponernos en la cara a este fracasado y odiado por su jefe allá en New York, para ocupar el puesto de Clouseau, sino que Edwards lo lleva a cabo en una historia estúpida, en un sinsentido que hasta marea de lo caótico que es.

En primer lugar el diamante es robado, pero nadie le hace caso a tal suceso. Lo importante es encontrar al inspector, que como sabemos está desaparecido; y en lugar de concederle de una vez el protagonismo a Dreyfus (a quien sigue dando vida ese pobre Herbert Lom ya cansado de hacer lo mismo...como todos los demás veteranos de la saga), se propone una solución tan absurda como seleccionar al peor policía que existe para llevar a cabo tan difícil tarea. Bien, pues como afirma Dreyfus, a mí también me parece que ¨vamos a tener una repetición de la historia¨ (Edwards ni siquiera lo disimula, qué vergüenza).
En concreto se repiten los pasos de ¨La Venganza¨, con un hatajo de asesinos que intentan dar pasaporte a Sleigh mientras Dreyfus hace lo de siempre: salir tras el protagonista para matarle, con los conocidos resultados. Y las pistas del paradero de Clouseau se van recogiendo de esos mencionados veteranos (como Cato, cuya presencia es ya un enigma, o Lytton y familiares) para acabar en un curioso viaje a España (donde puedo asegurar que desde la chapuza de ¨Misión: Imposible II¨ no había visto tamaño disparate y desprecio en la representación del país según los cánones hollywoodienses...y es que se deben creer que aquí estamos todo el rato de fallas y carnavales y pegando saltos sin parar como subnormales...).

Y uno de los fallos más enormes, además de ir apareciendo absurdos personajes que luego desaparecen sin dejar rastro (el sr. Chong, Julie, Langois, el profesor Balls...), es hacer que el auténtico inspector sea parte de esta bazofia, y con cuyo personaje Edwards aprovecha para liarse la manta a la cabeza y plantear su parodia al universo Bond como deseó, ¡con uno de los 007 en persona en la piel de un Clouseau de rostro nuevo! Es sin duda impagable ver a sir Roger Moore imitando los gestos, la forma de hablar y la encantadora torpeza de Sellers. Pero si tanto quería el cineasta tenerle aquí, ¡¿por qué no haberle dado el rol protagonista?!
Sin trama por ningún sitio, esto sólo sirve para dar a Wass la oportunidad de lucir su vis cómica, y fracasa sin remisión. Al final este mameluco resulta indigesto y estrangulable, como Joanna Lumley, Harvey Korman, Ed Parker, ese incordio de reportera cuyo nombre no me interesa lo más mínimo y una Leslie Ash que se gana a pulso el tener una de las peores introducciones femeninas de la Historia del cine. Burt Kwouk, Robert Loggia, Germaine ¨Capucine¨ Lefebvre, Robert Wagner, André Maranne, Peter Arne, Graham Stark, David Niven (para quien fue su última película) y Lom regresarían a sus papeles por cuestiones meramente alimenticias...digo yo...

Edwards se esfuerza, organiza grandes desaguisados y equívocos y hace que cunda el caos como mejor sabe, pero como se produce con Wass al frente todos, esos ¨gags¨ están condenados, no ya al sinsentido, sino al aburrimiento. En resumen: a nadie le gustó esto, ni a crítica ni a público, y el contrato de una saga que tenía el actor se evaporó.
Mientras, los de MGM seguían presionando al director por el presupuesto y la nula recaudación del film, terminando así en los juzgados. ¡Qué final más indigno para una saga tan mítica! Un momento...¿final? No, según parece la maldición seguiría extendiéndose un poco más...



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Ficha Tras la Pista de la Pantera Rosa

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

4



Tras la Pista de la Pantera Rosa
Vaya, en 19 años el magnífico diamante ¨La Pantera Rosa¨ ha sido robado por tercera vez ya. Así que, ¿cuál será la idea de los preocupados burócratas para recuperarlo?
Anda, qué original, volver a inmiscuir al torpe y calamitoso inspector Jacques Clouseau. Pues esta será realmente, amigos, la última vez que le veamos en acción...

A sus 55 años la salud mental y física de Peter Sellers estaba pasando por un momento muy crítico y de hecho no le quedaba mucho ya; el 24 de Julio de 1.980 es llevado al hospital de Middlesex tras sufrir otro ataque cardíaco más...entonces el mundo del cine se tiñe de negro color funeral, pues un gran actor dramático y cómico se ha ido para siempre. Se detienen proyectos y se crean otros un tanto extraños: aquél había escrito un guión para la siguiente entrega de la saga que más popular le había hecho, pero no pudo llevarse a cabo, y en su lugar un desconsolado al tiempo que aliviado Blake Edwards, recién salido de su furiosa ¨S.O.B.¨, tiene otros planes.
Porque resulta que Dudley Moore, que ya ha hecho ¨10¨ y ¨Arthur, el Soltero de Oro¨, rechaza la oferta de MGM de meterse en la gabardina de Clouseau para protagonizar el guión que Sellers escribió, y el director bien sabe que nadie más puede dar vida a este memorable personaje. Por eso se propone homenajear al hombre que más admiró y al que mayor número de quebraderos de cabeza dio (se podría llenar un libro con ello...); su intención es crear, al estilo de ¨Ciudadano Kane¨, una aventura sobre la desaparición de su protagonista y construirla a base de ¨flashbacks¨ y entrevistas.

Los muy honorables señores de MGM no dieron precisamente manga ancha a Edwards para esto, viendo reducidos los presupuestos para las demás películas que tenía bajo contrato. De todas formas puede acceder a las escenas nunca utilizadas de ¨La Pantera Rosa ataca de Nuevo¨ cuando los de la productora se negaron a dejar su montaje de más de tres horas de duración para su estreno comercial, y las usa indiscriminadamente para elaborar un puzzle argumental un tanto descabellado; se monta así la farsa de ¨Tras la Pista de la Pantera Rosa¨, que casi conmemora los veinte años del nacimiento de la saga, allá por los 60.
Y es que como todos saben la comedia sofisticada con retazos de intriga de guante blanco encabezada por David Niven viró 749º al entrometerse un hombrecillo propenso al desastre y sin tener absoluta idea de lo que sucedía a su alrededor. Sellers hizo de su inspector francés un icono del humor disparatado, y Edwards no desea sino homenajearle como es debido (por algo el film empieza rezando ¨A Peter, el único e inimitable inspector Clouseau¨). Después de siete años sin saber nada de él, el diamante vuelve a ocupar la trama, pero esto es sólo una treta mal presentada para dejar al protagonista haciendo de las suyas en una serie de momentos hilarantes (el que se da dentro del avión, el mejor de lejos).

Las sobras de ¨...Ataca de Nuevo¨ y ¨La Venganza...¨ juegan a inventarse una nueva peripecia de Clouseau buscando el diamante, con los conocidos personajes secundarios sufriendo las consecuencias de tener que aguantarle. Nunca he sido amigo de las ¨películas-montaje¨, aunque, ¿qué otro objetivo tiene la que nos ocupa salvo recordar con cariño al genio de Sellers? No obstante todo toma un giro extraño, desagradable, cuando quiere acaparar el protagonismo, y no lo puede ni en broma, una relamida e irritante reportera llamada Marie, que sigue la pista de aquél cuando su avión parece estrellarse...
Esto ya es otra película. Del detective y del diamante nunca más se supo (al menos por ahora), y todo gira alrededor de esta mujer que, al igual que el hombre al que busca con ahínco, es víctima de amenazas y chantajes por parte de los bajos fondos (vuelve con este pretexto el gran Robert Loggia). Y en su hazaña toparemos con antiguos conocidos de Clouseau, al lado de la ley (Hercule, Cato) y al otro lado de la ley (Charles Litton, Langois), pero todo esto suena a torpe, zafio, repetitivo y, como bien se ha mencionado por ahí, el aprovechar estas entrevistas para realizar un ingenioso ejercicio de metacine no se hace.

Rematada con un último tramo que se debate entre lo algo gracioso y lo muy patético donde se escudriña el pasado del protagonista gracias a una deleznable figura paterna, el film se estrena sin mucha acogida de público ni de crítica (lo que es lógico, claro), y para colmo enfurece a la última esposa de Sellers, Lynne, quien demanda al estudio varios millones por ultrajar su memoria. Ésta gana y se queda con el dinero mientras a Edwards sólo le queda un poso de insatisfacción, a pesar de declarar ¨nunca trabajé tan a gusto con Peter¨.
Y se acabó, la vida de una de las mentes más inestables, de una de las personalidades más incomprensibles, pero también la vida de un hombre único (como su mítico álter-ego), refugiado en su talento natural para convertirse en cualquier personaje que deseara. Qué momentos tan grandiosos dio al cine durante las tres décadas que ejerció de actor y director.

[Levantando mi vaso de coca-cola al Cielo mientras termino la crítica] Hasta siempre, Peter, el único e inimitable inspector Clouseau.



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Ficha Esta Casa es una Ruina

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

8



Esta Casa es una Ruina
Una mudanza, una casa nueva, un nuevo comienzo. Situación muy temida por esas parejas cargadas de ilusión que sin saberlo podrían ver todos sus sueños aplastados sin remedio.
Situación que vamos a presenciar y vivir al lado de los pobres Walter y Anna.

Otro de los grandes momentos que la comedia de los 80 nos regaló a un servidor y a otros tantos amantes de la década y su cine, uno de esos títulos que pueden pasar millones de veces en televisión (independientemente del instante del metraje en que se halle) pero siempre dicidimos quedarnos a ver. No pocas veces he alabado el humor de aquellos maravillosos años, y ¨Esta Casa es una Ruina¨ es una de las mejores muestras de por qué nos tiene que fascinar tanto (está entre mis favoritas de la década junto a ¨Loca Academia de Policía¨, ¨Aterriza como Puedas¨, ¨Cita a Ciegas¨, ¨No me Chilles, que no te Veo¨ o ¨Un Pez llamado Wanda¨).
Poco antes el pobre actor/director Richard Benjamin tuvo que lidiar con una producción condenada al fracaso como ¨Ciudad muy Caliente¨ sirviendo de mero reemplazo de Blake Edwards para que el sr. Eastwood estuviera contento. Esta vez el proyecto, escrito por David Giler (¨La Presa¨, ¨Aliens¨) y otros tantos más (pues sufrió numerosas modificaciones), corría a cargo de un no menos posesivo y pretencioso Steven Spielberg, quien a través de su Amblin Entertainment puso al anterior tras la cámara mientras se escogía de pareja protagonista a unos jóvenes pero ya famosos Tom Hanks y Shelley Long (cuyo papel iba a interpretar Kathleen Turner en un principio).

La felicidad de los susodichos novios parece durar poco cuando se ven obligados a buscarse otra casa, lo que primero servirá para plantearnos el motivo de esta primera parte de la trama y para indagar un poco en la vida de estos simpáticos y sanos Walter y Anna, un abogado cargado de deudas por culpa de su irresponsable padre (a quien conoceremos en el prólogo) y una artista de música clásica acorralada por su ex-marido y director de su orquesta, personajes bastante reales a quienes el guión pondrá a prueba a lo largo de miles de penurias, facilitándonos el empatizar con ellos.
Durante la presentación, Benjamin (dirigido por Spielberg) se toma tiempo para que le cojamos cariño a los protagonistas construyendo a su alrededor un universo extrañamente pintoresco donde sólo se producen situaciones absurdas por culpa de los personajes que lo pueblan, la mayoría muy ligados a la industria musical (esos impagables Cheap Girls, el pequeño Benny o el mismo Max); universo que se sitúa no muy lejos de las comedias más gamberras de Ivan Reitman, Blake Edwards o de los hermanos Zucker. Pasado este primer arco nos metemos de cabeza en la enorme mansión que la pareja ha adquirido de forma sospechosa...

Y entonces se inicia el desastre. Una comedia física deudora del ¨slapstick¨ (con su torpeza y bondad, Walter podría ser un trasunto de aquellos héroes del cine mudo encarnados por Lloyd o Keaton) y el disparate ruiososo y cuasisurrealista dominará a partir de ahora en esta suerte de nueva versión del clásico de H.C. Potter ¨Los Blandings ya tienen Casa¨ donde veremos a Walter y Anna (como le sucedía a los Jim y Muriel de aquélla) fracasar a cada paso que dan, con cada puerta que se rompe y con cada parte de la mansión que queda reducida a cenizas.
Sin embargo una pareja que, a fuerza de no tenerse más que el uno al otro, encaran con coraje y toda la dignidad que pueden cada embiste que la vida les da, de ahí que el optimismo y la esperanza sean la clave para dotar de gran luminosidad a esta película (una idea puramente de los 80 imposible de concebir hoy día) que perfectamente podría pasar por una de terror; pues huelga decir que Giler y Benjamin, pese a los frescos diálogos e hilarantes ¨gags¨ que nos cuelan, dibujan una sociedad del todo repulsiva y cínica, donde los que tienen dinero dictan las normas sin ningún tipo de ética y quiebran de un plumazo las esperanzas de la gente humilde de clase media-baja. No es difícil entonces sentir lástima por Walter y Anna.

Y más aún cuando Max decide meterse entre ellos. Porque al ser esta la historia de una pareja el guión debe profundizar algo más en las relaciones humanas y la importancia de cómo las vicisitudes que atraviesan empiezan poco a poco a deshollar sus ya de por sí débiles espíritus. Celos y corrosiva infidelidad (donde se pone al espectador de parte del hombre, por supuesto); no parece, de todas formas, afectar mucho tal intromisión de Benjamin en los terrenos farragosos del melodrama de alcoba y los enredos debido a cómo el humor se halla en el epicentro y le quita hierro al asunto (una vez más, esto podría haber acabado como un drama de Eugene ONeill).
Por eso podemos deleitarnos con una conclusión tan empalagosa, amén de con escenas como la del agujero de la alfombra, la presentación de Benny, la explosión en la cocina, la caída de la escalera, la de los andamios o la de la bañera (con esa consecuente carcajada inmortal de Walter), formando algunas de ellas parte de esos momentos tan memorables que nos dejó la comedia de los 80. Hanks y Long resultan adorables por la gran química y vis comica que los une, e igualmente buenos son esos Joe Mantegna, Philip Bosco, Maureen Stapleton y un impagable Alexander Godunov antes de convertirse en el loco Karl de ¨Jungla de Cristal¨.

Disparatadísima cuando toca, emocional y grave algunas veces, pero sin perder la sonrisa, como los Fielding, y con un colofón increíble donde descubres que la trama tenía más miga de lo que aparentaba.
Destrozada por muchos críticos, fue por supuesto un éxito en taquilla que hoy perdura como una joyita del género; eso sí, Benjamin no volvió a hacer nunca nada igual, y fue refugiándose cada vez más en los estudios de televisión. Contiene dos frases para recordar por siempre: la que da título a mi crítica y ¨¿Hacen pruebas de misiles aquí?¨.



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Ficha El Guateque

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

8



El Guateque
Nunca invites a un individuo propenso al desastre a una fiesta de lujo, ni contrates a un camarero aficionado a la bebida o a un jefe de cocina demasiado temperamental; y no se te aconseja que tu hija sea una ¨hippie¨ chiflada.
¡Puede ser una fiesta que jamás olvidarás!

Durante los 60 la popularidad de Blake Edwards fue en una imparable curva ascendente, tanto por sus magistrales intervenciones en el drama como su habilidad para la comedia; a la vez Peter Sellers quedaba muy vinculado al trabajo del director debido a su encarnación de Clouseau, ya definido perfectamente en su clásico ¨A Shot in the Dark¨. Después de adaptar a la gran pantalla las aventuras de Peter Gunn, divertido detective televisivo que él mismo creó a finales de los 50, se dispuso a realizar la única colaboración con Sellers fuera de la serie del inspector francés, cuyo guión maduró junto a sus habituales Frank y Tom Waldman.
Guión de pocas líneas y basado en la premisa de la improvisación, bien dominado por Sellers; este método le llevaría a desarrollar un interesante y experimental rodaje, filmando las secuencias en orden cronológico y construyendo el humor de cada una impulsado por la anterior. Sin embargo esta aventura no se inicia en la bonita mansión que será el escenario primordial hasta el final, sino en pleno rodaje cinematográfico, permitiendo a Edwards sacar a relucir su afilado humor para ridiculizar el frenetismo y la ansiedad de los dedicados a la profesión, además de parodiar ¨Gunga Din¨, título imprescindible del género de aventuras, de George Stevens.

Para ello el realizador introduce un elemento bufonesco, el actor indio Hrundi Bakshi cuyas intervenciones se cuentan por catástrofes, todo ello finalizando con la hilarante explosión de un decorado basado, para reforzar la sátira, en un suceso real (la destrucción accidental del puente en ¨El Bueno, el Feo y el Malo¨, que sacó de quicio a Leone como al realizador ficticio aquí presentado). Tras este genial prólogo que permanece entre lo mejor que ha rodado Edwards en toda su carrera, la confusión empieza a desatarse cuando Bakshi es invitado por error a la fiesta de la esposa de Clutterbuck, jefe de la productora del film. No hace falta mucha imaginación para suponer que dicha casa puede arder hasta los cimientos si se deja entrar en ella a un personaje como ése.
Edwards inmiscuye a este hombre, torpe como él solo pero de bondadoso corazón, en el ambiente intolerante, hipócrita y ridículamente suntuoso de la clase alta americana, sobre todo la perteneciente al negocio del cine. Al entrar por la puerta Bakshi adopta la mirada curiosa del espectador, y así le acompañamos en su descubrimiento de un entorno tan lujoso como hermético, frío y artificial, y su tropiezo continuo en él, cuyos moradores son incapaces de mostrar sus verdaderos ¨yo¨; por lo tanto el afable indio es la crítica y la mofa contra este mundo, con su sonrisa perpetua y su carácter amistoso y justo (su dificultad para encontrar el cuarto de baño es el perfecto ejemplo de ese acorralamiento).

El espíritu de Tati, Lloyd, Keaton y Chaplin planea en cada una de las secuencias, distribuidas dinámicas como simples y efectivos ¨gags¨ físicos convirtiéndose nuestro amigo Bakshi en trasunto de los anteriores; otros dos elementos se cuelan en esta fiesta de alto copete para seguir convulsionando la sofisticada atmósfera: un camarero cuyo afán de consumir alcohol sin freno elevará el nivel del desastre y una dulce chica llamada Michele (otra víctima de los sucios tejemanejes de los privilegiados) que inicia un bonito romance con Bakshi. Tres almas ajenas a esa privilegiada sociedad en las que se apoya el peso de la película, si bien a su alrededor se dispondrán otros personajes secundarios igual de impagables.
El fino humor inglés se cruza con la comedia americana más disparatada y el resultado es delicioso, desde el ¨gag¨ del zapato hasta las grandes peleas entre el camarero y el desquiciado jefe de cocina o el caos organizado en el cuarto de baño con el papel higiénico y el retrete; pero si Edwards roza la perfección absoluta es durante la cena (larga secuencia de unos diez minutos con apenas tres líneas de diálogo y una imparable serie de situaciones delirantes perfectamente cohesionadas, donde el camarero borracho acapara nuestra atención más que el propio Bakshi).

Esta salsa de simpáticas incongruencias y situaciones embarazosas no puede sino acabar, como sucedía con las comedias de Wilder, en un tremendo desastre, por medio de la intromisión de unos locos ¨hippies¨ y su elefante (¡!) y una consiguiente invasión de espuma por todo el escenario; el desvarío se le va un poco de las manos al bueno de Edwards, pero nada puede ponerse en contra de la abrumadora explosión de júbilo y alegría que decide brindarnos. ¨¡Salve sus joyas!¨, espeta Clutterbuck al enterarse de que su esposa se ha caído en la piscina; la clase alta, cómo no, termina perdiendo, ridiculizada.
Sellers combina a Clouseau y a su doctor indio de ¨La Millonaria¨ en un personaje fácil de querer desde el primer momento pese a su constante torpeza, y nos embelesa irremediablemente. A su diestra se disponen el maravilloso Steve Franken dando vida al camarero, la guapísima pero algo sosa Claudine Longet (quien protagoniza un momento musical no por casualidad similar al de Audrey Hepburn en ¨Desayuno con Diamantes¨), y ese también memorable Denni Miller (que comparte un momento con Sellers en la habitación intentando quitarle la ropa que hay que ver para creer).

Sensacionales los secundarios J. E. McKinley, Kathe Green, Gavin MacLeod, Herbert Ellis y Fay McKenzie, como también la partitura de Henry Mancini. Logrando hacer reír sin innecesarias concesiones a lo ofensivo ni lo escatológico, como tristemente sucede hoy en día, nada más ofrece ¨El Guateque¨ salvo humor desenfadado, lúcido, afilado y alegre.
Clásica joya del cine de Edwards, de la comedia y preámbulo de la que vendría en años posteriores en el cine americano.



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Ficha La Ola

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

8



La Ola
Esta es una historia inspirada en una historia inspirada en otra historia inspirada en la Historia, y empieza conmigo a los 16 años, en un día cualquiera de comienzos del año 2.009, sentado en un pupitre de mi aula de 4.º de E.S.O., a punto de comenzar una clase de Historia con la profesora más izquierdista y anarquista de todo el centro...

La parte del libro a estudiar englobaba la entrada de Alemania en la 2.ª Guerra Mundial además del nacionalsocialismo y su auge; al llegar a dicho punto esta mujer nos preguntó si sería posible que algo parecido, un sistema político basado en la autocracia y el totalitarismo serían posibles actualmente a como sucedió entonces con Hitler. El cine y la sobresaturación pedagógica sobre el mismo tema provocaba el bostezo o la inmediata reacción a negarlo; al día siguiente vino con el DVD de ¨Die Welle¨ y la vimos poco a poco durante la semana, absorbidos por el desarrollo de tal historia, algo descabellado, algo comprensible, y en última instancia algo terrorífico...
En el transcurso de dicha semana a todos nos sedujo esa idea, la de pertenecer a un grupo y colaborar en una fuerza social mediante la disciplina, la comunidad y la acción (algo a lo que la maestra reaccionaba con cierta socarronería pues tenía muy claro que éramos jóvenes y aún no entendíamos nada de nada), pero al final de la película dicha idea se evaporó...al final sí era posible una dictadura de cumplirse ciertos requisitos. Dennis Gansel sabía lo que hacía al recrear el extraño experimento de Ron Jones cuando era tan sólo un licenciado de Stanford casi recién admitido como maestro en el centro de Cubberley de la vital, comprometida y querida comunidad de Palo Alto.

Se toma un modelo arriesgado: cómo ese maestro, ¨un auténtico radical de carisma único y vocación de actor, más adecuado para ejercer de anfitrión de algún ¨late-night talk show¨ ¨, introdujo en el concepto del totalitarismo a unos adolescentes de la Norteamérica de finales de los 60, y no por vías explicativas, sino 100% empíricas; los testimonios de los hoy ya adultos alumnos que aparecen en algunos documentales provocan escalofríos. El de Hannover, más interesado en los hechos que en el popular libro de Todd Strasser (novelización del film televisivo de los 80 que recreaba el experimento), perfila su guión en base a una cuestión muy significativa.
¿Es posible llevar el caso a la Alemania de finales del año 2.000? Al principio no; en EE.UU. no hay un modelo como tal, y siempre se acaba dirigiendo la mirada al nazismo. El pueblo alemán, entonces, es aún más incapaz (¨¿repetir los mismos errores por los que el Mundo entero sufrió y que aún hoy día nos siguen avergonzando?¨). El compromiso del país para con su propia Historia es muy serio; ¨No dices ¨Adolf¨ aquí sin sufrir alguna consecuencia¨, bromea Gansel, quien desde el principio nos sumerge en una versión germana de Palo Alto, limpia, con mucha vegetación y energía, de la mano de Rainer, a quien da vida un Jürgen Vogel que es la absoluta encarnación de Jones.

Es curioso que el inicio de ¨Die Welle¨ respire ese feroz sentido de la rebeldía gracias a él, quien a no mucho tardar la pondrá patas arriba con su particular experimento. Pero lo que fue intencionado por Jones aquí llega de forma accidental, dejando al más radical de los profesores frente el desafío de saber transmitir lo que es una dictadura (así se nos pone frente a la idea de que del comunismo también surgen un sistema totalitario...sólo observen el Mundo de hoy); mientras, Gansel y Peter Thorwarth esbozan un retrato no muy original pero honesto de los chicos.
En general se nos presentan una serie de personajes-tipo más que conocidos, desde la exaltada anárquica (Mona), el imbécil malcriado con mucho dinero (Kevin) y el marginado social (Tim) al matón de turno (Bomber), la insegura introvertida (Lisa) o la egoísta mandona (Karo, que se alzará contra sus propósitos y está basada en Sherry Tousley, una de las pupilas de Jones); pero el cineasta, acostumbrado a filmar con actores jóvenes y hacer de ellos los héroes de su cine desde su debut, los dirige bien y nos acerca a sus intimidades y problemas de forma sincera. La configuración de sus personajes resulta más espinosa.

La distancia histórica entre los tres sucesos de ascenso dictatorial deja a la vista una ecuación complicada donde el modelo se debe intentar repetir en la secuencia hasta lograr un resultado idéntico. La Alemania de la aparición y auge del nazismo era un mundo en ruinas tras la Gran Guerra engañado por la Constitución de Weimar y ahogado por las deudas, la anarquía, la hiperinflación y las persecuciones a los judíos, mientras que EE.UU., en el momento en que Jones repitió la experiencia, se veían marcados por el sentimiento de cambio radical, la exigencia de derechos civiles, las protestas estudiantiles, las tribus urbanas, la figura icónica de Kennedy, la psicodelia, el ¨flower power¨ y la Guerra de Vietnam en su punto álgido...
El país donde Gansel revive ¨La Tercera Ola¨, como simplemente ¨La Ola¨ (nombre escogido democráticamente (como Hitler), y con el apoyo del Gobierno previo (la directora del centro) ), es el de Angela Merkel, que en breve, y sirviendo de terrible signo vaticinador de cara a la realidad, caería en una recesión económica histórica, con el P.I.B., el mercado de exportación y el industrial y la inversión corporativa seriamente dañados. Los alumnos de Rainer son los ¨millennials¨ de esta Alemania segura de sí misma y que de un momento a otro puede precipitarse al vacío.

Como vemos, e inevitablemente parando por muchos clichés, una generación que vive en la insatisfacción, perdida en el cinismo, solitaria y sin referentes paternos reales a los que aferrarse, en búsqueda de algo que no encuentran y allanando así el camino a sus sucesores (los ¨Z¨, bien ejemplificado en el hermano de Karo), una generación preparada para el negro futuro que les ofrece la economía alemana, una generación altamente manipulable.
Las conexiones principales entre los individuos que sucumbieron ante el poder de una dictadura es la insatisfacción y pérdida de valores, pero sobre todo la importancia de pertenecer a un grupo.

Más concretamente el miedo que genera el no pertenecer a un grupo, sobre todo uno que está tomando fuerza y carácter propio. Los chicos que visiona el director son, en efecto, así de manipulables y débiles; la narrativa lineal abarca la semana de proyectos de la clase y a simple vista puede parecer un disparate el modo en que evolucionan sus distintas personalidades durante su desarrollo, pero no tanto si tenemos en cuenta que las bases del experimento son reales, incluso el guión ofrece una versión algo fantasiosa y edulcorada de los hechos reales, mucho más escabrosos e indigeribles.
Sucede lo mismo que al grupo de Jones o que al nacionalsocialismo original: la rápida degeneración de la tan inspiradora idea de unidad, compromiso, apoyo y comunidad en detrimento de la libertad individual, que atenta contra la debilidad de esa persona que decide luchar sola, y el principal problema es la sensación de poder y el hecho de percibir a los miembros de la sociedad restante un escalón por debajo, originándose el exclusivismo, primero discreto, luego extremista (Kevin pasa de ser el repulsivo niñato rico que pierde su estatus ante los compañeros a ser el socio capitalista del movimiento, con tal de experimentar poder y prestigio).

Gansel, que falla al no mostrar nunca una clase del profesor desde dentro y profundizar en las enseñanzas impartidas a los alumnos, se recrea en la obsesión de la juventud por pertenecer a un equipo por la satisfacción propia y además, y es una de las claves del fracaso del de ¨La Ola¨, hacerlo por la pura moda, lo más típico de la sociedad. Desde el principio a los chicos se les antoja un pasatiempo divertido, muy guay, y ellos mismos pisotean los ideales de unidad al transformar su ¨Ola¨ en no más que una marca registrada, que se infiltra en el mercado (prendas, tatuajes, redes sociales...un sinfín de publicidad sin contenido ni alma).
Al otro lado quedan los excluidos, que se unen para finalizar su deambular individual o por aprovecharse, aunque se trate de un instante efímero, de la sensación de poder a la cual ellos mismos se enfrentaron (el instante en que Kevin no permite al hermano de Karo patinar si no es miembro del grupo y la posterior ¨conversión¨ de éste). El director sigue la máxima del resultado del experimento de Jones: la unidad configurada a ciegas, sin un fin real (¿contra qué lucha o quiere luchar ¨La Ola¨ en realidad?), sólo deja un rastro de odio y el deber inconsciente de imponer su difusa ideología a los demás.

No obstante decide ahorrarse el verdadero suceso que abrió los ojos a los muchachos de Cubberley (Jones, a través de unas imágenes de archivo de los nazis, comparó a sus estudiantes con las ¨juventudes hitlerianas¨), quizás por la obviedad, y propone uno algo más impactante, eso sí, desde lo previsible (¿de verdad había otro final para Tim?) y lo artificioso, siguiendo el estilo de filmación y puesta en escena de su película, hecho así para entrar sin dificultades por los ojos y los oídos al público adolescente.

De estar realizadores más veteranos y con una visión más comprometida y severa al mando (digamos Pollack, Lumet, Polanski, Oshima o Rosenberg), el nudo que se nos hace en el estómago durante el epílogo nos asfixiaría y nos dejaría desamparados en mitad de una experiencia terrible.
Pero no se le deben quitar méritos a Gansel. Aún hoy día dicho nudo sigue apareciendo al llegar ese momento...



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Ficha ¡Vaya un fugitivo!

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

4



¡Vaya un fugitivo!
Escapa imitando a Harrison Ford como puedas, y huye del autobús, y esquiva el tren maligno, y sobrevive a la caída en la presa, y lucha contra terroristas chiflados y peligrosas mujeres fatales, y todo eso y mucho más...
Como él puede, porque para eso es un héroe de los mocasines al cabello blanco, ese que nunca se despeina aun habiéndose enfrentado a todos esos peligros.

No hablo de Harrison Ford, no, sino de otro mucho más grande que él y que todos los héroes de acción. ¿Por qué si no iba a acercarme yo a un producto con tal hedor a cutrez como ¨Wrongfully Accused¨?, que ya sólo al escuchar el título se me remueve todo por dentro? Por Nielsen, porque se hace de querer pese a aparecer en las cosas que eligió aparecer, pero los que conocemos esas cosas sabemos lo que nos vamos a encontrar, del mismo modo que aquél que se pincha un disco de AC/DC o deja la televisión en LaSexta; sabe lo que va a ver y escuchar: lo mismo, inamoviblemente, pero aun así lo acepta.
El bonachón canadiense seguía en su línea de expandir su carrera como actor cómico, incansable; ahora se pone a las órdenes de Pat Proft, uno de los guionistas clave del cine de humor de los 80 y por supuesto gran colaborador del trío Zucker/Abrahams/Zucker, en el que sería su primer y único largometraje como director, curiosamente coincidiendo aquel 1.998 con las otras comedias ¨Mafia¨ y ¨Baseketball¨, de sus viejos colegas Abrahams y David Zucker, y quizás pretendiendo capitalizar el éxito de la estrenada sólo tres meses antes ¨U.S. Marshals¨...

Pero ¨Wrongfully Accused¨ va un poco más atrás recuperando a ese doctor que sorteaba infinidad de amenazas para esclarecer el asesinato de su esposa y limpiar su nombre, el Richard Kimble de la celebérrima adaptación de la legendaria serie televisiva homónima (donde, cosas de la vida, llegó a aparecer el mismo Nielsen, en su época de actuaciones en la pequeña pantalla). Ahora él es quien deforma dicho personaje como Ryan Harrison (qué bien pensado, sr. Proft), un aclamado músico y atrapado en una intriga de misma premisa pero con víctima masculina.
Su presentación al frente de la orquesta, como no podía ser de otro modo, resulta antológica, y una buena muestra de que, pese a tener ya 72 añazos, no le falta un ápice de energía. Tampoco faltan los rostros conocidos y aquí empiezan a sobresalir los de Melinda McGraw y la todavía muy sensual Kelly LeBrock, de mujeres conspiradoras, pero en dos personajes que, como la propia trama, irán perdiendo gracia hasta degenerar en una aún más fea caricatura de lo que ya son al principio; Proft copia el estilo de sus compañeros y se recrea en ¨gags¨ estrafalarios, ruidosos y continuos que no dejan pasar el oxígeno entre toma y toma; y acaba uno extasiado al final de una secuencia...

Éstos, vehículo para el protagonista, se suelen ejecutar con poco ingenio y haciendo mofa y befa de películas o series en concreto, más o menos de esas fechas (desde las simpáticas referencias a ¨Sospechosos Habituales¨, ¨El Halcón Maltés¨, ¨El Imperio Contraataca¨, ¨El Diablo sobre Ruedas¨ o ¨Con la Muerte en los Talones¨ a otras un tanto cochambrosas y arbitrarias (las de ¨Los Vigilantes de la Playa¨, ¨Misión: Imposible¨, ¨Titanic¨, ¨Braveheart¨ o ¨Anaconda¨, por nombrar unas pocas) ). Lo importante de todo es que al guionista/director no le importa un comino la trama.
Sencillamente porque sus sorpresas nos las va desvelando en boca de los personajes antes de que éstas aparezcan en pantalla, y en su desarrollo, donde se hace un lioso remedo de ¨El Fugitivo¨ y otros títulos de Ford (¨Juego de Patriotas¨, ¨Peligro Inminente¨), Nielsen regresa al carácter y los ¨tics¨ de su famoso Drevin de ¨The Naked Gun¨ (incluso se nos obsequia/tortura con unas escenas de amor entre Harrison y Cassandra que son las mismas que las del famoso teniente y Jane). Lo interesante es que Proft, cuando uno menos lo espera, también demuestra habilidad para chistes más sutiles y no tan basados en lo evidente y burdo.

No son lo que distingue a éste y otros films del estilo, desde luego, pero sí son los que un servidor prefiere recordar, sinceramente (por ejemplo el guardia del autobús haciendo de azafata, el coche que los marshals dejan sin el freno de mano, los flashes del ¨flashback¨ que obligan a Nielsen a ponerse las gafas o la periodista de las noticias que queda sin voz cuando el anterior quita el sonido de la televisión). Ingenio basado en la sutileza de lo absurdo es el que exhibe ese fabuloso Richard Crenna en su exageración del Gerard de Tommy L. Jones (al que sin duda podría haber interpretado).
Y sobre todo durante sus interminables y trabalengüísticos diálogos, en contraposición al humor más físico de Nielsen; su buena combinación en la película (y no la de las féminas y el protagonista, pues carecen de química por todas partes) es una de las mejores bazas. Pero el director no lo aprovecha bien, era de esperar; llegando a los últimos cuartos se entrega al aumento del delirio, los giros confusos, la destrucción del carisma de los personajes (que ya era poco), los chistes cada vez más injustificados y ese largo etcétera típico de estas producciones.

También era de esperar que, a finales de década, algo como la presente no obtuviera un gran éxito de taquilla, y es que este cine estaba ya en su fase moribunda, hasta que no lo renovaran, de una manera mucho más grosera y juvenil, los hermanos Wayans al principio de la década siguiente...
Si para mí, de entre todas, hay una escena para recordar por siempre, es el viaje que Nielsen pasa en ese coche que no deja de saltar, y los segundos posteriores, saliendo de él entre espasmos; ¡qué gran actor del ¨slapstick¨! Si hay una escena para olvidar, de las muchas que a uno se le ocurren, es todo el final: repetitivo, tedioso, vergonzosamente estomagante...y sin gracia.



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Ficha Beautiful Boy: Siempre Serás mi Hijo

Ferchuco

  • 13 Oct 2022

8


Beautiful Boy: Siempre Serás mi Hijo
Hermosa película de drama con un Steve Carell como muy pocas veces lo habíamos visto, basado en una historia real fuerte y sumamente inspiradora.
Carell muestra sus dotes actorales y Chalamet tampoco decepciona; la historia está muy bien desarrollada y la cinta definitivamente superó todas las expectativas (al menos las mías).

Una película sobre padre/hijo casi imprescindible y que entretiene, emociona e inspira con creces.



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Ficha Precious

Ferchuco

  • 13 Oct 2022

8


Precious
Linda sorpresa, grandiosa película con actuaciones poderosas, una dirección muy top. Una crítica social fuerte con temas como la educación, la clase social, el racismo... Cada asunto ejecutado de una manera muy seria por el director que sin dudas sabe lo que hace. Todo lo anteriormente mencionado desemboca en un remolino de sensaciones positivas a nivel audiovisual para el espectador... Se disfruta muchísimo y creo que si hubiera ganado el Óscar a Mejor Película en su momento, nadie se hubiera quejado.

¨Preciosa¨ cinta, como su título lo dice.



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Ficha Ha Nacido una Estrella

Ferchuco

  • 13 Oct 2022

8


Ha Nacido una Estrella
Excelente película de romance donde Bradley Cooper hace el PAPEL de su vida, un personaje muy bien desarrollado, y con un sorpresivo papel de Lady Gaga sacando a flote no solo su talento para el canto sino también para actuar; increíble química entre ambos. La banda sonora también es muy digna de destacar y sin dudas aportó mucho a la película.

Sorprendido de lo bien hecha que está. Entretenido, dramático, inspirador, melancólico... Totalmente recomendable.



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Ficha Tom y Jerry

Ferchuco

  • 13 Oct 2022

3


Tom y Jerry
Malísima película que arruina la infancia de todo aquel nacido en los 90 y que tuvo una bonita infancia con la serie animada de ¨Tom y Jerry¨. Una basura que no tiene comedia, no tiene gracia, no tiene carisma, ni sentido. Un constante ¨face-palm¨ en cada minuto de metraje.

La única razón por la que le di una oportunidad es porque Chloe Grace Moretz es una actriz que me gusta mucho (aunque últimamente forma parte de muchas películas decepcionantes)... Pero aún así, es que esto es indefendible... Un 3, y siendo MUY considerado.



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Ficha Ciudad muy Caliente

Mad Warrior

  • 13 Oct 2022

4



Ciudad muy Caliente
En las calles de Kansas City reina la ley de la corrupción, la ambición, la violencia, en definitiva, la de los consabidos gángsters.
Sólo dos valientes como el teniente Speer y el detective Murphy pueden detenerla. Por separado son duros, pero juntos...¡qué tiemble la ciudad!

A lo largo de los años, los géneros clásicos han ido mezclándose con otros o cayendo en su demolición por medio de la más simpática autoparodia; ha ocurrido con el ¨western¨ el terror, el bélico y, cómo no, también con el cine negro. El mismo año que se estrenaron dos títulos del ¨noir¨ que todo fan debe conocer (la buena ¨Polar¨ y ¨Érase una Vez en América¨ , pieza emblemática del género), éste se mezclaría con la comedia en un proyecto de dudoso carisma: ¨Ciudad muy Caliente¨.
Su ejecución desató un hervidero de conflictos desde que un entusiasmado Blake Edwards lo pusiera en marcha años antes, pero se topó con un muro que no pudo escalar, y tenía por nombre Clint Eastwood, quien hizo un paréntesis tras ¨Impacto Súbito¨ para cumplir su deseo de trabajar con su amigo Burt Reynolds. No obstante las diferencias creativas con el veterano cineasta fueron tan grandes que acabó por despedirlo (una lucha de egos en toda regla), y es que a Eastwood, y eso todos lo saben, le gusta tener el control de la producción desde dentro y desde fuera, así que para la ocasión contrataría a alguien más manejable y menos problemático.

Ése fue Richard Benjamin, actor reciclado en realizador que estaba cosechando bastante éxito con su último trabajo, ¨Adiós a la Inocencia¨; por su parte, Edwards firmó el guión como Sam O. Brown (en referencia a su film ¨S.O.B.¨, cuyas siglas significan ¨Standard Operational Bullshit¨). La historia se inicia con una secuencia que despide esencia de auténtico ¨noir¨ por todos sus poros, cuando vemos al espigado teniente Speer atravesando un callejón envuelto en sombras bajo una fina llovizna y entrar en un bar cercano; su rostro contraído y amargo (el de Eastwood) no augura nada bueno.
Pero la intriga que se podía intuir y la oscuridad imperante que hacían de esta apertura algo muy prometedor se van al traste con la intromisión de Murphy, un detective encantador e intencionadamente gracioso que tiene varias rencillas con miembros de la mafia y comparte un pasado con Speer, pues tiempo atrás fueron compañeros en el cuerpo. El verdadero motor de esta fábula gangsteril situada en la Kansas City de los 30 arranca cuando Diehl, socio de Murphy, es asesinado por el mafioso Pitt, y el elemento de la discordia resulta ser el libro de cuentas de Leon Coll, otro poderoso señor del hampa. Sucios tratos que repercutirán sobre el pobre Murphy.

Pero en toda esta salsa de traición, muerte, chantaje y secuestro cocinada a fuego rápido hay un problema: Benjamin no posee el talento necesario para desplegar sabiamente los códigos del cine negro ni mucho menos se acerca a la destreza para el humor que tanto caracteriza a Edwards. Y es que el film no sabe muy bien por qué género decantarse durante todo su metraje, el cual pasa de la comedia más absurda donde el protagonista es Murphy a un ¨thriller¨ cargado de acción y violencia liderado por Speer, y cuando ambos personajes se unen en pantalla el resultado, lejos de ser atractivo (que algo es...), se adivina torpe y en pleno desequilibrio.
El que nunca se pretenda alcanzar el nivel dramático (segundos después de contemplar a su socio muerto, Murphy seguirá con su tonta verborrea y sus chistes baratos) convierte lo que podría haber sido un ¨noir¨ mordaz y áspero en una comedia que debe más al ¨slapstick¨ de Keaton o de los dúos clásicos en la línea de Abbott y Costello que al cine negro en sí, del cual se disfraza muy convenientemente. Y es que nada puede faltar en el imaginario dispuesto por Benjamin: los combates de boxeo, los clubs de barrio viciados con el olor del humo y el alcohol y el sonido de las dulces melodías de ¨jazz¨, las cafeterías oscuras, los intensos neones a la puerta de los cines, las Thompson, los sombreros de fieltro, las gabardinas...

Un imaginario donde no faltan los torpes matones, los malvados jefes de la mafia, las damas desvalidas y los policías rudos y expeditivos al que el fan del género siempre desea volver, tanto más cuanto que su atmósfera se perciba tan sugerente y sombría como antaño, lo cual consigue el buen diseño de producción, la cálida y envolvente fotografía de Nick McLean y la genial partitura de Lennie Niehaus (donde participa Eastwood), y es que por sus virtudes técnicas el film no desmerece en absoluto. Aquí...pero quizas sí en todo lo demás.
Las decentes secuencias de acción, de una violencia justita, y el suspense propio de la trama, conducen a los personajes a enzarzarse con los villanos en un alocado desenlace que podría haber sido sorprendente de estar firmado por Edwards. A esto se une la poca química que Burt Reynolds y Clint Eastwood muestran en pantalla, éste deudor de los duros del cine como Mitchum o Bogart y con un estilo cercano a los antihéroes que hizo para Leone y el primero con un ¨look¨ a lo Clark Gable sin dejar un momento su vis cómica, que tediosa termina resultando. No así resulta simpático ver a estos dos astros de consumadas carreras autoparodiándose sin vergüenza alguna.

Correctos Rip Torn, Jane Alexander (cuyo papel casi encarna Sondra Locke) y Tony LoBianco; el mejor, un muy poco aprovechado Richard Roundtree, y de por medio la fugaz aparición del mítico Jack Nance. Los percances durante el rodaje no presagiaron nada bueno...y así fue.
Pese a ser un discreto éxito de taquilla por la expectación de ver a Eastwood y Reynolds juntos, no logró el favor de nadie, ni siquiera el de éste, que la detestó con toda su alma; Eastwood, por su parte, siguió su carrera como si tal cosa. Una producción que mucho podría haber sido pero en nada se quedó; si he de elegir un film que combine el cine negro con la comedia yo prefiero ¨La Maldición del Escorpión de Jade¨.



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Ficha U.S. Marshals

Mad Warrior

  • 13 Oct 2022

7



U.S. Marshals
Un peligroso criminal anda suelto por los prados, colinas, ciénagas y demás paisajes del territorio americano, y pronto llegará a la ciudad...
¿Quién puede estar más cualificado para atraparle que el eficaz grupo de los marshals?, ¿y quién mejor para llevar el caso que Samuel Gerard? Posiblemente nadie.

En 1.993, el director Andrew Davis dejó patente una vez más su destreza en el cine de acción e intriga (cosa que ya había hecho, por otra parte, en títulos como ¨Alerta Máxima¨ o ¨A la Caza del Lobo Rojo¨) con la que fue su obra más exitosa, ¨El Fugitivo¨, llevando al universo cinematográfico la hazaña del dr. Richard Kimble, cuya permanente huida de la ley tenía como objetivo desenmascarar al hombre que asesinó a su mujer, y que tantos episodios ocupó en la conocida serie de televisión de mismo nombre creada por Roy Huggins en la década de los 60.
Las expectativas puestas en esta nueva versión fueron recompensadas con un sinfín de premios y el alcanzar el 3.er puesto entre las películas más lucrativas de 1.993, logrando una recaudación que superaba en cinco veces el presupuesto. No es extraño que los ejecutivos de Warner Bros. quisieran capitalizar los beneficios de aquella obra, por lo que, cinco años más tarde, se puso en marcha un curioso proyecto con guión de John Pogue (¨The Skulls¨, ¨Rollerball¨) estando esta vez tras la cámara el veterano editor reciclado en realizador Stuart Baird, quien había debutado poco antes con la también exitosa ¨Decisión Crítica¨.

La idea fue recuperar no al protagonista de ¨El Fugitivo¨, sino a los agentes encargados de su captura, al equipo de marshals compuesto por Biggs, Newman, Renfro y Savannah Cooper (Erin Poole en la anterior) y a su estoico e infatigable jefe Sam Gerard. La trama se centra en Mark Warren, un tipo al que no acompaña la suerte a raíz de que su arma fuera encontrada en su vehículo tras un grave accidente de tráfico, un tipo acusado de asesinato que debe viajar a New York encadenado a la espera de un juicio; mientras tanto, irrumpen los hombres de Gerard en una misión cualquiera que terminará con éste siendo obligado a escoltar a un preso para contentar a su jefa.
Historias paralelas que confluirán en un trágico accidente aéreo con muchas incógnitas sobre la causa aún pendientes. Dicho esto lo siguiente entraña pocas sorpresas; ¨U.S. Marshals¨ se acoge a la estructura y la forma de su predecesora desde el mismo instante en que el avión siniestrado sustituye al autobús; el fugitivo cambia de color y de nombre pero los procederes serán prácticamente los mismos, desde la huida por carreteras secundarias y accidentados paisajes hasta la llegada a la ciudad. Con gran alarde en el manejo de la intriga y la acción, y copiando sin vergüenza los patrones que guiaban a Andrew Davis, Baird nos introduce en una cacería del todo frenética.

Sin embargo nada hace sospechar, en principio, que el tal Mark Warren pueda ser atrapado, y en esto radica una de las principales diferencias entre los dos films: mientras que a Kimble, un simple doctor, el asesinato de su esposa le inspira la suficiente fuerza para continuar, casi no hay problema en el que el nuevo fugitivo no pueda desenvolverse gracias a su entrenamiento como agente del Servicio Secreto. Juegos continuos de identidades (Warren cambiará tres veces de nombre), secretos de Estado, relaciones internacionales extraoficiales y agentes dobles; ingredientes más propios de una novela de Tom Clancy.
Todo ello adornado con una feroz algarabía de persecuciones y saltos sin tregua, dosis de humor cuya presencia durante toda la película resulta excesiva y algo incómoda, y un extraño en el equipo de Gerard como novedad y como disparador de la duda, John Royce, quien desea vengarse del hombre que mató a sus amigos. Pero, desgraciadamente, ni la premisa (un agente traicionado por sus corruptos compañeros) ni la cacería poseen la misma fuerza dramática o la tensión que la concerniente a Kimble, y eso que Pogue hace lo posible por decorar el argumento con inesperados giros de guión (el que atañe a Newman me repugna...) e interesantes revelaciones de los organismos militares norteamericanos más ocultos.

Como montador experimentado en el cine de acción, Baird sabe conducir la película de manera calculada y veloz durante las dos horas que dura su metraje, sirviéndose de unas secuencias de acción bastante espectaculares y un nivel de violencia estándar (ni muy edulcorado ni muy brutal) para una producción de evidente tirón comercial como es ésta. Lo más decepcionante sin duda es el uso innecesario de esos ¨flashbacks¨ explicativos, esa solución tan precipitada, directa y masticada que nos ofrece Pogue y la presencia de un personaje tan aparentemente significativo pero irrelevante como es el de Marie, encarnado por la guapísima Irène Jacobs.
Por su parte, Tommy Lee Jones vuelve sin reparos al papel que le hiciera conseguir el Oscar destilando dureza y parquedad aunque con una considerable reducción de carisma, enfrentado esta vez a unos correctos Wesley Snipes, cuyo Mark Warren no se aparta mucho de los personajes que interpretó anteriormente (y que no dejaría de interpretar), y Robert Downey Jr., más detestable que de costumbre. Regresan los geniales Dan Roebuck, Joe Pantoliano y Tom Wood junto a Latanya Richardson, reemplazando a L. Scott Caldwell.

¨U.S. Marshals¨ se encontró con un aluvión de críticas negativas en el momento de su estreno, no así consiguiendo unos resultados nada desdeñables de cara a la taquilla (y eso que competía con ¨Titanic¨, nada menos).
Estar a la altura de la obra original de la que surge es imposible, pero nadie podrá negar que se trata de un ¨thriller¨ de acción efectivo y entretenido de principio a fin rodado por alguien con madera de artesano. Concedámosle ese beneficio al que fue el segundo y penúltimo film en la carrera de Stuart Baird.



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Ficha Un Pez Llamado Wanda

Mad Warrior

  • 13 Oct 2022

9



Un Pez Llamado Wanda
¿Qué tienen en común un viejo abogado de aburrida vida, una dicharachera ¨femme fatale¨, un asesino a sueldo pseudointelectual y un tartamudo amante de los animales?
Pues aparte de un jugoso puñado de joyas el participar en la que es una de las mejores comedias jamás realizadas.

No me cansaré de afirmarlo. Hoy no se hace cine de humor, y si se hace ha de ser zafio, escatológico, mayormente relacionado con lo sexual y cuajado de vulgaridades; como a otros esto me repugna, así que si deseo reírme de verdad echo la vista atrás y a rebuscar, y es en los 80 donde mejores comedias he encontrado. Pero es una lástima centrarse sólo en las producidas en EE.UU. (bueno, son las que más éxito han logrado); las británicas, aunque si nos remontamos a dicha década no hallamos tantas joyas como en otras anteriores, también merece la debida atención.
Estrella de la Ealing durante su época dorada y uno de los veteranos de la ¨british comedy¨ a raíz de su éxito con ¨Oro en Barras¨, aunque también demostró un gran talento como artesano al que le gusta nadar en todas las aguas (sirvan ¨El Tercer Secreto¨ o ¨Corazón Dividido¨ de ejemplo), Charles Crichton había pasado los últimos años de su extensa carrera apartado de la industria cinematográfica en el humilde mundo televisivo, hasta que el bueno de John Cleese, ya separado de sus compañeros Monty Python, lo rescató para realizar un proyecto que ambos habían estado preparando años atrás, si bien el actor ejerció de codirector en la sombra por la avanzada edad de Crichton.

El humor retorcido y los juegos de palabras, tanto implícitos como explícitos, con los que seremos bombardeados a lo largo de todo el metraje hacen acto de presencia en ¨Un Pez llamado Wanda¨ desde el inicio (más aún si uno de los protagonistas comparte su nombre y su condición con un pez que no tendrá ninguna función hasta casi llegado el final). Todo arranca con un consciente y sentido tributo a la farsa de atracos que tantos clásicos británicos ha ocupado en décadas pasadas; George, Wanda, Otto y Ken se las arreglan para robar con éxito una joyería, aunque no todo es confianza y honestidad en este pintoresco grupo.
Crichton se las arregla en este primer tramo para manejar con soltura y nervio la acción y la comedia, siempre presente, dejando paso a la intriga al desvelar los ladrones su condición de mentirosos, traicioneros y manipuladores; de hecho cada uno de los integrantes se servirá del otro para su propio beneficio (George de Ken, Otto de George y Wanda de todos). Es precisamente el enredo lo que hace del film una ingeniosa y divertida combinación, tanto más cuanto que la guapa Wanda, ya erigida en perfecta ¨femme fatale¨ tras su ingenua apariencia, ha de encandilar con sus encantos a Archie, abogado de George, pues éste acaba en prisión por las propias artimañas de la chica.

Artimañas organizadas por ella en compañía de su ignorante compinche Otto, elemento extraño que Crichton y Cleese añaden con intenciones algo perversas, pues se trata de un norteamericano ridículo, ególatra y estrafalario que no deja en muy buen lugar a su patria ante unos ciudadanos ingleses demasiado educados y acomodados. Pero si el guión sorprende es sobre todo por su capacidad de moverse de entorno y género; así, de la intriga propia del robo, asunto siempre presente aun en segundo plano, pasaremos a asistir a una farsa con todo el espíritu de las ¨screwball comedies¨.
La cárcel, los diamantes y los juzgados son reemplazados por lujosos escenarios, esposas estiradas, celos irrefrenables, amores insospechados y mentiras entre parejas. La intromisión de Archie, cuya vida no es más que una tediosa sucesión de acontecimientos sin importancia en el seno de un momificado hogar que desprecia, en tan alocado argumento no entraña un cambio abrupto pues no resulta forzada ni poco creíble, sino de lo más conveniente para continuar ofreciendo grandes dosis de humor, el cual, y a sabiendas de que el guión está firmado por John Cleese, tampoco será tan ligero como la modificación del ambiente nos sugiere a primera vista.

Sí, lejos de refinarse, la comedia sigue tan negra e irreverente como cabría esperar, y no sólo porque en los tejemanejes de Wanda para con Archie tomen partido los esperpénticos arrebatos de un Otto cada vez más desquiciado y celoso, sino porque entre medias de todo esto, veremos a Ken fracasando una vez tras otra en su misión de quitar la vida a una anciana que podría significar un problema para declarar a George inocente; son en estos intentos de asesinato por ese amante confeso de los animales donde más afilado se destapa el humor de Crichton.
Al final, la comedia romántica se une a la intriga y la acción con la locura de poseer el botín dominando a todos como si de una revisión de ¨El Mundo está Loco, Loco, Loco¨ situada en Londres se tratase, regalándonos el film algunos de sus momentos más memorables (la persecución en el aeropuerto o la mítica y no menos agobiante tortura a Ken). Mientras Jamie Lee Curtis cumple a la perfección su rol de sexy ¨femme fatale¨ y John Cleese y Michael Palin, unidos en pantalla tras algunos años, nos brindan unas actuaciones impagables (qué decir de ellos que no se haya dicho ya...), un Kevin Kline gesticulante e inesperado sorprende de tal forma en su caricaturesco villano que bien merecido tuvo el Oscar por su actuación.

Aunque su éxito en cines se fue fraguando poco a poco (tardó varias semanas en alcanzar el n.º 1 en EE.UU.), ¨Un Pez llamado Wanda¨ acabó logrando unos altos beneficios en taquilla además del amplio reconocimiento de la crítica.
Un guión con giros e intrigas bien hilados, unos personajes bien definidos, una dirección con oficio y un reparto soberbio hacen de esta mezcla de géneros una deliciosa, alocada y muy políticamente incorrecta comedia, de las más ingeniosas que hallamos en la década de los 80. Charles Crichton no pudo tener una despedida mejor del mundo del cine.



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Ficha Arma Letal 2

Mad Warrior

  • 13 Oct 2022

7



Arma Letal 2
Un diplomático traficante de drogas, una atractiva secretaria, un testigo federal de lo más enervante y toneladas de acción entre disparos, persecuciones y explosiones.
Sí, la pareja de policías más letal y poco ortodoxa del cine de acción (¿es que hay otra?) regresa para seguir subiéndonos la adrenalina con sus emocionantes peripecias.

Nolte y Murphy darían el pistoletazo de salida en la genial ¨Límite: 48 Horas¨, y este dúo sería seguido (con más o menos éxito) por otros como Eastwood y Reynolds, Dreyfuss y Estévez o Schwarzenegger y Belushi; quizá Richard Donner sabía de antemano, o no, el éxito que iba a generar ¨Arma Letal¨ cuando se estrenó en 1.987...y no habría fallado, pues el film no sólo arrasó en taquilla superando en cuatro veces su presupuesto, sino que terminó alzándose como uno de los más eficaces exponentes de ese subgénero policíaco conocido como ¨buddy movie¨.
Dos años habían pasado. Donner cambió de registro radicalmente con ¨Scrooged¨ pero no tardaría en volver junto a Joel Silver para recuperar a la pareja Riggs/Murtaugh en una segunda aventura. Por desgracia las complicaciones invadirían este proyecto, empezando con el rechazo de Shane Black a participar en él tras la negativa de los productores hacia el borrador que había escrito junto al autor Warren Murphy; la razón era, una vez más, su tono excesivamente sombrío y violento, resuelto por el guionista de encargo Jeffrey Boam, quien lo puliría a gusto de Donner y Silver. Un guión que no dejaría de sufrir multitud de cambios a lo largo del rodaje...

El objetivo de aquellos con esta secuela queda bien patente desde el mismo comienzo. Los títulos de crédito dan paso al grito de un Riggs histérico que inicia la película en algo de lo que carecía la primera parte: una buena persecución de coches por toda la ciudad; secuencia de apertura donde Donner nos demuestra que es el frenesí, la emoción más física y visceral, la que cuenta, y esta tónica se seguirá hasta el final. El espectador ávido de acción desenfrenada puede estar contento con este inicio que lleva a la pareja a una guerra abierta contra unos traficantes y blanqueadores de dinero llegados de Sudáfrica y camuflados de diplomáticos.
Paso importante en cuanto a desastre de la Historia como implícito resorte de las intrigas así como del de toda la violencia que se va a desatar: de las sombras de la Guerra de Vietnam a la actualidad de las injusticias del Apartheid (algo que ya se insinúa en la anterior entrega), que Boam condena aunque no con toda la dureza que se merece. Esta suavización de guión también ramifica en una característica que es la principal desemejanza entre ambas obras: la atmósfera oscura de la original se reduce y la comedia gana terreno (mucho, hay que decir), por lo que el ácido humor negro cortesía de Black ahora es más descafeinado, con diálogos plagados de chistes.

Será el mismo film, y sus algo irregulares movimientos de argumento, el que nos lleve a esas conclusiones con la introducción de Leo Getz; ya conocemos a Martin y Roger, así que es un personaje nuevo lo que necesitamos, algo con lo que no estoy en absoluto de acuerdo, tanto más cuanto que su participación no sólo resta importancia a la familia Murtaugh (casi no les vemos aparecer), sino que resulta absurda hasta la extenuación: ¡Leo no hace gracia, irrita! Rika será otra nueva incorporación mal aprovechada, más decorativa que emocional a pesar de convertirse, gracias a un ingenioso efecto de proyección (el de Vicky), en el aliciente de Riggs para tomar las riendas de la situación.
Mientras maneja el suspense con oficio, Donner vuelve a intensificar el grado de violencia para desembocar en un último tramo donde la ira y la brutalidad serán los maestros de ceremonias (no alcanzando, por supuesto, el sadismo de la primera parte) y la transgresión de la autoridad y la moral el único camino para cumplir la venganza (Martin y Roger dejan sus placas de policías y actúan por su cuenta). Es entonces cuando ¨Arma Letal 2¨ hace honor a su predecesora, dejando la comedia fuera de combate por un tiempo y ofreciendo al espectador un festín de acción intensa y salvaje en una sucesión de escenas realmente espectaculares.

No obstante, las decisiones sobre el guión acaban estropeando lo que podría haber sido uno de los finales más sorprendentes del género policíaco: Black quería acabar con Riggs, los demás no; casi era un sacrilegio pensar en matar al héroe, por tanto (como sucedió en ¨Conexión Tequila¨) el personaje de Gibson continuaría respirando. Poco importa. Stuart Baird vuelve a demostrar su buen hacer en el montaje y Donner parece disfrutar con cada secuencia, enfocándose en la emoción de cada momento para llevar la película al límite del mismo modo que a la pareja protagonista.
Mel Gibson, más histérico y, sí, tonto que antes, sigue formando un equipo perfecto con el siempre soberbio Danny Glover, menos comedido en esta ocasión, ambos tocados por el sobrepasado humor de Boam, el cual les hace perder algo de esa profundidad dramática que les caracterizaba; un bocazas y energúmeno Joe Pesci a más no poder, que será recurrente en la saga, remata esto (a su Leo le sobran intervenciones por todas partes). Correcta y poco más esa guapa Patsy Kensit, detestable Derrick OConnor e inquietante Joss Ackland, excelente como villano. Stephen Goldblatt, Michael Kamen y Baird siguen haciendo un gran trabajo en el equipo técnico.

El resultado no pudo ser más satisfactorio. Convertida en la tercera producción más lucrativa de 1.989, ¨Arma Letal 2¨ recaudó la friolera de casi 150 millones de dólares (sólo en territorio estadounidense), más del doble que su predecesora.
El doble de espectacular, de divertida y, en general, de físicamente (que no psicológicamente) vibrante. La pareja Riggs/Murtaugh ya son un referente obligatorio en el cine de acción...sin embargo, su segunda incursión resulta menos efectiva y poderosa que la primera.



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Ficha El Cadillac Rosa

Mad Warrior

  • 13 Oct 2022

4



El Cadillac Rosa
Combinación que podría resultar ganadora: una chica preciosa, un duro y alegre cazador de fugitivos interpretado por Clint Eastwood, muchos dólares en juego y un precioso Cadillac rosa de 1.959.
¿Qué podría salir mal en esta aventura? Pues muchas cosas, por desgracia...

Puede costar creer por tratarse de un maestro de su talla, pero el sr. Eastwood no estaba atravesando una buena racha a finales de los 80, aunque todas sus películas (o por lo menos la gran mayoría), independientemente de la década que sean, guardan un encanto especial para nosotros. ¨El Sargento de Hierro¨ inicia este oscuro sendero, y no hallará la luz al final hasta la aparición de ¨Sin Perdón¨; antes de rodar su particular visión de ¨La Reina de África¨ transmutándose en una figura nada disimulada de John Huston, Eastwood pasa por su ruptura oficial con Sondra Locke y por la muerte de uno de sus grandes mentores, Sergio Leone.
Quizás para huir de su lista de fracasos y estas turbulencias personales, se lanza a intentar un éxito en una comedia emulando el conseguido por ¨Duro de Pelar¨ y su secuela un decenio antes...y será la última vez que lo intente porque los resultados no fueron ni muchos los esperados. A partir de un guión de John Eskow (artífice de la posterior ¨Air America¨) el proyecto lo cubre el amigo Buddy Van Horne, quien ya le ha dirigido en la infumable última entrega de Harry Callahan, y si su pericia en la forma, la escenografía de la acción y la precisión narrativa ya demostraba ser un desastre en aquélla, en esta ocasión se supera a sí mismo, aunque al menos no se toma en serio como sí hacía ¨La Lista Negra¨.

Tampoco Eastwood. Coge a sus duros agentes de la ley y los parodia muy desenfadado en la piel del sarcástico y caradura Tom Nowak, que caza a los fugitivos cual forajido del salvaje Oeste; y este retorno a sus orígenes le permitirá volver a plantear una aventura que enlaza, en espíritu, con la citada ¨Duro de Pelar¨, ¨Un Botín de 500.000¨ o ¨El Aventurero de Medianoche¨. Esto es: el regreso a ese escenario tan nostálgico como es la Norteamérica profunda de las largas carreteras solitarias, los bares de suelos viscosos, los coches de época, los frondosos bosques, el ¨country¨ y las bandas peligrosas. Pero el gusto por recorrer esta tradición iconográfica se halla entre los ribetes de una especie de ¨thriller¨ difícil de catalogar.
En él, Lou Anne, la mujer de un descerebrado (Roy) que pertenece a una banda de locos pistoleros neo-nazis (o vaya usted a saber qué), roba su Cadillac (un precioso coche volverá a ser ¨macguffin¨, más significativo, en ¨Gran Torino¨) y con él 200.000 dólares que se suponen falsos. Teniendo en cuenta cómo el guión desarrolla los hechos (dejando que la casualidad actúe en lugar de la sagacidad de los personajes), más que a las películas con las que comparte sus elementos, ¨El Cadillac Rosa¨ remite al desenfreno de ¨Huida a Medianoche¨ (también con un cazador de fugitivos) y ¨Cobra¨ (grupo de tarados asesinos que se cree un ejército peligroso incluido) mientras suaviza la cínica aspereza y la extrema violencia de las otras ¨road movies¨ de parejas.

Como ¨La Huida¨ y ¨Ruta Suicida¨, pero sin llegar a la vena dramática de ¨The Sugarland Express¨, si bien tenemos a otra madre desesperada y acorralada en busca de su criatura. La fuga, la cacería continua, el engaño y la farsa mueven esta trama donde Tom y Lou Ann, a la que ¨da vida¨ la buena cantante y pésima actriz Bernadette Peters (Eastwood no quiso a Barbra Streisand en ¨Ruta Suicida¨, ¿por qué pasaría por el aro esta vez?), deben colaborar si quieren sobrevivir. Pero no existe verdadera tensión en todo esto pues los enemigos no son feroces como quieren parecer ni los escollos a superar son tan difíciles, sobre todo si el guión va introduciendo a personajes auxiliares con los que ir avanzando (clama al Cielo el que encarna Geoffrey Lewis...).
Tampoco existe una verdadera química entre los dos supuestamente derrotados y acorralados protagonistas (ni de casualidad se acerca a la que compartían Shockley y Gus), y el mejor ejemplo para apreciar los kilómetros de distancia que separan al Tom de Eastwood y a la Lou Ann de Peters está en esos instantes en los que improvisan como pareja cazafugitivos, una de esas tantas secuencias de relleno sobrantes en ese metraje que casi llega a las dos horas. Metraje que se alarga por la extraña manera de querer combinar humor alocado, violencia, algo de drama social y acción palomitera.

No juega en su favor el que la historia, conducida hacia ese obligatorio enfrentamiento final que no resuelve nada, sea completamente previsible aun apoyándose en la necesidad de improvisación de Tom, quien sin querer se convertirá en un héroe transparente al rechazar la tentativa de Alex a convertirse en un asesino igual que ellos (y aunque parezca mentira Eastwood nunca ha dado vida a héroes, ni en sus ¨westerns¨ ni en sus policíacos, y mucho menos transparentes). Como una versión luminosa y amable de Shockley y el cowboy de ¨La Muerte tenía un Precio¨, Eastwood vuelve a revelar ese lado suyo tontorrón, entrañable y divertido que no encontramos mucho en su obra y que a menudo resulta un placer hacerlo.
Pese a sus buenas intenciones y contar con algunas presencias reconocibles como la de Bill Moseley, Timothy Carhart, Michael des Barres, Bryan Adams y ese joven Jim Carrey haciendo de sí mismo (y que ya había aparecido en ¨La Lista Negra¨), ¨El Cadillac Rosa¨ se estampó como su coche, pero sin poder arrancar de nuevo. Tal castaña se dio que sigue invicta como la obra menos exitosa a todos los niveles (de taquilla y de crítica) en la carrera del actor/director, cuyo resultado se apreció al estrenarse compitiendo con la tercera entrega de las aventuras de Indiana Jones.

Un irregular y confuso ¨finale¨ para aquellos convulsos 80 convertido en pieza de museo (que no de culto) para los fans de aquél que daría paso a una década redentora y de mayor importancia...



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Ficha Siete Psicópatas

Mad Warrior

  • 13 Oct 2022

8



Siete Psicópatas
¿Están hartos de esas películas estereotipadas de Hollywood con una panda de psicópatas asesinos o tíos con armas en las manos y sangre salpicando la pantalla?
No se preocupen, el sorprendente film que nos disponemos a ver no sólo trata sobre la violencia, sino sobre otras muchas cosas...como amor y paz...

Hay algo que se está perdiendo en el cine actual, y es el talento para narrar historias que atrapen desde el principio y además contengan situaciones y personajes interesantes, a quienes siempre quieras escuchar y seguir; algo como esto no tiene cabida en una industria en la que cada vez con más asiduidad se reemplazan las historias y el tratamiento de personajes por la acción, los movimientos rápidos de cámara y el uso de efectos visuales. Pero al igual que otros realizadores de su generación, a Martin McDonagh poco o nada importa este decadente panorama.
En 2.008, y tras el cortometraje ganador de un Oscar ¨Six Shooter¨, el natural de Londres (de descendencia irlandesa) se estrenaría en el mundo del cine tras demostrar su habilidad como dramaturgo durante más de diez años con el sensacional ¨thriller¨ ¨Escondidos en Brujas¨, laureado por la crítica y logrando un moderado éxito en taquilla. Deberían pasar tres años hasta que decidiera volver a filmar una película, en la que no sólo iba a imprimir (nuevamente) su gusto por el humor negro y la dinamitación de géneros, sino su conocimiento del cine, así como sus recursos formales, arte y lenguaje.

Dicha práctica de metaficción llega incluso a establecer un reflejo torcido del director, cuya imagen especular será el protagonista, con el que compartirá su nombre y nacionalidad, Martin Faranan, escritor en pleno proceso creativo de un guión (llamado, para más inri, ¨Siete Psicópatas¨) que no ve el momento de despegar, y cuyo bloqueo mental se ve condicionado por tres factores: su alcoholismo, su novia Kaya, a la que no ama, y su chiflado amigo Billy, quien maneja junto al misterioso Hans el lucrativo negocio de secuestrar perros...hasta que raptan al equivocado.
Sin desviarse demasiado del tono de su obra anterior, McDonagh emplea unas certeras dosis de humor negro que recorren desde el mismísimo principio (con una impagable secuencia de apertura) hasta el final los diferentes vaivenes de una trama en apariencia sencilla y en el fondo enrevesada, dividida, como el propio Marty nos anuncia más tarde (revelando su auténtica función de inconsciente maestro de ceremonias) en dos partes, sirviendo la primera de presentación de los múltiples personajes que cruzarán sus vidas, pasados y destinos, y en cuya psicología y emociones se inmiscuye sabiamente el director.

Pero esta trama sufre además una curiosa bifurcación que la escora del lado de la extrañeza; por una parte tenemos una divertida intriga criminal deudora de Tarantino en la que se ven envueltos los protagonistas y un mafioso sin escrúpulos, y por la otra McDonagh no sólo plantea una seria reflexión sobre la soledad, la imposibilidad de hallar la redención y la brutalidad inherente al ser humano, sino que lo hará combinando ficción (la del guión que escribe Marty) y realidad. Realidad en la cual la violencia de la historia de la nación se descubre llevándose a cabo una radiografía de América a través de sus anomalías, en una línea similar a la ofrecida por los Coen.
Para ello el director irá atrás en el tiempo y lo trastocará permitiéndose brindar una identidad (pero privar del privilegio de la absolución), a algunos de los criminales más famosos, desde el Asesino del Zodíaco hasta el de Kingsbury Run. Aunque esta obsesión por el origen de la violencia llevará a profundizar en la de la historia en sí con el personaje del vietnamita, disfraz (pronto descubierto) del monje Thích Quang Duc (cuya muerte por autoinmolación pasaría a ocupar una página negra en la Historia de Vietnam); hábil mezcla de desmitificación histórica y fantasía metaficticia que alcanza su cenit hacia la segunda mitad tras una mordaz reflexión sobre Ghandi.

Y lo hará por medio de las rocambolescas invenciones de Billy mientras el film queda en suspenso siguiendo las indicaciones de Marty (¨los protagonistas deberían largarse hacia el desierto y limitarse a hablar...¨) hasta ese final para el que se nos ha ido preparando donde se desata un espectáculo lleno de artificio e ilógica en la tradición de Rodríguez que sustituirá a la calma precedente y que hacía de ¨Siete Psicópatas¨ un extraño y lírico ¨western¨ sin conflictos con la omnipresencia elegíaca del paisaje americano. Alucinatoria irrupción antes de la descarga de acción frenética que coronará el gran monólogo de Hans.
McDonagh combina elementos, juega con los más trillados códigos cinematográficos y los desmitifica, recogiendo por el camino influencias de Guy Ritchie, Tony Scott, Peckinpah, Malick, los nombrados Tarantino y Coen o el film ¨Adaptation¨ además de hacer alusiones directas a Scorsese y Kitano (Marty y Billy ven en un cine ¨Violent Cop¨). Destacar la fotografía de Ben Davis, la música de Carter Burwell y un elenco de enormes actores brindando impagables interpretaciones, a menudo autoparódicas, como Christopher Walken, Colin Farrell, Woody Harrelson, Tom Waits o Harry Dean Stanton...aunque quizás ninguno consiga eclipsar a ese hipnótico Sam Rockwell, que se come la pantalla cada vez que aparece.

Por desgracia, el director no aprovecha a dos buenas actrices como Abbie Cornish y Olga Kurylenko (Marty expresa esta idea de la mejor manera: ¨es un mundo difícil para las tías¨). Pese a lo políticamente incorrecta que sea, esta fascinante rareza del cine alternativo, posmoderno si se prefiere, cuyo paso por la taquilla fue bastante lucrativo para McDonagh, también posee un ingenio y fuerza atrapantes, con la capacidad de conmover, divertir y hacer reflexionar por igual.
¿Logran eso muchas películas actualmente? Creo que la respuesta es ¨no¨.



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