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Ficha Tiempo para mí

franjadimo

  • 17 Oct 2022

6


Tiempo para mí
Pues es una película que recurre a situaciones y chistes ya vistos en muchas películas y los protagonistas por momentos son simpáticos y en ocasiones insoportables , también hay mucho personaje ridículo y que no aportan nada a la trama , por lo demás entretiene lo justo y se puede decir que no se espere grandes sorpresas ya que todo es muy básico.



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Ficha El Justiciero de la Noche

franjadimo

  • 17 Oct 2022

7


El Justiciero de la Noche
Me pareció igual de buena a las anteriores , claro está que Charles Bronson está más involucrado con el personaje y es más letal , creo yo está es más violenta que las anteriores entregas , aquí hay varias muertes una batalla campal y hasta racismo y clasismo , buen clásico que mantiene la esencia de la primera parte.



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Ficha La Recompensa

Mad Warrior

  • 15 Oct 2022

6



La Recompensa
Según dijo un amigo que fue a pasar unas vacaciones en Dublín, el término ¨cute hoor¨, tan de jerga irlandesa y tan confuso, se refiere de manera general a las maniobras sucias y reprobables de individuos que sacarán beneficio con ello, si bien se extiende a un contexto histórico más amplio y sobre todo político, donde es aplicado con mucha socarronería.

Serviría de perlas para definir a cada uno de los individuos que pueblan el ecléctico escenario urbano mitad irlandés, mitad británico, en el cual nos sumerge el señor Ian Fitzgibbon, otro de esos que surgieron de las filas de la conocida Generación de Cineastas Irlandeses del Nuevo Siglo (de donde podríamos sacar a Lance Daly, Kirsten Sheridan y los más populares Martin McDonagh y John Crowley), en un momento en que ha ganado cierta repercusión gracias a la hábil comedia negra ¨A Film with Me in It¨, todo un orgullo para su productor Alan Moloney.
Éste, con quien ha colaborado desde sus tiempos de realizador televisivo, esperaba de él un gran salto al mundo del cine, y con la confianza del bien recibido debut se pudo invertir más dinero para hacer realidad el libreto del prestigioso dramaturgo y guionista (que ha escrito para la mitad de directores antes mencionados) Mark ORowe, pero el coste es menor en Inglaterra y al final se filma más allí que en Dublín, causa de los muchos retrasos sufridos en la producción. Quizás esto es lo que da a ¨Perriers Bounty¨ la sensación de urgencia durante casi toda su primera parte, a pesar de ser presentada bajo un halo de misterio, difuso y a la vez atractivo.

Bajo la voz áspera, cansada y llena de mordacidad que provee Gabriel Byrne nos adentramos en esta Dublín un tanto melancólica, como si fuese a ser testigo de una serie de hechos imposibles de cambiar, y es que hay una cierta atmósfera de insatisfacción pululando por encima de las cabezas de todos los individuos que a su vez pululan por debajo de la ciudad. Uno es Michael con el aspecto de un Cillian Murphy desaliñado y barriobajero, héroe de la aventura urbana que Fitzgibbon prepara en 48 horas y que desde su inicio posee cierto sabor a Guy Ritchie (el escenario es en realidad Londres), Tarantino, pero más aún a McDonagh.
El argumento está sacado de una novela negra de bolsillo y tampoco se puede rascar mucho; en esencia ¨Perriers Bounty¨ nos devuelve a las historias de criminales sin escrúpulos, chicas venidas a menos, perdedores carismáticos y violencia sin edulcorar de toda la vida. No es necesario mencionar un referente/inspiración clásico de esta película porque pueden salir decenas de miles, pero ORowe le da ese aire fatalista tan interesante, lo inunda todo de pesimismo, mientras Fitzgibbon lo interpreta a su manera irónica y un tanto alocada para mantenernos enganchados.

Como Michael, tenemos un amplio mosaico de personajes bajo el estigma de la mala suerte, desde la pobre Brenda (una jovencita Jodie Whittaker que enamora a cualquiera) al moribundo padre de Michael (impagable, como siempre, Jim Broadbent), pasando por el gángster local de poca monta ¨Mutt¨ o el temible cacique Perrier (Brendan Gleeson, una vez más coincidiendo con Murphy, y sublime esté donde esté), y todos se irán encontrando y separando, y las acciones de unos, como es habitual, tendrán su repercusión en las vidas de otros. De ahí que la culpa y la amargura no les dejen aire para respirar y les mantengan siempre en la incertidumbre.
Sin embargo el gran distintivo de la historia de ORowe es la presencia del amor; poco corriente de la ¨crook story¨ y el cine de gángsters de antaño al que se homenajea, pero aquí hay amor visceral circulando por todas partes: el de un padre y un hijo (Michael y Jim), el de Michael por Brenda, el de Perrier por sus secuaces, el de los porteros Russ y Jerome hacia sus mascotas (esos bonitos rottweilers), incluso hay amor homosexual entre mafiosos. Lo malo es que el director vicia la atmósfera de cinismo y violencia de tal modo que dicho amor acaba convirtiéndose en tragedia, y volvemos así a la culpa inevitable que arrastra a los personajes a la desolación.

Pero también de un macabro sentido del humor muy basado en la resignación (puede que Jim sienta que se está muriendo, pero lo acepta casi con entusiasmo; Brenda llora destrozada y Michael no tiene otra cosa para darle que un pañuelo, al final ríe, aceptando lo que tiene). Este humor termina de dar un toque de ligereza al conjunto y caricaturiza tanto fatalismo, no de una forma tan hábil a como hicieron los Coen en ¨Fargo¨, Gary Fleder en ¨Cosas que Hacer en Denver cuando estás Muerto¨ o McDonagh en ¨Escondidos en Brujas¨, pero podría acercarse esta visión.
Quizás por culpa de dicha ligereza impuesta, totalmente ¨ritchiana¨, algunas vueltas de tuerca resultan una sorpresa decepcionante, ya que hasta entonces se apreciaba cierto nivel de ingenio, en especial durante los últimos cuartos de metraje (de haberse dado la muerte de Michael, tal y como la tenía planeada el terrible Perrier, nos habríamos quedado catatónicos...en lugar de eso Fitzgibbon lo despacha del modo más torpe y previsible, y lo peor de todo: dejando que la justicia equilibre la balanza al más puro estilo americano).

Estos fallos (y otro a nombrar es no desarrollar la subtrama del asunto del robo y chantaje de ¨Mutt¨) dejan el film cojo, en poco más que un interesante entretenimiento, pero entretenimiento al fin y al cabo, y recuperación divertida, bruta, directa, lúgubre y trepidante del mejor ¨western¨ gangsteril, que tampoco es algo desdeñable para los que somos fans del género, ya que hemos de irnos siempre a épocas clásicas por no encontrar nada decente en el cine contemporáneo...



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Ficha O Brother!

Mad Warrior

  • 15 Oct 2022

9



O Brother!
¨Vosotros tres encontraréis una gran fortuna, aunque no sea la fortuna que buscáis. Pero primero tendréis que recorrer un camino largo y difícil, lleno de peligros; cosas contemplaréis que os asombrarán...

...Veréis una vaca sobre el tejado de un cobertizo, y otras muchas maravillas...no temáis los obstáculos de la ruta, pues el destino ha dispuesto ya la recompensa¨. Con estas proféticas palabras los Coen dan comienzo a su particular odisea, no a través de una tierra mitológica, sino de los EE.UU. de los años de la Gran Depresión.
Con muchos puntos en común con ¨La Odisea¨ de Homero y llevando el título de aquel libro que el protagonista de ¨Los Viajes de Sullivan¨, del director Preston Sturges, quería adaptar al cine, ¨O Brother!¨ nos cuenta la gran aventura de los presos Everett, Delmar y Peter, tres tarambanas que, bajo la falsa promesa del primero, un caradura con un pico de oro y obsesionado con su pelo, de ir en busca de un tesoro que éste había enterrado, burlan a los guardias y huyen a través de caminos desiertos y bosques.

Y en esto que hallarán, efectivamente, una inesperada fortuna que ellos, en su infinita ignorancia, desconocen, mientras se tropiezan con atracadores de bancos, políticos corruptos, ninfas de aspecto humano, un negro que ha vendido su alma al Diablo para poder tocar la guitarra y hasta el mismísimo Ku Kux Klan. Sin duda será una peripecia de proporciones épicas que no sólo representará un cambio para sus vidas, sino para toda América, en un momento en el que el país atraviesa una gran crisis.
Bañado en nostálgicos tonos sepia y acompañada de una entrañable banda sonora llena de temas tradicionales, este film, aun estando situado más o menos en los mismos años en que transcurría la trama de ¨Muerte Entre las Flores¨, no tiene nada que ver con aquel. Los hermanos Coen deciden adaptar en plan sátira la mítica ¨Odisea¨ de Ulises tomándose algunas libertades históricas y trasladándonos a los profundos EE.UU. de la Gran Depresión.

En ella afloran tiempos de cambio para la nación, tiempos de gangsters, de supersticiones, de corrupción política y también de búsqueda de esperanza, a la vez confiriendo a todo un toque ensoñador, casi de fantasía, donde ese viaje de los protagonistas se configura como una travesía épica trascendental, que a pesar de estar ubicada en un mundo repleto de violencia, injusticia, mentiras, racismo y pobreza está sin duda regada de optimismo y de oportunidades.
¨O Brother!¨ figura como una de las películas más luminosas y positivas de los Coen, junto con ¨Arizona Baby¨ y ¨El Gran Lebowski¨, en la cual los personajes consiguen la salvación pese a sus equivocadas decisiones; nada que ver con la amargura y el cinismo que destilaban obras anteriores como ¨Sangre, Fácil¨ o ¨Fargo¨. Pero ¨O Brother!¨ no es sólo reveladora, idílica, emocionante y llena de acción, sino también tremendamente divertida; de hecho el humor negro del film, elevado casi a niveles surrealistas, atraviesa toda la trama, haciendo acto de presencia desde el primer momento, donde vemos al trío corriendo tras el ferrocarril e intentar subirse a él.

Y no es la única escena memorable que los directores nos regalan, sobresaliendo la de la ceremonia del Ku Kux Klan, la del hundimiento del valle, la persecución de ¨Baby Face¨ Nelson y por supuesto el momento en que los protas cantan, como los Soggy Bottom Boys (homenaje al grupo de ¨bluegrass¨ Foggy Mountain Boys), la inolvidable ¨Man of Constant Sorrow¨. Los personajes del film tampoco tienen problemas para imbuirse en la comedia del mismo, en especial el trío protagonista.
George Clooney sabe sacar su lado más autoparódico y payaso caracterizado como un Errol Flynn de garrafón y con una labia que pa qué como ese Everett Ulysess McGill, acompañado de unos brillantes Tim Nelson y John Turturro a los que se les da de miedo hacer de idiotas. Repitiendo con los Coen están John Goodman, en un pequeño papel que manda narices, Holly Hunter, tan odiosa como en ¨Arizona Baby¨, y un gran Charles Durning encarnando a ¨Pappy¨ ODaniel, parodia del que fuera gobernador de Texas, W. Lee ODaniel.

Todos estos elementos, seguidos del gran trabajo de fotografía de Roger Deakins, la grandiosidad de su puesta en escena, el cuidadoso diseño de producción de Dennis Gassner y los logrados efectos especiales, dan como resultado uno de los más brillantes trabajos de la filmografía de los Coen, tan alabado como infravalorado.
Para mí, sin duda, es de los mejores.



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Ficha La Puerta del Cielo

Mad Warrior

  • 15 Oct 2022

9



La Puerta del Cielo
Atravesando Wyoming en tren con destino a Johnson County, el tiempo perfila las líneas del cansado rostro de James Averill mientras dice adiós a un pasado lleno de felicidad y esperanza...

Adiós para, como marshal, encarar un presente de polvo y fuego en una tierra que se desangra. Y es que solo un adjetivo define como ningún otro ¨La Puerta del Cielo¨: tristeza, y con mayúsculas, tristeza ilimitada ante la realidad de un país forjado desde la codicia y el monopolio de la violencia siempre en beneficio exclusivo de las clases dominantes; tristeza ante ese falso sueño de prosperidad sólo alcanzable por unos pocos y desolación ante la imposibilidad de que algo cambie. Este punto de partida condiciona todas las secuencias de una gran obra que sería la principal responsable de la quiebra de United Artists.
La productora, ya en una difícil situación económica desde finales de los 70 y que la grandiosidad y los desajustes presupuestarios de aquélla hicieron empeorar. Un momento importante en el cine americano: tras los Oscar recogidos por la magistral ¨El Cazador¨, Michael Cimino parecía uno de los nuevos prodigios de Hollywood, alguien a quien no se le podía negar nada de cuanto pidiera por muy delirante que sonara su visión de la Historia de los EE.UU., convertida en terreno sobre el que asentar su alegoría sobre la violencia y la ausencia de algo parecido a la verdadera justicia.

Una idea que venía madurando desde hace tiempo pero nunca pudo llevar a cabo, a partir de la célebre y luctuosa Batalla de Johnson County de 1.892, uno de los más vergonzosos y ocultos acontecimientos que vivió la nación durante el siglo XIX, convenientemente ¨revisado¨ por él al guión (pues si bien se respetan nombres de individuos que realmente participaron en la guerra, los eventos narrados distan bastante de los auténticos). El film contiene alguna de las secuencias más bellas y largas del cine americano moderno; recordando la boda de Steven y Angela cuya extensión se alargaba casi una hora, ahora es otro gran momento el que abre la historia.
En este caso se trata con todo lujo de detalles la ceremonia de graduación de James y William en el Harvard de 1.870, de esos jóvenes apuestos y despreocupados que dos décadas después se habrán de convertir sin saberlo en implacables hombres de negocios conscientes de sus privilegios y de la necesidad de defenderlos a ultranza; la elipsis nos arrastrará de la mano del primero a esa lucha entre los miembros de la Asociación de Ganaderos de Wyoming y cientos de inmigrantes llegados al país procedentes de Europa atraídos por la posibilidad de establecerse como campesinos en la nueva tierra de las oportunidades.

Pero no tardan en darse cuenta de que tal leyenda no es sino un reclamo que al convertirse en realidad hace de ellos poco menos que un ingente ejército de mano de obra barata; a ese desgraciado despertar a la realidad se une el desdén de ese grupo de terratenientes y ganaderos que prefieren agotar los recursos del terreno, y poco importa que las leyes federales contemplen la posibilidad de asentar a miles de familias campesinas dedicadas a otros tipos de producción, ya que eso supondría el final del monopolio sobre la tierra y su uso. Y aquí está ese otrora licenciado James, quien decidió cambiar la toga por el menos vistoso y rentable uniforme de agente de la ley, como el único obstáculo entre inmigrantes y ganaderos.
Éstos lanzando una imagen denostable de los primeros, a quienes transforman en el arquetipo del anarquista, agitador o ateo, paso previo a la acusación de violentos y subversivos, palabras clave con las que predisponer a la opinión pública ante una matanza selectiva orientada a sembrar la huida de esos desheredados. Los colores que provee Vilmos Zsigmond a su fotografía refuerzan esa sensación de melancolía, que Cimino registra con un virtuosismo indescriptible y un romanticismo desgarrador para transmitir el horror y la desolación de la fatalidad histórica, como habrían hecho Peckinpah, Fuller o Huston.

Seguiremos de cerca a este entregado Kris Kristofferson, en su más compleja y conmovedora interpretación, recurriendo a los camaradas que tiene entre la población inmigrante; uno de ellos es la arrebatadora Isabelle Huppert como Ella, la ¨madame¨ francesa cuyo amor James comparte muy a su pesar con Nate, uno de los capataces de los ganaderos (Christopher Walken gozando de una presentación y un final soberbios, de lo mejor que ha hecho en su carrera). El director seguirá tejiendo el patrón circular que sostiene al argumento con un motivo esencial que parece ser ese recurrente vals.
Pero el último baile circular es sin duda el de la muerte, pues casi de forma inconsciente las víctimas, que no comprenden qué pecado puede haber en simple hecho de existir, se encaminan hacia su aniquilación, y sólo en el último instante, cuando la única defensa es la más desesperada, asumirán su papel en esa impactante batalla donde la violencia se perfila como la salida más sensata hacia la supervivencia y la salvación. Impactante en su uso de la destrucción y la crueldad, Cimino nos arrastra a un terrorífico espectáculo cuya minuciosidad por la conciencia del movimiento y el regocijo en el caos nos asfixia entre polvo, sangre, cadáveres, caballos sudorosos y tiránicas muertes.

Con secuencias de este tipo que dispararon el presupuesto y el carácter intratable del cineasta, quien llevó al extremo su libertad creativa, nació una leyenda negra que culminó en una sala de edición donde éste engendró o bien un delirio de autor iluminado y mesiánico o una epopeya trágica y forzosamente romántica sobre la Historia americana...
Epopeya que hizo romper sus lazos con una United Artists que encaró una de las catástrofes comerciales más estrepitosas del cine, al estrenar un horroroso montaje reducido, el cual, en su versión íntegra de más de tres horas (la mejor, claro) se alza como un ejercicio audaz y virtuoso...puede que uno de los últimos grandes ¨westerns¨.



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Ficha Marcado por el Odio

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

8



Marcado por el Odio
No todos los campeones nacen como campeones. A veces se ven obligados a emerger de las cloacas, limpiarse el fango, sacudirse el polvo, algo de sangre ajena y propia y mirar con determinación el presente y el futuro.
Así es como lo hizo Thomas Rocco Barbella.

Nacido a finales de los años 10 del siglo pasado, el tipo que luego se apodaría Rocky Graziano creció en territorio neoyorkino pero en el seno de una familia de inmigrantes italianos; además, el barrio en el que se cría es especialmente conflictivo debido a la pobreza y a las dificultades de adaptación a la sociedad anglosajona de sus habitantes, la mayoría de ellos procedentes del viejo continente. Él no es más que uno de esos centenares de jóvenes buscavidas envueltos en una carrera delictiva que no les lleva a ninguna parte; y acostumbrado a la calle, cumple a rajatabla con su código de honor.
Esto es: mantenerse respetuoso con esa familia a la que sin embargo sume en una zozobra constante, leal a sus amigos y compañeros de fatigas y dispuesto a mantener a golpes su bien ganado prestigio. Y si bien su historia real es mucho más rica en sombras que en luces, especialmente una vez llegado su momento de introducirse en el boxeo profesional en cuyos ambientes estuvo al parecer mezclado con los manejos de la mafia, lo cual estuvo a punto de dar por terminada su carrera deportiva, Hollywood decidió ser indulgente con él y convertirle en estrella de un ¨biopic¨ en el que ejemplificar algunos de los matices más recurrentes del ¨sueño americano¨.

Las cosas no salen como quieren los productores pues James Dean, a quien iba destinado el papel, fallece en Septiembre de 1.955, pero un camarada suyo y alumno del mismo Actors Studio llamado Paul Newman, había opositado para encarnar al boxeador y finalmente fue escogido (si bien su parecido físico, más cerca de Sterling Hayden o Victor Mature, era pura coincidencia). El natural de Ohio se enfrenta a una prueba de fuego donde demostrar sus habilidades e intentar encubrir el fiasco de ¨El Cáliz de Plata¨, por suerte le dirige un artesano tan capaz e inteligente como Robert Wise, que rechaza de plano filmar en estudio y decide hacerlo a pie de calle.
Es vital su deseo de lograr un realismo directo y crudo, pues la vida del protagonista así lo demanda; lanzado a la delincuencia y a ser perseguido por la policía, a patear las aceras, es sólo cuestión de tiempo que dé con sus huesos en una cárcel o reformatorio, mientras se le aparece el temible reflejo de un padre, boxeador fracasado que ahoga sus penas en el alcohol y calma su frustración a base de maltratar a sus propios vástagos. Wise nos introduce en este duro mundo y lo pinta cual lienzo con el blanco y negro deprimente que le provee Joseph Ruttenberg, a la vez que saca el mejor partido de los decorados, donde filma secuencias nocturnas, y la dirección artística de Malcolm Brown y el maestro Cedric Gibbons.

Todo ello mientras analiza lo que es la vida íntima del protagonista, en el entorno familiar y amoroso; su lucha desesperada por salir de la pobreza y un entorno social desfavorable viene a demostrar a esas nuevas y perdidas generaciones de los años 50 que era posible dejar atrás la marginación e insertarse en el éxito y en la cómoda vida de las clases medias, aunque deba de chocar con la sed de venganza de esa sociedad que considera que su lugar está en el ejército, donde le meterán en cintura; su madre, a quien da vida una soberbia Eileen Heckart, es el único atisbo de bondad y comprensión que halla.
Tras tener en el ejército algo parecido a ese hogar que dejó atrás en el instante de ser encarcelado, vuelve al duro y corrupto ambiente de las calles en los que otros chavales como él sueñan con ganar la gloria a base de puñetazos; aprenderá también que el boxeo se divide entre su deseo de regeneración y la codicia de agentes, promotores y mafiosos de todo pelaje que pretenden hacer de él una pieza más de su engranaje criminal. Sólo la presencia de un viejo amigo y la perseverancia de esa Norma convertida en su pareja en quien ve reflejada la sombra de la madre ausente le servirán de apoyo.

En manos de un director dotado para la narración concisa y equilibrada entre la pura acción, la intriga y los momentos de melodrama, sin olvidar que ya se inmiscuyó con eficacia en el ambiente pugilístico con ¨Nadie puede Vencerme¨, esta ¨Somebody Up there likes Me¨ se presenta tan ágil y entretenida como desgarradora, y logra atraer desde el primer momento las simpatías del espectador gracias a un personaje que ve los códigos callejeros reflejados en ese brutal deporte, que pelea en la vida real para triunfar ejerciendo la violencia, y que huye de la presión deshonesta y de la ley cuando se ve acorralado para no poner en peligro su prestigio.
De este modo, la lucha de Graziano es una lucha mil veces vista, sí, pero aquí es donde nos beneficiamos del buen oficio de Wise y de la presencia arrolladora de un juvenil Newman, que como alumno aventajado del Actors Studio supo ofrecer toda esa fuerza incontrolable y a punto de estallar que hacía de su encarnación del boxeador totalmente creíble; por otra parte, si bien su papel es el núcleo de toda la acción, otros de tipo secundario contribuyen de manera decisiva a trazar las líneas de esa atmósfera de perdedores que, en la habitual épica romántica de los 50, eran provistos de un punto de ternura y vulnerabilidad...

Destacar en este sentido a la magnífica Pier Angeli en el papel de la sufrida pero leal novia del héroe, y de Sal Mineo, que repite con ciertos matices esa figura trágica e incomprendida que tan buen resultado arrojara en su John de ¨Rebelde sin Causa¨.
Alternándose entornos conocidos del universo del boxeo con otros procedentes del melodrama carcelario y una introspección de personajes dura y cercana, ¨Somebody Up there likes Me¨ conserva su fuerza, discurso y poder visual y dramático intactos. El trampolín para Newman y bien merecedora de esos dos premios Oscar.



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Ficha El Gran Carnaval

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

8



El Gran Carnaval
En muchos aspectos una nueva etapa va a iniciarse en el cine de Billy Wilder; después de rasgar hasta los hígados del propio Hollywood con su demoledora ¨Sunset Boulevard¨, que irónicamente ha sido una sensación en la ceremonia de los Oscar...

Aquél se separa de su magnífico colaborador Charles Brackett y va a prepararse para ejercer de productor además de guionista, dado que el tremendo éxito de su anterior obra le dio la suficiente confianza como para exigir un control creativo total sobre la producción...pero ésta va a estar plagada de problemas, y desde el principio, desde que Victor Desny confecciona una historia basada en la tragedia de William F. Collins, explorador que en 1.925 quedara atrapado en la cueva de Sand Cave y el incidente se convirtiera en uno de los fenómenos periodísticos más grandes de todos los tiempos al convertirse su rescate, por desgracia fallido, en todo un circo.
Un ejemplo más acerca de la falta de dignidad de los medios de comunicación que aseguraron al director el pilar para la recreación de aquellos hechos, un borrador adquirido sin permiso y que le costaría una demanda judicial; en un acuerdo con Warner los de Paramount consiguen a Kirk Douglas, quien da vida a Charles, reportero distinguido por su carácter agresivo y afición al alcohol. Wilder se esfuerza por perfilar a este personaje desde su violento cinismo y cada línea de diálogo, palabra o gesto que profiere lo corrobora, y sobresale nada más llegar a la nueva oficina de Alburquerque donde termina trabajando después de perder su empleo original en New York.

Pero atento a cuanto le rodea y a la posibilidad de hallar una noticia de alcance nacional que reverdezca sus viejos laureles profesionales, cree haber encontrado su salvación cuando en el transcurso de un reportaje de rutina sobre ciertas costumbres locales descubre que un tipo, Leo Minosa, ha quedado atrapado en una vieja mina, y aquí es donde el director se levanta feroz en su descarnada crítica al negocio del periodismo sensacionalista, haciendo de ¨Ace in the Hole¨ el vehículo perfecto con el que denostar desde la razón y la indignación a esa modalidad de supuestos informadores y a la bienpensante sociedad.
Sociedad íntimamente confundida por astutos charlatanes habituados a enardecer los instintos más primarios y encantada de figurar como colaborador necesario y pasivo de las trampas de sus protagonistas, a cuya cabeza se sitúa Charles, paradigma del manipulador y trasunto de William Miller, quien cubrió el rescate de Collins (como él, también aspira a ganar el Pulitzer). Pero éste no acapara la exclusividad de la maldad humana expresada con malicia por Wilder, pues para él esta es la visión de un mundo del periodismo que, lejos de informar remitiéndose a la crudeza desnuda de los hechos, los retuerce y falsea a su antojo.

Y con el propósito de generar una expectativa basada en el morbo y traducida simplemente en el beneficio económico de quienes participan en el progreso, en este caso, tal como los muestra el guión, son el entusiasta y en principio idealista compañero de viaje (Herbie) y la esposa lujuriosa de Minosa (Lorraine), ¨femme fatale¨ que cambia su decisión de abandonarle a él y a sus pobres negocios por una más que complaciente recogida de beneficios constantes.
Sin olvidar por supuesto a ese representante local de la ley y el orden (Kretzer), más interesado en su permanencia en el cargo que en salvar la vida de uno de sus conciudadanos, y pasando por una pléyade de individuos más o menos respetables que obtienen un lucro directo o indirecto al convertirse su pequeño pueblo en el foco de interés de todo el país, pues en pocos días lo que hubiese sido una misión casi rutinaria de salvamento se ha transformado en un gran espectáculo de masas que hace a la película estar ordenada de manera gradual, como si el guión emulara las fases de creación y crecimiento casi ilimitado de la gran bola de nieve informativa.

Así, mientras a lo largo del metraje nos preguntamos perplejos hasta dónde puede llegar la perfidia de todo este asunto, sólo nos resta abandonarnos a la crudeza de un señor director que se regocija en la amoralidad del más alto orden, pues los personajes implicados que contemplamos ejercen la maldad, se nutren de ella, como monstruos indignos, despojados de toda ética, y al final nadie en absoluto puede apelar al beneficio de la redención, proyectando la sombra enfermiza de una sociedad ávida de emociones fuertes, tan hipócrita, silenciosa y manipulable como peligrosa, y que de manera sistemática ignoran el sufrimiento de aquellos que les son más cercanos.
Unos y otros pueden ser responsables en última instancia de la muerte de un pobre tipo cuyo único error consiste en encontrarse con su destino en un momento equivocado. Este es el entorno de mohosas esquinas donde hemos de aparcar nuestras sensibilidades; interiores asfixiantes de oscuridad total (destacando esa caverna cada vez más privada de oxígeno) y exteriores áridos en cuya tierra se derrama el nihilismo en forma de pegajosos efluvios sudorosos, ambientes que Wilder compone gracias a la inestimable ayuda de los genios Charles Lang (a la fotografía) y Earl Hedrick (a la dirección artística).

Si bien esta es una obra donde todas las virtudes técnicas son necesarias para sumergirnos en sus registros visuales y sonoros, de gran carga emocional (pero emociones viscerales y truculentas que ponen a prueba la fuerza de nuestra mente y espíritu). Nada de esto impidió su fracaso de taquilla en la época...
¨Ace in the Hole¨ fue un audaz aldabonazo en la conciencia de una sociedad que acepta como algo natural la perversión de los más elementales rasgos de humanidad, y resiste el paso del tiempo sin perder un ápice de fuerza y cinismo...pues muchos paralelismos para nuestra desgracia podemos extraer respecto de nuestra sociedad actual. Todo sigue siendo una gran mentira, parte sustancial de un espectáculo que no por repugnante resulta menos atractivo.



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Ficha Vacaciones en Roma

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

9



Vacaciones en Roma
El romanticismo más inocente, la posibilidad de identificarse con unos personajes de verdadero ensueño, la magia del cine en todo su esplendor, todos esos elementos están presentes en ¨Vacaciones en Roma¨, una de las grandes obras maestras del Hollywood de los años 50.

Una película dirigida por un William Wyler que venía de hacer el gran melodrama ¨Carrie¨ y que a pesar del tiempo transcurrido desde su estreno mantiene intacta su capacidad de convocatoria ante un público que vuelve, una y otra vez, sobre los pasos de esa inocente pareja para compartir con ellos un día irrepetible cuyo desenfado contribuye, tanto o más que sus legendarios protagonistas, a ensanchar el mito. Para empezar en esta historia, escrita por John Dighton y el todoterreno Dalton Trumbo bajo uno de los muchos alias que utilizara durante la Caza de Brujas, nada mejor que un buen escenario.
Un escenario dotado de una imperecedera aureola de misterio como es la ciudad de Roma en aquel tiempo en que Europa empezaba a sacudirse los grises recuerdos de una guerra cercana para entrar poco a poco en una era de prosperidad y esperanza en la cual no había nada mejor que ser joven, como son el atractivo corresponsal y la angelical princesa. La confluencia de estos elementos son la base sobre la que se sustenta este film a medio camino entre la comedia sentimental y el recorrido turístico por la vieja y fascinante Europa.

Como corresponde a una historia que aspira a ser un cuento de hadas en clave contemporánea, ¨Vacaciones en Roma¨ parte de la sencillez de su premisa, que no es otra que el capricho del destino que hace que Ann, la princesa de un indeterminado país europeo de visita oficial en Roma, escape del control de su séquito impulsada por su deseo pueril de conocer la ciudad, lo que la hará cruzarse en el camino de Joe Bradley, quien se pone en contacto con un amigo que se encargará de fotografiar a ambos en sus idas y venidas; Ann, nada preparada para enfrentarse al natural cinismo de la profesión periodística, accede a pasar un día con su anfitrión.
Lo que sigue es el relato de unas horas en las que la improvisada pareja parece olvidarse de todo cuanto les rodea para divertirse con las pequeñas y grandes aventuras que les depara una ciudad repleta de personas y parajes memorables; a corta distancia, como parte de ese encuentro afortunado, el amigo capta y documenta con su cámara los momentos más felices y la despreocupada alegría que a cada instante se dibuja en el adolescente rostro de la princesa, pero el paso del tiempo y la cercanía hace que entre ésta y Bradley surja un sentimiento inesperado que ninguno quiere reconocer: un amor inocente y fresco para el cual no estaban preparados.

No obstante, el suyo es un idilio condenado a finalizar casi en el momento de haberse iniciado, pues Ann debe regresar a palacio para cumplir sus obligaciones oficiales; forzado entonces a elegir entre su plan inicial de extraer un beneficio de su encuentro con ella y la ternura que le inspira, más aún después del beso que ha marcado su despedida, el antes cínico periodista, a quien como un cómplice fiel acompaña su amigo el fotógrafo, deja que sea el amor el que se imponga, renunciando así al dinero pero ganando el recuerdo imperecedero de unas horas y unos momentos que permanecerán para siempre en su memoria (y en la nuestra).
Para abundar en el realismo, la película fue una de las primeras producidas desde las entrañas del ¨star system¨ donde casi la totalidad del rodaje tuvo lugar en escenarios reales y no en decorados, algo que no sucedía fuera del entorno del cine americano más independiente o de los duros dramas de contenido social que caracterizaron al neorrealismo surgido a partir de ¨Ladrón de Bicicletas¨; dejando atrás todo ese cúmulo de desgracias y angustias cotidianas, la cámara parece haberse despojado de cualquier asomo de tristeza para seguir a los personajes a lo largo de una ciudad que destila vigor y alegría, y con la vitalidad propia del mejor Hollywood hasta lograr Wyler el hacer de la ciudad un tercer protagonista.

Concebida como una variante de ¨La Bella y la Bestia¨ (bestia un tanto metafórica al estar interpretada por un actor de la presencia y el encanto de Gregory Peck, a quien cuesta recordar un papel de villano), esta obra elabora todo un imaginario al que contribuyen en igual medida los trajes de Dior, las vistas de la Piazza della Rotonda, los paseos en la entrañable y mítica vespa y los helados de cucurucho, siendo esta mezcolanza de lo cotidiano con lo sofisticado y lo inocente lo que hace aún más cercanos y ensoñadores a los personajes y sus vivencias, sin olvidarse uno de la música de Georges Auric y Victor Young y el trabajo de fotografía de Franz Planer y Henri Alekan.
Protagonizada por el gran Gregory Peck, después de que Cary Grant hubiera rechazado la oferta para el papel, y unos buenos Hartley Power, Harcourt Williams y Margaret Rawlings, ¨Vacaciones en Roma¨ marcó sobre todo el lanzamiento internacional de la preciosa actriz Audrey Hepburn cuyo físico menudo y delicado nada tenía que ver con el estándar de belleza femenino de la época (según Wyler, él encontró en la joven a la perfecta anti-Lollobrigida), y que apenas cumplidos los 20 años supo encarnar como nadie las virtudes casi adolescentes que adornaban al personaje de la princesa.

Aun siendo una producción modesta el film entró con buen pie en taquilla, donde se convertiría en éxito inmediato allí donde tenía lugar su estreno, como en las nominaciones de los Oscar de 1.953, en cuya ceremonia se alzaría con tres premios de los siete a los que era candidato.
Lógicamente, Hepburn fue la gran triunfadora de la noche por ese papel que ya prefiguraba a la protagonista de ¨Desayuno con Diamantes¨. No es difícil de reconocer; la princesa Ann no sólo enamoró a aquel corresponsal que tuvo la suerte de besarla...nos enamoró a todos.



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Ficha El Demonio de las Armas

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

8



El Demonio de las Armas
Un hombre y una mujer se abrazan tras cometer un atraco. Para él, la locura homicida de su amante está a punto de poner fin a su huida y a su propia existencia.
Ella rechaza con furia ese abrazo que en realidad es una señal de alarma para emprender lo que de todas formas sería un intento fallido de fuga...

Para ella las balas que silban alrededor de su cabeza son el cenit de su carrera delictiva y la apoteosis de una relación erótica a tres bandas en donde las armas de fuego adquieren una importancia muy superior a la de su amante; se escenifica así un último gesto de rebeldía congelado en la memoria de miles de aficionados al cine negro en ese plano glorioso y trágico que anuncia la muerte y el ascenso a la leyenda de los forajidos creados por la gran pantalla. A partir de ese momento de estruendo y de gloria la bienpensada industria americana se verá obligada a ir un poco más allá en su retrato de la violencia y los criminales.
El germen de esta película mítica que sin duda elevó de categoría el ¨noir¨ de serie ¨B¨ donde aparecen verdaderas joyas, fue una historia publicada a finales de los 40 en la conservadora y prestigiosa Saturday Evening Post por MacKinlay Cantor, redactor desprovisto de la suerte necesaria para convertirse en autor de renombre; ¨Gun Crazy¨ ofrecía a sus lectores el morbo y la necesaria dosis de sana indignación moral, siendo su figura central una joven que daba rienda suelta a sus dos pasiones vitales, el sexo y las armas, para acabar abatida (cómo no) por las balas de la justicia.

La historia en sí no habría pasado de un simple divertimento para los lectores amantes de la ley y el orden (de esos que se congratulan con la sociedad y consigo mismos observando cómodamente el auge y declive de todo tipo de forajidos) de no haber sido por el instinto narrativo de Dalton Trumbo, uno de los tristemente célebres ¨Diez de la Lista Negra de Hollywood¨ que aún mantenía intactos, pese a haberse convertido en un fuera de la ley, su talento de escritor y sus contactos con el sector izquierdista menos asustado de la industria.
Y uno de esos contactos resultó ser Joseph H. Lewis, genio del bajo presupuesto (y responsable de títulos a recordar como ¨Mi Nombre es Julia Ross¨ o ¨Relato Criminal¨), y ¨Gun Crazy¨ su proyecto más ambicioso. Para convertir en guión la crónica de las andanzas de esa chica indómita llamada Annie Starr, Trumbo aumentó los matices de su personalidad transformándola en estrella de circo que emula a las glorias del viejo Oeste a golpe de certeros disparos. Sin embargo su pulsión más íntima es la de la acción por la acción, tal vez una forma como otra cualquiera de superar un aburrimiento existencial, que parece llegar a su fin cuando la casualidad cruza en su camino a Bart, quien desde niño también ha sentido fascinación por las armas.

Alguien con las ideas más claras, que sabe a ciencia cierta que su lugar en el mundo siempre va a depender de cuanto dinero lleve en los bolsillos; pero su tragedia personal no es tanto su obsesión por disparar como su imperiosa necesidad de demostrar que existe. Esa íntima desazón unida al atractivo físico que siente hacia la figura ambiguamente erótica de Annie, será lo que acabe por sellar el destino de ambos...y es que el destino y la fuerza centrífuga de esta pareja incapaz de medir el alcance de sus acciones se alzarán como factores determinantes de una tragedia no exenta de lirismo.
Con su habitual destreza de artesano tras la cámara, Lewis captura la psicología más oscura de unos personajes de los que jamás se separa, empezando por la introspección de la infancia de Bart (que se comprende de imágenes bastante duras), y prosigue una narración precisa llena de vitalidad y no poco atisbo de innovación en aquellos lejanos 50 (la magnífica secuencia del robo desde el interior del coche rodada en una toma). Como de costumbre en los más reconocibles parámetros del cine negro, es la mujer la que arrastra al hombre a la vida delictiva y a un más que posible final apocalíptico; sí, el director parece manejar arquetipos del género...

Pero la visión de Trumbo los dota de una profundidad mayor, de una abrasiva vigorosidad y desnudez quizás nunca antes vista, y es indudable que Annie despierta un nuevo modelo dentro de la ¨femme fatale¨ del ¨noir¨ (además de influenciar a futuras y rebeldes heroínas dentro del muy masculinizado ¨western¨); la improvisación artística motivada por la falta de un verdadero presupuesto junto con el nervio de Lewis garantiza un torrente de visceralidad en pantalla siguiendo la locura y violencia de estos homólogos de Clyde Barrow y Bonnie Parker de la sociedad de posguerra.
En el camino aprende a captar el desesperado romanticismo de ese tipo de personajes; como en todos los caminos a ciegas y en pos de la nada más absoluta, no existe posibilidad de retorno, se trata de la asunción voluntaria del desastre, del sueño adolescente de esos años 50 que traerían a la juventud norteamericana prosperidad y frustración a partes iguales. Arropada por la buena fotografía en blanco y negro de Russell Harlan y gracias a su imponente y sensual presencia, Peggy Cummins se alza con facilidad por encima de sus compañeros de reparto; aun así cuesta hacer sombra a Berry Kroeger, Anabel Shaw, Trevor Bardette y sobre todo el genial John Dall (sin olvidar también a Mickey Little encarnando al pequeño Bart).

Igual que ocurriera con la narración impresa en que estaba basada, ¨Gun Crazy¨ pasó por los cines sin pena ni gloria en su momento, relegada a ser el típico complemento para programas dobles pese a la riqueza y fuerza visual de sus imágenes antes de su comercialización en Francia, donde no se tardó en elevarla a obra de culto.
Y así queda, como una influencia seminal para el cine de acción y todas las posteriores aventuras protagonizadas por ¨amantes forajidos¨. No quedar atrapado por su poderoso encanto (y por el de Cummins) resulta imposible aún hoy día.



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Ficha La Vida de Brian

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

10



La Vida de Brian
Un niño nace en Judea, es visitado por los tres Reyes Magos, quienes le ofrecen oro, mirra e incienso, y, según proclaman, se trata del mismísimo hijo de Dios, el elegido...
Y a partir de aquí la confusión, la fatalidad, pues no están en la casa de María ni el bebé es Jesús. Por desgracia.

Con este ¨inocente¨ gesto no sólo nace un niño, sino la comedia más irreverente, controvertida y alegremente trágica del cine, de la mano de los Monty Python. Tras haber pasado mucho tiempo desde el éxito de la económica y delirante sátira medieval ¨The Holy Grail¨, surgió el deseo de volver a hacer temblar los pilares de la Historia a través de una interpretación retorcida de los dogmas del Nuevo Testamento y la religión cristiana; una gran avalancha de ideas donde se dieron cita los argumentos más descabellados llevan al ex-Beatle y fan de los cómicos, George Harrison, a financiar el proyecto a través de su compañía HandMade Films.
Todo ello consiguiendo apoyo de la recién fundada EMI Films, quienes no tenían mucha fe en los muchachos, especialmente el ejecutivo jefe de la compañía, Bernard (las últimas palabras dichas por Eric Idle en el film lo atestiguan). Con un presupuesto mayor que el de ¨Los Caballeros ...¨, un guión sólido y una dirección asumida por Terry Jones, el equipo emigró a Tunisia para un rodaje que duró menos de dos meses, que cualquiera lo diría, aprovechando los fastuosos decorados y cientos de extras que ya habían sido usados en el largometraje ¨Jesús de Nazareth¨, de Zeffirelli, al más puro estilo Corman.

Así, por obra y gracia de Dios, concibieron a su hijo pródigo, y su hazaña bíblica puso al Mundo patas arriba allá por 1.979, siendo prohibida por blasfemia y herejía en innumerables países o catalogado ¨X¨ en todos los cines (aún hoy en día continúa restringido en ciertos países del Norte de Europa, como Noruega o Irlanda). Pero fácil es encariñarse con ese hombrecillo ridículo (Graham Chapman en el papel de su vida), farsa de la figura de Jesucristo, y que tiene tiene unas ideas algo distintas de las suyas (de comunidad colectiva a fuerte individualismo).
Aquéllos, con su negra mordacidad británica, se mofan de todo lo concerniente al catolicismo y sus creencias, al fanatismo sin justificación, los estamentos religiosos, personajes históricos y castigos eternos, en tanto que parodian el ¨peplum¨ y la épica/bíblica ¨hollywoodiense¨ (momento ¨todos somos Espartaco¨ en las cruces) y hacen burla de muchos aspectos de su sociedad, donde se juntan la política (y la incompetencia de los que la ejercen, bien reflejado en el grupo de Reg), el sexismo o el narcisismo, introduciéndolos en los tiempos del Imperio Romano. Sí, los Monty Python iban más allá de los muros de lo permitido desbaratando temas espinosos y solemnes.

Y según argumentaron sobre las bufonadas/blasfemias del film tras llegar las quejas, ¨nunca había que tomarlo en serio¨...aunque todo sea un ataque brutal e inesperado a la religión, convertido en increíble comedia que acumula los momentos más ingeniosos del grupo, desarrollando en poco más de hora y media el periplo existencial del pobre Brian, que de malvivir junto a una desagradable madre se ve perseguido por doquier, ya sea por crueles romanos o por gente que, manipulada como borregos en cuestión de segundos, le considera el Mesías, cuando lo único que desea es encontrar un atisbo de amor y comprensión entre tanta violencia y fanatismo (será una joven enrolada en un grupo revolucionario que actúa a base de palabrería).
Tal como ocurría en ¨Los Caballeros...¨, ¨La Vida de Brian¨ presenta un repertorio de ¨gags¨ imparable, que traslada al espectador de una secuencia delirante a la siguiente, siguiendo a la vez una línea clara en la historia del protagonista, presentada a voz desgañitada por Sonia Jones en un inicio épico y cuya travesía está ocupada por alocados, anacrónicos y distorsionados personajes (ese centurión que no para de amargarle la vida, el hipócrita líder Reg, Poncio Pilatos y su mala pronunciación, el escuadrón suicida del Frente Judaico Popular o la temeraria Judith), haciendo Jones uso de una gran economía de medios, un gran número de extras y logradas secuencias animadas cortesía de Gilliam.

Con todo esto nos regalan un festival de ácidos diálogos, elaborados ¨gags¨ y momentos míticos de su carrera (la lapidación, la pintada en latín, la persecución de Brian por el desierto figurando el exilio y el encuentro con el anciano que ha hecho voto de silencio, ese Pilatos defendiendo el nombre de Pijus Magníficus o la sorprendente parodia de ¨Star Wars¨, uno de esos instantes por los que tanto se definía su humor único y sin comparativos). Y, por supuesto, la espectacular elegía a modo de musical, un inolvidable ¨Always Look on the Bright Side of Life¨ que, en un alarde de optimismo contra el sufrimiento demoledor de la injusticia, comienza el buen Idle...
Y evoluciona hasta un cántico colectivo más poderoso que cualquier Padrenuestro. Dicho momento catártico se convirtió en uno de los más controvertidos de la época, pues los miembros eclesiásticos de las altas esferas vieron una burla sangrante sobre el padecimiento de Jesucristo en la cruz. Los cómicos sin embargo se defendieron con la palabra de que consideraban a Jesús no como un bufón estúpido, sino como alguien que realmente transmitía un mensaje digno noble y unificador...pero que ¨por supuesto también tuvo que ser un tipo con un gran sentido del humor¨.

Puede que haya otras joyas que parodien la Historia, los estragos causados en ella por la crueldad de los imperios y la facilidad de usar la fe para embaucar a la Humanidad (¨Dos Horas menos Cuarto antes de Jesucristo¨, ¨La loca Historia del Mundo¨, la española ¨La Biblia en Pasta¨...), pero nadie logrará arrebatarle el lugar privilegiado que ocupa Brian, allá, sentado a la diestra del Dios padre, quien no hace más que reírse con su trágica pero aún así divertida aventura.



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Ficha De Hombre a Hombre

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

7



De Hombre a Hombre
Después de que el chico haya terminado de hablar con el, para él, hombre misterioso, éste monta de nuevo en su caballo y parece encaminarse hacia una nada distante e infinita.
El significativo encuadre sostiene en primer plano las dos cruces de las tumbas de manera que el hombre, mientras se aleja, queda en medio de ellas...

Si este hubiese sido el final de la película que nos ocupa desde luego no se podría haber concebido mejor, ni haber plasmado con tanto acierto el título en inglés que se le dio para su distribución en EE.UU. (¨Death Rides a Horse¨). No es el caso, de todas formas, de la original ¨Da Uomo a Uomo¨, que brota de un panorama donde las semillas que ha terminado de plantar Sergio Leone han germinado y se han extendido como quizás jamás pensaba que podría hacerlo; la Trilogía del Dólar ha concluido pero no el ¨spaghetti western¨, que año tras año sigue acumulando veintenas de títulos...
Y si bien la mayoría no merecen ni nombrarse éste sí, al menos como curiosidad histórica. A Giulio Petroni, un señor que venía curtiéndose sobre todo como director de comedias pero con una mirada ingeniosa e interesante, Alfonso Sansone y Henryk Chroscicki le proponen la idea de acercarse a un género donde él cree que podría probar sus habilidades a otro nivel; de este modo se unirá a los alumnos aventajados de Leone, ya que las conexiones con él no pueden ser más fuertes: para la gestación cuenta con la ayuda de su colaborador Luciano Vincenzoni y en el proceso acaban enrolándose su músico Morricone y la mitad del elenco de sus películas.

Pero Petroni demuestra que es capaz de crear momentos de gran fuerza y a partir de ahí hacer uso de su talento sin por ello verse a la sombra de otros; en un entorno de lluvia torrencial donde la furia y la violencia vienen con el sonido de los truenos a lo largo de un prólogo que es lo que impulsará la historia, sangriento, de muerte y maltrato realmente áspero cuyas secuencias nos vapulean sin piedad. Se instala el motivo más viejo del género y el cine: la venganza, y el tipo que va a desatarla es el pobre niño que ha visto morir a su familia a manos de unos demonios vestidos de bandidos.
Un punto de partida y un concepto, el de la búsqueda y el asesinato, nada originales que, debido a la intervención de Lee Van Cleef (aún afectado por sus problemas con el alcohol) viene a cruzarse, y de manera descarada, con la trama de ¨La Muerte tenía un Precio¨; sin embargo la maniobra del guión opta por una inversión de roles, y traspasa a John P. Law (quien aquí saca a relucir su faceta menos carismática y más tediosa) lo que movía al anterior en la obra de Leone. Pero en su papel del ex-convicto Ryan, si bien es verdad que va buscando una compensación económica, también es la venganza su motivación, no es el dinero.

Y su lazo con Bill se averigua más profundo y dramático que la sociedad creada por mera cuestión monetaria con el cazarrecompensas de Eastwood, si bien la relación entre esas dos parejas, casi de padre e hijo, es exactamente la misma; en ella es donde de mejor manera luce el ingenio y la soltura de Vincenzoni para los diálogos, plenos de acidez y una deliciosa socarronería que da pie a impagables conversaciones y duelos discursivos. Este humor hace acto de presencia en instantes donde pareciera que el director, de algún modo, se burla maliciosamente, incluso parodia, el toque negro tan característico del cine de Leone.
Si es verdad esto quedémonos para toda la vida con el duelo en el saloon auspiciado por el dramatismo que le da el pianista a las teclas de su instrumento; más que de Leone es el absurdo del ¨spaghetti¨ en un intento de llegar a la cúspide de su ingenio. Pero en líneas generales el film tiene poco de comedia por la forma en que Petroni imagina y modela el Oeste, también heredado de la visión desmitificadora de Peckinpah y su compatriota, y aunque él fue siempre un seguidor de los clásicos norteamericanos aquí no hay cabida para las epopeyas heroicas ni los grandiosos romances.

Héroes no hay porque han sido enterrados y devorados por el calor y las hormigas y ahora sólo quedan sus calaveras cubiertas por la arena. Este es el Oeste de la barbarie, el cinismo y la fechoría, apesta a mugre y carne podrida, los hombres que luchaban por la unificación y el progreso de la nación en el cine de Ford se convierten en sucios y brutales asesinos; esto ejemplificado en un soberbio Luigi Pistilli cuyo villano es el resorte clave para que ambos protagonistas, siempre actuando separados, se acaben uniendo de cuando en cuando hasta llegar a esa última parte en el poblado mexicano que destila todo el clasicismo del ¨western¨ de primer orden.
Quizás Hawks viene a la mente, también Sturges, pues si Leone optaba por el misterio y la ultraviolencia Petroni se decanta por el espectáculo y la acción, lo cual nos brinda con una fuerza visual y un sentido del movimiento notables (y es que este señor consigue alejarse de las torpezas técnicas de Carnimeo, Vari o Parolini gracias a que más allá del respeto por los ¨zooms¨ su manejo de cámara es preciso y no necesita de piruetas para hacerse notar, su pulso narrativo nos absorbe en los vaivenes del estereotipado argumento y tanto domina la intriga en interiores como el ritmo más frenético en exteriores, sin olvidar algunos planos subjetivos geniales que nos hacen sentir toda la ansiedad y el sufrimiento de los personajes).

En resumidas cuentas hace algo que muchos de sus coetáneos no: capturar lo mejor de la esencia pura y clásica del cine del Oeste y combinarla con su más moderno espíritu revisionario y la rebeldía impuesta por Leone.
Previsible o no y aunque la presencia de Law incordie más que otra cosa, aquí hallamos a un director de mucho talento e ideas muy claras acerca de su visión del Far West y los individuos que lo pueblan, del que hizo gala en otros títulos, pero ya sin igual maestría. Por otra parte podemos gozar de una de las piezas más memorables de Morricone.



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Ficha Pasajero 57

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

4



Pasajero 57
Cuando un grupo terrorista encabezado por un psicópata sin escrúpulos asalta el avión donde vas más te vale contar con que esté a bordo alguien capaz de resolver la situación.
Y si no tienes a John McClane, ni a Casey Ryback, ni a John Matrix a mano...¡pues confórmate con John Cutter, el negro al que debes apostar!

Llegan los años 90 y vuelve en todo su esplendor el cine de acción más pirotécnico y palomitero que se pueda imaginar, gracias principalmente a los grandes avances logrados en los efectos especiales; la secuela de ¨Jungla de Cristal¨ (una innecesaria mediocridad en mi opinión la que se sacó Renny Harlin de la manga) inicia gloriosa esta década, donde los grandes desastres, los feroces terroristas y los héroes inmortales inundarán la cartelera. Aumenta la violencia y la oscuridad en algunos aspectos, pero el rastro inocente, disparatado y desenfadado de la década anterior aún perdura.
Uno de los subgéneros más revisitados será el de las posibles catástrofes a bordo de transportes; por ejemplo los peligros a bordo de aviones, que tanta popularidad tuvieron en los 70, vuelven a tomar su importancia. De este modo veremos títulos imprescindibles para todo aficionado que se precie (bueno, tampoco tan imprescindibles...) como ¨Decisión Crítica¨, ¨Air Force One¨, ¨Turbulence¨, ¨Con Air¨ o la nombrada ¨Jungla de Cristal II¨; en este potaje se cuece ¨Pasajero 57¨, que surge de una idea un tanto disparatada del cineasta Stewart Rafill, con un protagonista del perfil de Clint Eastwood en mente...

Pero como los productores no le permiten escribir lo que quiere deja la historia a otros dos guionistas, Dan Gordon (¨Gotcha!¨) y David Loughery (¨Star Trek V: La Última Frontera¨), la dirección pasa a manos de un actor y director llamado Kevin Hooks, muy asiduo al medio televisivo, y lo que iba a ser un vehículo más para Sylvester Stallone acaba siendo protagonizado por un célebre Wesley Snipes que a partir de entonces se aficionaría mucho a repetir este tipo de roles. Un punto clave de estos films (y que me saca de mis casillas): al protagonista le tienen que reiterar (aquí su patético compañero Delvecchio) que es el mejor en su trabajo.
Así sabemos que nada ni nadie podrá pararle, claro está, cuando le toque el turno de acabar con los malos; sin embargo antes de la presentación de Cutter conocemos al cabecilla de los anteriores, el terrorista Charles Rane, cuya presentación nos sugiere a alguien sádico, inteligente y muy interesante. Y estoy en lo cierto si me atrevo a afirmar que él es el verdadero motor de este previsible y atropellado film de acción, y no el arquetipo de héroe encarnado sosamente por Snipes, a quien, para evitar el exceso de chulería, se le brinda un pasado traumático y doloroso (algo no necesario en los 80).

El caso es que embarcamos junto a este ex-jefe del Servicio Secreto y Rane a Los Angeles, aunque el trayecto cambiará de rumbo rápidamente; si algo hay que agradecer a Hooks es eso, su sentido del ritmo y el tiempo, logrando un producto de rápida degustación que no llega a resultar aburrido. Y eso a pesar de todas las insípidas conversaciones, las malas peleas (Snipes no pelea, los enemigos se esperan y se dejan pegar...), los chistes idiotas metidos con calzador y a destiempo y personajes más bien mediocres, típicos y un tanto detestables (como el compañero de Cutter o esa azafata que pretende hacerse la dura heroína pero nunca llega a conseguirlo).
Incluso a pesar de un desvío en el argumento (tan extraño que parece improvisado) como es el abandono del avión y la trepidante persecución por la feria en una Louisiana cuyos ciudadanos están retratados de un modo atroz y avergonzante (los policías de ¨Acorralado¨ parecen más listos y menos cazurros al lado de éstos). Todo se deja para el gran lucimiento de ese protagonista duro como el acero y erigido salvador de todas las vidas; el triunfo está con él, sí, pero otra vez es Rane quien atrae realmente nuestra atención, personaje en el cual el guión debería centrarse y profundizar más (como sucedía en aquellos films de los años 70, el villano era el protagonista).

El bueno de Snipes toma ejemplo de los otros héroes del género (Schwarzenegger, Seagal, Van Damme, Willis) e intenta poner todo su potencial para resultar medianamente carismático, y hay que decir que no le sale del todo mal la jugada; Bruce Payne, muy acostumbrado a papeles de malo, se lleva los mejores momentos, las mejores frases, y hace de su extraño Rane alguien que sabe inspirar amenaza y temor con sólo articular un gesto. Por otra parte Tom Sizemore, eterno secundario, se quiere hacer el gracioso para caernos bien cuando en otras ocasiones no le hizo falta (¨Salvar al Soldado Ryan¨, ¨Asesinos Natos¨, ¨Amor a Quemarropa¨...).
Destaca también el correcto Brunce Greenwood y una jovencita pero igualmente preciosa Elizabeth Hurley, quien se presenta con una de las conversaciones más estúpidas y menos oportunas que he tenido el disgusto de escuchar, siendo su receptora esa Alex Datcher en un papel increíble (por absurdo), que no transmite absolutamente nada y que desde el primer momento dan ganas de agarrarla por el cuello y meterle la cabeza en una de las turbinas del avión. Desde luego un villano como Rane se merecía un reparto mejor para acompañarle, pero ¨Pasajero 57¨ está lo más lejos de ser un film serio, claro.

Una concisa y efectista película de acción de los 80 realizada en los 90. Sabemos que por último el avión aterrizará bien, el malo lo pasará mal (no os diré cómo, que merece la pena verlo), el héroe se llevará a la chica y para rematar habrá hasta cohetes de fondo, ¿acaso podemos pedirle más a ésto?
Después Snipes y Payne (quienes por cierto no usaron dobles en su enfrentamiento final) regresarían a esto de los aviones y otras aventuras de altos vuelos, y el primero le tomaría el gusto a seguir desempeñándose como estrella de la acción.



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Ficha Corazón de Hielo

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

8



Corazón de Hielo
Todos tiemblan ante él por muy duros que se pretendan, acaban sucumbiendo ante sus artimañas y sus desmanes sin conciencia.
No se trata de ¨Rocky¨ Sullivan ni de ¨Cody¨ Jarrett, pero al igual que ellos tampoco se anda por las ramas...

En el cine negro o de criminales de los 30, James Cagney es el que quizás mejor supo encarnar la figura del violento gángster (pesar a que Paul Muni creó escuela con su Tony Camonte). Pero Cagney tenía algo especial: su carácter, su presencia imponente, su implacable carisma y su afán por defender las causas justas; todo aquello le valió para ser recordado eternamente en sus roles de ¨El Enemigo Público¨, ¨Ángeles con Caras Sucias¨ o ¨Los Violentos Años 20¨ (aunque interpretara a villanos).
Ya en la siguiente década fue visto en producciones muy versátiles, en muchas colaborando su hermano William, con quien creó su propia firma; sin embargo una explosiva película vuelve a reubicar al actor, ya con 50 años, dentro del género que le dio la fama tiempo atrás: ¨Al Rojo Vivo¨, realizada bajo el auspicio de Warner Bros. por un sensacional veterano, Raoul Walsh. Un éxito en su momento y hoy una de las obras imprescindibles de la ¨crook story¨ clásica...éxito que parece desearon repetir tan solo un año después con la adaptación de ¨Kiss Tomorrow Goodbye¨ de Horace S. McCoy, genio del suspense y el ¨hard-boiled¨.

El seleccionado para volver a convertir a Cagney en duro criminal es Gordon Douglas, humilde y talentoso artesano de longeva carrera, no muy conocido como otros tantos salvo para los auténticos cinéfilos, que contaría en su haber con clásicos de dispares géneros como ¨Río Conchos¨, ¨Sólo el Valiente¨, ¨La Humanidad en Peligro¨ y por encima de todos éste que nos ocupa. Si ¨Al Rojo Vivo¨ se iniciaba con un intenso atraco para más tarde llevarnos a la cárcel, ahora el punto de partida es un juicio donde un expeditivo fiscal señala el espíritu de malnacidos y podridos de los acusados.
Esa voz de la razón que apela al sentimiento de justicia tan inquebrantable para el ciudadano americano, y la de los mencionados acusados, son las responsables de romper la narración hacia un pasado no lejano donde el instigador de todo el caos que aún no conocemos, el principal acusado, sigue vivo. Se llama Ralph Cotter, y como es de esperar posee los rasgos de anteriores personajes de Cagney (un trasunto de Jarrett nada disimulado); aquí ya está en prisión, pero la trama arranca con su huida, frenética y bien calculada por parte de Douglas. Le seguiremos a él y a sus compinches hacia una intriga de diversas bifurcaciones y sorpresas.

El ¨corazón de hielo¨ de la traducción está bien justificado desde el primer momento, pues a Cotter no le tiembla el puso a la hora de deshacerse de su compañero herido y hermano de Holi, la chica que le ayuda a fugarse; nos hallamos ante un gángster iracundo e imprevisible, una suerte de forajido desconfiado y furiosamente individualista capaz de desarrollar excesivas cotas de violencia con tal de conseguir sus fines, incluso si nunca resultan lógicos, y de manipular a todo ser humano que se cruce. Quizás se establece una mayor distancia en comparación con su homólogo Jarrett.
El guión en este caso no desea crear un nexo de empatía para con el espectador, ni con él ni con los demás que le rodean; el guión (y antes el texto de McCoy) describe a conciencia a unos personajes sumergidos en una sociedad tan malograda como ellos, una sociedad injusta, sucia, brutal, hipócrita y corrupta desde todos sus puntos, dejando en la más negra de las bajezas a los clásicos defensores de la ley (el abogado, el policía, incluso el intelectual orador que estafa a sus seguidores). Con la intromisión del inspector Charles Weber la violencia, el chantaje y la traición servirán a Cotter y sus acólitos para unirles en camaradería, todo ello con un objetivo en mente: un atraco muy beneficioso.

Mientras tanto observaremos las artimañas del villano protagonista, monstruo situado en el centro de este desasosegante entorno con el fin de pudrirlo aún más, sobre las dos féminas de la historia: Holi, chica desconfiada y débil que no simboliza sino una propiedad, un mero objeto (como la Verna de ¨Al Rojo Vivo¨), y Margaret, una chiflada escudada en apariencias, hija de un hombre poderoso de la alta sociedad y prendada de Cotter (y viceversa) como resultado de una atracción psicológicamente masoquista. Este personaje, muy estomagante, es uno de los fallos de la narración, no ejecutada con la misma precisión que la de Walsh.
Una narración de desvelos a menudo incoherentes y chocantes, quizás debido a que ese es el carácter de su protagonista. Al final todo se convierte en una típica historia de criminales y atracos en la tradición más pura del ¨noir¨, pero resuelta con solvencia, con una mano hábil como la de Douglas, quien sabe arrastrarnos sin concesiones al fondo de una atmósfera viscosa, cruel e implacable; la guapísima e interesante Barbara Payton se desenvuelve correctamente, al igual que Helena Carter, y Ward Bond (habitual de John Ford) se presenta imponente, a veces incluso más que Cagney, de nuevo en la piel de ese ogro de sombrero y pistola que tan bien le ha sentado desde hace años.

Difícil no temblar ante su presencia, y para demostrar esto sirva de ejemplo la pelea entre Cotter y Mason en el taller, donde el primero hace uso de su más extrema violencia para terminar la cámara filmándole desde el interior de un agujero en un soberbio y aterrador contrapicado (Douglas y su director de fotografía J.P. Marley elevan el supense a un momento de tangible horror).
Pese al carisma de Cagney, el talento del director y un clímax sensacional, fue considerada una pobre copia de ¨Al Rojo Vivo¨ y no funcionó demasiado bien en su momento. Puede que el tiempo la haya tratado con más amabilidad; los fans hallarán ni más ni menos que un áspero y crudo ¨thriller¨ sobre la corrupción y vileza en estado puro del criminal.



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Ficha Algo Pasa con Mary

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

7



Algo Pasa con Mary
¿Qué tendrá esta chica que tanto nos enamoró? A pesar de ser ese icono sexual de tiempos de preadolescencia por culpa de ¨La Máscara¨, personalmente no me apasiona Cameron Díaz...
Pero Mary sí, a mí y a todos, mataríamos por ella, y es sin duda la musa del cine de los Farrelly.

Los incorregibles y gamberros hermanos, dispuestos, como otros coetáneos, a darle la vuelta a la comedia americana a mitad de los 90; sin embargo, según parece, su todavía infravalorada ¨Kingpin¨ no fue el éxito que esperaban, por lo que contemplaban bastante negro su futuro en el mundo del cine...de no ser por una idea tan idiota como jugosa que se les ocurrió a dos guionistas (Ed Decter y John Strauss) tras ver a una profesora de aerobic desnuda frente a su ventana (¡!). Los recuerdos juveniles afloran durante un prólogo donde conocemos a un Ben Stiller más patético de lo habitual camuflado como Ted.
Los hermanos revisionan la ¨high school teen comedy¨ ochentera con cierta nostalgia, mientras el gran Jonathan Richman y Tom Larkins nos cantan, a modo de coro griego, la propia historia que vamos a ver (dando a todo cierto aire de tragedia); pero estos directores, que se distinguen por su mala uva, capitulan los 80 con el chasquido de una cremallera como remate a esa secuencia que es el paradigma del tipo de humor y la forma de ejecutarlo que les hizo tan famosos: configurar un ¨gag¨ en torno a una broma de mal gusto y escatológica y recrearse en ello y extenderlo hasta irritar al espectador tanto por la vista como por los oídos (de especial atención aquí...).

Muy difícil es no sentirnos como el pobre Ted durante este arranque, enamorados de esa chica perfecta que pasó por nuestro lado en el instituto, quizás como Mary, la ¨popular girl¨ con quien todos los demás soñaban pero, pensábamos, nadie la amaría como nosotros. Díaz se transmuta en un ideal femenino de fantasía, a la vez de carne de hueso, pues Mary es ni más ni menos que la benefactora de una comunidad, bondad encarnada, y no por ello menos torturada o invadida por las ilusiones más mundanas. Querríamos ir a buscarla como el protagonista, por supuesto.
Y la tendencia de los Farrelly de retorcer y agriar la esencia romántica a base de inmiscuir elementos perversos y tóxicos en ella se inicia con la aparición de un detective privado, el más estrafalario del país y responsable de conducir la trama a lugares insospechados (si bien el tema del sabueso que se enamora de la mujer que sigue no es nada nuevo). Entonces la película va a desarrollarse a varias bandas, todas masculinas, pivotando alrededor de una figura femenina que hechiza y manipula sus sentimientos, solo que en esta ocasión la ¨femme fatale¨ adquiere su condición de absoluta inocente por derecho propio.

Por desgracia todo el universo que la envuelve, desde la óptica de los Farrelly, está preñado del egoísmo, la hipocresía y el afán por aparentar que parece invadir tanto a hombres como a mujeres; no podría ser este un escenario más dominado por la maldad, de psicópatas peligrosos a perdedores indignos, y en general todos los personajes manipulan, traicionan o se burlan del resto de inocentes, y esta fatalidad, en un alarde de su hiriente estilo (propio de esa comedia negra que alcanzaba su punto álgido desde mediados de los 80), es usada por los directores para generar el humor, lo cual choca con la lógica, la moral y la sensibilidad del espectador y termina por incomodar. Pero lo consiguen y eso no es fácil.
Mary, imán de mala suerte, estará en mitad de todas las sacudidas emocionales, aun así incluso ella se toma un descanso de su bondad para burlarse de Ted, quien, en última instancia, parecer ser el único de los protagonistas por el que debiéramos sentir compasión, el que mejor conecta con los miedos y penas más profundas del espectador (sobre todo si es masculino) en esta sopa de equívocos plagada de diálogos frescos y chispeantes, personajes que por alocados y absurdos (impagables Matt Dillon, Lee Evans, Chris Elliott y en especial Lin Shaye) no quiere decir que no puedan ser reales, y un discurso brutal sobre una forma aterradora de percibir el amor.

¨Algo pasa con Mary¨, que aprovecha bien su colorido imaginario, se toma a broma pero también condena el amor idealizado y lleva a límites disparatados las consecuencias de aferrarse a ello perdiendo el sentido de la realidad, haciendo de la fijación una obsesión y del interés puro acoso y enfermizo ¨voyeurismo¨ (se hace hincapie en esto desde todos los ángulos, pues no hay casi ningún personaje que no se entrometa en la vida de otro y la haga pedazos). Sólo haciendo coincidir a los locos y que, a lo terapia de grupo de ¨Alguien voló sobre el Nido del Cuco¨, descubran ante ellos mismos sus locuras, puede ser la única solución viable.
Esto da pie a un clímax memorable con esa pobre Mary sin posibilidad de escape, perfecta alegoría de la fragilidad femenina subyugada al choque de egos masculino, siendo Ted un oasis de esperanza y dignidad al postularse en rechazar su amor por el bien de otro; escarbando nos encontramos con que a esta historia la adornan infinidad de capas y detalles a tener en cuenta, que tiene a la ¨Harold y Maude¨ de Ashby (de las mejores comedias negras y satíricas que dio el cine) como principal referencia para resaltar su tono corrosivo y chiflado, e inclinado con orgullo al mal gusto.

Y al fin y al cabo, como también le sucede al cine de Kevin Smith, ello no es sino el envoltorio controvertido e incorrecto (el 99% de las bromas, diálogos y situaciones son inviables hoy día) que deliberadamente recubre a una de esas empalagosas historias románticas que tanto nos alegra el día porque, a pesar de tantas vueltas, va a terminar como suponemos.
Al público no le importó y respondió en consecuencia, alzándose, tras arrasar en cines y salvar la carrera de los hermanos, como uno de los títulos más exitosos del momento y estandarte para la comedia que iba a dominar en el nuevo milenio.



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Ficha Herida Abierta

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

3



Herida Abierta
Corrupción policial, ¿en quién se puede confiar?, ¿quien es el traidor?, ¿cuántos se habrán mantenido honrados y cuántos se habrán dejado embaucar por su ambición?
Todas estas preguntas pueden derivar en una trama de lo más intrigante, llena de preguntas y sorpresas...

...como las ya vistas en ¨Asuntos Sucios¨, ¨La Noche cae sobre Manhattan¨ o ¨Infernal Affairs¨, por poner algunos ejemplos; sin duda un buen argumento si se saben aprovechar al máximo sus recursos...pero a menudo éstos no se aprovechan debidamente y de resultado tenemos una película como la que nos ocupa. Había empezado el nuevo siglo y mientras un puñado de nuevas estrellas irrumpían en el panorama del cine de acción las viejas aguantaban el tipo como podían...hacía tiempo que no se veía por ninguna parte a Steven Seagal.
Tras pasar con más pena que gloria por mitad de los 90 a raíz del fracaso de su debut a la dirección, ¨En Tierra Peligrosa¨, el actor llegó a protagonizar sus primeros films para el mercado del vídeo, al que poco después se acostumbraría; todo indicaba que su carrera había tocado fondo. No obstante, el mítico productor (de pésimas ideas) Joel Silver le resucitaría para un proyecto que significaría su ¨comeback¨ a lo más alto de la taquilla. Se trataba de la adaptación de la novela ¨Exit Wounds”, escrita por John Westermann, quien se basó en sus experiencias personales como policía.

Pero Silver tenía su propia visión de cómo trasladar el texto a la gran pantalla, por ello contó con la presencia de Anthony Anderson, el rapero de pasado (y presente) criminal Earl Simmons, conocido como ¨DMX¨, y el director de fotografía reciclado en cineasta Andrzej Bartkowiak, todo ello con la intención de capitalizar el éxito de ¨Romeo debe Morir¨, donde ya se reunieron los anteriores. ¨Herida Abierta¨ se refleja así como la consecuencia de la buena recaudación obtenida por aquella más que otro mero vehículo de lucimiento para el maestro del aikido.
La historia, precedida de un emocionante prólogo (lo mejor de toda la película) que deja patente la buena forma en que se mantiene Seagal pese a la edad y el aumento de peso, nos presenta a Orin Boyd, policía solitario, duro y regañado siempre por sus jefes que tras salvar al vicepresidente es condecorado con un traslado a la peor comisaría de Detroit, donde se verá atrapado en un escenario violento, salvaje, por encima del cual planean las sombras de la corrupción y en el que tendrá que soportar las exigencias de su jefa Mulcahy, hasta que conozca a Latrell Walker, un traficante de droga que hace tratos con la policía.

Pese a algunos momentos innecesarios que rebasan la delgada línea entre la comedia y la estupidez (como lo de la terapia de grupo), el film parece mantenerse decentemente apoyado en su intriga y sus buenas peleas, hasta que al cuarto de hora entra en escena ¨DMX¨ acompañado de un insufrible ¨hip-hop¨ y poco después de Anderson (que casi me hace echar la bilis con su actuación)...y todo se viene abajo. Se diría que Westermann no concibió así su novela, donde la duda, la constante conspiración y la incógnita que ocultan las difusas identidades, puras máscaras de artificio y engaño materializadas en esas placas de policía en la que se escudan tanto buenos como malos, son su motor esencial de principio a fin.
Un argumento que encajaría a la perfección con el estilo agrio y desmitificador de las novelas ¨pulp¨ de Westlake, de cineastas clásicos como Siegel, Lumet o Michael Winner (o de los títulos que Seagal protagonizó al inicio de su carrera), pero que queda reducido a cenizas por el empeño de Silver de seguir la línea de ¨Romeo debe Morir¨, inundando el film de una atmósfera ¨hip-hopera¨ que parece heredada de ¨A todo Gas¨ (reforzado por la presencia de Eva Mendes) y una simpática comedia transformada de un momento a otro casi en ¨buddy movie¨ (cuando Boyd forma pareja con George) cuya intensidad aumenta hasta alcanzar una absurdez incomprensible y una historia que desvela sus misterios de forma torpe y precipitada, incluyendo los modernos avances informáticos del nuevo siglo.

Una vez más en la industria hollywoodiense la vena comercial termina por asfixiar un producto con muchas posibilidades. Pero el colmo, aun demostrando Bartkowiak un talento innato para las secuencias de acción, es la poca veracidad y realismo de las peleas coreografiadas por el chino Dion Lam, unas peleas fantásticas llenas de piruetas y cabriolas; pareciera enteramente que estamos viendo un film de kung fu más propio de Jet Li o Jackie Chan que de Seagal, quien no deja de flotar en el aire y saltar como nunca; entre tanto, éste se muestra más simpático que otras veces, más dado al humor e incluso a la autoparodia (ojo a cuando destroza la silla o aparece de guardia de tráfico).
Y es que Silver no le dejó a sus anchas en esta ocasión, obligándole a cortarse su distintiva coleta y sin permitirle intervenir en el guión o en el montaje, como ya había hecho antes, pero aquél lo aceptaría sin rechistar (su urgencia de éxito era inmediata). A éste le siguen los patéticos Anderson y Tom Arnold (cuyos personajes, además de competir con su idiotez, ahorran muchos quebraderos de cabeza a la trama), unos correctos Isaiah Washington, Michael J. White y el mítico Bill Duke y las inexpresivas Jill Hennessy y Mendes, doblada (se consideró que su voz no era lo suficientemente inteligente) y sin ni siquiera aprovechar su atractivo físico, lo único que tiene a su favor.

Con todos sus fallos, ¨Herida Abierta¨ arrasó en taquilla, recaudando el doble de su presupuesto sólo en EE.UU.. Bartkowiak repetiría la exitosa fórmula en ¨Nacer para Morir¨ y Seagal lo intentaría, en vano, con ¨Al Filo de la Muerte¨. Aún resucitando brevemente, la carrera del maestro del aikido ya estaría condenada para toda la eternidad.
Sólo se salvan los siete minutos del prólogo y el que es el mejor diálogo del film: -Siempre he dicho que las mujeres conducís mal. -¡Estoy de acuerdo!



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Ficha Arma Letal

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

9



Arma Letal
A veces se dice eso de que la locura y la cordura van de la mano, sí, pero dicha frase no tiene por qué hacer referencia a un individuo solo.
Ahora veremos cómo una y otra van a encarnarse en dos hombres que se deben soportar y apoyar si quieren sobrevivir. La locura es Martin Riggs, la cordura es Roger Murtaugh...la combinación puede ser doblemente letal.

Podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que nos hallamos ante la pareja más famosa y efectiva del cine de acción de los 80. Afirmación peligrosa ya que, desde que Walter Hill estrenara ¨Límite: 48 Horas¨ a comienzos de década (la cual, sin resultar una gran innovación en el policíaco, inauguraría una vertiente de lo más lucrativa llamada ¨buddy movie¨), hubo tiempo de que muchos dúos salieran más o menos exitosos de su encuentro con la taquilla. Sin embargo nunca se haría (ni se ha vuelto a hacer) con tanta eficiencia como en esta ocasión.
Surgido de la mano de un joven Shane Black con ansias de triunfar en Hollywood a base de rendir tributo a los ¨westerns¨ urbanos de los 70, el libreto de ¨Arma Letal¨ pasaría por varias manos antes de acabar en las del ejecutivo Mark Canton, quien pasaría el proyecto al célebre productor Joel Silver (apuesta segura para la taquilla pero de carácter conflictivo y hostil) y a un Richard Donner cubierto de gloria gracias a los bombazos que supusieron ¨Los Goonies¨ y ¨Lady Halcón¨, también deseoso de acometer el que sería su primer ¨thriller¨ de acción.

Tras un intenso e impactante prólogo, que marca el tono a seguir en el film hasta el final, se procede a la presentación de los protagonistas, precisamente donde reside la clave del éxito del mismo. Por un lado tenemos a Martin Riggs, quien responde al perfil del típico policía solitario, de turbio pasado, amargo y atormentado por la muerte de su esposa, un homólogo más joven del Harry Callahan ¨eastwoodiano¨ que anda por la cuerda floja de la moral habitando en un mundo gris cuyos cimientos aplastan cada vez más y más su débil espíritu, el cual no duda en arriesgar a cada momento que puede.
Un alma perdida y en descomposición que sin duda entra en conflicto con Roger Murtaugh, el clásico agente de la ley sensato, cuya templanza y silenciosa tenacidad son su seguro de vida, una vida compartida con una familia estable y cariñosa; los paralelismos que se establecen entre estos dos hombres son desde el primer momento inexistentes salvo por su trabajo, donde se unen bajo el auspicio de un recelo que dará paso a la amistad. Black utiliza su ingenio para derribar los convencionalismos de la época: aquí no hay ni rastro de ese modelo de pareja policial donde la hierática seriedad de uno se da de bruces con la excesiva comicidad del otro, que tanto encontramos en otros títulos del género.

Ni mucho menos. El trato de los personajes es esencial y el enfoque es realista y humano. Riggs y Murtaugh se complementan a la perfección, es más, parecen necesitarlo (así, la locura neurótica y masoquista que invade al primero sirve de resorte a las pulsiones más oscuras del segundo, tanto como ese ambiente familiar y cálido del que goza el segundo para acallar la angustia y la soledad del primero). Debido a ello ¨Arma Letal¨ posee un toque único, mucho más sombrío de lo que cabría esperar por todo el humor que atraviesa al film, no así un humor más ácido y negro (por obra y gracia de Black) que el que solía verse en las producciones del momento.
Una oscuridad tanto más evidente cuanto que las sombras de la Guerra de Vietnam parecen servir de mecanismo para toda la violencia desmedida que invade la trama, la cual se intensificará a raíz de que Rianne sea secuestrada encontrándose la pareja cara a cara con los enemigos. Genial vuelta de tuerca a una intriga policíaca de manual, en la mejor tradición del género, manejada con nervios de acero por un Donner que constantemente, y sin concesiones, nos arrastra al corazón de la acción, jugando un determinante papel en ello la buena labor de Stuart Baird al montaje.

Pero es en ese tercer acto donde la película toma un cariz realmente emocionante, desencadenándose un aluvión de violencia y brutalidad que raya en lo sádico (atención a la tortura de Martin) para desembocar en un desenlace de puro frenesí, ejecutando el director unas espectaculares secuencias de acción por las atractivas localizaciones nocturnas de aquellos Ángeles de mitad de los 80. No muchos ¨thrillers¨ del género (y la época) han sabido elevar tan bien la adrenalina en su último tramo como lo logra ¨Arma Letal¨; los resultados son viscerales y terriblemente entretenidos.
Aunque no sólo de acción, una gran banda sonora por parte de Michael Kamen y el legendario Eric Clapton y un perfecto manejo del suspense se nutre esta obra; si algo la hace destacar por encima de las demás es su cuidado tratamiento de los personajes, lo que perfeccionan las interpretaciones de un desquiciado Mel Gibson dispuesto a dar el salto definitivo en su carrera tras la saga ¨Mad Max¨ y un soberbio Danny Glover; fue la química de estos dos grandes actores la fórmula definitiva del éxito para el film. Pareja seguida de un elenco nada desdeñable donde cabe nombrar a un inquietante Gary Busey (genial en esta ocasión antes de que le diera por repetir una y mil veces los mismos papeles en el futuro), esa preciosa Traci Wolfe y los buenos Tom Atkins y Mitchell Ryan.

La taquilla respondió en consecuencia. ¨Arma Letal¨ se mantuvo en un inamovible primer puesto durante tres semanas logrando una recaudación de más de 60 millones de dólares sólo en EE.UU.. Para cuando llegó el fin de su carrera fílmica la obra de Donner ya se había convertido en una de las más importantes del género.
La descubrí en VHS a eso de los 13 años y por mis ojos han pasado muchas otras películas similares desde entonces...pero aún hoy día soy incapaz de hallar una que la iguale, ni mucho menos que la supere.



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Ficha Por Encima de la Ley

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

7



Por Encima de la Ley
Ex-miembro de la C.I.A., 7.º dan y cinturón negro en aikido y con contactos en la mafia; un policía implacable, lacónico e incorruptible cuya única misión es aplicar justicia mediante sus propios métodos a todos aquellos que crean estar por encima de la ley. Su nombre: Nico Toscani.

En 1.988 nuestro querido Schwarzenegger aparecía en ¨Danko: Calor Rojo¨, Van Damme en ¨Contacto Sangriento¨, Stallone retomaba a su veterano de Vietnam con la tercera entrega de ¨Rambo¨ y Bruce Willis decidía pasarse a la acción con ¨Jungla de Cristal¨; no obstante todos estos tipos duros se habían iniciado poco a poco en la industria del cine, a base de pequeños trabajos hasta alcanzar el éxito. Steven Seagal no, él simplemente apareció, irrumpiendo cual apisonadora en el panorama hollywoodiense a raíz de ésta, su primera y quizás mejor película: ¨Por Encima de la Ley¨.
Emigrado a Japón con poco más de 20 años para convertirse en experto en artes marciales, este natural de Michigan de vida misteriosa y turbulenta y un carácter arrogante hasta la náusea se fraguó un nombre tiempo después como maestro de aikido, guardaespaldas y coordinador de secuencias de lucha en el cine, convirtiéndose en entrenador del mismísimo Sean Connery (a quien le dislocó el hombro por accidente durante un ensayo). Pero su gran ambición era llegar a ser actor profesional, algo que logró cuando el poderoso agente Michael Ovitz le presentó a los ejecutivos de Warner Bros., ansiosos de contar con su propia estrella de acción, para quienes acabaría realizando su sensacional debut.

El director contratado para el proyecto fue un Andrew Davis que estaba empezando a destacar gracias a ¨Código de Silencio¨, su anterior film, considerado el mejor de Chuck Norris (que tampoco es decir mucho), quien, aliándose con Seagal, ejerciendo de coreógrafo y productor, escribiría la historia, de claras referencias autobiográficas, aunque el hombre del aikido jugara a tergiversar ligeramente sus orígenes y sus tan difusas experiencias como supuesto agente secreto. Así comienza ¨Por Encima de la Ley¨, ofreciendo un pasado alternativo del actor, quien aparece en su ambiente predilecto (un dojo de entrenamiento) y bajo el nombre de Nico Toscani.
Todo ello antes de comenzar la trama, llevándonos al Vietnam de 1.973, durante los últimos estertores del espinoso conflicto; allí asistimos a la demolición de un concepto que casi siempre se ha visto en las películas sobre aquella guerra: no sólo mataban los vietnamitas, sino también los americanos, y muchos de ellos respaldados por organismos corruptos del gobierno. Este oscuro e intenso prólogo, que nos presenta el Mal enteramente encarnado en Zagon, traslada su acción a Chicago quince años más tarde, donde Nico vive apaciblemente con su familia y trabajando como policía en la brigada antidroga.

Pero esta tranquilidad va a ser interrumpida cuando Nico se vea inmerso en una enrevesada conspiración para asesinar al gobernador tras declararle la guerra a unos traficantes que comerciaban con explosivos; junto a su compañera Delores el astuto y duro policía deberá pararles los pies a asesinos profesionales y agentes corruptos al tiempo que sus superiores le hostigan constantemente. Con oficio, nervio y un talento innato para desenvolverse en la acción, Davis nos sumerge en una excitante cacería por la ciudad y en una trama llena de suspense donde se hace hincapié, una vez más, en la corrupción y ambición que tan presentes están en algunas organizaciones vinculadas con el Gobierno.
Todo ello mientras las negras sombras de la Guerra de Vietnam planean sobre la historia (no olvidemos que fue uno de los temas recurrentes durante los 80), sombras de las que indudablemente emerge toda la extrema violencia, crueldad e inhumanidad mostradas en la película, de cariz realista y auténtico por expreso deseo del actor. ¨Por Encima de la Ley¨ se perfila así como un policíaco visceral, seco, directo y desencantado (y no por ello menos dado al frenetismo y entretenimiento), heredero de aquellos ¨thrillers¨ realizados veinte años atrás y del espíritu de las novelas negras.

Mientras la emoción se acrecienta a raíz del duelo cara a cara entre Nico y Zagon, que conducirá la historia hacia un caótico e inolvidable final, Steven Seagal sorprende en el primero de muchos papeles similares que le darían fama y gloria en el futuro (o al menos por un tiempo); en las antípodas de los musculosos (super)héroes típicos de la década de los 80, éste ofrece una imagen fresca a raíz de introducir en el cine el aikido, mediante unas peleas dolorosas donde brazos y codos se rompen como plumas en el centro de la pantalla, a la vez que se esfuerza en una interpretación dramática y creíble, irrepetible en el resto de su filmografía (nunca volverá a actuar con tantos matices como aquí; incluso le veremos llorar).
Sirviéndose de su carisma e imponente presencia, Seagal logró hacer de su Toscani un moderno Frank Bullitt, un Harry Callahan de Chicago experto en artes marciales...en definitiva un héroe de acción en la mejor tradición del género. Le acompaña un notable plantel encabezado por la otrora reina del ¨blaxploitation¨ en los 70 Pam Grier (relegada sin embargo a un correcto papel secundario, a la sombra del protagonista) y el villano por excelencia del cine, Henry Silva, donde además tenemos a Chelcie Ross, Joe Greco, una Sharon Stone jovencísima y casi invisible aun dándose aires de gran actriz dramática y Ron Dean y Joseph Kosala, habituales del director, quien factura una de sus mejores obras.

El experimento se saldó con un gran éxito de taquilla, cuya recaudación casi triplicó su modesto presupuesto, convirtiéndose así en la primera de las muchas aventuras que Seagal protagonizaría para la Warner.
Pese a lo mal que envejeció el actor, encasillado para toda la eternidad en el cine de acción, ¨Por Encima de la Ley¨ se mantiene a día de hoy no sólo como el mejor trabajo de toda su carrera, sino como un auténtico clásico del género...por mucho que algunos lo duden o lo nieguen.



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Ficha La Caza Real del Sol

Parnaso

  • 14 Oct 2022

6


La Caza Real del Sol
No estoy muy al tanto de la relación intepersonal que tuvieron el invasor trujillano Pizarro y el rey Dios Atahualpa, mas, lo que acá se cuenta, es como una vez Pizarro pone pie en el Nuevo Mundo apresa a Atahualpa con el fin de que pague una gran recompensa de oro a cambio de su libertad que no termina por cumplir, en eso, ambos mantienen unas cuantas conversaciones interesantes entre las cuales destacaría ese momento en el que Atahualpa, encarnado por el adonis de perfil griego C. Plummer, se sorprende del poder de las palabras, cosa que el colonizador ignora en toda su extensión, dando por entendido lo asno que era y le nula intención que tenía por aprender, mucho despernarse y desmostrar lo fuerte que fue hasta los últimos momentos de su vida, mas el intelecto lo tenía metido entre las nalgas… Si bien carece de muchos encantos, déjase ver.



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Ficha Vente a Alemania, Pepe

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

7



Vente a Alemania, Pepe
Dejar la patria para ir a trabajar fuera es algo que los españoles llevamos haciendo desde siempre. Buscando dinero, buscando oportunidades, refugio o una salida...
Pero queda esa espina clavada. ¿Qué tendrá España que, pese a ser tierra de ladrones, pobreza e injusticia, la echamos tanto en falta cuando nos alejamos de ella? Y esa espina duele mucho.

Ese es el sentimiento que se palpa a lo largo de toda esta película por mucho que se mueva por los cauces del humor costumbrista de toda la vida; y es que su artífice es el sr. Pedro Lazaga, no sólo uno de los más grandes del género, sino de los mejores cronistas cinematográficos sobre aquellas épocas tan especiales para los españoles, como la del ¨boom¨ o la Transición. El director tuvo en Paco Martínez Soria a su mejor colaborador cómico, pero su nueva alianza con Alfredo Landa tampoco va a desmerecer, y tal vez el momento más recordado sea el de ¨Vente a Alemania, Pepe¨.
De la imaginación del buen dúo Vicente Escrivá/Vicente Coello se perfila esta historia de deseos, idas y venidas, risas y lágrimas, iniciándose desde esas amarillas tierras aragonesas que rodean Peralejos, un pueblecito como cualquier otro donde se va a misa, a tomar el tinto al bar de la esquina, a echar alguna que otra quiniela, sí...pero por la televisión se emiten programas donde aparecen unas mujeres que tienen a todos embobados. Y es que, aun con la presencia del General Franco, comienzan a asomar la libertad, la expansión y el progreso, y nada encarna mejor esos ideales que Angelino, recién llegado de Alemania y recibido como héroe.

Si algo bueno tiene Lazaga es su honestidad, y las intenciones de sus historias las deja claras desde el principio. Angelino como emisario de las delicias germanas, propagación del milagro de la emigración, que comparte con sus compatriotas ignorantes, quienes sólo pueden permitirse soñar...como Pepe; Pilar es realista y tan poco le gusta abandonarse al capricho de una tierra extranjera como convertirse su tierra en el capricho de los extranjeros cuando llegan las vacaciones. Sin embargo su novio sí ha sido embaucado...
El director efectúa la misma fascinación que embargaba a Soria tras aterrizar en la ciudad, y lo inevitable de la torpeza; Pepe viene para descubrir una verdad lo más alejada posible de las hazañas que les contaba Angelino: que en Alemania se vive de cualquier manera, excepto de sueños. Otro tipo de sueño asalta a los residentes de la pensión cuando nuestro aún alegre héroe desenvuelve sus pertenencias; Lazaga es inteligente y prefiere tratarlo todo a través de la óptica de la comedia, pero los sentimientos no engañan y podemos entender el grado de triste resignación al cual se han rebajado esos pobres que con tanto ahínco degustan el jamón, el vino y los chorizos, dejando a Pepe nada más que con las migas...

Aquí no hay tiempo de ilusionarse, ni siquiera de pensar en ligar (lo que ocuparán el 80% de las peripecias de aquél) pues la explotación es la base de la economía, y realizada por compatriotas españoles que sí han sabido sacar provecho de la codicia; la sensación de pérdida es terrible: la de ese humilde matrimonio que va a tener que renunciar a muchas cosas tras nacer su hijo, la de Pepe y Angelino, quienes se convierten en material de uso o cruel burla de los tiranos nativos (un ejemplo exagerado el del escaparate, pero no poco creíble), la de ese médico, encarnado por un soberbio Antonio Ferrandis, hace ya mucho tiempo acostumbrado a la soledad y la lejanía.
Veterano de la Batalla de Brunete (de los hechos más sangrientos de la Guerra Civil) y exiliado de su tierra por ¨no estar conforme¨, es muy fácil adivinar las intenciones de las crudas palabras de Emilio por mucho que se solapen con todo el cuidado debido a la censura (de estar realizado el film unos años después podría haberlo expresado abiertamente). Este fresco de personajes secundarios compone una sinfonía de extrema melancolía que huye del humor original y al que Lazaga prefiere apuntar para evitar el baño de lágrimas al espectador, al que por otra parte no es difícil llegar...

Y es que de ser la película despojada de todo rastro de comedia y ligereza, esto sería puro y duro neorrealismo de la escuela de De Sica o De Santis, con no pocos toques de Capra; llega cierto punto en que nos sentimos tan humillados, vapuleados y cansados como el pobre Pepe y sus queridos compañeros de pensión, cuyo único refugio al que pueden aferrarse para no terminar de perder su identidad española es ese pequeño bar que rezuma nostalgia por sus cuatro paredes. Lástima que la propia obra se boicotée a sí misma alargando el asunto de la bronca entre el protagonista y Pilar, algo menos creíble y más esperpéntico.
Incluso estos destellos de alocada comedia sólo sirven para volver a dejar un poso amargo en el espectador, inaguantable al llegar esa Navidad que el pobre Pepe debe pasar solo e inmundo; nunca apelará tanto Lazaga a nuestra complicidad como en ese instante, durísimo, donde aquél observa los bailes regionales típicos españoles por televisión. Quizás Landa da vida desde una necesaria exageración humorística a su héroe maño, pero su actuación es tan natural que su pena se contagia...

Y a quien no se le salten las lágrimas como a él durante ese momento es que no tiene auténtica sangre española en sus venas ni es capaz de comprender el alcance dramático al que aspira el cineasta. La conclusión es que el progreso y la adaptación a otra cultura para prosperar es un arma de doble filo muy poderosa. Puede que el optimismo termine por inundarlo todo (tampoco quiere Lazaga meter el miedo en el cuerpo de su público), pero su punto de vista y su discurso es más oscuro de lo que parece, de una crudeza que da escalofríos.
Pepe, lejos de convertirse en un reflejo de Emilio, alardea igual que Angelino de los beneficios que obtuvo del país alemán, olvidando el dolor. Dice que volverá; quizás lo haga y termine por acostumbrarse, por mimetizarse con el ambiente, y quizás ya nunca regrese a su tierra. Eso el director sí que lo piensa, pero no lo dice, y nos lo da a entender muy bien en este pequeño gran clásico de su tiempo.



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Ficha Fuego Escondido

Mad Warrior

  • 14 Oct 2022

4



Fuego Escondido
Gélida por fuera, moribunda por dentro y embargada por un deseo ardiente, quizás el de vivir de verdad, sin mencionar su melena pelirroja, rostro alargado, mejillas firmes, labios sensuales y mirada que a uno le remueve.
Será un nuevo álter-ego del prototipo de mujer que distinguió a Rita Hayworth profesionalmente hablando...

La clase de mujer capaz de trastocar la vida de un hombre y la amistad de dos. En la película anterior de Robert Parrish, ¨Lucy Gallant¨ (en castellano bautizada ¨Orgullo contra Orgullo¨), también éramos testigos de los esfuerzos de una empresaria por abrirse camino por sí misma desafiando todo tipo de convencionalismos, causando desconfianza en los demás y poniendo en una situación difícil al hombre que la ama. Retrato parecido el que se teje ahora alrededor de Irena, pero dotándola del sempiterno carácter de ¨femme fatale¨ que le atribuyeron a Hayworth.
El buen Irwin Shaw adapta una novela que el experto en literatura aventuresca Maxwell Catto escribiera poco antes, de nuevo bajo el pseudónimo de Simon Kent, y se lleva a términos de gran producción bajo el auspicio de Irving Allen y Albert Broccoli; más aún, significa el regreso de la neoyorkina al cine tras otra mala época marcada por el divorcio y la decepción, en esta ocasión por culpa del casi acabado actor y cantante Richard Haymes, a lo que se suma los asuntos de demanda a Columbia para acabar su contrato y librarse del posesivo Harry Cohn. Cuatro años transcurren entre ¨La Bella del Pacífico¨ y la que nos ocupa (con cuya protagonista, Sadie, también se comparte cierta semejanza...).

Como ella, los otros protagonistas de la historia no precisan de una concienzuda presentación; los marineros y contrabandistas Felix y Tony (justándose el veterano Robert Mitchum y el casi recién iniciado en la industria Jack Lemmon, los dos evidenciando una falta de química absoluta) se muestran y dicen como son nada más aparecer en pantalla. Filmada en Trinidad y Tobago, la fotografía de Desmond Dickinson nos asalta las retinas gracias a la intensidad del Technicolor, y realmente sentimos el calor de estas localizaciones caribeñas, de las que se extrae un atractivo exotismo, al que se suma el de la misma actriz.
Mala maniobra la del guión de destriparnos su pasado a poco de cinco minutos de haber aparecido, pues si algo debe poseer un personaje de Hayworth es misterio y secreto hasta las últimas consecuencias; lo que impulsa la trama es trasladar a esta eterna deambuladora de territorios a un sitio seguro lejos de los agentes de inmigración, pero su presencia, y como es lógico, termina de socavar la ya de por sí débil relación entre los hombres. Lo que más extraña es observar los cambios de carácter tan bruscos de esta pelirroja, mal definida se mire por donde se mire, y lo mismo sucede con ellos.

Entre preciosas playas caribeñas, calor sofocante y una secuencia de fiesta frenética donde tendremos que soportar ver a Hayworth contonearse por cuatro minutos sin ninguna justificación (uno de esos instantes típicos del Hollywood de la época que tanto demandaban los productores para atraer al público), se mezclan el drama y el romance y toma mucha importancia el valor de la amistad...sin embargo narrado de un modo tan tedioso que es imposible escapar del sopor. Algo de aventura a la antigua usanza asoma cuando la primera parte del film termina, de repente, sin previo aviso, dejando miles de situaciones por resolver.
No es muy inteligente (ignoro si está también confeccionada así la novela) construir un creciente suspense y tensión basada en las emociones alrededor de unos personajes de fuertes personalidades y torturadas existencias para luego desviar la atención e iniciar un nuevo argumento; de hecho estamos viendo otra película distinta, y por cierto sólo protagonizada por Lemmon, quien se esfuerza al máximo por hacer sobresalir sus dotes dramáticas. Esta película se desarrolla en el interior de una embarcación cuya carga puede explosionar de un momento a otro tras haber chocado con otro barco.

Ahora, más que en una producción de Irving Allen, pareciera que estemos en una de Irwin Allen, como si esto fuese la versión temprana del cine de catástrofes que explotará dentro de poco en Hollywood, centrándose la cámara de Parrish en otro tipo de tensión, la de la supervivencia y el esfuerzo de un equipo en una situación de rescate a contrarreloj; el actor de Massachusetts transmite al mismo tiempo compasión y desdén (es difícil entender al personaje), mientras por ahí deslumbra la presencia de Herbert Lom como el capitán. Como trama independiente se sostiene mejor que la anterior, pero no funciona compartiendo sólo la mitad del metraje.
En un mundo cinematográfico ideal ambas historias habrían aparecido separadas, en dos trabajos diferentes, por ello la nueva intervención de los casi olvidados Felix e Irena resulta atropellada, torpe, extraña, una maniobra de melodrama de serie ¨B¨ flojo, cuyo hedor lleva impregnándose desde el principio. Y termina Parrish de rematar estas vueltas de tuerca incomprensibles con una dosis de moralina innecesaria (hasta veremos a un doctor haciendo las veces de confesor), tanto más cuanto que la relación entre el trío protagonista ni cambia ni se lleva a otros términos, simplemente se queda como está...

Al menos se nos podía haber mostrado qué sucedía con Felix e Irena en la isla mientras Tony sufría su calvario personal; de ser así el argumento habría ganado mucho, pero por desgracia no hubo esa suerte...
Aun apoyada en el carisma de sus actores (voy a destacar también a Bonar Colleano y Edric Connor) y su gran despliegue de medios, ¨Fire Down Below¨, y era de esperar, no entusiasmó como debiera a los críticos y fracasó en los cines. Todo lo anterior desaprovechado; un mal retorno para la que en otro tiempo fuera una de las diosas de Hollywood...



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