Ficha La Garra Gigante

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Críticas de La Garra Gigante (6)




ozzygimenez

  • 4 Nov 2019

5


Otro pequeño clásico de las monster movies mas desenfadadas con una criatura que merece aparecer en todo documental cuando se habla de este género. Entre científicos y militares del aire anda su debate que no está mal aunque rancio en conclusión. Se supone que muestran su gran poderío imperialista que es mas bien vacío, aderezado con escenas de archivo, maquetas voladoras que se repiten al igual que muchas escenas, con una nula sensación de estar en el aire pero que en los interiores se consigue sacarle provecho haciendola fluida. Algo de destrucción que se espera con ganas y que es lo único divertido que tiene. Con sus protagonistas haciendo lo que pueden por el interior de las cabinas de vuelo. Sobretodo en los momentos de ataque por parte de la bicha que es y será para recordar, repitiendo su graznido característico una y otra vez, donde ni el pelo ni las alas ni los ojos se le mueven. Porfavor, ni antes ni después de su estreno ninguno tuvo que tomárselo en serio al ver semejante animal. Larry Cohen la tuvo que rescatar unas decadas mas tarde acertando mas con stop motion, algo que hubiese sido mas acertado aquí.



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mahotsukai

  • 2 Oct 2019

5



Legendario film de ciencia ficción de clase B, que presentó uno de los monstruos más estrafalarios de los que se tenga recuerdo, y que ha pasado a la historia por sus infames efectos especiales, a pesar de tener una trama, dentro de todo, decente.

El ingeniero electrónico Mitch McAfee, quien trabaja en el ejército probando un nuevo tipo de radar, detecta en pleno vuelo de prueba un asombroso OVNI de gigantescas proporciones, que sin embargo el radar no fue capaz de identificar. Reprendido severamente por sus superiores de estar haciendo una broma pesada, poco a poco cundirá el pánico cuando varios pilotos desaparezcan y finalmente una enorme ave alienígena surque los cielos de Nueva York.

“La Carcaña” (1957) es un producto de su época, qué duda cabe, los prodigiosos films del género fantástico y ciencia ficción de los 50s, con aquellas inconfundible tramas generadas por el miedo crónico de los estadounidenses a la explosión de la Guerra Fría y la amenaza nuclear. De esta forma, el temor a los alcances de la investigación espacial y la posibilidad de encontrar vida alienígena potencialmente agresiva e invasora venía a ser tan latente como el miedo que causaba en los políticos de ese país la extensión y dominación que el comunismo mostraba en la Europa del Este, a instancias de la Unión Soviética. De esta época y de este subgénero de alienígenas invasores, son algunos clásicos como “El Enigma de Otro Mundo” (1951), “La Guerra de los Mundos” (1953), “La Invasión de los Ladrones de Cuerpos” (1956) y “Planeta Prohibido” (1956), por nombrar de los más ilustres títulos.

Y la amenaza nuclear, por otra parte, se graficaba generalmente en animales comunes que aumentaban peligrosamente de tamaño para convertirse en una pesadilla, como fue el caso de “La Humanidad en Peligro” (1954) con hormigas; “Tarántula” (1955), con arañas; “Surgió del Fondo del Mar” (1955) con pulpos; e incluso, el ser humano, como en “El Asombroso Hombre Creciente” (1957), todos engendros decididamente afectados por la radiación producto de experimentos y bombas nucleares. En concreto, “La Carcaña” (1957) podría incluirse principalmente en este subgénero, el de monstruos afectados por la radiación, sin embargo, el hecho de que en la trama se nos diga que el pajarraco proviene del espacio, también nos llevaría a considerarla como ciencia ficción.

En cualquier caso, la inspiración de “La Carcaña” (1957) tuvo varias fuentes, comenzando por una serie de artículos científicos sobre la materia y la antimateria publicados en la prensa en la década de los 50s, el film nipón “Rodan” (1956) sobre un gigantesco pterodáctilo que asola Japón y el cuento “Grandfather and a Winter’s Tale”, publicado en enero de 1951 por Samuel Hopkins Adams, en el “The New Yorker”, sobre La Carcagne, una suerte de banshee alado del folklore galo-canadiense. Considerando la diferente naturaleza de las fuentes, la mezcla final no deja de ser particularmente llamativa.

De esta forma, Fred F. Sears, que un año antes había cosechado un gran éxito con el clásico “La Tierra contra los Platillos Voladores” (1956), se embarca en esta nueva aventura alienígena, intentando presentarla como una cinta seria, principalmente a través del guión de Paul Gangelin y Samuel Newman, que rinde mucho tributo a las cuestiones científicas y militares, contexto al que ya aludí en párrafos anteriores, pero que resuelve varias de estas cuestiones, en especial las científicas, de una forma muy cortante y hasta ingenua, respecto a la comprensión y asimilación que el espectador tendrá del entuerto. Así, a través de diálogos bastante largos por momentos, algo rebuscados y poco comprensibles, el guión intenta explicar al espectador de dónde viene la amenaza y cómo se puede destruir.

Cabe señalar que el título original del film en inglés es “The Giant Claw” (La Garra Gigante) y que para su traducción al español fue renombrada como “La Carcaña”, tomando como referencia, precisamente, la antigua leyenda canadiense que ya mencioné, sin embargo, el guión no logra sacar provecho en su intento por exponer la supuesta aparición de esta criatura y un horror extraterrestre alado, dándose cuenta desde un principio el espectador que no es la legendaria Carcaña la que asola los cielos estadounidenses. Más cuando el supuesto OVNI es demasiado grande y ha dejado huellas en los pastizales del granjero que rescató a los dos pilotos y la matemática, muy distante de la enorme figura de mujer con cabeza de lobo y alas de murciélago que el granjero cita entre sus delirios.

Como sea, el guión intenta ser serio y va incluyendo elementos científicos, como las referencias a la materia y a la antimateria y los campos de fuerza, así como el rol del átomo mésico para romper el campo de fuerza antimaterial del ave. Sin embargo, estos elementos narrativos no son bien tratados y son resueltos de forma muy rápida, como ya dije, en donde cuesta creer que de la noche a la mañana una matemática y un ingeniero saquen conclusiones tan precisas e irrevocables sobre un monstruo alienígena, sin siquiera saber de dónde viene, cuáles son sus características fisiológicas y biológicas del monstruo y por qué atravesó toda la galaxia para venir a anidar a la Tierra.

Sin embargo, el problema del film, sin duda, son los efectos especiales, especialmente, el diseño del monstruo protagonista. Así es, porque lo peor no son las escenas recicladas que Sear incluye en el film, extraídas algunas de “El Monstruo de Tiempos Remotos” (1953) y la mismísima “La Tierra contra los Platillos Voladores” (1956), ni los aviones colgando de hilos transparentes, ni los trozos de plásticos en llamas que le lanzan a los supervivientes, sino el diseño del monstruo, que originalmente iba a ser diseñado por el maestro de los efectos especiales en stop-motion, Ray Harryhausen.

No obstante, el bajísimo presupuesto obligaría a encargar su diseño y fabricación a una empresa mexicana, de acuerdo a la leyenda, y que resultaría en una esperpenta marioneta, a la que parece se le pegaron plumas reales de pavo y/o buitre, con unos horribles y chuecos dientes, unos ojos viscos y un peinado que el más extremo de los punks envidiaría sin más. De la misma forma, el manejo de a marioneta es tan malo que el pajarraco mueve muy poco las alas, teniendo al parecer una turbinas que le permiten suspenderse en el aire sin mayor esfuerzo. Ni habla de la escena en la que ataca un tren al que agarra completo, pareciendo más bien una longaniza, y en el que se nota que no pensaron que en caso de ser cierto, los demás vagones caerían por su propio peso.

A pesar de todo, hay que “rescatar” un par de escenas del plumífero, como cuando emulando a King Kong, se para en la cima del Empire State; o cuando destruye el Edificio de las Naciones Unidas; o ese “súper ataque” con un solo avión y con el Comandante en Jefe de las Fuerza Áerea de Estados Unidos en los controles, tras rompero el campo de fuerza antimaterial, en lugar de haber enviado a un piloto experto. Que no se digan que las autoridades estadounidenses no dan el ejemplo a sus soldados.

La película contó con la buena fotografía en blanco y negro de Benjamin H. Kline, fotógrafo de una gran cantidad de cortos de Los Tres Chiflados para la Columbia Pictures, que se advierte en las escenas a campo abierto, pero que se desluce en las escenas en que aparece la abominable marioneta.

Contrariamente a lo que ocurre en estas cintas de bajísimo presupuesto, las actuaciones están bien en líneas generales, comenzando con Jeff Morrow (“The Island Earth”, 1955; “The Creature Walks Among Us”, 1956) como el ingeniero electrónico Mitch McAfee, el héroe y galán que logra destruir al monstruo y quedarse con la chica; la chica Playboy de 1958 Mara Corday (“Tarantula”, 1955; “The Black Scorpion”, 1957), como la matemática Sally Caldwell, que debe ser lo mejor del film en cuanto a actuaciones, ya que sabe asumir un rol más protagónico como la chica inteligente y quién descubre que el ave planea anidar en la Tierra, por más que el guión, machista como siempre, termine por darle el crédito a McAfee.

Morris Ankrum (“La Tierra contra los Platillos Voladores”, 1956), como el Lugarteniente Considine; Edgar Barrier (“El Fantasma de la Ópera”, 1943; “La Guerra de los Mundos”, 1953) como el Dr. Noymann; y Robert Shayne (“Invasores de Marte”, 1953), como el risueño General Van Buskirk, completan un buen reparto.

En resumen, una película con una reputación infame más que nada por sus efectos especiales, pero que dentro del subgénero de monstruos alienígenas no está tan mal como aparenta ser. Probablemente, de haber tenido a algún profesional técnico, la película hubiese tenido cierta repercusión, aunque nunca tanto como para ser un clásico de la ciencia ficción.

https://cineramica.blogspot.com/



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TANO

  • 22 Feb 2013

7


De estos clásicos de los 50 de ciencia ficción que todo buen fan de las películas de este tipo disfruta.
Efectos especiales que van de lo normalito a lo bastante malo, mucho rollo científico típico de estas películas, que cuando lo oyes hoy día te echas las manos a la cabeza porque la mitad se lo inventan, y un monstruo bastante interesante e incluso collejo, que se dedica a ir cargándose todos los aviones que pilla. Muy entretenida.



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ragman

  • 20 Dec 2012

5


De esos filmes malos que les llegas a tomar aprecio, si bien en los 50s estaba saturado el tema de los monstruos gigantes, esta película es una mas de estas pero con un monstruo demasiado risible al menos para mi gusto.
La historia ya guarda valor nostálgico y tiene ese toque de las películas sobre monstruos gigantes que tanto me gustan, solo que me pareció que le falto un poco.


Recomendable a los fans de las pelis de monstruos gigantes.



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bigladiesman

  • 6 Oct 2010

5


Esta película es tan correcta a nivel de interpretaciones y guión como horrenda a nivel de FX.

Tenemos un buen reparto, con curtidos especialistas del género como Jeff Morrow en su última interpretación en la ci-fi antes de empezar una productiva carrera televisiva entre los 60 y los 80; Mara Corday, co-protagonista de Tarántula y El Escorpión Negro y secundaria en montones de películas de su amigo Clint Eastwood; Morris Ankrum, que aparece en Invasores de Marte, Tierra contra los Platillos Volantes y ¨last but not least¨ Beginning of The End (o ¨Las Langostas Piradas de Peter Graves¨), aparte de ser el juez de la serie original de Perry Mason, o - en un pequeño papel - Frank Griffin (actuando bajo pseudónimo) futuro maquillador de prestigio con películas como Almas de Metal, Engendro Mecánico, Bowfinger el Pícaro o Huida a Medianoche en su haber. A ello le añadimos un guión que al principio sabe mantener la tensión (hasta que queda supeditado a los FX) y unos diálogos que no resultan para nada ridículos. Todo bien, no?

Pues sí, todo bien hasta que la bestia asesina aparece: un hilarante pollastre de goma (CON DIENTES Y PEINADO PUNK!!!). Y empieza el cachondeo, la caspa y el fiipe. Al ser una película con un guión supeditado a los FX, este filme que se inicia dignísimo se convierte en una comedia involuntaria - sin llegar a los límites que tan bien ha señalado Sutter Kane más abajo - que encima resulta tremendamente divertida (sobretodo vista en compañía).

Un resumen de la película sería: Está bien esto. Mira! El de This Island Earth y la de Tarántula. Qué enigma, una garra gigante, esto prome... BRUHÁHAHAHAHAHAHAHAHA, un pollo de goma comiendo gente!

Y ahí se acaba la peli y empieza el [divertido] engendro.



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sutter kane

  • 11 May 2010

5


Esta película no me ha parecido para nada un film pésimo,como algunos historiadores afirman.En mi opinión no está en esa categoría de films malos como los paridos por Ed Wood,Richard Cunha o Phil Tucker,ni posee esa involuntariedad cómica de estos,al menos en cuanto a nivel de guión,que más bien responde a los arquetípicos esquemas de los films de monstruos de la época.El film tiene una experimentada y bastante sólida dirección de un experto en la matéria como Fred B Sears,que dignifica muy bien tan rutinario producto.Pero el verdadero cáncer de este film(para otros un encanto de lo más friki),y el causante del poco prestigio de la película,és la producción,que hace que toda la corrección y solidez de lo rodado con actores y decorados,caiga,cual castillo de naipes,con la metida de pata de un feo pajarraco inmundo que provoca el descojone y unos efectos especiales que si se podrían seriamente equiparar a los que empleaba Ed Wood.Provocando así la risa involuntária.Si el film hubiera tenido más medios,otro gallo cantaría,¡he dicho gallo¡.Si se ignora este mal estético,la película no esta nada mal,llega a entretener,no defrauda,y cumple (sin deslumbrar)como série B aceptable de época,que pese a las dificultades y tópicos que contiene,está hecha con algo más de oficio de lo habitual.Las hay de mucho peores.



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Críticas: 6


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