¨¡Al fin ha llegado nuestro día, y también nuestro momento! ¡Os aseguro que no permaneceremos impasibles observando cómo la Historia nos condena al celibato!¨. Nunca un discurso expresó de mejor manera la intención de una película.
Estar en el instituto y desear perder la virginidad, el recurso más usado en el cine de adolescentes, pero...¿acaso se practicó con más caradura y gracia que en ¨American Pie¨?
Sin duda una de las bazas del gran éxito que generó fue su capacidad para lograr que el público adolescente empatizara con los sufridos protagonistas, un grupo de cuatro chicos de un instituto americano cualquiera locos por probar los placeres del sexo...pero sin tener ni puñetera idea de cómo hacerlo. De algún modo, los que hemos visto la película nos sentimos identificados con Jim, Kevin, Chris y Finch (y quizá alguno con Stifler...lo cual no sería buena señal) e inevitablemente nos acordamos de nuestros años escolares.
Años de pupitres y clases aburridas, de patios llenos de envoltorios de aluminio y botes de zumo, de conversaciones triviales sobre videojuegos, música, exámenes, planes para el fin de semana o peleas con los padres...y, cómo no, de chicas, tema por antonomasia del que había que discutir cuando llegaba la hora del recreo: que si miraditas, cartas de amor, insinuaciones, tímidos besos, sentimientos difíciles de describir y muchos pensamientos impuros irrumpiendo en nuestras mentes en mitad de historia o filosofía. El caso es que todos hemos sido jóvenes, inseguros como Jim, ansiosos como Kevin, y hasta quizás un poco hipócritas como Finch (¡demonios, si casi es como ir atrás en el tiempo y ver tu pasado reflejado en una pantalla!).
¨American Pie¨ no pretende ser nada original, quizá por eso se vendió tan bien el guión de Adam Herz, futuro encargado de escribir las tres primeras entregas de la (malograda) franquicia, un guión escrito en seis semanas que cayó en manos de los directores Paul y Chris Weitz (aunque éste no aparece acreditado) y cuyo planteamiento regresaba con mucha mala leche, en la línea de Kevin Smith, Tom Shadyac y los hermanos Farrelly, a esas ¨teen comedies¨ que ya arrasaban en taquilla y en las estanterías de los videoclubs casi dos décadas antes.
De hecho la película no es sino una versión moderna de ¨Gran Lío en la Universidad¨, ¨La Revancha de los Novatos¨, ¨Losin It¨, ¨Movida de Verano¨ o la mítica ¨Porkys¨, su más directa predecesora (y todavía me dejo ejemplos...). Aquí se apuesta por lo seguro: la risa fácil, empleando una serie de diálogos y ¨gags¨ tan creíbles como descacharrantes, que a menudo nos presentan simpáticas situaciones de auténtica vergüenza ajena (la conversación de Jim con su padre sobre las revistas porno; el inolvidable momento de la empanada de manzana) o rozan lo escatológico y ofensivo (la tan repulsiva y extensa escena de Finch en el baño femenino o cuando Stifler se bebe la ¨cerveza espumosa¨).
Pero sobre todo indaga en los dos temas preferidos de los adolescentes, instigadores de tantas cuestiones y reflexiones trascendentales: el sexo y el amor, alrededor del cual pivotan los estereotipadísimos personajes y el 99% de la trama, previsible y vulgar y aun así tremendamente divertida, y hasta entrañable y tierna en ocasiones, porque, a pesar de plantarnos en la cara momentos como los antes mencionados o el del vídeo en directo de Jim y Nadia que todos acaban viendo (el más recordado), ¨American Pie¨, con todo lo gamberra y bestia que es, termina desembocando en una bonita comedia romántica al más puro estilo de John Hughes.
Promesas de amor, parejas abrazadas a la luz de la Luna y sensibles baladas perfectas para la ocasión, sin faltar ese baile de fin de curso donde por fin se revelan los verdaderos sentimientos; mil y una veces visto y sin embargo sigue resultando efectivo (insisto, es por la capacidad de hacer que el espectador empatice con ello). Tanto fue así que el debut de los Weitz, aun siendo una explosión de combustión lenta, se hizo en la taquilla estadounidense con la friolera de 100 millones de dólares...lo cual, teniendo en cuenta su modesto presupuesto de 11 millones, significó un triunfo en toda regla.
Si algo resulta inolvidable para los que disfrutamos del film que nos ocupa es la lista de actores que demuestran con creces su talento para la comedia (lo que les llevaría a estar encasillados de por vida), como Thomas Ian Nicholas, Alyson Hannigan, Chris Owen, el capullo de Seann W. Scott (cuyo Stifler acaba por resulta desquiciante) o ese gran Eugene Levy, que se marca algunas de las mejores frases; aunque los que se llevan la palma son Eddie K. Thomas y Jason Biggs, quien hizo de su Jim Levenstein uno de los personajes más impagables del cine cómico-adolescente. A destacar también la antológica aparición de los miembros de Blink 182.
Sí, ¨American Pie¨, salvo poner de moda el término ¨milf¨ (o en español ¨mqmf¨), no nos ofreció nada nuevo (una ¨Porkys¨ de internet y música ¨post-punk¨), pero sí algo muy divertido, lo suficiente como para generar un masivo comeback de ¨teen comedies¨ a partir del inicio del nuevo siglo, que se limitaban a copiarla sin ninguna vergüenza (y la mayoría de veces sin rastro de gracia); dos años después llegaría la segunda parte, que recaudaría incluso más que la primera...pero ya hablaré de ella en otro momento.
Como bien dicen los amigos al final, ¨Por el siguiente paso¨.
Mad Warrior
7
¨¡Al fin ha llegado nuestro día, y también nuestro momento! ¡Os aseguro que no permaneceremos impasibles observando cómo la Historia nos condena al celibato!¨. Nunca un discurso expresó de mejor manera la intención de una película.
Estar en el instituto y desear perder la virginidad, el recurso más usado en el cine de adolescentes, pero...¿acaso se practicó con más caradura y gracia que en ¨American Pie¨?
Sin duda una de las bazas del gran éxito que generó fue su capacidad para lograr que el público adolescente empatizara con los sufridos protagonistas, un grupo de cuatro chicos de un instituto americano cualquiera locos por probar los placeres del sexo...pero sin tener ni puñetera idea de cómo hacerlo. De algún modo, los que hemos visto la película nos sentimos identificados con Jim, Kevin, Chris y Finch (y quizá alguno con Stifler...lo cual no sería buena señal) e inevitablemente nos acordamos de nuestros años escolares.
Años de pupitres y clases aburridas, de patios llenos de envoltorios de aluminio y botes de zumo, de conversaciones triviales sobre videojuegos, música, exámenes, planes para el fin de semana o peleas con los padres...y, cómo no, de chicas, tema por antonomasia del que había que discutir cuando llegaba la hora del recreo: que si miraditas, cartas de amor, insinuaciones, tímidos besos, sentimientos difíciles de describir y muchos pensamientos impuros irrumpiendo en nuestras mentes en mitad de historia o filosofía. El caso es que todos hemos sido jóvenes, inseguros como Jim, ansiosos como Kevin, y hasta quizás un poco hipócritas como Finch (¡demonios, si casi es como ir atrás en el tiempo y ver tu pasado reflejado en una pantalla!).
¨American Pie¨ no pretende ser nada original, quizá por eso se vendió tan bien el guión de Adam Herz, futuro encargado de escribir las tres primeras entregas de la (malograda) franquicia, un guión escrito en seis semanas que cayó en manos de los directores Paul y Chris Weitz (aunque éste no aparece acreditado) y cuyo planteamiento regresaba con mucha mala leche, en la línea de Kevin Smith, Tom Shadyac y los hermanos Farrelly, a esas ¨teen comedies¨ que ya arrasaban en taquilla y en las estanterías de los videoclubs casi dos décadas antes.
De hecho la película no es sino una versión moderna de ¨Gran Lío en la Universidad¨, ¨La Revancha de los Novatos¨, ¨Losin It¨, ¨Movida de Verano¨ o la mítica ¨Porkys¨, su más directa predecesora (y todavía me dejo ejemplos...). Aquí se apuesta por lo seguro: la risa fácil, empleando una serie de diálogos y ¨gags¨ tan creíbles como descacharrantes, que a menudo nos presentan simpáticas situaciones de auténtica vergüenza ajena (la conversación de Jim con su padre sobre las revistas porno; el inolvidable momento de la empanada de manzana) o rozan lo escatológico y ofensivo (la tan repulsiva y extensa escena de Finch en el baño femenino o cuando Stifler se bebe la ¨cerveza espumosa¨).
Pero sobre todo indaga en los dos temas preferidos de los adolescentes, instigadores de tantas cuestiones y reflexiones trascendentales: el sexo y el amor, alrededor del cual pivotan los estereotipadísimos personajes y el 99% de la trama, previsible y vulgar y aun así tremendamente divertida, y hasta entrañable y tierna en ocasiones, porque, a pesar de plantarnos en la cara momentos como los antes mencionados o el del vídeo en directo de Jim y Nadia que todos acaban viendo (el más recordado), ¨American Pie¨, con todo lo gamberra y bestia que es, termina desembocando en una bonita comedia romántica al más puro estilo de John Hughes.
Promesas de amor, parejas abrazadas a la luz de la Luna y sensibles baladas perfectas para la ocasión, sin faltar ese baile de fin de curso donde por fin se revelan los verdaderos sentimientos; mil y una veces visto y sin embargo sigue resultando efectivo (insisto, es por la capacidad de hacer que el espectador empatice con ello). Tanto fue así que el debut de los Weitz, aun siendo una explosión de combustión lenta, se hizo en la taquilla estadounidense con la friolera de 100 millones de dólares...lo cual, teniendo en cuenta su modesto presupuesto de 11 millones, significó un triunfo en toda regla.
Si algo resulta inolvidable para los que disfrutamos del film que nos ocupa es la lista de actores que demuestran con creces su talento para la comedia (lo que les llevaría a estar encasillados de por vida), como Thomas Ian Nicholas, Alyson Hannigan, Chris Owen, el capullo de Seann W. Scott (cuyo Stifler acaba por resulta desquiciante) o ese gran Eugene Levy, que se marca algunas de las mejores frases; aunque los que se llevan la palma son Eddie K. Thomas y Jason Biggs, quien hizo de su Jim Levenstein uno de los personajes más impagables del cine cómico-adolescente. A destacar también la antológica aparición de los miembros de Blink 182.
Sí, ¨American Pie¨, salvo poner de moda el término ¨milf¨ (o en español ¨mqmf¨), no nos ofreció nada nuevo (una ¨Porkys¨ de internet y música ¨post-punk¨), pero sí algo muy divertido, lo suficiente como para generar un masivo comeback de ¨teen comedies¨ a partir del inicio del nuevo siglo, que se limitaban a copiarla sin ninguna vergüenza (y la mayoría de veces sin rastro de gracia); dos años después llegaría la segunda parte, que recaudaría incluso más que la primera...pero ya hablaré de ella en otro momento.
Como bien dicen los amigos al final, ¨Por el siguiente paso¨.
Me gusta (1) Reportar