Cómo olvidar las últimas palabras de un Charlton Heston, o mejor dicho, un George Taylor, abatido, desalentado al descubrir la verdad, en esa mítica escena que consigue poner al espectador los pelos como escarpias y donde la historia, que hasta ese entonces era de tipo aventuresco, pasa a ser de corte post-apocalíptico, albergando en su impactante plano final un mensaje demoledoramente creíble.
Hablamos de una de las más grandes películas de ciencia-ficción (y el que no esté de acuerdo simplemente no sabe lo que dice), basada, aunque no muy fielmente, en la célebre novela homónima escrita por el francés Pierre Boulle y publicada sólo cinco años antes, de la cual el productor Arthur P. Jacobs, antes de trabajar para la 20th Century Fox, había adquirido los derechos antes de ponerse en circulación. El proyecto había pasado sin suerte por muchos estudios hasta que el hombre, que poco a poco fue logrando éxitos de taquilla para la Fox, consiguió convencer a Richard Zanuck.
El guión corrió cargo de Rod Serling, soberano creador de la legendaria ¨En los Límites de la Realidad¨, cuyo planteamiento fue rechazado, por desgracia, en incontables ocasiones, ya que el presupuesto que se habría de emplear para plasmarlo en pantalla se salía de las cuentas (habría estado bien el haber hecho la película como él la imaginó). Otros guionistas dieron retoques aquí y allá y al proyecto, cuyo costoso rodaje iba a tener lugar en los vastos paisajes de Arizona y Colorado, se le dio luz verde con Franklin Schaffner, futuro responsable de ¨Papillon¨ y ¨Patton¨, encargándose de la dirección.
Esta épica aventura nos relata la hazaña de los tres astronautas Taylor, Landon y Dodge, quienes, tras un viaje de 2.006 años (que ese dice poco), realizan un aterrizaje forzoso en un planeta desconocido de una órbita desconocida para ellos; sin embargo, las condiciones del mismo no son perjudiciales para ellos. A través de inhóspitos e inmensos páramos, y con víveres suficientes para tres días, estos hombres intentan encontrar algún de rastro de civilización que les indique donde demonios están, o por lo menos más alimentos de los que disponen.
Cuan es su sorpresa al descubrir árboles, ríos, campos de cultivo, y lo más increíble de todo, humanos como ellos; pero la sorpresa será aún mayor cuando vean que unos soldados con aspecto de simios, montados a caballo, comienzan a perseguir a las personas y a apresarlas como animales salvajes. En la cacería Taylor es herido en la garganta y capturado, y su desconcierto aumentará cuando le trasladen a una ciudad donde sus moradores son simios y los humanos esclavos de éstos; todo parece haberse vuelto del revés en ese planeta y el astronauta no alcanza a comprender la razón...por suerte una doctora llamada Zira se interesará por él.
Si algo me gusta de la ciencia-ficción clásica, un género muy proclive a reflexionar sobre lo que ocurre a nuestro alrededor, es que sus historias de aventura, acción y épica poseían un mensaje, una crítica, y la de ¨El Planeta de los Simios¨ es brutal; las películas de ciencia-ficción actuales no tienen nada de eso, son simples productos de entretenimiento cargados de efectos visuales para arrasar en taquilla, de consumo y olvido rápido (¿has oído, Christopher Nolan?). El film de Schaffner, así como la obra de Boulle, expresa un miedo atroz a las guerras, a los conflictos entre los humanos, presentados, a través de las palabras del dr. Zaius, como seres que constantemente preparan su autodestrucción, además de tratar un aspecto bastante significativo, enfocado en la injusticia y discriminación reinante de la sociedad clasista.
Las impactantes escenas de las que goza la película, a destacar el juicio donde se le pone un bozal a Taylor, cuando éste descubre a su amigo Landon lobotomizado o ese memorable momento en el que, tras ser capturado, grita ¨¡quítame tus sucias patas de encima, mono asqueroso!¨ ante el estupor general, aparte de hacer que nos sintamos identificados con el protagonista, quedan vinculadas con el indudable pavor del ser humano a perder su identidad, su humanidad. Y el mejor ejemplo de ello es el revelador y apocalíptico final, uno de los más míticos de la Historia del cine.
Por otra parte, Schaffner sabe construir una gran aventura, llena de secuencias de acción y con un despliegue de medios increíble para la época, imprimiéndole, además, un tono crudo, agobiante, claustrofóbico si se prefiere (reitero otra vez la escena del juicio, perfecta como ejemplo), y en ocasiones de puro terror. Porque, aunque a muchos les parezca mentira, ¨El Planeta de los Simios¨ da miedo, un miedo tremendo, si nos ponemos a pensar en que algo así pudiera ocurrir.
El gran Charlton Heston vuelve a brindar otra magistral interpretación, ya apuntando maneras para adecuarse a la ciencia-ficción de estilo fantástico y apocalíptico a la que se aficionaría en la década de los 70, acompañado de una despampanante Linda Harrison, la cual obtuvo el papel tras rechazarlo Raquel Welch y Ursula Andress. Y bajo sus maquillajes y extraños ropajes, también sobresalen las actuaciones de Maurice Evans, Kim Hunter y Roddy McDowall.
El film dio para mucho: cuatro secuelas, una serie de televisión, un repugnante ¨remake¨ realizado por Tim Burton y una nueva saga la mar de innecesaria que inició Rupert Wyatt en 2.011, además de tebeos y una serie de animación.
Todo esto está muy bien, pero la obra original de Schaffner nunca podrá ser superada, la cual permanece en el tiempo como uno de los mayores logros cinematográficos de todos los tiempos.
Mad Warrior
10
Cómo olvidar las últimas palabras de un Charlton Heston, o mejor dicho, un George Taylor, abatido, desalentado al descubrir la verdad, en esa mítica escena que consigue poner al espectador los pelos como escarpias y donde la historia, que hasta ese entonces era de tipo aventuresco, pasa a ser de corte post-apocalíptico, albergando en su impactante plano final un mensaje demoledoramente creíble.
Hablamos de una de las más grandes películas de ciencia-ficción (y el que no esté de acuerdo simplemente no sabe lo que dice), basada, aunque no muy fielmente, en la célebre novela homónima escrita por el francés Pierre Boulle y publicada sólo cinco años antes, de la cual el productor Arthur P. Jacobs, antes de trabajar para la 20th Century Fox, había adquirido los derechos antes de ponerse en circulación. El proyecto había pasado sin suerte por muchos estudios hasta que el hombre, que poco a poco fue logrando éxitos de taquilla para la Fox, consiguió convencer a Richard Zanuck.
El guión corrió cargo de Rod Serling, soberano creador de la legendaria ¨En los Límites de la Realidad¨, cuyo planteamiento fue rechazado, por desgracia, en incontables ocasiones, ya que el presupuesto que se habría de emplear para plasmarlo en pantalla se salía de las cuentas (habría estado bien el haber hecho la película como él la imaginó). Otros guionistas dieron retoques aquí y allá y al proyecto, cuyo costoso rodaje iba a tener lugar en los vastos paisajes de Arizona y Colorado, se le dio luz verde con Franklin Schaffner, futuro responsable de ¨Papillon¨ y ¨Patton¨, encargándose de la dirección.
Esta épica aventura nos relata la hazaña de los tres astronautas Taylor, Landon y Dodge, quienes, tras un viaje de 2.006 años (que ese dice poco), realizan un aterrizaje forzoso en un planeta desconocido de una órbita desconocida para ellos; sin embargo, las condiciones del mismo no son perjudiciales para ellos. A través de inhóspitos e inmensos páramos, y con víveres suficientes para tres días, estos hombres intentan encontrar algún de rastro de civilización que les indique donde demonios están, o por lo menos más alimentos de los que disponen.
Cuan es su sorpresa al descubrir árboles, ríos, campos de cultivo, y lo más increíble de todo, humanos como ellos; pero la sorpresa será aún mayor cuando vean que unos soldados con aspecto de simios, montados a caballo, comienzan a perseguir a las personas y a apresarlas como animales salvajes. En la cacería Taylor es herido en la garganta y capturado, y su desconcierto aumentará cuando le trasladen a una ciudad donde sus moradores son simios y los humanos esclavos de éstos; todo parece haberse vuelto del revés en ese planeta y el astronauta no alcanza a comprender la razón...por suerte una doctora llamada Zira se interesará por él.
Si algo me gusta de la ciencia-ficción clásica, un género muy proclive a reflexionar sobre lo que ocurre a nuestro alrededor, es que sus historias de aventura, acción y épica poseían un mensaje, una crítica, y la de ¨El Planeta de los Simios¨ es brutal; las películas de ciencia-ficción actuales no tienen nada de eso, son simples productos de entretenimiento cargados de efectos visuales para arrasar en taquilla, de consumo y olvido rápido (¿has oído, Christopher Nolan?). El film de Schaffner, así como la obra de Boulle, expresa un miedo atroz a las guerras, a los conflictos entre los humanos, presentados, a través de las palabras del dr. Zaius, como seres que constantemente preparan su autodestrucción, además de tratar un aspecto bastante significativo, enfocado en la injusticia y discriminación reinante de la sociedad clasista.
Las impactantes escenas de las que goza la película, a destacar el juicio donde se le pone un bozal a Taylor, cuando éste descubre a su amigo Landon lobotomizado o ese memorable momento en el que, tras ser capturado, grita ¨¡quítame tus sucias patas de encima, mono asqueroso!¨ ante el estupor general, aparte de hacer que nos sintamos identificados con el protagonista, quedan vinculadas con el indudable pavor del ser humano a perder su identidad, su humanidad. Y el mejor ejemplo de ello es el revelador y apocalíptico final, uno de los más míticos de la Historia del cine.
Por otra parte, Schaffner sabe construir una gran aventura, llena de secuencias de acción y con un despliegue de medios increíble para la época, imprimiéndole, además, un tono crudo, agobiante, claustrofóbico si se prefiere (reitero otra vez la escena del juicio, perfecta como ejemplo), y en ocasiones de puro terror. Porque, aunque a muchos les parezca mentira, ¨El Planeta de los Simios¨ da miedo, un miedo tremendo, si nos ponemos a pensar en que algo así pudiera ocurrir.
El gran Charlton Heston vuelve a brindar otra magistral interpretación, ya apuntando maneras para adecuarse a la ciencia-ficción de estilo fantástico y apocalíptico a la que se aficionaría en la década de los 70, acompañado de una despampanante Linda Harrison, la cual obtuvo el papel tras rechazarlo Raquel Welch y Ursula Andress. Y bajo sus maquillajes y extraños ropajes, también sobresalen las actuaciones de Maurice Evans, Kim Hunter y Roddy McDowall.
El film dio para mucho: cuatro secuelas, una serie de televisión, un repugnante ¨remake¨ realizado por Tim Burton y una nueva saga la mar de innecesaria que inició Rupert Wyatt en 2.011, además de tebeos y una serie de animación.
Todo esto está muy bien, pero la obra original de Schaffner nunca podrá ser superada, la cual permanece en el tiempo como uno de los mayores logros cinematográficos de todos los tiempos.
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