Qué bonito es ese momento en el que una pareja, para reforzar su relación, compra una casa para reformar a medias. Se ve que eso une: esfuerzo, dedicación, trabajo mutuo, todo por cumplir el sueño de tener el hogar perfecto.
Lo tendré yo que probar alguna vez, pero eso sí, si decido alquilarla tendré mucho cuidado de no hacerlo a un pedazo de cabrón como el que sale en esta película.
Porque los jóvenes Drake y Patty, una pareja sana, feliz y llena de esperanzas, no han tenido otra cosa que hacer que adquirir una dudosamente bonita (a mí no me gusta nada, qué quieren que les diga) casa victoriana de dos pisos en el centro de San Francisco con el propósito de apañarla y alquilar los apartamentos de la planta baja.
La vida parece sonreírles y les es fácil tener candidatos para una de las viviendas...pero sus sueños se van al traste cuando aparece en sus vidas el simpático y formal Carter Hayes, un hombre de negocios de fiar y con el dinero suficiente para convencerles. Sí, es el solicitante perfecto, pero el que la transferencia del alquiler no haya salido como nuestro queridos enamorados esperan será la primera de muchas incómodas situaciones que harán que estos se pregunten si no han cometido un terrible error al dejar que ese tipo viva en su casa, un tipo dispuesto a todo para arruinarles la vida, y lo peor: teniendo a la ley de su parte para hacerlo. Muchachos, os digo lo mismo que el policía: ¨hubiera sido mejor alquilársela al hombre negro¨.
¨Pacific Heights¨ siempre fue uno de mis ¨thrillers¨ favoritos, una película que ahonda en un asunto tan peliagudo y tan de nuestra sociedad como es el de los inquilinos problemáticos, esos seres que se nos acomodan en nuestros propios domicilios y que cuentan con todo el beneplácito de las leyes, los derechos y los jodidos códigos civiles, porque si tienen un contrato pueden hacer lo que quieran, que la ley les respaldará. Es un tema tan real y agobiante que el solo hecho de pensar que nos pudiera ocurrir a nosotros da escalofríos, y el responsable de hacernos pasar un mal rato poniéndonos en la piel del tándem protagonista es ni más ni menos que John Schlesinger.
Hacía casi tres décadas que este nativo de Londres estaba tras las cámaras, un cineasta con una fuerte fijación por reflejar a seres humanos hundidos en situaciones miserables y sobreviviendo en mitad de un acentuado desencanto social, brindándonos clásicos como ¨Cowboy de Medianoche¨, ¨Domingo, maldito Domingo¨ y el inmortal ¨thriller¨ de los 70, ¨Marathon Man¨. Como dije de Frankenheimer en mi crítica de ¨Ronin¨, Schlesinger es otro de esos artesanos veteranos capaz de tocar todos los géneros manteniendo un personalísimo y original estilo, cuya filmografía merece desempolvarse de vez en cuando y visionar cada cierto tiempo.
Con más de sesenta tacos, el inglés sabe coger las riendas al adaptar el guión de Daniel Pyne y sumergirnos en un ¨thriller¨ de terror psicológico que consigue provocar asfixia y grima (buf, las cucarachas...) a partes iguales, con el objetivo cumplido de hacernos sentir como los personajes de Drake y Patty en una trama de impactante comienzo, tan retorcida como morbosa y donde se entremezclan una intriga de ciertas influencias ¨hitchcockianas¨, con violencia, melodrama y un peculiar humor de lo más negro continuando con la tradición del cuento del psicópata entrando en la vida de la joven pareja/familia perfecta y situando su acción siempre en la intimidad del hogar, que tan visto y oído estaba ya y el cual tomó cierta relevancia en el cine de los 90, presente en infinidad de títulos como ¨Falsa Seducción¨, ¨La Mano que mece la Cuna¨ o el ¨remake¨ de ¨El Cabo del Terror¨ que se sacó de la manga Scorsese, por nombrar sólo unos pocos, inspirando a miles de telefilms de sobremesa del domingo por la tarde que nos conocemos de sobra.
¨Pacific Heights¨ sabe atraparnos gracias a su atmósfera y despistarnos con ciertos giros imprevisibles, siendo el más pronunciado ese que se produce pasada la hora, cuando Patty toma el protagonismo y le hace la jugarreta a Hayes, que eso es algo que me repatea sobremanera (¿por qué el hombre es el bruto y torpe que empeora las cosas y la mujer la que, con su infinita inteligencia, lo resuelve todo? Me canso de ver lo mismo...).
Michael Keaton, que venía de colgarse los galones de héroe gracias al ¨Batman¨ de Burton, la clava haciendo de cabrón, capaz de ponernos la piel de gallina con su actuación de Carter Hayes/James Danforth, y es que el tío es un gran actor. Melanie Griffith nunca fue plato de mi gusto, para qué voy a mentir, de hecho esta es su única película que me gusta (hubiera preferido a Nicole Kidman o Anne Archer en el papel de Patty). Y Matthew Modine cumple de forma aceptable, ¿qué más se puede decir de él?, su protagonismo es aplastado por el de Griffith. Geniales Nobu McCarthy y el veterano Mako Iwamatsu como el matrimonio japonés, y en un breve cameo la mítica Tippi Hedren.
Aun con su final un tanto predecible (ya me figuraba yo que para algo estaban esos hierros ahí en el suelo) esta película es de las que me fascinan, y más y más cada vez que me la veo.
No hay duda de que Schlesinger tiene un don especial para esto del ¨thriller¨.
Mad Warrior
9
Qué bonito es ese momento en el que una pareja, para reforzar su relación, compra una casa para reformar a medias. Se ve que eso une: esfuerzo, dedicación, trabajo mutuo, todo por cumplir el sueño de tener el hogar perfecto.
Lo tendré yo que probar alguna vez, pero eso sí, si decido alquilarla tendré mucho cuidado de no hacerlo a un pedazo de cabrón como el que sale en esta película.
Porque los jóvenes Drake y Patty, una pareja sana, feliz y llena de esperanzas, no han tenido otra cosa que hacer que adquirir una dudosamente bonita (a mí no me gusta nada, qué quieren que les diga) casa victoriana de dos pisos en el centro de San Francisco con el propósito de apañarla y alquilar los apartamentos de la planta baja.
La vida parece sonreírles y les es fácil tener candidatos para una de las viviendas...pero sus sueños se van al traste cuando aparece en sus vidas el simpático y formal Carter Hayes, un hombre de negocios de fiar y con el dinero suficiente para convencerles. Sí, es el solicitante perfecto, pero el que la transferencia del alquiler no haya salido como nuestro queridos enamorados esperan será la primera de muchas incómodas situaciones que harán que estos se pregunten si no han cometido un terrible error al dejar que ese tipo viva en su casa, un tipo dispuesto a todo para arruinarles la vida, y lo peor: teniendo a la ley de su parte para hacerlo. Muchachos, os digo lo mismo que el policía: ¨hubiera sido mejor alquilársela al hombre negro¨.
¨Pacific Heights¨ siempre fue uno de mis ¨thrillers¨ favoritos, una película que ahonda en un asunto tan peliagudo y tan de nuestra sociedad como es el de los inquilinos problemáticos, esos seres que se nos acomodan en nuestros propios domicilios y que cuentan con todo el beneplácito de las leyes, los derechos y los jodidos códigos civiles, porque si tienen un contrato pueden hacer lo que quieran, que la ley les respaldará. Es un tema tan real y agobiante que el solo hecho de pensar que nos pudiera ocurrir a nosotros da escalofríos, y el responsable de hacernos pasar un mal rato poniéndonos en la piel del tándem protagonista es ni más ni menos que John Schlesinger.
Hacía casi tres décadas que este nativo de Londres estaba tras las cámaras, un cineasta con una fuerte fijación por reflejar a seres humanos hundidos en situaciones miserables y sobreviviendo en mitad de un acentuado desencanto social, brindándonos clásicos como ¨Cowboy de Medianoche¨, ¨Domingo, maldito Domingo¨ y el inmortal ¨thriller¨ de los 70, ¨Marathon Man¨. Como dije de Frankenheimer en mi crítica de ¨Ronin¨, Schlesinger es otro de esos artesanos veteranos capaz de tocar todos los géneros manteniendo un personalísimo y original estilo, cuya filmografía merece desempolvarse de vez en cuando y visionar cada cierto tiempo.
Con más de sesenta tacos, el inglés sabe coger las riendas al adaptar el guión de Daniel Pyne y sumergirnos en un ¨thriller¨ de terror psicológico que consigue provocar asfixia y grima (buf, las cucarachas...) a partes iguales, con el objetivo cumplido de hacernos sentir como los personajes de Drake y Patty en una trama de impactante comienzo, tan retorcida como morbosa y donde se entremezclan una intriga de ciertas influencias ¨hitchcockianas¨, con violencia, melodrama y un peculiar humor de lo más negro continuando con la tradición del cuento del psicópata entrando en la vida de la joven pareja/familia perfecta y situando su acción siempre en la intimidad del hogar, que tan visto y oído estaba ya y el cual tomó cierta relevancia en el cine de los 90, presente en infinidad de títulos como ¨Falsa Seducción¨, ¨La Mano que mece la Cuna¨ o el ¨remake¨ de ¨El Cabo del Terror¨ que se sacó de la manga Scorsese, por nombrar sólo unos pocos, inspirando a miles de telefilms de sobremesa del domingo por la tarde que nos conocemos de sobra.
¨Pacific Heights¨ sabe atraparnos gracias a su atmósfera y despistarnos con ciertos giros imprevisibles, siendo el más pronunciado ese que se produce pasada la hora, cuando Patty toma el protagonismo y le hace la jugarreta a Hayes, que eso es algo que me repatea sobremanera (¿por qué el hombre es el bruto y torpe que empeora las cosas y la mujer la que, con su infinita inteligencia, lo resuelve todo? Me canso de ver lo mismo...).
Michael Keaton, que venía de colgarse los galones de héroe gracias al ¨Batman¨ de Burton, la clava haciendo de cabrón, capaz de ponernos la piel de gallina con su actuación de Carter Hayes/James Danforth, y es que el tío es un gran actor. Melanie Griffith nunca fue plato de mi gusto, para qué voy a mentir, de hecho esta es su única película que me gusta (hubiera preferido a Nicole Kidman o Anne Archer en el papel de Patty). Y Matthew Modine cumple de forma aceptable, ¿qué más se puede decir de él?, su protagonismo es aplastado por el de Griffith. Geniales Nobu McCarthy y el veterano Mako Iwamatsu como el matrimonio japonés, y en un breve cameo la mítica Tippi Hedren.
Aun con su final un tanto predecible (ya me figuraba yo que para algo estaban esos hierros ahí en el suelo) esta película es de las que me fascinan, y más y más cada vez que me la veo.
No hay duda de que Schlesinger tiene un don especial para esto del ¨thriller¨.
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