Una de las películas fantásticas más importantes de la historia, la primera Obra Maestra del británico Ridley Scott, además de no perder ni un apice de su capacidad para inquientar más de 30 años después de su estreno, constituyó la primera piedra para la que se ha convertido probablemente en la más importante saga de ciencia-ficción ¨seria¨ en la historia del género.
Más alla de la polémica sobre si se trata de un film de ciencia-ficción o, simplemente, de una película de terror puro y duro ambientada en un escenario futurista, lo cierto es el film se benefició de su condición de producto de gran presupuesto (a pesar de una línea argumental más propia de las series B), del trabajo de un casi primerizo Ridley Scott, quien aporta una pulcritud visual y dominio del ritmo narrativo extraordinarios (además de aprovechar excelentemente el talento del equipo tecnico-artístico con el que contó), y de un guión perfectamente estructurado, con una primera mitad eminentemente expositiva, y una segunda cargada de suspense y situaciones crispantes.
El trabajo de dirección artística es impresionante; el regusto gótico de los diseños dentro de la nave alienígena, y el aspecto industrial de los interiores del Nostromo (que la sinuosa cámara de Scott recorre con inquietante elegancia) potencian contundentemente la sensación de extrañeza y claustrofobia vivida por los protagonistas, consiguiendo una de las atmósferas más axfisiantes que se recuerdan en cualquier film de género. El diseño de la criatura alienígena, en cualquiera de sus tres formas, (producto de la enfermiza mente del artista suizo H.R. Giger), también resulta absolutamente perturbador y amenazador, y la escena del parto simplemento se ha convertido en uno de los más impactantes ¨shocks¨ de la historia del cine (debido a una curiosa mezcla de gore y capacidad de sorpresa).
La segunda mitad del film, una vez la criatura está suelta y va mermando poco a poco a la tripulación, (a pesar de que en realidad se trata de un slasher en el espacio) se articula como una imparable sucesión de escenas de suspense perfectamente planificadas por Scott, quien mantiene un nivel de tensión elevadísimo, destacando especialmente la secuencia de Dallas en los túneles (quizá una de las secuencias más angustiosas que se recuerdan en la historia del cine), hasta llegar al extraordinario mano a mano final entre Ripley y el monstruo en la nave de salvamento. El guión de O´Bannon, a pesar de mantener una linea argumental principal bastante manida, consigue aportar algunos elemento de gran originalidad, como el curioso ciclo reproductivo alienígena, o el hecho de mantener una incertidumbre casi total sobre quién conseguirá sobrevivir, al menos hasta que el personaje de Ripley se decide a tomar las riendas de la situación hacia los últimos minutos de metraje.
Mención especial para el reparto, excelente y creíble en todo momento, sin que nadie recurra al histrionismo para destacar sobre los demás en ninguno momento, y mereciendo una mención especial la extraordinaria Verónica Cartwright, cuyas reacciones de pánico ante lo que sucede aún hoy no han sido superadas.
En resumen, un film que podría calificarse de perfecto si no fuera porque su secuela (increiblemente) resulto superior (si bien en un tono muy distinto). Un film de ritmo perfecto, de una estética visual rompedora, y de un nivel técnico-artístico sobresaliente. Una Maravilla.
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Una de las películas fantásticas más importantes de la historia, la primera Obra Maestra del británico Ridley Scott, además de no perder ni un apice de su capacidad para inquientar más de 30 años después de su estreno, constituyó la primera piedra para la que se ha convertido probablemente en la más importante saga de ciencia-ficción ¨seria¨ en la historia del género.
Más alla de la polémica sobre si se trata de un film de ciencia-ficción o, simplemente, de una película de terror puro y duro ambientada en un escenario futurista, lo cierto es el film se benefició de su condición de producto de gran presupuesto (a pesar de una línea argumental más propia de las series B), del trabajo de un casi primerizo Ridley Scott, quien aporta una pulcritud visual y dominio del ritmo narrativo extraordinarios (además de aprovechar excelentemente el talento del equipo tecnico-artístico con el que contó), y de un guión perfectamente estructurado, con una primera mitad eminentemente expositiva, y una segunda cargada de suspense y situaciones crispantes.
El trabajo de dirección artística es impresionante; el regusto gótico de los diseños dentro de la nave alienígena, y el aspecto industrial de los interiores del Nostromo (que la sinuosa cámara de Scott recorre con inquietante elegancia) potencian contundentemente la sensación de extrañeza y claustrofobia vivida por los protagonistas, consiguiendo una de las atmósferas más axfisiantes que se recuerdan en cualquier film de género. El diseño de la criatura alienígena, en cualquiera de sus tres formas, (producto de la enfermiza mente del artista suizo H.R. Giger), también resulta absolutamente perturbador y amenazador, y la escena del parto simplemento se ha convertido en uno de los más impactantes ¨shocks¨ de la historia del cine (debido a una curiosa mezcla de gore y capacidad de sorpresa).
La segunda mitad del film, una vez la criatura está suelta y va mermando poco a poco a la tripulación, (a pesar de que en realidad se trata de un slasher en el espacio) se articula como una imparable sucesión de escenas de suspense perfectamente planificadas por Scott, quien mantiene un nivel de tensión elevadísimo, destacando especialmente la secuencia de Dallas en los túneles (quizá una de las secuencias más angustiosas que se recuerdan en la historia del cine), hasta llegar al extraordinario mano a mano final entre Ripley y el monstruo en la nave de salvamento. El guión de O´Bannon, a pesar de mantener una linea argumental principal bastante manida, consigue aportar algunos elemento de gran originalidad, como el curioso ciclo reproductivo alienígena, o el hecho de mantener una incertidumbre casi total sobre quién conseguirá sobrevivir, al menos hasta que el personaje de Ripley se decide a tomar las riendas de la situación hacia los últimos minutos de metraje.
Mención especial para el reparto, excelente y creíble en todo momento, sin que nadie recurra al histrionismo para destacar sobre los demás en ninguno momento, y mereciendo una mención especial la extraordinaria Verónica Cartwright, cuyas reacciones de pánico ante lo que sucede aún hoy no han sido superadas.
En resumen, un film que podría calificarse de perfecto si no fuera porque su secuela (increiblemente) resulto superior (si bien en un tono muy distinto). Un film de ritmo perfecto, de una estética visual rompedora, y de un nivel técnico-artístico sobresaliente. Una Maravilla.
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