Un viejo caserón envuelto por la niebla, y rodeado de marismas, es el escenario perfecto para que se desarrolle una inquietante historia de fantasmas; de ésas que se cuentan en las frías noches de invierno junto a la chimenea. Notando, temiendo, aquellos horrores que escapan de nuestra imaginación para acecharnos desde los rincones más oscuros a nuestro alrededor.
O al menos así es como debería de ser: la sutileza de una sombra que se desliza entre penumbras, la angustiosa intriga de qué depararan los ecos… Es una tragedia que incluso el cuento gótico se vea vejado por el cine comercial de nuestros días.
Arthur Kipps (Daniel Radcliffe) es un joven abogado londinense, que para prosperar en su trabajo, se ve obligado a apartarse de su hijo de tres años durante una semana para viajar al apartado pueblo de Crythin Gifford. Allí deberá poner en regla los preparativos para la venta de la mansión Eel Marsh que ha quedado deshabitada tras la muerte de su propietario. Pero las sucesivas muertes de los niños del lugar, la hosquedad de sus habitantes, y la enigmática aparición de una mujer vestida de negro, harán que Arthur se sumerja en el pasado de la mansión Eel Marsh para esclarecer el misterio.
Una exquisita historia de fantasmas creada por Susan Hill en su novela homónima, que ha sido llevada a la televisión, teatro e incluso a la radio. Pero como ya he apuntado al comienzo de esta crítica, una buena historia no basta para deleitarnos si no se emplean los métodos adecuados para acompañarla. El ambiente durante todo el film es oscuro, sí; los decorados son notables, la fotografía oscura y estilizada, el clímax ideal… ¿qué puede dar más miedo que todo esto? La fría mano de una industria más preocupada por hacer que sea más producto que obra artística.
Desde el comienzo del film quedan patentes los manidos trucos de cine de terror de hoy. Que no abunde en sangre no exime a la película de no ser refrescante, pues abundan los sustos de atracción de feria. Métodos, recursos, que ya he visto una y mil veces desde principios de milenio; métodos y recursos que no dejan de repetirse cada cinco minutos haciendo que este espectador estuviese ya aburrido a la primera media hora. Pero, si hay algo que abunde más que el fantasma y los sustillos en esta película, son los tiempos muertos. Si el argumento original es sublime -pese a lo visto que puede resultarle el tema a algunos- no deja de ser una buena historia. Pero el guión lo echa todo por tierra dejando más que patente el desenlace de la historia al llegar al nudo, añadir cursilerías para hacer más atractiva la taquilla y sustituyendo la sutileza por lo manido.
Daniel Radcliffe sigue siendo un actor acartonado, inexpresivo. Pese a ello no desagrada su interpretación, aunque no destaque en absoluto. Es simplemente el actor de Harry Potter haciendo de viudo curioso. El resto del reparto seguiría la misma línea: ni lucen ni desentonan. La linealidad interpretativa no es algo que me haya sorprendido después de ver cuál era el objetivo del director: sustos, los auténticos protagonistas.
El exceso de FX también es un lastre para la película. Incluso el maquillaje photoshopresco de la mujer de negro es tan artificial que dificulta el introducirse más en la película. Cuando vi la antigua versión de Herbert Wise recuerdo que me inquietó más que ésta en las escenas cumbre. Claro que, como James Watkins no deja de abusar de la aparición de fantasmas y repullos durante todo el metraje, las escenas cumbre de ésta sorprende más bien poco.
Pero pese a todo se agradece que cambien el rumbo del cine de terror de los últimos años, en el que lo monopolizan sádicos asesinos, vísceras y chicas mutiladas. Espero que la buena taquilla sirva para que Hammer siga intentándolo y dé vida de nuevo a las películas que hicieron de ella un hito en la historias del celuloide.
Es una acertada película para público adolescente, eso sin duda. Un público no muy versado en el cine de terror puede encontrar divertido tanto sobresalto en una sala oscura rodeado de los amigos. Los amantes del género que no sean muy exigentes también podrán disfrutar del film si no han visto ni leído la obra anteriormente. E incluso el que quiera simplemente pasarlo bien en una sala a oscuras, con la sugestión junto a las palomitas y la cola, y poder disfrutas de los puntos positivos del film entre ¡Boo! y ¡Boo!, saldrá de la sala bastante satisfecho. Para los amantes del terror psicológico -como un servidor- se quedarán un tanto decepcionados.
Así que avisado quedas: no te dejes hipnotizar por sus oscuros ojos, negros como el alabastro y faltos de vida; eres tú quien elige si ésta es tu damisela y si lo que suena es vuestra canción.
karras
5
Un viejo caserón envuelto por la niebla, y rodeado de marismas, es el escenario perfecto para que se desarrolle una inquietante historia de fantasmas; de ésas que se cuentan en las frías noches de invierno junto a la chimenea. Notando, temiendo, aquellos horrores que escapan de nuestra imaginación para acecharnos desde los rincones más oscuros a nuestro alrededor.
O al menos así es como debería de ser: la sutileza de una sombra que se desliza entre penumbras, la angustiosa intriga de qué depararan los ecos… Es una tragedia que incluso el cuento gótico se vea vejado por el cine comercial de nuestros días.
Arthur Kipps (Daniel Radcliffe) es un joven abogado londinense, que para prosperar en su trabajo, se ve obligado a apartarse de su hijo de tres años durante una semana para viajar al apartado pueblo de Crythin Gifford. Allí deberá poner en regla los preparativos para la venta de la mansión Eel Marsh que ha quedado deshabitada tras la muerte de su propietario. Pero las sucesivas muertes de los niños del lugar, la hosquedad de sus habitantes, y la enigmática aparición de una mujer vestida de negro, harán que Arthur se sumerja en el pasado de la mansión Eel Marsh para esclarecer el misterio.
Una exquisita historia de fantasmas creada por Susan Hill en su novela homónima, que ha sido llevada a la televisión, teatro e incluso a la radio. Pero como ya he apuntado al comienzo de esta crítica, una buena historia no basta para deleitarnos si no se emplean los métodos adecuados para acompañarla. El ambiente durante todo el film es oscuro, sí; los decorados son notables, la fotografía oscura y estilizada, el clímax ideal… ¿qué puede dar más miedo que todo esto? La fría mano de una industria más preocupada por hacer que sea más producto que obra artística.
Desde el comienzo del film quedan patentes los manidos trucos de cine de terror de hoy. Que no abunde en sangre no exime a la película de no ser refrescante, pues abundan los sustos de atracción de feria. Métodos, recursos, que ya he visto una y mil veces desde principios de milenio; métodos y recursos que no dejan de repetirse cada cinco minutos haciendo que este espectador estuviese ya aburrido a la primera media hora. Pero, si hay algo que abunde más que el fantasma y los sustillos en esta película, son los tiempos muertos. Si el argumento original es sublime -pese a lo visto que puede resultarle el tema a algunos- no deja de ser una buena historia. Pero el guión lo echa todo por tierra dejando más que patente el desenlace de la historia al llegar al nudo, añadir cursilerías para hacer más atractiva la taquilla y sustituyendo la sutileza por lo manido.
Daniel Radcliffe sigue siendo un actor acartonado, inexpresivo. Pese a ello no desagrada su interpretación, aunque no destaque en absoluto. Es simplemente el actor de Harry Potter haciendo de viudo curioso. El resto del reparto seguiría la misma línea: ni lucen ni desentonan. La linealidad interpretativa no es algo que me haya sorprendido después de ver cuál era el objetivo del director: sustos, los auténticos protagonistas.
El exceso de FX también es un lastre para la película. Incluso el maquillaje photoshopresco de la mujer de negro es tan artificial que dificulta el introducirse más en la película. Cuando vi la antigua versión de Herbert Wise recuerdo que me inquietó más que ésta en las escenas cumbre. Claro que, como James Watkins no deja de abusar de la aparición de fantasmas y repullos durante todo el metraje, las escenas cumbre de ésta sorprende más bien poco.
Pero pese a todo se agradece que cambien el rumbo del cine de terror de los últimos años, en el que lo monopolizan sádicos asesinos, vísceras y chicas mutiladas. Espero que la buena taquilla sirva para que Hammer siga intentándolo y dé vida de nuevo a las películas que hicieron de ella un hito en la historias del celuloide.
Es una acertada película para público adolescente, eso sin duda. Un público no muy versado en el cine de terror puede encontrar divertido tanto sobresalto en una sala oscura rodeado de los amigos. Los amantes del género que no sean muy exigentes también podrán disfrutar del film si no han visto ni leído la obra anteriormente. E incluso el que quiera simplemente pasarlo bien en una sala a oscuras, con la sugestión junto a las palomitas y la cola, y poder disfrutas de los puntos positivos del film entre ¡Boo! y ¡Boo!, saldrá de la sala bastante satisfecho. Para los amantes del terror psicológico -como un servidor- se quedarán un tanto decepcionados.
Así que avisado quedas: no te dejes hipnotizar por sus oscuros ojos, negros como el alabastro y faltos de vida; eres tú quien elige si ésta es tu damisela y si lo que suena es vuestra canción.
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