La película Nación Cautiva (Captive State, 2019), dirigida por Rupert Wyatt —el mismo detrás de "El origen del planeta de los simios"—, combina ciencia ficción política y espionaje urbano para mostrar una invasión extraterrestre desde una perspectiva poco habitual: no la del heroísmo bélico, sino la de la resistencia silenciosa.
Ambientada en un Chicago ocupado por alienígenas conocidos como los Legisladores, el film propone un futuro donde los humanos han renunciado a su libertad a cambio de “seguridad”. Pero bajo esa aparente calma, aún late una llama de rebelión.
El plan del Fénix: un fracaso que no lo era
El grupo rebelde Fénix organiza un ataque contra los Legisladores durante la Reunión de Unidad, una ceremonia destinada a simbolizar la alianza entre los humanos y sus amos alienígenas. Liderados por Rafe Drummond, los insurgentes logran detonar un artefacto de tecnología extraterrestre, causando una explosión que parece ser el primer golpe real contra los invasores.
Sin embargo, el triunfo dura poco: la ciudad entra en estado de sitio y los rebeldes son capturados o asesinados. A primera vista, el sacrificio de Rafe y sus compañeros parece inútil. Pero el guion juega con esa ambigüedad: el fracaso de la rebelión no es tan literal como parece.
La traición que no era tal
El comandante William Mulligan (interpretado por John Goodman) se presenta como un policía leal al régimen alienígena, encargado de aplastar la insurgencia. Sin embargo, el desenlace revela que su papel fue mucho más complejo: no era un colaborador, sino un infiltrado dentro del sistema. Todo el aparente fracaso de la operación Fénix había sido diseñado como una tapadera para llevar el ataque hasta el corazón de la jerarquía alienígena.
Cuando Mulligan recibe de manos de Jane Doe —una prostituta y miembro encubierta del movimiento— una pequeña caja con un teléfono, se completa el rompecabezas. A través de las grabaciones en la memoria del dispositivo, Gabriel (el hermano de Rafe) descubre que Mulligan y Doe formaban parte del mismo plan: usar la represión de los alienígenas como cortina de humo para infiltrar una bomba en las profundidades de la base subterránea donde se ocultan los Legisladores.
El sacrificio final de Mulligan
En los últimos minutos, Mulligan desciende por el túnel que conduce a los subterráneos donde los Legisladores controlan a sus subordinados humanos. A medida que baja, el mismo material invisible del explosivo alienígena —el que usaron los rebeldes en Soldier Field— comienza a cubrirlo. Comprendemos entonces que Mulligan es el verdadero “hombre bomba”: el ataque fallido era solo una distracción para permitir que él llegara hasta el centro de poder y completara la misión.
El plano final, antes de los créditos, muestra a Mulligan desapareciendo bajo la sustancia luminosa, preparado para destruir la base. Su muerte no es en vano: simboliza el paso definitivo del agente infiltrado al mártir que enciende la chispa global de la rebelión.
Un cierre esperanzador: el fuego se expande
Durante los créditos, un mapa revela que el Chicago Closed Zone —la zona controlada por los alienígenas— ha sido destruido. Otras ciudades del mundo comienzan a rebelarse. La frase inicial del film, “Enciende una cerilla y prende la guerra”, cobra sentido: el sacrificio de unos pocos libera a millones de la apatía.
El final de Nación Cautiva no es triunfalista, pero sí liberador. No muestra una victoria total, sino el inicio de una lucha más grande, basada en la esperanza y en la idea de que la resistencia —por pequeña que parezca— siempre deja huella. En un mundo dominado por el control y la conformidad, el verdadero enemigo no son los extraterrestres, sino la rendición del espíritu humano.
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