La película “
Togo” (2019), dirigida por
Ericson Core y protagonizada por
Willem Dafoe como Leonhard Seppala, recrea la historia real del heroico perro de trineo que lideró la parte más dura y peligrosa de la carrera del suero hacia Nome, Alaska, en 1925. Pero más allá de la gesta, el film es también una historia sobre la lealtad, el sacrificio y el vínculo inquebrantable entre un hombre y su perro.
El viaje imposible: la carrera del suero
Durante una epidemia de difteria que amenaza con diezmar a los niños de Nome, Seppala acepta una misión suicida: recorrer cientos de kilómetros bajo una tormenta ártica para conseguir el suero que salvará al pueblo. Aunque su perro líder,
Togo, tiene ya doce años —una edad avanzada para un husky de trineo—, Seppala sabe que sin él no sobrevivirá al viaje.
Juntos emprenden una travesía épica a través del hielo, los vientos y las temperaturas extremas. En uno de los momentos más recordados del film, cruzan el inestable mar helado de Norton Sound, donde Togo arriesga su vida al lanzarse al agua y arrastrar con su fuerza el trineo de Seppala hasta tierra firme. Ese acto heroico sintetiza el espíritu del personaje: un perro pequeño y aparentemente débil que se convierte en símbolo de resistencia.
El verdadero héroe tras la leyenda de Balto
Tras completar la parte más larga y peligrosa del recorrido, Seppala entrega el suero al musher
Gunnar Kaasen, quien llevará la medicina en el último tramo hasta Nome. Sin embargo, al llegar la noticia del rescate, los medios atribuyen todo el mérito a Balto, el perro de Kaasen, y no a Togo ni a Seppala, que habían recorrido más del doble de distancia bajo condiciones mucho más extremas.
Cuando Seppala regresa a casa con Togo exhausto, el pueblo los recibe como héroes, pero la gloria pública se la lleva otro. La esposa de Seppala, Constance, se indigna al ver cómo la historia ignora al verdadero protagonista, mientras Togo, herido y envejecido, lucha por mantenerse en pie. Aun así, cuando el musher intenta dejarlo en casa para descansar, el perro vuelve a escapar para correr junto a él, demostrando que su espíritu sigue siendo indomable.
El legado de Togo
El desenlace muestra a Seppala aceptando el retiro de su fiel compañero, que pasa sus últimos años criando una nueva generación de perros de trineo. Los descendientes de Togo, conocidos como la línea “Seppala Siberian”, se convirtieron en los perros más respetados por los mushers de todo el mundo.
Una cartela final aclara la verdad histórica: mientras Balto fue inmortalizado con una estatua en Nueva York, Togo fue el auténtico héroe de la carrera del suero, recorriendo la distancia más larga y peligrosa. Su valentía cambió el curso de la historia y salvó incontables vidas, aunque el reconocimiento llegaría mucho después.
Conclusión del final
El final de
“Togo” es profundamente emotivo. No solo reivindica la figura del perro olvidado por la historia, sino que celebra la conexión entre Seppala y su compañero, basada en la confianza y el amor incondicional. Ambos representan el sacrificio silencioso de quienes hacen lo correcto sin esperar recompensa.
Togo muere en paz en 1929, pero su legado perdura: el del héroe que nunca buscó gloria, solo cumplir su deber. Una lección de humildad y lealtad que convierte a esta película en una de las historias más conmovedoras del cine de aventuras contemporáneo.
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