Un inicio marcado por la fuga
Intemperie (
Intemperie, 2019), dirigida por
Benito Zambrano, abre con la imagen de un niño que escapa campo a través con apenas un zurrón y el cuerpo lleno de moratones. La persecución no tarda en organizarse: el capataz, figura de poder violento, moviliza a sus hombres para recuperar al pequeño.
El contexto es España en 1946, un país donde la miseria y el miedo se respiran en cada rincón. Ese niño huye no solo de un verdugo, sino de un sistema que ampara el abuso bajo la autoridad franquista.
El encuentro con el pastor
Agotado y deshidratado, el niño cruza su camino con un pastor solitario, interpretado por
Luis Tosar, que se convierte en un inesperado protector. Aunque al principio desconfía, el viejo hombre le ofrece agua, comida y refugio.
Entre ambos surge una relación de aprendizaje y confianza: él le enseña a orientarse, a no dejarse llevar por el odio y a sobrevivir en un mundo hostil. Una frase breve: nace una alianza improbable.
Sombras del poder y violencia
Mientras tanto, el capataz intensifica la caza, acompañado de sus hombres y del rencor. La brutalidad del régimen se refleja en cada encuentro: amenazas a familias humildes, torturas psicológicas, ejecuciones sumarias. El niño descubre, casi sin querer, que en ese paisaje desértico no solo se juega su destino, sino también la dignidad de quienes lo ayudan.
Las emboscadas y persecuciones construyen una tensión constante. El capataz se convierte en metáfora de un poder que no tolera la fuga ni la desobediencia.
Final explicado de "Intemperie": justicia en manos propias
El desenlace se concentra en un enfrentamiento en un pueblo abandonado. El pastor y el niño, cercados, se ven obligados a luchar contra el capataz y sus hombres. El viejo cae gravemente herido, pero consigue asfixiar al verdugo y poner fin a su dominio.
Antes de morir, se despide del niño recordándole que los crímenes de los adultos no son culpa de los niños. El pequeño, entre lágrimas, lo entierra como él le enseñó a hacer con otros caídos. Montado en el caballo, con el burro y las ovejas, sigue su camino hacia un futuro incierto, pero libre del yugo del capataz.
El eco de la intemperie
La película concluye con un mensaje claro: sobrevivir no siempre es vencer, pero resistir ya es un acto de rebeldía. El niño, que comenzó como víctima, termina como símbolo de esperanza.
El relato conecta con otros filmes de memoria rural como “Los santos inocentes”, donde el abuso de poder marca el destino de los más débiles. Aquí, sin embargo, hay un destello de liberación: la intemperie no solo es castigo, también es horizonte abierto.
En definitiva, “Intemperie” retrata un duelo entre inocencia y brutalidad, y deja flotando una reflexión amarga: a veces la única justicia posible es la que se ejecuta fuera de la ley.
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