Un internado gótico lleno de secretos
En
Blackwood (
Down a Dark Hall, 2018), dirigida por
Rodrigo Cortés, la joven
AnnaSophia Robb da vida a Kit, una adolescente conflictiva enviada a un internado remoto. Lo que aparenta ser una estricta institución educativa pronto se convierte en un escenario inquietante donde las alumnas descubren talentos artísticos y creativos inexplicables.
La directora, Madame Duret, interpretada por
Uma Thurman, controla cada aspecto de la vida de las estudiantes. A simple vista parece querer encauzar a jóvenes problemáticas, pero bajo la superficie se esconde un plan macabro que conecta la escuela con fuerzas sobrenaturales.
El talento prestado: posesión disfrazada de inspiración
Las chicas pronto muestran un cambio inquietante. Sierra pinta obras maestras firmadas con las iniciales de Thomas Cole, Ashley escribe poemas oscuros con la voz de otros autores y hasta Kit empieza a sentir cómo alguien más toma el control de sus manos. Lo que en apariencia es genialidad artística se revela como una posesión: los cuerpos de las alumnas son usados como vasos para que mentes brillantes del pasado sigan creando.
La única que resiste es Veronica, lo que despierta la ira de Madame Duret. Su rebeldía la lleva a descubrir con Kit los archivos prohibidos de la escuela, donde encuentran pruebas de que otras jóvenes fueron utilizadas de la misma manera. Aquí el relato adquiere tintes de clásico gótico, con muros que ocultan más cadáveres que recuerdos.
Final explicado: fuego, sacrificios y revelaciones
El desenlace llega cuando Sierra muere exhausta y Ashley se lanza al vacío para evitar que la posesión la devore por completo. Kit intenta salvar a Veronica, encadenada en un ala olvidada, y en el forcejeo provoca un incendio que arrasa el edificio. Izzy, fascinada por las llamas, decide quedarse, mientras Madame Duret termina siendo poseída por los espíritus que pretendía controlar.
En medio del caos, Kit pierde el conocimiento y se encuentra con la visión de su padre fallecido, quien la anima a elegir la vida. Al despertar en una ambulancia, con su madre a su lado, la protagonista entiende que sobrevivir también implica cargar con el peso de las pérdidas.
El simbolismo del internado en ruinas
El colegio Blackwood no es solo escenario: funciona como metáfora de un sistema que devora a los jóvenes en nombre del éxito y el prestigio. Los talentos de las chicas no les pertenecen, sino que son impuestos a costa de su propia identidad. La destrucción final del edificio es también la ruptura con ese ciclo de explotación.
Como en
"Suspiria", el fuego purifica, aunque deja tras de sí un reguero de víctimas. Kit y Veronica representan la resistencia frente a la manipulación de una figura autoritaria que, al creerse dueña de la creatividad, termina siendo consumida por ella.
Cierre: lo que permanece tras las cenizas
La película concluye con una reflexión amarga: el precio de ceder el control puede ser la vida misma. Madame Duret buscaba inmortalidad para los genios, pero encontró su condena. Kit, en cambio, renace de las cenizas con una segunda oportunidad, marcada por el recuerdo de su padre y de las compañeras que no lograron escapar.
El eco de Blackwood persiste como advertencia: el verdadero arte nace de la libertad, no de la posesión. Y, como si fuese un cuento gótico moderno, la heroína sobrevive no gracias a la genialidad, sino a su voluntad de resistir.
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