“Tiburón blanco” (Great white, 2021) es un thriller de supervivencia ambientado en las paradisíacas —y traicioneras— aguas de Australia. Todo empieza como una excursión turística a bordo de una hidroavioneta, pilotada por Kaz y su pareja Charlie, con tres pasajeros a bordo: la pareja japonesa Joji y Michelle, y el simpático cocinero Benny.
La idea era pasar un día tranquilo en Hell’s Reef, pero lo que encuentran es el cadáver de un hombre que claramente ha sido víctima de un ataque de tiburón. Cuando deciden investigar el yate del fallecido por si su pareja sigue con vida, no solo descubren otro cadáver… también despiertan el interés de un enorme tiburón blanco que hará todo lo posible por acabar con ellos.
Final explicado de "Tiburón Blanco": un duelo a vida o muerte
Tras el hundimiento del hidroavión y la pérdida del bote salvavidas, el grupo queda a la deriva en medio del océano… y sin saber que hay más de un tiburón acechando. Uno a uno van cayendo: primero Benny, luego Joji, víctimas del pánico, el agotamiento y, sobre todo, de los escualos hambrientos.
Al final solo quedan Kaz, Charlie y Michelle. La situación se vuelve insostenible: la balsa se desinfla, no hay comida ni agua, y la costa está lejos. Deciden entonces que Michelle nade hasta un viejo pecio oxidado mientras Kaz y Charlie intentan distraer a los tiburones.
¿Quién sobrevive al final?
La primera gran victoria llega cuando Kaz logra disparar una bengala a uno de los tiburones y Charlie lo remata con su cuchillo, atravesándole el cerebro. Pero la alegría dura poco: cuando aparece el segundo tiburón, Charlie intenta repetir la jugada… y falla. Es devorado brutalmente delante de Kaz, que logra huir y reunirse con Michelle.
Ambas son atacadas y lanzadas al agua. Kaz se esconde en el interior del pecio mientras el tiburón se queda atrapado en unas barras metálicas. A punto de morir ahogada, Kaz se desmaya. Pero Michelle, ya a salvo en tierra, regresa para salvarla: le hace el boca a boca, la reanima y juntas acaban con la criatura.
Un final con sabor a victoria (y salitre)
La escena final muestra a Kaz y Michelle, exhaustas, pero vivas, tumbadas en la arena. Han perdido a sus seres queridos, han enfrentado el terror cara a cara, pero han sobrevivido. Y ahora, con las olas rompiendo suavemente en la orilla, solo queda recuperar el aliento… y seguir adelante.
Reflexión final sobre "Tiburón Blanco"
La película no inventa nada nuevo dentro del subgénero de tiburones asesinos, pero cumple con lo que promete: tensión, ataques sangrientos, paisajes espectaculares y una protagonista fuerte. El personaje de Kaz, embarazada y aún así capaz de enfrentarse a los depredadores del mar, aporta un componente emocional inesperado. Y el hecho de que no todos sobrevivan refuerza el realismo del relato.
Porque a veces, en mitad del océano, el mayor enemigo no es solo el tiburón… sino el miedo, el egoísmo o la desesperación. Y sobrevivir no siempre significa ganar, pero sí resistir hasta el final.
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