¿De qué trata "Surcos" (1951)?
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Surcos” (1951) es una de las películas más duras y realistas del cine español de posguerra. Dirigida por José Antonio Nieves Conde, la historia sigue a la familia Pérez, que abandona el campo en busca de un futuro mejor en el Madrid de los años 50. Padre, madre, y sus tres hijos —Pepe, Manolo y la joven e ingenua Tonia— llegan a la capital con más ilusión que certezas.
Pero pronto descubrirán que la ciudad no es ese lugar de oportunidades que esperaban, sino un hervidero de pobreza, miseria moral, explotación y corrupción.
Instalados en casa de una pariente en un barrio marginal, la familia empieza a desmoronarse. El padre fracasa en varios trabajos humillantes, Pepe se mete en el contrabando de la mano de un mafioso llamado Don Roque, y Tonia cae en manos del mismo hombre, seducida por promesas de éxito como cantante. La ciudad devora lentamente a los Pérez, poniendo a prueba sus valores, su dignidad y su unidad como familia.
Final explicado de "Surcos": ¿Qué le ocurre a Pepe? ¿Y qué decisión toma la familia?
El desenlace de Surcos es tan crudo como inevitable. Cuando Pepe descubre que su hermana Tonia ha sido manipulada y corrompida por Don Roque, lo enfrenta directamente y le exige que se case con ella. Don Roque, entre carcajadas, se burla de la propuesta.
La confrontación acaba con Pepe despedido del negocio del contrabando. Aun así, Pili —su pareja— insiste en que realice un último robo de patatas, pero el resto de la banda lo deja tirado y su viejo enemigo El Mellao lo delata. Durante el robo, la policía le tiende una emboscada: le disparan y, pese a estar herido, logra huir.
Pero no todo ha terminado. Al regresar maltrecho, encuentra a El Mellao intentando llevarse a Pili por la fuerza. Se enfrenta a él, pero El Mellao lo golpea con una llave inglesa. Más tarde, Don Roque aparece y, viendo a Pepe malherido pero aún con vida, lo remata de forma despiadada arrojándolo desde un puente sobre las vías justo cuando pasa un tren.
La película concluye con el regreso de la familia Pérez a su aldea. Vemos el entierro de Pepe, el hijo mayor, que pagó con su vida el precio de haber buscado una salida en una ciudad que solo ofrecía desesperación. Manuel, el padre, recoge un puñado de tierra del cementerio y dice con voz firme que deben volver al campo, a pesar de la vergüenza y las habladurías.
“Con vergüenza, sí… pero hay que volver a la tierra”, sentencia. La frase resuena como un acto de resignación, pero también de reafirmación de los valores rurales frente al monstruo urbano que los devoró.
¿Qué mensaje deja "Surcos" con su final?
Surcos es un retrato implacable de la España de la posguerra. La ciudad aparece como un pozo negro de corrupción, donde los valores tradicionales no tienen lugar y la supervivencia pasa por perder la inocencia, la moral y, a veces, la vida. El viaje de la familia Pérez se convierte en una advertencia sobre el coste de romper con las raíces y abandonar la tierra.
El regreso al campo no es triunfal, sino obligado, marcado por la pérdida. Pero también es una llamada a reencontrarse con lo auténtico, a pesar del dolor. La muerte de Pepe es la gota que colma el vaso, la evidencia de que en un mundo dominado por mafias, pobreza y deshumanización, los ideales no sirven de escudo. Solo queda volver a empezar desde lo más básico: la tierra.