La historia detrás del partido más simbólico del cine bélico
Evasión o Victoria (Victory, 1981) no es solo una película de fútbol en plena guerra. Es un canto al coraje y a la dignidad humana. Dirigida por John Huston, mezcla tensión bélica, deporte y camaradería en una trama donde los prisioneros de guerra aliados aceptan jugar un partido contra un equipo alemán como parte de una operación propagandística… que se convierte en una inesperada oportunidad para escapar.
El británico Colby, exjugador del West Ham, organiza el equipo con prisioneros de distintas nacionalidades. Y el americano Robert Hatch (Sylvester Stallone), en principio más centrado en fugarse que en jugar, acaba siendo clave en ambos frentes: dentro y fuera del campo.
¿Qué ocurre al final? El momento de decidir
El partido comienza mal para los aliados: 4-1 al descanso. En ese momento, la Resistencia les ofrece escapar por un túnel conectado a los vestuarios. Pero el equipo, en lugar de huir, toma una decisión tan irracional como heroica: volver al campo.
Y entonces, contra todo pronóstico, remontan. Hatch, el portero improvisado, se crece, y el equipo logra empatar a 4-4. El árbitro anula un gol legal, la violencia alemana sube de tono… pero el público, harto del abuso, se pone de su parte. Cuando Hatch para un penalti en el último minuto, el estadio estalla. La gente invade el campo y, en medio del caos, los jugadores consiguen escapar mezclados entre la multitud.
Más que una fuga: una victoria moral
El empate no importa. Tampoco que no levanten un trofeo. Lo que logran es más grande: escapar con la cabeza alta, sin traicionar lo que son. Usan el fútbol como escudo y como arma. No por estrategia militar, sino por algo más humano: el deseo de resistir.
Lo que empieza como una burla propagandística nazi termina siendo una derrota moral para sus organizadores. Y una victoria simbólica para quienes no tenían nada… salvo orgullo.
¿Por qué sigue emocionando más de 40 años después?
*Evasión o Victoria* no es realista, ni lo pretende. Es una fábula épica que mezcla deporte y guerra, con Pelé haciendo chilenas, Michael Caine organizando tácticas y Sylvester Stallone parando penaltis. Pero su mensaje perdura: la libertad, a veces, se conquista en un campo de juego.
En un tiempo en que tantas películas ofrecen cinismo, esta ofrece esperanza. Porque incluso en medio del horror, hay espacio para la dignidad, el compañerismo… y una última parada salvadora.
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