“Blood de Brad Anderson” ( 2022), dirigida por Brad Anderson, es un intenso thriller de terror con tintes dramáticos que nos presenta a Jess, una madre y enfermera que lucha por reconstruir su vida tras superar una adicción.
Justo cuando recupera la custodia de sus hijos, Owen y Tyler, su hijo pequeño sufre un ataque brutal por parte del perro de la familia, lo que desata una pesadilla que mezcla lo sobrenatural con el horror más humano. A medida que Owen desarrolla una extraña necesidad de sangre para sobrevivir, Jess se ve arrastrada a una espiral de sacrificios impensables por protegerlo.
Final explicado de "Blood": ¿Qué decide hacer Jess?
Tras semanas alimentando a su hijo con sangre humana para mantenerlo con vida —llegando incluso a secuestrar a una paciente terminal para ello—, Jess empieza a darse cuenta de que Owen se ha convertido en algo incontrolable. Su comportamiento es cada vez más agresivo, sus ojos brillan en la oscuridad y ya no puede soportar la luz del sol.
El punto de no retorno llega cuando Owen casi ataca al bebé de su padre durante una visita de los servicios sociales. Entonces, Tyler, su hermana mayor, toma la iniciativa de huir con él en bicicleta hacia el origen de todo: el árbol muerto junto al lago seco, convencida de que destruirlo podría romper el mal que se ha apoderado de su hermano.
Pero Owen ya no es del todo humano. Se ha transformado en un ser monstruoso y termina atacando a su hermana. Jess llega justo a tiempo y, con todo el dolor del mundo, lo enfrenta. En un momento de lucidez, Owen le pide que haga lo correcto. Entonces, Jess lo sumerge en el fango negro que rodea el árbol, acabando con su vida. Hace pasar su muerte por un accidente, pero pierde la custodia de Tyler.
¿Qué simboliza el árbol muerto?
El árbol seco y podrido parece ser el origen de la oscuridad que infecta a Owen. Desde el principio, está rodeado de barro negro, animales muertos y una atmósfera malsana. Incluso el perro Pippen muestra una mezcla de miedo y atracción hacia él. Es como si el árbol fuera un portal o un foco de energía maligna. Tyler escucha susurros que emergen del tronco hueco, lo que sugiere que la maldición que afecta a Owen está profundamente conectada con ese lugar.
Al final, cuando Jess decide quemar el árbol, está intentando cerrar el ciclo de horror y evitar que vuelva a repetirse. Pero la escena final, con su nuevo perro Jericho deteniéndose al mirar hacia el bosque, deja abierta la posibilidad de que el mal no haya desaparecido del todo.
Una tragedia sin redención
El final de Blood es profundamente trágico. Jess lo pierde todo: a su hijo, a su hija y cualquier atisbo de normalidad. Y sin embargo, nunca deja de actuar por amor. Cada decisión que toma —por extrema o aterradora que sea— está impulsada por el deseo de salvar a Owen, de redimirse como madre. Es precisamente esa entrega lo que hace que el final sea tan devastador: porque, pese a todo, no hay redención posible.
La película no busca justificar el sacrificio, sino mostrar las consecuencias de amar a alguien incluso cuando ya no es quien era. Jess se enfrenta al mayor dilema moral que puede imaginarse y toma la decisión más dolorosa: dejar ir a su hijo para salvarlo.
Conclusión de "Blood"
Blood no es solo una historia de vampirismo moderno, sino también una desgarradora reflexión sobre la maternidad, la culpa y el sacrificio. El horror no reside solo en la sangre, sino en las decisiones imposibles que Jess debe tomar para proteger a quienes ama. Y aunque al final intente cerrar ese capítulo quemando el árbol, el inquietante comportamiento de su nuevo perro sugiere que el mal aún podría estar acechando. Porque hay heridas que no sanan del todo, y terrores que nunca desaparecen por completo.
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