"Taxi 2" (2000) retoma las aventuras de Daniel, el taxista más rápido —y temerario— de Marsella, justo cuando su vida personal y profesional empieza a enredarse a lo grande. Mientras lidia con una visita incómoda a casa de su suegro militar y una novia cada vez más exigente, Daniel acaba metido sin quererlo en una misión de alto nivel para proteger al ministro de Defensa japonés, de visita en Francia.
A su lado, como siempre, el torpe pero entrañable Émilien, que por fin consigue sacarse el carnet de conducir (tras múltiples intentos fallidos), y que también se verá atrapado en una historia de espionaje, yakuzas y mucho, mucho caos. La premisa: los yakuzas quieren secuestrar al ministro y provocar un escándalo internacional. ¿Los únicos que pueden evitarlo? Un taxista con coche tuneado y un policía con más voluntad que pericia.
Secuestros, ninjas y un taxi con alas
Todo se complica cuando los yakuzas secuestran al ministro y a Petra, la novia de Émilien, con un plan en marcha para hipnotizar al político y provocar un atentado en pleno desfile del 14 de julio. La policía va dos pasos por detrás, así que Émilien pide ayuda a Daniel, que pone su experiencia (y su coche volador) al servicio de la misión.
Con ayuda del general Bertineau —padre de Lily y suegro potencial de Daniel— consiguen llegar a París en avión militar, con taxi incluido. Una vez allí, tras una persecución a todo gas por las calles de la capital, Daniel y Émilien logran localizar la base de los yakuzas, frustrar la hipnosis y rescatar tanto al ministro como a Petra, justo a tiempo para que no se desate un conflicto diplomático.
El final explicado de "Taxi 2"
En la recta final, Daniel es perseguido por tres coches de los yakuzas. Sin embargo, su jugada maestra consiste en provocar el caos entre los propios policías de tráfico de París para entorpecer la huida de los japoneses. Aun así, no basta: los yakuzas siguen pisándole los talones.
Aquí es cuando entra en juego el comodín militar: Daniel convence al general Bertineau para montar una emboscada en la salida de un túnel con tanques reales del desfile. El taxi acelera, despliega sus alas y literalmente vuela por encima de los tanques… mientras los yakuzas quedan atrapados entre el acero y la sorpresa. Fin de la persecución. Misión cumplida.
Daniel rechaza un trabajo en Japón, pero su aventura no termina ahí: sin saber cómo, acaba entrando en el desfile oficial junto al ministro… y todo el país lo ve en televisión. Lily, su suegro, el comisario Gibert desde el hospital, incluso el mismísimo presidente Chirac lo ven desfilar con su taxi blanco. Daniel, una vez más, se convierte en héroe a su manera.
Una comedia de acción con sello francés
*Taxi 2* cierra con un tono festivo y alocado, como la película en sí. No es solo una secuela con más presupuesto, sino una comedia que mezcla acción a lo bestia con humor slapstick, persecuciones imposibles y un dúo protagonista con mucha química. Daniel sigue siendo el alma rebelde de Marsella, y Émilien… bueno, sigue siendo Émilien.
Más allá del disparate, la historia también toca temas como la desconfianza entre culturas, la burocracia absurda y, por supuesto, la lealtad entre amigos. Y aunque el plan de los yakuzas es bastante loco, el ritmo es tan frenético que no te da tiempo ni a pararte a pensarlo. Eso sí, si te gusta el cine de coches con mucho cachondeo y cero pretensiones, aquí tienes tu parada.