"Pretty Woman" (1990) cuenta la historia de Edward Lewis, un rico hombre de negocios que una noche, tras perderse por las colinas de Hollywood, acaba en pleno bulevar entre luces de neón… y prostitutas. Allí conoce a Vivian Ward, una joven que se gana la vida en la calle, pero con una personalidad arrolladora y sin pelos en la lengua. Ella le ofrece ayudarle a llegar al hotel conduciendo su deportivo, y él, casi sin pensarlo, le propone pasar la noche juntos.
Lo que empieza como un encuentro puntual se convierte rápidamente en algo más: Edward le pide que se quede con él toda la semana por 3.000 dólares, ya que tiene una serie de compromisos sociales. Pero este trato irá rompiendo, poco a poco, las barreras entre ambos.
De la calle a Rodeo Drive
Vivian intenta comprar ropa para encajar en el mundo de Edward, pero se topa con el desprecio de las dependientas por su aspecto. Es uno de los momentos más icónicos del cine de los 90. Con la ayuda del amable gerente del hotel, Barney, Vivian consigue un vestido elegante y aprende modales de etiqueta. Así, cuando Edward la presenta en sus reuniones de negocios, sorprende a todos… incluido a él mismo.
Durante una cena con los Morse, dueños de una empresa que Edward quiere comprar (y destruir), la tensión crece. Edward va revelando a Vivian sus heridas del pasado y su forma de ver el mundo como una guerra de adquisiciones. Pero ella le muestra otra perspectiva: más empática, más humana.
Celos, confesiones y un cambio de rumbo
En una cita al polo, Philip, el abogado de Edward, descubre quién es realmente Vivian y se comporta como un auténtico cerdo, insinuándose y humillándola. Edward, al darse cuenta de que ha contribuido a esa situación, se disculpa llevándola a la ópera en San Francisco. Allí ven *La Traviata*, la historia de una cortesana que se enamora… algo que a Vivian le toca de cerca.
Después de una noche mágica, Vivian rompe su propia norma de no besar en la boca y, al pensar que Edward duerme, le confiesa que se ha enamorado. Pero lo que parecía un cuento de hadas se tambalea cuando Edward le propone mantenerla económicamente tras la semana, ofreciéndole un piso y una “asignación”. Para Vivian, eso no es amor, es seguir siendo una prostituta de lujo. Y se niega.
El precio del respeto
Vivian le confiesa a Edward su sueño infantil: ser rescatada por un caballero en un corcel blanco. Él se queda pensativo. Decide cambiar su estrategia empresarial: en lugar de destrozar la empresa de los Morse, quiere ayudarlos a reflotarla. Su evolución personal se está completando.
Pero esto enfurece a Philip, que se presenta en el hotel y ataca violentamente a Vivian. Edward llega justo a tiempo para salvarla, le da una paliza al abogado y lo despide de inmediato. Por primera vez, Edward actúa guiado por algo más que el interés.
El final de cuento de hadas
Vivian prepara sus cosas para mudarse a San Francisco y empezar una nueva vida: quiere estudiar, conseguir su diploma y dejar atrás las calles. Le da dinero a su amiga Kit para que también cambie de rumbo y se matricule en clases de estética. Ambas, por fin, rompen el círculo.
Justo cuando Vivian está a punto de marcharse, aparece una limusina blanca. Edward, convertido en ese caballero de cuento que ella soñaba, sube por la escalera de incendios con un ramo de flores. Ha vencido sus miedos, su orgullo y su frialdad. Cuando le pregunta qué pasa después de que el caballero rescate a la dama, ella le responde: "Ella le rescata a él".
Un cierre que marcó a toda una generación
*Pretty Woman* no solo es una comedia romántica inolvidable, sino también una historia de transformación mutua. Edward aprende a sentir, a mirar más allá del dinero. Y Vivian descubre su propio valor, más allá de lo que cualquiera pudiera pagarle. Juntos se rescatan. Y eso, quizás, es lo más romántico que se ha visto en una pantalla.
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