“Que Dios nos perdone” (2016), dirigida por Rodrigo Sorogoyen, es un thriller ambientado en un sofocante Madrid durante el verano de 2011, mientras la ciudad se prepara para la visita del Papa Benedicto XVI.
En medio del caos urbano, dos inspectores de homicidios, Velarde (Roberto Álamo) y Alfaro (Antonio de la Torre), investigan una serie de violaciones y asesinatos brutales a mujeres mayores. El caso se complica tanto por la crudeza de los crímenes como por los propios demonios internos de los investigadores, que lidian con traumas personales, violencia contenida y una presión institucional por mantener la discreción.
Final explicado de "Que Dios nos perdone": ¿Quién era el asesino? ¿Qué pasa con Velarde y Alfaro?
Tras meses de investigación y muchas tensiones, los inspectores descubren que el asesino es Andrés Bosque, un técnico de calderas con un perfil aparentemente normal, que vive con su madre inválida. A través de una cadena conmemorativa encontrada en una escena del crimen, Velarde rastrea su comunión en 1987, descubriendo una relación enfermiza y traumática con su madre.
La investigación culmina en una redada en casa de Andrés, donde encuentran a su madre y a la empleada del hogar asesinadas. Alfaro, impulsivo como siempre, accede solo a la última escena del crimen antes de que lleguen sus compañeros, descubre una pista crucial (la cadena) pero es sorprendido por Andrés, que lo golpea brutalmente hasta matarlo.
Velarde queda devastado. Tras el funeral de Alfaro, toma la justicia por su mano. Tres años después, encuentra a Andrés en Galicia, trabajando como técnico de calderas, escondido bajo una identidad falsa. Fingiendo necesitar ayuda, se hace el encontradizo y logra subir a su furgoneta. En una tensa conversación donde Andrés empieza a sospechar, Velarde finalmente lo desenmascara.
Cuando Andrés intenta defenderse, Velarde lo reduce violentamente, lo golpea hasta dejarlo inconsciente y lo mete en la parte trasera de la furgoneta. El plano final muestra a Velarde al volante al caer la noche, sin dejar claro si lo entregará o si ha cruzado la línea definitiva hacia la venganza personal.
Velarde: entre la culpa, la rabia y la redención
Velarde es un personaje torturado. Tartamudo, obsesivo y con una vida personal vacía, solo encuentra propósito en la resolución del caso. La muerte de Alfaro, su compañero y único vínculo humano real, lo deja sin rumbo. En ese contexto, su decisión de ir hasta Galicia para capturar al asesino parece más una búsqueda de redención que de justicia. El acto final —un ajuste de cuentas brutal y personal— deja en el aire si Velarde se convierte en el juez que tanto temía ser.
El asesino: un retrato monstruoso de lo cotidiano
Andrés Bosque no es el clásico psicópata de manual: es educado, atento con su madre, discreto… pero esconde una relación enfermiza con la figura materna que le lleva a repetir un patrón de violencia sexual y asesinato contra mujeres mayores. El trauma infantil, su complejo con la sexualidad y una represión mal digerida lo convierten en un asesino metódico que actúa desde la aparente normalidad.
Madrid como personaje y contexto
La ciudad es más que un escenario. El calor, las calles abarrotadas, las tensiones sociales por la visita del Papa… Todo aporta un clima opresivo que multiplica la incomodidad del espectador. La represión, tanto institucional como emocional, atraviesa cada rincón del relato.
¿Qué nos dice el final de "Que Dios nos perdone"?
El título de la película cobra todo su sentido al final. Ni Velarde ni Alfaro son héroes. La institución policial aparece podrida por dentro, llena de rencores, traiciones y silencios. El asesino es solo una parte del mal. Lo más inquietante es que todos, en algún momento, cruzan líneas morales. Y lo hacen convencidos de que es por una buena causa. Pero como dice el título… solo Dios puede perdonarlos.
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