“Él”, (Él (The Strange Passion), 1952) dirigida por Luis Buñuel, es un retrato psicológico que disecciona los celos enfermizos y la obsesión destructiva de un hombre que, tras una fachada de respetabilidad, esconde un infierno personal.
La historia sigue a Francisco, un hombre profundamente religioso y aparentemente honorable, que queda prendado de Gloria, la prometida de su amigo Raúl. A base de insistencia y maniobras sociales, consigue casarse con ella, pero lo que empieza como una historia de amor se convierte rápidamente en una pesadilla para Gloria.
Una vez casados, Francisco se muestra como un marido paranoico y controlador. Sospecha constantemente de la fidelidad de su esposa, a pesar de que Gloria siempre ha sido intachable. La película nos lleva por la espiral de celos de Francisco, alimentados por sus inseguridades y por la presión social que soporta, como una demanda sobre sus propiedades que le mantiene estresado y al límite.
Final explicado de "Él": ¿Qué ocurre con Francisco y Gloria?
A medida que avanza la película, la relación entre Francisco y Gloria se deteriora hasta límites insospechados. La paranoia de Francisco llega a tal punto que, tras un episodio violento en el que le dispara a Gloria con una pistola cargada con balas de fogueo, intenta recuperar cierta calma y la relación parece estabilizarse temporalmente. Pero es solo una ilusión.
Cuando Francisco lleva a Gloria al campanario de una iglesia, su misantropía y locura estallan por completo. Desprecia a la gente que ve abajo, a la que llama “gusanos”, y acaba intentando estrangular a Gloria y arrojarla por el balcón. Gloria logra escapar y busca refugio en Raúl, quien le aconseja que abandone a su marido antes de que sea demasiado tarde.
Aunque Gloria vuelve a casa para recoger sus cosas, Francisco no puede evitar confrontarla. Al enterarse de que Raúl la había ayudado, su obsesión crece aún más, convencido de que le han traicionado. Gloria intenta explicarle que solo buscaba apoyo emocional, pero Francisco no puede tolerar la idea de que haya confiado en otro hombre.
La situación alcanza un punto crítico cuando, en plena noche, Francisco intenta atarla mientras duerme, en un intento desesperado por mantenerla bajo control. Gloria despierta horrorizada y consigue escapar definitivamente.
La caída final de Francisco y su locura desatada
La obsesión de Francisco le lleva a un estado de delirio absoluto. Armado con su revólver, sale en busca de Gloria y Raúl, convencido de que están juntos. Persigue a una pareja hasta la iglesia, creyendo que son ellos, pero cuando descubre que no lo son, su mente se quiebra por completo. Alucina con que toda la congregación se burla de él, incluso el sacerdote, su amigo, que también se ríe.
Desquiciado, Francisco ataca al sacerdote en pleno altar. La congregación lo reduce mientras el cura, demostrando una inesperada compasión, pide que no le hagan daño y admite que su amigo ha perdido la razón.
Epílogo: el destino de Francisco
La historia da un salto en el tiempo. Francisco vive ahora recluido en un monasterio, entregado a la vida monástica. Un día recibe la visita de Gloria, Raúl y un niño pequeño llamado Francisco, lo que deja entrever que quizá el hijo no sea de Raúl, alimentando aún más las dudas que Francisco siempre tuvo.
Aunque no se encuentran cara a cara, el prior le informa de la visita, confirmando las sospechas de Francisco. Sin embargo, lejos de mostrarse rencoroso, Francisco acepta los hechos con resignación. “El tiempo me ha dado la razón”, dice, pero acto seguido añade, casi con desconsuelo: “¿Pero de qué sirve?”
La última imagen de la película muestra a Francisco caminando lentamente por los jardines del monasterio, entrando en una oscura puerta, como símbolo de su descenso final y definitivo en la oscuridad de su propia locura.
Conclusión de "Él"
Él es una poderosa reflexión sobre la obsesión, la fragilidad mental y los peligros de los celos enfermizos. Luis Buñuel construye un retrato demoledor de cómo la paranoia puede destruir a una persona desde dentro, hasta hacerle perder todo: su amor, sus amigos, su reputación y, finalmente, su cordura.
El final de Francisco no es una redención ni un castigo tradicional, sino una especie de condena silenciosa: la de vivir el resto de sus días encerrado consigo mismo, sabiendo que, aunque la realidad nunca confirmó sus temores, estos le consumieron hasta devorarlo por completo.
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