“Regreso a Howards End” (Howards End, 1992) es una historia de encuentros y desencuentros entre dos familias británicas muy distintas durante la Inglaterra eduardiana: los Schlegel, una familia culta, progresista y bohemia; y los Wilcox, poderosos, conservadores y de mentalidad práctica.
La película gira en torno a la herencia de la casa de campo Howards End, que se convierte en símbolo de tradición, pertenencia y conflicto social. A lo largo del relato, las tensiones de clase, las decisiones personales y los errores del pasado se entrelazan con las historias de amor, traición, perdón y redención.
Final explicado de "Regreso a Howards End": ¿Quién hereda la casa y qué ocurre con Helen y Leonard?
En el tramo final, Helen regresa a Inglaterra embarazada tras haber tenido una breve relación con Leonard Bast, el joven y pobre empleado al que los Schlegel intentaron ayudar sin éxito. Margaret, ya casada con Henry Wilcox, trata de mediar entre su marido y su hermana, y termina descubriendo que Helen quiere criar sola a su hijo.
Le pide a Henry que permita a Helen pasar la noche en Howards End, pero él se niega tajantemente, demostrando una vez más su rigidez moral… al menos cuando le conviene.
Poco después, Leonard acude a la casa para ver a Helen una última vez. Allí se encuentra con Charles, el hijo mayor de Henry, quien al saber que Leonard es el padre del hijo de Helen lo agrede brutalmente. En el forcejeo, una estantería cae sobre Leonard, provocándole un infarto mortal. Este suceso rompe del todo el frágil equilibrio entre las familias.
Margaret, decepcionada por la violencia de Charles y la hipocresía de Henry, decide marcharse para ayudar a su hermana a criar al niño. Henry, por su parte, se viene abajo emocionalmente y acepta que su hijo sea juzgado por homicidio involuntario.
¿Qué pasa finalmente con Howards End?
Un año después, la situación ha cambiado mucho. Margaret sigue casada con Henry, pero viven en Howards End junto a Helen y su hijo, en una especie de acuerdo tranquilo y sin resentimientos abiertos. En una reunión familiar, Henry comunica que ha decidido dejarle la casa a Margaret en su testamento y que, cuando ella muera, pasará a su sobrino, el hijo de Helen. Margaret, sin embargo, deja claro que no quiere el dinero de Henry ni su herencia, y solo desea cuidar de su familia.
Lo más irónico es que finalmente se cumple la voluntad de Ruth Wilcox, la primera esposa de Henry, quien en su lecho de muerte quiso que Margaret heredara Howards End. Aquella decisión, que los Wilcox ocultaron quemando la nota escrita por Ruth, acaba cumpliéndose por otras vías. Cuando Dolly, la nuera de Henry, menciona esa vieja historia sin saber que Margaret la ha escuchado, Henry se justifica diciendo que hizo lo que creía correcto, pero Margaret ya no necesita explicaciones.
Una historia de redención, herencia y perdón
El final de Regreso a Howards End es sereno y melancólico. No hay grandes discursos, pero sí una sensación de que la justicia, aunque sea de forma retorcida, ha prevalecido. Margaret, que nunca buscó la riqueza ni el poder, termina siendo la heredera legítima del lugar que representa la conexión con la tierra, la memoria y la reconciliación.
La casa se convierte así en refugio, en símbolo de un futuro diferente, donde una nueva generación —el hijo de Helen y Leonard— podrá crecer sin las cargas del pasado. La película cierra el círculo con una lección clara: aunque el sistema social esté lleno de injusticias, los vínculos humanos, cuando son honestos, pueden abrir una puerta a la esperanza.
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