Hubo una época en la que parecía que cualquier cosa podía convertirse en una película de found footage. Fantasmas, demonios, extraterrestres, monstruos, asesinos, invasiones… ¡daba igual el tema! El formato estaba en plena fiebre porque era barato, rápido de producir y, cuando sonaba la flauta, podía generar beneficios enormes.
Entre aquella avalancha de cámaras temblorosas apareció una propuesta que, sobre el papel, sonaba casi ridícula: un falso documental sobre un cazador de trolls que trabaja para el gobierno noruego. Lo sorprendente es que no solo funcionó, sino que terminó convirtiéndose en una de las películas más originales que dejó aquella auténtica fiebre del found footage.
Hablamos de “Trollhunter”, la película que puso en el mapa a André Øvredal mucho antes de dirigir títulos como “La Autopsia de Jane Doe”. Y resulta curioso que, pese a recibir excelentes críticas desde su estreno y ganarse una sólida legión de seguidores, hoy apenas aparezca cuando se habla de los mejores exponentes del género.
Quizá porque nunca fue un gran fenómeno comercial, quizá porque llegó justo antes de que el formato terminara saturándose, o quizá porque simplemente nos hemos olvidado de ella. Sea como sea, pocas películas de found footage han envejecido tan bien como esta. Y precisamente por eso merece un pequeño “En defensa de…”.
¿De qué va realmente "Trollhunter"?
Todo comienza cuando un grupo de estudiantes decide seguir a un misterioso cazador al que culpan de varias muertes de osos en Noruega. Lo que descubren es mucho más extraño: el hombre trabaja para el gobierno y su verdadera misión consiste en controlar trolls gigantes que viven ocultos en los bosques del país.
A partir de ese momento, la película se transforma en un falso documental lleno de encuentros con criaturas enormes, persecuciones nocturnas y explicaciones tan absurdas como convincentes. Lo mejor es que cuenta una historia completamente disparatada con una seriedad absoluta, y precisamente por eso resulta tan divertida y fascinante.
Los efectos especiales siguen funcionando
Esto quizá sea lo más sorprendente de todo. Muchas películas de principios de los 2000 han envejecido peor visualmente que “Trollhunter”. Sus criaturas siguen teniendo presencia, peso y personalidad.
No intentan parecer monstruos de videojuego ni saturan la pantalla constantemente. Cuando aparecen, lo hacen de forma medida, permitiendo que cada encuentro tenga impacto.
Hay secuencias nocturnas en los bosques noruegos que siguen transmitiendo una sensación de maravilla y peligro que muchas superproducciones actuales ni siquiera consiguen acercarse a replicar.
Un humor que nunca rompe la atmósfera
Lo fácil habría sido convertir la película en una comedia disparatada. Sin embargo, el director André Øvredal entendió perfectamente dónde estaba la gracia. Los personajes se toman todo tan en serio que la propia situación resulta cómica por sí sola.
El humor aparece constantemente, pero nunca destruye la sensación de estar viendo algo misterioso. Esa mezcla entre aventura, fantasía, terror y comedia es precisamente lo que hace que la película siga resultando tan fresca hoy como cuando se estrenó.
Una de las películas de monstruos más originales de este siglo
Quizá “Trollhunter” nunca tuvo el impacto comercial de otros found footage más famosos. Tampoco generó secuelas, universos compartidos ni campañas gigantescas de marketing, pero precisamente por eso conserva un encanto especial.
Es una película que parece hecha por gente que tuvo una idea divertida y decidió desarrollarla hasta sus últimas consecuencias sin preocuparse demasiado por seguir tendencias o fórmulas.
Quince años después sigue siendo una de las propuestas más imaginativas que ha dado el fantástico europeo reciente. Y si alguien piensa que el found footage ya no tiene nada interesante que ofrecer, probablemente debería darle una oportunidad a este viejo cazador de trolls antes de volver a decirlo.
Miniviciao@
#1
Muy bueno, lo recuerdo bien, mola mas que las 2 ultimas películas de Troll.
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