Hay películas malas que desaparecen para siempre y películas malas que, por algún motivo difícil de explicar, siguen sobreviviendo al paso del tiempo. Barb Wire pertenece claramente al segundo grupo.
Estrenada en 1996 y protagonizada por Pamela Anderson en pleno apogeo de su popularidad televisiva, la película se convirtió rápidamente en uno de los fracasos más notorios de la década. La crítica la recibió con una mezcla de desprecio y condescendencia, el público la ignoró y durante años quedó reducida a una simple nota a pie de página dentro de la historia de las adaptaciones de cómics.
Sin embargo, el tiempo ha sido sorprendentemente amable con ella.
No porque se haya transformado mágicamente en una obra maestra oculta. No lo es. Sus problemas siguen ahí: el guion es irregular, los personajes apenas tienen desarrollo y muchas de sus decisiones narrativas resultan tan exageradas como absurdas. Pero precisamente porque ya conocemos todas sus limitaciones, resulta más fácil apreciar aquello que sí hacía bien.
Y lo cierto es que pocas películas representan mejor una época concreta del cine fantástico.
Una película atrapada entre dos eras
Cuando Barb Wire llegó a los cines, Hollywood todavía no había descubierto cómo adaptar cómics al gran público. Faltaban años para que Spider-Man, Batman Begins o Iron Man definieran el modelo moderno. En los noventa, las adaptaciones podían ser extrañas, excesivas y profundamente personales.
La película de David Hogan es hija directa de aquella época. Su futuro distópico parece una mezcla imposible entre el cine postapocalíptico de los ochenta, el cómic underground y los videoclips musicales que dominaban MTV. Todo resulta exagerado, desde el vestuario hasta la iluminación, pasando por una dirección artística que hoy parece casi una fantasía retrofuturista.
Lo que en 1996 fue interpretado como una muestra de mal gusto, en 2026 tiene el atractivo de una cápsula del tiempo.
El prejuicio llamado Pamela Anderson
También es difícil separar la recepción de Barb Wire de la imagen pública que tenía Pamela Anderson en aquel momento.
La actriz era uno de los rostros más famosos del planeta gracias a Los Vigilantes de la Playa, pero buena parte de la crítica parecía más interesada en ridiculizar lo que representaba que en analizar realmente su trabajo. Muchas reseñas de la época apenas hablaban de la película y se centraban directamente en cuestionar su presencia como protagonista.
Vista desde la actualidad, después de años de reivindicación de su figura y de trabajos recientes que han cambiado considerablemente la percepción pública sobre ella, resulta inevitable preguntarse cuánto de aquel rechazo estaba dirigido realmente a la película y cuánto a la persona que aparecía en el cartel.
Un fracaso que terminó encontrando su lugar
Quizá Barb Wire nunca llegó a ser la franquicia que sus productores imaginaron. Quizá tampoco merezca figurar entre las grandes adaptaciones de cómic de la historia. Pero tampoco encaja ya en la categoría de desastre absoluto que durante años la acompañó.
Lo que permanece es una película extraña, imperfecta y tremendamente noventera que conserva algo que muchas superproducciones actuales han perdido: personalidad. Puede que sea una personalidad caótica, excesiva y en ocasiones ridícula, pero sigue siendo personalidad.
Y tal vez por eso, casi tres décadas después, Barb Wire continúa despertando más curiosidad que muchas películas técnicamente mejores que nadie recuerda ya.
arrasia
#1
La pelicula era muy mala, pero ver a pamela en cuero ajustado no tenía precio para los chiquillos de la época jjijjiijij
Reportar Citarla verdad es que jamás la he vuelto a ver, lo mismo me animo.