Una década en la que la ciencia ficción volvió a ser incómoda, ambiciosa y sorprendentemente humana.
La década de 2010 fue rara para la ciencia ficción. Por un lado, los blockbusters se lo comían todo; por otro, aparecieron directores que usaron el género para hablar de identidad, tecnología, memoria o directamente del fin del mundo sin necesidad de explosiones cada cinco minutos.
No fue una década uniforme, pero sí dejó una colección de películas que, vistas ahora con algo de distancia, parecen definir muy bien ese momento. No están todas las que podrían estar, porque nunca lo están. Pero estas son algunas de las mejores de cada año de la década pasada.
2010 – Origen
Sí, es obvia. Y precisamente por eso hay que reconocerla. En 2010
Christopher Nolan decidió que el cine comercial podía ser complejo sin pedir perdón por ello, y nos lanzó a una estructura de sueños dentro de sueños que todavía hoy sigue generando debates.
Más allá del espectáculo visual, lo que hizo especial a
Origen fue esa sensación de estar viendo algo grande, ambicioso y extrañamente personal en medio de un verano lleno de secuelas. Puede que ahora esté tan asumida que ya no impresione igual, pero en su momento fue un terremoto.
2011 – Melancolía
Mientras Hollywood hablaba de invasiones y superhéroes,
Lars von Trier nos ofrecía el fin del mundo más íntimo y depresivo posible. Un planeta acercándose lentamente a la Tierra como metáfora de la ansiedad y la tristeza.
No es ciencia ficción al uso, ni pretende serlo. Pero esa mezcla entre drama psicológico y catástrofe cósmica convirtió
Melancolía en una de las propuestas más incómodas del año. Y pocas veces el Apocalipsis ha sido tan silencioso.
2012 – Looper
Rian Johnson cogió el viaje en el tiempo y lo ensució. Lo convirtió en herramienta de mafia y en dilema moral más que en juguete narrativo.
Looper funciona porque no se obsesiona con explicar cada detalle, sino que se centra en las consecuencias. Hay violencia, hay acción, pero lo que se queda es la idea de que cambiar el futuro siempre tiene un precio. No es perfecta, pero tiene nervio y personalidad.
2013 – Her
En 2013 todavía parecía exagerado enamorarse de un sistema operativo. Hoy da un poco más de miedo.
Spike Jonze convirtió la ciencia ficción en una historia sobre soledad contemporánea, sobre vínculos digitales y sobre esa necesidad constante de conexión que define nuestra época. No hay naves ni explosiones, pero hay algo profundamente futurista en la forma en que retrata nuestras relaciones.
2014 – Snowpiercer
Antes de que todo el mundo empezara a hablar de
Bong Joon-ho tras
Parásitos, ya había dirigido esta locura ambientada en un tren que nunca se detiene.
La idea es tan sencilla como potente: el mundo congelado, la humanidad dividida por vagones según su clase social, y una revolución que avanza compartimento a compartimento. Es exagerada, sí, pero también feroz. Y tiene imágenes que todavía impactan.
2015 – Ex Machina
Alex Garland debutó en la dirección con una historia aparentemente pequeña: un programador, un millonario excéntrico y una inteligencia artificial en una casa aislada.
Pero lo que parecía un thriller minimalista terminó siendo una reflexión incómoda sobre manipulación, poder y conciencia. Con pocos personajes y espacios reducidos,
Ex Machina demostró que la ciencia ficción no necesita escala gigantesca para resultar perturbadora.
2016 – La llegada
Denis Villeneuve convirtió un primer contacto alienígena en algo profundamente humano. En vez de centrarse en la destrucción, apostó por la comunicación, el lenguaje y el tiempo.
Puede que no sea la más espectacular visualmente de la década, pero sí una de las más emotivas. Ese giro final, esa forma de entender el tiempo no como línea sino como círculo, sigue siendo uno de los momentos más elegantes del género reciente.
2017 – Blade Runner 2049
Secuela tardía, innecesaria según muchos… y sin embargo terminó siendo una de las películas más ambiciosas del año.
Villeneuve volvió a demostrar que se puede hacer ciencia ficción adulta sin renunciar a la espectacularidad. Es lenta, densa y fría, pero también hipnótica. Y visualmente es de lo mejor que ha dado el género en años.
2018 – Aniquilación
Alex Garland repitió en la dirección con una adaptación que no era fácil.
Aniquilación mezcla horror cósmico, ciencia ficción y psicología en una historia donde lo extraño no siempre es hostil, pero sí incomprensible.
Tiene imágenes que no se olvidan y una atmósfera que te deja descolocado. No fue un éxito masivo, pero se convirtió en una de esas películas que ganan fuerza con el tiempo.
2019 – Ad Astra
Cerramos la década con una película que muchos esperaban como gran epopeya espacial y que terminó siendo algo más introspectivo de lo previsto.
Ad Astra usa el viaje por el sistema solar como excusa para hablar de distancia emocional, de padres e hijos, de aislamiento. No es la más redonda de la lista, pero sí una de las más coherentes con la tendencia de la década: usar la ciencia ficción para mirar hacia dentro.
arrasia
#1
Pues en general, creo que todas son grandes pelis, unas más que otras.
Reportar CitarMi favorita lo tengo claro: Origen.