Hubo un momento en los 90 en el que adaptar a Stephen King era casi una obligación anual. Algunas películas se convirtieron en referentes absolutos del género. Otras quedaron flotando en una especie de tierra de nadie crítica. Thinner —o Maleficio, como la conocimos aquí— pertenece a esa segunda categoría. Nunca fue un desastre, pero tampoco recibió demasiado cariño. Y sin embargo, vista hoy con cierta distancia, es una de esas adaptaciones que ganan cuando se revisan sin prejuicios.
Puede que no tenga el prestigio de Misery ni el aura de El Resplandor, pero sí posee algo que muchas producciones actuales han perdido: una identidad muy marcada y una mala leche bastante considerable.
Una premisa simple… y bastante venenosa
El punto de partida es puro King clásico. Billy Halleck es un abogado obeso, acomodado y bien relacionado que atropella accidentalmente a una anciana gitana. Gracias a su posición y a sus amistades, el asunto queda prácticamente enterrado. Todo parece solucionado hasta que el padre de la víctima le roza la mejilla y le susurra una sola palabra: “Thinner”.
A partir de ahí, Billy comienza a adelgazar de forma imparable.
Lo que en un primer momento podría parecer un regalo —perder peso sin esfuerzo— se convierte rápidamente en una degradación física inquietante. La película no se recrea en el milagro, sino en el castigo. Y eso es lo que la hace incómoda. No estamos ante un héroe inocente, sino ante un hombre que se creía intocable y que, de repente, deja de serlo.
El Stephen King más ácido y menos complaciente
Lo interesante de Thinner no es únicamente la maldición sobrenatural, sino la lectura moral que arrastra. King nunca fue especialmente sutil cuando quería hablar de culpa y privilegio, y aquí lo deja claro. Billy no es un mártir. Es alguien que utilizó su estatus para evitar consecuencias. La maldición funciona como una justicia poética brutal que no distingue entre arrepentimiento o miedo.
Y la película no suaviza ese proceso.
La transformación física del personaje —apoyada en un maquillaje prostético bastante evidente y muy noventero— puede parecer exagerada hoy, pero tiene algo perturbador precisamente por su falta de elegancia. No es estilizada ni estética. Es fea, casi grotesca. Y esa incomodidad es coherente con el tono del relato.
Tom Holland y el aroma a cine de los 90
Dirigida por Tom Holland, el mismo responsable de Noche de Miedo y Muñeco diabólico, la película combina thriller sobrenatural con un ligero tono irónico que en su día desconcertó a parte del público. No es una obra solemne. Tampoco pretende serlo. Se mueve con naturalidad en ese terreno de fantasía oscura noventera que no tenía miedo a ser un poco excesiva.
Hay algo muy reconocible en su puesta en escena, en su ritmo, en su manera de construir tensión sin depender de grandes artificios digitales. Es una película hecha antes de que el CGI lo invadiera todo, y eso hoy juega a su favor. Puede que no sea perfecta en ejecución, pero respira personalidad.
Un final que no busca redención cómoda
Otro de los puntos que la hacen defendible es su coherencia hasta el desenlace. Thinner no intenta convertirse en un relato edificante. No busca la redención fácil ni el consuelo moral de última hora. Cuando la historia avanza hacia su conclusión, lo hace siguiendo la lógica interna que ha construido desde el principio, aunque eso implique dejar un regusto amargo.
Y ese tipo de decisión narrativa, aunque incómoda, merece cierto respeto.
¿Por qué defenderla ahora?
Porque fue juzgada como una adaptación menor cuando en realidad es una pieza bastante fiel al espíritu más cruel de King.
Porque su tono híbrido la hizo parecer irregular cuando en realidad estaba jugando en un terreno muy concreto.
Y porque, en plena era de thrillers calculados al milímetro, revisitar una propuesta que se permite ser imperfecta pero honesta resulta casi refrescante.
Thinner no será una obra maestra. No necesita serlo.
Pero tampoco es ese título olvidable que muchos colocaron en el cajón de las adaptaciones fallidas.
A veces una película no tiene que ser impecable para merecer defensa. Solo tiene que tener carácter. Y esta, para bien o para mal, lo tiene.
A mí me resultaron muy entretenidos tanto libro como película y los recuerdo con cariño, aunque hace largos años que no los repaso.
Gracias por rescatar esta propuesta y presentarla al nuevo público.
mmm esta bien, es para pasar el rato..... como ya comentaron arriba..... la vas a recordar, pero como “no es la gran cosa“.... como ya comentaron arriba
El libro lo terminé en pocos días, no es muy extenso y es entretenido. La película me gustó y es bastante fiel a la obra original. Lo mejor de las dos es el personaje de Richie.
Carlos Teorético
#1
Jamás he visto esta película. Sólo conozco la crítica del “Nostalgia Critic“ que se me hizo muy graciosa.
Reportar CitarNo creo darle una oportunidad a la película próximamente, pero gracias por el reportaje.
Saludos.