El día en que las grandes sagas dijeron “ya da igual” y miraron a las estrellas
Hay un punto muy concreto en la vida de cualquier saga de terror longeva. Un momento en el que ya se ha matado en todas las casas posibles, en todos los pueblos, campamentos, hospitales y dimensiones infernales imaginables. Cuando se llega ahí, solo queda una opción lógica, inevitable y profundamente discutible: mandarlo todo al espacio.
No importa si hablamos de asesinos en serie, demonios, criaturas pequeñas y hambrientas o incluso casas encantadas.
El espacio fue, durante años, el último comodín creativo. Casi nunca funcionó… pero dejó algunas de las películas más recordadas (y queridas) del videoclub.
Este es un repaso a todas esas franquicias de terror que, tarde o temprano, terminaron flotando en gravedad cero.
Jason X (2001): el slasher definitivo en órbita
La saga de Viernes 13 llevaba tiempo dando vueltas en círculos cuando llegó Jason X. La solución fue tan simple como radical: congelar a Jason Voorhees y despertarlo siglos después en una nave espacial.
Lo sorprendente es que la película sabe exactamente lo que es. No intenta asustar en serio ni respetar ninguna lógica previa. Jason sigue matando como siempre, solo que ahora hay hologramas, pasillos metálicos y trajes futuristas. Es absurda, sí, pero también autoconsciente, y por eso ha envejecido mejor que muchas secuelas “respetables”.
Leprechaun 4: In Space (1996): el punto de no retorno
Si alguna saga parecía destinada a acabar en el espacio, era esta. Leprechaun 4: In Space es el momento exacto en el que la franquicia deja de fingir que le importa algo.
Aquí el duende asesino se mueve entre soldados futuristas, princesas espaciales y efectos de saldo. No hay terror, apenas hay coherencia, pero sí una sensación constante de “vamos a divertirnos porque ya da igual todo”. Es mala, pero es honesta. Y eso, dentro de su delirio, se agradece.
Hellraiser IV: Bloodline (1996): Pinhead mirando al futuro
El caso de Hellraiser: Bloodline es distinto. No se limita a mandar a Pinhead al espacio porque sí, sino que intenta construir una historia que abarque siglos, desde el origen de la caja de Lemarchand hasta un futuro en el que se busca destruirla definitivamente.
La ambición es evidente, el presupuesto no acompaña y el resultado es irregular. Aun así, es una de las pocas secuelas espaciales que intenta justificar su existencia dentro del lore de la saga. No funciona del todo, pero al menos lo intenta.
Critters 4 (1992): volver al origen… con menos dinero
Los Critters siempre fueron extraterrestres, pero sus primeras entregas explotaban el terror suburbano. Critters 4 decide cerrar el círculo devolviéndolos al espacio, esta vez en una nave abandonada con humanos atrapados.
La película es pobre incluso para los estándares de la saga, pero tiene ese aire de Alien barato que la hace curiosamente simpática. Es consciente de su condición menor y no intenta esconderlo.
Dracula 3000 (2004): porque Drácula también podía
No es una saga como tal, pero Dracula 3000 merece estar aquí. El vampiro más famoso de la historia despertando en una nave espacial del futuro es una idea que solo podía salir mal.
Y sale mal. En todo. Pero representa perfectamente esa etapa en la que cualquier icono del terror parecía susceptible de acabar en el espacio con tal de estirar un poco más la idea.
Amityville in Space (2022): la casa que orbitó
Décadas después, alguien decidió recuperar el espíritu de aquellas secuelas imposibles. Amityville in Space no pertenece a la saga clásica, pero lleva el concepto al extremo: la casa maldita acaba literalmente en el espacio.
Es caótica, barata y difícil de defender, pero también es un homenaje involuntario a esa tradición de “cuando no queda nada, al espacio”. Una heredera directa de los excesos noventeros.
Sharknado 3: Oh Hell No! (2015): cuando ya es parodia
No es terror clásico, pero Sharknado 3: Oh Hell No! entiende perfectamente el chiste. La saga ya era absurda, así que llevarla al espacio es un gesto consciente, casi un comentario meta sobre esta tradición.
Aquí el espacio ya no es desesperación creativa, sino celebración del disparate.
daninudo
#1
Los Critters era comprensible porque eran aliens pero el resto es para llamar la atención
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