“El misterio del amor es más grande que el misterio de la muerte”.-. Una jaula que protege una cueva al fondo de la cual sobrevive un prisionero; San Juan Bautista. Salomé consigue verle… pero aún no es la pérfida, altiva y libidinosa de otras versiones, sino una niña inocente al borde la perversión. La encarna Alla Nazimova.
Versión extravagante y muy discutida de la obra homónima de Oscar Wilde, que no reniega de su evidente origen teatral, hasta el punto de minimizar los escenarios y respetar al menos parte de la cadencia del original literario, pero que sin embargo opta por una escenografía fantasiosa y minimalista a la vez, que, en teniendo en cuenta la época, podríamos tildar de ultramoderna.
En ese marco asistimos a uno de los bailes más famosos de la historia, pero también a la transformación del personaje central, que va cambiando de atuendo a medida que se ennegrece su alma. Todo esto es perceptible, con una actuación apasionada que transmite sinceridad, por mucho que transcurra en ese extraño decorado Art Nouveau, - por lo visto inspirado en las ilustraciones impresas de Aubreay Beardsley -. Nazimova no solo actúa, sino que produce y dirige la obra, - aunque el nombre de su marido aparezca en los créditos -, lo que la convierte en la primera mujer haciendo cine de autor.
Pedro Otero Serrano
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“El misterio del amor es más grande que el misterio de la muerte”.-. Una jaula que protege una cueva al fondo de la cual sobrevive un prisionero; San Juan Bautista. Salomé consigue verle… pero aún no es la pérfida, altiva y libidinosa de otras versiones, sino una niña inocente al borde la perversión. La encarna Alla Nazimova.
Versión extravagante y muy discutida de la obra homónima de Oscar Wilde, que no reniega de su evidente origen teatral, hasta el punto de minimizar los escenarios y respetar al menos parte de la cadencia del original literario, pero que sin embargo opta por una escenografía fantasiosa y minimalista a la vez, que, en teniendo en cuenta la época, podríamos tildar de ultramoderna.
En ese marco asistimos a uno de los bailes más famosos de la historia, pero también a la transformación del personaje central, que va cambiando de atuendo a medida que se ennegrece su alma. Todo esto es perceptible, con una actuación apasionada que transmite sinceridad, por mucho que transcurra en ese extraño decorado Art Nouveau, - por lo visto inspirado en las ilustraciones impresas de Aubreay Beardsley -. Nazimova no solo actúa, sino que produce y dirige la obra, - aunque el nombre de su marido aparezca en los créditos -, lo que la convierte en la primera mujer haciendo cine de autor.
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