[Crítica actualizada a 23/02/2026: Se sienten y la lean, coño]
Los Marx salieron de Paramount un poco escaldados tras la falsa asunción de que ¨Sopa de ganso¨ había sido un fracaso. El destino quiso que se cruzaran en el camino del ambicioso Irving Thalberg, el yuppie que se había convertido en jefe de la Universal con solo 25 años ahora era un treintañero que tenía a todo Hollywood comiéndole de la mano. El superproductor que hizo grande y legendaria a la Metro Goldwyn Mayer.
Con Thalberg como guía, los Marx entraron en una nueva etapa de su carrera. Sus películas pasarían no a ser una excusa para sus genialidades, sino que sus genialidades serían parte integral de un argumento con héroes y villanos (excelente Walter Woolf King como el infame y violento Lasparri, objetivo primero de las gamberradas del ahora trío) con ellos de por medio ayudando a los héroes, como pasó en sus primeras películas, con la pretensión que el público sintiera simpatía por ellos. Con un equipo de casi una decena de guionistas - solo dos acreditados, por supuesto - entre viejos conocidos y nuevas incorporaciones y muchas ganas de gustar, los Marx volvieron a lo grande con otra obra maestra de la comedia, si bien sin llegar al paroxismo cómico de sus años en Paramount. Aquello no lo superarían jamás: el Código Hays los había domesticado y básicamente volvieron a ser los de “Los Cuatro cocos“.
En esta película, la favorita de Groucho, se nota el aumento de recursos económicos y humanos de la MGM frente a la Paramount: montones de extras, escenas de gran complejidad escénica y mejores actuaciones de los intérpretes de reparto (Alan Jones, Kitty Carlisle y King cantan sus propias canciones, dicho sea de paso). El humor surrealista y el ingenio siguen allí. Groucho y en especial Harpo completan grandes actuaciones, con Adolph/Arthur haciendo gala de una gran capacidad acrobática (siendo casi un cincuentón) y Julius creando su personaje más memorable tras Rufus T. Firefly: el insolente vividor, buenazo muy en el fondo, Otis B. Driftwood. Chico sigue tan bien como siempre. Era el Marx más regular. La banda sonora es excelente, paro las canciones acaban cansando, aunque estando en un ambiente operístico, al menos quedan un poco justificadas esta vez.
Sam Wood dirige el conjunto con el oficio que se espera de un grandísimo director como él. Por entonces no hubo problema entre los Marx y él como pasaría en ¨Un día en las carreras¨.
Incluso siendo inferior a lo que hicieron desde “Pistoleros de agua dulce“ a “Sopa de ganso“, estamos ante una obra maestra de la comedia y del cine, y, probablemente, por tener un argumento más cohesionado que sus filmes anteriores, la película más indicada para que el profano se inicie en el cánon marxiano. Irving Thalberg se apuntó otro tanto.
bigladiesman
9
[Crítica actualizada a 23/02/2026: Se sienten y la lean, coño]
Los Marx salieron de Paramount un poco escaldados tras la falsa asunción de que ¨Sopa de ganso¨ había sido un fracaso. El destino quiso que se cruzaran en el camino del ambicioso Irving Thalberg, el yuppie que se había convertido en jefe de la Universal con solo 25 años ahora era un treintañero que tenía a todo Hollywood comiéndole de la mano. El superproductor que hizo grande y legendaria a la Metro Goldwyn Mayer.
Con Thalberg como guía, los Marx entraron en una nueva etapa de su carrera. Sus películas pasarían no a ser una excusa para sus genialidades, sino que sus genialidades serían parte integral de un argumento con héroes y villanos (excelente Walter Woolf King como el infame y violento Lasparri, objetivo primero de las gamberradas del ahora trío) con ellos de por medio ayudando a los héroes, como pasó en sus primeras películas, con la pretensión que el público sintiera simpatía por ellos. Con un equipo de casi una decena de guionistas - solo dos acreditados, por supuesto - entre viejos conocidos y nuevas incorporaciones y muchas ganas de gustar, los Marx volvieron a lo grande con otra obra maestra de la comedia, si bien sin llegar al paroxismo cómico de sus años en Paramount. Aquello no lo superarían jamás: el Código Hays los había domesticado y básicamente volvieron a ser los de “Los Cuatro cocos“.
En esta película, la favorita de Groucho, se nota el aumento de recursos económicos y humanos de la MGM frente a la Paramount: montones de extras, escenas de gran complejidad escénica y mejores actuaciones de los intérpretes de reparto (Alan Jones, Kitty Carlisle y King cantan sus propias canciones, dicho sea de paso). El humor surrealista y el ingenio siguen allí. Groucho y en especial Harpo completan grandes actuaciones, con Adolph/Arthur haciendo gala de una gran capacidad acrobática (siendo casi un cincuentón) y Julius creando su personaje más memorable tras Rufus T. Firefly: el insolente vividor, buenazo muy en el fondo, Otis B. Driftwood. Chico sigue tan bien como siempre. Era el Marx más regular. La banda sonora es excelente, paro las canciones acaban cansando, aunque estando en un ambiente operístico, al menos quedan un poco justificadas esta vez.
Sam Wood dirige el conjunto con el oficio que se espera de un grandísimo director como él. Por entonces no hubo problema entre los Marx y él como pasaría en ¨Un día en las carreras¨.
Incluso siendo inferior a lo que hicieron desde “Pistoleros de agua dulce“ a “Sopa de ganso“, estamos ante una obra maestra de la comedia y del cine, y, probablemente, por tener un argumento más cohesionado que sus filmes anteriores, la película más indicada para que el profano se inicie en el cánon marxiano. Irving Thalberg se apuntó otro tanto.
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