Ficha Ginga Kikoutai Majestic Prince


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Críticas de Ginga Kikoutai Majestic Prince (1)




Mad Warrior

  • 17 Nov 2023

7



La Tierra se ha visto recientemente amenazada por un gran peligro: la más terrorífica raza alienígena del Universo.
Cuesta creer que el destino de toda la Humanidad repose sobre los hombros de cinco jóvenes inadaptados, pero así es...jóvenes que sin saberlo deberán convertirse en auténticos héroes.

Podrían haberse llamado Uchu Subarashi Gonin (Los Cinco Magníficos del Espacio), pero por desgracia se quedaron con el apodo de Zannen Five (Los Cinco Fracasados), protagonistas de uno de los proyectos más curiosos del anime actual, probablemente ignorado por la mayoría, pues en un 2.013 donde despuntan “Kill la Kill“ o la ya legendaria “Shingeki no Kyojin“, algo como “Ginga kikotai “Majestic Prince“ “ está condenada al ostracismo. Injusto, la verdad. Pero resultó ser la primera serie de animación donde Toho se involucró desde la planificación y producción, en una labor titánica por ofrecer una obra de alto copete.
Aún más raro es que se trate de un producto nacido casi desde cero, si bien se inspira en el manga homónimo que Rannin Ayamine y Hikaru Nijima crearon a partir de una idea de la empresa de publicidad/entretenimiento Sotsu, comenzando en 2.011 desde el magazine Monthly Hero una publicación que aún continúa; así, dos historias con casi los mismos personajes pero completamente distintas en cuanto a argumento y desarrollo. Elegido el experto equipo de diseño y guión se une entusiasmado el veterano Keitaro Motonaga debido a su experiencia en el universo de la ciencia-ficción con “mechas“.

Este es uno de esos animes que engañan a primera vista. En los primeros episodios de presentación de historia y personajes pocas cosas puede haber que nos atraigan, incluso si nos sitúan en un futuro lejano de grandes avances tecnológicos y razas extraterrestres contra nuestro Planeta (lo que, de hecho, no es nada original); la trama está muy ligada a la del manga al tener lugar en una academia de pilotos genéticamente avanzados cuyo propósito no es otro que el de impedir la llegada de los susodichos invasores (los Wulgaru). Es decir: los ratones de laboratorio/conejillos de indias de una enorme organización gubernamental dispuesta a todo por ganar la batalla interestelar.
Aunque todavía falta mucho tiempo para reflexiones y dramas. El diseño extrañamente “aniñado“ (con rostros poco detallados, cuerpos alargados y cabellos de distintos colores) y los escenarios luminosos se cruzan con una atmósfera propia del “shojo“ por su inclinación al humor para preadolescentes y las descripciones estereotipadas, tanto física como emocionalmente; en este centro de preparación destaca de mala manera el quinteto formado por Izuru, Asagi, Kei, Suruga y Tamaki, de grandes habilidades y talento por separado pero un desastre cuando han de trabajar en equipo.

Reiko Yoshida, a quien Motonaga dejó completa libertad en la elaboración del guión, nos invita a seguir los pasos de este grupo perfectamente definido en sus personalidades (por arquetípicas que sean) y cómo, a base de esfuerzo y los sucesivos giros del destino que les aguardan, dejarán de ser la mofa de su academia para convertirse en los principales pilotos del MJP (las fuerzas militares contra la raza de los Wulgaru, en cuya ética, historia e ideología también se irá profundizando poco a poco). Pero al principio cuesta acercarse a ellos...por sus manías, actitud derrotista y desagradables salidas de tono hacia su “líder“ Izuru, ensimismado del manga que sueña con ser un gran héroe.
Si algo agrega el director, que entiende de estos productos, es un ritmo veloz a una trama que se tomará su tiempo para desvelar sus capas, por lo que resulta fácil seguir el hilo y sumergirse en este futuro ultra-tecnológico con guiños más que reconocibles a clásicos de la ciencia-ficción como “Mobile Suit Gundam“, “Captain Harlock“ o las “space operas“ de los “70 y “80 con robots de por medio, sin olvidar la influencia vital de “Evangelion“, aunque sin toda su carga filosófica (en este caso la conexión entre el piloto y la unidad robótica que maneja está arraigada más a una cuestión de manipulación genética e instinto de supervivencia que espiritual).

Es la reflexión que aquí se plantea, y lo que da verdadero sentido y profundidad a la batalla entre humanos y los Wulgaru, porque éstos, presentados también con forma antropomórfica, son una raza que vive para alimentarse de aquellos a quienes someten, y en absoluta entrega a su herencia genética, que los definen como impasibles, crueles y siguiendo un orden jerárquico de individualismo carente de toda piedad.
Bestias cazadoras del Espacio, pero presentados bajo el aspecto de una sociedad noble y elegante. Es casi como si Yoshida quisiera condenar a los gobiernos feudales de épocas pasadas, dominados por su ansia de conquista, poniéndoles un disfraz de invasores extraterrestres.

¿Y qué mejor cura para este mal que un grupo de jóvenes creados a partir de genes procedentes, como averiguaremos, de la misma raza Wulgaru y que logran sublevarse contra su herencia por medio de sus sentimientos y humanidad?
Es la rebelión perfecta de una nueva y contestataria generación dispuesta a sobrepasar su estirpe maldita; pero estos datos tan importantes se exponen a mitad de la serie...y nada menos que en boca de una exiliada Wulgaru que ahora colabora con los humanos (la princesa Theoria). Y es un terrible hándicap, pues ya (casi) no quedan misterios ni otras intrigas que revelar, sólo dejarnos llevar por la euforia de la pura y dura cacería espacial.

Sí quedarán por descubrir la extraña relación entre Theoria e Izuru, el papel que juega en todo esto el flemático comandante Simon o cuáles serán los límites del chico para unirse en cuerpo y espíritu con la unidad ASH que pilota. Entre estas subtramas que incluyen traiciones familiares y conspiraciones políticas, tanto terrícolas como alienígenas, abundan las interacciones de un gran elenco de personajes, en especial las de los jóvenes Zannen Five con sus instructores, compañeros militares y entre ellos mismos; a medida que avanza la serie, y es el mayor logro de Yoshida, los estereotipos van cayendo y los protagonistas evolucionan acorde a las situaciones que viven, ya sean trágicas o cotidianas.
Situaciones que oscilan desde afrontar la muerte de camaradas bajo el fuego de los Wulgaru en misiones suicidas a enredarse en alguna que otra aventura romántica (aunque este tema no es de vital importancia, quedando en el aire el amor nunca confesado entre Izuru y Kei). Es decir, con el paso del tiempo aceptaremos cosas como la tremenda estupidez de Tamaki, la actitud antipática de Asagi, el carácter pegajoso de Kei, las ilusiones inocentes de Izuru o la soberbia de Suruga, porque ellos también se aceptan y conviven como una familia. Ya no querremos separarnos de su lado y nos afectarán sus participaciones en cada misión, que una y otra vez les pondrán al borde de la muerte.

Estas misiones, con el despliegue monetario que asegura Toho, son un deleite para cualquier fan de las aventuras espaciales de primer orden. Motonaga saber manejar el ritmo en trepidantes escenas de cortes rápidos y colores brillantes, pero por alguna razón la sucesión de planos no resulta mareante y es fácil seguir el flujo de la acción; todo parece planificado al milímetro en el diseño de las secuencias animadas, y termina encajando de maravilla con una banda sonora épica.
Es este equilibrio tan peculiar entre lo intenso y lo “light“, lo cómico y dramático, lo que da puntos extra a “Majestic Prince“. Bien subrayado en unos últimos capítulos donde las flotas de ambos planetas se enzarzan en una batalla campal sin parangón; lásers, explosiones, peleas cuerpo a cuerpo entre “mechas“, la pantalla se llena de movimiento, violencia y frenesí y es fácil dejarse llevar por la aventura, pero aun dando un papel importante a cada personaje ésta se enfocará en la lucha íntima entre Izuru y Jiart, el codicioso y guerrillero hermano de Theoria.

No obstante uno de los aspectos más curiosos, y que pasa de soslayo, es cómo imagina la guionista el futuro político de La Tierra, haciendo de Bielorrusia y África potencias mundiales al lado de Japón, EE.UU. y China.
Aquí no hay rastro de europeos que luchen por el futuro de la Humanidad (¡!).

La superproducción exhaustiva en la que se embarcó Motonaga y su equipo dio sus frutos, generando toda una franquicia mediática que incluye una adaptación a novela de radio, a videojuego, una versión novelizada del anime en físico y en Internet e incluso un largometraje estrenado en cines hace unos meses.
Sin embargo, y quizás para evitar otro proyecto de tal envergadura, el director no se ha inmiscuido en una 2.ª temporada que, aun así, ha insinuado anunciarse...



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