En el panorama actual de nuestro cine necesitamos que se alineen los astros para que seamos capaces de ver una película decente anunciada en la taquilla. Por supuesto es un fenómeno que no se da en muchas ocasiones, pero, demonios, a veces sucede.
Y se ve que el viernes, 21 de Enero de 2.011, día en que se estrenó ¨Carne de Neón¨ en las pantallas, sucedió.
La película partía, en realidad, de un cortometraje que seis años antes estrenó Paco Cabezas, un realizador conocido hasta ese momento por sus trabajos en círculos independientes, y que tras la película de terror ¨Aparecidos¨ tuvo la suerte de que la productora Morena Films se interesara en transformar lo que fue corto en largo (más o menos como le pasó a Reb Braddock cuando Tarantino vio ¨Curdled¨).
Puede que el significado no, pero la base de la historia se mantiene, y hasta la escena de apertura era igual (sí, la de la bala ante la jeta del protagonista). Eso sí, se añaden muchos más personajes, se tira del hilo construyéndose más de seis argumentos paralelos y se modifican algunas cosas; la más llamativa son los actores que encarnan a los personajes principales, Ricky y su madre Pura, cambiando a Óscar Jaenada y Victoria Abril por Mario Casas, el joven más solicitado y codiciado del momento (sobre todo por las puñeteras adolescentes), y Ángela Molina. Quizá la decisión no fue cosa de Cabezas, sino de los productores, quienes querían que en el plantel hubiese caras más conocidas.
¨Carne de Neón¨ nos mete en los suburbios, garitos y peores barrios de la Granada de hoy, entre drogadictos, chulos, traficantes, putas, mafiosos, travestis y matones. El joven Ricky se ha criado en esta jungla, abandonado por su madre Pura y con un único deseo: dejar las calles para escalar de posición. Angelito, su amigo y compañero de fatigas, le pregunta cómo cojones piensa llevar a cabo tal hazaña, y la respuesta de Ricky le deja más perplejo todavía.
Sencillo, montando un club, y no uno cualquiera, sino el que soñó su madre antes de ser encarcelada, el Hiroshima; de este modo, con bastante pasta y un par de narices, estos dos vividores de poca monta se preparan para montar el negocio de sus vidas. Y todo esto mientras se suceden un montón de problemas, entre ellos que Pura, recién salida de prisión, padece alzheimer, que una de las prostitutas sin papeles de Angelito y Ricky está preñada, y que ¨El Chino¨, un implacable mafioso que controla el territorio, amenaza con quemar el club si no se le da el 50% de las ganancias. ¡Je!, como si empezar una nueva vida a partir de la nada fuera tan fácil.
Las descerebradas niñatas de quince años para arriba que fueron al cine sólo porque vieron que en los anuncios aparecía el jodido Mario Casas (que yo me pregunto con toda humildad y en nombre de todos los campos de arroz, ¿cómo habrá llegado tan alto el inútil este?) tuvieron que llevarse una buena sorpresa al visionar esta irreverente aventura callejera en la que nos sumerge, sin concesiones y con muy mala leche, el sr. Paco Cabezas, a quien a la legua se le nota de dónde le vienen las influencias. No es difícil ver el espíritu de Guy Ritchie y sus ¨Lock & Stock¨, ¨Snatch¨ y ¨Rock n Rolla¨ pululando por ¨Carne de Neón¨, desde los títulos de crédito principales, donde, al igual que en las del inglés, se nos van presentando a todos los extravagantes personajes que ocuparán las mil y una historias paralelas y cruzadas del argumento, aderezadas además con un toque de Tarantino y Rodríguez y un poquito de nuestros Almodóbar y Álex de la Iglesia. Incluso hay una escena directamente sacada de la de Pierre Morel, ¨Venganza¨.
Puede que el argumento diste mucho de ser original, pero lo que sí logra Cabezas es darle el empujón que necesitaba el ¨thriller¨ y el cine negro de nuestra España, a la deriva desde finales de los 60 aun con puntuales y notables muestras en décadas posteriores, como ¨El Crack¨, ¨Todo por la Pasta¨, ¨El Detective y la Muerte¨ o ¨Los Lobos de Washington¨, por citar unas pocas. Interesante es el cambio que pega la historia: en el corto, Ricky intenta deshacerse de la vida que tiene y las personas que están en ella antes de que su madre salga de la cárcel; aquí, sin embargo, desea subir de posición social pero sin abandonar la mala vida.
Pese al desencanto social reinante, a las casuales gotas de drama, a los serios temas de la inmigración ilegal, la prostitución, el maltrato, la corrupción o la discriminación que se tratan aquí, con una despreocupación y desenfado que asusta, la tónica es una y abarca toda la película: el humor negro y ácido arropado por una ultraviolencia que pocas veces se ve así expuesta en nuestro cine actual (cómo logró el director estrenarla así, tal como está, es un misterio), aparte de las grandes dosis de acción, que aseguran un ritmo frenético y la mar de entretenido.
A pesar de lo poco que me gusta su cara, su forma de hablar y su manera de andar, Mario Casas limpia todo su historial y sale del encasillamiento de niñato guapo en el que se había metido interpretando a Ricky...aunque cambiarle por Óscar Jaenada es una metedura de pata de esas que no tienen perdón, al igual que a Victoria Abril por Ángela Molina, que desde el primer momento que abre la boca dan ganas de partírsela con una pala.
Los mejores son Darío Grandinetti, brutal como ¨El Chino¨, Antonio de la Torre y por supuesto el gran Vicente Romero, quien se hace protagonista absoluto poniéndose por encima de Casas encarnando, en plan Pazos, al simpático, caradura y muy cabronazo Angelito, llevándose las mejores frases (bueno, yo me partía de risa con cada una que soltaba).
En fin, se puede rescatar poco de nuestro cine en estos tiempos, pero ¨Carne de Neón¨ merece la pena. Paco Cabezas nos da un buen ¨thriller¨ de acción español de los que ya no se ven.
Mad Warrior
7
En el panorama actual de nuestro cine necesitamos que se alineen los astros para que seamos capaces de ver una película decente anunciada en la taquilla. Por supuesto es un fenómeno que no se da en muchas ocasiones, pero, demonios, a veces sucede.
Y se ve que el viernes, 21 de Enero de 2.011, día en que se estrenó ¨Carne de Neón¨ en las pantallas, sucedió.
La película partía, en realidad, de un cortometraje que seis años antes estrenó Paco Cabezas, un realizador conocido hasta ese momento por sus trabajos en círculos independientes, y que tras la película de terror ¨Aparecidos¨ tuvo la suerte de que la productora Morena Films se interesara en transformar lo que fue corto en largo (más o menos como le pasó a Reb Braddock cuando Tarantino vio ¨Curdled¨).
Puede que el significado no, pero la base de la historia se mantiene, y hasta la escena de apertura era igual (sí, la de la bala ante la jeta del protagonista). Eso sí, se añaden muchos más personajes, se tira del hilo construyéndose más de seis argumentos paralelos y se modifican algunas cosas; la más llamativa son los actores que encarnan a los personajes principales, Ricky y su madre Pura, cambiando a Óscar Jaenada y Victoria Abril por Mario Casas, el joven más solicitado y codiciado del momento (sobre todo por las puñeteras adolescentes), y Ángela Molina. Quizá la decisión no fue cosa de Cabezas, sino de los productores, quienes querían que en el plantel hubiese caras más conocidas.
¨Carne de Neón¨ nos mete en los suburbios, garitos y peores barrios de la Granada de hoy, entre drogadictos, chulos, traficantes, putas, mafiosos, travestis y matones. El joven Ricky se ha criado en esta jungla, abandonado por su madre Pura y con un único deseo: dejar las calles para escalar de posición. Angelito, su amigo y compañero de fatigas, le pregunta cómo cojones piensa llevar a cabo tal hazaña, y la respuesta de Ricky le deja más perplejo todavía.
Sencillo, montando un club, y no uno cualquiera, sino el que soñó su madre antes de ser encarcelada, el Hiroshima; de este modo, con bastante pasta y un par de narices, estos dos vividores de poca monta se preparan para montar el negocio de sus vidas. Y todo esto mientras se suceden un montón de problemas, entre ellos que Pura, recién salida de prisión, padece alzheimer, que una de las prostitutas sin papeles de Angelito y Ricky está preñada, y que ¨El Chino¨, un implacable mafioso que controla el territorio, amenaza con quemar el club si no se le da el 50% de las ganancias. ¡Je!, como si empezar una nueva vida a partir de la nada fuera tan fácil.
Las descerebradas niñatas de quince años para arriba que fueron al cine sólo porque vieron que en los anuncios aparecía el jodido Mario Casas (que yo me pregunto con toda humildad y en nombre de todos los campos de arroz, ¿cómo habrá llegado tan alto el inútil este?) tuvieron que llevarse una buena sorpresa al visionar esta irreverente aventura callejera en la que nos sumerge, sin concesiones y con muy mala leche, el sr. Paco Cabezas, a quien a la legua se le nota de dónde le vienen las influencias. No es difícil ver el espíritu de Guy Ritchie y sus ¨Lock & Stock¨, ¨Snatch¨ y ¨Rock n Rolla¨ pululando por ¨Carne de Neón¨, desde los títulos de crédito principales, donde, al igual que en las del inglés, se nos van presentando a todos los extravagantes personajes que ocuparán las mil y una historias paralelas y cruzadas del argumento, aderezadas además con un toque de Tarantino y Rodríguez y un poquito de nuestros Almodóbar y Álex de la Iglesia. Incluso hay una escena directamente sacada de la de Pierre Morel, ¨Venganza¨.
Puede que el argumento diste mucho de ser original, pero lo que sí logra Cabezas es darle el empujón que necesitaba el ¨thriller¨ y el cine negro de nuestra España, a la deriva desde finales de los 60 aun con puntuales y notables muestras en décadas posteriores, como ¨El Crack¨, ¨Todo por la Pasta¨, ¨El Detective y la Muerte¨ o ¨Los Lobos de Washington¨, por citar unas pocas. Interesante es el cambio que pega la historia: en el corto, Ricky intenta deshacerse de la vida que tiene y las personas que están en ella antes de que su madre salga de la cárcel; aquí, sin embargo, desea subir de posición social pero sin abandonar la mala vida.
Pese al desencanto social reinante, a las casuales gotas de drama, a los serios temas de la inmigración ilegal, la prostitución, el maltrato, la corrupción o la discriminación que se tratan aquí, con una despreocupación y desenfado que asusta, la tónica es una y abarca toda la película: el humor negro y ácido arropado por una ultraviolencia que pocas veces se ve así expuesta en nuestro cine actual (cómo logró el director estrenarla así, tal como está, es un misterio), aparte de las grandes dosis de acción, que aseguran un ritmo frenético y la mar de entretenido.
A pesar de lo poco que me gusta su cara, su forma de hablar y su manera de andar, Mario Casas limpia todo su historial y sale del encasillamiento de niñato guapo en el que se había metido interpretando a Ricky...aunque cambiarle por Óscar Jaenada es una metedura de pata de esas que no tienen perdón, al igual que a Victoria Abril por Ángela Molina, que desde el primer momento que abre la boca dan ganas de partírsela con una pala.
Los mejores son Darío Grandinetti, brutal como ¨El Chino¨, Antonio de la Torre y por supuesto el gran Vicente Romero, quien se hace protagonista absoluto poniéndose por encima de Casas encarnando, en plan Pazos, al simpático, caradura y muy cabronazo Angelito, llevándose las mejores frases (bueno, yo me partía de risa con cada una que soltaba).
En fin, se puede rescatar poco de nuestro cine en estos tiempos, pero ¨Carne de Neón¨ merece la pena. Paco Cabezas nos da un buen ¨thriller¨ de acción español de los que ya no se ven.
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