La nueva Hammer sigue por el buen camino. Tras títulos tan interesantes como el “Déjame Entrar” norteamericano o la inédita “Wake Wood”, ahora afronta la adaptación de la homónima novela gótica escrita por Susan Hill en 1983, de la mano del talentoso James Watkins.
Y la elección del director británico, que debutó con una excelente muestra de terror realista (la descarnada Eden Lake), es el mayor acierto de un film que luce como el más auténticamente “Hammer” de cuantos ha llevado a cabo la nueva productora. Partiendo de elementos tan clásicos como manidos: localización espacial y temporal típicas, neblina tenebrosa, una maldición que azota a una comunidad cerrada, un foráneo que será visto con malos ojos por los locales, una casa tenebrosa ……., Watkins agita bien la coctelera de convenciones que pueblan el relato consiguiendo un producto entretenido, obsesivamente atmosférico, y muy bien filmado, con un nivel técnico notable y algunas escenas realmente escalofriantes (mención especial para el episodio de la ciénaga que, sin recurrir a ningún efectismo, consigue poner los pelos de punta debido a su excelente timing en la ejecución). Radcliffe cumple con una esforzada interpretación en su primer papel “post-Potter”, llevando el peso casi total de la historia (con largas secuencias sin diálogo), aunque el torpe doblaje español no le hace ningún favor.
También hay algunos puntos negativos: un excesivo apego por el terror oriental en lo que concierne a la planificación de las apariciones fantasmales, una sobrecarga de sustos de post-producción en algunos momentos, y un giro final ciertamente previsible, aparte de una historia quizá excesivamente simple, pero en definitiva, estamos ante una muy apreciable muestra de terror clásico que nos hace pensar en el buen momento que vive el género. Recomendable.
hicks
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La nueva Hammer sigue por el buen camino. Tras títulos tan interesantes como el “Déjame Entrar” norteamericano o la inédita “Wake Wood”, ahora afronta la adaptación de la homónima novela gótica escrita por Susan Hill en 1983, de la mano del talentoso James Watkins.
Y la elección del director británico, que debutó con una excelente muestra de terror realista (la descarnada Eden Lake), es el mayor acierto de un film que luce como el más auténticamente “Hammer” de cuantos ha llevado a cabo la nueva productora. Partiendo de elementos tan clásicos como manidos: localización espacial y temporal típicas, neblina tenebrosa, una maldición que azota a una comunidad cerrada, un foráneo que será visto con malos ojos por los locales, una casa tenebrosa ……., Watkins agita bien la coctelera de convenciones que pueblan el relato consiguiendo un producto entretenido, obsesivamente atmosférico, y muy bien filmado, con un nivel técnico notable y algunas escenas realmente escalofriantes (mención especial para el episodio de la ciénaga que, sin recurrir a ningún efectismo, consigue poner los pelos de punta debido a su excelente timing en la ejecución). Radcliffe cumple con una esforzada interpretación en su primer papel “post-Potter”, llevando el peso casi total de la historia (con largas secuencias sin diálogo), aunque el torpe doblaje español no le hace ningún favor.
También hay algunos puntos negativos: un excesivo apego por el terror oriental en lo que concierne a la planificación de las apariciones fantasmales, una sobrecarga de sustos de post-producción en algunos momentos, y un giro final ciertamente previsible, aparte de una historia quizá excesivamente simple, pero en definitiva, estamos ante una muy apreciable muestra de terror clásico que nos hace pensar en el buen momento que vive el género. Recomendable.
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