Críticas de Un Cerebro de un billón de Dólares (1)
bigladiesman
7 Mar 2023
8
Se cierra la primera tanda de películas producidas por Harry Saltzman en las que Michael Caine interpretó al anónimo, poco glamouroso y muy sarcástico espía que creó Len Deighton en una serie de excitantes y cínicas novelas (no, de verdad: leed alguna. Son un gustazo). Por supuesto, hablamos del personaje que en el cine conocemos como Harry Palmer. Y aquí viene dirigido por el que sería uno de los realizadores más imprevisibles de los 70-80: Ken Russell, uno de los padres de lo que llamamos ¨estética de videoclip¨.
Aquí Palmer se enfrenta a un grupúsculo americano de extrema derecha comandado por un magnate que recibe órdenes de un ordenador, y que quiere extender un virus por el mundo. Mientras leía la novela, no pude sino reparar en que resultaba muy actual, con tantos grupos pro-Trump metidos en temas como el GamerGate u organizados en redes sociales (la coincidencia en la actualidad con lo del virus creo que es ya pura casualidad). Y la leí dos años antes del asalto al Capitolio… Ver cómo se refleja - desde mi punto de vista, claro - un situación que rezuma actualidad en una película de 1967 ha hecho que la haya visto con cierto hype. Me pregunto si el aún vivo a día de escribir estas líneas Len Deighton debe pensar lo mismo que yo.
Caine interpreta a un Palmer ya cansado de ir por el mundo jugándose la vida por cuatro cuartos y ha abierto su propia agencia de detectives. Su propio ex-jefe (repite Guy Ross - el incompetente coronel Lippe de Operación Trueno - de Ipcress y Funeral en Berlín) se cuela en su oficina para hacerlo volver a las buenas o a las malas, pero él lo manda a freír espárragos y se lanza a por un caso en el que una extraña voz lo conmina a traer de contrabando unos huevos a Helsinki. Y se arma el lío padre cuando el receptor de los huevos resulta ser un viejo, er, ¨amigo¨ suyo. El siempre bienvenido Karl Malden interpreta al baboso tipo en cuestión, Leo Newbigen, mientras la hermosa y malograda Françoise Dorléac, hermana mayor de Catherine Deneuve, es su amante (en realidad una agente infiltrada del KGB) Anya en su última película antes de perder la vida en un accidente automovilístico. Todo se lía cuando Palmer es capturado y obligado a volver a la acción - chantaje mediante, of course - por el MI5: los huevos eran una arma secreta y ya que Palmer ha hecho contrabando con ellos para una organización ultraderechista (cuyo billonario líder es interpretado por Ed Begley Sr. y que usa ordenadores con la voz de Donald Sutherland) ahora los va a recuperar. Otra vez a ser espía y a jugársela entre dos - incluso tres - bandos: quizá ese a veces adorable, a veces siniestro liante que es el Coronel Stok del KGB (el ilustre veterano Oskar Homolka, también repitiendo papel) tiene algo que decir.
Guion de John McGrath, famoso dramaturgo comprometido con causas de izquierda que le iba como anillo al dedo al tono crítico con la deshumanización de la política de la novela original y al estilo directorial de Ken Russell. Se mantiene el tono sobrio pero burlón de las novelas originales, con puñaladas traperas en todas direcciones.
Un par de nombres de la saga Bond trabajan en esta película: Syd Cain con su diseño de producción y Maurice Binder con una secuencia de créditos de relumbrón dan a la película un aire high-tech. El músico de jazz (y ocasionalmente de música clásica) Richard Rodney Bennett es el que se encarga de la banda sonora esta vez. Muy destacables también las escenas de acción, bastante trepidantes para el tipo de película de la que hablamos, más centrada en una trama de putadas mutuas.
Bastante más fiel a la novela de lo que esperaba (solo he echado de menos las escenas de la vida doméstica de Newbigen y cambia mucho el final, que aquí contiene un clímax de acción a lo Bond), rocambolesca y muy entretenida, es un broche estupendo a la primera saga Palmer
bigladiesman
8
Se cierra la primera tanda de películas producidas por Harry Saltzman en las que Michael Caine interpretó al anónimo, poco glamouroso y muy sarcástico espía que creó Len Deighton en una serie de excitantes y cínicas novelas (no, de verdad: leed alguna. Son un gustazo). Por supuesto, hablamos del personaje que en el cine conocemos como Harry Palmer. Y aquí viene dirigido por el que sería uno de los realizadores más imprevisibles de los 70-80: Ken Russell, uno de los padres de lo que llamamos ¨estética de videoclip¨.
Aquí Palmer se enfrenta a un grupúsculo americano de extrema derecha comandado por un magnate que recibe órdenes de un ordenador, y que quiere extender un virus por el mundo. Mientras leía la novela, no pude sino reparar en que resultaba muy actual, con tantos grupos pro-Trump metidos en temas como el GamerGate u organizados en redes sociales (la coincidencia en la actualidad con lo del virus creo que es ya pura casualidad). Y la leí dos años antes del asalto al Capitolio… Ver cómo se refleja - desde mi punto de vista, claro - un situación que rezuma actualidad en una película de 1967 ha hecho que la haya visto con cierto hype. Me pregunto si el aún vivo a día de escribir estas líneas Len Deighton debe pensar lo mismo que yo.
Caine interpreta a un Palmer ya cansado de ir por el mundo jugándose la vida por cuatro cuartos y ha abierto su propia agencia de detectives. Su propio ex-jefe (repite Guy Ross - el incompetente coronel Lippe de Operación Trueno - de Ipcress y Funeral en Berlín) se cuela en su oficina para hacerlo volver a las buenas o a las malas, pero él lo manda a freír espárragos y se lanza a por un caso en el que una extraña voz lo conmina a traer de contrabando unos huevos a Helsinki. Y se arma el lío padre cuando el receptor de los huevos resulta ser un viejo, er, ¨amigo¨ suyo. El siempre bienvenido Karl Malden interpreta al baboso tipo en cuestión, Leo Newbigen, mientras la hermosa y malograda Françoise Dorléac, hermana mayor de Catherine Deneuve, es su amante (en realidad una agente infiltrada del KGB) Anya en su última película antes de perder la vida en un accidente automovilístico. Todo se lía cuando Palmer es capturado y obligado a volver a la acción - chantaje mediante, of course - por el MI5: los huevos eran una arma secreta y ya que Palmer ha hecho contrabando con ellos para una organización ultraderechista (cuyo billonario líder es interpretado por Ed Begley Sr. y que usa ordenadores con la voz de Donald Sutherland) ahora los va a recuperar. Otra vez a ser espía y a jugársela entre dos - incluso tres - bandos: quizá ese a veces adorable, a veces siniestro liante que es el Coronel Stok del KGB (el ilustre veterano Oskar Homolka, también repitiendo papel) tiene algo que decir.
Guion de John McGrath, famoso dramaturgo comprometido con causas de izquierda que le iba como anillo al dedo al tono crítico con la deshumanización de la política de la novela original y al estilo directorial de Ken Russell. Se mantiene el tono sobrio pero burlón de las novelas originales, con puñaladas traperas en todas direcciones.
Un par de nombres de la saga Bond trabajan en esta película: Syd Cain con su diseño de producción y Maurice Binder con una secuencia de créditos de relumbrón dan a la película un aire high-tech. El músico de jazz (y ocasionalmente de música clásica) Richard Rodney Bennett es el que se encarga de la banda sonora esta vez. Muy destacables también las escenas de acción, bastante trepidantes para el tipo de película de la que hablamos, más centrada en una trama de putadas mutuas.
Bastante más fiel a la novela de lo que esperaba (solo he echado de menos las escenas de la vida doméstica de Newbigen y cambia mucho el final, que aquí contiene un clímax de acción a lo Bond), rocambolesca y muy entretenida, es un broche estupendo a la primera saga Palmer
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