Mientras Dure La Guerra de
Alejandro Amenábar sigue los últimos meses de la vida de Miguel de Unamuno, atrapado en pleno inicio de la Guerra Civil. Su evolución —del apoyo inicial al golpe a su denuncia pública— es el núcleo del film y culmina en una de las escenas más recordadas del cine reciente español.
El desengaño de Unamuno: cuando ya es demasiado tarde
A lo largo de la película vemos cómo Unamuno intenta convencer(se) de que el levantamiento militar restauraría el orden y frenaría los excesos de la República. Pero la realidad le golpea una y otra vez: detenciones arbitrarias, fusilamientos sin juicio, desapariciones de amigos como Atilano Coco y Salvador Vila… y la incapacidad de los sublevados para distinguir justicia de venganza.
Unamuno empieza a comprender que ha respaldado algo que ya está fuera de control. Y, como él mismo dice, todos le exigen que haga algo… pero nadie acepta su forma de pensar.
El acto del 12 de octubre: un discurso que cambia la historia
La secuencia clave del final llega durante la celebración del Día de la Raza en la Universidad de Salamanca, con la presencia de Carmen Polo y Millán Astray. Aunque su hija le pide que no hable, él termina levantándose. Sabe que callar implicaría aceptar lo que está ocurriendo.
En su discurso, Unamuno desmonta la retórica bélica del acto. Recuerda que los vascos y catalanes también son España, denuncia la locura de la guerra fratricida e introduce una frase que se convertirá en símbolo:
“Venceréis, pero no convenceréis.”
Millán Astray responde con los gritos de “¡Viva la muerte!” y “¡Muera la inteligencia!”, lo que provoca que parte del público lo increpe llamándolo traidor y pidiendo que lo fusilen.
Carmen Polo, consciente del peligro, se acerca a Unamuno y lo saca del Paraninfo agarrándolo del brazo. La tensión del momento es tal que varios soldados llegan incluso a preparar sus armas.
Consecuencias inmediatas: aislamiento y destitución
La intervención de Unamuno no queda impune. Tras aquel acto:
- Es destituido como rector de la Universidad de Salamanca.
- Se le aplica vigilancia policial permanente.
- Sus antiguos correligionarios lo consideran un enemigo.
- Queda aislado, sin capacidad real de influir en nada.
Unamuno vuelve a su casa acompañado de sus hijas, visiblemente afectado. Ya ha perdido a dos de sus amigos y ha comprobado que sus advertencias son ignoradas por todos los bandos.
El final de Unamuno: una derrota íntima
Los últimos minutos muestran a Unamuno debilitado físicamente, rodeado por su familia, intentando mantener algo de normalidad mientras su nieto juega con figuras de papel, igual que él hacía. Es un pequeño gesto de humanidad en medio del caos.
Unamuno muere dos meses después del famoso discurso, el 31 de diciembre de 1936, de un infarto en su casa. Muere decepcionado, consciente de su error y sin haber podido salvar a ninguno de sus amigos.
Epílogo: la España que viene después
Un cartel final cierra la película con los hechos reales:
- Franco terminó ganando la guerra en 1939.
- Implantó una dictadura militar que duró hasta su muerte en 1975.
- España no volvió a votar en democracia hasta 1977.
La despedida es amarga: la historia de Mientras dure la guerra recuerda que, cuando la violencia sustituye al diálogo, nadie sale indemne. Unamuno llega a esa comprensión tarde, pero no demasiado tarde como para intentar, al menos una vez, decir en voz alta lo que pensaba.
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