“
El Protector” (
The Enforcer, 2022) sigue a Cuda, un sicario veterano que lleva demasiado tiempo haciendo cosas de las que ya no puede escapar. Tapar agujeros a su jefa, Estelle, convivir con la culpa y mantener a distancia a su propia hija se le han hecho cuesta arriba.
Todo cambia cuando aparece Billie, una adolescente perdida que le recuerda a lo que no estuvo para su hija. A partir de ahí, su vida empieza a girar en una sola dirección: reparar, aunque sea tarde, lo que queda de su conciencia.
El secuestro de Billie: el punto de no retorno
Cuando descubren que Billie ha sido secuestrada y vendida al mafioso Freddie —un tipo que convierte a chicas vulnerables en esclavas para sus emisiones online—, Cuda intenta actuar por las buenas. Sabe quién la tiene, sabe dónde está… pero también sabe que Freddie paga protección a Estelle. Si la toca, se desata la guerra.
Estelle se niega siquiera a escucharle. Para ella Billie no es más que “colateral”, y lo único que importa es el dinero. Ese momento confirma lo que Cuda ya intuía: está trabajando para un monstruo igual o peor que él.
Traiciones, disparos y la caída de Estelle
Estelle ordena eliminar a Cuda para evitar problemas, pero la situación se rompe por otro lado: Stray, el joven luchador que Cuda intentó apartar del mundillo, se vuelve contra su jefa. De su lado también se suma Lexus, harta de vivir bajo el control de Estelle. Entre los tres acaban con la matriarca criminal y dejan vía libre para que Cuda vaya a por Billie… aun sabiendo que puede ser su última misión.
La misión final de Cuda: salvar a Billie cueste lo que cueste
Cuda asalta solo el “negocio” de Freddie. Libera a varias chicas, elimina a toda la seguridad y llega hasta él… pero recibe un disparo que ya sabe que no va a superar. Cuando Billie aparece y ve a Freddie moribundo, duda un instante de Cuda —cree que él la vendió—, pero él aclara la verdad y logra que confíe en él.
Juntos salen del infierno, pero Cuda ya no está pensando en salvarse: solo quiere asegurarse de que Billie tenga una salida.
Stray, Lexus y una nueva vida lejos de Miami
Cuda entrega a Stray el dinero y le suplica que se lleve a Billie muy lejos. Nada de volver, nada de mirar atrás. Y Stray le hace caso: abandona Miami, empieza de cero, abre un pequeño taller mecánico —talento que Cuda le vio desde el principio— y forma una especie de familia improvisada con Billie y Lexus. Una vida simple, lejos del barro. Justo la clase de vida que Cuda nunca pudo permitirse.
El destino de Cuda: un final buscado
Consciente de que se desangra, Cuda solo tiene un último gesto pendiente: su hija. Le deja su coche —su posesión más valiosa, casi parte de él— como regalo de cumpleaños. Es lo único verdaderamente suyo que puede dejarle, el objeto que más le representa y que más va a recordarle.
Después, camina hacia la playa. Se sienta bajo un árbol, igual que el hombre de aquel cuadro que tanto le impresionó, y deja que todo acabe mirando el mar.
No muere huyendo, ni disparando, ni torturado por su pasado. Muere tranquilo, habiendo hecho lo único que realmente le importaba: salvar a alguien, aunque no haya podido salvarse a sí mismo.
Conclusión: una redención tardía, pero real
El final de El Protector muestra a Cuda como un hombre que llega demasiado tarde a todo… salvo a una cosa: evitar que Billie, Stray y Lexus acaben atrapados en el mismo mundo que él. Su sacrificio permite que otros empiecen una vida nueva. Y ese gesto, más que cualquier disparo o venganza, es lo que convierte su historia en una verdadera redención.
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