Malice arranca como un thriller doméstico en un paraíso griego y termina convirtiéndose en una caída libre hacia la obsesión, el resentimiento y la venganza. Lo que empieza con la familia Tanner acogiendo a un simpático tutor, Adam, acaba derivando en una espiral en la que su presencia deja de parecer casual para revelar una motivación mucho más oscura.
El final deja varias preguntas abiertas, pero todas ellas encajan cuando se analiza qué movía realmente a este personaje.
La verdad sobre Adam: una vida construida sobre una mentira
A lo largo de la serie se intuía que Adam escondía algo, pero Malice confirma que no era simplemente un tutor entusiasta: llevaba años buscando la manera de destruir a Jamie Tanner. La motivación es profundamente personal.
El padre de Adam, Colin Tilderman, perdió su negocio familiar después de recibir una inversión millonaria de Jamie. Colin no pudo devolver los intereses, el negocio quebró y su vida se vino abajo. Lo que Adam no aceptaba —o se negaba a recordar— es que su padre no era un hombre ejemplar: maltrataba a su familia, abusó de su hija y finalmente mató a su mujer antes de suicidarse e incendiar la casa. Adam sobrevivió… y convirtió la tragedia en una narrativa completamente falsa: que Jamie era el responsable de la destrucción de su familia.
Ese relato, repetido durante décadas, fue lo que convirtió a Adam en lo que es: alguien sin empatía, manipulador, capaz de cambiar de identidad y con un historial violento que incluía un asesinato en Tailandia. Nada de lo que hacía era improvisado; su objetivo siempre fue desestabilizar a Jamie hasta hundir su vida.
Cómo Adam destruye a Jamie paso a paso
Lo que parecía mala suerte encadenada era, en realidad, el plan de Adam:
- Envenena al perro de la familia.
- Filtra drogas para incriminar al hijo de Jamie.
- Falsifica correos electrónicos con contenido sexual para arruinar su reputación profesional.
- Organiza un robo en su casa.
- Envenena a la niñera para quedarse con su puesto.
Cada desastre empuja a Jamie hacia la paranoia y la pérdida de control. Cuando Nat abandona Londres con sus hijos porque la situación empieza a ser insostenible, Adam ejecuta la parte final de su plan: seguirlos hasta Grecia, infiltrarse de nuevo en su vida… y preparar el golpe final.
El clímax en Grecia: Adam ejecuta su venganza
Jamie, convencido de que Adam ha secuestrado a sus hijos, acude al lugar indicado en la foto que le envió. Allí encuentra al hombre que ha destruido su vida.
Adam no siente culpa alguna. Todo lo contrario: está orgulloso de haber llevado a Jamie al límite, igual que —en su cabeza— hizo con su padre.
Cuando Jamie intenta marcharse para reunirse con Nat y los niños, Adam le dispara en la pierna para detenerlo. En ese momento aparece Yorgos, el hijo de un vecino, sin saber que está entrando en una trampa mortal. Adam lo mata sin pestañear: planeaba culparle del asesinato de Jamie, alegando un ajuste de cuentas por la pérdida del terreno familiar.
Después, sin dejar que Jamie diga una palabra más, Adam le dispara en la cabeza.
El protagonista muere en cuestión de segundos.
El “cómo” importa menos que el “por qué”: Adam necesitaba que su historia quedara cerrada como un crimen pasional ajeno a él, y que el legado de Jamie terminara exactamente donde él quería.
¿Se libra Adam del crimen?
El final deja la respuesta abierta, pero se dan varias pistas importantes:
- Adam regresa a Estados Unidos sin dejar rastro aparente de su viaje a Grecia.
- Homeland Security le detiene en cuanto pisa suelo americano.
- Él mantiene su coartada: su contrato con los Tanner terminó 10 días antes del asesinato.
El personaje se muestra tranquilo, confiado y calculador. Cree que ha borrado sus huellas. Pero el simple hecho de que sea detenido demuestra que es sospechoso. En un mundo lleno de cámaras y registros de movimiento, su escapada parece difícil de sostener.
¿Será extraditado? ¿Hay pruebas suficientes? La serie no lo responde.
¿Qué pasará con Nat?
Nat sabe que Adam era peligroso, pero no tiene pruebas directas que lo incriminen. Ella, Ingrid y Jamie fueron quienes empezaron a sospechar de él, pero sin evidencias físicas es complicado convencer a la policía. Además, Nat es plenamente consciente de que enfrentarse a un psicópata como Adam podría poner en riesgo a sus hijos.
Todo indica que Nat intentará protegerlos y mantenerse al margen mientras avanza la investigación. Pero el final insinúa que los agentes ya están conectando la desaparición de Damien —otro de los vínculos con Adam— con la muerte de Jamie.
Significado del final de Malice: un hombre sin identidad y una venganza sin justicia
El cierre funciona como una ironía amarga: Adam consigue matar a Jamie, pero no logra sanar nada de lo que lo persigue. Su vida sigue vacía, construida sobre una mentira que él mismo se inventó. Su odio no nace de la verdad, sino de un recuerdo manipulado para sobrevivir.
Jamie no fue responsable de la violencia de Colin Tilderman.
Adam tampoco quiso verlo.
Era más fácil crear un enemigo que aceptar que su padre era un monstruo.
La serie deja claro que Adam no busca justicia: busca hundir a alguien porque él está hundido. Es una espiral que pretende contagiar al resto. Y precisamente por eso, su final queda abierto: nada garantiza que vaya a pagar por ello, pero tampoco que vaya a poder escapar para siempre.
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