¿De qué trata The Running Man (2025)?
“The Running Man” (2025) es la nueva adaptación del clásico de Stephen King —firmado como Richard Bachman—, pero esta vez con un enfoque mucho más actual. La historia sigue a Ben Richards, un hombre convertido en villano televisivo por un régimen que controla absolutamente todo, desde la información hasta la propia imagen pública de sus ciudadanos. Para “limpiar su nombre”, o eso le prometen, Ben debe participar en un reality mortal en el que tiene que sobrevivir
30 días mientras es perseguido por cazadores profesionales.
Lo que empieza como otro espectáculo violento para entretener a las masas acaba convirtiéndose en un símbolo de algo mucho más profundo: la resistencia contra un sistema corrupto que lleva años explotando y manipulando a la población.
Final explicado de The Running Man (2025): ¿Ben Richards muere?
El final de esta nueva versión combina elementos del libro y de la película ochentera con Schwarzenegger, pero les da un giro más político. Durante su huida, Ben descubre lo peor: le han hecho creer que su esposa y su hija han sido asesinadas. Esto lo empuja a enfrentarse directamente a McCone (el cazador estrella del programa) y al resto de Hunters. Los mata, sí, pero **se niega a asumir el puesto de McCone**, algo que el sistema esperaba de él.
Ese rechazo provoca que el avión en el que viaja sea derribado. Oficialmente, Richards está muerto.
Pero la palabra clave es oficialmente.
Antes de que el avión caiga, Amelia Williams —la mujer con la que escapa— lanza al exterior miles de panfletos impresos con el mensaje “Richards vive”, junto al audio de la conversación final entre Ben y Killian, recogida en la caja negra. Ese audio revela la corrupción del programa, la manipulación de los participantes y la muerte injusta de concursantes anteriores. La población, hasta entonces adormecida, entra en cólera.
Y aquí llega el giro: Ben Richards no murió en el impacto. El sistema de seguridad de la cabina le permitió salir del avión segundos antes de la explosión. Una idea un poco sacada de la manga, pero funciona narrativamente. Ben se reúne con su familia —que está viva— y juntos toman parte en el asalto final contra Killian.
Richards ya no es solo un concursante: es un símbolo de revolución.
El papel de Amelia: la pieza que despierta al público
Amelia Williams es un personaje clave, aunque al principio parezca lo contrario. Es una ciudadana acomodada que consume el programa religiosamente y que cree ciegamente en lo que Killian vende por televisión. Para ella, Richards es poco menos que un monstruo.
Pero cuando lo conoce de verdad y ve cómo actúan las autoridades —sin piedad, sin límites, sin humanidad— empieza a cuestionarlo todo. Su historia se resume prácticamente en un detalle: su bufanda carísima. Richards le explica que lo que vale esa bufanda habría pagado los medicamentos que necesitaba su hija para sobrevivir. Ese golpe emocional la despierta de un plumazo.
Amelia representa a esas personas “normales”, no malas, pero sí cómodamente ciegas al sufrimiento ajeno. Sin gente como ella abriendo los ojos, las revoluciones no empiezan nunca.
McCone: el reflejo oscuro de Ben Richards
Uno de los mejores giros del film es descubrir que McCone —interpretado con una frialdad tremenda por Lee Pace— fue el ganador de la primera temporada del programa. Sobrevivió 29 días y, cuando tuvo la oportunidad de venderse al sistema y convertirse en Hunter… lo hizo.
Es la versión alternativa de Richards.
El “¿qué pasaría si te rindes?”
Él sí aceptó las reglas del juego. Richards no.
Por eso McCone odia a Ben: porque en el fondo se odia a sí mismo.
¿Qué significa realmente el final de The Running Man?
El mensaje es bastante directo (en algún momento incluso demasiado, aunque funciona):
el poder se sostiene mientras la gente lo tolere.
La película recalca que no hay “bien mayor”, ni grandes planes secretos.
Killian y compañía solo quieren mantener su riqueza y su control sobre una población agotada y hambrienta. Los concursantes que mueren lo hacen por puro entretenimiento, sin propósito alguno. Y cuando la verdad se hace pública, cuando se escucha la voz de Richards en la caja negra, ya no hay vuelta atrás.
- Los pobres dejan de aceptar su papel.
- Los privilegiados dejan de mirar para otro lado.
- Los líderes dejan de parecer invencibles.
Richards no derriba el sistema con sus manos: lo derriba con su ejemplo.
Y si en el libro moría en un atentado suicida, aquí vive lo suficiente para ver cómo el pueblo hace el resto.
Un final más esperanzador, pero también más contundente:
no hace falta ser un héroe perfecto, basta con negarse a seguir jugando el juego del opresor.
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