Predator: Badlands (2025) aterriza en la franquicia con una propuesta diferente: esta vez seguimos la historia desde el punto de vista de un joven Yautja, Dek, empeñado en demostrar que merece el honor de su clan.
Lo que parecía una simple prueba de caza acaba convirtiéndose en un viaje brutal sobre familia, identidad y rebeldía… y, por supuesto, sembrando el terreno para futuras entregas que podrían conectar de lleno con el universo Alien.
Un final que redefine a los Yautja
La recta final de Predator: Badlands deja a Dek, Thia y el pequeño Bud unidos, no por sangre, sino por pérdida y supervivencia. Cada uno ha quedado separado de su familia —por tragedia o ruptura— y encuentran en el otro algo más importante que la tradición Yautja: un sentido propio de pertenencia.
Dek logra vencer a su padre y demostrar su valía, pero no siguiendo las normas de crueldad de su especie. Thia, por su parte, se enfrenta a su hermana, convertida en una versión despiadada de aquello que juró combatir. Y Bud, la criatura que parecía mascota, termina siendo el símbolo de ese “nuevo clan” que nace entre los tres.
El último plano es toda una declaración: una nave se acerca. ¿Aliados? ¿Cazadores? ¿Su próxima amenaza? El cierre no cierra nada… lo abre todo.
Dek rompe el código Yautja
La saga Predator siempre ha jugado a mantener a los Yautja como un misterio. Esta vez, entramos en su cultura desde dentro, y lo que vemos no es precisamente glorioso: una sociedad que considera el dolor, la empatía y el duelo como signos de debilidad que deben purgarse.
Dek decide romper ese ciclo. Respeta el honor del combate, sí, pero adopta una idea más “humana”: el valor de proteger a los tuyos. Su evolución invierte el lema del “depredador solitario” para convertirlo en líder de manada, un “alpha” que cuida, no que aplasta.
Es un golpe directo al corazón de los Yautja: ¿puede haber honor sin crueldad? Dek cree que sí… y Badlands le da la razón.
Conexiones con Alien y el futuro de la saga
El cierre deja pistas muy claras de hacia dónde puede expandirse este universo. La nave que se acerca podría ser la de la madre de Dek… o la de personajes vistos en entregas recientes, como Predator: Killer of Killers. Esto podría unir por fin las tramas en un gran crossover interno dentro de la franquicia.
Pero lo más jugoso para los fans es otro detalle: con Disney unificando licencias, esta película afianza aún más que Predator y Alien existen oficialmente en el mismo universo cinematográfico. La sombra de Weyland-Yutani y de sistemas informáticos como MU/TH/UR se siente cerca, lista para entrar en juego.
¿La conclusión? Hay espacio para una trilogía Yautja centrada en Dek, y el tablero está preparado para que xenomorfos y depredadores vuelvan a cruzarse… esta vez con héroes recurrentes.
El verdadero significado de Badlands
Debajo de criaturas salvajes, combates y sangre verde, la película late por un tema muy simple y universal: la familia que eliges.
Dek, Thia y Bud son tres huérfanos emocionales, rechazados o rotos por aquellos que deberían haberles cuidado. En lugar de repetir la violencia que recibieron, eligen crear algo nuevo: un grupo que se apoya, se protege y se reconstruye.
Más que un baño de adrenalina, Predator: Badlands propone un cambio de paradigma en la franquicia:
no hace falta cazar para ser el más fuerte; a veces, lo que te hace invencible es no enfrentarte solo al mundo.