Basada en el caso real del doctor
Martin MacNeill, esta producción de Lifetime reconstruye uno de los crímenes familiares más inquietantes ocurridos en Estados Unidos: el asesinato de Michele MacNeill a manos de su marido, un médico aparentemente ejemplar cuya doble vida acabó en tragedia.
El resultado es un
telefilm que mezcla drama doméstico, suspense judicial y denuncia moral, con más eficacia narrativa que brillo cinematográfico.
Un crimen real convertido en melodrama
En la película,
Tom Everett Scott interpreta a Martin MacNeill, un hombre carismático y admirado por su comunidad mormona que oculta un pasado lleno de mentiras, estafas y adicciones.
La historia se centra en su hija Alexis, encarnada por
Anwen O’Driscoll, quien pasa de la admiración ciega al horror absoluto al descubrir que su padre no solo engañaba a su madre, sino que la había asesinado para comenzar una nueva vida con su amante.
Aunque el guion simplifica parte del proceso judicial y cae en ciertos excesos de dramatización, consigue transmitir la angustia de la hija y el desconcierto de una familia destrozada por la manipulación y el engaño.
Entre el juicio y la redención
El tramo final, con Alexis testificando contra su propio padre, ofrece los momentos más intensos del film.
Sin recurrir a grandes artificios, muestra cómo la verdad termina emergiendo pese al poder, el prestigio y la apariencia.
MacNeill, que llegó a manipular incluso a la policía, acaba siendo condenado por asesinato. Poco después se quita la vida en prisión, cerrando el ciclo de su impostura.
El desenlace es fiel al hecho real, aunque la película opta por un tono más catártico que trágico: Alexis recupera la custodia de sus hermanas y logra cierta paz interior tras años de lucha.
¿Para quién es esta película?
La Verdad sobre mi Padre encaja dentro del estilo habitual de los “basados en hechos reales” de Lifetime: interpretaciones desiguales, guion convencional y una puesta en escena televisiva, pero con una historia tan perturbadora que mantiene el interés hasta el final.
Quienes busquen un thriller judicial elaborado quizá la encuentren torpe o simplificada; sin embargo, para los seguidores de los casos criminales reales o del llamado
True Crime emocional, ofrece una aproximación accesible y comprensible al caso.
En resumen
La Verdad sobre mi Padre no destaca por su factura ni por su guion, pero sí por la fuerza de su historia real: una hija enfrentándose al monstruo que admiraba.
Su valor no está en el suspense, sino en el coraje de quienes se negaron a aceptar el silencio.
Una película **imperfecta pero necesaria**, más cercana al drama humano que al thriller, que recuerda que detrás de cada caso mediático hay víctimas que solo buscan una cosa: justicia.